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[AVENTURA INICIAL] "Las Cloacas de la Eclesia" [Ciudad Catedral, 16 de enero, 898 d.G.]

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[AVENTURA INICIAL] "Las Cloacas de la Eclesia" [Ciudad Catedral, 16 de enero, 898 d.G.]

Mensaje por Maximilian Stenkerk el Dom Jul 03, 2016 11:11 am



FDI:


Bueno, pues comienza vuestra inicial. Los turnos serán de 15 días en vez de 7, por lo que al disponer de más tiempo también espero mayor calidad y cuidado en vuestros post. Respecto al primer turno, podéis desarrollar si queréis un poco cómo estáis donde estáis y cómo es vuestro día  a día (especialmente Braig, que como ha tocado moverte tiene más margen de maniobra para esto).

Espero que todos lo disfrutemos y a jugar.


Paisajes de Ciudad Catedral:
Ignorad posibles referencias a naves voladoras en las imágenes o a vehículos a motor, en Terra no existen.










BRAIG SIGBAL


Braig logró esconderse durante años en Ojo de Dioses aprendiendo y desarrollando sus habilidades, sin embargo logró ser encontrado por su hermano de nuevo. No sabía cómo había logrado rastrearle, pero así había sido. Pese a sus nuevas habilidades, su hermano estuvo a punto de matarlo. Por suerte para el nigromante, pudo escapar de nuevo por lo que tuvo que buscar un nuevo hogar para esconderse de su vil hermano. Tras semanas vagando por la zona septentrional de Gonduar, esquivando a los esclavistas Kehran llegó a los muelles de Gonduar, donde se escondió como polizón en un barco carguero destino a Laursia. El carguero desembarcó semanas después su mercancía en Storby, pero no era una ciudad lo demasiado segura, por lo que Braig continuó huyendo hasta Ciudad Catedral refugiándose en la subciudad: toda una red de alcantarillados y conductos del aire convertida en una ciudad propia, donde los peores criminales y parias malvivían sin ver nunca la luz del sol. Allí intentó recomponer su vida como pudo.

Como todos los días (por llamarlo de alguna manera pues en la subciudad jamás llegaba la luz del sol), Braig se despertó en el el tubo calefactor abandonado que había convertido en su hogar. Pero en aquella ocasión vio algo que no debería estar. En una de las paredes había una pintada con grafías y colores particulares que rezaba “Los Saqueadores Impíos”, y junto a ella una nota desgastada clavada con un puñal.


“Conocemos tu secretito. Has sido un chico malo y algo torpe. Muy torpe. Sería una lástima que la Eclesia se enterase de él, ¿verdad? No les gusta nada que les roben. Y lo que les has robado es algo muy muy muy valioso… Y están dispuestos a pagar mucho por él… Ah, pero nosotros somos buena gente, gente honrada y trabajadora que no te quiere ningún mal… Pero claro, el hambre es el hambre…  Aunque si estuvieses dispuesto a compartir un poco de tu “secretito” con nosotros no habría necesidad de avisar a la Inquisición. Todos salimos ganando y somos un poco más ricos... No es mal plan, ¿verdad? Ven al club “La Luna Roja” a la una de la madrugada, y hablaremos de negocio. Entrega la moneda púrpura al segurata de la zona VIP y él se encargará del resto. Pero no te lo pienses demasiado, o se nos escapará tu secretito a alguien que no debería saberlo.

Te estaremos vigilando.

Unos amigos muy especiales."






De la empuñadura del puñal pendía un colgante con una moneda púrpura brillante en la que había un relieve de una calavera de lobo. El club de “La Luna Roja” era un local bastante conocido en la subciudad, incluso para gente que llevaba poco tiempo viviendo en Ciudad Catedral. Gente de dudosa reputación lo frecuentaba, y las actividades que allí se llevaban a cabo eran de sobra conocidas: drogas, prostitución y otras actividades ilícitas. Ahora correspondía a Braig decidir hacer caso a los extorsionadores o no.



AIKO JANDAVOTH


Aiko se despertó como cada mañana en su celda de los cuarteles generales de la Inquisición en Ciudad Catedral. Estos estaban ubicados en la Altaciudad, en la Gran Catedral. Una de las zonas más lujosas y prestigiosas del mundo, por no decir la que más. Y sin embargo apenas podía disfrutar de ese lujo. La Inquisición imponía en general un estilo de vida estoico y austero a sus cuadros medios e inferiores, aunque los rangos más altos mantenían un estilo de vida similar al de los aristócratas corruptos y decadentes de Ciudad Catedral. Su celda no era gran cosa, una pequeña habitación sin ventanas, con una cama de plumas, unas estanterías con algunos libros de relatos sobre paganos e inquisidores, un cuadro de Metatrón triunfante sobre la puerta  y un escritorio de madera de caoba. Las mejores habitaciones iban para los cargos más altos y para aquellos inquisidores de buena familia y dinero que se podían permitir el lujo de sobornar a los encargados. Aun así era mejor que los cuartos de los agentes, donde la gran mayoría dormía en barracones.

Pese al sueño reparador, Aiko no pudo evitar sentirse incómoda por los recientes rumores. Vientos de cambio soplaban por todas partes. Algo había pasado con las puertas cardinales. Algo muy malo. Los rumores corrían por todos los miembros de la Eclesia. Aunque no quedaba claro que. Algunos hablaban de que las Puartas Cardinales habían explotado simultáneamente y había caído la barrera sagrada. Otros que había estallado una guerra entre ángeles y demonios que había destruido la barrera. Otros que habían sido los paganos. Otros que la propia Eclesia por mandato de Metatrón las había desactivado para purificar el mundo más allá. Nadie parecía tener claro que había pasado, pero todos concordaban en una cosa, el Sumo Exarca parecía que iba a convocar tarde o temprano el "Concilio de Terra", cosa que no ocurría desde hacía siglos (solo había habido tres en toda la historia). Fuese lo que fuese, la Eclesia Central había decretado el cierre informativo. Las telepantallas habían triplicado la propaganda, pero ni eso podía acallar los rumores. Y si ya se habían filtrado a los cuadros medios de  las distintas órdenes, tarde o temprano llegaría también al populacho.

El mundo cambiaba a su alrededor, pero Ciudad Catedral seguía impertérrita, sumida en si misma sin enterarse de lo que pasaba a su alrededor. Y ese era el día a día de Aiko, cuya carrera parecía haberse estancado. Ella soñaba con perseguir a los paganos de Sodoma y volver a traer al redil del Señor a su amiga Blanca, pero desde que la ascendieron jamás había vuelto a salir de Ciudad Catedral. Le habían asignado perseguir a otros paganos: a los vulgares criminales que infestaban las cloacas de Ciudad Catedral. El tráfico y el consumo de droga se había convertido en uno de los principales problemas de la ciudad. El número de adictos cada vez era mayor y por consiguiente también la criminalidad y la conflictividad social. Además, las mafias que operaban en los bajos fondos de la ciudad cada vez eran más numerosas y poderosas. Se rumoreaba que incluso habían comprado apoyos en altos cargos corruptos que se lucraban con las actividades delictivas. El Gran Inquisidor Mernaiter había asignado a Aiko rastrear una peligrosa droga que había aparecido recientemente en Ciudad Catedral hasta su fuente y a acabar con ella, pero todos sus esfuerzos habían sido inútiles hasta el momento. Llevaba semanas sin avanzar, y aunque a los ineptos de su séquito no parecía importarles, la ira de Mernaiter acechaba a Aiko como una espada afilada lista para degollarla.

Mientras todavía seguía en la cama, empezaron a aporrear su puerta. – ¡Jefa, jefa, jefa! – Era la voz de Narsh, uno de los inquisidores de su séquito. Un fallen con el rango de agente perteneciente al Liber Convicto in Paenitentia, criminales a los que se les concede un indulto parcial y se les permite entrar en la Inquisición.  Narsh era un antiguo ladrón que se dedicaba a desvalijar las casas de la gente rica de Ciudad Media. Fue capturado hace un par de años y se le perdonó la vida a cambio de poner sus habilidades al servicio del Santo Oficio. Sin embargo no se esperó a que Aiko abriese la puerta. Pese a que la cerradura estaba candada se las apañó para entrar. Era un maestro de las cerraduras. Demasiado en realidad. Y no respetaba nada la intimidad.


Narsh:




–Jefa, avisan de la “fiambrera”. El hospitaller Talleroff dice que tiene un tieso que quizá te interesaría. Dice que está relacionado con nuestro caso, pero que vayas ya o se deshace del cacho carne.

La “fiambrera” como la llamaba Narsh, era el depósito de cadáveres de la inquisición, se encontraba en los niveles inferiores de los cuarteles de la Inqusición, si quería volver a retomar su investigación más le valía a Aiko ir antes de que Talleroff tirase el cadáver a la trituradora.



Última edición por Maximilian Stenkerk el Lun Ago 29, 2016 10:19 am, editado 1 vez
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Re: [AVENTURA INICIAL] "Las Cloacas de la Eclesia" [Ciudad Catedral, 16 de enero, 898 d.G.]

Mensaje por Braig Sigbal el Lun Jul 04, 2016 2:53 pm

Era un día como todos los demás. Aquel día en el que, como de costumbre, fui a dar unas vueltas por los alrededores de mi pequeño "santuario" de la subciudad Ojo de Dioses, buscando a algún que otro vagabundo que hubiese muerto recientemente para practicar un poco mis habilidades. Todo iba normal, aunque no conseguí encontrar ninguno. El problema llegó cuando decidí volver.
El camino estaba solitario y preocupantemente silencioso. Quizá fuese una señal de lo que me aguardaba...

Cuando llegué justo al lado de mi dulce y maloliente hogar, escuché un ruido, como si alguien se escondiera. Ahí fue cuando me puse en alerta, pero tampoco de forma exagerada; no era la primera vez que un indigente se colaba en mi casa para intentar robarme, sin embargo, siempre se marchaban pronto decepcionados de que no tuviese nada de valor.

Decidí esconderme tras la esquina y esperar un rato. Y eso hice, o por lo menos, hasta que a la hora de esperar me cansé y decidí entrar de una vez e intentar convencer a quien fuera que estuviese en mi casa de que se fuera. Si la cosa iba mal, solo me quedaba confiar en mi daga. No soy el más diestro utilizándola, pero aun así, un probable drogadicto demacrado tampoco sería un gran rival.

Fue entonces cuando abrí la puerta, pero para mi sorpresa, no vi a nadie. Me adentré lentamente en la sala, y de repente, la puerta se cerró, y al volverme hacia ella, vi frente a mí a un misterioso hombre encapuchado.

"¡Ah! ¡Ha pasado una eternidad! ¿Verdad, Braig?" - dijo el hombre y seguido de eso, se quitó la capucha, dejando a la vista un rostro que a pesar de haber cambiado mucho con el paso de los años, reconocí al instante: era el rostro de mi hermano mayor, Davo.

Yo me quedé inmóvil, paralizado de la impresión. Hubo un silencio incómodo mientras que mi hermano mayor me miraba sonriente hasta que por fin pudo articular unas palabras:

"¿H-Hermano...? ¿Qu-Qué haces aquí? ¿Cómo me has encontrado?"

Me temblaban las piernas y apenas podía pensar con claridad, era patético. Mi hermano, que también podía notar mi estado, soltó una pequeña carcajada y dijo:

"¿Qué ocurre Braig? ¿Acaso es malo que tu hermano mayor venga a visitarte? ¿Sabes? Ha sido todo un dolor de cabeza encontrarte, de hecho, ¡en todos estos años no he tenido la menor idea de dónde podías estar! Simplemente he llegado a esta ciudad hace poco y escuché en un bar de por aquí a unos hombres hablando sobre cierto hombre mayor que vivía en la subciudad y que tenía el cuerpo entero quemado y ocultaba su rostro con vendas. ¡Qué suerte he tenido! ¿No crees?

Mientras él iba hablando, yo logré recuperar un poco la compostura, y le pregunté:

"Davo...¿por qué haces esto? ¿Por qué razón estropeaste unos futuros tan brillantes como los de nuestra familia y el tuyo mismo? Aún puedes enmendar tus errores, hermano. ¿Por qué no dejas todo esto de lado y buscas una vida honrada?

Mi hermano borró la sonrisa de su cara y me respondió con seriedad:

"Oh, sí... los recuerdos de aquel día me han ido reconcomiendo todos estos años. La envidia me empujó a hacer algo de lo que aún hoy en día me atormenta. Y tengo una buena noticia para ti, hermano, tal y como dices, pienso cambiar de vida... en cuanto todo esto acabe... y verás, es desde que maté a nuestro hermano lo vi claro: para poder empezar una nueva vida, tengo que dejar atrás mi pasado, y para ello, debo eliminar todo aquello que aún quede de él, y lo único que queda de ese pasado, mi querido hermanito, eres tú..."

Entonces no me quedó más duda. Miré a mi hermano fijamente a los ojos y le dije:

"Davo...estás loco."

Volvió la sonrisa al rostro de mi hermano y me respondió:

"Sí...eso parece"

Entonces, se acercó corriendo a mí, y sin dejarme tiempo para reaccionar, me derribó de una patada en el pecho.

Sacó un cuchillo y me lo puso junto al cuello. Pensé que era mi fin, pero entonces se acercó a mi oído y me susurró:

"Pero a pesar de todo, siempre he sido una persona exigente conmigo mismo..."

Entonces, se alejó de mí y fue hacia la puerta.

"Tal y como hice con los demás, debo encontrarte por mis propios métodos, no por cuestión de suerte. Te doy una semana para huir... pero a partir de entonces, no esperes más oportunidades...adiós, hermano"

Dicho esto, Davo se fue, y yo me quedé varios minutos en el suelo, reuniendo fuerzas para recuperarme del golpe. Comprendí que debía abandonar la ciudad a toda prisa, solo tenía una semana para esconderme lo mejor posible.

Ese mismo día, abandoné la ciudad. No tenía nada más que lo que siempre llevo encima, y tampoco tenía un destino. Simplemente, me dediqué a vagar por el Norte de Gonduar. Viajaba rápidamente, pero con cuidado de esquivar cualquier peligro. No quería acabar ni muerto ni capturado, y yo estaba en las circunstancias idóneas para ello.

Me llevé así un buen tiempo, pero por suerte, mi hermano no sabía de mi recorrido, de hecho, ni siquiera yo mismo lo sabía, así que respecto a él, no tuve ningún problema.

Un día, acabé llegando a los muelles de Gonduar, y ahí fue cuando vi la oportunidad de oro para huir alejándome lo máximo posible de mi anterior residencia.

Me llevé algunos días allí, pensando sobre a qué lugar debería ir. La verdad es que no tenía mucha idea, así que finalmente decidí al azar. Sé que fue una imprudencia, pero no disponía de mucho tiempo para pensar, el tiempo apremiaba y yo tenía que alejarme lo antes posible.

Decidí meterme en un barco mercante con rumbo a Laursia. ¿Qué mejor forma de huir que cambiar de continente?. A pesar de mi llamativo aspecto, logré infiltrarme en el barco sin demasiados problemas, y tras una larga travesía, acabamos desembarcando en la ciudad de Storby.

Intenté buscar refugio por las calles, pero el entorno era tan hostil que me bastó con el poco tiempo que estuve en la ciudad para darme cuenta de que ese no era un ligar para vivir para gente sin dinero como yo. Aunque al fin y al cabo, supongo que todos los lugares son así...

Pronto volví a recurrir a la huida en barco, pero esta vez a Ciudad Catedral. Allí también había una subciudad, y al ser una ciudad tan importante, quizás fuese incluso más segura que la de Ojo de Dioses.

Y así es como llegué a Ciudad Catedral. Me llevé unos cuantos días de refugio en refugio, hasta que un día encontré un tubo calefactor donde decidí establecerme de forma definitiva. ¡No está tan mal como suena! Me refugia del frío, está apartado y solitario, por lo que no hay nadie más en él, apenas llega el ruido hasta él, y además tiene buenas vistas. Lo único que me quedaba era intentar seguir como había estado viviendo hasta ahora y esperar que mi hermano no volviese a dar conmigo. Yo no quería hacerle daño a Davo, pero sabía que si volvíamos a encontrarnos no me quedaría otra opción.

Pensé que al ser nuevo en la ciudad podría aprovechar que nadie me conocía para intentar que la cosa se quedase así, y pasar completamente desapercibido. Pero mi plan no duró mucho. Cierto día me desperté y vi un mensaje en la pared junto con una nota clavada con un puñal.
Leí la nota, aunque más que aclararme lo que había ocurrido, me despertó muchas más dudas, No entendía nada de lo que quería decir la nota. En cierta parte decía "Sería una lástima que la Eclesia se enterase de él", y pensé que quizá se referían a Davo y me estaban amenazando con denunciarle a la Inquisición por sus crímenes, pero en el resto de la nota hablaban sobre algo que por lo visto había robado. ¿No se habrían equivocado de hombre? Yo no recordaba haber robado nada.

Finalmente, la carta decía que fuese al club "La Luna Roja" si no quería que le contasen algo a la Inquisición y que ambos ganaríamos dinero. El nombre del local me sonaba. Había visto algunos carteles sobre él por las calles de la subciudad.

Creo que sobra decir que no me fiaba para nada. Además, contactar conmigo mediante amenazas y pintarrajeando mi nuevo hogar no fue la presentación más amistosa que se me ocurra. Pero aun así, pensé que debería ir, no podía ignorar algo tan serio como que me delatasen a Eclesia, sea de lo que sea. Quizás sea por el motivo de Davo como dije, o quizás incluso se hayan enterado de mis habilidades de nigromancia. En ese caso, estaría perdido, así que mi única opción era hacerles caso, aun si no me confiaba en ellos.

En la carta decía que fuese a las una de la mañana y presentase la moneda púrpura en la zona VIP, así que cogí la moneda, la envolví con la carta para no perder ninguna de las dos y me la llevé al bolsillo. Y ya que cometieron la falta de educación de dejar clavado un puñal en la pared de mi casa, decidí quedármelo para compensar el daño a mi propiedad...

Una vez comprobé todo lo que esos "Saqueadores Impíos" habían dejado para mí, decidí poner rumbo hacia el local y hacer tiempo hasta que fuese la hora indicada.

Braig Sigbal

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Re: [AVENTURA INICIAL] "Las Cloacas de la Eclesia" [Ciudad Catedral, 16 de enero, 898 d.G.]

Mensaje por Aiko el Miér Jul 06, 2016 9:18 pm

El reloj biológico de Aiko se encargó de sacarla del sueño en cuanto descansó la cantidad de horas necesarias. Abrió lentamente los ojos y los único que veía era la oscuridad más absoluta. Su habitación no tenía ninguna ventana ni ninguna otra fuente de luz encendida, así que era casi imposible de determinar si era de noche o de día. Así sería si Aiko no tuviera ninguna forma de medir el tiempo.

La inquisidora usó su magia y encendió una vela que se encontraba encima de la mesa, iluminando la habitación con una ondulante llama rojiza. A su lado, se encontraba un reloj de arena simple sin grabados ni nada ornamental. Ese reloj marcaba un tiempo de ocho horas y Aiko le daba la vuelta cada vez que se acostaba, así que siempre sabía si aún tenía tiempo para seguir en la cama o por el contrario debía levantarse para comenzar el día de trabajo. En este caso, aún estaban cayendo algunos granos de arena, así que podía permitirse el lujo de seguir descansando un rato más. Tampoco es que tuviera nada mejor que hacer.

Llevaba varios días tras la pista de una nueva droga que circulaba por la ciudad y no había hecho ningún progreso en la investigación. Sin importar lo que tratase, no había llegado a absolutamente nada y se había quedado sin ideas. Y lo que es peor, se le acababa el tiempo. Con cada día que pasaba, sentía como Mertainer estaba más cerca de tirarse a su cuello y ahorcarla por su incompetencia. Después de todo, ¿de qué sirve una inquisidora inútil? Le habría gustado aplicar lo mismo al grupo de ineptos que estaba a su mando, pero debía de conformarse con lo que le había tocado. Tampoco es que estuviera en posición de elegir.

Si tuviera el poder de elección, para empezar no estaría haciendo ese trabajo. Habían amenazas mayores para la eclesía que un simple tráfico de drogas por los suburbios, así que Aiko sentía que solo le dieron trabajo del montón para limpiar la basura de las calles. Y aún así, estaba fracasando. Estaba enfadada con la institución por darle tal trabajo y consigo misma por no ser capaz de solucionarlo. ¿Cómo iba a pensar siquiera en trabajos mayores si fracasaba en lo más simple? Por supuesto, nada de esto le importaba lo más mínimo a su séquito ni a Jandavoth. Su grupo eran unos vagos que eran felices cuanto menos trabajo tuvieran, mientras que el mago de su amuleto se divertía con los intentos de Aiko por tener éxito. Para él, el mundo alrededor de Aiko era un espectáculo para entretenerse y no morirse de aburrimiento por toda la eternidad. Al ser así, se negaba a ayudarla con su infinita sabiduría y conocimientos mágicos. Más que otra cosa, veía a Aiko como una rata de laboratorio y se entretenía viendo qué es lo que hacía.

—Podrías ayudarme de vez en cuando, chupas mi alma para mantenerte consciente y no cooperas en nada—murmuró Aiko sin mucha esperanza de que Jandavoth fuera a darle ninguna información relevante.

Sacó su mano izquierda de las sábanas y observó el artefacto que estaba incrustado en el mitón. No se separaba nunca de él ni para dormir y lo lavaba a la vez que ella se duchaba. Al igual que había asesinado a su antiguo maestro por su descuido, alguien más podría hacer lo mismo para acabar con ella, así que al final hizo del artefacto como una extensión de su propia mano. Además, Jandavoth solo era capaz de percibir el mundo a través de los sentidos de Aiko. Separarse del artefacto significaba que Jandavoth veía interrumpido el teatro que disfrutaba como espectador, así que también se negaba rotundamente. Podría ser que pasase algo interesante durante la noche y que él se lo perdiera si no estaba con Aiko, era inadmisible. Sobre todo últimamente, que estaban sucediendo cosas raras y sin precedentes.

Las puertas cardinales habían caído. Aiko inmediatamente tomó por absurdo ese rumor cuando se enteró por sus compañeros de la inquisición, pero cada vez lo dudaba más. Tampoco estaba claro qué había pasado exactamente para que eso sucediera, solamente se sabía con seguridad que el Sumo Exarca pretendía convocar el  Concilio de Terra, un evento cuanto menos sorprendente. Ella por su parte estaba muy inquieta con todo ese asunto, temía que el orden global de la eclesía se quebrara: Las distintas razas independizándose y declarándose la guerra los unos a los otros; Una inminente catástrofe al estar expuestos a los demonios del caos del exterior; Los paganos ganando cada vez más fuerza aprovechando la confusión para asestar un golpe de estado... Los posibles escenarios catastróficos eran muy numerosos.

