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[EVENTO DECISIVO] "El líquido de la vida" [Feuerheim, 1 de Enero - 898 d.G]

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[EVENTO DECISIVO] "El líquido de la vida" [Feuerheim, 1 de Enero - 898 d.G]

Mensaje por Dezba Wakanda el Vie Jun 19, 2015 3:43 pm

Las cadenas tintineaban al ser arrastradas por el suelo, frío al contacto con sus pies desnudos. Samuel era un pagano. No uno de los mejores, pero si uno de los más fanáticos. Mientras aquellos hombres de toscas armaduras lo arrastraban por el pavimento, Samuel no podía desear otra cosa que no fuera la muerte.

Samuel era un cobarde. Pero un cobarde noble, un cobarde dispuesto a luchar por una causa, a luchar por la libertad de los pueblos oprimidos. Quizá fuera por eso por lo que Herrat Grim le había elegido para formar parte del grupo expeditivo encargado de Feuerheim. Pero un dragón había acabado con esa nobleza.

Malditos sean todos los dragones, refunfuñó a través de su mordaza mientras era introducido por aquellos hombres que lo arrastraban en una especie de montacargas. Ahora estaba solo, solo con sus pensamientos. Las lágrimas se resbalaron por las cicatrices recientes de sus mejillas. En realidad todo su cuerpo estaba cubierto de ellas.

Sólo quería acabar con todo. Ya no le importaba nada. Ni la libertad, ni Sodoma ni mucho menos sus compañeros. Nunca le cayó bien Herrat Grim, nunca debió ir a Sodoma. Y nunca debió elegir aquella posada. Si algo tenía Samuel, era una memoria extraordinaria. Fue por eso por lo que le eligieron, junto a su afán activista. Fue capaz de memorizar los planos de la puerta cardinal en una hora. Recordaba aquella noche de diciembre como si estuviera pasando en aquel instante.

Los Amu iban a reunirse con ellos en aquel lugar. Como la facción más perjudicada por la Eclesia, el líder de aquella expedición pagana pensó que su líder Amutza, el Gran TartaBizco, mote por el cual se le conocía en la ciudad y alrededores, tendría mucho en contra de la sagrada institución.

Y puede que no se equivocase. Pero Amutza les traicionó. Una vez que de la boca del líder salió la palabra “ataque”, los camareros de aquella posada se tornaron en soldados de la Eclesia, que mataron a muchos y apresaron a unos pocos. Solo dos afortunados escaparon, y Samuel era uno de ellos. Pero su cobardía pudo más que su instinto de supervivencia y, al ser incapaz de cruzar el peligroso río a nado, fue atrapado por un barquero, que obtuvo una generosa recompensa.

Sí, definitivamente haber confiado en los Amu había sido un error tan grande como alojarse en la posada “El Dragón Ufano”. El elevador se detuvo, y un individuo con el rostro cubierto con una extraña máscara le pateó hasta postrarlo ante un curioso trono. Estaba hecho de piezas de recambios y su altura era tal que había que subir hasta él mediante unos escalones. La voz potente de la persona que estaba sentada sobre él le saludó de forma poco cordial:

-Estúpida rata pagana. Quiero que me digas que planeáis y que me lo digas ahora.

El estómago comenzó a dolerle. La Eclesia tenía métodos de tortura poco convencionales, y el ofrecerle comida envenenada aprovechándose del hambre que le hacían pasar era uno de ellos. Como resultado, ulceras del tamaño de un diamante se estaban formando dentro de aquel desdichado muchacho.

-… Te lo diré. Con una condición.

Su interlocutor rió.

-No pensaba que fuera tan fácil. Dime.


Un silencio inundó la sala. Finalmente, Samuel se atrevió a pedirle lo que más ansiaba en el mundo entero.

-Quiero que acabes con mi sufrimiento.

-Te concederé ese deseo. Ahora, cuéntame todo lo que sepas.


El operativo de los paganos en Sodoma había fallado. No sólo la patrulla inicial había sido cazada y ejecutada en su mayoría, sino que estos a su vez habían revelado el escondrijo de los demás escuadrones. Aquello fue una carnicería. Los pocos valientes que sobrevivieron terminaron volviendo a Sodoma o manteniendo la posición a la espera de instrucciones.

Mientras tanto, el archipiélago Esperanza se cerró cual tenaza rodeando Feuerheim y haciendo prácticamente irrealizable cualquier entrada o salida de la ciudad. A pesar de todo, los paganos seguían teniendo agentes infiltrados y no descubiertos por la Eclesia en la urbe.

Pero poco se podía hacer. Era ya 31 de diciembre y los paganos de Sodoma habían dado Feuerheim por pérdida. La ciudad estaba a salvo y el arzobispo Smaer fue colmado de honores por el Exarca y la Eclesia Central, así como varios de los oficiales eclesiásticos ascendidos, inmerecidamente en opinión de muchos.

Para el día 1 de enero la tenaza permanecía activa, pero los ciudadanos, en contra de lo esperado, no mostraban desasosiego. Al contrario, el ambiente era extrañamente jubiloso.

Era como si la Eclesia ya diera aquella puerta cardinal por salvada y los paganos por perdida. Ni siquiera los juegos cipaatlizin sufrieron percances. Aunque la temporada había terminado y no volvería a iniciarse hasta la llegada del verano, los entrenadores cipaatlizin habían empezado ya con sus entrenamientos. Sólo unos pocos privilegiados fuera de los Amu o los Urin tenían acceso a este tipo de espectáculo.

Rahn era uno de ellos. Al salir de Kerfel, él y su hermano Dalos habían sido capturados por la Eclesia y habían pasado la noche en una fría mazmorra a la espera del juicio de los oficiales. Pero alguien intercedió por ellos. Una carta lacrada con el sello de los Urin (dos gotas gemelas fundidas en un abrazo eterno) a nombre de Naena Urinaksa les valió un indulto temporal. No obstante, no obtuvieron la libertad con ello.

La norgon-súcubo lideresa de los Urin no quería la libertad de aquellos muchachos, sino que quería conocerlos. En concreto, Dalos era el que más le interesaba por motivos más que evidentes. Las noticias acerca de aquel extraño fenómeno que acabó con la vida de Roy habían llegado a sus oídos. Los hermanos fallen casi tenían que agradecer aquella intervención, pues de lo contrario habrían terminado de forma mucho peor que siendo llevados hasta la lideresa.

Los primeros días habían tenido escaso contacto con ella, que mediante sirvientes hacía y deshacía actividades de los fallen. Les enseñó la mayor parte de los monumentos de la ciudad a través de sus esbirros. El día en el que la ciudad fue aislada, Naena vio conveniente el presentarse personalmente ante sus invitados. Así pues, Dalos y Rahn fueron conducidos a una taberna llamada “el Dragón Ufano”, donde aguardaron a que aquella mujer se presentara. Una vez llegó (a las tantas de la madrugada), les hizo entrega de una botella rellena de un líquido muy similar al agua.

Haciendo caso omiso de Rahn, se dirigió a Dalos como “Itlha” y le colmó de todos los placeres. Una vez el fallen y por extensión su hermano estuvieron complacidos, Naena se llevó con ella a Dalos y dejó a Rahn en los aposentos de la taberna. Si intentaba ir tras ellos, Naena le instaría a quedarse, diciéndole que pronto se ocuparían de que estuviese bien atendido.

Y así fue, a los diez minutos otra mujer, bastante similar a Naena tanto en proporciones como en rostro, atravesó el umbral de la puerta, dirigiéndose a Rahn como si le conociese de toda la vida. Le lanzó una especie de ropajes ceremoniales que consistían en un traje compuesto de una camisa y pantalón de color azul cielo y una capa del mismo tono.

La mujer iba ataviada como Naena, con una corona y hombreras doradas y un traje rojizo. De hecho, sus facciones y su tono de piel eran muy similares, lo que hacía sospechar que estaban emparentadas:



-Vamos, vístete, no tenemos todo el día. Hoy empiezan los entrenamientos cipaatlizin, y tenemos que estar ahí en una hora. Ah, por cierto, mi nombre es Balamteir, un placer conocerte, Dan.

Si “Dan” como aquella mujer le había llamado, no se vestía deprisa, Balamteir le atosigaría conforme el tiempo se agotase. Finalmente, ambos saldrían al exterior y se dirigirían en caravana hasta el Mercado Biológico. Una vez allí, esquivarían a la marabunta de comerciantes y demás clientes y rodearían el complejo hasta llegar al estadio, construido en uno de los niveles más inferiores para poder aceptar un volumen amplio de graderío.

A pesar de eso, el estadio aquel día no estaba ni siquiera lleno en su cuarta parte. Era por otra parte normal, dado que aquel día su acceso estaba restringido solo a VIPS. Bueno, a VIPS y a aquel afortunado muchacho fallen. Eso, sumado a las horas intempestivas a las que se celebraban hacían de ese espectáculo algo muy exclusivo.

Dado que aquellos eran los combates de pre-temporada, los entrenadores optaban por no degastar a sus mejores cipaatlizin y en su lugar usaban a sus animales de apoyo (los cuales eran destinados a las “Grandes batallas” como apoyo y peones sacrificables). Gracias a esto, los animales que fueron mostrados eran de lo más común y Rahn no pudo observar casi nada fuera de lo normal.

Pero uno de esos animales destacó sobre el resto. En palabras de Balamteir, se trataba del blaiderid, un hibrido entre águila y lobo capaz de desplegar unas alas un tanto primitivas pero no por ello inútiles que le permitían elevarse unos pocos metros, los suficientes como para evitar un ataque enemigo o alcanzar superficies de otro modo inalcanzables.



-Es bello a su manera. No hay que juzgar a estos seres por su aspecto. ¿Sabes lo que más me desagrada? Los blaiderid son seres en peligro de extinción, y estos… animales los utilizan como infantería prescindible en sus “simulacros”, como haciendo caso omiso de sus muchas cualidades. ¿Sabías que son capaces de intercambiar sus huevos por los de otras especies? Es decir, ninguno de estos hermosos seres es criado por sus verdaderos padres. Son todos huérfanos e hijos adoptivos, en caso de que los padres los acepten y no opten por degollarlos, claro. Y ninguno de estos seres cría a sus verdaderos hijos, sino que se hace cargo de proteger a los demás pájaros. Son demasiado nobles para este mundo.

Al cabo de un rato, Balamteir tuvo una revelación. Le señaló al blaiderid y le dictó a Rahn la siguiente orden:

-Definitivamente este ejemplar no merece morir. Creo que es una hembra. Ya sé lo que haremos, tú lo acercarás a mí y yo me lo llevaré. Prepárate para correr… esto va a ser divertido.

Si Rahn replicaba, Balamteir le contestaría con lo siguiente:

-No seas modesto. Se de lo que eres capaz. Me lo contó… un pajarito. Si haces lo que te digo, la Eclesia no tiene porqué enterarse. ¿Entiendes, verdad? Yo te rasco la espalda si tú me la rascas a mí. No tengo intenciones de chantajearte, pero en esta ciudad no sobran ornitólogos. Yo soy una de esas escasas expertas, y serías un estúpido si rechazases mi oferta de amistad.

El decidir si aceptaba o no el “encargo” de aquella misteriosa mujer era asunto del fallen. Pero había que admitir una cosa; Balamteir no era para nada el tipo de mujer que hasta ahora había visto Rahn. Para empezar, era autosuficiente y no requería de la ayuda de ningún hombre. Continuando, Balamteir, según parecían indicar sus palabras, era ornitóloga. Y finalmente no era nada condescendiente con respecto a la discapacidad del fallen, tratándolo como a un igual en vez de perder en tiempo en compadecerse de él.

Como era costumbre, Sig despertó de sus frecuentes y atormentadoras pesadillas. El olor de humedad constante del manantial que entraba a su habitación a través de la ventana siempre le había gustado.
Él solía vivir en aquella casa. No era nada fastuosa, ni siquiera para estar situada a las afueras del Manantial. Pero a pesar de todo, la familia que la regentaba era una rama secundaria de una de las familias poderosas de la ciudad.

Sig bajó la escalera de caracol que comunicaba el segundo piso, donde estaban los dormitorios, hasta la cocina. Ahí, Madre aguardaba. Pero no estaba sola, según dedujo Sig, puesto que estaba hablando. A través de la puerta, Sig adivinó alguna de las palabras que Mamá decía.


-No puedo hacer eso. El (….) sospechará. ¿Me acusa de (…) a la Eclesia? Cuando usted trajo (…) yo no dije nada. No tiene ni (…) del compromiso en el que me puso. A mí, y a mi familia. Ahora, señor…
-Mamá se quedó mirando un rato a la rendija de la puerta, hasta que descubrió a Sig a través de ella. El altonato atravesó el umbral de la entrada a la cocina y descubrió a su madre hablando con un hombre trajeado y con sombrero. Su madre, como era costumbre, además de aparentar una juventud que no tenía, vestía siempre elegantemente:



-Oh, Sigurd, hijo mío, te has levantado pronto hoy. En cuanto al señor Valkirian. No te preocupes por él, ya se iba.


El inquisidor parecía molesto, pero a pesar de ello se quitó el sombrero, se arrodillo ante Mamá y tras decir lo siguiente, salió por la puerta principal:



-En efecto. Tendrá noticias de mí, Bethany Bildaxis.

El hombre cerró con un portazo. La mujer, con rostro serio, pronto se animó y decidió quitarle hierro al asunto. Mientras preparaba el almuerzo favorito de Sigurd, la ama de casa ofreció a su hijo todo tipo de aguas gourmet. Desde las simplemente aromáticas hasta las vigorizantes. Bethany era conocida en la ciudad por su clínica de belleza, ahora en decadencia, donde prestaba servicio a todo aquel que se lo podía permitir.

La mujer tenía una fórmula secreta que ni siquiera los Urin, señores del agua, habían podido destilar. Gracias a dicha fórmula, podía crear todo tipo de cremas rejuvenecedoras. Y su cutis era un vivo ejemplo de aquello. Sin una sola arruga, la madre de Sigurd bien podría pasar por su hermana.

Una vez terminó de preparar el desayuno, Bethany se sentó frente a Sig, observándolo comer con una sonrisa enigmática en el rostro. Una vez su hijo hubo devorado la comida que ella amablemente había preparado, le indicó a donde debía dirigirse.

-Tu padre y tus hermanos hace tiempo que salieron. Aunque todavía son las nueve, saben que eres un dormilón incorregible y por eso han partido antes.-esto último lo dijo a la vez que le revolvía el pelo cariñosamente.- La señorita Arileen y tus compañeros aguardan en el cuartel exorcista, en Esperanza. Nuestro querido Valkirian se dirige ahí también, así que le he pedido que te lleve. No es que no confíe en ti, pero ya sabes que eres tan olvidadizo como despistado. Una última cosa, ten cuidado. No queremos tener que pasar otra vez por aquel… percance.-Sigurd lo recordaba perfectamente. Estaba caminando por la Subciudad para Dios sabe qué y un monstruo nativo del rio Anaconda le arrancó sus dos extremidades. No recordaba cómo era el monstruo, solo sabía que era tan o más veloz que él con sus dos extremidades y mucho más fuerte y ágil. Lo siguiente que Sigurd Bildaxis recordaba era despertarse en el cuartel de los Arquitectos con una pierna nueva. ¿Qué por qué no terminar el trabajo y otorgarle a Sig un nuevo brazo? Su padre, Genau Bildaxis, era un hombre muy tradicionalista. De ideales férreos.

De hecho, el espectáculo que aquel hombre montó cuando se enteró de que los Arquitectos habían “mancillado” a su segundo hijo no fue pequeño. Al día siguiente, las cañerías de la casa comenzaron a fallar. Era evidente que alguien las había manipulado. Como consecuencia, Genau tuvo que pedir perdón a Verkant, el líder del hampa. A partir de entonces, las cosas volvieron a la normalidad y todo fue reparado diligentemente por los Arquitectos. Pero ni el afecto de Genau hacía su querido Sigurd ni su orgullo se terminaban de recobrar del todo.

Después de decir eso, literalmente Bethany expulsó a Sig de casa antes de que tuviera tiempo de cambiarse siquiera, empujándole hacia la puerta. Antes de cerrarse la puerta, el exorcista pareció escuchar un gemido ahogado, pero no le dio la más mínima importancia.

Como su madre había mencionado, aquel sobrio hombre lo esperaba al volante de su barca tecnológicamente avanzada con el logo de la Inquisición. El inquisidor le invitó a subir a su bote, y una vez Sigurd lo hubo hecho el vehículo se puso en marcha y Valkirian, por raro que aquello pareciese, decidió hacerle a Sig de chofer y conducir el mismo su vehículo.

-He oído que nada más y nada menos que la señorita Arileen te requiere en su escuadrón. Has superado las pruebas de acceso con creces, y en esta ciudad no abundan los exorcistas. De todos modos, que una exorcista tan prestigiosa como la señorita Arileen se haya desplazado hasta aquí solo por ti es todo un acontecimiento. ¿No crees, Sigurd?-indiferentemente de que le respondiera o no, Valkirian siguió hablando.-Bien sabes, y no es por ofender, que el clan Bildaxis ocupa un papel un tanto… limitado en la política de la ciudad. Sólo tu padre puede ejercer el voto en las asambleas, y últimamente se ve obligado a ser el apoyo político de Jehovannis. Quien sabe, puede que este año definitivamente ganéis las “elecciones” y podáis destronar a los munchkin. Sobre todo teniendo en cuenta que los rumores indican que han optado por abstenerse de participar.

Las elecciones se tendrían que haber celebrado el día anterior, 31 de diciembre. Pero hubo varios factores que las atrasaron. En concreto, las celebraciones de la Eclesia unidas a las ejecuciones de los paganos, que los habitantes de aquella urbe habían tenido ocasión de contemplar en vivo y en directo se unieron a varios problemas derivados de la convivencia entre las familias. Las chispas saltaron cuando los Bilda acusaron a los Ipar de “separatistas” y a los Rahan de mercachifles, haciendo que estas dos familias, ofendidas, decidieran abandonar el edificio. Ante estos hechos, los Amu y los Urin adoptaron una postura de neutralidad quizá demasiado cautelosa pero finalmente fue el propio Jehovannis quien decidió posponer la asamblea hasta el siguiente día, con la esperanza de que las familias ofendidas asistieran en aquella ocasión.

Sigurd no tenía modo de averiguar si había sido así al menos hasta la noche cuando su padre, despotricando sobre los malditos mestizos como siempre hacía, cenase junto a él y su familia. Finalmente la barca arribó al archipiélago Esperanza. En la situación en la que la ciudad se encontraba, se podía partir desde cualquier punto y toparse con una de sus islas.

Si es que podían denominarse así. Lo que antes eran castillos ahora era un gigantesco cuartel de piedra que rodeaba toda la ciudad, de una extensión auténticamente kilométrica y cuyas tres cuartas partes estaban únicamente pobladas por soldados que vigilaban a ambos lados de la muralla.