Mientras estaba sumida en sus pensamientos, escuchó a alguien al otro lado de la puerta. Reconoció la voz al instante, era Narsh, un miembro de su séquito. Le parecía raro que viniera a llamarla tan temprano, así que se levantó rápidamente de la cama para cambiarse. Sin embargo, Narsh hizo algo con la cerradura de la puerta y entró con total descaro a la habitación de Aiko sin darle tiempo a ponerse nada, así que solamente tenía el camisón con el que normalmente duerme. La inquisidora se dijo a sí misma que como Narsh no tuviera una buena excusa para entrar, se daría un festín devorando su alma a placer.

—¿Tallerof? Entendido. Tú ve a buscar a Sarah, la necesitaremos para esto. Ah, además...—Aiko levantó su mano izquierda y empezó a acumular energía mágica en su palma. En ese momento, el emblema de la armadura que tenía apoyada en la silla empezó a emitir un tono azulado al detectar la magia de Aiko—Lo dejaré pasar por esta vez al ser una emergencia. Pero como vuelvas a entrar sin permiso, el próximo en ir a la "fiambrera" serás tú. Ahora, ¡Largo!

En cuanto Narsh se fuera se la habitación, Aiko disiparía la energía mágica que había condensado. No tenía tiempo que perder, si llegaban a deshacerse del cuerpo ella perdería la posible única pista que se había encontrado de su caso. Inmediatamente puso a pertrecharse su querida armadura de ébano. Dado que había disipado la magia, había desaparecido brillo azulado del emblema de la Santa Eclesía, dejándolo de un tono opaco pero no por ello menos imponente. Una vez que quedó totalmente vestida con su equipación, se adjuntó su espada a la cintura y salió de los cuarteles generales de la inquisición.

Su estómago se quejó mientras iba al lugar. No podía darse el lujo de perder el tiempo desayunando, así que optó por dejarlo después de la visita a Tallerof. Si es que seguía con hambre después de ver cadáveres.
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Re: [AVENTURA INICIAL] "Las Cloacas de la Eclesia" [Ciudad Catedral, 16 de enero, 898 d.G.]

Mensaje por Maximilian Stenkerk el Dom Ago 28, 2016 8:57 pm



BRAIG SIGBAL


Era un poco antes de la madrugada cuando Sigbal llego a la puerta del club. Aunque era tarde, las calles de la subciudad estaban repletas de actividad, y más la puerta del club, donde decenas de personas esperaban haciendo cola para entrar en el local mientras un fornido broken de aspecto desagradable hacía guardia y decidía quien entraba y quién no. Si Sigbal se acercaba y le enseñaba la moneda que le habían dejado en su escondite, el broken gruñiría y le abriría la puerta para que entrase. – Cuando entres sube por las escaleras que hay a la derecha. No le hagas esperar. Se enfada con facilidad.

En el interior, el caos y el ajetreo imperaban por doquier. Entre la pobre luz rojiza se podían ver a decenas de personas bebiendo, consumiendo drogas, viendo a bailarinas exóticas, o incluso utilizando los servicios de prostitutas delante de todos sin el más mínimo pudor. El ambiente estaba bien cargado. El olor era una mezcla de diferentes drogas, perfumes y alcohol aderezado con sudor de la multitud. Justo como dijo el broken, había unas escaleras que subían a una parte separada del resto, y bien custodiada. Al llegar si enseñaba de nuevo la moneda, un par de matones le escoltarían hasta una habitación privada, alejada del caos exterior.

– Mira quien ha decidido por fin presentarse. He ganado una apuesta, la jefa pensaba que saldrías por patas y tendríamos que cazarte, jajaja. – Se burló un hombre tumbado en un diván mientras fumaba de una extraña pipa de agua y exhalaba un humo de color azul verdoso. – Siéntate. – Le dijo mientras señalaba un sofá de cuero.



Hombre misterioso:



– Hablemos de negocios,  ¿pero qué es un buen negocio sin una buena bebida para sellar el trato. – El hombre misterioso dio una palmada y un niño fallen apareció con una botella de licor y dos vasos. Los sirvió y se fue. El hombre tomó uno y se lo bebió de un trago. –Bien, centrémonos. Como ya sabrás tenemos una generosa oferta laboral que esperamos que aceptes. Necesitamos de tu peligroso secretito para cierto asunto. Ah, sí, lo sabemos, has sido muy descuidado usándolo. Un uso bastante irresponsable, dicho sea de paso. Levantar muertos de aquí para allá para cuestiones totalmente intrascendentales… Qué desperdicio. – Suspiró y volvió a dar una calada a su pipa. – Pero nosotros tenemos una meta más virtuosa para ti y tu juguetito. Verás, somos humildes comerciantes. Pero últimamente hay ciertos problemillas con el negocio, ¿me entiendes?

– Hace un tiempo una compañía rival apareció de la nada, y empezó a vender en nuestro territorio. Territorio que nos había costado mucha sangre, sudor y dinero conseguir. Y no veas como son los de la Eclesia para los sobornos… Pero estos novatos creen que pueden jodernos el negocio y robarnos la clientela. Así que fuimos a darles una visita. Demostrarles quienes son los que mandan. – El hombre volvió a suspirar. – Pero las cosas no fueron como estaba planeado. Los tipos esos tenían montado el tinglado mejor de lo que pensábamos, con un arma secreta que nos jodió pero bien. Nadie salió con vida. Un segundo intento acabó con el mismo resultado, aunque se salvó uno. Salió medio ido, pero entre sus desvaríos pudimos sacar su punto débil. Y ahí es donde entras tú y tus muertos. Tus cadáveres andantes podrían ser inmunes a su “arma secreta” por lo que te infiltrarás en la banda, y desde dentro controlarás un ejército de cadáveres y destruirás su tugurio. Fácil, ¿verdad? Además hay una gran cantidad de pasta en juego. Cincuenta mil terrans si todo sale bien. Por los cadáveres no te preocupes, nosotros tenemos una buena colección. ¿Trato? – El tipo se levantó y le ofreció la mano en señal de acuerdo.



NIALL FLYNN


Tras los sucesos en casa de su patrón, Niall se vio obligado a huir y a esconderse. Y el único lugar que conocía era la subciudad, esa red de alcantarillas y túneles infectos bajo Ciudad Catedral donde la depravación y el pecado lo corrompían todo. Mientras pensaba qué hacer con su vida, Niall se había refugiado en un tugurio de mala muerte construido en un depósito abandonado en el Distrito de las Antiguas Calderas, a varias decenas de profundidad. La renta era muy barata, y el dueño, un traficante local y proxeneta llamado Jansen, no hacía preguntas. Eso sí tenía que convivir con una docena de personas más. Niall dormía junto a dos prostitutas fallen: Fyassal y Alarya. Las chicas le habían salvado de una buena paliza en un bar cercano por parte de unos matones y le habían ofrecido alojarse en el tugurio de Jansen. Como no tenía otro lugar, aceptó temporalmente. Niall ya llevaba un par de noches en aquél sórdido lugar cuando volvió a tener su “visión”.

Era una noche oscura. Las calles estaban bañadas por la niebla y la lluvia. Una lluvia fría y cortante que se deslizaba entre los rascacielos de la Ciudad Media hasta llegar al sucio suelo. La chica corría y lloraba. Cada vez estaban más cerca. Los oía, sus pesadas botas sonaban en la distancia, persiguiéndola como si de una presa de caza se tratase. Ya no podía más, estaba agotada y dolorida. La sangre le corría por la cara y los brazos. Tenía miedo. Mucho miedo. Pero no podía detenerse. La buscaban. Niall conocía a la muchacha, era Fyassal.  Siguió corriendo por los húmedos callejones hasta que encontró un muro delante de ella. No había escapatoria. Tres figuras encapuchadas salieron de las sombras, fuertemente armadas, y se acercaron lentamente a Fyssal. Una de las figuras se adelantó, era un hombre fuerte y alto, tapado por una capucha y una capa que le llegaba a las rodillas, dejando ver unas pesadas botas de metal con un martillo rodeado de llamas grabado en la rodillera.

EL hombre la agarró por el cuello y la levantó un palmo del suelo. No podía respirar. Empezó a dar patadas al aire, intentado zafarse de su agresor. El encapuchado seguía le gritaba furioso, pero no se le entendía nada. Entonces le pegó un fuerte puñetazo en el vientre a la joven. Luego otro. Y un tercero. La muchacha tosía intentando respirar mientras la sangre manaba de su boca. El agresor la tiró al suelo, continuaba gritando. Ella intentó arrastrarse por el suelo, pero recibió una fuerte patada en la cabeza. Y dejó de moverse, inerte, sobre un charco de sangre. Entonces se desató el caos. Todo se volvió borroso, diluido entre la noche y la lluvia. Niall podía sentir la furia, el odio, el miedo, la ira, el dolor. Gritos de horror surgían de todas partes. Una gran y horrorosa figura, salió de las sobras emitiendo un rugido infernal. Se oyeron pisadas de gente corriendo, y disparos. Y entonces silencio. Todo desapareció en la más agónica oscuridad.

Niall despertó sudoroso y temblando de frío, como cuando tuvo la visión de la muerte de su señor. Debía ser por la mañana. Aunque la luz del sol no llegaba hasta las cloacas, el ajetreo de la gente levantándose indicaba que comenzaba una nueva jornada. Alarya estaba cerca, fumando y caminando de un lado a otro muy nerviosa. Cuando vio a Niall despertarse se acercó y se arrodilló junto a él.


Alarya:



–Fyassal no ha regresado esta noche, estoy preocupada. Tenía solo un cliente esta noche. Un noble de Altaciudad, pero tendría que haber acabado hace horas. Siempre acaba rápido con ese tipo. Estoy preocupada, jamás llega tarde… Algo… Algo la ha pasado, estoy segura, ¡lo presiento! – Alarya parecía muy nerviosa. – No sé qué hacer. He pedido ayuda a Jansen, pero pasa del tema, joder. Si a alguna de sus chicas le pasa algo, simplemente busca a una nueva que la sustituya, maldito cabronazo. – La muchacha empezó a llorar. – Fyassal es todo lo que tengo, ¡necesito tu ayuda, por favor! ¡Tienes que ayudarme a encontrarla! ¡Te pagaré lo que sea, no tengo mucho pero te daré todo, pero por favor, ayúdame, no puedo vivir sin ella!



AIKO JANDAVOTH


– Lo que vos ordenéis, excelencia. – Dijo Narsh con sarcasmo mientras hacia una “irreverente” reverencia. Luego el fallen se esfumó sin dar tiempo a su jefa a replicar.

El depósito de cadáveres se encontraba en el subsuelo del cuartel de la Inquisición, por lo que fue un largo paseo hasta llegar a él. Era un lugar deprimente y sórdido, sumido en la más profunda oscuridad, pues ni los candelabros de los pasillos iluminaban lo suficiente como para ver más allá de cuatro palmos. Cuanto más se acercaba Aiko a su destino, más frío sentía.

Al entrar, un nauseabundo olor a muerte, sangre y putrefacción inundó las fosas nasales de la inquisidora. El lugar, una enorme sala abovedada y con columnas estaba repleta de camillas con cadáveres sobre ellos. Algunos estaban tapados con sábanas, pero otros estaban al descubierto. Sobre uno de ellos se encontraba trabajando mientras tarareaba un hombre de recta figura, ya algo mayor, cuyos ojos habían sido sustituidos por implántes tecnológicos. Era el hospitaller Tallerof. Cuando sintió llegar a Aiko alzó la cabeza y clavó su mirada vacía en ella.


Tallerof:



– Llegáis tarde, inquisidora Jandavoth. Llegáis siete horas tarde. Los jóvenes de ahora no tienen ningún respeto por nada. Qué falta de profesionalidad. – El hospitaller estaba seriamente molesto. – Bueno, no me hagáis perder más tiempo del necesario. El “cadáver” por llamarlo de alguna forma está en una sala apartada, seguidme. – Tallerof llevó a Aiko a una segunda habitación, mucho más pequeña, con una sola camilla, pero con muchos aparatos en las estanterías. – Bien, os advierto mi señora que vuestro cadáver está en un estado altamente deteriorado. Lo encontraron abandonado en la subciudad. Lo encontró una patrulla de inquisidores. Por norma general no me traen los cadáveres que aparecen en las cloacas. A fin de cuentas mueren decenas de esas alimañas cada día. Simplemente los llevan al triturador y se lo dan de comer a los pobres en los comedores sociales. Con la de hambre que hay en el mundo no se debe desperdiciar nada, ¿verdad? – El médico soltó una fuerte carcajada. – ¿Por dónde íbamos? Ah sí, el cadáver. Bien, debido a su impactante estado, me lo trajeron sin dudar, y al hacer un primer análisis, vi indicios que conectaban directamente con vuestro caso, Inquisidora. Empecemos.

Tallerof levantó la sábana, pero ahí no había un cadáver. Había un engendro. La piel se había tornado de color azul, su cuerpo se había deformado, hinchándose las extremidades y la cara hasta casi explotar. Le habían salido apéndices en forma de tentáculos de varias partes del cuerpo, las manos y pies se habían transformado en afiladas y deformes garras de bestia, los dientes habían mutado en colmillos que le atravesaban los labios y la nariz hasta dejar su rostro irreconocible. Y el olor que emitía era lo más desagradable y nauseabundo que había olido Aiko. Aquello hedía a maldad pura.

– Espeluznante, ¿verdad? Pues lo que encontré dentro era todavía peor. Acercáis, inquisidora, mirad por vos misma. – El médico abrió el vientre del engendro. Por dentro era toda una masa viscosa y derretida. – Como podéis ver, por dentro no hay nada, es todo una papilla de órganos podridos y licuados. Jamás había visto nada igual. Pero por lo que os he llamado ha sido por esto. – El hospitaller metió la mano en el puré de vísceras y sacó una serie de bolsas con polvo azulado en su interior. – Aquí está vuestra droga, inquisidora. Este monstruo llevaba todo un alijo dentro. Y dos de las bolsitas habían explotado. Hice un análisis de la droga, jamás había visto nada parecido. ¡En el compuesto había éter y veraplata amen de muchos otros tóxicos! Intuyo que esta deformidad se ha debido de producir debido a una sobredosis. Resulta aterrador que esto pueda estar triunfando entre los jóvenes de Altaciudad… Pero no fue la causa de la muerte. Esta pobre mujer (todavía le quedaba algo del útero cuando le hice la autopsia), murió asesinada, no por la sobredosis. Recibió doce impactos de bala. – Tallerof murmuró algo para sí. – Sí, sí, sí. Será lo mejor. Vamos a hacer una pequeña prueba.


Cogió un machete y empezó a darle tajo tras tajo al cuello del cadáver. – Está duro. – Murmuró concentrado. Al quinto machetazo la cabeza se separó del cuerpo. La cogió y la llevó a un extraño aparato dorado en forma de circular con una pica en la parte interior. Abrió el aparato, clavó la cabeza en la pica, conectó unos cables a la cabeza y unas lentes a los ojos, y lo volvió a cerrar para que la cabeza quedase bien fijada. Con una manivela invirtió la cabeza poniéndola boca abajo. Luego accionó una palanca, saltaron unas chispas en la cabeza y un olor a carne quemada inundó la sala. – Tenemos que estar a oscuras. – Talerrof se acercó a las velas y las apagó de un soplido. Entonces una luz emergió de los ojos del cadáver y se empezó a formar una imagen en la pared. – Oh, sí, siempre disfruto de la impronta de la muerte como si fuese la primera vez, ¿no os resulta fascinante inquisidora? Veréis, cuando el cuerpo muere, el alma abandona el cuerpo para volver a la esfera de las ánimas, y cuando eso sucede ocurre un fenómeno realmente interesante. Se queda registrada la última imagen en los ojos pues el alma no ha tenido tiempo de procesarla antes de fugarse, quedando ese último instante de la muerte registrado para toda la posteridad. Fue un verdadero descubrimiento del hospitaller Ashbury que revolucionó toda la medicina tanatoria… Y solo existen dos ejemplares de este invento, uno lo tienen en Martillo de Brujas, y el otro es solo mío…– Tallerof se quedó meditando embelesado mirando la cabeza. – Oh sí, a lo que íbamos, el evento de la muerte. Bien, como veis, inquisidora, poco a poco se va formando la imagen que vio la víctima justo cuando murió.

Efectivamente, al cabo de pocos minutos sobre la pared blanca se formó una imagen. En ella se veía un pequeño y oscuro callejón en una noche lluviosa. Al fondo se podían distinguir los grandes rascacielos de Ciudad Media. Había tres figuras encapuchadas en la escena. Una, al fondo de espaldas, con hombros anchos, estaba dándole una patada a una caja. Otra, más cercana, apuntaba con un rifle al cadáver. Ambas eran irreconocibles. Pero había una tercera, mucho más cerca, que en ese preciso instante se estaba agachando. Su rostro se le veía borroso, pero la figura era inconfundiblemente la de una mujer. Y en su mejilla había una cicatriz de un corte.

FDI:

En primer lugar, perdón por el retraso.
En cuanto a anotaciones, en principio nada, ambos escribís bien, y no he visto ningún error.
Luego, Niall se incorpora a la aventura, espero que la disfrutes, y cualquier duda que tengas, no dudes en consultarme, valga la redundancia. Respecto a la aventura, puedes hacer lo que quieras. Si quieres, puedes añadir una introducción sobre lo que has hecho estos días, tus pareceres sobre el asalto a la casa de tu patrón, etc. Si quieres ayudar a Alarya o pasar de ella ya es cosa tuya.
Un saludo.


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Re: [AVENTURA INICIAL] "Las Cloacas de la Eclesia" [Ciudad Catedral, 16 de enero, 898 d.G.]

Mensaje por Aiko el Vie Oct 21, 2016 2:36 am

La inquisidora caminó con prisa dirigiéndose al depósito de cadáveres. Posiblemente ese era el peor lugar de todo el edificio al encontrarse en un sótano bajo tierra, lo cual no le gustaba nada por el frío que hacía allí.

"¿No se supone que aquí trituran cadáveres? Podría hacer un poco más de calor por la maquinaria". Pensó mientras estaba atenta a su alrededor por si escuchaba los pasos de alguien, preferiblemente los miembros de su séquito.

En cuanto llegó al final del pasillo, se lamentó mientras abría las puertas. Ya que no los encontró de camino, tenía la ligera esperanza de encontrar a Narsh y a Sarah en el crematorio, lo cual obviamente no sucedió. En su lugar, había una única persona en el interior de la sala, cuyo cuerpo estaba repleto de implantes tecnológicos que le ayudaban a actuar más eficientemente en su labor. Lo que veía le gustaba a Aiko, le habría agradado tener a alguien como él en su séquito y no a la alérgica Sarah que le dieron. Por otra parte, Aiko no pudo hacer otra cosa más que asentir y asumir la culpa ante la acusación del Hospitaller por haber llegado tarde.

"¡¿Siete horas?! ¡¿Les han avisado hace siete horas a esos inútiles y no me han dicho nada hasta ahora?!" Se quejó mentalmente mientras Tallerof le hablaba sobre el hambre en el mundo.

En cuanto llegaron al cadáver indicado, Aiko observó detenidamente el cadáver con una deformidad tan intensa. Le costaba creer que una simple droga pudiera hacerle eso a una persona. Piel azul, extremidades infladas, uñas y dientes transformados en garras y colmillos, olor pestilente y nuevos apéndices con forma de tentáculos. Desde luego no eran los síntomas secundarios típicos de una droga. Aunque, por sí solo eso no era algo que le fuera a ayudar, no había encontrado a nadie con tales características mientras investigaba por la ciudad.

Aiko se acercó mientras Tallerof abría en canal al cadáver y metía la mano en sus entrañas. Lo que sacó de ahí le sorprendió mucho a la inquisidora: La droga.

"Así que así han logrado que no encontremos ni rastro. Se meten la droga dentro del cuerpo para pasar cualquier chequeo y que no desprenda ningún aroma que los delate. Pero con un método así, quedaría una gran cicatriz en la zona donde han practicado la cirugía, ¿verdad? Ahora cualquier persona que tenga una cicatriz lo suficientemente grande en el torso es sospechosa de portar droga. De hecho, ya que contiene trazas de veraplata, a lo mejor puede existir alguna forma rápida de detectar que tienen eso dentro". Pensó mientras el Hospitaller le informaba de la autopsia y del análisis de la droga.

Más que el hecho de que la sustancia contuviera veraplata, le sorprendió más que muriera a causa de 12 disparos. La pregunta era si lo habían matado porque las bolsas habían explotado y se había transformado en un mutante, o si las propias balas fueron la causa de que explotaran las bolsas y lo mataron por algún otro motivo. Por suerte, el propio Hospitaller iba a esclarecer una vez más sus dudas con un método que Aiko no había visto nunca. Se quedo maravillada mientras escuchaba la explicación del aparato. Tallerof sí hacia bien su trabajo y daba buenas respuestas, le habría gustado que Sarah fuese más como él.

En cuanto se formó la imagen en la pared, Aiko la observó detenidamente para que no se le escapase el más mínimo detalle. No sabía si se podía repetir la grabación, así que lo mejor era que memorizace todo lo que podía de la escena. El ambiente era de noche, llovía, se veían los rascacielos de fondo, habían tres figuras, cajas, uno tenía un rifle apuntando al cadáver y el que estaba más cerca era una mujer con una cicatriz en la mejilla. Esos eran todos los datos con lo que tenía que trabajar. En verdad, era mucho más de lo que esperaba encontrar, con todo eso tenía la certeza de que por fin iba a conseguir desenmascarar la organización que traficaba con la droga.

—Muchas gracias por tu trabajo, con todo esto seguro que cerraré mi caso. Solo un par de cosas más, ¿puedes calcular el cuándo ha muerto esta persona? Además, me gustaría llevarme una pequeña muestra de esa droga que puede serme útil, el resto puedes hacer lo que quieras con ella.

Quería llevarse una muestra no por nada en especial, sino porque a lo mejor Sarah podría llegar a hacer algo con ella. Por otra parte, no necesitaba que le dijesen dónde habían encontrado el cadáver. Aiko lleva viviendo en ciudad Cátedra toda su vida y sabía perfectamente como se veían los altos edificios. En la imagen se veían de fondo en un ángulo concreto y a una distancia concreta, y con eso Aiko podía calcular más o menos la zona en la que había ocurrido ese evento e iba a ser a donde se iba a dirigir. A lo mejor podía encontrar alguna otra pista en el lugar del asesinato. No es como si se pusiera a buscar entre todas las mujeres de la ciudad a ver quien tenía una cicatriz en la mejilla.

Luego de haberle pedido ambas cosas al Hospitaller. Aiko saldría del crematorio y esperaría a que llegasen los miembros de su séquito, para luego dirigirse a la zona del asesinato.

fdi:

Accion 1: Pedirle una muestra de la droga al Hospitaller + salir del crematorio.
Accion 2: Esperar a Sarah y a Narsh + dirigirse a la zona que ella piensa que ha sido asesinada la mujer.
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Re: [AVENTURA INICIAL] "Las Cloacas de la Eclesia" [Ciudad Catedral, 16 de enero, 898 d.G.]

Mensaje por Maximilian Stenkerk el Mar Nov 01, 2016 7:52 pm



CORNELIUS WITCHWOOD


Hacía ya unas pocas semanas que Cornelius y su equipo habían sido destinados a Ciudad Catedral. La vida del exorcista es una existencia llena de privaciones, teniendo que vagar de un lugar a otro, sin más compañía que la de su equipo y los entes del más allá. Por lo que ser destinado a la capital de Terra, aunque fuese de manera temporal podía ser considerado como un buen ascenso. Aunque eso no supusiese ni una promoción a un rango superior, ni un aumento en la exigua nómina de estos cazadores de fantasmas.

La vida en Ciudad Catedral era totalmente diferente a Eonburg. La ciudad del pantano era una pequeña joya perdida en el tiempo, donde las viejas costumbres y los antiguos modos de vida seguían imperecederos desde hacía décadas. En cambio, la capital de Terra era una gigantesca y masiva urbe de luces y acero. Una colmena donde cientos de miles de personas malvivían hacinados en enormes y decadentes rascacielos en la ciudad Media, el fábricas y granjas en el anillo exterior o, los más marginados, en la gigantesca red de túneles y cloacas de la subciudad. El vicio y la corrupción anidaban en todos los rincones de la ciudad, incluido altaciudad, una megalítica catedral donde vivían los más privilegiados y los altos cargos de la Eclesia, con sus palacios y mansiones construidos en la propia Catedral.

Cornelius, y su equipo, pese a ser unos simples exorcistas, se les permitía vivir en las oficinas de los Exorcistas de la Catedral. No eran gran cosa, un pequeño cuartelillo con barracones y celdas donde dormían y vivían los exorcistas que operaban en la ciudad cuando no estaban trabajando. Y si había algo que no cambiaba era el trabajo. Ya fuese en el rincón más perdido y atrasado del mundo, o en la ciudad más grande y populosa, los fantasmas, espíritus y otros entes del bajo astral encontraban la forma de perturbar la vida de las gentes de Terra.

Aquella tarde, un poco antes de la hora de la cena, al entras en su lúgubre cuartucho se encontró con una inesperada sorpresa. Sobre su cama estaba sentado, con aire impaciente, una figura encapuchada. – Me habéis hecho esperar demasiado tiempo, Witchwood.  – Comentó con desdén. – Os lo perdonaré. Por esta vez. – El hombre misterioso se levantó de la cama y se acercó lentamente a Cornelius. – Un viejo amigo que tenemos en común me ha recomendado que acuda a vos. Dice que sois un exorcista excepcional, y sumamente discreto. Confío en que sea verdad, pues necesito de vuestros servicios, y de vuestra discreción, Witchwood. Una persona muy cercana a mí, un alto cargo de la Eclesia Central, se encuentra en una situación sumamente delicada. Creemos que es necesaria la mediación de un exorcista para solventar el problema. Pero la situación ha de ser manejada con suma delicadeza. Si se traspasase a la esfera pública las consecuencias serían nefastas para mi amigo.

– ¿Comprendéis la situación? Por supuesto la paga será acorde a los servicios prestados, más un extra por vuestra confidencialidad.  ¿Os interesa, exorcista? – La figura misteriosa sacó de su lujosa capa un sacó de monedas. Si Cornelius aceptaba el trabajo, el misterioso caballero se lo entregaría. – Un pequeño adelanto, mil terrans. Si cumplís con éxito la paga será mucho mayor. – Luego se acercó más y susurró a su oreja. – Debéis ir al palacio del Arzobispo Cantheril. Esta misma noche. Es sumamente urgente. Y una cosa más, su Eminencia se ha mostrado tajante en cuento a la discreción, así que solo id con la persona que más confiéis de vuestro escuadrón. El resto se han de quedar al margen de este asunto, ¿entendido?




AIKO JANDAVOTH

El hospitaller resopló. – Pues hace más de siete horas, eso desde luego… – Comentó molesto. Luego se puso a reflexionar. – El cadáver me llegó a la cuarta campanada después de la medianoche. Y la patrulla del Martillo Áureo que lo encontró en las cloacas me comentó que tardaron aproximadamente unas dos horas y media en traerlo. A eso hay que sumarle el tiempo que tardarían los asesinos de llevarlo desde donde lo mataron hasta las cloacas. Así que sume entre una y tres horas más. Además, hay que contar con que la muerte se produjo de noche, y en esta época del año anochece a las cinco de la tarde aproximadamente. Así pues, mi conclusión sobre la hora de la muerte es… que no tengo la más remota idea. – El hospitaller volvió a resoplar indignado. – Jóvenes. Se creen que podemos hacer magia y ver el pasado y el futuro en las entrañas de los muertos…

– En cuanto a vuestra droga, dejadme ver. Va a ser difícil encontrar una muestra no contaminada por los fluidos corporales. – El hospitaller volvió al cadáver, cogió un frasquito y una pequeña espátula, ajustó sus prótesis oculares y metió las manos entre las entrañas de la víctima. – Qué estropicio… – Murmuró para sí. – Como buscar una aguja en un pajar. Uy, aquí hay un poquito puro. Ahh, y aquí otro poco más… Oh, qué interesante, ha llegado intacta al páncreas… – El hospitaller siguió relatando su viaje intestinal mientras recogía muestras. – Bien, creo que con esto bastará. No es mucho, pero está en estado puro. – Tallerof le entregó el pequeño tarro con unos pocos polvos de color azul celeste. – Tenga cuidado, no queremos que una bella jovencita como usted acabe como esa cosa, ¿verdad? Y si no necesitáis nada más, jovencita, largo, que tengo mucho trabajo por delante.

El hospitaller no se anduvo con miramientos para echarla del depósito, cerrando la puerta tras ella. De nuevo se encontraba en el frío y oscuro pasillo sola, esperando a que Narsh y Sarah apareciesen. Por más de quince minutos esperó paciente, pero no había rastro de los dos. Solo el más ominoso silencio custodiado por las sombras vacilantes producidas por las antorchas. En mitad del silencio, oyó un leve arrastre, como una garra arañando el suelo, pero no había nada, estaba ella sola. Luego un sonido metálico, al otro lado del pasillo. Pero seguía sin haber nada. Siguió esperando un rato más, aunque empezaba a notar cierto nerviosismo, a sentirse observada. Pero no pasó nada más. Sin embargo, al cabo de otros diez minutos le pareció ver algo moverse a lo lejos, al fondo del pasillo, entre las sombras. No llegó a distinguirlo. Solo un punto verde, y una figura de sombras, más pequeña que un humano, como si caminase a cuatro patas. Fue solo un segundo. Apareció y desapareció. Pero lo suficientemente como para verlo. ¿Había sido real o un producto de su imaginación? ¿O Jandavoth jugando con su mente? Ese impertinente espíritu estaba en silencio, pero puede que en ese momento se estuviese partiendo de risa a su costa. De repente empezó a oír unas voces acercándose. Al principio no las distinguía, pero según se acercaban empezaba a entenderlas.

– … no hasta que me pagues todo lo que me debes, gilipollas!

– ¡Vamos, tía! ¡Joder! ¡Lo necesito! ¡Te pagaré, te lo juro! Por favor… Nece…

– ¡Qué no, joder!

Aiko pudo reconocer las voces, eran Sarah y Nyall. En cuanto aparecieron por la esquina y vieron a su jefa esperando se pararon de golpe y se callaron sin saber cómo reaccionar. Luego se acercaron.

– Eh… Hola, jefa. – Saludó Sarah. – Ya estamos aquí… ¿Qué… necesitabas?


Sarah:


Una vez todos reunidos, partieron en busca del callejón misterioso. Sería un camino largo. Primero abandonaron la Catedral,  abandonado la seguridad de los muros de la Catedral para adentrarse en las peligrosas calles de la capital. La búsqueda fue mucho más difícil de lo que Aiko había supuesto en un principio. La ciudad media era enorme, y aunque la inquisidora había logrado localizar la zona aproximada del lugar del asesinato, encontrar el callejón les demoró más de la cuenta. Finalmente dieron con él, bastante después del anochecer.

El callejón estaba oscuro. Las nubes y la ligera lluvia impedían que llegase la luz de luna, y las luces de neón de las calles cercanas a penas permitían ver algo. De fondo se escuchaban el ruido de la gente caminando por las calles, y los graznidos de un cuervo cercano. – No se ve una puta mierda… –  Comentó desagradada Sarah. Sacó algo de su bolsa de equipamiento. Tres frascos de cristal alargados. Los agitó y empezaron a brillar fuertemente. – Ah, joder, esto está mucho mejor. Polvo de  teonanácatl de los Humedales disueltos en bilis de banthor. Con ellos se ve de puta madre. Coged. – Sarah le dio uno a Aiko y el otro Narsh.

Ahora se podía ver mucho mejor. A primera vista parecía un callejón normal y corriente. Al principio, en la pared de la izquierda había unas cajas de madera destrozadas. Justo enfrente entre la pared y el suelo salía un gran arbusto de zarzas medio seco. En las paredes había manchas. En la del fondo, eran manchas de salpicaduras negras, pero en la pared de la derecha había manchas tanto rojas como negras. En el barro del suelo se podían ver diferentes pares de huellas, a simple vista, parecían de diferentes personas, tanto de ida como de salida, así como señales de haber arrastrado algo pesado. Al fondo del todo, en el suelo, se podía ver un gran charco de agua negra azulada.

– Bueno, jefa, ¿y ahora qué hacemos? – Preguntó Sarah.

– Yo si eso me las piro para asegurarme que nadie nos joda la escena, ¿vale? – Dijo Narsh antes de escabullirse entre las sombras.

– Ya está el jodido cabronazo escaqueándose del curro. Puto gilipollas…– Protestó Sarah.

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FDI:

Bueno, pues Cornelius se incorpora a la aventura, espero que disfrutes tu estancia con nosotros. Como recordatorio, tenéis un plazo de 15 días para postear. Si tenéis cualquier duda no dudéis en preguntarme.

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Re: [AVENTURA INICIAL] "Las Cloacas de la Eclesia" [Ciudad Catedral, 16 de enero, 898 d.G.]

Mensaje por Cornelius el Jue Nov 17, 2016 2:03 am

Hoy era mi cumpleaños, un día 15 del horario de Terra. Me había levantado de la cama, en la antigua y nostálgica habitación de mi hogar. Estando en la sala soy recibido por mi madre y hermana, con un grito que me lleno de calor, y avivo mi corazón.

- ¡¡¡Sorpresa!!! –Gritaron escuchándose sobretodo la voz de mi querida hermana, la cual sostenía un pastel decorado con nevado blanco y trozos de chocolate en barra caros y deliciosos, en medio tenia escrito << Felicidades por un año mas en tu vida >> un poco mas abajo en pequeño decía con un guión << -Cornelius >>.

-¡QUE EL CUMPLEAÑERO MUERDA EL PASTEL! –Grita Elizabeth con pasión dejándolo sobre la mesa de nuestro comedor, limpia los restazos de nevado que quedaron en sus dedos metiéndolos en su boca, luego exclama levantando su brazo a nivel de su hombro y levantando a su vez su dedo índice - YO VOY POR EL CUCHILLO~ –Se va a la cocina a buscarlo dando saltitos en el camino-.

Yo aprovecho la ocasión para hablar con mi madre -No se que decir madre… Gracias a ambas por este regalo, de verdad las extrañaba mucho. Ojala pudiera quedarme un día mas aquí, con ustedes… Madre, quiero decirte algo… Me gustan mis colegas, son muy buenas personas… Y se que la mayoría de lo que logro invertir de mi trabajo va destinado a ustedes… Pero de verdad te quiero decir que deseo queda…-Soy interrumpido por la llegada de mi hermanita la cual venia con un gran cuchillo para cortar el pastel.

- BIEN… ¡VOLVI!, ¿no probaron algo del pastel sin mi?, ¿verdad?... ¡¿VERDAD?! –Dice mi  hermana.

- Vaya… Vaya Eli… Nunca cambias… Tampoco lo hagas– Ella por lo que yo acababa de decir se sonroja y me sonríe.

- Oye Elizabeth… No necesitas un cuchillo tan grande, ¿a quien piensas degollar con eso? –Dice mi madre.

- ¿No es obvio?, verdad HERMANITO~.

- Nunca rompería tu corazón Elizabeth, siempre te dejo la mejor parte del chocolate para ti.

- Así me gusta, hermano tontoo~ -Saca la lengua en mofa-

- Bien, bien… Podemos dejar ese trabajo a los inquisidores, nosotros somos hombres de pueblo, seamos un poco mas decentes~ –Exclama mi madre imitando la forma de hablar de Elizabeth.

Elizabeth se acerca mas a la mesa y clava el cuchillo en el gran pastel, luego comienza a cortar en un circulo esparciéndose en el cuchillo parte de el nevado blanco –Vamos por partes~ como dice un amigo- Luego empieza a cortar unos trozos de la torta y los coloca en unos platos que ya estaban sobre la mesa.

Mi madre mientras mi hermana servia los pedazos del pastel me dice en respuesta de lo que había hablado con ella, anteriormente –Por cierto Cornelius… Por lo anterior, No hay de que... Te esfuerzas mucho por NoSoTr... -La voz se distorsiona y se corta.  La sala se empieza a oscurecer y a iluminar, las luces titilaban como si el lugar estuviera poseído... Segundos después se abre un vortice en una de las paredes… De esta empieza a salir lentamente una mano putrefacta, a la cual le faltaban partes de carne, dejando a la intemperie el hueso. El olor que desprendía era horrible. Esta empieza a azotar violentamente las paredes y techos, hasta encontrar a mi madre y mi hermana las cuales estaban enfrente de mí, paralizadas… Las toma entre sus gigantes dedos y empieza atraerlas hacia si, mientras mas se alejaban el lugar junto con ellas perdía su color, convirtiéndose en una especie de dibujo, sobre un fondo en su mayoría blanco y desde el punto donde halaba esta mano se distorsionaba, hasta arrancar literalmente como hoja de papel a toda la sala.

-¡DESPIERTA!-. De inmediato me levanto de un tirón de mi camisa mientras miraba vaciamente la mano de mi compañera, luego asome mi cabeza hacia otro lado, para mirar de reojo la pared estando en la posición de sentado, por el consecuente tirón, mientras apretaba mis manos a las finas fundas de la cama arrastrándolas y atrayéndolas hacia mi espalda y, por consecuencia sacándolas de su lugar. En esos momentos me sentía confundido, por este tan repentino despertar, no reconocía a mi compañera y sinceramente quería seguir con mi siesta. El lugar donde me encontraba era el mismo de siempre, las celdas lúgubres de nuestro escuadrón. Esta tenía por obviedad  mi toque personal al ser pues, mi lugar de “fijo” descanso. Mi “toque personal” era un simple póster en el cual había una foto alusiva a la Eclesia, o mejor dicho a la religión en si, conteniendo en ella una imagen de las afueras de un  hogar rodeado por oscuridad, mientras que la única luz que había era dada por una lámpara que sostenía un sujeto. La imagen parece estar ambientada en Todheim, por que había nieve. Además el sujeto era una especie de trabajador. Igualmente la imagen mostraba unos Ángeles que al margen del haz de luz de la lámpara parecían empujar la oscuridad. En la parte inferior de esta imagen en el centro había una frase "Bajo dios y la protección de sus Ángeles renace la luz de la esperanza".

Cabaña:

Un plano mas cerrado de esta cabaña, con todo lo demas anteriormente descrito.

Además de todo esto, la pared poseía una foto familiar enmarcada, de cuando entonces mi padre aún estaba con nosotros. Finalmente recobrando la conciencia me di cuenta que el lugar se había llenado de silencio, por unos Díez segundos pensando en el sueño que habia tenido, en esos momentos había ignorado las anteriores palabras de reclamo de mi fiel y bélica compañera Lia Roger. – ¡Clapp!~- Acababa de recibir una cachetada, la cual resonó en eco en todo la habitación, coloque mi mano por reflejo en mi mejilla de mi lado izquierdo donde recibí el golpe, y adolorido volteo a ver directamente a los ojos inyectados en rabia de mi compañera.

- ¡Te lo repito otra vez!... -Ella exclama sacando de uno sus bolsillos un pedazo de canela algo deshecho-. El té... ¡¡DONDE COJONES ESTA!!.

- ¡¿Qu... Que?!... De que té hablas -Exclame con voz ronca.

-Ya sabes que siempre compro una bolsa...-Ella dice en voz baja para no armar más escándalo… Luego de unos segundos mirándome directamente y amenazándome con el pedazo de canela entre sus dedos índice y pulgar, con sus uñas largas y cuidadas a pesar de su trabajo pesado, suspira y dice- Sabes que... Tú no has podido ser-.

Finalmente me levante de la cama, hacia al lado opuesto de donde se encontraba ella de pie con una mano en su cintura en una postura muy femenina que marcaba sus curvas mientras aun tenia entre sus dedos ese pedazo de canela el cual miraba como un minino atentamente a cualquier ataque, el cual no tarda en aparecer... Para entonces ya había olvidado todo sobre esa extraña pesadilla… Ella lanza el pedazo de canela esbozando una sonrisa malévola en su rostro infantil, demostrando su naturaleza diabólica. Claramente eran desvaríos pensarlo así, pero siendo que me gusta exagerar y bueno… Ya que mi vida "dependía" de ello esquive en cámara lenta esa "arma letal", y como sea, igualmente no deseaba verme de nuevo en una situación de alergias. Especialmente por lo ocurrido el día de ayer, de no haber sido además de ayer (valga la redundancia) una situación especial ocurrida, hoy, no estaría tan “sensitivo” frente a esto, además de que acababa de ser tomado por sorpresa cuando aun me encontraba un poco enojado por lo que ocurrió (valga de nuevo la redundancia) ayer. Esta situación ocurrió exactamente en la noche. Es una corta, vergonzosa y nueva anécdota a la que he sido arrastrado nuevamente por unas "personitas" especificas << Cof Cof >> Lia Roger << Cof Cof >> Zacarias Roger << Cof Cof >> Los cuales no pueden vivir sin ser los de siempre… Molestos, escandalosos y problemáticos, he inclusive Mario a pesar de su actitud bastante alejada de lo que somos los demás siempre participa de algún modo en esas redadas... Bien, transportémonos al día anterior:

8:00 PM, Día anterior.

- Y bien... Emilia ¿Que te gusta hacer en tu tiempo libre? -Le decía de forma cortés a mi cita de esa noche.

Ella muy sonriente me da una respuesta, de igual forma cortes y elegante. Finalmente siguiendo con una conversación formalmente. Yo estaba concentrado en conocerla a ella. Esta era una vieja amistad que me presento mi compañero de la alta ciudad, Mario. Como la veía era bastante linda y arreglada, pero a su vez bastante natural, y como veía también lo era su actitud, hasta ahora me había interesado. En esos momentos nos encontrábamos en una pequeña cantina de Eonburg (Bastante alejada de la cantina donde trabaja mi familia, la cual por razones de tiempo no decidí ir) esta cantina estaba bastante ordenada para el lugar de Eonburg donde se encontraba. Y si, es cierto que la vida de un exorcista es bastante ajetreada, pero ya te acostumbras a los horarios y a la tan monótona vida. Una noche de comunión con a alguien nuevo pues es un lujo que me había permitido luego de hablar con mi líder de escuadrón, y pues prosiguiendo… Todo avanzaba bien en esa arreglada cantina. La señorita Emilia era una persona bastante seria pero no dejaba de ser como dije, natural. Tomamos un trago de vino barato, y entonces empezaron los problemas. Como nunca se cansaban otra vez mi equipo lanza su red en una  jugada para molestarme la ocasión. Un poco de polvo pica-pica en mis vestiduras ayudaría a volver un poco extraña la velada. Y una muy casual cucharada de canela en la botella que me fue servida, sabrá dios como llego allí, de la cual había ignorado el extraño sabor. Pues de comenzar a rascarse como loco y tener que estar a punto de potar, pues no traería nada de romanticismo, a la ya no tan dulce velada. Esta era una pesada broma de colegeo mas, en la que tuve que estar implicado. Luego de pedir perdón a las involucrados en el asunto verde del vomito, me despedí avergonzado de Emilia, y salí de allí donde afuera me esperaban todos.

-Será para la próxima campeón -Dice el oxigenado que intentaba tapar su rostro para no mostrar que se reía de mi.

¿Y que paso con los demás?... Pues no escatimaron en risas y un nuevo apodo <>. Esto como siempre lo tenía que aceptar, y lo hice, intentando verme calmado, luego lanzado una sonrisa fingida -Ya verán... Ya me la pagaran- pensaba mientras me alejaba del lugar junto a ellos. En esos momentos soportaba el ardor, por la respectiva alergia que me había hinchado e irritado la garganta, lengua, encías y labios, zona por las cuales había pasado este mejunje.

Esta situación de la bendecida “CANELA” no llego a mas, por que tan bien como estaban preparados para bromear, lo estaban para "arreglar", Lía tenia preparada unos antihistamínicos. Además de todo eso, con el tiempo que tuve hasta llegar a nuestras habitaciones de escuadrón comencé a maquinar un poco sobre este problema de las alergias, llegando a un tema un poco mas profundo luego, pensé primeramente que << ¿Por que canela? >> Hay personas en Terra que tienen al igual que mi persona, alergias extrañas, a las nueces por ejemplo. << ¿Pero enserio a la canela? >> había pensado de nuevo. Como otras, es una especia famosa, pero sobretodo en Eonburg. Luego volví a pensar cuestionándome. De todas maneras quejarse por tal imbecilidad es pura hipocresía. A pesar de tener una vida ajetreada, y oscura es mejor que vivir como cualquier ciudadano de sub-ciudad, “que no tiene ningún objetivo”. La mayoría desolados mientras las demás personas se quejan de su mala herencia genética. Sinceramente no deseaba seguir esta clase tétrica de temas,  pero es algo en lo que siempre he discutido en mi mente. ¿Que puedo hacer yo por los demás?... ¿Vale la pena sacrificarse por esa clase de objetivo?... ¿Que harías si pudieras cambiar esta realidad?... Es un tema bastante intricado y fuera de lugar. Pero cuando me pongo a pensar en esta clase de cosas siempre me doy cuenta de mis errores, así que nota mental “No rechaces ninguna posibilidad, ya sea de ayudar, de cambiar quien eres, o algo tan simple como ponerte en los zapatos de alguien mas”.