Una vez llegaron, unos oficiales hasta entonces ociosos les recibieron. Se respiraba la tranquilidad en el ambiente. El arzobispo Smaer no había levantado la barrera porque unos cuantos paganos permanecían inidentificados pero a pesar de eso la mayor parte de la Eclesia feuerheña ya daban por hecho la victoria. Solo una diminuta facción comandada por la familia Bilda y algunos obispos, custodios e inquisidores tanto del exterior como de la ciudad optaban por permanecer alerta frente a futuros percances.

Pero a Sigurd de momento eso no le importaba demasiado. Hoy era su gran día, el día donde sería nombrado o no exorcista por nada más y nada menos que la grandiosa Lisa Arileen. Justo cuando se dirigía al pabellón de los exorcistas, una sala dedicada enteramente a los quehaceres de los miembros de la Cruz Argenta, una fuerte jaqueca le asaltó. A la jaqueca le siguieron mareos, y tuvo que ir al baño para vomitar.

Una vez terminó y se dispuso a lavarse la cara, vio reflejado sobre al agua un rostro. Era una mujer que rondaba los cuarenta años de cabellos rubios rozando el color niveo y con una figura esbelta y grácil. Su piel era similar en el tono a su cabellera, y sus rasgos eran tan refinados y expresaban tanta serenidad como su profunda mirada. Una voz dulce de mujer resonó en su cabeza.

“No dejes que te manipulen, Siegmeyer. No en mi guardia.”

Después de aquello, aquel rostro se esfumó. A pesar de eso, algo había cambiado en el cerebro del altonato. Los recuerdos regresaban como un torrente de puñaladas. Primero los de su vida anterior, rápidamente. El cerebro del altonato no pudo procesarlos del todo, sólo unos nombres se le grabaron en la cabeza. Nombres como "Thabita", “Sigfried Goldiger”, “Izdanik”, “Ysgalad”, “Ryomaru” o “Maric”. También vio una mansión de piedra, y unas estatuas de las que le separaba una verja.

Después vino su primera vida, y los recuerdos todavía pasaron más deprisa. Vio a aquella mujer ensangrentada, suplicando clemencia. Se vio a él mismo como una bestia. Vio la vida desde una camilla. Y navegó por un idílico recinto donde los magos convivían en armonía desentrañando los secretos de lo arcano.

Pero aquello no importaba. Demasiados datos, datos que no serían asimilados hasta pasado un tiempo. Thabita Deva, o lo que quedaba de ella, había actuado, pero sus efectos tardarían en ser aceptados por la cabeza contaminada del altonato. A pesar de todo, Sig sabía que algo no cuadraba, y podía intentar averiguar que era.

Cuando llegó al pabellón de los exorcistas, fue recibido por un nutrido escuadrón de cuatro individuos, que se fueron presentando uno a uno. La primera de ellas, una encapuchada de cabello pelirrojo y ojos pintados a modo gótico, le saludó con una expresión extrañamente amable:


-Mi nombre es Escarlata Ysgalad. Farmacóloga. Un placer, Sigurd.-dijo, mientras besaba su mejilla.

Un hombre trajeado, con símbolos de la cruz argenta en la ropa y en el dorso de la mano, le dio un fuerte apretón de manos.


-El nombre que se me ha otorgado es Veran Izdanik, y como Protector deseo que Dios te sea propicio.-el protector se apartó, dejando paso a un viejo hombre de barba nívea y desordenada ataviado con una túnica roja.


-Todo lo que debes saber, muchacho, es mi nombre. Myrdin Emrys, para servirte.

Por último, fue la propia Lisa Arileen quien, haciendo una reverencia, se presentó ante el nuevo miembro del escuadrón.



-La guerrera Lisa Arileen te da la bienvenida a tu nuevo hogar, Sigurd. Espero que estés cómodo. Hoy nos espera un día duro. Por el momento, deberías seguirnos hasta Evangelio, dónde recibiremos las instrucciones oportunas a través del arzobispo Smaer.

-Pues menuda mierda.-dijo Nana mientras ella y Ryomaru veían caer a los paganos desde la roca Iatarpe hasta el final de la cascada.-Cuando nos trasladaron aquí esperaba tener acción. Y ahora estamos encerrados como ratas, a la espera de Dios sabe qué.

A la súcubo no le faltaba razón. Y tampoco le sobraba, por otro lado, pues si bien aquello era un aburrimiento y una decepción para todo aquel efectivo que había llegado a Feuerheim en busca de gloria y de lucha contra Sodoma, era un tremendo alivio para todos los demás, tanto habitantes de la ciudad como oficiales eclesiásticos.

Habían llegado a aquella ciudad el 29 de diciembre, justo a tiempo para que las puertas no se les cerraran en los morros. Y Nana se arrepentía de aquello enormemente. Pero el estar encerrados de forma ociosa no era el peor de los problemas de Ryomaru.

Algo pasaba en su cabeza. Sus recuerdos sobre los días pasados se diluían poco a poco. No recordaba nada posterior al 20 de diciembre a menos que se esforzase mucho, y aun con eso solo lograba salvar un par de detalles. Sólo una gran estatua de piedra, un comedor y un par de rostros norgon.

Como consecuencia, poco podía sacar en claro del desarrollo de aquel viaje. Solo sabía que había sido un viaje considerablemente rápido y sin demasiados percances. Y también sabía qué hacía días que no veía a su antiguo caballero, Maric. Al llegar a la ciudad, habían vivido un caos momentáneo, siendo arropados por la marabunta, hasta que lograron encontrar el hotel Komfort, donde la Eclesia había establecido el alojo temporal de los refuerzos.

Cuando su presencia se hizo del todo innecesaria y los gastos de su alojamiento muy elevados, el arzobispo Smaer dictó que todos los efectivos que habían llegado en calidad de refuerzos debían trasladarse al archipiélago Esperanza. A ellos, debido su relativo bajo rango y la gran cantidad de miembros de su orden que había arribado a la ciudad, se les designaron los barracones más inhóspitos.

Su tarea era sencilla; vigilar las fronteras a ambos lados. De hecho, tal era la frustración de Nana que se había ensañado demasiado con una madre que había sido aislada de la ciudad y lo único que pedía era volver a ver a sus retoños, que se ubicaban en el interior. Cuando Ryomaru regresó de su descanso, pudo ver como Nana disparaba la ballesta contra esa pobre mujer, hiriéndola en la pierna.

De querer impedirlo, Nana se detendría a tiempo para no matar a aquella mujer, que se alejaría cojeando. La súcubo, ante cualquier petición de explicar sus actos, alegaría que el aburrimiento era tal que se veía reducida a “jugar” con aquel tipo de individuos. Incluso el aburrimiento había hecho de Nana una persona mucho más “accesible” y en varias ocasiones había coqueteado con Ryomaru, ofreciéndole la posibilidad de compartir cama. La verdad es que, respecto a la situación, iba sobrada de razón.

Smaer, según bastantes oficiales indignados, era un foco de contradicciones. Por un lado había admitido en varias ocasiones que había un excedente de soldados en Feuerheim comparado con la situación de paz que se vivía en la ciudad, pero por el otro no quería arriesgarse a levantar la muralla por temor a que algo saliera mal.

Y no era para menos. Sus enemigos políticos, en su mayoría miembros del Martillo con los que Ryomaru y Nana habían tenido ocasión de debatir, lo acusaban de procrastinar y de apostar demasiado por los Arquitectos y por los Bilda para mantener el orden público, dejando a la Orden del Martillo como su particular guardia personal. Y aquellas acusaciones no eran infundadas. Las tropas de Feuerheim estaban desentrenadas, y no podían compararse a las milicias privadas de la ciudad; tales como los Censores o el hampa de los Arquitectos. Incluso los funcionarios del hotel Komfort y la Guardia Dorada tenían un tipo de vida mucho más acorde a la comandancia que las tropas de Smaer.

De hecho, en opinión de muchos, sólo el odio de los feuerheños hacia los sodomitas había permitido que estos últimos fueran apresados, y que de no ser por los pasados conflictos entre ambas ciudades la puerta habría sido la primera de las cuatro en ser abierta. También la ociosidad daba pie a que se levantaran suspicacias referentes a la lealtad de las casas y de los Arquitectos. Pero no había motivo aparente; la casa más inclinada a la rebelión, los Amu, habían sido quienes entregaron a los paganos en bandeja a la Eclesia y las demás facciones estaban o bien posicionadas de forma neutral o bien a su favor.

Con la intención de huir de todo aquel barullo diplomático y político, el Capitán Templario de clase superior Gumbleton les invitó a presenciar las ejecuciones en la roca Iatarpe, con el fin de aliviar su tediosa existencia. Nana parecía sobreexcitada. Y Ryomaru también debería estarlo. Incluso a alguien como él le venía bien salir a tomar el aire durante un pequeño período de servicio, y Feuerheim era una ciudad que valía la pena explorar. De no haber sido por el curioso movimiento que Maric efectuó ya hacía días, la pareja habría dispuesto de sus días reglamentarios de servicio. Pero aún con todo, el buen Gumbleton intercedió ante el Custodio de Feuerheim, el líder de la guardia personal de Smaer, para concederles un par de horas.

-Es un buen tipo este tal Gumbleton. Y también un buen soldado. Maric solía decir que después de Arturo, era uno de los soldados que más valían la pena del Martillo.-aquella era la primera vez que Nana hablaba del caballero, pero pronto cambió de tema.-Dicen que una vez se vio rodeado de tantos enemigos que era imposible derrotarlos aunque tuviera apoyo. Así que el viejo clavó su espada en la tierra, implorando la ayuda de Dios y justo entonces una tormenta eléctrica acabó con la mitad de sus enemigos, dejándolo ileso. Los supervivientes que no huyeron aterrorizados se arrodillaron ante él, suplicando clemencia. Desde aquel día, su espada es conocida como “Nexus”, que es algo parecido a “Unión” en el idioma de la Eclesia.-de esta forma comunicó Nana sus impresiones a su compañero.

Y así fue, dieron una vuelta por la ciudad visitando sus principales lugares turísticos (obviando la propiedad de los Arquitectos, en la cual se estaban llevando a cabo redadas buscando paganos escondidos en los puentes). Todo ello para terminar presenciando el espectáculo de la roca Iatarpe.

Nana estaba extasiada. No sólo no se conformó con estar en la quinta fila, sino que utilizo su cargo en la Eclesia para avanzar hasta la primera línea. Una vez se fue, Gumbleton aprovechó para señalar sus defectos a Ryomaru:



-Tu amiga súcubo es un tanto… impulsiva. Más que impulsiva, sádica. Mira, muchacho, te seré sincero. Disfruto de este tipo de espectáculos, porque son un símbolo del poder de nuestra sagrada organización. Pero a tu amiga no parecen interesarle los simbolismos. Es de ese tipo de personas que conviene tener alejadas y encerradas. De hecho, no creas que las noticias de su crueldad desmedida para con los ciudadanos de esta ciudad no se han transmitido. Si quieres un consejo, Ryomaru, yo que tú me desligaría de ella. La gente como esa súcubo no suelen traer nada más que problemas. Y no te hablo desde mi puesto de Capitán, sino desde un enfoque un poco más personal.

Después de que la conversación ente Ryomaru y el Capitán Templario finalizase, ambos “recogieron” a Nana, que justo entonces estaba viendo una de las ejecuciones combo (complejas operaciones de muerte que involucraban a varios presos) y a la que le desagradó la partida. Justo antes de dejar a los dos escuderos en su isla-fortaleza, Gumbleton recibió un mensaje, que les instaba a convocarse en Evangelio, la isla-fortaleza de la Guardia y de Smaer.

Debido al sistema tenaza que Evangelio había adoptado, Esperanza se había acoplado a la roca Iatarpe y estaba situado justo encima de la gran cascada. Así pues, no les costó llegar desde donde se encontraban. De hecho, solo tuvieron que salir de la zona pública de Esperanza, donde la plebe estaba viendo las ejecuciones, y acceder por la puerta principal al castillo.



En el jardín circular de aquella fortaleza, la Eclesia estaba dividida por grupos, cuyos miembros rara vez se mezclaban. El extremo oriental lo ocupaban los miembros de la Eclesia Central, obispos y demás altos cargos tanto de la ciudad como invitados. Junto a ellos se encontraban algunos pocos miembros de la Cámara Hermética. La Inquisición ocupaba el extremo occidental del jardín, cuyos miembros compartían impresiones con los altos cargos de los Censores, que habían dejado desatendida la ciudad para aquella ocasión.

Finalmente, a norte y a sur respectivamente, separados por inquisidores y obispos, se encontraban los soldados del Martillo y los exorcistas de la Cruz. Al entrar a Evangelio, el grupo de Sigurd, liderado por Lisa Arileen y la comitiva de Ryomaru, volviendo a estar conformada por tres miembros, se encontraron. Ryomaru pudo reconocer a Sig, y aunque a este último le sería difícil para él recordar su encuentro con el hiperbóreo en las catacumbas de Eonburg, fue presa de un fenómeno por el cual pensaba que conocía a aquel individuo de antes.

Después de este encuentro y si ambos lo deseaban, irían con sus respectivos a grupos a las zonas indicadas. De todos modos, al cabo de un rato, las puertas al edificio principal se abrirían y todos los oficiales podrían entrar, tan solo quedando fuera las personas ajenas a la Eclesia (aquellos familiares o demás invitados). Con un permiso especial, los altos cargos de las organizaciones privadas de la ciudad pudieron acceder, ya que varios de ellos tenían cargos honoríficos en la sagrada institución.

Era la primera vez que ambos entraban en aquel edificio, y pronto descubrieron que se trataba de nada más y nada menos de un enorme palco, con muchos asientos y un trono principal donde el señor Smaer debería sentarse. Pero incluso cuando todo el mundo estaba sentado, Smaer todavía no había aparecido. Su guardaespaldas, el Gran Custodio Ronald Jeffer, puso orden y calmó a todo aquel que exigía la presencia de Smaer.



-Ruego calma y sosiego, mis señores. El arzobispo está al caer, y estoy seguro de que aclarará todas sus dudas.


En efecto, justo después de decir estas palabras y justo cuando sus detractores estaban a punto de utilizar aquella impuntualidad en su contra, Tezich Smaer atravesó el umbral de la puerta y ascendió los escalones hasta colocarse de espaldas al trono. Aquel hombre era un vivo ejemplo de los beneficios del aqua, uno de los productos estrella de la ciudad. A pesar de superar ampliamente los cuarenta años, tenía el aspecto de alguien mucho más joven. Sigur sabía que su madre Bethany tenía mucho que ver con aquello, aunque la mujer no solía vanagloriarse de ello. Llevaba una camiseta negra, dejando su pecho al descubierto. Su barba indicaba que le gustaba cuidarse. Después de aclararse la garganta y dar un sorbo a su bebida predilecta, el aqua Iuvenes, el arzobispo se dirigió a todos en general y a nadie en particular:



-Muchos de los que estáis aquí sentados no confiáis en mi liderazgo. A pesar de que a kilómetros de aquí la Eclesia lucha por mantener las puertas cerradas. A pesar de que no se ha derramado una sola gota de sangre noble, a pesar de que esta es una de las ciudades bastión mejor dirigidas de todo el continente. A pesar de todo, cada día que pasa me gano nuevos detractores. Muchos de vosotros estáis enfadados conmigo por la falta de acción. Y yo os digo, estúpidos, la batalla no es tan noble cuando su pérdida implica fracasos de proporciones gigantescas. Otros clamáis por vuestra libertad, cuando en realidad deberíais agradecer el haber sido destinados a esta ciudad, pues de esta forma habéis conservado vuestra vida. Otros muchos os quejáis de las “pésimas” condiciones en las que mi guardia es mantenida y por mis tratos con la gente de esta ciudad. Y yo clamo vuestra estupidez a todos los coros angelicales. Estúpidas bestias. Sí, os llamo bestias. Seres irracionales. ¿Acaso habéis perdido el juicio? ¿Dios no os ha proporcionado suficiente capacidad intelectual como para dilucidar que, primero, no necesito de una Guardia “preparada” y en segundo lugar, las gentes de esta ciudad tienen tan asimilado nuestro dominio sobre ellos que aun pudiendo autogobernarse prefieren las ventajas que Dios les ofrece? Solo hay que mirar a los Amu. Descendientes de orgullosos reyes, adoradores de oscuros dioses. Les permito mantener sus tradiciones, y muchos me criticáis por eso. Pero gracias a ellos, esta ciudad hoy no está en pie de guerra.
–Smaer dio un golpe en la mesa.-Ahora os ordeno, ingratos de poca fe que desconfiáis de mi gobierno, alzaos para que pueda veros de una vez por todas. ¡ALZAOS HE DICHO!

Pese a lo que todos pensaron, fueron tan solo unos pocos quienes se alzaron. No llegaron a la decena. Entre ellos se encontraban Nana Slauhter, el Capitán Gumbleton, el inquisidor de primer grado Gregory Valkirian, el pyro Myrdin Emrys y unos cuantos exorcistas y obispos desconocidos para Sig y Ryomaru. Estos dos tuvieron su oportunidad de alzarse si así lo veían conveniente.

-Ya veo. Dudo que vosotros seáis los instigadores de toda esta parafernalia. Pero la valentía os honra. Vuestra franqueza es algo admirable. Es por eso que he decidido daros la oportunidad de decidir lo que sucederá a continuación.

El jaleo que se armó fue monumental. Incluso algunos miembros de la guardia tuvieron que intervenir.

-¿Qué por qué vosotros no tenéis voto, os preguntareis? Muy simple. Quitando a estos valientes de la ecuación, la sala se puede dividir en dos bloques. Están los individuos demasiado permisivos, que toleran todo solo porque ostento más poder que ellos. Los conformistas. No os habéis levantado porque estáis muy cómodos viviendo bajo mi influencia. Luego está el extremo contrario. Aquellos envidiosos que anhelan más poder del que tienen y me usan como blanco de su furia. No han osado levantarse puesto que no sentían de verdad lo pensaban, y solo lo usaban para descalificarme en un burdo intento por, quizás, acabar con mis aspiraciones. Ninguno de vosotros, y siento decir esto porque en el fondo os aprecio como un ser superior puede apreciar a los animales, sean domésticos o salvajes, es merecedor de votar en esta asamblea. Así que os recomiendo, dado que el Exarca no recibiría otro menoscabado de mi autoridad demasiado bien, y menos en la situación en la que nuestra institución se encuentra, observar a vuestros mayores.


Un montón de personas protestaron, esgrimiendo el argumento de que muchos de ellos poseían mayor rango que los individuos que estaban de pie.

-¿Rango? Me rio de vuestros rangos. Hoy habéis demostrado que no es una garantía de nada. Lo lamento, pero vuestros compañeros elegirán por vosotros. Así que, sin más preámbulos, subid aquí, muchachos.
-
cuando los “elegidos”, entre los que Sig y Ryomaru podían encontrarse si se habían alzado, subieron al trono, Smaer les recibió con júbilo, abrazandolos uno a uno. Una vez todos estuvieron en posición, se adelantó unos pasos y se giró, dándoles la espalda a los demás funcionarios de la Eclesia.