En mi vida nunca he experimentado lo que debería de ser estar en una situación de pobreza extrema. Loado sea dios y me perdone por mis pecados, de haberme sentido obligado a creer en el, en mi situación favorable. Y sobretodo dios perdone los pecados de aquellos que no le siguen, por su dolor y soledad. Bien, basta de pensamientos tétricos, y vivamos de nuevo como debe de ser, en el presente. Finalmente luego de moverme ligeramente hacia un lado y moviendo un poco mi torso hacia atrás esquivo ese pedazo de especia, que se deshizo aun mas al chocar contra el suelo, solo para que yo lo pateara hasta debajo de la cama. Momentos después Lía dice -Tienes 5 minutos para arreglarte... Te esperamos afuera- para luego salir de la habitación esperándome a que estuviera listo para partir junto a ellos a nuestro nuevo destino "La Ciudad Catedral". Me tome entonces mi tiempo para arreglarme. Justo solo estaba en mis pantalones en ese momento, los cuales limpio con la misma funda de la cama. Luego sin acomodar la cama comienzo a colocarme mis ropajes, empezando por medias, las cuales tenían dentro un poco de talco desde dos días para evitar, pues bueno, malos olores. Así mismo tome una pequeña bolsita de mi equipaje que contenía un poco de desodorante líquido, luego respectivamente me coloque la parte superior de mis vestiduras. Tome mis botas y sin desabrochar los cordones me las coloco presionándolas hacia mi pies, y ayudándome dando unos saltos para encajarlas, con la otra bota preferí solo presionarla un poco y al verme en apuros cuando ya estaba mas o menos dentro la encaje, golpeando fuertemente el suelo con ella. Luego de tomar los ya ordenados otros equipamientos como la antorcha extensible, guardar el encendedor en uno de los bolsillos de mi camisa, colocarme el koala mirando hacia mi espalda, crucifijo de plata y en fin, mi gran cargamento que tengo que reconocer que vaya elección mas incomoda... Sobre todo tratando de la antorcha, crucifijo y lanzagranadas, que son imposibles de disimular, y que además molestan bastante al andar con ellos... Debería de vender algo.

Finalmente me dispuse entonces a colocarme mi capa negra, realizando luego con cuidado los nudos con los cuales se mantiene cerrada, luego tomo el collar que fue regalo de mi madre y me dispongo a colocar este en mi cuello, no sin antes mirarlo unos momentos recordando un poco mis tiempos de niñez… En eso se abre la puerta lentamente asomándose un rostro, masculino y de cabellos castaños -¿Te falta mucho princesita?...- Dice sarcásticamente, yo enseguida dándole una respuesta con una seña muy típica con las manos, que consiste en levantar completamente el dedo medio, dejando en reposo todos los demás –Vete a la mierda Zacarias…- como podía le di una respuesta verbal y, ya estando preparado me dirijo a la puerta en lo que Zacarías aleja su rostro del marco de esta dándome espacio parar abrirla y salir de allí sin mas dilaciones.

- ¿A dónde nos dirijimos?– Pregunta Zacarías.

- Ciudad catedral Zacarías… ¿Tu no tienes familiares allí  Mario? –Exclama Lía.

- Si… Tengo un tío que vive en Ciudad Catedral, si tengo suerte lograre dar una vuelta por allí y pasar a saludar –Mario exclama con desden volteando un poco su cuerpo para mirar a Lia, dejando observar que tenia un vaso de papel con una bolsa de té adentro.

- Ja… No me impresiona tu gran desinterés por eso.– Dice Zacarías.

- ¿A que viene ese ataque Zacarías?... –Dice luego siguiendo a hacerle una pregunta a Mario- ¿Entonces tu tomaste la bolsa de té?... ¿No es cierto?

Zacarías le responde con un simple movimiento de la cabeza y luego exclama –Perdona por eso… De verdad tomar un poco-.

- Esta bien Mario… Tranquilo-.

- Favoritismo…- Interrumpe Zacarías.

Un tiempo después

“La vida del exorcista es una existencia llena de privaciones” le escuche a uno de mis superiores una vez, diría que si. Siempre estamos botando de aquí para allá como un balón, cosas tan típicas como conocer a alguien o visitar a tu familia te son siempre anuladas, no seria extraño hacerse un demente en este trabajo. Sin embargo supongo esto también te da oportunidad de otras cosas, tales como disfrutar más lo simple de la vida. No me quejo realmente, también con ya varios años aquí me he dado cuenta que con el tiempo te forjas una voluntad de hierro. No pienso atormentarme siempre por algo tan tonto como eso, prefiero vivir la vida en el presente y tomar lo que venga... Pronto estaríamos a las puertas de Ciudad Catedral donde nos quedaríamos durante un tiempo indeterminado. El viaje en barco fue bastante pesado, pero nada comparado con el viaje en carroza hasta la capital, por lo menos me deleite observando como Mario era afectado por lo mareos al viajar en el barco, la venganza se sirve en bandeja de plata. Ya alli podria decir que me sentía un poco abrumado por el cambio de ambientes, sin embargo  no me encontraba para nada incomodo en el lugar, lo contrario a eso, el lugar con todo lo que tenia me atraía mas y mas. Es un buen cambio que me saco un poco de la monotonidad de mi vida. Y pues como describiría a Ciudad Catedral… Un lugar muy extraño. Presumiría exageradamente a algún desconocido que es un lugar fuera de este mundo, aunque por obviedad no lo es. Un sitio novedoso abarrotado de construcciones imponentes de acero que no dejan espacio a la vista, a cada edificio le sigue una construcción el doble de grande y de imponente, y de vez en cuando al observar hacia estos sentía que me daría una ataque de epilepsia, demasiadás pantallas en cada construcción, sobretodo en la ciudad media y alta en la que existía un incesante espectáculo de anuncios, los cuales solo miraba de reojo, y aun mas siendo que ha vista de la noche, no era bueno estar distraído entre los tumultos de gente. Igualmente por donde veía era un lugar hostil y corrupto. Las personas estaban llenas de vicios por donde mirabas, y no era difícil descubrir esta verdad, a penas y lograbas asomarte a un callejón y podías ver a todo tipo de personas con ni la más mínima pinta de ser alguien sano. Supongo que es la verdad de cualquier lugar, nada se salva de tener problemas, y estas personas como todas tendrán sus razones de vivir de esa manera. Para entonces solo me encontraba en la ciudad media, aun no había visto nada de la subciudad, que por regla general es una red de peligros en cualquier ciudad humana de Terra.

En el camino la única persona a la que pude acercarme fue un hombre con el que tropecé, sin desearlo -¡¡¿Que te ocurre imbecil?!!– Fueron las palabras que recibí de este sujeto, al que simplemente decidí decirle –Perdone, no volverá a ocurrir- y esa fue la bienvenida que obtuve de este lugar. Tampoco es que estuviera esperando mucho más, y ya solo poder estar en la capital y poder vivir un poco en su cultura me era suficiente para sentirme un poco más a gusto con mi trabajo. Y como siempre, igualmente nada cambiaba con estar en la capital humana de Terra, el trabajo nunca era diferente, estuviera donde estuviera las bestias con las que nos dedicamos a luchar siempre aparecían, por lo que no era para nada una novedad para ninguno de nosotros esta realidad.

A nuestro equipo se le había permitido vivir en las oficinas de los Exorcistas de la Catedral, lo cual a primeras instancias nos pareció algo extraño. Igualmente no era gran cosa, eran unos cuarteles pequeños con barracones y celdas donde vivíamos cuando no estábamos trabajando. Una tarde antes de la cena al entrar a mi cuartucho, el cual sinceramente me recordaba a las habitaciones donde también residíamos en Eonburg por su lúgubre aspecto, me encontré con un sujeto que se encontraba sentado en la cama, y que parecía bastante impaciente. Esto me tomo por sorpresa nada mas al entrar, tarde un rato detallar bien la figura para saber que hacia exactamente, por mi naturaleza calmada no me sentí realmente atemorizado a pesar de estar sorprendido, aunque si estaba en alerta. El sujeto sin dejarme respiro para interrumpir comienza a hablarme sobre un asunto al que aparentemente habia sido llamado para un trabajo especial. Al escuchar sus palabras me sentía ofendido por como se había dirijo hacia mi. Apretaba mis puños bajo la capa preparado para sacarle el orgullo a golpes, sin embargo me mantuve quieto atento a lo que decía, aunque no me esforzaba por esconder mi cara de enojo, entonces finalmente acabado de hablar le respondo tomando un poco de aire y diciéndole de forma algo cortante –Entiendo la situación, pero antes de nada tengo dos dudas… Supongo que mi superior no tiene ni idea de esto, ¿que me asegura que no terminare en una mala posición al ausentarme?…- luego de un corto rato pensandolo prosigo mirando con rabia al sujeto que en estos momentos se encontraba a mi lado -Y si es posible me gustaría saber de cuanto dinero hablamos por el trabajo...- y luego además susurro para mi mismo por lo bajo -Mensajero hipócrita- quitándole de un tirón de las manos la bolsa con los mil terrans –Acepto el trabajo…- Digo por último sin importarme las consecuencias de mi notable actitud, no siempre me iba a quedar al margen soportando los insultos a cualquiera. Aunque siendo sincero me arrepentí poco después. No suelo ser tan agresivo con las personas, sin embargo a veces simplemente exploto, podia haberle insultado igualmente pero no lo hice, aunque esta a poco de hacerlo simplemente me controle, no queria involucrar mis sentimientos con este trabajo que podria ser una gran oportunidad para conseguir dinero y demás beneficios, y por lo de decidir quien vendría conmigo fue facil, si hablamos de ser discretos Mario es el mas indicado, espero que los demás no se lo tomen a mal.

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Re: [AVENTURA INICIAL] "Las Cloacas de la Eclesia" [Ciudad Catedral, 16 de enero, 898 d.G.]

Mensaje por Maximilian Stenkerk el Jue Dic 08, 2016 9:06 pm



CORNELIUS WITCHWOOD


Los fríos ojos del encapuchado escudriñaron Cornelius como si pudiese leer su alma. – Vuestro superior sabe más de lo que imagináis, joven. No habrá problema por vuestra breve “ausencia”. En cuanto a vuestros honorarios, serán diez veces lo que aquí se os ha ofrecido. Siempre y cuando cumpláis vuestra parte y el problema sea solucionado.

El encapuchado se paró en la puerta, mirándole directamente a los ojos con una sonrisa arrogante.  – Una cosa más, Witchwood. Un consejo personal. Controlad vuestros impulsos. Aprended a bajar la cabeza y a morderos la lengua. Si deseáis durar aquí, en la capital, recordad quién sois, y dónde estáis. Porque esta Ciudad, paraíso de la “hipocresía”, ni olvida, ni perdona. – Acto seguido abandonó la habitación.

Ahora tocaba buscar a Mario, aunque no fue demasiado difícil hacerlo. Se encontraba en la sala común de los exorcistas, jugando a las cartas con otros compañeros de profesión. Con mirada arrogante y sonrisa de satisfacción no paraba de recoger monedas a sus desplumados competidores. Había un par que hasta habían perdido la ropa y se encontraban en ropa interior. Así que la llamada del deber por parte de Cornelius no le sentó nada bien al triunfal Mario. Pero había trabajo que hacer.

Aquella noche la Catedral estaba tranquila. Demasiado tranquila. Salvo alguna patrulla del Martillo Áureo, las avenidas de la Catedral estaban totalmente vacías. Sus únicos acompañantes eran las sombras que bailaban al son de las lámparas de aceite, y la nieve que caía sobre las bóvedas acristaladas de algunos bulevares.

– Parece que esta noche se ha desatado una buena ventisca. De buena nos estamos librando. Hubiese sido todo un problema haber tenido que salir fuera de la Catedral para tener que trabajar.

Por fin llegaron a la dirección indicada, el palacio del arzobispo. Por fuera no parecía gran cosa. Un cuidado jardín separaba la puerta principal de la avenida, pero el propio palacio era indistinguible de la propia piedra y acero de la Catedral. La nobleza catedralicia tenía sus palacios y mansiones construidos en la misma catedral, en los muros y naves, por lo que desde fuera no se podía apreciar la propia estructura de sus grandes y lujosas viviendas. Pero según se comentaba, sus interiores hacían honor a la fama de ostentosa y dilapidadora arrogancia de la nobleza.

Al final del jardín se erigía un pórtico con columnas, y en su interior una puerta de acero forjado con decoraciones religiosas les aguardaba. – ¿Llamo? – Preguntó Mario, y sin esperar respuesta golpeó la aldaba con forma de dragón. Al cabo de unos minutos la puerta chirrió, abriéndose y dejando ver a una figura baja y calva con traje de sirviente. El sirviente que miró a la pareja de arriba abajo con altanería.

– Su excelencia les está esperando. Acompáñenme, por favor. – El sirviente les invitó a entrar en la mansión.

Ante ellos se abría un amplísimo recibidor que mostraba la opulencia de la familia a la que pertenecía aquel palacete. El mármol dominaba la estancia: el suelo rosado; las columnas, pilastras y paredes verdosas. Y en ellas colgados retratos de siniestras figuras con ojos inquisidores que se clavaban en Cornelius. Según avanzaban se empezó a escuchar una música triste y ominosa proveniente de un clavecín.


Música ominosa:


– ¿Dónde me has traído? ¿A una mansión o la puerta del Averno? – Susurró Mario divertido, pero no lo suficientemente bajo, pues el sirviente volvó la cabeza y les lanzó una mirada furibunda.

Llegaron al pie de las escaleras que subían a los pisos superiores. A la derecha había una puerta cerrada, donde el sirviente se detuvo. A la izquierda, la puerta estaba abierta, y se podía ver una sala de estar con un clavecín en el medio tocado por una joven mujer. Era una bella muchacha, de cabello escarlata recogido en una larga y delicada trenza que le caía por debajo de su cintura. La joven permanecía con los ojos cerrados mientras tocaba con gran pasión y habilidad el instrumento.


Muchacha:


– Por aquí, caballeros. – El sirviente carraspeó la garganta para llamarles la atención y se acercasen a la puerta. – Excelencia. – Dijo mientras llamaba a la puerta.

– Adelante. – Se oyó desde el otro lado de la puerta.

El sirviente entró. – Las personas que…

– Sí, sí… Ya sé quiénes son. Que pasen. – El sirviente les hizo entrar en lo que era una enorme biblioteca, con miles de tomos antiguos. Al otro extremo, sobre un sillón se encontraba recostada una figura bebiendo una copa de licor mientras leía un tratado. El hombre, un anciano de lujosas prendas se levantó lentamente. Si no fuese por el solideo púrpura que llevaba sobre su cabeza, hubiese sido imposible reconocerle como un alto cargo de la Eclesia Central. Debía de ser el arzobispo.


Arzobispo Cantheril:


– Vos debéis de ser el señor Witchwood, el “solucionador”, ¿no es así? – El porte arrogante y regio del arzobispo no podía ocultar el cansancio y tristeza de sus ojos. – Joven, habéis sido llamado para solucionar un muy delicado asunto. Para ello espero de vuestra absoluta discreción y lealtad. – El anciano murmuró algo para sí y continuó. – Bien, lord Crystek, diácono de nuestra Santa Madre Eclesia… Mi… mi…mi hijo, mi primogénito, mi heredero, cayó hace unos días en un delicado estado de salud. Fue… Fue tratado por los mejores médicos, pero no lograron nada. Di…dijeron que era una enfermedad que no atacaba a la carne… sino al propio alma… Una “enfermedad” de carácter…no natural. – Cantheril suspiró y dio un trago a su copa. – Entendéis cuál es nuestra situación… ¿Verdad? Si… si se supiese esto afectaría gravemente al honor de nuestra ilustre dinastía. Eso es algo que bajo ningún concepto podría llegar a permitirse. Por eso es perentorio tratar esto con la mayor de las discreciones.

El arzobispo dejó la copa y el libro sobre una mesita al lado del sofá. – Subamos. – Ordenó con frialdad. Al salir de la habitación, la joven había dejado de tocar, y les miraba con ojos acuosos. Dos pequeños arroyos de lágrimas recorrían sus pálidas mejillas.  El sirviente les escoltó al segundo piso, hasta los aposentos del joven Crystek. Una pequeña bruma de vapor se escapó al abrir las puertas. Dentro, el ambiente estaba cargado, y se podía notar como la humedad mezclada con un fuerte olor a incienso inundaba los pulmones.

– Han sido instalados braseros especiales para ahuyentar a… a… los seres indeseables…– Terminó por decir el arzobispo. Parecía muy reticente a expresar directamente la palabra espíritus o cualquier otro vocablo relacionado con el mundo de los exorcistas. La habitación estaba tan ostentosamente decorada como las otras salas de la vivienda. En el centro se encontraba una enorme cama con dosel de seda púrpura y llamativos cojines. En su interior yacía una figura apenas reconocible.


El muchacho se encontraba recostado en su lujoso lecho, cubierto hasta la cabeza con las mejores sedas y encajes. El sirviente se acercó y apartó la sábana hasta la cintura permitiendo ver a Crystek. El joven estaba desfigurado, y toda su piel había adquirido un color azulado. Sus brazos estaban tan inflamados que parecían dos salchichas. El torso estaba hinchado hasta un extremo inhumano. Y su rostro había crecido tanto que se había desfigurado, tapando ojos y nariz con mejillas y párpados inflamados. El muchacho respiraba torpemente mientras repetía sin cesar una cantinela incomprensible.

– “Kspth at ëhutm ërbioi, estrrë dmmë bgn odn. TSur rodu, rod mΘΘrun, ëbgidë ëtgltë. Nam alë hiku bXItiu. Uamr LuTSipr. PXIq ëdiu ëua nqmë.”

– Como pueden ver, la situación es grave, muy grave. Espero que sepan solucionar esto de la forma más adecuada. Proceded. – El arzobispo, que no se separaba de la puerta, miraba con repugnancia y miedo a su propio hijo.

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Re: [AVENTURA INICIAL] "Las Cloacas de la Eclesia" [Ciudad Catedral, 16 de enero, 898 d.G.]

Mensaje por Cornelius el Jue Dic 22, 2016 2:58 am

Estaba de pie, quieto sin mover un musculo, contemplaba como el desconocido encapuchado me analizaba con una mirada tan fria como la nieve. Aun comtemplando al sujeto, con un seño arrugado y enojado, preste suma atencion la contestacion que este me brindaba sobre las el asunto de las dudas que poseia sobre el encargo. Instantaneamente a su sentencia esta persona desconocida se encamina hacia la puerta. Persegui a este con la mirada, y note que pronto hace una pausa a su salida, deteniendose en la puerta. Este vuelca su vista de nuevo hacia mi, para lanzar denuevo una fria mirada y esbozar una petulante sonrisa y <> Es lo que expreso el sujeto a continuacion,  para despues abandonar la habitacion. Pronto habria lanzado un suspiro lleno de angustia, cuando este individuo salio del cuarto. De inmediato mire al piso, con un sentir de niño regañado - Joder, tiene razon... Tengo que aprender a controlar mi rabia. Ojala me perdone por mi conducta - Musite cabizbajo, y posteriormente camine hasta mi lecho para sentarme a meditar en la esquina de el flaco colchon de la cama - Pero en parte tengo razon, es una mierda, pero una grandisima... ¡Maldicion!, si tan solo pudiera gritar lo que siento al aire sin preocupacion a nada. Las personas somos horripilantes. Pero bueno, "El primer paso de la ignorancia es presumir de saber", no estoy siendo mas que un crio ignorante. Para de verdad quejarme de esto debo de cambiar yo, para que lo hagan los demas - Y luego me recoste en la cama y cerre mis ojos, para descansar un poco, no habia olvidado que pronto tendria que decidir, ¿a quien llevaria?. Confio en todos mis compañeros, pero de maneras diferente, les confiera mi vida a cualquiera de ellos, a Zacarias, Lia y Mario. Sin embargo, y a pesar de vivir como hermanos los tres, no podia confiar en otro tipo de cosas a los demas. No, no pienso que mi vida vale menos que mi trabajo, si no que tengo mis dudas en aspectos mas superficiales sobre mis compañeros. Zacarias, es alguien muy divertido y alguien muy leal, pero, por lo general tiene problemas para actuar de acuerdo a las reglas, es alguien muy libre y hace lo que desea, lo admiro por eso... Pero en este caso no me sirve traerlo conmigo, es un encargo delicado. Lia, hermana de Zacarias, es una persona muy tierna y amigable. Sabe cuando comportarse, y es muy cuidadosa con lo que hace... Sin embargo, es una persona muy mal intencionada, si algo no es de su agrado siempre busca la manera mas pesada de vengarse, es muy probable que tratemos con personas un poco arrogantes, y tengo mis dudas sobre que posicion tomaria. Por ultimo, Mario, es alguien bastante delicada y diligente en su trabajo, eficaz, sabe y logra controlarse, por esas razones he decidido llevarlo a esta mision. Pero de nuevo, nadie es perfecto,  Mario resulta ser una persona muy arrogante, bastante malcriado y desagradable, intolerante como el mismo. Finalmente, ya habia decido quien iba a ser mi compañero en esta mision, asi que sin mas dilacion decidi encaminarme a buscarlo. Iria a su habitacion, y al llegar abriria con cautela la puerta de su dormitorio. Sin embargo al ver dentro de esta me percate que no se encontraba en su habitacion, asi que cerre con fuerza la puerta - PAM - Sono esta por el azote que le habia propinado, y alli mismo me quede de pie, a pocos centimetros de la madera oscura de esta. Estaba reflexionando sobre donde se podria hallar Mario - El solo saldria de su habitacion por algo que le interese. Zacarias recuerdo decidio que iba a dar un paseo por la altaciudad, probablemente tramara algo, por mi bien prefiero no saberlo... ¿Quizas estara lamiendole las botas a Lia?, ultimamente se ha "rebajado" para que lo considere, jejeje - Habian muchos lugares donde empezar la busqueda, las oficinas de los exorcistas no eran realmente chicas... - Clac - Hice un chasquido con mis dedos esboce una sonrisa solitaria - La sala comun, alli hay muchas personas a las que preguntar - Musite para seguidamente dar media vuelta y encaminarme hacia la sala comun - Thurmmm ~... ¡Hey! ¡Tu! - Grito un vecino de habitacion que habia salido de su dormitorio. De inmediato gire mi rostro en direccion contraria a este sujeto, y tome la capucha de mi capa de color azabache para comenzar a correr y encubrirme. Alejado ya camine en puntillas intentando aun ocultar mi presencia, con una cara de sastifaccion y sonrisa de minino cobarde - No me atraparan con vida... -.

- ¿Ah?... Solo queria invitarlo adentro... -
Musita el sujeto aparentemente confundido. Desde adentro le intentaban apresurar por alguna razon - Si, si... Baltazhar dijo que llegaria pronto. ¿Estan listos los globos? - Parecia que respondieron al chico, este coloca un rostro de desgana por alguna clase de comentario - Con solo decirlo una vez lo he entendido... Seguire buscando a mas personas, asi que... -.

Ya habiendo llegado a la sala comun de las oficinas intento buscar de un lado al otra a mi compañero. No fue dificil, entre varias cabezas la suya deslumbraba entre todas, era como un cerillo encendido en un cuarto oscuro. Este se hallaba metido en un juego de cartas, parecia haber apuesta, y era obvio que no jugaria con nadie si no hubiera un premio de por medio. Me aproxime a este a paso lento, pero firme, y luego coloque una mano en el espaldar de su silla y me asome a ver su mano (de cartas). - He. Volviendo a los malos vicios, ¿no es asi Mario? - El juego de Mario parecia ser perfecto, parecia tener una buena racha.

- Tengo una Escalera... - Dice su contrincante confiado de su mano.

- Oh ~... ¿Enserio?. ¿Que hare?... - Dijo Mario sobreactuando burlandose de su contrincante, tenia un mejor mazo que aquel - Flor i-m-p-e-r-i-al, dame el dinero - Dice al colocar su mazo ganador.

- P-pero... No tengo el dinero -
Dice el sujeto.

- ¿Por que apuestas lo que no tienes?... Tch... - Mario exclama y hace un chillido extraño, y de inmediato desvia su mirada. Luego de una corta pausa voltea de nuevo a ver al sujeto, lanzando una carcajada y diciendo - Je... Ya se como me puedes pagar, si rompes tu orgullo y te desvistes ante todo el mundo sera suficiente... Si no... -.

- ¿Si no, que? - Dice el sujeto.

Mario me golpea con su codo, esperando a que hiciese algo. Mire a este varias veces antes de entender por completo, pero ya habiendo entendido sonrei intentando verme maquiavelico, para proseguidamente sacar el mechero de fuego espiritual de mi bolsillo. Luego paso este con rapidez por mi pantalon presionando la tela de este con mi pierna. El mechero se abriria y la rueda que enciende este giraria por la tela. Aparecerian algunas chispas, y rapidamente lo quitaria de mi pierna y lo colocoria frente a mi rostro, ocultando mi sonrisa. El mechero se habria de encontrar encendido, y luego de unos segundos lo cerraria con un movimiento de la mano. Lo guardaria entonces denuevo en el bolsillo trasero de mi pantalon.

Demostracion:


- Hemmm, ¿Ok?... Si Cornelius deja de hacer el tonto aceptare el trato -  Ante este comentario cambie mi sonrisa por una mueca y rostro de desgana - Ya nadie gusta de las simples cosas... -. Alli me quede de pie durante un tiempo considerable, mientras observaba el juego perfecto de Mario, no paraba de ganar, tenia una gran racha. Pronto me parecio que era suficiente tiempo, debia de avisarle lo que sucedia - He, Mario, veo que te estas divirtiendo. Pero, se me ha olvidado decirtelo, nos han encargado algo los superiores... - Seguidamente me di media vuelta y camine lentamente, esperando a que este me siguiera. Ante lo que habia dicho Mario responde lanzando un chillido en queja - Tsk - Y sin rechistar mas camina hacia donde me encontraba - He, Mario, pero no dejes a Balthazar sin su ropa - Dije antes que este terminase de levantarse por completo, este tomo la ropa de "Balthazar" y la lanza, cerca de este, para luego seguirme de forma definitiva. Este en el camino no dijo una sola palabra mas, unicamente dijo - Esta bien, entiendo - cuando le explique sobre el contrato, realmente se mostraba bastante enojado, no le pinto nada bien que le interrumpiese en su juego, o que simplemente lo hubiera hecho a mitad de este. Pero bueno, le cayese bien o no mi llamado era tiempo de trabajar, ya habia tenido bastante diversion. Finalmente fuera de las oficinas de los exorcistas de la catedral nos encaminamos al palacio del Arzobispo Cantheril. Esta era una noche bastante fria, mas de lo normal, por lo que mientras caminabamos decidi ajustar un poco mas a mi cuerpo la capa termica que siempre traia conmigo, para sentir un poco de calor. Era extraño, este lugar estaba mas vacio que nunca, ya estaba acostumbrado a los tumultos salvajes de personas en la ciudad media, y aunque la altaciudad fuera diferente y mas tranquila justo ahora lo era demasiado, las veces que habia salido a caminar por la ciudad veia por lo menos alguna persona fuera de sus hogares, justo ahora esto era un desierto. Nuestros unicos acompañantes esta noche era la gelida, por lo menos para mi, brisa del lugar, junto con las pavimentadas avenidas, y magnificas sombras que eran formadas por las lamparas de aceite que habia en cada calle. Ahora que lo pienso, ¿quien encenderia estas lamparas?, quizas los propios guardias del Martillo Aureo que patrullan las calles se encargaban de encenderlas al anochecer, aunque quizas habia algun sereno por alli que se encargaba de ese trabajo. Ademas de todo eso, en el camino pude notar que de algunos bulevares de cristal comenzaba a caer nieve - Creia que la catedral estaba bien cubierta de cualquier tormenta... ¿Que fecha sera hoy? - Pense un momento mientras observaba como caia la nieve. Mario hace un comentario sobre esto, que yo como todo buen oyente escucho volteando a mirarlo mientras me hablaba - Una ventisca... Tenemos suerte, aunque sinceramente estoy decepcionado, creia que la catedral estaba lo suficientemente reforzada para evitar que ni la mas minima bola de nieve cayese dentro, supongo que al ser una construccion de tamaño colosal sera dificil de mantener, ¿No crees? - Le dije intentando sacar un poco de conversacion. Sin embargo, pronto habriamos llegado a nuestro destino, el palacio del Arzobispo Cantheril, este palacio parecia una vivienda simple, de hecho me recordaba un poco a mi hogar, quizas hiciera alguna carta para saber como se encuentran Eli y Madre. Bueno, volviendo al tema, el palacio del Arzobispo parecia una casa bastante simple con un jardin bien cuidado, que distaba mucho del "jardin" de nuestro hogar que era una selva llena de malas raicez. Pero segun habia escuchado el rumor de que la nobleza de la altaciudad construia sus palacios dentro de los mismos muros de la catedral, algo que me recordaba mucho un libro.

"Cultura y Costumbres de Infernalia, guia para el viajero atrevido".

Habia leido en este libro que los hogares de muchos demonios de infernalia hacian sus casas dentro de las propia piedra volcanica, tambien pude leer dentro de este libro que la tierra volcanica era la mas fertil del mundo. Ultimamente me habia interesado por la agricultura, la curiosidad me mataba por meterme dentro del jardin a observar ese pequeño ecosistema que me rodeaba, pero no me queria ver metido en algun problema por pisar el pasto, o romper algo sin querer. Sin duda, la vida es extraña, de pequeño odiaba todo lo referente a las plantas. ¿Salir a regar las orquideas?... Preferia seguir tocando y cantando el Soldado Joy. Quizas la hostia que me metio mi madre al ver que deje marchitar las flores me hiso cambiar de opinion.

Melodia:

En este caso seria una version españolizada, con algunos ligeros cambios en la letra (de la version completa) que harian que sirviera en el mundo de Terra.

Prosiguiendo, Mario y mi persona caminamos por el suelo de adoquin que llevaba hasta la puerta principal del palacio, hasta que finalmente llegamos al final del jardin, donde se erigia un portico con columnas que en su interior se encontraba una puerta de metal, sinceramente la puerta me parecia algo rustica, pero en el buen sentido, era un clasico. Mario de inmediato golpea a la puerta, "pidio permiso antes de hacerlo", pero parece que seguia resentido, y simplemente golpeo la puerta sin darme tiempo a responder. Igualmente le iba a pedir que lo hiciera. Al poco tiempo aparece una figura, aparentemente el sirviente del hogar, este nos analizo durante un rato y luego nos dejo pasar. Por dentro la casa del Arzobispo era bastante diferente, era toda una belleza de hogar, ¿Como seria el hogar de un cardenal?. Antes de entrar por completo retrocedi un póco y golpee mis botas contra el suelo, para sacudirlas, si llevaba tierra o algo el pobre sirviente que parecia solitario tendria que hacer un largo recorrido para limpiar el desastre. Ya dentro pude observar que el amplio recibidor estaba decorado en sus paredes con pinturas sombrias de inquisidores, a los cuales no le preste mas importancia. Caminando un poco mas, siendo guiados por el sirviente, se empezo a escuchar una tetrica y peculiar melodia, me resultaba un poco familiar, creo que era un clavecin lo que oia. En ese momento saco de mi bolsillo derecho de mi pantalon una brujula, esta la abro y veo hacia donde apunta la aguja roja, y luego la guardo, esta brujula era especial, apuntaba hacia donde habian rastros de actividad paranormal. Mientras seguiamos caminando mi mente se aclaro un poco sobre la melodia que se tocaba - La tumba de camillas, un gusto muy peculiar, sin embargo es una buena melodia, pero en mi caso preferiria colocarla solo en alguna especie de reunion seria para ponerse en el ambiente... ¿La casa estara triste?. Debe de estarlo - Reflexione acerca de la razon por la que se estuviese tocando esa musica. En un momento mis pensamientos son detenidos por un comentario hecho por Mario, el sirviente se voltea y mira furioso a este, como si le llamase la atencion. Luego de esto espere unos segundos para susurrarle - He, Mario, intenta de ser un poco mas precavido con las bromas... - Le dije sin mas con la misma muletilla de siempre "He, Nombre,". En parte este comentario que habia hecho Mario me hiso gracia, realmente nos acababa de meter en una casa de lo mas amenazadora. Dejando eso de lado, pronto llegariamos hasta unas escaleras, que aparentemente llevaban hasta unos pisos superiores. El sirviente hasta en este punto nos detuvo y acerco a una puerta, estando aqui podia oir mejor la melodia de "La Tumba de Camilla". Me gire hacia donde venia el sonido y pude observar una sala, y en la mitad de esta habia un clavecin el cual era tocado por una mujer de cabello color rojo carmesi. Esta chica era realmente bella, estaba vestida en un finisimo atuendo de color rosado con un muño del mismo color en su pecho. Mientras la observaba tocar, y aunque no me viese, le sonrei cordialmente. Estaba impresionado por su gran habilidad y soltura con el clavecin. Podia notar como en cada nota dejaba parte de su corazon y sentimientos, un verdadero artista. Sin embargo no pude seguir disfrutando de la musica tocada por la muchacha. El sirviente pronto nos habria avisado que nos acercasemos a la puerta, y luego de una cortisima conversacion con alguna persona dentro de aquel cuarto cerrado se nos deja pasar. Dentro de esta habitacion pude observar lo que era una biblioteca... Pero era una biblioteca GIGANTE, no dudaria en pasar unos buenos ratos leyendo todo lo que se me pusiera en el camino en este lugar. Quizas aqui podria encontrar alguna que otra cancion para aprender. Al otro extremo de la biblioteca se hallaba sobre un sillon una persona, esta estaba recostada sobre el sillon bebiendo elegantemen una copa de licor, mientras en su otra mano sostenia algo que parecia leer. Este era un hombre, un hombre viejo, o anciano, como sea, este estaba vestido con un frac de color rojo, que estaba abierto y tenia una apariencia lujosa al igual que sus demas prendas. Este era otro amante de lo clasico, yo tambien llevaba puesto un frac, pero lo ocultaba bastante bajo el regazo de mi capa. Pude pronto reconocer que la persona que se encontraba ante mi podia ser el Arzobispo Cantheril, esto gracias al solideo de color morado que llevaba puesto sobre su cabeza, si no fuera por eso lo hubiera confundido con algun otro habitante de la casa. Este sujeto se dirige a mi con un tono un tanto arrogante, bastante parecido a la forma en la que se dedicaba hablar Mario en sus "tiempos de oro", se podria decir que era un tono de "clase" y "elegancia". Obviamente no gustaba de escuchar a este anciano hablar en ese tono tan despectivo, era como escuchar el chirriar de una pizarra, sin embargo tome el consejo de el mensajero que me visito la misma noche, debia de controlarme.

-  Vos debéis de ser el señor Witchwood, el “solucionador”, ¿no es así? - El arzobispo se dirige hacia mi con una mirada un tanto acuosa y ojerosa.

- Cornelius, Cornelius Witchwood  - Realize una reverencia para luego reincorporarme y tragar saliva. Era estresante tener que escuchar le hablar arrogante del Arzobispo.

– Joven, habéis sido llamado para solucionar un muy delicado asunto. Para ello espero de vuestra absoluta discreción y lealtad. – El anciano musitaba algo que se me hiso imposible escuchar y continuo - Bien, lord Crystek, (...) cayó hace unos días en un delicado estado de salud. Fue… Fue tratado por los mejores médicos, pero no lograron nada. Di…dijeron que era (...) una “enfermedad” de carácter…no natural. – El arzobispo suspiro y dio un trago a su licor – Entendéis cuál es nuestra situación… ¿Verdad? Si… si se supiese esto afectaría gravemente al honor de nuestra ilustre dinastía. (...) -.

Lo que dijo el Arzobispo sobre su hijo hiso revolotear una idea en mi mente. Sin duda era un asunto importante, la familia estaba involucrada en este asunto. Aunque pareciese que al Arzobispo le importaba mas si "dinastia", realmente le era mas preocupante el estado de salud de su propio hijo. En un principio crei que se tratataria de algun asunto mas superficial, como una plaga de poltergeist o algo por el estilo, el haber un mal espiritu en el hogar de un obispo podria tratarse de algo muy mal visto, tratandose de que la propia fe deberia de protegerlos de ellos, ¿No?, sin duda que hubiera algun espiritu maligno en el hogar del Arzobispo causaria grandes problemas. Volviendo al tema, este asunto sin duda era mucho mas importante de todo lo que pudiera haber creido, se trataba de salvar a un querido miembro de la famia. Ahora esto se habia hecho personal, yo haria lo que fuese por mi familia, y creo enterder todas las razones del Arzobispo para mantener este asun en secreto. Ahora debia de salvar a este joven, Lord Crystek, ya no realmente por dinero, si no por cuestienes de principios y honor. Finalmente el arzobispo dejo su copa y el libro en una mesa, y nos pide que subamos con el al segundo piso. Al salir de la habitacion siendo guiados por el mismisimo Arzobispo Cantheril vi de reojo como la muchacha que se encontraba en la sala dejaba de tocar. Esta no sigue con la mirada, y lo ultimo que pude observar es que dos lagrimas brotaron de sus ojos. Finalmente llegamos a otro habitacion, en este lugar seguiramente se encontraba Crystek. El cuarto en el que se encontraba es muchacho estaba cargado de un fuerte olor a incienso y humedad – Han sido instalados (...) -  Comento el Arzobispo. La habitacion al igual que toda la casa no escapaba de ser increiblemente ostentosa. En el centro de la habitacion se hallaba una gran cama con dosel, en la que desearia dormir por lo menos una vez en mi vida, donde se encontraba la figura irreconocible de una persona, era Lord Crystek seguramente el que se encontraba bajo esas sabanas. El sirvierte de la casa retira las sabanas de este hasta su cintura. De esta manera pude observar mejor su estado. Este estaba increiblemente hinchado, sus brazos parecian globos y su torso parecia que iba a estallar, su rostro se habia desfigurado completamente. Crystek intentaba sostenerse a la vida, respiraba torpemente... Ademas pude notar que repetia una y otra vez una extraña muletilla incomprensible.

– Como pueden ver, la situación es grave, muy grave. Espero que sepan solucionar esto de la forma más adecuada. Proceded. – Dijo el Arzobispo aun sin retirarse defnitivamente, se allaba aun parado en la puerta observando con miedo a su hijo.

No preste mas atencion al Arzobispo y me acerque a la cama de dosel. Hice señales con los dedos sobre mi hombro derecho a Mario para que se acercase. Luego me detuve a un lado la cama mientras observaba mas detalladamente el estado de este. Suponia que la coloracion azul de su piel se debia a alguna afeccion espiritual, o alguna herida compleja interna causada por el espiritu que le poseia. ¿Era eso no?, realmente no sabia si era alguna extraña enfermedad  de naturaleza espiritual, y no tenia modos de saberlo. Los globulos rojos del chico probablemente no estarian muy cargados de oxigeno, lo que causaria la pigmetacion azul de toda su piel. Su hinchazon por otro lado se parecia mucho mas a una reaccion alergica, parecia tener bultos suaves llenos de liquido por todo su cuerpo, debian de ser edemas. Por lo general estaba acostumbrado a tratar con casos de posesiones en los que el paciente no se encontraba tan afectado. Sin embargo eso ya no importaba mucho, despues de todo la forma de proceder siempre es la misma. Debe de erradicarse al espiritu o espiritus invasores del cuerpo lo mas pronto posible, o el muchacho pagaria con una muerte horripilante y dolorosa. Aun de pie observando a Crystek de mi pantalon de nuevo la brujula, y revise como las manecillas apuntaban, esta responderia ante la actividad paranormal, no estaba de mas comprobar un momento, aunque la situacion fuese tan obvia. Luego de observar la brujula la cerraria, y la guardaria, daria un suspiro y voltearia la cabeza hacia la puerta donde se encontraba aun el Arzobispo Cantheril.

- Perdone su señoria, Arzobispo Cantheril, ¿cuanto tiempo lleva Lord Crystek, su primogenito, de esta manera? - Le dije a este.

Sin importar el tiempo que dijera sacaria de mi bandolera una pocion de color azul, de recuperacion espiritual, e intentaria hacer que Crystek la ingieriera, con lentitud y paciencia, siendo lo mas cuidadoso posible para evitar que se ahogase, hasta que se terminara la mitad de la pocion de tamaño medio. Luego sellaria la botella de nuevo y la guardaria. Seguidamente daria unos cuantos pasos hacia atras y me liberaria un poco del peso que llevababa, dejando la bandolera en el suelo, para despues sacar mi cruz de dispersion. Esta la limpiaria con la tela del interior de la capa. Al acabar de hacer este si aun se encontraba el Arzobispo mirando a traves de la puerta le invitaria a entrar a que observase el exorcismo, despues de todo era algo normal, solo esperaba que no se desmayara a la primera de aviso - Me gustaria que me ayude con el rezo, Arzobispo Cantheril, pase por favor - Le habria dicho para tratar de invitarlo. Luego me acerque a Mario y le dije al oido.

- Mario, empezemos la exorcismo, prepara tus armas - Musite a mi compañero, y si el Arzobispo habria aceptado mi propuesta agregaria - Manten al Arzobispo detras de nosotros, a una distancia segura -.

Seguido a todo esto haria la señal de la cruz, con la misma mano con la que estaba sosteniendo el artefacto de dispersion espiritual, y luego me acercaria al lecho de Lord Crystek y apuntaria la cruz plateada hacia el, y comenzaria mi rezo confesando mis pecados - Creador, estoy aqui para pedir tu poder... Pero he de confesar que he pecado. He manchado mi alma con soberbia, pero pido tu sagrado perdon, para de esa manera presentarme limpio a la limpio a la hora de realizar este ritual, para liberar este muchacho de los espiritus inmundos que le atormentan - Luego de eso haria una corta pausa, esperando a que el Arzobispo Cantheril dijera algo y confesase sus pecados, si es que habria cometido alguno. Y seguido a eso, si es que ocurria, comenzaria mis letargicos rezos para realizar el exorcismo como tal.
FDI:
Velocidad 0 = 1 Accion.
Darle la mitad de una pocion de PE a Lord Crystek + Realizar un Exorcismo

Sinceramente espero que sea de tu agrado, la hice con bastantes apuros, pero le dedique bastente tiempo :D lo lei dos veces, y creo que hay algunas partes que no se entienden, o quizas repita alguna que otra palabra. En el proximo turno intentare ser mas precavido, hasta mañana (son las diez de la noche en mi hogar, bastante tarde... Aunque suelo a veces quedarme hasta las doce despierto, pero creo que ya le dedique alrededor de tres o cuatro horas al post, contando las interrupciones de la familia xD).

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Cornelius

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Re: [AVENTURA INICIAL] "Las Cloacas de la Eclesia" [Ciudad Catedral, 16 de enero, 898 d.G.]

Mensaje por Maximilian Stenkerk el Dom Feb 19, 2017 8:01 pm



CORNELIUS WITCHWOOD

Tras escuchar la pregunta de Cornelius, el arzobispo clavó su fría mirada en él. Durante unos segundos permaneció en silencio, mirándole fijamente, calibrando su respuesta.  – Tres días. Hace tres días. Durante la cena, hace tres días, empezó a sentirse con malestar, y se fue a sus aposentos a descansar. A la mañana siguiente, el servicio no pudo despertarle. Parecía simplemente como si estuviese muerto. Sin temperatura. A penas respiraba. Pero parecía… normal. Así permaneció todo el día. Pero al día siguiente amaneció en… en este estado, y poco a poco fue agravándose. Entonces empezó a hablar en esa lengua extraña, repitiendo esas cosas sin sentido. –  El arzobispo apretó con fuerza la mandíbula y volvió a mirar a su hijo. – ¿Sabéis lo que es, exorcista?

Cuando Cornelius se acercó a Lord Crysek el exorcista pudo captar el fétido olor a podredumbre que emitía el enfermo. – Mlueim mt. Mlueim mt Coerenilous… –  Por un momento parecía que el desgraciado había pronunciado, o más bien había intentado pronunciar su nombre. “Cornelius”. Era la primera vez que veía a ese hombre, pero sabía su nombre.

Cornelius vertió la poción sobre la boca de Crysek. La mayor parte del líquido se calló por la boca y el cuello del muchacho, pero una copa entró dentro y se la tragó. Habría que esperar para saber si hacía efecto o no.  El arzobispo accedió a la invitación de Cornelius y entró en la habitación, pero no se separó mucho de la muerta, mirando impasible, insondable a su hijo.

Al poco de comenzar los rezos, Lord Crysek empezó a convulsionar con fuerza virulenta. Su cuerpo se retorcía sobre sí mismo, mientras el torso se levantaba y caía de su lecho una y otra vez presa de los espasmos. – ¡Mlueim mt! ¡Mlueim mt! ¡Mlueim mt! –  Pronunció entre espumarajos azules. Cada vez había más de esa repulsiva espuma en su boca, que salía volando en todas direcciones. – ¡Mlueim mt! ¡Mlueim mt! ¡Mlueim mt!

El cuerpo empezó a hincharse y deformase. Un brazo se infló tanto que explotó embadurnando a Cornelius con una masa de carne, sangre y líquido azul. El hedor era insufrible, provocándole al exorcista arcadas y mareo. Sin embargo lo peor estaba por llegar. El otro brazo había mutado transformándose en una feroz y horripilante garra con unos afilados y extremadamente largos garfios. –¡Enuplim lhzur lkxi emluke! ¡Enuplim ieruxi at eczln!–  . Los gritos eran cada vez mayores. En la parte derecha de su espalda empezó a hincharse formando una supurante y gigantesca pústula que explotó emergiendo de ella un nuevo apéndice. Parecía un ala. Un ala membranosa y cartilaginosa que aletea solitaria. –¡Exiup ecio! ¡Huthaim asr kro lpni eczln isrup! –  Lord Crysek, o lo que quedaba de él gritó con tanta fuerza esta última vez que la boca se le desencajó, los mofletes se desgarraron y la mandíbula se desprendió del resto de la boca cayendo sobre la cama. De lo que quedaba de su boca surgieron unos gigantescos colmillos que atravesaban carne y hueso deformando toda la cara del joven. Era un verdadero engendro.