-Como todos sabréis, la patrulla pagana que fue enviada a reconocer Feuerheim ha sido ejecutada casi en su mayoría. Solo uno de sus miembros se nos resiste. Y eso no deja de rondarme. Pese a todo, la operación puede considerarse un éxito. Pero parece que la ciudad no está del todo tranquila. Gente de la subciudad está desapareciendo y las reservas de oro de los Rahan no dejan de aumentar, a pesar de que por motivo del aislamiento de la ciudad abolimos los impuestos por unos días. Por último, he recibido noticias de que ciertos guardias han sido sobornados y han permitido el acceso de dos individuos hasta ahora no identificados a la ciudad a través de uno de los túneles secretos de la muralla. Y por último, nuestros queridos aliados los Bilda han enviado informes. Al parecer acusaron abiertamente en las elecciones a la familia Ipar y a la familia Rahan de ser unos conspiradores separatistas quien sabe si con argumentos o no, y estos lejos de defenderse optaron por abandonar el Senado ofendidos. Puede que solo estén siendo paranoicos pero, ¿y si tienen razón? Quizá eso podría explicar las desapariciones y el aumento de las reservas. Los Ipar reclutan soldados en las calles y los Rahan recaudan dinero para dar el gran golpe. Pero “atacarles” en base a eso podría resultar una provocación. Y sin los Rahan y los Ipar de nuestro lado, de resultar más ofendidos todavía, esta ciudad se haría un poco más ingobernable de lo que ya es. Así pues, podríamos abrir la muralla por fin y hacer que todo volviese a la normalidad. Es un asunto delicado y que habéis de pensar con tesón y paciencia. Tenéis cinco minutos para votar, así que hacedlo rápido.

Antes de que Smaer pudiera volverse para apaciguar a las fieras, Gumbleton le asió del brazo y dijo lo siguiente:

-Me gustaría ceder mi voto al escudero Ryomaru Baransu. Estoy demasiado viejo para esto, y creo que deberían ser los jóvenes quienes tuvieran oportunidad de decidir.

Smaer le miró, complacido y, finalmente, besó su frente. Gumbleton se dejó hacer, sin saber cómo reaccionar. Antes de que el capitán templario descendiese, el arzobispo asintió solemnemente:

-Que así sea.

Si Ryomaru se había alzado, ahora tendría dos votos, el de Gumbleton y el suyo propio. De no haberlo hecho, ahora se veía obligado a decidir entre aceptar aquella oportunidad o librarse de aquello. Suya era la decisión.

Mientras tanto, los elegidos comenzaban a votar, pero todo indicaba que serían los votos que faltaban los que decantarían la balanza hacia uno u otro lado. Entre los individuos que ellos conocían, Sig y Ryomaru, si es que se encontraban en aquel pequeño comité, podrían observar que Nana y Valkirian habían votado por involucrarse y que Emyr abogaba por la apertura de las murallas.

El que no tenía que lidiar con esta problemática era Aurunox. El fallen había vivido plácidamente en Ojo de Dioses. Ganaba sus dineros haciendo lo que mejor se le daba; robando y cantando. Pero pronto su existencia se vio oscurecida por la presencia de un ser como el. Un amante de la oscuridad.

Un ser que se movía entre las sombras. Cuando dormía, notas aparecían en su pared. Extraños mensajes escritos de forma irregular en los que se podía leer que un tal o una tal Verkant le buscaba. Cuando Aurunox intentaba mantenerse despierto hasta tarde para averiguar quien escribia aquello no hallaba a nadie, pero justo cuando parpadeaba o perdía de vista la pared por un momento el mensaje volvía a aparecer.

Verkant te busca.

Pero, pese a todo, los mensajes llegaron a desaparecer al poco. La vida volvió a la normalidad para Aurunox. Si se le podía llamar normal a una vida compuesta por robos y oscuridad, una vida en lo que único que el fallen buscaba era más gloria y dinero, convirtiendo su existencia en un mero circulo vicioso.

Después de vengar la muerte de su progenitora y exterminar a los que antes habían sido sus contratistas, Aurunox había experimentado bastantes dificultades para encontrar nuevos patronos o gente que le encargase trabajos. A pesar de que la Eclesia no se daba por enterada del suceso, la noticia del misterioso asesinato de los treinta y cuatro y la aún más sorprendente nueva de su supervivencia había hecho que la gente de Ojo de Dioses empezase a relacionar ambos hechos.

Y estas relaciones acababan señalándole a él como sospechoso. Por eso, la gente le respetaba y le temía, pero no lo suficiente como para ofrecerle trabajos, o al menos no de su gusto. Pero, pese a todo, Auru siempre solía encontrar algún hombre que requiriera de un ladrón experimentado, pagase bien y no hiciera preguntas.

El señor Lesterki era uno de esos individuos. Y pagaba bien, extraordinariamente bien. Sus trabajos solían estar relacionados con el sabotaje industrial. Auru tenía que entrar en algún complejo, sustraer alguna hoja de ruta o algunos planos importantes y llevárselos. Obviamente, el fallen raramente se detenía con eso, sino que aprovechaba para sustraer demás objetos de valor.

Lesterki y el fallen solían comunicarse en persona quedando todos los viernes a las dos de la madrugada en el mismo local, La Arpia Jocosa. Aquel hombre, disfrazado, avanzaba hasta la mesa donde el fallen solía aguardarle y depositaba su rechoncho cuerpo altea sobre el sillón, sacando normalmente alguna carpeta de debajo del brazo.

Se encendía un puro sobriamente y apoquinaba con la cuenta mientras le explicaba a Aurunox la importancia de su misión. No tenía porque hacerlo, pero a Lesterki le gustaba confraternizar con sus clientes. Lesterki era un buen hombre.

Hace falta resaltar él era, pues un día dejó de presentarse a las citas. Era como si hubiera desaparecido de la faz de la Tierra. En caso de que a Aurunox le hubiera dado por investigar, habría encontrado montones de nada. Para el resto de la humanidad, aquel hombre nunca había existido. Ni siquiera si acudía a sus víctimas, los individuos cuyas casas había allanado a las órdenes de Lesterki, recibiría más que un seco portazo.

Pero la vida seguía, y el misterio nunca fue resuelto. Así pues, Aurunox decidió que lo mejor sería dejarlo pasar y seguir con su delictiva vida. Finalmente encontró otro protector. Esta vez era de género femenino. Su nombre era Marwen, y era una fallen con muchos amantes. Hombres a los que debía seducir, y de los que debía sustraer datos. También le gustaba oírle cantar y recitar poemas.

De hecho, era una contratista bastante cercana. Tanto que incluso llegó a frivolizar con “hacerlo fijo en su alcoba” y, con el permiso del fallen, incluso trató de hacer dicho contrato efectivo. Por ese y otros muchos motivos solían quedar en el piso franco de la fallen, un decorativo dúplex donde Aurunox era más que bienvenido, a cualquier hora del día… y de la noche.

Por toda aquella implicación emocional la desaparición de Marwen caló más hondo en el fallen. De nuevo, sin rastro. Las semanas pasaron, y de nuevo la vida volvió a la normalidad. Pero un día, al despertar, Aurunox encontró una desagradable sorpresa. Había un mensaje en la pared, compuesto con pedazos de ropas. Todas aquellas prendas ajadas eran restos de los vestidos que una vez Marwen había utilizado.

No pararé hasta encontrarte.

Al intentar quitar aquel mensaje, Auru se percató de que la tela estaba grapada a algo muy desagradable; fragmentos de órganos. Una oreja de fallen por aquí, unas vísceras por allá, un globo ocular por aquí. Aquello parecía la consulta de un doctor maniático.

Pero eso no era todo. Al abrir su vestidor, el fallen dio un grito de horror. Colgando de su propio brazo destrozado, un cadáver se balanceaba. Sobre su torso había otro mensaje, esta vez más corto y más conciso: Eres mío. Aquel cadáver era reconocible a pesar de su estado, se trataba de su primer promotor desaparecido. El señor Lesterki tenía una mirada de horror en su rostro.

Auru no tuvo tiempo para salir del más que probable shock en el que estaba inmerso, pues el Martillo Aúreo llamó a su puerta. Los vecinos habían oído ruídos extraños y llegaba un olor a podredumbre a través de las escaleras. Le rogaban que abriese la puerta. No tenían pensado repetirlo.

Finalmente, Auru se las ingenió para salir de Ojo de Dioses de una pieza. Lamentablemente, lo había perdido todo. Sólo había sido capaz de rescatar 2.000 terrans de entre sus ahorros, lo que con los 8.000 que le quedaban hacían un total de 10 de los grandes. Pero en Ojo de Dioses no había futuro para él. Seguro que la orden del Martillo relacionaba aquello con una vendetta por impago o algún asunto parecido.

Verkant era lo único que le quedaba. Aquel individuo lo había conseguido. Aurunox terminó informándose sobre él. Se trataba del líder del hampa de Feuerheim, cuya identidad era totalmente desconocida. ¿Qué querría de él? Aquello no podía ser contestado por nadie salvo por el individuo en cuestión.

Así pues, ni corto ni perezoso, el fallen se dirigió a la ciudad situada sobre el Río Anaconda. No le fue difícil aprovecharse de sus habilidades para, con el sol en su zenit, sortear a los animales y avanzar hasta la ciudad sin necesidad de tener que pagar a las caravanas de turistas.

Lo primero que tuvo que hacer al entrar fue ecidir si pagar al hampa de la ciudad sus honorarios pues no podía permitir que la Eclesia le descubriera. No sabía si era un hombre buscado o no, pero su instinto le dictaba que aquello era lo idóneo. La suma ascendería, si es que accedía a pagarla para cubrirse las espaldas, a los 1000 terrans en concepto de transporte y aduana.

Los gastos de comida y alojamiento fueron otro cantar, que Auru también tuvo que pagar de su propio bolsillo, pues el tal Verkant, que tanto había insistido en llamarle, no dio señales de vida. El coste total fue de 2.000 terrans, y eso que el Dragón Ufano, posada donde se alojó, era un lugar barato. Pero tuvo que pagar varios sobrecostes en concepto de tributos a las diferentes facciones. Así que de momento, aquella ciudad habría acabado con gran parte de su dinero, y sólo llevaba un día allí.

Pero aquello no era lo peor que el caprichoso destino le tenía reservado al fallen. Las penurias no acababan más que de comenzar. La madrugada del 26 de diciembre una redada relacionada con los paganos sodomitas tuvo lugar en el local y acusaron erróneamente al fallen de ser uno de ellos.

El fallen fue apresado, y habría sido torturado y posteriormente ejecutado por la Inquisición de no ser por la intervención de un misterioso personaje, que solicitó acceso a su celda. El guardia al principio le negaba la entrada pero el individuo logró convencerle:


-Venga, Al. ¿Puedo llamarte Al? Este tipo no tiene pintas de pagano, en todo caso de mendigo desarrapado. Aunque, de todos modos, piensa que nos debes un par de cuotas de mantenimiento y tengo entendido que tu mujer es propensa a coger hongos mortales.-dijo el enmascarado personaje, mientras palmeaba el rostro del guardia.- No juegues con la salud de tu esposa por un preso de mierda, Al. Bien sabes que el Sumo Arquitecto no me habría mandado a buscarlo de no ser importante para él. Ahora sé un buen chico y abre esa puerta.

El guardia antepuso la salud de su esposa a su deber e hizo caso de las advertencias del chantajista. La puerta oxidada de las celdas se abrieron, y el misterioso personaje aprovechó la situación de Aurunox, encadenado de pies, cuello y manos, para llevarlo hacia donde el quería con la oposición mínima por parte del fallen. Tras ponerle una venda en los ojos, Auronox fue guiado a tirones por su “rescatador” y, al cabo de varios minutos infernales llenos de tropezones y de mojarse los pies con a saber qué tipo de líquido pegajoso, fue despojado de la venda.

Le fue difícil acostumbrarse a la luz, o más bien a su ausencia. Por paradójico que resultase, la oscuridad era el peor enemigo de aquel fallen. Sus poderes se debilitaban enormemente frente a la ausencia de luz. Pero un brillo azul se concentraba en un punto. Dicha luz emanaba de un diminuto objeto que dos garras mecánicas sostenían a modo de pinza. Dichas garras pertenecían a una imponente figura, bastante más alta que Aurunox, que caminaba lentamente hacia el fallen:



-Querido mío… Se me conoce como Verkant, señor del crimen. Espero que accedas a escuchar mis peticiones. Eres un muchacho prometedor, el señor de las sombras. Pero aun así, no eres especial. No todavía. Has de hacerte un nombre entre los mundanos, así como yo lo hice. Aceptar mi invitación, aunque tras muchos percances, es sólo el primer paso. No me mires así muchacho. ¿Acaso no sabes de lo que estoy hablando? ¡Te hablo de la independencia, muchacho! Los paganos han sido ejecutados y sus ideales vendidos al mejor postor. ¡Y Verkant es el mejor postor que nadie puede encontrar! -aquella figura metálica pasó sus garras por el rostro del fallen, haciendo un intento de caricia-¿Te imaginas, mi pequeño? Una ciudad entera a mis pies, sin tener que estar oculto. Gobernar con puño de hierro, sin miedo a las represalias de Smaer y sus secuaces. El pueblo me adoraría, estoy seguro. Sí, mi niño, es la hora. Es la hora de que Feuerheim elimine al cáncer que asola su ciudad. Ese cáncer llamado Eclesia. Los Arquitectos se libraron de la tiranía opresiva de una dinastía de reyes, y ahora harán lo mismo con los sucios Smaer. Y tú, mi niño, serás uno de nuestros brazos ejecutores. Ahora, puedes irte. Piensa si aceptas mi encargo u optas por ser un niño descarado. Ten en cuenta que tengo ojos y manos en toda la ciudad, manos con las que puedo darles azotainas a los niños malos. Aguardaré por ti en el Mercado Biológico la mañana del día 1 de enero. Sé puntual.

Con esas cripticas palabras, Verkant presionó sus garras, fraccionando aquel pequeño objeto brillante en mil pedazos. Un destello de luz se presentó ante Aurunox y, para cuando el fallen quiso darse cuenta, se encontraba en una fastuosa habitación, recostado sobre una cama.

Cuando pudo investigar, se enteró de que se encontraba en el hotel Komfort, propiedad de los Rahan y que todos sus gastos habían sido pagados por los Arquitectos. También se enteró de que, mientras había estado encarcelado, la ciudad había sido aislada del resto del mundo, y eso lamentablemente le condenaba a estar encerrado en aquel lugar hasta nuevo aviso.

Durante los siguientes días, Auru fue testigo de la situación que se vivía en las calles. Las facciones pro Eclesia se habían enardecido. La represión también. A pesar de que se habían abolido los impuestos de forma temporal con el fin de no provocar cosas tan estúpidas como que la misma cantidad de dinero cambiase de manos debido al aislamiento de la ciudad, solo los ciudadanos pudientes podían disfrutar de esa clase de privilegios.

En la subciudad y gran parte de la media ciudad, que era el lugar que los tipos como el fallen en cuestión solían frecuentar, la presión se había incrementado. Mucha gente había desaparecido al abrigo de la nocturnidad, los Arquitectos se negaban a arreglar cualquier tipo de desperfecto hasta que el pagano sodomita que restaba de ser capturado no apareciese. Algunos individuos veían la captura de los paganos por el heredero de Amutza, el que no gobernó, un presagio, y habían decidido volver a adoptar las antiguas costumbres, perdidas hacía ya siglos.

Como consecuencia de aquello, los Censores habían iniciado una curiosa campaña. Amén de ejecutar a todo aquel que siguiera con aquellas según su punto de vista perniciosas costumbres, financiaron movimientos anti-culturales con el fin de acabar con aquel curioso foco de nacionalismo. Varios artistas satíricos se pusieron a la obra, ridiculizando al heredero de Amutza, con el cual compartía nombre y otorgándole un curioso mote “El Gran TartaBizco I”. Las represalias por parte de los Amu no se hicieron esperar y pronto los autores sufrieron del “síndrome del suicidio espontaneo”. A pesar de que no hubo pruebas que los ameritaran como autores intelectuales de aquellas ejecuciones, los Censores no necesitaban más excusa para hacer cundir el caos. Incluso llegaron a tomarla con la Guardia Dorada, que según palabras textuales de Royland, el líder de los Censores, protegía a personas a las que los Censores consideraban culpables.

El conflicto estaba sembrado, y ahora sólo restaba esperar a que algo sucediera. Y así pasó. La madrugada del 1 de enero, a las seis de la mañana y por designios del destino, Aurunox acabo presenciando con sus propios ojos como un hiperbóreo, el que parecía el líder, comandaba a una tropa de Censores, que no cesaban en su afán de producir todo tipo de disturbios buscando Dios sabe que o a quien.

-Registradlo todo, debemos encontrar a ese pagano. ¡Tiene que estar por aquí, lo huelo!
Aurunox, como dictaba la sensatez, trató de alejarse sigilosamente de aquel espectáculo más, al doblar una esquina, una mano lo agarró y le hizo introducirse en un callejón. Tapándole la boca con su mano, una voz masculina, posiblemente perteneciente al individuo que lo había aprehendido, le pidió que no armase mucho jaleo:

-Cierra la boca, no voy a hacerte ningún mal.-cuando Aurunox se giró con la finalidad de descubrir el rostro de su interlocutor, lo único que fue capaz de ver fue la pared. No había nadie, aquel hombre había desaparecido. – Oh, lo lamento. Todavía no le he pillado el truquillo a estos trastos.-tras decir esto, una figura apareció. Llevaba un traje un tanto extraño y su rostro no era un rostro, sino una especie de artefacto tecnológico que no dejaba de cambiar de forma y color:



-Tú debes ser Auron o algo así, verdad? Tengo malas y buenas noticias. Las malas son que tu cita con tú ya sabes quien ha sido cancelada. Las buenas… que ahora trabajas para mí. ¿No es la leche? Ya, lo sé, lo sé, eres demasiado mierdecilla para alguien como yo. Pero, ¿Sabes qué? Eres idóneo para este trabajo. Uy, todavía no me he presentado. Soy el único superviviente del escuadrón pagano Anaconda. Y mi nombre es…

-Kleur el sin color. Conocido por violar mujeres, descuartizar bebes y quemar aldeas. Nadie lo ve venir hasta que está a punto de morir. Y nadie lo escucha…

-Hasta que se carcajea. Te sabes muy bien mi carta de presentación, seas quien seas. ¿Qué se te ofrece, y quién eres?

-Solía ser un servidor de la Eclesia. Pero me convertí en un servidor de Dios. Te he estado siguiendo.
-contestó la misteriosa figura. Una vez salió de la penumbra, Aurunox pudo verlo en todo su esplendor:



-Entonces no tienes porqué perseguirme, amigo. Estamos en el mismo bando. Dios desea que esta ciudad sea libre.

-Dios desea la paz. Y vosotros queréis la guerra. No podemos tolerarlo.
-dijo el caballero, mientras desenfundaba su espada.

El tal Kleur desapareció sólo para aparecer por detrás del caballero, que lo lanzó al suelo con una llave nada más aparecer. Una vez tocó el suelo, Kleur volvió a desaparecer. Tanto Aurunox como el caballero solo podían averiguar dónde estaba por el sonido de su espada chocando con las paredes y con su voz.

-¿No podemos tolerarlo? ¿Para quién trabajas?

El caballero aprovechó aquella ocasión para golpear al parlanchín ocultista con su escudo, hundiéndolo bajo su peso.

-Trabajo para Dios.

A pesar de estar hundido bajo varios kilos de acero, Kleur tuvo tiempo y fuerzas de hacer otro comentario jocoso.

-Y déjame adivinar, yo estoy en la lista de los niños malos. ¿Trabajas para los censores?


El caballero no contestó, sino que presionó aún más el escudo sobre el pecho de Kleur. Acto seguido, la situación se complicó aún más cuando el tipo del martillo apareció por el umbral de aquel callejón, con varios matones a sus espaldas:



-Vaya, vaya, vaya. Parece ser que alguien está golpeando el bonito suelo de nuestra ciudad. Muchachos, acabad con él. -dijo aquel Censor.

Y no le faltaba razón, pues de alguna manera el ladino Kleur había logrado escapar de las garras de su adversario y estaba al lado de Auru, susurrándole lo siguiente al oído:

-Venga, usa tu poder y vámonos. Todavía no nos han visto.


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Re: [EVENTO DECISIVO] "El líquido de la vida" [Feuerheim, 1 de Enero - 898 d.G]

Mensaje por Dezba Wakanda el Vie Jun 19, 2015 3:57 pm


Quien también era considerado como una simple marioneta era Dumb. Y Katherine por extensión. Sus recuerdos acerca de lo vivido en Eonburg se habían esfumado como por arte de magia. No todos, aún le quedaba el recuerdo de su misterioso empleador. Pero en lo referente a su misión había un vacío enorme.

Era algo irónico. El hiperbóreo había acudido a aquel hombre buscando respuestas y salió de los humedales más perdido que nunca, sin ni siquiera acordarse de la mitad de las preguntas que quería que le fuesen respondidas. Pero su empleador sí que le resolvió algo. Le otorgó un nombre, algo de lo que tirar, y una ciudad a la que dirigirse: los Caballeros de la Mesa Estrellada y Feuerheim. Si Dumb le preguntaba acerca de su pérdida de memoria, su empleador le diría lo siguiente:

-¿Acaso no leyó la letra pequeña del contrato? Es usted una persona descuidada. Una última cosa. Has de llegar a Feuerheim antes del día veintiséis. De no hacerlo, te arrepentirás. Debes tomar el sendero de la Jungla Esmeralda.-para, acto seguido, desaparecer junto con su chabola, que resultó que nunca había estado ahí. En su lugar, un cementerio descansaba.

Con aquellas enigmáticas pistas, a Dumb no le quedaba otra alternativa que partir en busca de respuesta de nuevo, sin saber si aquella vez encontraría lo que buscaba. Pero no había otra forma. No la había. Así pues, la pareja conformada por la súcubo y el hiperbóreo volvieron a convertirse en viajeros.

El Mensajero les esperaba afuera de la ciudad, con un bote con el que atravesaron los humedales, el lago y entraron en el río Anaconda. Pillaron las crecidas de fin de año, gracias a las cuales la travesía se hizo muy rápida. Los motivos de aquel norgon para ayudarles eran, de nuevo, sus honorarios. Además, según le había explicado en un intento de flirteo dirigido hacia Katherine, tenía una importante misión que realizar en la ciudad del río Anaconda.
Fuese mentira o verdad, lo cierto era que aquel norgon parecía concentrado. Como si la tarea que le esperase fuese a ser muy importante, casi parecía que vital para él. Por eso no ofreció demasiada conversación durante el viaje.

El viaje se completó en un tiempo record. Si para el 22 de diciembre ya estaban dispuestos para partir, llegaron a la ciudad el día 26, tras hacer varias paradas e incluso llegar a perderse en la frondosa Jungla Esmeralda, arribaron por fin a la ciudad de Feuerheim a través del rio Anaconda.

A partir de ahí, tenían dos opciones. O bien apoquinaban 5.000 terrans por cabeza para cruzar el puente y tener alojamiento en el complejo hotelero Komfort o bien arriesgarse a atravesar el río en algún tipo de barca y posteriormente buscar una posada en la que alojarse, lo cual probablemente no les saldría mucho más barato.

Hiciera lo que hiciera, Dumb se terminaría despidiendo del Mensajero, que pronto les dejó a su suerte y se marchó con el fin de completar aquella enigmática tarea que le había sido encomendada.

La Mesa Estrellada era su objetivo, pero no obtuvo información de ningún tipo. Y para cuando quiso dar media vuelta ya era demasiado tarde. En una posada en la que quizás habría tenido oportunidad de alojarse de no haber apoquinado los 10.000 terrans, el Dragón Ufano, se llevó a cabo una compleja operación de captura, que culminó con más de dos tercios de la patrulla interna de la ciudad comandada por los paganos sodomitas capturada.

El arzobispo Smaer se cubrió de gloria, así como también lo hicieron los obispos honoríficos Jehovannis Bildanus y Yorick Adonis, que además de desempeñar tales cargos en la Eclesia también ocupaban grandes puestos en la política interna de la ciudad. El nombre de Amutza, cabeza de los Amu, también fue muy mencionado y su lealtad consagrada en las calles. Pero poco duro el júbilo. La aparición de los paganos había levantado suspicacias y todo el mundo comenzaba a buscar posibles conspiradores.

Tanto fue así que el mecanismo de tenaza del archipiélago Esperanza se puso en marcha. Y el resto era historia. Si Dumb quería mantener sus ahorros estables en aquella ciudad, era hora de ponerse a trabajar.

Las ofertas no llegaban. Feuerheim era la tierra de los mercenarios, quien más y quien menos si quería sobrevivir, tenía una extensa red de contactos. Dicha red incluía gente como Dumb, pero con mucho mejor currículum y mejor cutis. Así pues, encontrar un trabajo se hizo una tarea ardua para el hiperbóreo tostado.

Justo cuando estaba dispuesto a tirar la toalla, un norgon llamó a su puerta. Un hombre poderoso de la ciudad, en boca de todo el mundo, requería de sus servicios. Su nombre era Amutza, y era apodado por sus enemigos y detractores como El Gran TartaBizco, por sus problemas de estrabismo y de dicción y en relación a su gigantismo.

Para sorpresa de Dumb, el propio Amutza fue quien le dio acceso a su residencia, un viejo palacio un tanto deteriorado. Lo que más le sorprendió fue lo que a todo el mundo que visitaba el Manantial le sorprendía, la exquisitez de su arquitectura y las insólitas formas que el agua era capaz de adoptar. Parecía como si en aquel lugar las reglas de la física no se respetasen lo más mínimo.

La residencia de Amutza había sido remodelada por motivo del gigantismo de su dueño. Dumb se alojó en una antigua habitación anteriormente abandonada, donde él y Katherine recibían todo tipo de cuidados. No eran pocas las ocasiones en las que veían al gigante Amutza pasar frente a su puerta cargado de libros para leer en su habitación.

A pesar de su ojo travieso y de sus problemas para emitir un discurso convincente sin trabarse, aquel hombre era todo un erudito. Cuando cesó de leer libros, un día después de que Dumb se hubiera alojado en su residencia, Amutza les invitó a seguirles a sus aposentos. La altura del norgon sorprendió a Dumb, que apenas le llegaba al alto vientre.

De hecho, aquel hombre sentado era tan alto o más que el hiperbóreo en pie. Una vez se sentó, tanto el hiperbóreo como la súcubo pudieron ver como su escritorio estaba a revosar de todo tipo de apuntes y transcripciones. También había textos en un idioma desconocido para ambos. El norgon comenzó a hablar:



-Bu-bu-bu-eno, bueno, bueno. T-t-ras un día entero en mi casa, prob-ba-proba-probando mi comida y durmiendo en la que era la hab-habb, el dormitorio de mi hermano, creo que sob- que sobr-. Creo que no hacen falta explicaciones. Discul-pa-pa-pad mi tarta-ta-ta-tamudeo. No suele ser tan p-pr-pronunciado, pe-pero me te-te-temo que hoy estoy un poco ne-ner-nervioso.-era bastante cómico ver como con cada tartamudeo sus ojos huían a los límites de sus respectivas corneas, simulando la cuerda de un reloj. El norgon sacó una botella llamada “Psico-aqua” y le dio un buen trago.-Ge-ge-generalmente solo tengo prob-prob… dificultades con las oclusivas. Pe-pero vayamos al g—g-gr-gra… al asunto. Necesito de vuestros servicios, como ya habréis averig-g-averig… descubierto. Estamos a 31 de d-d-di-d… en un d-d-di… El 1 de enero está cerca. Os uniréis a mi guard-d-dia personal. Mañana os esp-pe-pero aquí, en la p-pu-puerta, a las nueve de la mañana. Es muy probable que os sea necesario enfrentaros a la Guardia Dorada y a los Censores. Ap-p-provisionaros de todo lo necesario. Ah, y no le contéis a nadie de esto. Me enteraré si lo hacéis.

Con estas palabras, el gran Tartabizco, o también llamado Amutza II, les despidió de su casa. Sus sirvientes los llevaron a la MediaCiudad mediante un canal, y Dumb y Katherine tuvieron que hacer el camino de vuelta a su domicilio a solas. En medio de dicho camino fueron sorprendidos por una patrulla de hombres que pronto les rodearon. Por los símbolos que sus uniformes mostraban pronto descubrieron que se trataban de los Censores.



De entre ellos, un hombre se acercó a ellos y aprovechó la oportunidad para manosear un poco a Katherine mientras se relamía:



-Deberías ser censurada, cariño.-dijo, de forma grosera.-Pero vayamos a lo principal. Tú, tostadito. Mis espías me han informado de que has estrechado lazos con el TartaBizco. Tanto es así que te ha contratado como parte de su guardia personal. ¿Cuánto de cierto hay en eso? No respondas, mis espías son de los mejores de la ciudad. Así pues, te propongo un trato. Podría matarte aquí mismo como la bestia inmunda que eres, pero en lugar de eso te daré la oportunidad de trabajar para mí. Quiero que vigiles de cerca al gigantón, y que, llegado el momento, le “censures”, si es que sabes a lo que me refiero. Mañana recibirás más detalles. No me falles o libraré al mundo de tu fealdad. Estás advertido. Vámonos, muchachos.

Diciendo eso, los Censores se despidieron y dejaron a Dumb y Katherine a su aire. El resto del día podían invertirlo de la forma en que quisieran. Independientemente de lo que hicieran, la mañana llegaría y con ella las nueve. Encontraron a Amutza y a su guardia en la puerta de su casa. Por extraño que pareciese, el cuerpo de la guardia personal de aquel soberano solo estaba compuesta por cinco individuos, contándolos a ellos. Es decir, además de Dumb y Katherine, tan sólo tres soldados más estaban dispuestos a defender a su líder que, por otro lado, no necesitaba demasiada protección. La cojera de Amutza les obligó a aminorar el ritmo. Diez minutos más tarde, habían recorrido poco más de un kilómetro y estaban ante el Senado. Dumb pudo observar como la guardia de Censores e incluso la Guardia Dorada doblaban si no triplicaban el número de efectivos de Amutza. Para alivio del hipérboreo, su otro contratista no se encontraba allí, pero uno de los guardias de los Censores no dejaba de mirarlo de arriba abajo, intentando llamar su atención de forma disimulada. Antes de entrar al Senado, Amutza se detuvo a hablar con un fallen-norgon bastante joven.

-P-pe-pero si es el joven Brandon.

Aquel joven fallen se acercó a Amutza y lo abrazó. Vestía ropajes dorados, lo que unido a su condición de fallen inducía a pensar que se trataba de un Rahan:



-Mi querido Amutza, sabía qué harías lo correcto. Has de saber que la Eclesia está contigo, incluso están debatiendo el ofrecerte el cargo de obispo.

-Oh, estoy seguro de que sería todo un honor.

Antes de entrar por la puerta, Amutza le dictó un par de órdenes:

-Quedaos aquí hasta que se os indique.

Mientras tanto, el Censor seguía requiriendo de su atención y no dejaba de gesticular.

Tras ser separado de su hermano, Dalos se quedó a solas con Naena, que intento hacer que su preocupación con respecto a Rahn se disipase:




-Tranquilo, querido. En unos instantes Rahn disfrutará de la compañía de mi querida hermana. Es tan impuntual como encantadora, te lo aseguro. Además tiene cierto gusto por la fauna, sobre todo en lo que a aves se refiere. Y me han contado que tu hermano es un experto en ese tema. Seguro que se les pasa el rato volando, ya sabes, intercambiando impresiones y ese tipo de cosas. Pero nosotros tenemos mucho que hacer y muy poco tiempo, así que al loro.-cuando salieron apenas eran las dos de la mañana, y el tour por la ciudad finalizo a las seis.

Naena le enseñó las instalaciones de los Urin. Pasaron por la ciudad media y observaron los generadores Aquaris, que funcionaban gracias a la colaboración de Ipar y Urin. Después visitaron los talleres de artesanía, donde bajo la atenta mirada de supervisores subordinados al escuadrón de Censores de los Bilda, varios individuos de inconmensurable talento llevaban a cabo obras con mensajes eclesiásticos tales como el retrato de Smaer o algún extracto del Evangelio.

Seguidamente, el destino fue el Sanatorio Naena, donde a varios enfermos se les aplicaban técnicas tan innovadoras como insólitas. La técnica estrella, la acuapunctura, había sido resultado de la estrecha colaboración de tres grandes familias; los Bilda, que amablemente cedieron unos textos médicos inofensivos en lugar de quemarlos por no mencionar a Dios, los Amu que se encargaron de traducirlos al común y los propios Urin que aplicaron las técnicas incorporándoles innovaciones.

El resultado era una potente técnica de relajación muscular y mental que era capaz de eliminar todo tipo de trastornos de forma natural, tan sólo aplicando agua de distinta clase y a distinta temperatura y/o presión en determinadas zonas del cuerpo. Paseando por el hospital, vieron a varios pacientes aparentemente felices recibir sus tratamientos. Pero uno de ellos, un norgon un tanto débil, exigía a la enfermera que le estaba atendiendo que le sacase más sangre, aun cuando este ya había llenado al menos tres bolsas. Naena intervino.

-¿Qué sucede aquí?-dijo la lideresa, pero nada más entrar a la sala y divisar al paciente se quedó con la boca abierta.-No puedo creer lo que ven mis ojos. El pequeño Amulot se ha hecho todo un hombre.



-Pero tú estás igual que siempre. Por ti no pasan los años. Ventajas de dirigir una clínica, supongo. Escucha, ¿servís Pyksi aquí? Tengo la garganta un tanto seca.

-Tenemos gran surtido de bebidas provenientes de nuestras…

-Pero no hay Pyksi.

-No, no la hay.


Amulot se encogió de hombros.

-Supongo que algunas cosas nunca cambian.

-De todos modos, divagar sobre eso no nos llevará nada. El pasado es el pasado. Ahora, me gustaría presentarte a alguien muy especial. Su nombre es Dalos, y es el fallen del que te hablé.

-Ya veo. Parece prometedor.

-Vamos a ir al Manantial. ¿Te apetece acompañarnos?

-No debería hacerlo. Son… demasiados recuerdos.

-No deberías huir del pasado. Eso te hace débil, Amulot.

-¿Y qué si lo hace? No fui diseñado para ser fuerte. Tú misma lo dijiste, que tenía que vivir con mis taras.


-Deja ya de lamentarte. En fin, discúlpale Dalos, ha tenido una vida dura. Ahora vayámonos, hemos perdido bastante tiempo ya. No voy a forzarte a que nos acompañes, Amulot, pero que sepas que a Amutza le darías una gran alegría de hacerlo.

-He recorrido todo este camino y he dado mi sangre por él. Ya no le debo nada, y de no ser por esta estúpida barrera ni siquiera estaría aquí.

-Si eso es lo que deseas, no seré yo quien te detenga. Enfermera, haga el favor de llevar la sangre al cargamento. Ya sabe cuáles son sus instrucciones.



Cada uno de aquellos viejos amigos se fue por su lado. Naena y Dalos abandonaron el sanatorio y de una vez por todas accedieron al Manantial mediante una plataforma acuática. Aquel fastuoso lugar donde el agua tomaba formas imposibles (burbujas circulares y estrelladas se movían de un lado a otro, el agua ascendía y se movía de lado a lado, como si el tiempo se hubiera detenido) era el sueño de cualquier acuófilo.



Fuentes de todos los tipos adornaban los fabulosos jardines colgantes que eran habituales en cada casa. Y por fin, la joya de la corona. El Senado, el lugar donde las elecciones anuales se daban. Como las venas a un corazón, varios “mini-ríos” de agua rodeaban aquel edificio. Sus paredes eran esponjosas, debido a su alta composición del líquido de la vida. Y las puertas no eran más que membranas que se amoldaban a la figura de quien iba a traspasarlas.

Mientras los diversos miembros del Senado iban entrando y ocupando sus asientos, Naena llevó a Dalos a una zona apartada, donde a las hembras Urin se les estaba permitido rezar a un sucedáneo de Dios, el señor de los ríos. Dieron la vuelta al edificio y Dalos descubrió que estaba construido sobre lo que antes muy posiblemente habían sido montañas. Un montón de mujeres aguardaban en posición de rezo. Naena entonces se envaró, mirando a ambos lados para comprobar si alguien les había seguido.

-Muchachos, podéis despojaros de las máscaras.

Uno a uno, lo que parecían mujeres se descubrieron como hombres en su mayoría al despojarse de sus túnicas y máscaras.



-Así que este es nuestro muchacho. Sin duda será de gran ayuda ahí dentro. Iparuga, líder de los Ipar, señor de la industria, a tu servicio.

El viejo Iparuga, pese a provenir de una familia de munchkin cruzados con norgon tenía un problema en el color de la piel, que tenía un tono mucho más pálido que la de sus parientes. Quizá por eso solía salir tan poco de su residencia, que había sido durante años el Senado. Había muchas posibilidades que ese día las tornas cambiaran por primera vez en décadas.

Junto a Iparuga, un norgon avanzó lentamente hacia Dalos, pero se dirigió hacia Naena:



-Los preparativos están listos. Los chicos Ipar y yo hemos modificado los estabilizadores e instalado algunos potenciadores en base a los planos que Amutza nos otorgó. Ahora es todo cosa tuya y de tus muchachos.

Diciendo esto, el norgon se retiró junto con el munchkin despechugado y dejaron a Naena y a Dalos a solas con el último individuo.