– ¡Joder! ¡¿Qué coño ha pasado?!– Exclamó Mario sorprendido y desenfundó su sable. Lo cierto es que había motivo para asombrarse, pues en toda su carrera como exorcista, Cornelius jamás había visto nada parecido. El arzobispo también había entrado en shock, y se encontraba totalmente paralizado, pálido como un cadáver, intentando pronunciar algo sin éxito.

El monstruo soltó un aterrorizante rugido, y de un manotazo arrojó a Cornelius contra el espejo que había sobre el vestidor. Cornelius, aturdido por el golpe pudo sentir como los cristales rotos se le clavaban en la espalda para luego caer sobre la cómoda, rompiéndola.  Un intenso dolor recorrió toda su espalda y muslos, y pudo sentir la humedad de la sangre recorriendo su carne.

Luego, de un salto, la abominación se precipitó sobre Mario, que no tuvo tiempo de reaccionar y se vio desarmado y en el suelo, con la garra del monstruo atravesándole el hombro izquierdo mientras el exorcista soltaba un grito de dolor. El monstruo sacó la garra de su carne y abarró a Mario del cuello dispuesto a rematarlo.

– Mi hijo… Mi hijo…  Qué… qué… qué le habéis hecho. – Llegó por fin a decir el arzobispo, mientras caía de rodillas llorando. El monstruo que lo escuchó soltó a Mario, que cayó seminconsciente sobre el suelo. La abominación giró sobre sí mismo y empezó a cargar contra el indefenso arzobispo. Si Cornelius no reaccionaba pronto, la abominación destrozaría a su propio padre.

FDI:

Situación táctica: Cornelius, te encuentras tumbado en el suelo sobre un montón de madera rota (restos de la cómoda sobre la que has caído). Tienes también heridas en tu espalda producto del golpe contra el espejo. Y las piernas y el culo doloridos por el golpe sobre la cómoda y las maderas rotas. Mario está herido en el otro extremo de la habitación, en el suelo, con una herida importante en el hombro, y seminconsciente. El monstruo corre hacia al arzobispo que se encuentra junto a la puerta, en un punto intermedio entre tú y Mario.

Y un apunte sobre tu anterior post y sobre el mío, porque parece que me expliqué mal. La nieve no cae en el interior de la catedral mientras caminabais por ella para llegar a la casa del Arzobispo. Lo que veíais era como la nieve caía sobre las bóvedas acristaladas que hay en algunas de las naves de la Catedral. Así veíais como se acumulaba sobre el techo, pero no caía dentro. Aun así hacía mucho frío porque la Catedral es gigantesca (del tamaño de una ciudad, y en su interior es toda la ciudad alta de Ciudad Catedral).


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Re: [AVENTURA INICIAL] "Las Cloacas de la Eclesia" [Ciudad Catedral, 16 de enero, 898 d.G.]

Mensaje por Cornelius el Lun Mar 06, 2017 2:57 am

— "Suprema divinidad, por la pasion por la cual creaste el mundo. Ten misericordia de nosotros y del mundo entero(...).
Santo heroe, Santo Creador. Unico y puro Dios, por favor, ten perdon por tu creacion. Guianos por el camino de la iluminacion. Extermina a los oscuros de los abismo de negrura (...).
Ten misericordia de tu creacion. Alumbranos oh dios, por un camino de seguridad. Desbarata y derriba al perdido que blasfema y peca, y continua eternamente en las tinieblas. Maxima deidad, ¡Retornalo al vacio de la cosmos!"—
.
Mencionaba, declaraba, y repetia. Me creia apropiarme de esa formula de palabras de rezo que habia casi caletreado.

En un tiempo particular algo llamo mi atencion de forma grotesca. Ante nada, tambien me ofusque un poco a la hora de realizar mi ejercicio. Es normal que una persona poseida salte de su cama con violencia, pero eran los saltos mas altos que podia calcular que un cuerpo como ese podria realizar. El olor a putefraccion al acercarme a Lord Crystek era un factor extraña por el que casi me detuve para analizar, pero esperaba mucho de que el Arzobispo presenciara el exorcismo como algo tan normal como limar los cayos de los pies, o sin exagerar, como un procedimiento quirúrgico. Pero sencillamente no se sabe que esperar, de nada, ni de un tal Señor cuidadoso (Ejem Ejem), ni de un tal caso "simple". Quede atonito al observar como esa masa de su brazo se expandia, haciendose pedazos y desparramandose por toda la habitacion. Sangre, pedazos de carne humana, y una sustancia innaturalmente azulada rocian parte de mi uniforme y mi rostro. Asquerosamente trague algo de toda esas sustancias, por el reflejo de tragar saliva. Y como un sadico lamo la comisuras de mis labios salpicados por mas sangre humana, al saborear el salado y ferreo sabor de este liquido, que en este ocasion no pude ignorar por la rapidez de los acontecimientos, por otro consecutivo acto reflejo lo escupi junto a un pequeño trozito de carne que por su tamaño no me habia tragado.

— Ma...Madre mia —. Murmure mientras retrocedia poco mas de dos pasos, y mientras lo hacia miraba horrorizado; con las pupilas contraidas; ojos secos y vacios; observando con rapidez el perfil de lo que se encontraba frente a mi ocurriendo con una alarmante velocidad. Sacudi con escalofrio mi cuerpo mientras me dedicaba a darme palmazos en los hombros de mi capa y la tela manchada circundante, abofeteando con repelus mi rostro para limpiarme, empalandome un poco mas la sangre en el rostro, que ahora se encontraba colorada de rojo. Ignoraba, como habia hecho desde un principio, las palabras pronunciadas por la criatura, ahora quizas por otras razones, y unicamente soy sacado de mi embelesamiento al advertir la voz de Mario.Y asi como tan rapido voltee para observar el rostro estresado de mi compañero, fui lanzado y explayado contra el espejo del vestidor. Observe como en camara lenta volaba como muñeca de trapo por el aire, y creo recordar maldecir de diversas formas hasta parar en seco por la rigida pared que hacia de sosten a la lamina de cristal contra la que habia chocado.

— AUUUUGH —. Chille con el impacto, y sentia como si un trueno de dolor hubiese estallado en mi espalda y la energia de este recorriese hasta los receptores de dolor en mi cerebro, y mi mente intentando realizar los calculos de la gravedad de mi situacion. Respire hondo, tanto que se me habria escuchado en toda la habitacion, y pase de tener unos ojos secos y blancos a unos aguados e irrigados. Mi cuerpo aun calamidado por el terror se enfria, y suda como en un dia caluroso, mientras sonreia bobaliconamente al mantener mi barbilla rigida, al igual que mi torso. Pero a pesar de toda esta sensacion combinada de miedo y dolor, y por que ocultarlo, ASCO, solo reaccione al observar como brotaba la sangre, y al escuchar los aullidos de dolor, de mi amigo. Claro que intente levantarme, pero el dolor en el trasero me lo impedia, y durante un segundo pense que seria probablemente nuestro fin, y la rabia comenzo a apoderarse de mi sistema, e inhalaba el aire con rapidez tanto por los agujeros de la nariz como por la boca. No iba a dejar que unos trozos de vidrios que podrian haberse incrustado en mi columna y que tuvieran la posibilidad de dejarme paralitico, Ejem Ejem, me detuvieran, y asi con una descarga de adrenalina y determinacion di una patada al suelo y me levante, ignorante de cualquier dolor. Pero, tan rapido como lo hice la voz de Arzobispo llama la atencion de lo que era antes Lord Crystek, y mire a este primero (el Arzobispo Cantheril) con una especie de incertidumbre. No sabia si ayudarle o no, por razones sentimentales. El señor Cantheril no valia mas que mi compañero. Pero recorde la promesa, y tan inmediatamente como eso ocurrio recupere la cordura. Meti me mano dentro de mi capa y busqué a Ragnarok, y a la vez corri en socorro de el Arzobispo.

— ¡A tierra, Demonio! — Grite a mitad de camino como una especie de conjuro, y sin mas ademanes estacas de luz de un color blanco angelical comenzaron salir de un circulo runico que se dibujaba solo, bajo los vestigios de Crystek, y se intentaban empalar consecutivamente en la carne de la criatura, para luego yo sacar por completo mi extraño libro a la vez que me posicionaba a un lado de mi cliente, a poco mas de medio metro, y extendia mi brazo ocupado (por el libro) hacia la vista de este, con el objetivo de distraerlo de el horror. A su vez y sin ejercer mucha presion le intente hacer retroceder empujandole desde el abdomen con mi brazo izquierdo desocupado, retrocedi tambien con el o sin el, y le hice una peticion — Necesito que se quede... — Y consecutivamente meti mi brazo que habia utilizado para hacerle retirarse, nuevamente dentro de mi capa — Dentro de la habitacion. — Añadi mientras mirando sobre mi brazo derecho, que aun intentaba tapar la vista de el Señor Cantheril, esperaba lo peor. Pero esta vez no esperaba anonadado ante la confusion. Estaba expectante a lo que seguiria, y con seriedad pensaba que esta era la mejor forma de solucionar este problema: resistiendo y analizando. Pero mas que eso tenia claro que, apenas se acercase Lord Crystek me echaria hacia otro lado e intentaria hacer algo por mi camarada, ya que pensandolo crudamente.

— Una tonta promesa, no merece el descuido de un colega.

FDI:
Velocidad: 0

Utilizo la habilidad: Aislamiento espiritual para detener el avance de Lord Crystek

Tecnica.:
- Aislamiento espiritual:[Req. D. Sobrenatural] [Utilidad][Estado Alterado (Parálisis)]

Activando unos sellos mágicos en el suelo, lanza unas cadenas con estacas espirituales a sus enemigos. Estas estacas los atraviesan y aprisionan, aislando sus espíritus. Si la técnica es utilizada en humanos o seres vivos, estos al igual que su alma quedaran atrapados e imposibilitados para moverse.

Especificaciones.:
3 usos +1 por nivel de Sabiduría

D. Sobrenatural VS Agilidad para determinar si las cadenas atrapan o no al objetivo.

Una vez atrapado, el enemigo afectado sufrirá el estado alterado “Posesión”.

Voluntad enemiga VS Voluntad para determinar si el enemigo es capaz o no de liberarse.

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Re: [AVENTURA INICIAL] "Las Cloacas de la Eclesia" [Ciudad Catedral, 16 de enero, 898 d.G.]

Mensaje por Maximilian Stenkerk el Miér Abr 19, 2017 8:07 pm



CORNELIUS WITCHWOOD


Con mucho esfuerzo, y pese a los dolores, Cornelius logra ponerse en pie y conjurar su hechizo. Unos sellos mágicos aparecieron en el suelo desprendiendo una fuerte luz y unas estacas atadas a cadena volaron desde los sellos hacia la abominación desgarrando carne, tendones y huesos. El monstruo había quedado aprisionado entre las cadenas y el arzobispo había quedado salvado en el último momento. Entre terroríficos y antinaturales rugidos la bestia tiraba con fuerza de las cadenas intentando zafarse de su prisión.  Pero las cadenas resistían de momento.

En este momento Cornelius pudo acercarse al arzobispo, que se encontraba temblando y balbuceando en el suelo. Estaba pálido como un cadáver. Las lágrimas recorrían su sudoroso rostro manchado de sangre azul perteneciente a la bestia. Cornelius intentó decirle algo. Pero justo cuando iba a hablarle sonó un estrepitoso ruido similar al del hierro cayendo al suelo seguido de un ominoso rugido, mezcla de furia y dolor. La bestia había conseguido destrozar las cadenas desgarrando su propio cuerpo. Su brazo derecho había quedado totalmente arrancado. Su vientre había explotado y las entrañas se desparramaban por el suelo mientras una venenosa peste se expandía por la habitación desconcertando y mareando a Cornelius. Otras heridas recorrían el cuerpo de la bestia, allí donde las cadenas habían desgarrado su cuerpo. Pero aun así seguía en pie. Vivo. Furioso. Reclamando Sangre.

Soltó un nuevo alarido. Y marchó lentamente hacia el confuso Cornelius. Primero dio una patada al arzobispo que salió volando en la otra dirección. Luego agarró al confuso y mareado Cornelius del cuello con la garra que le quedaba al monstruo sin que el exorcista pudiese hacer nada para evitarlo.. La vil criatura le empotró contra la pared y empezó a apretar más y más fuerte en su cuello, impidiendo que respirase. Cornelius podía sentir como poco a poco la vida se le escapaba mientras era estrangulado mientras su vida pasaba por delante de sus ojos.

Cuando la negra señora estaba ya acariciando delicadamente el alma de Cornelius para llevársela al reino de los muertos (quizá una mera ilusión provocada por la hipoxia, o quizá los exorcistas tenían una percepción más completa del mundo espiritual), el fiel compañero Marcus emergió de las sombras para salvar la vida al desdichado exorcista. Marcus, malherido, sangrando, y con el brazo derecho totalmente incapacitado, apareció blandiendo su sable con su mano izquierda y atacó al monstruo. De un rápido tajo pudo cercenar el brazo que le quedaba al monstruo, liberando a sí a su líder de las garras de la bestia. Luego dio otro tajo a la espalda, y finalmente otro al cuello, cortándole casi la mitad. La cabeza quedó colgando de una tira de piel y músculo, y las vértebras. Una nueva explosión de pus, veneno y sangre azul emergieron inundando todo.

Pero la bestia, aunque mal herida, todavía seguía viva. Rotó y se encaró contra Marcus, cargando con todas sus fuerzas y arrastrando al joven y rubio exorcista al otro extremo de la habitación que soltó su sable mientras era empotrado.  Finalmente la abominación calló sobre Marcus y le clavó lo que quedaba de su boca el vientre. Marcus soltó un alarido de dolor e intentó quitarse el peso de la bestia de encima sin éxito. La abominación sacó los colmillos del vientre de Marcus y con su lengua colgante y deforme la empezó a introducir en la herida con intención de devorarlo. Cornelius tendría que reaccionar rápido si quería evitar que ese engendro devorase a su amigo.



FDI:


En primer lugar, pedir disculpas por el retraso. Me quedé totalmente bloqueado al tener que replantearme y ver como transformarla en caso de que Aiko no volviese, pero como parece que se reincorpora ya no existe ese problema XD.

En segundo lugar unos apuntes técnicos: según lo que me comentaste en el mensaje privado, has realizado demasiadas subacciones, más de las que podrías por tu velocidad. Cada acción se compone de dos subacciones. En el FDI pusiste solo la técnica, pero tendrías que poner las otras, y en todo caso solo podrías hacer dos: tú me comentaste tres: la técnica, acercase al arzobispo, y luego ir a ayudar a Marcus. Sin embargo, tenías que tener en cuenta que te encontrabas tumbado en el suelo, por lo que levantarte te consumiría otra subacción. Por lo que solo te he contado la subacción de levantarte y la de encadenar a la bestia (aunque excepcionalmente te he permitido acercarte al arzobispo para agilizar esto). También te he permitido levantarte aunque no lo pusieses en el FDI por ser la primera vez. Pero para siguientes ocasiones, si esto llegase a pasar te quedarías en el suelo XD. En todo caso, el sistema de acciones puede ser complicado, especialmente a la hora de identificar cuando hace falta ponerlo o no en el FDI (solo elementos tácticos que afecten al combate), así que si en otras ocasiones te surgen dudas y no tienes claro que acciones poner o no, puedes preguntarme sin problemas.

Como escenario. Al acabar el turno, todavía te estás bastante mareado, y caído en el suelo.
El suelo está encharcado de sangre azul.
La espada de Marcus está caída a medio camino entre tú y la bestia. El monstruo se encuentra de rodillas sobre Marcus intentando comérselo, y  te está dando la espalda, mostrando lo que le queda de cuello al descubierto.


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Re: [AVENTURA INICIAL] "Las Cloacas de la Eclesia" [Ciudad Catedral, 16 de enero, 898 d.G.]

Mensaje por Aiko el Lun Abr 24, 2017 3:05 am

Aiko intentó concentrarse para seguir el hilo del procedimiento del cadáver, desde que murió hasta que le llegó al hospitaller, pero era tan sumamente enrevesado y con tantas inexactitudes que era imposible llegar a alguna conclusión sin tener el riesgo de caer en la equivocación.


"Tampoco es tan importante, ya me ha proporcionado de mucha información"


Esperó pacientemente a que el hospitaller le rebuscara entre las entrañas para sacar una muestra pura de la droga, apartando ligeramente la vista ya que no era demasiado agradable la escena. En cuanto Tallerof le entregó el tarro con una pequeña muestra, Aiko le agradeció y se despidió formalmente. Parecía que tenía prisa para hacer otras cosas, ya que le cerró la puerta instantes despues de que saliera. Ya que había quedado con su séquito allí mismo, decidió esperarlos para que no anduvieran perdidos y vagenado por ahí. Con la espera en ese frío pasillo la iba a pasar bastante mal, así que decidió apoyarse en la pared debajo de una de las antorchas. Mientras tanto, observó detenidamente el tarro de cristal con el polvo azul, bastante asqueada.

"¿Cómo puede alguien meterse esto en el cuerpo por voluntad propia? Sin hablar del efecto que causa la sobredosis..."

Lo estuvo mirando un buen rato hasta que se aburrió y se lo guardó. Se estaba empezando a impacientar de que su séquito tardara tanto en llegar para algo que se suponía que era extremadamente urgente. Cuando ya estaba empezando a plantearse el abandonarlos, escuchó un sonido provenir desde el pasillo. Al principió pensó que podían ser ellos, pero era muy extraño, como algo metálico o garras arañando. Y además estaba muy callado, demasiado. Rápidamente, Aiko afiló sus ojos para observar lo más detenidamente posible y se puso en posición de combate. Pero nada ocurrió. Lo que fuera que hubiera sido, parecía que había desaparecido y dejó de hacer ruido, pero Aiko sentía como que seguía oculto en la oscuridad, observándola. A los pocos minutos se tranquilizó un poco y se volvió a apoyar en la pared, pero no por ello estuvo menos atenta a su alrededor.

"Como que seas tú, Jandavoth..."

Sin embargo, el alma parecía estar tranquila o durmiente, aparentando no ser la causa. Al cabo de diez minutos, le pareció ver algo moverse, por lo que inmediatamente se volvió a poner en posición de combate. Lo que sea que vio era algo muy extraño, irradiaba alguna luz verdosa e iba a cuatro patas, pero no le dio tiempo a verlo mejor ya que desapareció en un instante sin dejar rastro, como si jamás hubiera estado allí. Luego de eso, volvió a escuchar un sonido, esta vez algo más familiar. Al cabo de unos segundos, distinguió que eran las voces de su séquito, hablando de cosas irrelevantes.

"¿Qué ha sido eso? No puede ser Jandavoth, nunca ha modificado lo que soy capaz de ver. ¿Eso era una ilusión o era real? Quizás habré aspirado un poco de la droga sin darme cuenta, o algún gas extraño que hay en el crematorio..."

En cuanto aparecieron Sarah y Narsh en su linea de visión, repentinamente pararon su conversación algo nerviosos e intentaron disimular un poco.

—Vuestra puntualidad, eso es lo que necesito. Pero no importa, vamos—dijo intranquila y sin prestarles demasiada atención. Normalmente, les habría dado una reprimenda, pero cada vez estaba más ansiosa por irse de ese lugar, no le estaba gustando nada. Además, tenía frío.

Una vez que salieron de las instalaciones, se dirigieron al lugar que pensaba Aiko que se había cometido el asesinato, mientras les informaba de lo que había visto en el crematorio para que estuvieran al día. A pesar de que podía aproximar la zona con bastante seguridad, les costó mucho tiempo acotar el lugar para localizar la calle. Para entonces, la noche ya había caído y la única iluminación que recibían era la de la Luna, la cual estaba parcialmente bloqueada por las nubes y la ligera llovizna. Por suerte, Sarah tenía unos objetos con un líquido extraño que emitían suficiente luminiscencia como para ver el entorno. Como de costumbre, Narsh hizo lo que quiso y se fue sin permiso alguno y sin darle tiempo siquiera a objetar.

-Más le vale vigilar realmente el perímetro. Sarah, mira a ver que contienen esas cajas—dijo mientras se acercaba y agachó para ver con detenimiento los pasos y la sangre.

"Parece que han arrastrado algo pesado por aquí, seguramente el cadáver. ¿Para qué tomarse la molestia? A lo mejor no querían que lo relacionaran con este lugar. Por otra parte, hay salpicaduras de sangre en las paredes, seguramente de los disparos a la victima. Pero, es raro, son tanto rojas como negras. ¿Alguna lucha entre la bestia y sus asesinos? Difícil. Solo hay pisadas de entrada y de salida del callejón, no parecen haber indicios de un combate. Más que eso, esto parece una ejecución con un número ridículamente alto de balas, ¿solo fue para desahogarse o porque la bestia era tan peligrosa que era necesario?"

Aiko, haciéndose un mapa mental de la posible situación, se levantó del suelo y se posicionó delante de la pared que tenía manchas de sangre rojas y negras.

"Sí, la única forma de que se formaran estas manchas y solamente aquí es a causa del rifle. Seguramente habrá pasado esto: La víctima habrá empezado a agonizar porque algo rompió la droga de su interior. Sus compañeros, por miedo, empezaron a dispararle antes de que se transformara, por eso las manchas rojas, pero no lograron matarlo antes de que mutara en eso y empezó a salpicar sangre negra-azulada. La víctima intentó huir sin éxito al fondo del callejón, pero murió antes de conseguirlo. Entonces, cogieron el cadáver y lo tiraron a las alcantarillas para intentar eliminar las pruebas o, al menos, que no se relacionara con este lugar. Pero hay cosas que no encajan: ¿Qué rompió las drogas de su interior y qué hacían aquí? Quizás la victima ya estaba huyendo de antes hasta que llegaran a este callejón y reventaron sin querer la droga con uno de los disparos. Sí, es otra opción, estuvieron persiguiéndola e intentaron dispararle en lugares alejados de la droga para no explotarla, pero no tuvieron éxito. Eso explicaría por qué llegaron aquí, la gran cantidad de balas, la sangre y que mutara. Si eso fuera así, habría un pequeño rastro de pólvora durante el trayecto de la persecución debido a los disparos, ¿verdad? Y la razón de que huyera... Recuerdo que he tenido una alucinación en el crematorio, si fue a causa de la pequeña exposición que tuve a la droga, significa que es muy reactiva. Entonces, a lo mejor la victima estuvo expuesta, aunque sea muy poco, a su propia droga y se volvió tan demente que empezó a correr de cosas que no existen, obligando a sus compañeros a asesinarlo."

-Sarah, averigua también si puedes detectar algo de pólvora por aquí o en la entrada del callejón.
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Re: [AVENTURA INICIAL] "Las Cloacas de la Eclesia" [Ciudad Catedral, 16 de enero, 898 d.G.]