-Me congratula presentarte a Simbad, el mejor de mis alumnos. No habla mucho, no es su estilo. Ahora, Dalos, sé que te estarás preguntando muchas cosas. Y yo responderé todas y cada una de tus preguntas. Pero primero déjame explicarte a grandes rasgos el porqué de todo esto. Feuerheim es una ciudad constreñida. Constreñida por el arzobispo Smaer, constreñida por los Bilda y su escuadrón de Censores y constreñida por los Rahan y sus lujos que no dejan de atraer especuladores que incluso se atreven a negociar con un elemento tan básico como el agua. Y constreñida por el viejo Adonis, que ha llevado la ya de por sí inherente corrupción de los Arquitectos a límites insospechados. Hace unos días, como bien sabrás, las puertas se cerraron a razón de la captura de los paganos. La Eclesia se confío, los Bilda se confiaron, y los Rahan están tan ocupados “protegiendo” a sus clientes de los altercados ciudadanos que no se enterarían de nada aunque quisieran. Pero dos paganos sobrevivieron a la Eclesia. Uno de ellos está vivo y coleando y tiene pensado colaborar con nosotros, el otro nos llegó tan perjudicado que tuvimos que sacrificarlo. Pero no sin antes sernos revelados sus planes. Los planes de los paganos eran simples; sumergirse en el río Anaconda, dónde está localizada la puerta cardinal, y eliminarla desde ahí abajo, sin ser vistos por ninguna patrulla eclesiástica hasta que fuese demasiado tarde. Lo considero un buen plan, pero no voy a tolerar que los sodomitas, esos orgullosos perros sarnosos que tantas vidas han arrebatado, sean calificados de libertadores. Ese calificativo nos corresponde a los propios habitantes de Feuerheim. Te hablo de independencia, Dalos. Hoy se celebran las elecciones anuales, pero nuestros opositores, esos sucios Rahan y Bilda, no sobrevivirán a ellas. Está todo pensado. No puedo revelarte muchos detalles, pues yo tan solo soy una parte específica del operativo, pero sí sé que te necesitamos ahí dentro. A grandes rasgos, nuestro querido Simbad, aquí presente, cambiará el curso del agua que se mueve entre y por el Senado. Según fuentes fidedignas de las antiguas escrituras, eso debería activar un mecanismo, que liberaría el agua en una especie de torrente. Aquí es donde entras tú, debes introducirte conmigo en el edificio y, con mi ayuda, intentar detener el curso de las aguas el mayor tiempo posible para que nosotros podamos escapar. No temas, te verás ayudado por los mecanismos que Iparuga ha instalado en los últimos días y por los empalmes de los Arquitectos. Sólo necesito saber dos cosas; querido Dalos. La primera es si me ayudarás, y la segunda es, en caso de que la repuesta a la primera sea afirmativa, si puedes hacer lo que te pido. Solo si estás conmigo podré darte más información.

Al margen de todo eso, las grandes familias como los Bilda, los Amu o los Rahan estaban tomando posiciones mientras sus respectivas guardias ocupaban la parte externa del edificio. Lo destacable era el gran número de individuos fieles a la Eclesia frente al limitado número de las demás familias. Era evidente que aquella tertulia no iba a saldarse sin derramar la sangre de sus interlocutores.

Alexander Gold recordaba. Y ese era su peor castigo. Neptune estaba tan traumatizada por lo sucedido en la ciudad de los humedales que no era la misma. Había momentos en los que su jovialidad se sustituía por una profunda depresión. Y en Eonburg no estaban seguros, eso había quedado más que demostrado. Así que, cuando Misda, el hijo de Damsi, les ofreció la oportunidad de marchar con él a Feuerheim no se lo pensaron dos veces.

El fallen se dirigía a Feuerheim, la ciudad del Río Anaconda. Y ya fuera por aburrimiento, por necesidad o porque Neptune le había cogido cariño a aquella familia, decidieron seguirle. El fallen gastó todos sus ahorros de aniversarios en alquilar una habitación en la cadena hotelera Komfort, una fastuosa red de hoteles con muy buena reputación.

Decidieron ir de la forma cómoda en lugar de arriesgarse a morir presa de los animales salvajes de la Jungla Esmeralda. Así pues, a pesar de que partieron el 20 o 21 de diciembre, no llegaron a Feuerheim hasta el 29, después de pasar por Ojo de Dioses y las Aldeas Kzul. Una vez allí, las puertas estaban cerradas para ellos. Pero Misda estaba dispuesto a intentar entrar, aunque tuviera que sobornar a un par de guardias.



-No pienso irme de aquí así como así.-dijo mientras avanzaba hacia una pequeña ventanilla desde la cual los soldados vigilaban.-Eh, muchacho. ¿Quieres hacerte rico?

El guardia rió e intentó apartar al fallen de un manotazo a través de la ventanilla. Cuál fue su sorpresa al descubrir que, al entrar en contacto con el fallen, su guantelete desgastado se había transformado en un guantelete dorado.

-Puedo darte más si abres la puerta.-y así fue como el guardia cayó en la trampa del fallen, que después de que este abriera la puerta rápidamente hizo un movimiento y le palmeó el rostro. Rápidamente, entre gemidos de dolor del fallen y gritos de auxilio del soldado, una estatua de oro se formó.

Exhausto, el fallen le pidió a Alexander que le ayudara a cargarla ante la atónita mirada de Neptune.

-No os preocupéis, sigue vivo.-aunque, de todos modos, no había forma de saberlo.

Atravesaron el corredor interno de la muralla. Ahora sólo tenían que salir del archipiélago Esperanza. Para lograrlo, utilizaron la estatua del primer guardia para sobornar a otros tres, que diligentemente les condujeron hacia una barca oficial con la que pudieron salir de la muralla.

Y así lo hicieron, los soldados se quedaron con la estatua de oro y tanto los Gold como Misda consiguieron entrar en la ciudad. Los alojamientos habían sufrido un sobrecoste con el cierre de las murallas. El fallen les ofreció alojamiento y ellos tan solo tendrían que pagar la mitad del coste total (10.000 terrans). De lo contrario, tendrían que buscarse la vida y pocas posadas no abarrotadas quedaban con la ciudad en ese estado.

También les ofreció un contrato. El fallen tenía negocios en la ciudad, y les ofreció, más por caridad que por otra cosa, que participaran en ellos. De hecho, se mostró interesado por las habilidades de Alexander referidas al juego. Si aceptaban su oferta, acudirían a la reunión que el fallen había planeado. Para su sorpresa, dicha reunión tenía lugar en el Banco de los Rahan.

De todos los lugares de la ciudad, Alexander no pensaba que acabaría en un banco. De todos modos, el orgulloso Misda entró en el lugar como si lo poseyera, ordenando a los funcionarios del banco que lo llevasen hasta el gerente de aquella sucursal específica. Lo peor de todo fue que los funcionarios se lo creyeron e hicieron caso de sus ruegos.

Le condujeron hasta una cámara sellada. Introdujeron una contraseña y la puerta se abrió. Sorprendieron a un hombre tuerto “empolvándose la nariz”. “Papá, ¿Qué está haciendo ese hombre?”, preguntó Neptune, con toda la inocencia que era capaz de mostrar aquella niña piromántica.

El hombre dejó de esnifar su querida sustancia y empezó a proferir todo tipo de gritos.

-¿Quiénes son estos y que hacen aquí? FUERA DE MI VISTA, ME CAGO EN LA PUTA.


Misda se sacudió las manos de los sirvientes que le agarraban e instó a aquel hombre a que le hiciera caso.

-¿Qué es lo que más desea en el mundo, señor…?

-Mammon Rahannis. ¿No ves dónde estoy? Soy el director de la sucursal más prestigiosa de este banco. Nado en billetes. ¿Qué es lo que podría desear?

-Puedo hacerle asquerosamente rico. Tan rico que las reservas de todo el mundo palidecerían en comparación. Si acepta mis ruegos y peticiones, le aseguró que cuando le recompense será capaz de comprar la mismísima Eclesia si así lo desea.


El fallen tuerto indicó a los sirvientes que se fueran y cerraran la puerta tras de sí. Después, agarró un vaso de vino y comenzó a pasearse por la sala mientras con el dorso de la mano se limpiaba la nariz.



-Y como puede ser eso, pequeño arrogante.

-Se lo demostraré. Lánceme un objeto del que pueda prescindir.

El señor Mammon lanzó una bola de papel a Misda y este lo interceptó con la mano derecha, en la que llevaba un guantelete de exquisito diseño, hecho completamente de oro. No obstante, solo constaban de dos dedos, y los otros tres parecían haber sido arrancados. El papel arrugado pronto se transformó en una pequeña pelota de oro, que cayó al suelo haciendo gran estropicio. La boca de Mammon se abrió cual buzón.

-Reconocería ese guantelete en cualquier lugar. Es la mano de los Rahámidas.

-En efecto. Y uno de sus dedos será vuestro si accede a mis peticiones.

-¿Qué son?

-Quiero liberar esta ciudad de la tiranía de la Eclesia. Pero necesitaré un ejército. He oído que el líder de esta sucursal controla la porción más suculenta de la Guardia Dorada, encargada de proteger la reserva de oro de la ciudad. Entrenados para dar su vida defendiendo su cargamento. Nunca derrotados. Ninguno de sus miembros ha perecido. No sé qué paso con nuestra rama familiar, ni porqué fuimos exiliados. Pero lo que sí sé es que las cosas han cambiado. Cosas me han sido mostradas. Y sé que en esta ciudad se va a llevar a cabo un gran golpe. Un golpe al que los Rahan no sobrevivirán de elegir el lado equivocado.

-¿Y qué lado es ese?

-El que habéis estado siguiendo hasta ahora.

-¿Y qué me impediría denunciarte a la Eclesia ahora mismo?

-Lo que me impide a mí transformarte en una estatua de oro. Respeto mutuo y asociación.


Mammon rió a carcajadas.

-Está bien, que quieres que haga.

-Necesito que dividas a tu ejército y que lo infiltres tanto en la guardia de la ciudad como en la guardia personal de Rahansey. Los primeros se dedicarán a asesinar a los eclesiásticos más cruciales para la defensa de la puerta. No sé quiénes son, pero sí sé que tú lo sabes. Los segundos deben dar muerte a Rahansey.

-¿Y por qué iba yo a matar al joven Brandon?

-Por qué es un hijo de puta decadente. No, es coña. No lo conozco, ni siquiera sé quién es. Pero dudo que mire con buenos ojos nuestra asociación, y no quiero perder el tiempo intentando convencerle. Pero bueno, sigamos. Hoy utilizaré mi tiempo para intentar descubrir quien está organizando el gran golpe y con que fines. Porque ha de haber alguien deseando librarse del cáncer eclesiástico. Daría mi mano. Ahí es donde entráis tú y tu hijita, Alexander. Vuestro trabajo es simple. Tenéis que ser mis ojos y mis oídos en el derribe de la puerta. Eres un hombre buscado de todos modos, fue por eso por lo que nos conocimos, así que de todos modos da igual echar un poco más de leña al fuego.

-Solo una pregunta más. ¿Por qué haces esto?

-La libertad, el dinero, la gloria, la venganza o las mujeres. Elige la que más te convenga. No soy un hombre de ideales.

A partir de entonces y gracias a Mammon todos se alojaron en el hotel Komfort. Y al día siguiente, 1 de enero, a Alexander el destino le tenía reservada una pequeña sorpresa.

Su instinto le despertó. Había alguien en la cocina de su habitación. Alexander agarró su espada y la blandió, con el objetivo de neutralizar al visitante inesperado. Cuál fue su sorpresa cuando descubrió un rostro conocido en aquel visitante. Una mujer altea bien ataviada estaba cocinando un par de huevos en la cocina.

Alexander se quedó observándola unos instantes, y vio como la mujer servía los huevos de la sartén en dos platos.

-Neptune, cariño, ya está el desayuno.-gritó. La hija de Alexander entró corriendo en la cocina, topándose con su padre y haciendo que ambos se cayeran. Solo debido a la suerte nadie sufrió daños derivados de aquella espada que hasta hace unos instantes Alexander estaba sosteniendo. Fue su hija quien le ayudó a levantarse.

Su cuñada, Lila Siralos, se le quedó mirando. Llevaba un pijama corto que poco dejaba a la imaginación, a pesar de ser invierno. Al ver la espada de Alexander, Lila le pidió disculpas:


-Lo lamento tanto, Alex… Nunca me acostumbraré a verte… así, como un hombre “peligroso”. Para mí siempre serás aquel currante inofensivo. Tenemos… tenemos mucho de lo que hablar. Por favor, Neptune, déjanos a solas.-una vez la niña obedeció, Lila siguió con su discurso.-Llevo mucho tiempo enfadada contigo. Tal y como dejaste Ojo de Dioses y la muerte de mi querida hermana se produjo, lo lógico era pensar… pues eso, que tú la habías matado y que habías raptado a tu hija. Eso fue lo que pensé las primeras semanas, y decidí investigar tu caso después de enterrar a mi hermana y recuperarme del luto. Lo primero que vi fueron cosas que no cuadraban. No te diré cuales por dos motivos; te aburriría y revelaría datos que mi juramento no me permite revelar. Pero has de saber una cosa, te he estado siguiendo. Pedí el traslado a un monasterio cercano a Eonburg, donde averigüe que vivías. Y ví lo que hacías con mi sobrina. Te seré sincera, Alexander. Ese modo de vida no es el adecuado para una joven como Neptune. Tiene que educarse, convertirse en una señorita. Y no arriesgar su vida acompañando a su padre a las catacumbas de Eonburg, por ejemplo. Sí, te seguí hasta allí. ¿Sorprendido? Aunque he de admitir que últimamente te he perdido la pista, fui trasladada a Feuerheim a mediados de diciembre y desde entonces he estado trabajando para el arzobispo Smaer en calidad de secretaria. Pero ese no es el motivo por el que estoy aquí. En realidad hay dos. Uno de ellos es pedirte, o más bien exigirte, que me cedas la tutela de Neptune. Es un ultimátum, Alexander, y siento ser tan dura contigo, sé que la culpa no es tuya. Pero Neptune necesita una vida normal, y yo pienso proporcionarle lo más cercano a eso que va a poder encontrar. Si quieres recuperar su tutela deberás dejar que la justicia actúe y mostrar la buena voluntad de someterte a un pequeño interrogatorio. Estoy seguro de que las cosas se aclararan, y yo mismo velaré porque no te suceda nada malo en el proceso. Aunque yo también he de sincerarme. Los motivos de mi visita no son enteramente personales. Verás, voy a serte franca. Hay testimonios y grabaciones de tu pequeña visita a la muralla junto a un fallen. No me interesa en que estabas pensando, solo quiero que me respondas a una única pregunta. ¿Estás de algún modo u otro relacionado con los paganos? Y, ¿Qué demonios quiere ese fallen? A no ser que tú seas el instigador de toda esta operación, en cuyo caso te ruego que no intentes nada. Por el bien de tu hija y el tuyo propio. Mi escolta está en la puerta.


FDI:
Me congratula presentaros este evento. Yo, obviamente, seré el master. Ahora unas aclaraciones, los turnos serán más largos que en las aventuras normales (10 días de media). Si respondéis pronto puede que yo también lo haga, así como también a la inversa.

Respecto al post en sí, habéis de entender que era bastante difícil en terminos argumentales meteros a todos en este evento, así que os he dejado creo que libertad suficiente para interpretar vuestras motivaciones para llegar hasta allí.

En cuanto a los temas de las aventuras en curso, a medida que vayais obteniendo datos en esas respectivas aventuras podéis hacer un recuerdo de ellos en este evento, pero procurando no adelantar acontecimientos.

Finalmente, os paso un eje cronológico y algunas aclaraciones.
EJE CRONOLÓGICO:

-26 de diciembre (noche): El comando Anaconda y varios comandos más de paganos de Sodoma son capturados y/o neutralizados.

-28 de diciembre (noche) - 29 de diciembre (mañana): Tras deliberar sobre la situación de la ciudad, la Eclesia decide cerrarla para evitar que los supervivientes huyan o que reciban cualquier tipo de refuerzo del exterior.

-31 de diciembre: La asamblea del Senado de Manantial tiene lugar, pero es aplazada debido a desavenencias entre sus participantes.

-1 de enero: Fecha actual.


Con respecto a vuestros personajes, un par de aclaraciones:

-Los que tenéis transtornos relacionados con la pérdida de memoria; esto es consecuencia directa de vuestra trama, así que no podéis ir "recuperando" recuerdos tan a la ligera, sino cuando yo os indique que es el momento.

-Podéis alojaros mayormente en dos "hoteles"; el hotel Komfort, lujoso y con ventajas y El Dragón Ufano, una taberna de poco coste pero de mala muerte. Vosotros decidís que anteponer; la salud o el dinero.

Creo que no me dejo nada (aunque seguramente lo haga). Cualquier problema podéis contactar conmigo via MP o por el mismo foro.

Un saludo y divertios.

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Re: [EVENTO DECISIVO] "El líquido de la vida" [Feuerheim, 1 de Enero - 898 d.G]

Mensaje por Alexander Gold el Dom Jun 21, 2015 11:46 pm

La gran confianza en mí mismo, había descendido drásticamente desde lo ocurrido en Eonburg; en verdad, me sentía como un inútil y como una persona incapaz de proteger a mi niña. Puedo decir, sin temor a equivocarme, que no hay dolor más grande para un padre que el ver a su hija dañada física y en mayor medida, psicológicamente; la actitud de “niña buena y sensible” que tenía Neptune, además de su deseo de ayudar a los demás sin importar que, había cambiado.
No soportaba ver como su felicidad se marchitaba en el pantano, como una flor que es cubierta por una capa de lodo “Si aquella linda pelirroja con la que viva hace ya varios años, estuviera aquí, de seguro me castigaría en gran medida; y yo lo aceptaría, pues no le falta razón, no se puede llevar a una niña a un mundo tan peligroso como el que es Terra”.

Por estas razones, cuando el hijo de aquel viejo fallen, el cual se llamaba Misda (cosa que me hiso notar la poca imaginación del Señor Damsi) me ofreció ir junto a el a una ciudad llena de agua y un poco de tranquilidad a pesar de los enfrentamientos socio-políticos, acepte sin pensármelo; así emprendimos la marcha a la ciudad de los ríos y fuentes de agua. Primero pasamos por la gran “Ojo de dioses” lugar donde, apenas dilucidarla en la distancia, me agarre del pecho y caí de rodillas al suelo mientras sollozaba “¿Porque el destino insiste en hacernos recordar las malas cosas del pasado, recordar a los que se fueron y las cosas que perdimos? ¿Que ser todopoderoso juega con el destino para causarme sufrimiento a mí y a las demás personas en general? ¿Sera que dios mismo me odia?...No, debo dejar de pensar en eso, me enfrente al demonio y este me quito a mi esposa y mi vida en general; no fue una obra de un ser de luz como metatron o el señor, sino un ser de plena oscuridad en su alma” Siempre he sido una persona religiosa, por eso sentía repelús al ver los ojos de mi anterior jefe, ojos que reflejaban al demonio; y ahora, aunque la Eclesia me persigue, siento que es una prueba de dios para juzgar a Terra y juzgarme a mí mismo, quizá por errores de mi pasado, quizás porque peque sin saberlo; en verdad no lo sé, y estoy muy cansado como para averiguarlo en este viaje.

Luego de mi reflexión teológica cuando pasamos por “Ojo de dioses” siguieron las aldeas Kzul, un sitio pintoresco cuanto menos, lleno de indígenas y salvajes por todos lados “Ojala la Eclesia ni los paganos u otra identidad social similar no afecte este lugar, puesto que la naturaleza y cultura de los orígenes que irradia es muy hermosa” ese lugar hasta logro hacerme sonreír  por un momento, al mismo tiempo que cerraba los ojos; sentía que, a pesar de que la gente desinformada si no se cuida no dura ni una hora allí, el sitio me agradaba.
Finalmente, luego del extenso viaje, llegamos a la ciudad donde se encuentra el famoso “Rio Anaconda”  Pero para nuestra sorpresa, las puertas de la ciudad estaban cerradas “¿Que ha pasado aquí? Se supone que, según palabras de este Fallen, las puertas siempre están abiertas por ser una fuente de ingresos para la ciudad; por eso, puedo deducir que el motivo para cerrarla, cosa que haría decaer notablemente, aunque no mucho para desestabilizarla, a la economía de este lugar; debería ser una catástrofe, una guerra, o cosas así” Pensaba esto al mismo tiempo que me tomaba la barbilla con la mano derecha y sostenía el codo de ese brazo con la mano izquierda.

A pesar de este inconveniente, el Señor Misda estaba dispuesto a entrar de todos modos; así que avanzo hasta una ventanilla por la cual algunos guardias miraban. Al ver esto, un guardia extendió su mano a través de esa abertura en la puerta e intento apartarle; pero para sorpresa de todos los presentes, menos el Fallen, el guantelete desgastado de aquel guardia quedo hecho de oro “Vaya…ese es el mismo poder que uso el Señor Damsi contra los parroquianos de “El duende alegre” que nos atacaron” fue lo que pensé al ver esto, mi cara reflejaba intriga, mientras que la de Neptune reflejaba una gran sorpresa.  

Luego de ofrecerle más dinero, el guardia abrió la puerta muy ilusionado por esa oferta; ya me imagino cual fue su sorpresa al recibir un golpe por parte de ese fallen que lo dejo convertido en una estatua de oro “Este tipo no es de fiar, traicionar a alguien así…Nada me indica que no pueda ser el siguiente” Este pensamiento me hiso confiar mucho menos en ese hombre, a pesar de que mi hija estaba maravillada.
-Diablos, eso fue impresionante, ese poder sería muy útil para cualquier hombre de la alta sociedad jeje- Esto dijo Neptune al mismo tiempo que corría para ayudar a aquel hombre exhausto. La situación era rara, yo pensaba que le había asesinado, pero según aquel fallen ese hombre seguía con vida; esto basto para que yo también le ayudara a cargar la escultura humana.

Sea como fuere, ya estábamos adentro de esa ciudad; así que luego de atravesar el corredor que  había en la muralla, faltaba ir a un lugar en el cual podríamos hospedarnos. El fallen que me había guiado hasta aquella ciudad no me dio varias opciones, tan solo eran 3 para ser precisos; una de ellas era pagar la mitad del coste, el cual eran 10.000 terrains
-Hombre, no estoy hecho de oro, lo siento pero no puedo pagar eso- Fue la respuesta que obtuvo de mí; la otra era buscarnos la vida en otro lugar, cosa que me sería muy difícil por la condición en la cual estaba aquella ciudad –Ehh… ¿No tienes algo más? - Fue lo que dije mientras me agarraba de la nuca con la mano izquierda. Me esperaba que se riera de mí por eso, o que lo tomara como una broma de mal gusto, pero me dio otro trato diferente, el cual consistía en que participaría en uno de sus “negocios” a cambio de poder quedarme y como era de esperar de mi, acepte sin dudarlo.

Pensaba que la reunión a la que ese fallen tenía que asistir seria en un edificio abandonado, o en alguna parte de los ríos de la subciudad o incluso llegue a pensarme que sería en una especie de lugar oculto en el  “Mercado biológico” lugar muy nombrado por los ciudadanos; pero sin lugar a dudas, no me esperaba que fuera en un banco “Al parecer esto será tan solo una estafa a una persona con mucho dinero, vamos, que no soy idiota para no darme cuenta de que ese es el único motivo para llevarme allí” Era lo que pensaba, aunque no sabía cuan equivocado estaba.
Al entrar, el tipo que me llevo hasta allí, les rogo a los empleados de aquel lugar que lo llevaran hasta el gerente de ese lugar; a lo que estos respondieron positivamente, haciendo caso a sus peticiones. Estos nos llevaron hasta una cámara sellada con una enorme puerta que requería una contraseña para abrirse, luego de que los empleados de ese lugar la ingresaran, esta se abrió y pudimos ingresar; dentro de ese lugar había un hombre tuerto que estaba obviamente consumiendo un tipo de droga por la nariz “¡eh! Otro sin ojo” pensé divertido por aquel detalle; aunque me sorprendí también por la demostración de infantilidad de mi hija, aunque también me alivie porque no lo supera.

-Ehh...esta…- mientras pensaba me rascaba la frente con confusión, hasta que me di cuenta de que responder, aunque cuide de decirlo en un tono en el cual solo la pequeña escuchase- Está tomando su medicina para la nariz- era una excusa terrible, pero podia colar por la edad de la pequeña.
-ohh…vale- Me respondió con una notable sonrisa “Empiezo a pesar que tu inteligencia es demasiado variable según la situación hija mía” fue lo que pensé al escuchar que acepto mi explicación. Aun así, el sin ojo parecía molesto por nuestra inesperada visita a su bóveda y pedía a gritos de enfado que nos largáramos rápidamente de ese lugar; por esto los sirvientes nos sujetaron, dispuestos a sacarnos a patadas de aquel lugar, pero el fallen recurrió a su clásico truco de preguntarle al gerente si  quería hacerse más rico de lo que nunca pensó. Debo admitir que era una oferta muy difícil de rechazar y el hombre del parche no fue la excepción a esa regla; por lo que les dijo a los guardias que se retiraran mientras cerraba la puerta, agarraba una copa de vino y comenzó a pasearse por la sala.

El curioso director del banco le pidió al Fallen una demostración de lo que decía era verdad, por lo cual este le pidió que le lanzara algo que no le sirviera; ante tan peculiar petición, ese hombre le lanzo una bola de papel que tenía hace unos momentos sobre su escritorio. Luego de que el fallen la atrapara con un guantelete a su medida hecho de oro, esto causo que la bola de papel quedara, para sorpresa del dueño del lugar, hecha de oro. EL gerente adjudico esto a un objeto llamado “La mano de los Rahámidas” nombre que procure recordar más tarde; por esa demostración de un poder que podía hacerlo rico, le pregunto como podía tenerlo y cuáles eran las condiciones.
El trato ya estaba casi hecho, así que Misda le planteo las condiciones, estas parecían no caerle tan mal al director de ese lugar ya que tan solo era que le prestara a unos soldados que tenían fama de invencibles; pero al contrario a mí me desagrado escuchar que quería “liberar esta ciudad de la tiranía de la Eclesia” y necesitaba que esos soldados “asesinaran a los eclesiásticos más cruciales para la defensa de la puerta”, que tenían que “dar muerte a Rahansey” y que yo y mi “hijita” como le dijo el, tendríamos que “Ser sus ojos y oídos en el derribe de la puerta” alegando que de todos modos era un hombre buscado por la eclesia; lo que había hecho ese fallen era una mala elección de amistades, pues la idea no me gustaba ya que, a pesar de se perseguido por esa institucion, no era capaz de estar de acuerdo con el hecho de matar a alguien, sea pagano o eclesiastico, a menos que mi vida o la de Neptu corriera peligro.

Gracias al trato con el gerente de ese banco pude alojarme en un hotel bastante agradable y cómodo; pero parece que dios tenía otros planes para mi destino, parecía como si me hubiese elegido a mí para evitar aquel acontecimiento, pues esa mañana una persona que no me esperaba ver, salió a mi encuentro.  Cuando me desperté esa mañana escuche como alguien estaba en la cocina de mi habitación, pensé al instante que se trataría de un ladrón o una persona que buscaba dañarme de algún modo, por lo que tome mi espada y avance lentamente hasta la puerta que daba acceso a ese lugar; Pero mi sorpresa fue cientos de veces mayor que la ves que vi como Damsi convertía a los parroquianos en estatuas de oro, al observar que la mujer que me esperaba era nada más y nada menos que mi cuñada Lila Siralos

-Li-li-li-li-li…- era lo único que podía decir mientras estaba paralizado del asombro; creí que esto era normal ya que se suponía que ella estaba en la cámara hermética, lugar que según yo funcionaba como bóveda de información, imposibilitándoles a sus miembros la salida. Pero no, allí estaba ella, preparando un par de huevos en una sartén; aunque por mi sorpresa no me percate que llamo a mi hija, la cual entro corriendo a la sala, tirándome al hacer eso. Por simple acción de la suerte o el destino, mi espada no lastimo a ninguno de los 2, así que sin lamentarse esa altea la tomo mientras se disculpaba conmigo.

Le pidió a mi hija que se retirara ya que tenía que hablar conmigo, ante esto la pequeña se retiró de la habitación. El principio de su discurso me lastimo un poco, ya que era lo que todos mis compañeros en “Ojo de dioses” pensaban, que yo había matado a mi amada, raptado a mi pequeña y huido de ese lugar; pero Lila era diferente, ella decidió investigar el caso “Si el hacerlo no generara la situación mas incomoda del mundo podría hasta besarte” era lo que pensé mientras ponía una sonrisa al ver eso. Según  ella, había encontrado que algunas cosas de esa historia no encajaban con la versión “oficial” aunque no quiso revelármelos; lo siguiente que dijo, fue que me estaba siguiendo el rastro hace mucho tiempo, incluso había visto el incidente en las catacumbas de Eonburg, lugar donde me encontré con el “Señor bestia” por primera vez.

Si lo que decía era verdad, entonces significaría que ella conocía como había madurado mi hija en tan poco tiempo, pero también estaba consciente de los peligros que corría a menudo; cosa que confirme con lo que me dijo…y era lo peor que podía pensar, me pedía que le ceda la tutela de la pequeña Neptune y si quería recuperarlo, tendría que dejar que la justicia vea que hacer y someterme a un pequeño interrogatorio “Mierda, conozco a la Eclesia y sé qué clase de “interrogatorios” hacen…esa clase de interrogatorios que causan extrañas y misteriosas desapariciones…” esto era lo que pensaba mientras escuchaba la oferta, no era mala, pero suponía arriesgar mucho por lo más cercano a una buena vida para mi niña.
Termino su discurso mencionando que sabía de lo que paso en la puerta con el fallen y quería saber que estaba tramando; la oportunidad de reincorporarme a mi vida normal estaba frente a mí, tan solo un idiota la desaprovecharía y con lo que sabía, estaba seguro de que los eclesiastas me cogerían cariño. Por eso, poniéndome una mano en el pecho y soltando un suspiro, le respondí.

-Querida Lila, debes de saber que en mi corazón aún hay amor hacia el señor, metatron y sus ángeles; a pesar que la eclesia me persigue yo sigo fiel a ellos, lejos de lo que piensas, me duele cada día el hacer las cosas que hago para sobrevivir. Así que aceptare pasarte la tutela de mi pequeña a ti, sé que tú le darás la vida que se merece, siempre he admirado las cosas que has logrado alcanzar…por eso sé que no puedo desconfiar de ti; Además, ese fallen pidió mi ayuda en un “negocio” que tiene, un golpe a la eclesia al cual me negué a participar…- En el momento que dije esto le sonreí-… Pero se los detalles y el cómo evitarlo, además de quienes son los implicados que la Eclesia podrá castigar; ten por seguro de que los ayudare a evitar que unos idiotas dañen a la santa institución, pues sé que solo el creer en dios salvara mi alma de la ira de sus sirvientes y oponentes que me persiguen- Termine mi respuesta antes sus palabras con una pequeña reverencia.

Pero para sorpresa mía o de los 2, Nepune golpeo la pared de ese lugar con una cara seria, parecía molesta por eso, pero sus ojos llorosos y el temblor de su boca demostraban que estaba triste e intranquila – N-no….no quiero….- fue lo primero que dijo mientras se acercaba a su tía y la miraba algo enfadada- No quiero separarme de el…es el único que me queda  de mis 2 padres desde que mamá murió…en verdad sé que tu cuidaras de mí, ¡pero no es lo mismo!– Lo último que le dijo casi lo grito, aunque por la cara que puso luego se ve que no quería hacerlo- Perdón, pero en verdad no quiero separarme de él, me volví fuerte por estar a su lado y no quiero que se vaya…prométeme que esos hombres no le harán daño o…o…- dijo mientras tomaba el mango de su espada con la mano derecha, mientras que con el dorso de la izquierda se sacaba el agua de los ojos- Prometo que no seré responsable de mis actos que siguán a eso

Neptune y Siralos, sus nombres fueron curiosamente basados en un cuento sobre 2 guerreros, el primero, irónicamente, poseía el poder de controlar las aguas a su favor; mientras que el otro tenía el poder de controlar las llamas que podía encontrar. Este es un dato curioso que Daniela nunca me explico...” este pensamiento siempre había estado incrustado en mi cabeza y jamás le encontré una explicación lógica. Aun asi, avance hasta mi hija y la tome de los hombros, haciendo que esta dejara de ponerse en guardia y dejara sus brazos colgando a los costados de su cuerpo; le di un beso en la frente mientras le daba una sincera sonrisa, aunque también sentía como mis ojos se humedecían un poco.

-Neptune, he estado junto a ti un laaargo tiempo, pero ambos sabíamos que este modo de vida no era el adecuado para una niña- En ese momento fui interrumpido por Neptune, la cual me grito

-¡Pero no soy como las demás niñas!- Ante esto solté una pequeña risa, cosa que logro hacer que se calmara un poco

-Descuida, volveré una vez termine una cosa que tengo que hacer, Lila es buena y cuidara de ti, cosa que no pude hacer…y si no quieres creerme, tan solo recuerda lo que paso en Eonburg- Al terminar de decir esto, me dirigí a la puerta para salir de aquel lugar, con dispuesto a ir con el escolta que me nombro Lila.
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Re: [EVENTO DECISIVO] "El líquido de la vida" [Feuerheim, 1 de Enero - 898 d.G]

Mensaje por Dumb el Lun Jun 22, 2015 9:08 am

Se sentía raro. No era tonto, o quizá lo era un poco, no mucho. Sí, estaba olvidadizo, no recordaba absolutamente nada respecto a su misión. Si recordaba los detalles hasta los de su… extravagante empleador. Ni él, ni su compañera recordaban absolutamente nada. Era extraordinario, cuanto más, y en ciertos momentos le hacía dudar aún más de la veracidad de su memoria. Habían ido hasta allí en busca de respuestas, y en vez de respuestas, obtuvieron más interrogantes. Todo eso costaba tiempo, y el tiempo por consiguiente es dinero. Tiempo que podrían haber gastado en trabajar como les era debido, y por consiguiente tiempo que les habría asegurado el ingreso diario o semanal en terran contantes y sonantes. Y lo único que había obtenido en su lugar, eran nombres, la “Mesa Estrellada” y “Feuerheim”, una ciudad al extremo sur del continente a la que no se atrevido a llegar todavía.  

Ciertamente, podría haberle preguntado a su empleador algo más. Pero el hiperbóreo tenía ya en mente que aquél ser con apariencia de hombre y batracio no iba a propinarle la información concerniente a los hechos, si no que lo enviaría a tomar por culo de manera enigmática y más bien educada. Cosa que a Dumb lo molestaba todavía más, según decía en la conversación que llevaba a señas con su compañera.

Es mejor que me digan ‘vete a la mierda’ de frente y como buen ciudadano a hacerlo de forma rebuscada. Comentó el hiperbóreo. Lo cierto es que al menos su magnífico jefe había facilitado de cierta forma los sucesos, ya no iba a vagar sin rumbo en busca de un objetivo. La mesa estrellada, feu… feugüe…feugüerjeim… Y este gilipollas del Mensajero haciéndonos de guía, bonita combinación de viaje. Siguió pensando. Lo cierto era que debían llegar antes del día 26 de diciembre. Era fecha 22. Miró con asombro y casi halándose de las inexistentes greñas al mapa al ver que la ciudad estaba a mínimo una semana de viaje a pie, sin alargarse a perderse en la jungla por su mal sentido de la orientación. Era cierto que por lo menos el Mensajero los esperaba  a las afueras de la ciudad el mismo día, y aprovecharon las crecidas de los humedales y los lagos para ir en bote desde Eonburg hasta el Río Anaconda, y de ahí descender a toda velocidad sin cambiar medio de transporte. Un método que dejó tullidos a ambos guerreros embutidos como carne procesada en sus armaduras. El Mensajero tenía otras labores además de sus honorarios, parecía que su empleador era cliente común de aquel norgon de divertido acento y poco agraciada forma de hablar y flirtear con su compañera, pero Dumb estaba de cierta forma satisfecho con los servicios, en cambio no con el que los brindaba. Para su suerte el mismo no estaba tan hablador como lo era cuando se conocieron. Quizá había aprendido la belleza del mutismo, como Dumb.

El viaje, lo completaron en tiempo record, a pesar de perderse en varias oportunidades en la Jungla Esmeralda y demás paradas a lo largo de la travesía, el día 26 ya estaba lo suficientemente dispuesto a desembarcar en la ciudad. Tal y como estaba concebido, estaban dispuestos a gastar cuánto fuese necesario en aquél viaje, tras separarse del Mensajero y haber dado en razón de peaje 10,00 terrans, cinco mil por cada uno, y pudieron alojarse en el hotel Komfort, la franquicia de mayor “calidad” en la ciudad, lo que no era precisamente barato, pero sí la opción menos arriesgada.

Lo cierto es que de la Mesa Estrellada  nula información habían lograda recavar, y conforme transcurrió poco tiempo y quisieron dar marcha atrás, una redada en una posada de mala peste desarticuló un operativo sodomita y dio paso a que el arzobispo Smaer, se cubriese de gloria. El gilipollas de Smaer, aparte de ser imbécil es muy megalómano el cabrón. Se quejó el hiperbóreo chamuscado cuando se dio cuenta de la noticia. El júbilo era intenso, pero la zozobra siguió en la población lo que obligó al “gilipollas de Smaer” a accionar un complicado mecanismo que llamaban “la tenaza” lo que cerró la ciudad a todo el mundo exterior durante un tiempo no determinado. Su búsqueda no había dado frutos, y el dinero tampoco era interminable. Sus ahorros estaban sufriendo fuertes pérdidas si seguía intentando vivir en aquél hotel si dignarse a trabajar, y lo que era una búsqueda de información, se convirtió en una de trabajo. Y el conseguir trabajo se convirtió en una tarea frustrante para el chamuscado coloso hasta que consiguió cierto contacto.