Mensaje por Maximilian Stenkerk el Dom Mayo 07, 2017 10:36 pm



AIKO JANDAVOTH


– Lo que digas, jefa. –  Sarah se desperezó un poco y se agachó sobre las cajas para inspeccionarlas detenidamente. – Unas cajas destrozadas, jefa. Parece que estaban vacías. Quizá simplemente fueron tiradas aquí como basura. ¡Un momento! Veo algo. Es un trozo de tela desgarrada. De color azul oscuro y bordada. –   Sarah cogió el trozo de tela y se lo entregó a Aiko. El trozo estaba sucio, y muy deteriorado, pero se podía ver un patrón en el bordado: un martillo en llamas. El símbolo del Martillo Áureo. – No estoy segura, pero creo que es de la Legión del Hierro. Las legiones militares usan el rojo para sus prendas, las legiones del hierro el azul.  

Sarah se fue a inspeccionar otras cosas  mientras Aiko inspeccionaba la pared. Era una pared vieja y descuidada, con los ladrillos y las vigas visibles por desconchones. Aiko se detuvo a analizar la sangre con más detenimiento. Había salpicadura de sangre por toda la pared. La había roja, y también azul, seguramente del engendro. La sangre ya estaba bastante reseca, cosa que concordaba con lo que se sabía, había pasado casi un día desde el suceso. Sin embargo había otro tipo de manchas en la pared, más oscuras. Era barro, marcas de pisada, de unas botas, pequeñas, como de mujer. Estaban todavía frescas, e iban desde el suelo hacia la cornisa cercana, como si alguien hubiese trepado. Justo en el suelo, por donde comenzaban las pisadas, había una colilla todavía medio encendida. Alguien había estado hace poco allí.

Entre la sangre, el barro y los desconchones también se apreciaba otra cosa en la pared, como un dibujo. Alguien había pintarrajeado pinturas urbanas en ella: una espada con una serpiente enroscada. Seguramente de alguna banda criminal que controlase la zona. Las bandas solían utilizar esta clase de símbolos para marcar sus territorios. Los principales territorios de las bandas se encontraban en la subciudad, pero había algunas que lograban extender sus tentáculos hasta la superficie, desafiando a la Eclesia.

Un ruido llamó la atención de Aiko más arriba. Al mirar al cielo vio unos brillantes puntos verdes se encontraban entre las sombras de un balcón cercano, como dos ojos esmeralda refulgurantes que la observaban inquisitorialmente. Eran como los que había visto en los pasillos de la morgue. Tras unos breves instantes en sus miradas se cruzaron, los ojos desaparecieron seguidos de un aleteo y un graznido. Entonces una pequeña figura alada salió volando del balcón. Era solamente un cuervo.

“Ah, cuervos, bellas y traicioneras aves. Me encantan los cuervos. Literalmente. Yo tenía un cuervo, Nemor. Un día me quedé dormido y se intentó comer mis ojos. Me lo comí yo a él. Qué bueno estaba. Ojalá volviese a tener a mi querido Nemor aquí conmigo. Tengo hambre… Ojalá pudiese comer… Me conformaría hasta con un búho, o un cernícalo, o incluso un periquito. Pero palomas no. No, desde luego que no. Siempre tan sucias, con esa mirada bobalicona. Y esa carne seca, cartilaginosa y envenenada. Un primo mío, el desventurado Jativeth, intentó comerse una paloma y acabó en el hoyo. La carne estaba podrida, y el pobre acabó igual de podrido. Como lloraba la tía Jakaniva, día y noche. Día y noche. Echaba tanto de menos al primo  Jativeth. Así que un día la llevé al cementerio, abrí la tumba y la metí con el desgraciado. Enterrada con su hijo, sí. Ya no tuve que oírla llorar más. Me pregunto qué tal le irá a la tía… No, comer palomas es mala idea, muy mala idea… Por cierto, ¿dónde diantres me has traído, niña? Me voy a echar una partidita a las cartas con unos amigos espíritus un rato y cuando vuelvo me encuentro en el quito infierno… Este callejón sucio, húmedo y abandonado… Donde seguramente hayan vivido vagabundos, desechos de la sociedad, y donde seguramente hayan muerto… Un momento, ¡un momento! ¡No me digas que te han despedido, niña! ¡No me digas que ahora nos tocará vivir en este sucio callejón hasta que te mueras de una tuberculosis o unas diarreas! ¡¿Qué demonios has hecho?! ¡Sabía que no se podía confiar en ti, desde luego que no! ¡Oh, el gran Jandavoth, perdido y olvidado en las calles de esta horrible ciudad! ¿Y quién se acordará ahora del glorioso y heroico Jandavoth? ¿Quién contará sus memorables, divertidas y apasionantes aventuras? ¿Quién las escuchará? ¡Oh, triste destino! ¡Te odio! ¡Y a ti también, niña!”

– Creo que aquí veo algo. –  Sarah se acercó al charco, se puso de rodillas y metió la mano dentro de las putrefactas aguas. – Lo peor es que he metido mis manos y otras partes de mi cuerpo en sitios peores, jaja. – Tiró y sacó una especia de colgante. Sarah se lo dio a Aiko. Efectivamente era un colgante, en forma de corazón. Muy rudimentario, hecho de madera azulada. El corazón del colgante se podía abrir, y en su interior había una imagen de una chica fallen, de entre quince y veinte años, piel morena y pelo oscuro.


Imagen del colgante:



“Una chiquilla deliciosa, lo que daría por probar su miel, desde luego que sí. La miel fallen es la mejor, si lo sabré yo bien. La de veces que la probé cuando tenía cuerpo. Deberías probarla, niñita, vaya que si deberías. Un manjar, un verdadero manjar. Yo podría enseñarte a saborear miel fallen, vaya que sí. Es un verdadero arte del que soy un maestro. Aunque necesitaríamos una clase práctica para poder mirarte comiendo la miel fallen y darte indicaciones. ¿Sabes qué? Lo vamos a hacer. Desde luego que sí. Vamos a probar miel fallen. Pero tendrá que ser rápido, antes de que se te caiga el pelo y la piel por la lepra. Nadie da su miel a leprosos.  Y tú lo serás. La vida de vagabunda desahuciada es muy dura, muy muy dura.”

– Lo intentaré jefa. –  Dijo Sarah ante la orden de buscar pólvora. – Pero con lo que ha llovido y el lodo va a ser difícil encontrar rastros de pólvora. Sarah se puso a buscar durante un buen rato algún rastro útil. – Sin embargo Aiko y Sarah se vieron interrumpidas por un estrepitoso golpe y un ruido de cajas rompiéndose seguido de un grito de dolor. – ¡Es la voz de Narsh! – Sarah sacó sus armas y fue corriendo a donde estaba el fallen.

Cuando Aiko llegase vería a Narsh tumbado sobre un montón de cajas rotas con su nariz, boca y ceja sangrando. El fallen se quejó de dolor mientras intentaba levantarse. – Me cago en la puta que la parió…  Argh, como duele. Creo… creo que me ha roto la nariz…

– ¿Qué ha pasado? – Preguntó Sarah con una expresión divertida en la cara mientras volvía a guardar su arma.

– Yo… estaba… estaba cubriendo el perímetro cuando la muy cabrona cayó sobre mí. Me dio un puñetazo en el vientre y una patada en la cara y me tiró sobre estas cajas. La muy cobarde salió huyendo. Sabía que le esperaba una buena paliza.
– ¿La pudiste ver?

– No, iba encapuchada, pero era una mujer, de eso estoy seguro. Algo baja y bastante delgada. Y como corría la jodida…

– Vamos, que la dejaste escapar. Inútil de mierda… ¿Ahora qué, Jefa? En el callejón no he encontrado nada más, no había rastros de pólvora. ¿Se te ocurre algo interesante? – Mientras hablaban comenzó a nevar, y cada segundo que pasaba nevaba con más intensidad. – Parece que va a ser una buena tormenta.

– Lo que faltaba, quedarnos congelados por la puta nieve. Por cierto, yo necesito una ayudita, y me vendría bien pasar por la enfermería. Creo que necesito puntos.

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Re: [AVENTURA INICIAL] "Las Cloacas de la Eclesia" [Ciudad Catedral, 16 de enero, 898 d.G.]

Mensaje por Cornelius el Lun Mayo 15, 2017 7:04 am

Con una promesa entre dientes y con un austero pensamiento intente acabar esta escena llena de maticez dramaticos, y a la hora de la accion cargando con bravura el dolor y la confusion que me habian sobrevenido ocurre lo consiguiente; Apenas pude aproximarme a mi protegido Cerentil intente evocar las palabras que bien utilizaria para intentar domar la situacion, hasta donde sabia que me fuera posible en esos momentos. En los instantes difusos de aquella hora de accion y razonamiento de conservación, mi deseo de salvaguardar a mi amigo era ofuscado por la intermitente idea de salvar a el Arzobispo, pensamiento quizas nacido por la penumbra de preocupacion que cubria una idea cortés y sentimiento de familiaridad, que en resumidas cuentas significaba que me habia hecho bastante blando con mi solicitante.

Igualmente ignoraba hasta cierto punto la veracidad de lo acontecido, viendo como con un ojo mental inocente a aquella criatura, junto a los problemas que se habian procreado en el avance de esta historia viviente, creyente de que nada habia cambiado desde que entre a la habitacion cuando vine a tratar a un inesperado paciente, alguien más que no conocia. Tenia además una especie de paradigma de visión un tanto frio, por que aun siendo guiado por pensamientos nobles cierta parte de mi veía esto igualmente interesante desde una idea instrospectiva abstracta, no era el mismo sujeto que miro con horror la transformación de una abominación, es como si hubiera por unos segundos nacido nuevamente. Aunque este ultimo pensamiento no sobrevivio mucho sin nada que lo motivara a recordar y mantenerse en la conciencia, por lo menos hasta entonces, y mientras me acercaba cada vez mas al Arzobispo, corria cada vez más ensordecido por los alaridos de aquel ser cuyo nombre era Crystek, el amado putrefacto que habia muerto posiblemente al cabo de hace tres dias, incapaz de su alma controlar su cuerpo cayendo a la cama silenciado en un sueño desconocido. Segun mi teoria, todo lo demas que ocurrio eran vestigios de lo poco que le quedaba en su carne para razonar, y con tal acercamiento a su otra etapa de vida saber el nombre de un mortal era sencillo, todo aquello que balbuceaba se habia de haber significado algo, al igual que aquella sangre azul que se coagulaba o estaba coagulada en el suelo como detalles que no me detuve a ver, y que me dejaban con las dudas de <<¿Que clase de asalto espiritual era ese, por que le ocurrio a este chico y como era posible que pudiese entrar tal ente a una casa "santificada"?>>.

En fin, en el momento en el que estaba de par frente al cardiaco Cerentil y promovido a intentar hacer algo un estrepito fuera de lo normal, entre los gritos que eran vociferados por el enemigo, se escucho, seguido de un grito aun más agudo de lo que era normal en ese entonces, por lo que me encorve e intente silenciar el ruido cubriendo con mis dedos mis oidos. Como cualquier ser humano lo hace. Luego de eso solo recuerdo escuchar un golpe seco y sentir ser empujado con violencia contra una pared, escuchando a la par el sonido de como al parecer varios objetos caian al suelo debajo de mi y consiguientemente solo ver un total blanco tan abrumador que me asfixiaba.

En ese blanco escenario en el que en ese momento era invitado comenzaron a reproducirse imagenes del pasado una detras de otra, imagenes de cantidad de cosas que no tendria tiempo para describir, hasta que nuevamente todo volvio al vacio donde comenze a sentirme atado e incapaz de moverme mientras la realidad de aquella dimension parecia romperse y abrir una brecha en una zona frente a mi, emergiendo de entre los cristales de la existencia un ser que acercaba sus largas y puntiaguados dedos hasta mi pecho, que me hablaba en un idioma que era incapaz de oir, en un tono atractivo y femenino, al igual que parecia tener una extraña apariencia; ella tenia una especie de mascara negra que ocultaba solamente sus ojos, unos labios pequeños que formaban una ligera sonrisa, un cuerpo alto y delgado que conformaban su figura, un cabello lascio de un color purpura brillante, un vestido de noche que parecia estar unicamente hecho de plumas largas, generalmente delgadas, que creaban una especie de triangulo alargado, como las plumas de un cuervo, una extraña tiara de color carmesi, y tenia lo que podia ver de su rostro una cara alargado, con pomulos que parecian crestas.

Cuando recobre la consciencia estaba arrodillado en el suelo sobre un charco de pegajoso de hedor parecido al hierro, de un color azul, que se confundia entre la putrefaccion del inscienso y las extrañas de un cadaver, y por otro parte la de algunas muy pequeñas gotas de color violaceo que habia sobre algunas zonas del charco. Al levantar la vista en mi rastreo observo la imagen pixelada de una cama de dosel ensagrentada, y virando los ojos sin mover la cabeza hacia ambos lados pude ver de reojo, a mi izquierda, un cuerpo del que pude reconocer que era el de el Arzobispo, y a mi derecha la imagen de la abominacion desmenbrada y casi completamente descarnada, sobre el cuerpo insconciente de Mario Richwood, mi compañero de escuadron. A traves de es vistazo dedujo lo demás; la criatura se escapo del agarre de mi tecnica, y se avalanzo sobre el arzobispo y rapidamente realizo lo mismo con mi persona, luego... Mario intervino, o la criatura me dio por muerto e intenta rematarlo.

Respiraba fuertemente recuperando aire, sin apartar la vista de la bestia durante aquellos cortos segundos que parecian horas, maquinando un rapido plan para acabar la batalla y no continuar derrochando energia. De reojo observe que un trozo metalico parecido a una antorcha estaba casi frente a mi <<¿era ese el sonido metalico que habia escuchado recien me habia empotrado la criatura?>>, y por otro lado pude ver el brillo de la hoja de una espada de plata entre el rio de sustancia, y con la idea en mente de acabar destrozando el craneo de mi enemigo me puse de pie titubeante y movido, tanto por el peso de el lanzagranadas que se escondia detras de mi capa como de el hecho que veia aun las estrellas de mi letargo, y recobrando el control de mi cuerpo con el haz de una posicion que devolvia el centro de la masa al centro de mi cuerpo (extendiendo la pierna en la que se hallaba el arma) y de nuevo una determinacion de oro di pasos rapidos pero cautelosos hacia su posicion, y decidi:

A) Lo primero que intentaria a mitad del camino entre mi y Mario, seria liberar el incomodo lanzagranadas ligero de mi cintura en el lado derecho, y sosteniendo del mango superior de forma vertical el arma abriria la bahia de las municiones, donde observaria si la habia dejado cargada o no, e ignorando por razon a perder tiempo valioso la clase de granada a bombardear, y esperando que esta estuviera cargada, me aproximaria esta vez corriendo al lugar objetivo detras de la criatura, de el lado donde la carne del cuello habia sido cercenada dejando ha descubierta la columna vertebral, y dispararia a escasos centimetros, manteniendo una posicion para amortiguar la patada del armamento, hacia la primera vertebra cervical que protegía el foramen magnum de la criatura. Esperaba que esa zona se despedazara por la fuerza de lanzamiento del lanzagranadas, y dejase entrar o asomar una carga explosiva (inflamable o no) a su corteza cerebral.

B) En el caso de ver mi arma sin municion, la dejaria en el suelo y aprovecharia a tomar el sable plateado que dejo caer mi compañero, y seguiria la misma estrategia. Tomaria el sable por el mango con ambas manos y lo alzaria frente a mi pecho, orientado el filo a la zona objetivo, e intentaria atravesar la zona de tejidos interior de la vertebra (entre la primera y la segunda) para cortar la union del cuerpo con el cerebro, sea lo que sea que controlara a Crystek se las debia de arreglar para continuar luchando con un maniqui sin hilos.

Seguido de aquel momento de adrenalina tome una carga de aire — ¡AAAAAAAAAYUDAAAAA! — Y brame a todo pulmon, necesitando refuerzos en esta situacion tan delicada y desde casi el principio fuera de control.

— ¡Supremo padre, libera de lo que queda de este cuerpo muerto el alma... De aquel que le ha atormentado hasta morir, sometelo ante este mortal que busca tu concilio y realiza el resto! — Exclame turbado, como exorcista debia de mantener en control lo que quedara de aquella vacija.

— Si es que en ese momento le hubiera detenido.

FDI:
Velocidad= 0

1 Acción= Levantarme turbado y caminar hasta la posicion del sable + Revisar la municion de mi arma, y decidir entre los planes: A y B.

Se elije el tipo de carga por una tirada de dado de seis caras.
Numero par: Granada de dispersion (agua bendita).
Numero impar: Granada de deflagracion (de fuego espiritual)

_________________

Lo que ocurre en el pasado vuelve a ser vivido en la memoria — Jonh Dewey.
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Re: [AVENTURA INICIAL] "Las Cloacas de la Eclesia" [Ciudad Catedral, 16 de enero, 898 d.G.]

Mensaje por Aiko el Sáb Mayo 20, 2017 8:00 pm

Aiko fue en dirección a Sarah en cuanto encontró el trozo de tela extraño. Estaba estropeado y sucio, pero se podía ver claramente qué era lo que había pintado en ella: El símbolo del martillo Áureo. No le gustaba nada a la inquisidora. Si ellos como grupo estaban involucrados con el comercio de drogas, le iba a ser prácticamente imposible hacer nada contra ellos aunque tuviera pruebas. Por otra parte, aunque solo fueran unas pocas personas las implicadas, aún así lo iba a tener difícil por el hecho de pertenecer a una organización de la eclesía. Y si fueran a tener un alto rango, peor todavía.

“Esto solo complica las cosas...” Pensó suspirando para sí misma. Era la primera vez que encontraba una prueba de que había corrupción de ese tipo dentro de la eclesía, pero era algo que ya se sospechaba. Ella misma se había aprovechado del sistema para ascender en prestigio dentro de su propia rama, pero era distinto. Quería el poder para ser capaz de imponer orden con mayor eficacia, cosa que no podía hacer dentro del séquito de Albert. Pero esa gente se aprovechaba de su posición y prestigio para deseos personales y mundanos, manchando la imagen de la eclesía desde dentro. Eso la irritaba más que otra cosa. “¿Ahora también tengo que limpiar la basura de la que se supone que se encarga Munch? Por su incompetencia ahora tengo que meterme contra el Martillo Áureo”.

La inquisidora siguió investigando la pared y se encontró con barro, algo que se le había pasado por algo en una primera inspección. Parecía que alguien lo suficientemente ágil había trepado por el muro, cuya razón Aiko no llegaba a comprender. Lo que le extrañaba es que las pisadas estaban bastante frescas. Por otra parte, también se encontró una colilla medio encendida en el suelo. “Alguien ha estado aquí no hace mucho y se ha ido trepado por el muro. Quizás, tuvo que huir al notar que veníamos nosotros. Las pisadas y su forma parecen de una mujer, ¿quizás fuera la de la cicatriz que vino a limpiar las pruebas pero que no tuvo tiempo?”. Otro de los detalles de los que se dio cuenta era de una pintada en la pared, posiblemente de una banda criminal. No le dio mayor importancia, solo intentó recordar el símbolo por si lo enlazaba con alguna otra prueba futura.

Justo cuando iba a investigar otra cosa, le llamó la atención un ruido proveniente de una zona superior. Miró hacia allí para ver qué lo había ocasionado y se encontró con unos ojos esmeraldas que recordaba claramente de otra cosa: De la bestia que le pareció ver en los pasillos de la Morgue. Sin embargo, esa vez le pareció que eran mucho más reales y nítidos que los anteriores, que la observaban meticulosamente todos y cada uno de sus movimientos. Antes de que le diera tiempo a hacer nada, de repente la presencia volvió a desaparecer, saliendo a volar un cuervo desde donde se encontraba. “He vuelto a inhalar droga sin querer… ¿o de verdad había alguien ahí?” Aiko no podía asegurarlo, ya que Sarah no parecía haberse percatado ni del ruido ni de la extraña presencia, pero eso podía explicarse perfectamente por su incompetencia. Acto seguido, Jandavoth pareció despertar y se puso a deleitarla con un monólogo que no le interesaba.

“De verdad, no me importa lo más mínimo. No, cállate de una vez. Me da igual que comas cuervos y tus primos de mierda”. Sin embargo, no le hacía el más mínimo caso, haciéndole imposible la tarea de concentrarse en la investigación. “Qué no, que no me han despedido, ¡Silencio!”

-¿¡Qué quieres tú ahora!?- Dijo gritando a Sarah en cuanto le llamó la atención, como que había visto algo. Aiko se acercó a ella irritada y le arrancó el colgante de un manotazo, viendo qué es lo que era. Parecía uno de esos collares que tenían un hueco para la foto. La inquisidora lo abrió y se le reveló la foto de una fallen morena, la cual desconocía. Pensó que era la que estaba huyendo de los traficantes de drogas, ya que era mujer, los fallen son conocidos por escalar bien, y no tenía la cicatriz en la cara. Por desgracia para Aiko, en ese momento Jandavoth volvió a sus delirios cuando Sarah se puso a buscar pólvora.

“Si no te callas, esta leprosa te tirará al mar y solo los peces podrán escucharte”. Pensó mientras seguía observando la foto, intentando ver algún rasgo característico que le sirviera de pista. A los pocos segundos, ambas escucharon un ruido proveniente de un sitio cercano. La inquisidora fue corriendo con espada en mano esperando encontrar alguna resistencia, pero lo único que había era un Narsh descansando sobre unas cajas.

-Se supone que estabas vigilando el perímetro, pero te han dado una paliza y has dejado que escapara la sospechosa, ¿puedo preguntar por qué no debería de devolverte a la cárcel?- preguntó sin esperar realmente una respuesta. Si pudiera devolverlo por otro miembro más competente, lo habría hecho hace tiempo.

“Parece que le ha atacado la misma persona que ha escalado la pared ya que le ha caído desde arriba”. Pensó mientras veía como el tiempo empeoraba y empezaba a nevar, cosa que iba a hacer aún más difícil buscar pistas. “De cualquier forma, mañana tendré que ir a la institución de la Legión de Hierro. Pero tendré que ir sola, si voy con ellos se van a reír de mí y no me van a tomar en serio”.

-Ve tú mismo a la enfermería, por hoy hemos acabado. Mañana, investigad sobre una banda callejera cuyo símbolo es una espada con una serpiente enroscada y su posible relación con el tráfico de drogas. Por cierto, toma- dijo mientras le pasaba a Sarah la muestra de droga que recibió del hospitaller- esta es una muestra de la droga que se está traficando, espero que le des una buena utilidad. Yo iré a tratar con la Legión de Hierro- dijo sin dar oportunidad de quejas ni de preguntas. Se fue del callejón y dejó a ambos donde estaban. No quería estar más tiempo del necesario bajo la nieve.

Caminaba a paso ligero por las calles en dirección a los cuarteles generales de la inquisición. Se encontraba bastante lejos, así que tardaría bastante en llegar. También empezó a notar un dolor creciente en su brazo izquierdo, sintiendo como avanzaba la corrupción. Llevaba todo el día de un lado para otro y no había saciado con nada al amuleto, lo que resultaba en que la estaba matando por dentro.