Un norgon de enorme estatura llamó a su puerta. El gran Amutza, el tartabizco que había entregado a la comitiva sodomita a las fuerzas de la ciudad. Y fue el propio Amutza que los llevó a dar un paseo recreativo durante un día a su residencia, en el Manantial, donde hacían todo tipo de maromas con el agua y Dumb se la pasó como un enano disfrutando de diversos cuidados y las formas extrañas que adoptaba el agua. Además de observar al gigantesco norgon que pasaba a cada momento acarreando libros. Pasaron un día así, colmados de cuidados, hasta que el gran tartabizco los llamó a sus aposentos. Dumb le llegaba hasta poco más abajo del pecho, lo que ya daba a entender la estatura de Amutza. El trabajo consistía sencillamente en escoltar. Sí, escoltar, no era un trabajo que se le diera precisamente bien, ni a él ni a su compañera. Lo que sí era cierto es que la recompensa bien podría ser jugosa, o bien podrían sonsacarle información al norgon acerca de la Mesa Estrellada.

La idea era estar en las puertas de la residencia Amu a las nueve de la mañana, si la cosa marchaba bien. No debían decirlo a nadie. Eso ya estaba predicho, pero sentía cierta solidaridad con el norgon tartamudo y bizco, quizá era alguna especie de afinidad por compartir delimitantes lingüísticas.

El camino fue algo rápido; fueron dirigidos a la media ciudad por un bote que manejaban empleados de Amutza a través de un canal. Y ya en la media ciudad pudieron hacer lo que quisieron. En realidad lo que querían era descansar todavía más en el hotel, pero lastimosamente, el sentido de orientación de la pareja era tan grande como las armas que portaban.

Antes de darse cuenta, a mitad del camino y luego de pedir algunas indicaciones, tuvieron la desgracia de toparse de frente con un grupo de censores. ¿Podían huir? Tanto Dumb como la súcubo eran exageradamente pesados. ¿Luchar? La ventaja numérica luchaba en su contra, para su desgracia, y cuando se vieron rodeados solo tuvieron que resignarse a guardar apariencias. Estaban rodeados, con uno de ellos manoseando a Katherine y amenazando a Dumb. La súcubo estuvo a punto de intervenir, pero una discreta seña del hiperbóreo la instó a no hacerlo. No podremos hacer nada, déjate hacer.


Les habían espiado, les seguían espiando. No era seguro. Amutza les había recordado que aquellas dos milicias eran sus enemigos. ¿Habría que enfrentarse de forma inmediata a ellos? No, ellos querían que les ayudasen a cumplir su cometido. Dumb se hubiera reído, de haber podido. Inclusive, hizo un intento de risa que resultó ser más un gruñido carrasposo en lugar de una risa propiamente dicha, pero eso después, ya en el hotel Komfort.

Estos a veces se pasan. No sé si nacieron con mierda en la cabeza, pero se piensan que con solo amenazarme me podrán intimidar, pobres imbéciles. Gruñó, mientras afilaba su espada contra una vasija de porcelana que había en la habitación. No era de él, pero si nadie se daba cuenta, nadie le reclamaría. Sí, a él le gustaba eso de afilar su espada. Era liberador, y en su espada había encontrado una forma de liberar el estrés que no fuera lanzando improperios indescifrables al aire. Muchas veces afilaba su espada mientras lanzaba improperios indescifrables al aire, pero eso era en muy contadas ocasiones.

Ese era su pan de cada día. Lanzar improperios indescifrables, con haberlos pensado y luego exteriorizado en gruñidos y gritos incoherentes bastaba. Romper cosas quedó atrás hacía mucho tiempo, y si no era eso, disfrutaba asustando en ocasiones a los niños en las calles, aunque eso alguna vez le acarreó severos problemas con las autoridades de una población, hacia unos meses luego de su “accidente”. Katherine en su lugar disfrutaba con otras actividad recreativas menos extravagantes, como ir de compras con los fondos del dúo o bien hacer turismo; pero generalmente lo primero.

Llegó la noche, y luego la mañana. A las nueva estaban en frente de la casa de Amutza, de la cual salió una comitiva un poco descuidada por parte del norgon, solamente cinco guardaespaldas, contándolos a ellos dos, y el gigante tartabizco que además de aquellas condiciones era cojo. Dumb hizo otra seña a Katherine, que se acercó rápidamente a Amutza y dijo en voz baja para que le oyera.

-Señor, tenemos que informarle de algo. – Sin importar que el gigante hiciese caso o no, continuaría. – Los censores nos interceptaron ayer diciéndonos que nos habían espiado y que sabían todo lo concerniente a nuestro trato, e inclusive nos hubieran linchado si no hubieran confiado en que le traicionaríamos. Quieren que le ataques traperamente a la mínima oportunidad, obviamente nuestro contrato es protegerle y me temo que nuestra palabra es inquebrantable, así que lucharemos a su lado según el trato.

Al cabo de unos diez minutos habian llegado ya a la puerta del Senado. Amutza se detuvo a charlar con un norgon de orejas puntiagudas, presumiblemente un híbrido de fallen con el que hablaron acerca del apoyo eclesiasta hacia el tartabizco. Lo cierto era que la presencia de censores y de la guardia dorada les superaba en proporciones claramente mayores, y que de ser necesario luchar contra ellos, sería muy difícil. Inclusive, uno de ellos intentaba hacerles señas, pero obviamente la decisión de la pareja había sido firme respecto a ello.

Cuando Amutza terminó su charla y decidió ingresar al edificio, les fue ordenado quedarse afuera. Ambos obedecieron, quedándose en guardia a la expectativa de cualquier altercado.

-Mira, Dumby. Ese gilipollas cree que les haremos casos. – Comentó Katherine respecto a un censor que les seguía haciendo gestos de forma disimulada.

-Grr.

FDI:
En mi caso, que no sé si contaría como acción o no, sería esto.
Katherine: velocidad 0:1 acciones.
1: Informar a Amutza de lo que traman los censores.
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Re: [EVENTO DECISIVO] "El líquido de la vida" [Feuerheim, 1 de Enero - 898 d.G]

Mensaje por Sig el Jue Jun 25, 2015 7:43 am

F.D.I:
Bueno gente, espero que lo pasemos bien en el evento, como es costumbre, pondré los pensamientos de Sig entre comillas y con cursiva, y sus palabras entre guiones y con negrita, ambas en este color

El joven aprendiz de exorcista Sigurd Bildaxis, se despertó de golpe, pudiendo escapar por los pelos de una horrible pesadilla, en ella, una bestia enorme y en apariencia indestructible le sostenía del cuello después de haberle arrancado un brazo y una pierna, no contento con esto, el monstruo procedió a abrirle una brecha en la cabeza o comenzó a succionar su mismísimo cerebro como si se tratara de un delicioso cóctel, y sin embargo, el chico aun vivía, con las fuerzas que le quedaban tomo su cuchillo de plata y lo clavo en un costado de la criatura, ahí mismo se despertó, sin llegar a ver el resultado de sus esfuerzos.

Tras este sobresalto, el joven siguió su ritual matutino habitual, se quedo un poco mas el la cama desperezándose y disfrutando el olor a humedad al que tanto estaba acostumbrado, se irguió lo mejor que pudo y se coloco la prótesis metálica que ya era casi una parte de si mismo, mientras hacia esto pensaba con melancolía en su padre, su relación se había deteriorado bastante desde aquel incidente. "espero que algún día las cosas sean como antes" Penso el chico con un dejo de tristeza patente en su rostro, una vez la prótesis estuvo bien ajustada y colocada, se dirigió al baño sin muchas prisas, este era un día importante, no podía permitirse arruinar nada por estar apurado, debía tomarse las cosas con calma y tranquilidad, pensando cada movimiento. Se arreglo el cabello cuidadosamente, se afeito y se puso su mas fina ropa de noble para dar una buena impresión a sus compañeros, su familia no era de las mas ricas de Feuerheim, pero aun así había ciertos lujos que podían permitirse, entre los cuales estaba su vestimenta actual, compuesta por una camisa de ceda dorada, sobre esta una casaca negra ceñida al cuerpo adornada con bellos botones dorados y bordados de igual color que mostraban símbolos relacionados con el agua, un pañuelo blanco atado al cuello y cayendo sobre su pecho, unos pantalones negros a juego metidos dentro de unas botas altas y una capa que no llegaba a tocar el suelo, de color y bordados similares a los de la casaca, con la particularidad de tener el emblema de la familia Bildaxis bordado en el centro de esta.

Ropa de noble y simbolo:

Casaca:
https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/thumb/d/de/BLW_Man%27s_Court_Coat_and_Waistcoat.jpg/640px-BLW_Man%27s_Court_Coat_and_Waistcoat.jpg
Símbolo de la familia Bildaxis:
http://www.demonologia.net/wp-content/uploads/2012/05/jofiel-sello.jpg

Tras bajar las escaleras, el joven noble se detuvo tras la puerta de la cocina al escuchar la voz de su madre discutiendo con alguien, sumido en la curiosidad, se quedo un momento intentando deducir de que iba la conversación, siempre había sido un muchacho curioso, y quizá eso fuera lo que le había llevado a perder la pierna y el brazo en ese fatídico día tan lejano ya, pero tampoco quiso ser descortés y quedarse mucho tiempo cotilleando embusteramente a su propia familia, por lo que atravesó el umbral y allí se encontró con su madre (tan radiante como siempre) conversando con un misterioso hombre al que el no conocía de nada. -Buenos días madre,  caballero...- Dijo a la vez que saludaba a la primera con un beso en la mejilla y al segundo con una leve reverencia, el hombre salio visiblemente enojado de la residencia dejando a madre e hijo solos, pero Bethany pronto decidió echar tierra sobre el asunto y procedió a preparar la comida favorita de Sigmurd, lengua de banthor a la vinagreta con ensalada de Todheim, mientras le ofrecía todo tipo de aguas especiales a su hijo, quien acepto de buena gana el agua para el aliento, ya que su comida tenia una buena cantidad de cebolla y no quería presentarse ante su nuevo escuadrón con mal aliento, eso seria impropio de su posición.

Mientras comía, el joven escuchaba pensativo los comentarios de su madre. "je, ¿no sera que padre no quería ser molestado con mi presencia?" Penso un poco triste Sigurd, aunque escondiendo sus emociones y respondiendo con una sonrisa al cariñoso gesto de Bethany, pero un sentimiento de incomodidad creció en el al recordar el horrible incidente en el cual había perdido dos de sus miembros, tampoco olvidaba la humillación sufrida por su familia en manos de los corruptos arquitectos, si bien reconocía su importantisimo papel en el funcionamiento de la ciudad, a veces no podía soportar la soberbia y el descaro con el que actuaba actualmente esa institución, antaño tan respetable, apenas terminó su comida, su madre le hizo partir con desmesurada urgencia, prácticamente empujándolo fuera de la residencia, una vez fuera, Sig escucho un lamento ahogado de su progenitora. -Pobre madre, siempre tiene tanto trabajo y es tan dedicada, incluso hasta me corta la comida para que pueda comerla cómodamente, una vez ascienda entre los exorcistas podre pagarle una servidumbre como dios manda, así la pobre es capaz de descansar un poco de sus tareas diarias, de paso quizás con eso reconquiste un poco el cariño de papa- Pensaba el joven mientras se dirigía a la barca propiedad del señor Valkirian, soltando una inaudible risa ahogada al pensar lo que pensarían los demás al verlo bajarse de un vehículo con el sello inquisitorial. -Gracias por llevarme señor Valkirian, le estoy profundamente agradecido-.

Una vez en la barca, Sig respondió cortesmente a los comentarios de su Anfitrión. -Ciertamente podría decirse que es un acontecimiento, yo mismo fui el mas sorprendido con esta noticia, que una exorcista tan renombrada como la señorita Arileen se haya fijado en mi, me llena de orgullo no le mentiré, y si, por azares del destino nuestro papel en la política de la ciudad se ha visto relegado en los últimos años, pero somos positivos y confiamos en que las cosas cambiaran, quizá esta sea nuestra oportunidad para hacer que las cosas cambien-. El viaje se dio sin contratiempos y no tardaron mucho en llegar al archipiélago Esperanza y desembarcar en una de sus islas, allí fueron recibidos cordialmente, a pesar de la incomoda situación en la que se encontraba la ciudad, Sig tenia su propia opinión respecto a esto, no estaba de acuerdo con la actitud tan pasiva que se estaba tomando, creía que lo adecuado era actuar de inmediato y hacer todo lo posible por capturar al pagano restante y a cualquiera fueran sus cómplices, así se podría abrir la muralla de una vez por todas y la ciudad regresaría a su estado habitual, si bien no era político, tampoco le incomodaba dar su opinión en este tema, sin embargo, no estaba allí por eso, sino para pasar la prueba que decidiría si se uniría a las filas de la Cruz Argenta, el joven tenia los nervios a flor de piel mientras caminaba en dirección al pabellón de los exorcistas, sin embargo, tubo que desviarse debido a unas fuertes nauseas que le invadieron de repente, probablemente el nerviosismo pensó el aprendiz de exorcista.

Una vez acabo de vomitar (con todo el cuidado posible para no manchar su ropa) se dispuso a lavarse la cara para recobrar un poco de color en su empalidecido rostro, sin embargo lo que sucedió después lo dejaría aun mas pálido, reflejado en el agua, se veía un rostro de mujer que le transmitía una extraña calma, al punto de que no podía dejar de mirarla embelesado, tras proferir unas cuantas palabras el rostro se difumino y un montón de imágenes y palabras cruzaron la mente del joven, que podía ver nombres y lugares que parecían no tener sentido o relación, aunque le resultaban extrañamente familiares, en algunas visiones incluso aparecía el mismo, pero eso era imposible, el nunca había recorrido lugares como esos ni visto a esa gente en su vida. -Que diablos esta pasando, mi cabeza... Va a explotar, que son todas estas cosas que me vinieron de repente, parece que los nervios están afectándome aun mas de lo que pensé, tengo que calmarme o esto podría salir mal, concéntrate Sigurd, es hora de encontrarte con tu destino, no la cagues- Tras mascullar esto, el muchacho acomodo su vestimenta y se dispuso a encontrarse con quienes posiblemente llegaría a llamar "compañeros" si todo salia bien.

Una vez llego a su destino, el aprendiz de exorcista fue recibido por un grupo de cuatro integrantes, una chica pelirroja de aspecto gótico le saludo con un beso en la mejilla. "Whoa, que linda chica, puede que este lugar me gusta aun mas de lo que esperaba" pensó el joven un poco sonrojado mientras la joven se presentaba como Escarlata Ysgalad, cosa que extraño a Sig, ya que creía haber escuchado su nombre momentos atrás cuando tubo esa extraña experiencia en el baño, después de ella siguió un norgon vestido muy elegante que le dio un firme apretón de manos, al que Sig correspondió con uno de igual forma como su padre le había enseñado años atrás cuando aun se preocupaba por el, pero cuando este se presento como Veran Idzanik la desconfianza volvió a atacar al joven. "Ysgalad, Idzanik, ¿no escuche acaso esos nombres hace un momento?, ¿que esta pasando?, ¿premoniciones?, ¿estaré acaso poseído por algún espíritu que me deja ver acontecimientos venideros, bah, probablemente solo sean cosas mías, aun así... Esto es extraño" El resto del equipo estaba compuesto por el anciano Myrdin Emrys a quien Sig saludo con una reverencia y Lisa Arileen, a quien saludo con una reverencia aun mas profunda, ahí estaba la mujer a la cual tanto admiraba, su inspiración y modelo a seguir. -Buenos días a todos, me presento, mi nombre es Sigurd Bildaxis y espero poder convertirme en su compañero en la brevedad, encantado de conocerlos- Tras decir esto, siguio a sus superiores hasta Evangelio, donde se encontraron con varios grupos de soldados antes de llegar a su zona designada, entre los cuales se encontraba un soldado que al joven exorcista le parecía extrañamente familiar, aunque no recordaba de que, probablemente fuera solo un guardia de la ciudad que hubiera visto de pasada un par de veces aunque no estaba seguro y tenia un raro presentimiento respecto a ese muchacho, tras entrar en su pabellón y cambiar su ropa por el uniforme básico de exorcista (aunque conservando la capa), partió en busca del misterioso guardián del martillo aureo que había visto momentos antes, de encontrarlo, le abordaría comentándole que su cara se le hacia familiar, y preguntándole si lo conocía de algo.

Uniforme de exorcista de Sig:

http://g02.a.alicdn.com/kf/HTB1LPosHVXXXXaaXpXXq6xXFXXXH/Ao-no-Blue-Exorcist-font-b-Yukio-b-font-font-b-Okumura-b-font-font-b.jpg

Al cabo de un rato, les fue permitido el ingreso al edificio principal, una vez dentro y reunido con su escuadrón, espero con paciencia la llegada del arzobispo Tezich Smaer, cliente habitual de su madre, para sorpresa de todos, tras un acalorado discurso el arzobispo insto a todo aquel que estuviera en desacuerdo con su modo de obrar que se levantara de su asiento, llamándoles bestias e insultando a su inteligencia, el joven mago, natural de familia noble, no aceptaría este tipo de trato de brazos cruzados, aun si venia de un arzobispo, por lo que se levanto de su asiento dispuesto a dar su opinión si esta era requerida, pero para su sorpresa lo que recibió no fue un espeto a su imprudencia, sino un halago a su valentía, ademas de ser concedido con el derecho a votar para decidir de que manera se resolvería la delicada situación de la ciudad. Tezich hizo oídos sordos a los reclamos de quienes no se habían atrevido a levantarse, en su lugar, invito a los valientes a subir a la plataforma donde este se encontraba, recibiéndoles efusivamente mientras explicaba la situación actual a los presentes, había dos posibles elecciones, votar por abrir las murallas para que todo regresara a la normalidad, o votar por intervenir e investigar a las familias sospechosas de conspiración aunque esto significara mantener la ciudad aislada demasiado tiempo. "aunque mantener la muralla cerrada significa estancar la delicada economía de Feuerheim, la gente aun no parece estar demasiado descontenta con la situación, supongo que podemos mantenerla cerrada un tiempo mas hasta llegar al fondo del asunto, de una u otra forma, es el deber de la eclesia intervenir para resolver los conflictos relacionados con los sucios paganos, somos herramientas al servicio del altísimo, y si mantener la paz y castigar a las bestias impuras significa arriesgar nuestras vidas o arriesgarnos a la critica y el descontento de la masa... Que así sea" Con este pensamiento en mente, Sig se apresuro a emitir su voto, indiferente de lo que los otros hubieran hecho, el votaría por mantener la muralla cerrada e involucrarse activamente.

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Re: [EVENTO DECISIVO] "El líquido de la vida" [Feuerheim, 1 de Enero - 898 d.G]

Mensaje por Rahn el Sáb Jun 27, 2015 8:18 pm

Y ahí estábamos, Dalos y yo. Tropezando juntos de problema en problema. Acabábamos de salir de Kerfel y antes de que nos hubiéramos podido dar cuenta estábamos dando con nuestros huesos en una mazmorra en la otra punta del continente. Pasé esa noche aterido de frío y cegado, gracias a la muerte que un simpático guardia se preocupó de despachar al pájaro que me acompañaba en ese momento. Me despertó el sonido del guardia, del mismo guardia, que se dirigía a nuestra celda con paso firme. Me levanté torpemente por mis huesos entumecidos y me coloqué instintivamente entre Dalos y la puerta, aguzando mis oídos al máximo para percibir cualquier ataque que me pudiera llegar. En lugar de eso, oí la patada con la que el guardia abrió la puerta, seguida por un "alguien quiere veros" más bostezado que pronunciado. Sin esperar respuesta, dejó la puerta abierta y volvió por donde había venido, farfullando algo sobre tener que levantarse a estas horas.