Después de estar varios minutos andando, se encontró a una persona sentada a un lado de la calle nevada. Parecía una niña bastante delgada con una larga melena negra, o quizás era de ese color por la suciedad y barro incrustado en ella. Estaba vestida con tela de mala calidad y rasgada en algunas partes. Para protegerse del frío, estaba usando una camisa que vestiría un adulto, pero que para ella es suficiente para cubrir todo su cuerpo. A su lado, había una pequeña lata con algunas monedas en ella, dando a entender que era mendiga y vivía con la limosna de los demás.

“Cuánta basura hay en el mundo. Personas como ella son parásitos de la sociedad que esperan vivir a costa de los demás. Lo mejor que se puede hacer con ellos es darles una muerte rápida”.

Se acercó a la temblorosa niña y canalizó energía mágica en su mano derecha,  haciendo que adquiera propiedades más similares a un ser espiritual que a un objeto físico. Luego, acercó su mano a la cabeza de la niña. Con lo débil que estaba, seguramente la mataría al absorber su alma desde un sitio tan crítico como su frente. Pero en ese momento, se dio cuenta de algo que no se había percatado antes: Alrededor de sus ojos tenía una venda que se los tapaba completamente.

-Es posible que… ¿seas ciega?- preguntó a la vagabunda.

Por parte de la niña, no hubo respuesta. Estaba claramente en desnutrición y la poca ropa que tenía apenas la protegía del frío, por lo que estaría entrando en hipotermia. Aún en ese estado, Aiko se preguntaba por qué no hacía algo por sí misma para sobrevivir en vez de aprovecharse de los demás que claramente no le estaba dando resultado. La respuesta era muy simple, no podía. Poco podía hacer para ganar el suficiente dinero para mantenerse, así que su mejor opción era nada más que pedir limosna a la gente. Simplemente, no tenía la opción de poder hacer algo.

“Qué desperdicio de vida. Si no fuera ciega y con la orientación correcta, seguro que no habría acabado como basura. Quizás si...”

Por un momento, Aiko vio reflejados sus días de niñez en aquella muchacha. Si la eclesía no la hubiera recogido, no era imposible que hubiera acabado como ella, lo único que las diferenciaba era la suerte al nacer. Se preguntaba si lo mismo había pasado con Blanca, al no haber recibido el abrigo de la eclesía, no tuvo más opción que pasar al bando de los paganos para poder sobrevivir. Así que, en frente suya estaba el resultado del azar jugando con las personas.

-Tampoco esperes que te solucionen la vida. Si quieres cosas, tienes que dar algo a cambio- declaró mientras acercaba su mano para absorber parte de su alma. Pero no en su cabeza, cambió de dirección y fue a su brazo izquierdo, quizás eso no la mataría. Insertó su mano y sintió como la energía manaba de su alma a la suya propia, cristalizándose la extremidad de la vagabunda. La niña gritó y lloró aterrorizada por el extraño dolor que estaba sintiendo, pero Aiko no paró. Una vez que se sintió satisfecha, soltó a la mendiga. "Si sobrevive será por su propia voluntad, no gracias a los demás". Aiko se levantó y antes de irse, depositó varias monedas en la lata de la niña, sumando un total de 200 terrans. Luego, retomó su rumbo hacia los cuarteles generales de la inquisición para descansar.


fdi:

Acción 1: Técnica "Cuerpo etéreo" en su brazo + absorber el alma de la niña para curarse la corrupción
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Re: [AVENTURA INICIAL] "Las Cloacas de la Eclesia" [Ciudad Catedral, 16 de enero, 898 d.G.]

Mensaje por Maximilian Stenkerk el Mar Jun 06, 2017 12:01 am



CORNELIUS WITCHWOOD


Cornelius pudo levantarse del suelo y dirigirse hacia la bestia en ayuda de su amigo. Cogió su lanzagranadas cargado con una granada flamígera y apuntó correctamente al cuello de la bestia. Disparó y la granada se incrustó entre la carne de lo que quedaba del cuello. La bestia reaccionó, se giró y lanzó un manotazo a Cornelius lanzándolo hacia la cama. La abominación entonces se puso a caminar lentamente hacia Cornelius sin saber lo que tenía incrustado entre sus carnes. Entonces hubo una deflagración, amortiguada por la carne de la bestia. La luz inundó toda la habitación cegando a Cornelius de momento y con un fuerte pitido en los oídos. Cuando pudo volver a ver la cabeza del monstruo había desaparecido en una lluvia de carne que se esparció por toda la habitación. La parte superior de lo que quedaba del cadáver del monstruo estaba calcinado. Cornelius, gracias a su percepción natural pudo sentir como una energía caótica abandonaba la criatura disipandose por el aire. Parece que por fin había sido destruido.

– ¡Mi hijo! ¡Mi hijo! ¡Habéis matado a mi hijo! ¡Habéis matado a mi hijo! –  El arzobispo, llorando, se derrumbó sobre el cadáver de lo que quedaba de su hijo. – El me prometió que seríais de ayuda, que lo solucionarías. ¡Me mintió! ¡Y habéis matado a mi hijo! ¡Largo! ¡Largo de aquí antes de que os mate! ¡Asesinos!

Mario se irguió, y cojeando se dirigió a la muerta. – Vamos. Es mejor que nos vayamos. – Susurró, y abandonó la habitación. El camino hasta la puerta estaba silencioso. La chica ya no estaba tocando el clavicordio, y el mayordomo no se dignó a escoltarlos.

En el jardín de la mansión, una vez ya fuera  de la misma, Cornelius y Mario fueron abordados por una figura encapuchada. Al mirarla detenidamente el exorcista vio que era la muchacah que estaba tocando el clavecín cuando entraron en casa. Su rostro triste y melancólico estaba cubierto de lágrimas.

– Mi..mi padre no… se debe enterar que he hablado…  –  La muchacha gimió. – Lo.. lo que le ha pasado a mi.. a mi herna… No… no… – Intentó serenarse. – Mi hermano tenía… tenía problemas. A veces para aliviar su carga tomaba cosas… Cosas que no debería, cosas prohibidas…  Como hacen otros muchos chicos en Altaciudad. Hace… hace unos días le llegó una… una sustancia nueva. La tomó, y a las pocas horas cayó enfermo. –  La muchacha empezó a llorar de nuevo, pero con toda su voluntad sacó un papel de su abrigo y se lo puso en la mano a Cornelius. – Puede que a él ya no se le pueda ayudar, pero otras personas corren el mismo peligro. Quizá con esto se pueda hacer algo. Es… es la dirección donde compró la dosis mi hermano. Haced algo, os lo ruego. –  La muchacha se dio la vuelta y se fue corriendo.Si Cornelius examinaba el papel vería una dirección en la misma Catedral, cerca del Arco del Arco de Enariel, en la calle de Kiroel.

– No… no me encuentro muy bien… –  Murmuró Mario. Si Cornelius le tocaba la frente estaba ardiendo. – Creo… creo que vendría bien un poco de ayuda médica… ¡je! –  Mario intentó reír pero en lugar de eso salió una tos con sangre y rastros de un líquido azul.  Mario empeoraba por momentos. La atención médica era una cuestión de urgencia. Pero a estas horas de la noche, y teniendo en cuenta el salario de un exorcista, Cornelius solo se podía permitir un médico de la inquisición (incluso con la paga del caballero misterioso no le daba para pagar las carísimas atenciones médicas de Altaciudad).

Si Cornelius decidía llevar a Mario a los cuarteles de la inquisición no tardaría mucho en llegar. Por suerte, estaban cerca de la zona donde se encontraban. El paso de Mario era lento, y necesitaba de la ayuda de Cornelius para llegar, pero tras poco más de media hora de paseo llegaron a la ingente mole que eran los cuarteles: un ominoso edificio construido en una de las naves laterales de la catedral, incrustado y fuera de contexto, como si no perteneciese a ese lugar. Sin embargo, era hermoso a su manera, como una catedral dentro de la propia Catedral, una catedral dedicada a la justicia, al pecado y a la expiación. De él surgían 4 torres, 3 a los laterales y una al centro, que atravesaban el propio techo de la Catedral y salían al exterior de esa burbuja que era Altaciudad.

El pórtico, de estilo gótico con innumerables estatuas de santos y mártires de rostro furibundo, estaba custodiado por dos inquisidores ataviados con pesadas armaduras de ébano. Al intentar entrar les cortaron el paso. – ¿Quiénes son y cuál es el motivo de su visita? – Exigió saber el de la derecha. Solo les dejarían pasar si les enseñaban su insignia de miembros de la Cruz Argenta.

Si finalmente pasaban ante ellos se abriría gran sala circular, con pilastras y columnas recorriendo el perímetro, y alzándose decenas de metros hacia el techo abovedado.  El centro de la sala estaba presidio por una enorme estatua de obsidiana de Zadquiel, portador del fuego divino, la espada de la Justicia de Dios. Entre las pilastras, y custodiadas por feroces y ominosas gárgolas surgían una infinidad de pasillos que conectaban con las diferentes áreas de los cuarteles de la Inquisición: los aposentos de los inquisidores, los despachos de los oficiales e inquisidores de más alto rango, las salas de interrogatorio, las mazmorras, y la zona médica. Sin embargo, justo en frente de la entrada principal, y al otro lado de la estatua de Zadquiel subía una enorme escalinata de mármol negro que se veía cortada por una pesada y gigantesca puerta de madera de ébano con adornos de hierro afilado. La puerta de los tribunales. La entrada a la justicia de Dios, protegida por la atenta mirada de tres grandes retratos sobre ella: los sumos inquisidores Karmikov, Torquemada y Munch.

El ala médica estaba en los sótanos del edificio (no era la primera vez que estaban, era normal que cuando un miembro de la Eclesia necesitase atención médica y no pudiese permitirse un médico privado acudiese a la Inquisición por ser más barata). El pabellón médico aquella noche estaba muy tranquilo. A parte del equipo médico solo había un fallen inquisidor de aspecto desgarbado, y  que parecía más un criminal que un inquisidor, siendo atendido por una rotura en la nariz.


Inquisidor Fallen:




Un enfermero, que vio entrar a Cornelius y Mario, se les acercó. Fue a preguntarles algo, seguramente el motivo  por el que estaban allí. Pero al ver a Mario su rostro se puso muy serio y llamó a otro enfermero para que le ayudase a coger a Mario. Entre los dos lo llevaron a un camastro de madera y lo tumbaron allí. – Esperen aquí, voy a buscar a la hospitaller Aransus. – Tras unos minutos una mujer de mediana edad, pelo rojo y vestimenta médica apareció.


Hospitaller Aransus:




– Soy la hospitaller Marien Aransus, a vuestro servicio. –  Saludó la inquisidora-médico. Luego se dirigió a Mario. – Necesito que se eche para observarle, chico. ¿Cómo se llama?

–Ma.. Mario… exorcista Mario Muchrich.

–Un exorcista, ya veo. –  La hospitaller sonrió. – Veo sangre en el hombro y en el vientre.  Y por lo que veo tú tampoco están indemne. – Le dijo a Cornelius. – Tu espalda está destrozada. Que te examine un enfermero. –  Uno de los enfermeros se acercó y empezó a examinar a Cornelius mientras ella seguía atendiendo a Mario. – La herida del hombro necesita sutura. No parece que sea demasiado grave. –  El otro enfermero también se acercó y cogió el desinfectante y las herramientas de sutura para cerrar la herida del hombro. Mario empezó a gruñir de dolor. Pero sus sonidos pronto quedaron en segundo plano ante la oleada de dolor que sufría Cornelius cada vez que el enfermero que le atendía sacaba un trozo de cristal d su espalda y cerraba la herida suturándola.

La hospitaller pasó a inspeccionar la herida del vientre. Cogió unas tijeras y rasgó las vestimentas de Mario dejando su abdomen al aire. La hospitaller empalideció al ver lo que había debajo. La herida por la que había intentado comerle la abomiación se estaba pudriendo. De ella surgía un repulsivo olor y un pus azul oscuro. La carne de alrededor también se había tornado azul, y parecía que se inchaba y se movía ella sola. La hospitaller se dirigió a Cornelius muy nerviosa. – Voy a necesitar que me cuentes como demonios se ha hecho esto tu amigo.

Tras escuchar la respuesta de Cornelius, la hospitaller se levantó. – No os mováis de aquí. – Ordenó. La médico abandonó el pabellón dejándoles solos con los dos enfermeros que le atendían (y el falen que no paraba de quejarse al otro lado del pabellón). Mientras los enfermeros siguieron con su tarea: quitando cristales y cosiendo las heridas de ambos. Luego, el que se encargaba de Cornelius le examinó el cuello y la garganta, pues aún tenía las marcas del estrangulamiento.

Tras unos minutos, la hospitaller Aransus regresó acompañada de otro médico. Tallerof, discutiendo los dos fuertemente. Tallerof se llamaba según lo que apenas pudo oír Cornelius de la discusión. Al contrario de la afabilidad de Aransus, este hospitaller, con sus prótesis oculares y su rostro avinagrado no parecía inspirar demasiada confianza. Se acercaron a Cornelius y Marcus, seguidos de tres inquisidores fuertemente armados.


Tallerof:


Sin ni siquiera dirigirse a ninguno de los dos exorcistas, Tallerof se acercó a Mario y estudió su herida del vientre en silencio. Luego, sin vacilar metió sus manos enguantadas en la herida y empezó a  hurgar y a mover la carne y las entrañas. Mario gritó de dolor, un grito aterrador. Los dos enfermeros rápidamente agarraron a Mario de los hombros para que no se moviese y los exorcistas desenfundaron sus armas. Cuando termino se quitó los guantes y los tiró a un cubo cercano.

– Quemen la basura inmediatamente. Y ustedes dos, cójanlo. –  Ordenó a los enfermeros. – Nos vamos. Y que el otro también venga. – Uno de los inquisidores armados cogió a Cornelius del brazo y abandonaron el pabellón médico. Cualquier pregunta o comentario que hiciese Cornelius durante el trayecto fue respondida con el más absoluto de los silencios. Descendieron todavía más en los sótanos de los cuarteles de la inquisición, a un lugar frío y abandonado. Llegaron a una puerta. – Métanlo dentro. –  Ordenó Tallerof, un inquisidor abrió la puerta y el que le sujetaba por el brazo lo metió en la habitación. Luego cerraron la puerta a sus espaldas candándola por fuera.  Estaba encerrado en una habitación con adoquines blancos en las paredes y una camilla vacía en el centro de la misma. Parecía una camilla para cadáveres. Debía de estar en una sala de autopsias.

Durante horas estuvo encerrado, sin más compañía que la mesa de cadáveres. Una espera eterna, sin saber el motivo por el que era retenido, o sin saber qué había sido de su buen amigo. Finalmente, sonó un sonido metálico seguido con un fuerte chirrido y la puerta que retenía a Cornelius en ese deprimente agujero se abrió. De ella surgió una mujer joven, de pelo oscuro y semblante sombrío, ataviada con una armadura oscura. Una inquisidora. Cornelius también pudo percibir como en su mano había una fuente de energía mágica que desprendía un tipo de energía desconocida que la rodeaba y bailaba a su alrededor.


Inquisidora misteriosa:




AIKO JANDAVOTH


“¡Oh! ¡Qué mal educada! ¡Encima que me preocupo por ti, niña! ¡El pobre Jandavoth insultado por una niña desparpajada! ¡Qué poco se me valora! ¡Es inaceptable!  ¿Sabes qué? Me voy a dormir. No tengo por qué soportar esto. Y ni se te ocurra venir a la habitación, ¡esta noche duermes en el sofá!” Finalmente se apagó la voz del brujo.

Sarah cogió el bote de droga y se lo guardó en el bolsillo mientas los ojos del fallen hacían chiribitas mirando ese polvo azul. La inquisidora también cogió el recado de investigar a la banda  del símbolo en la pared. – Haré lo que pueda, jefa.  Y tú deja de mirar el frasco, imbécil. Nos vamos. – Sarah le dio un empujón al fallen y empezaron a irse. – Mira que dejarte machacar así, inútil de mierda. La jefa tiene razón y te tendría que devolver al agujero de mierda del que te sacaron.

– ¡Eh, ¿y tú qué?! Al menos yo cumplía la perpetua, pero a ti te iban a ahorcar, zorra psicópata…

Finalmente ambos se perdieron en  la noche dejando a Aiko sola para alimentarse. La búsqueda fue bien, y la niña mendiga fue un alimento suficiente para aquella noche. No era el mejor de los platos esa arma atormentada, perdida y vacía, pero valdría. Y apenas gritó de dolor cuando la carne se le empezó a cristalizar, por lo que no llamó la atención de ningún transeúnte.

Aiko pudo llegar sin ningún otro contratiempo a los cuarteles de la inquisición. Una vez allí se dirigió a su dormitorio, y se dio cuenta de lo terriblemente cansada que estaba. La día había sido extremadamente agotador, con las articulaciones doloridas de estar recorriendo toda la ciudad en busca de ese condenado callejón.  Por eso, al poco de acostarse calló profundamente dormida.

En mitad de la noche un tremendo estrépito despertó a Aiko. Alguien aporreaba con fiereza a la puerta de su dormitorio. – ¡Inquisidora Jandavoth! ¡Inquisidora Jandavoth! ¡Abra, es una emergencia!  – El sujo no paraba de golpear a la puerta mientras gritaba insistentemente el nombre de Aiko. Era evidente que no iba a parar hasta que le abriesen la puerta.

Si Aiko abría la puerta vería a uno joven y desfogado inquisidor, de no más de catorce o quince años, con el símbolo de los hospitaller en el hombro. – Inquisidora Jandavoth, tengo órdenes de escoltarla hasta el centro médico de la Inquisición. Su señoría, el hospitaller Tallerof, exige su presencia de manera inmediata y sin dilación. Es una emergencia.

El joven ayudante hospitaller esperaría muy impaciente mirando su reloj de bolsillo mientras Aiko se arreglaba si decía hacerlo. Luego, una vez hubiese terminado,  la escoltaría por los cuarteles de la Inquisición hasta llegar a donde se encontraba Tallerof. Abandonaron el ala de dormitorios de los inquisidores y llegaron al recibidor  que se encontraba tras la puerta central.

Esta era una gran sala circular, con pilastras y columnas recorriendo el perímetro, y alzándose decenas de metros hacia el techo abovedado.  El centro de la sala estaba presidio por una enorme estatua de obsidiana de Zadquiel, portador del fuego divino, la espada de la Justicia de Dios. Entre las pilastras, y custodiadas por feroces y ominosas gárgolas surgían una infinidad de pasillos que conectaban con las diferentes áreas de los cuarteles de la Inquisición: los aposentos de los inquisidores, los despachos de los oficiales e inquisidores de más alto rango, las salas de interrogatorio, las mazmorras, y la zona médica. Sin embargo, justo en frente de la entrada principal, y al otro lado de la estatua de Zadquiel subía una enorme escalinata de mármol negro que se veía cortada por una pesada y gigantesca puerta de madera de ébano con adornos de hierro afilado. La puerta de los tribunales. La entrada a la justicia de Dios, protegida por la atenta mirada de tres grandes retratos sobre ella: los sumos inquisidores Karmikov, Torquemada y Munch.

Debía de ser bastante tarde en la madrugada, porque Aiko y su escolta no se habían topado casi con nadie en todo el trayecto. Solo con los dos guardias de la puerta de entrada principal a los cuarteles charlando para ahuyentar el aburrimiento, y una joven inquisidora de piel morena y cabello oscuro que entraba en el recibidor principal cojeando y con el puño derecho vendado, justo en el momento que Aiko tomaba el desvío a la zona médica. Durante el resto del trayecto el silencio les acompañó un sombrío silencio que solo se veía perturbado por las pisadas agitadas del joven aprendiz de Tallerof.

Finalmente llegaron a su destino y el joven la dejó sola ante el irritable hospitaller. Tallerof estaba en su laboratorio del depósito de cadáveres, como siempre. Estaba trabajando sobre un cuerpo de un chico joven y rubio. Sin embargo, el cuerpo estaba encadenado a la camilla de examen. – Por fin llegáis, inquisidora Jandavoth. Sin duda la impuntualidad es vuestro rasgo definitorio. – Comentó desairado el veterano médico-inquisidor. –Parece que podríamos estar ante un nuevo caso de esta extraña mutación. Venga acérquese. –  Le indicó el hositaller. – El joven exorcista todavía está vivo, pero he tenido que sedarlo. Los gritos que daba mientras le examinaba me hacían perder la concentración. Llegó hará menos de dos horas al centro médico de la inquisición con heridas de pelea. Pero al examinarlas se vio una putrefacción en la herida del abdomen similar al del cadáver que pudisteis examinar esta mañana. – Tallerof removió la manta que le cubría el abdomen mostrando una herida en la zona central no demasiado agradable. La carne a su alrededor se estaba volviendo de un azul oscuro y empezaban a brotar pequeñas protuberancias que se movían a su alrededor.

– La corrupción se extiende, inquisidora. Me temo que acabe por convertirse en uno de esos seres en pocos días… o incluso horas. Es preciso encontrar algún antídoto a esto o el joven exorcista estará perdido. He intentado trabajar con la muestra del otro cuerpo pero está demasiado adulterada para extraer nada útil. Quizá con alguna buena muestra pura puede que llegue a hacer algo. – Talleroff suspiró. – Otra cosa inquisidora. Parece que podría haber un testigo, cómplice o lo que fuese que estuviesen haciendo esos dos. También es exorcista, Cornelius Witchwood se llama según los registros. Lo he encerrado en una cámara de autopsias cerca para que lo pudieseis interrogar.  – Tallerof se quitó el delantal lleno de sangré y empezó a salir del laboratorio. – Seguidme.

La cámara estaba justo tres puertas a la derecha del laboratorio de Tallerof. El hospitaller introdujo una pesada llave de hierro en la puerta. Y la abrió, luego le entregó la llave y se fue de nuevo a su laboratorio. –Todo vuestro, Inquisidora. Yo seguiré examinando al nuevo “sujeto”. – Al otro lado de la puerta le esperaba una cámara de paredes adoquinados en un frío y estéril blanco con una camilla para cadáveres en el centro y un joven humano de gran estatura y pelo azabache. Debía de ser el exorcista Cornelius Witchwood.


Cornelius Witchwood:





FDI:

Os encontráis los dos frente a frente en la cámara de autopsias. Sentíos libres para hablar todo lo que queráis. Para agilizar la conversación podéis responderos varias veces este turno a las diferentes cuestiones y preguntas que os hagáis.
Cornelius: Espero que no te importe que haya puesto una imagen de Qrow Branwen más detallada que la de tu foto de perfil en el post de Aiko. Como es el mismo pj pensé que no habría problema (hasta puede que te interesase tomarla para tu ficha, que he visto que no hay foto). Si te molesta la quito y pongo la de tu avatar o si no pásame otra que sea de tu gusto).

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Maximilian Stenkerk

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Re: [AVENTURA INICIAL] "Las Cloacas de la Eclesia" [Ciudad Catedral, 16 de enero, 898 d.G.]

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