Cuando me aseguré de que se había alejado y de que no había nadie más cerca, desperté a mi hermano y le pedí que me guiara por el pasillo. No tardamos mucho en toparnos con un hombre de hablar refinado que se presentó como sirviente de Naena Urinaksa, nombre que pronunció como si diera por hecho que, por supuesto, sabíamos de quién nos hablaba. Viendo nuestras caras de extrañeza y orejas caídas por el desconcierto, nos explicó con impaciencia que era la líder de una de las grandes familias de la ciudad, y sacó algo que hizo ruido de papel. Leyéndolo, nos informó de las peculiares condiciones bajo las que nos hallábamos. Inferí de entre toda esa verborrea burocrática, sembrada de títulos, condiciones y órdenes, que quedábamos en algo vagamente similar a libertad vigilada, pudiendo pasear bajo guía y supervisión por las calles de Feuerheim durante el día, y teniendo que volver a los calabozos para la noche. Nunca llegué a entender muy bien el sentido de todo ello, pero tuvo como resultado nuestra mudanza a una celda bastante más cómoda y la ocasión de visitar los lugares más llamativos de la ciudad. Ésto me recordó con nostalgia a las manadas de turistas adinerados que venían cada año a ver los pintorescos paisajes de Albor, ademas de permitirme establecer enlace con un pájaro (una aparatosa gaviota, lo primero que pillé, desesperado por ver). 

Una vez dotado de mis cinco sentidos, con la gaviota cómodamente sentada en mi hombro, comprendí por qué llevaba escuchando sonido de agua desde que había llegado a la ciudad, además de por qué había localizado tan fácilmente una gaviota en mitad de un núcleo urbano: la ciudad estaba construida encima de un río. Sabiendo la relación que tenía Dalos con el agua, verme tan rodeado de ella me hacía sentir seguro: no le faltarían recursos si los necesitaba.

Tras varios días de paseo, siempre guiados por un sirviente distinto en cada ocasión, acabamos por ser conducidos a nuestra benefactora, la famosa Urinaksa, de la que tan contínuamente nos hablaban con orgullo nuestros guías. Fuimos conducidos directamente a una habitación de una taberna que sólo podría calificar como "no todo lo limpia que podría estar". Estuvimos esperando inquietamente durante horas, hasta que llegó una mujer, a todas luces mestiza, aunque no supe definir de qué razas, y que con toda seguridad era la responsable de que no siguiéramos pasando frío en ese calabozo. Apareció seguida de uno de los trabajadores de la taberna, que portaba una bandeja cargada de comida, en su mayoría derivados del pescado. Con los modales silenciados bajo el rugido de mi estómago, cogí una ración de pescado y la engullí con una sonrisa de satisfacción y un par de lagrimillas en los ojos. Después de días a base del invariable e insípido rancho del calabozo, este pescado era una bendición.

Por suerte, a la vez que yo ignoraba a nuestra benefactora, ésta me ignoraba a mí, centrando su atención y conversación en mi hermano. Para cuando decidí levantarme e intentar unirme a la conversación, la misteriosa mujer se llevaba a Dalos por la puerta. Antes de que pudiera hacer nada, la mestiza me lanzó un gesto benévolo pero imperioso instándome a quedarme donde estaba. Atónito, esperé en la habitación sin saber muy bien qué hacer, preocupado por mi hermano. Viéndome a mí mismo desde los ojos de mi pájaro, comportándome como un ratón enjaulado, comprendí que debía mantener la calma. Me desperecé como tanto me gustaba hacerlo, tensando al máximo mis flexibles articulaciones fallen, en ángulos imposibles e incluso desagradables para un humano. Procuré sonreír y me dije a mí mismo que si nos quisieran hacer algún daño a mi hermano o a mí, ya lo habrían hecho. Con el pulso más calmado, la espera antes de que una mujer muy similar a la anterior llegara no se me hizo demasiado larga. 

Entró casi sin mirarme, lanzándome un montón de ropa y una orden de ponérmela y seguirla, planteada de forma incuestionable. Algo cohibido por tener que desvestirme en su presencia (cosa que a ella, por otra parte, no parecía importarle lo más mínimo), me cambié todo lo rápido que pude. Dejé mis antiguos pantalones en el suelo, no sin antes rescatar y guardar el contenido de sus bolsillos, y doblé mi abrigo sobre mi brazo. Me agaché y apoyé el brazo del abrigo en el suelo, haciendo que la gaviota se sentara en él, poniendo buen cuidado de que no estropeara mi camisa nueva. La rasqué en la espalda distraídamente con una sonrisa en la cara mientras seguía a mi misteriosa acompañante, Balamteir.

-Esto... Encantado, Balamteir, yo soy Rahn. Una mujer muy parecida a usted, llamada Naena, se ha llevado a mi hermano; me gustaría saber dónde está. A propósito, me temo que soy nuevo en la ciudad, de modo que no estoy muy familiarizado con algunas cosas: ¿podría decirme qué son esos entrenamientos cipaatlizin de los que habla?

No obtuve una respuesta a mi pregunta, ni la necesité al llegar al estadio. Múltiples parejas de animales peleaban y se mataban en la arena, bajo los gritos de quienes sin duda eran sus entrenadores. De entre todas estas criaturas, en su mayoría corrientes, destacaba una que en ése momento descansaba silenciosa en una esquina. Antes de que Balamteir hiciera las presentaciones, reconocí al blaiderid que en ese momento nos observaba con curiosidad. Una especie muy difícil de encontrar, sin duda, no del todo ave, pero lo suficiente como para haber sido temática de estudio en mis años de rata de biblioteca. Sin apenas prestar atención a lo que mi acompañante decía, primero porque ya lo sabía y segundo porque el pájaro atraía mi atención como un imán, extraje de mi bolsillo un pedazo de carne y estiré la mano con cautela hacia el animal. Podía sentir el miedo de mi gaviota, y era justificado: los blaiderid podían ponerse realmente agresivos si se sentían amenazados. No me atrevía a acercarme más sin haber entrado antes en su mente, de modo que arrojé el pedazo desde una distancia prudencial y volví junto a mi acompañante. Compartimos un agradable momento de silencio viendo al animal picotear con curiosidad la carne. Se notaba que ella también sentía cariño por los pájaros. Me estaba cayendo bien.

Y me empezó a caer aún mejor cuando me propuso su idea, que acepté con entusiasmo asintiendo con la cabeza mientras la miraba a los ojos, tanto desde los míos como desde los de la gaviota. Me volví hacia el blaiderid, entrecerré los ojos para concentrarme, porque no estaba ante un ave corriente, y proyecté mi mente hacia ella.

FDI:

Bueno bueno, unas cuantas cositas. Primero, me he inventado un poco algunas partes, especialmente lo que ocurre entre que llegamos a la mazmorra y que llegamos a la taberna. Segundo, éstas serían mis acciones:
Acción 1: comer + vestirme
Acción 2: dar de comer al blaiderid + entrar en su mente
No he contado el hecho de enlazarme a la gaviota porque eso ocurre días antes del comienzo de mi turno propiamente dicho.
Además, hay algo que creo que es incongruente: Rahn normalmente no permitiría por las buenas que se le llevaran a Dalos, la única razón por la que lo he hecho es porque está explicito en tu post.
También he asumido que al llegar al estadio hay animales peleándose porque en realidad no queda muy claro si estamos en la arena, en el bestiario o en otra parte. En cualquier caso, no creo que eso tenga mucha importancia.

Sé que son muchas asunciones para un turno. Lo he hecho lo mejor que he podido, pero si he puesto algo erróneo o he hecho algo mal, dímelo y lo tendré en cuenta para casos futuros :)

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Re: [EVENTO DECISIVO] "El líquido de la vida" [Feuerheim, 1 de Enero - 898 d.G]

Mensaje por Dezba Wakanda el Miér Jul 08, 2015 1:28 am

SIG

Pese a lo que todos pensaban, Ryomaru no solo no aceptó el generoso regalo del señor Gumbleton, sino que no articuló palabra alguna. Todos los presentes, Smaer incluido, se quedaron boquiabiertos. Nunca había habido un precedente igual. Si Gumbleton hubiera sido un oficial despótico como muchos eran, Ryomaru habría acabado en las mazmorras de Evangelio.

Pero Gumbleton no era uno de esos oficiales, y con su habitual magnanimidad y compasión logró que incluso Smaer se tranquilizara.

-Estimado Arzobispo, creo que el escudero Ryomaru no se encuentra demasiado bien últimamente. Ya sabe, consecuencias del aislamiento. Debería ir a ver a algún hospitaller. Yo tomaré su voto y el mío, si así os parece.

Con un movimiento de muñeca, Smaer indicó a Ryomaru que se marchara. Una vez lo hubo hecho, se dirigió a Gumbleton:

-Me parece un movimiento sensato. Pues ya que usted ha sido quien desde un principio ha descartado su propio voto veo justo que, en base a la estupidez intrínseca de su subordinado, ahora le robe el suyo.

El propio Smaer fue quien contabilizó los votos. Gumbleton, varios inquisidores y Nana abogaron por abrir la muralla, emitiendo el primero unos argumentos bastante convincentes referidos al aumento de las enfermedades y las disputas, una situación que los paganos podrían usar a su favor llegado el momento.

Valkirian, Myrdin Emreys, Ronald Jeffer y Sigurd Bildaxis abogaban por mantener las murallas cerradas y actuar contra las posibles amenazas del interior, con diferente contundencia dependiendo a quien se le preguntase. Finalmente, la facción de Sig se alzó con la victoria. Smaer hizo una referencia, dirigida a los asistentes que permanecían sentados y sustrajo un dispositivo de infrarrojos de su bolsillo, el cual pulsó. Debido a esto, la plataforma sobre la que todos estaban giró ciento ochenta grados y todos los presentes cambiaron de sala.

Se encontraban en una especie de sala estratégica, en las paredes de la cual había varias pantallas, mostrando diversos lugares de la urbe. Una vista de pájaro del Manantial, unas cuantas cámaras en el refugio de los Arquitectos y varias cámaras de las salas de la propia fortificación en la que se encontraban. Había varios enfoques de las salas de prisioneros, en las que podían verse varios paganos que esperaban a ser ejecutados. Seguramente se tratase de simples compinches de los sodomitas originales.

En el centro de la estancia, una gran mesa con un mapa de la ciudad a escala les esperaba. Las sillas, casualmente, eran aproximadas a su número. Mientras que ellos eran un total de once personas, las sillas no superaban el número decimoquinto. Al parecer, Smaer sabía de antemano quien iba a “rebelarse” contra él.

-Sentaos, muchachos, pues sois los “elegidos” para coordinar esta empresa. Como ya bien sabréis, hay sospechas acerca de la lealtad de algunos de los nobles… los más sospechosos de traicionar a la Sagrada Institución son los Rahan y los Ipar. Los Amu han demostrado su lealtad, pues su líder Amutza ha renunciado oficialmente a sus derechos dinásticos sobre esta ciudad, amén de haber entregado a los paganos. Los Urin nos necesitan tanto como nosotros a ellos, pues la Eclesia es el principal comprador de sus productos. Y los Bilda… que decir de los Bilda. Preguntad a Sigurd Bildaxis, aquí presente, con quien está su lealtad. Creo que la respuesta es obvia, ¿no? Pero eso no es todo, amigos. No he querido revelarlo pues ya sabéis lo hipocondriacos que son vuestros compañeros, pero lo cierto es que unos rebeldes han burlado la seguridad de nuestra santa muralla. Tengo varios motivos para no haber contado esto, y desearía que juraseis ante mi que nada de esto traspasara las paredes de esta habitación. En fin, ahí va. Uno de ellos ha sido identificado como el cuñado de mi nueva secretaria, la excelente prodigio Lila Siralos. Y lo peor no es eso, sino que el rufián es sospechoso de la muerte de un respetado empresario y del asesinato de su propia mujer, la hermana de Lila. Además, había secuestrado a su propia hija, enfrentándola a innumerables peligros. En resumen, el llamado Alexander es un hombre peligroso. Pese a todo, y gracias a la insistencia de Lila Siralos, hemos decidido no solo no neutralizarlo, sino traerlo aquí para que sea interrogado. Su cómplice, un fallen identificado como el portador de la mano de los Rahamidas, se ha volatilizado, según los cámaras del hotel Komfort parecen indicar. Y eso no es todo. Esta mañana, al parecer nuestro Escudo Protector predilecto y Sumo Inquisidor de la ciudad, Tadelbar Ansu, ha dado con el último sodomita restante. No ha articulado palabra en su traslado, pero ha accedido de buen grado a ser confinado en las mazmorras. No come, ni bebe, y no permite que le quiten su pesada armadura. Mientras Alexander es trasladado por uno de nuestros inquisidores, Tadelbar se congratulará en presentarnos a nuestro querido caballero andante. -la mano de los Rahamidas era el artefacto que había propiciado que la riqueza de los Rahan y de toda la ciudad se disparase.

Al principio, sus miembros y cabeza de la familia Rahan por aquel entonces, lo usaban con discreción, tan solo en momentos de crisis y en ningún caso por avaricia. Pero, dado que el artefacto pasó de generación en generación, éste acabó en manos de un auténtico psicópata ávido de poder. Un economista llamado Smida, solo para demostrar una teoría relativa a la inflación, concentró el poder de la mano para crear montones de reservas de oro en la subciudad. Así pues, se dio el curioso fenómeno de que, por primera vez en la historia de Terra y por un periodo limitado de tiempo, los subciudadanos eran quienes ostentaban la riqueza. Esto hizo que el patrón oro al que el terran feurheño se amoldaba se sustituyera por el patrón plata. Esto, a su vez, provocó luchas intestinas, pues no fueron pocos los que especularon con este mineral. Todo desencadenó una de las pocas y masivas incursiones de las huestes de la Eclesia en el corazón de la ciudad, deteniendo a todos los Rahamidas en plena asamblea y ejecutándolos uno a uno por culpa del loco de su dirigente. Sólo dos de ellos sobrevivieron. Se trataba de las personas que delataron aquel complot a las autoridades y señalaron a su propio patriarca como culpable.

La mano fue inutilizada, y ambos individuos fueron obligados a exiliarse de la ciudad, llevándose el inútil artefacto con ellos. La leyenda decía que se habían establecido en Eonburg, pero en realidad, a nadie le importaba. Los Rahansey reavivaron la economía y volvieron a poner a flote la ciudad entera, convirtiendo lo que antes era una familia contraria a los designios de Dios en una fiel servidora de los mismos. Pero, sin embargo, la nube de sospecha todavía pendía sobre ellos cual espada atada a un cordel.

Como si todo estuviera planeado de manera enfermiza, justo entonces una de las múltiples puertas que conectaban esa sala con otras se abrieron, y una enorme mole embutida en una armadura seguida de un censor un tanto más bajito entraron por la puerta.

El censor, que parecía tratarse de Tadelbar, llevaba esposada a su captura de muñecas y tobillos, impidiendo su movimiento en gran medida.

-Les presento, sus señorías, al último de los sodomitas. Con la grandiosa captura de este cabrón esquivo, nuestra guerra se da por terminada. Ha sido una victoria total. Por fin, Feuerheim obtendrá el reconocimiento que se merece.

-Pase y siéntese.

-¿Y nuestro pagano?


-Déjelo ahí mismo. No creo que vaya a ir a ningún lado, pues hace falta llave para abrir la puerta.


El pagano era un caballero provisto de una armadura de material moderno, puntera técnicamente y con una capa de piel que desentonaba con el conjunto general. Su casco, al contrario, estaba perfectamente combinado con el resto de la pieza. Finalmente, y adoptando una actitud derrotista, optó por sentarse en el suelo, apoyando su espalda contra la pared.

-Bien, me comunican que tenemos transmisión directa para con la sala en la que el tal Alexander está recluido. Podremos presenciar el interrogatorio y hacer las preguntas que sean oportunas. Conectemos con él, entonces.

Una de las pantallas cambió, y a través de ella se veía como, en una sala aséptica. Había dos hombres. Uno de ellos moreno, y con armadura. El otro era pelirrojo, tuerto y portaba ropajes comunes. El de armadura, que todos identificaron como el inquisidor encargado de aquel interrogatorio agarró un arma un poco inusual; una especie de pala con pinchos.

-Buenos días, mis queridos obispos, mis compañeros inquisidores, mis respetados soldados y mis adorados exorcistas. Os he avisado de antemano pues no quería sorprenderos. Las cosas están así. Hemos acorralado al fallen de la mano de oro y a su compinche en el hotel Komfort. El fallen ha logrado huir gracias a la incompetencia de mi compañero, el soldado del martillo Wil. Ya sabéis, el mudo. Pero yo he logrado capturar a su compinche. Se trata de más ni menos que Alexander Gold, el asesino de Jose M. Martinez y el hombre que irrumpió en la residencia de los Dives con intención de asesinarlos y desatar el caos. Como no tuvo suficiente con Eonburg, ahora ha venido a por nosotros. Pero ahora lo tenemos contra las cuerdas, y solo tenemos que sonsacarle toda la verdad. Así pues, les insto a que hagan las preguntas oportunas. Y espero que el arzobispo Smaer por fin haga caso de los avisos que sus humildes servidores le han estado comunicando. Esta ciudad debe ser purificada cuanto antes, y en cuanto escuche el testimonio de Alexander Gold todas sus dudas se darán por resueltas. Señor Gold, empecemos por una pregunta de lo más generalista… ¿Qué tramaba su compañero y cuál fue el motivo por el cual burló la seguridad del puesto fronterizo?

A los asistentes les dieron la oportunidad de emitir sus preguntas, que serían a su vez comunicadas a través de aquel inquisidor después de que el acusado, Alexander Gold, respondiera la pregunta inicial de su interrogador.


RAHN

En cuanto el fallen entró en la mente del blaiderid sintió una angustia sin igual. Quizá era debida a la propia naturaleza del animal, o quizá a las condiciones a las que se veía sometido, pero era algo que nunca había sentido en otro tipo de pájaro. Pronto, un sonido inundó sus sentidos. Si giraba la vista, podría verse a sí mismo junto a Balamteir. Esta estaba tocando una flauta de agua, un extraño instrumento que nunca Rahn había visto antes.

Si viraba su vista hacia el lado contrario podría ver como su entrenador, un hombre maduro con barriga y una calva prominente, le gritaba. A través de sus gruesos labios de norgon, la saliva caía a trompicones, deslizándose sobre su barbilla. Como si algo se apoderara de él, de pronto necesitaba seguir el sonido del artefacto de Balamteir. Si se negaba a hacerlo, pronto la presión sería tan insorpotable que no tendría otra opción.

El blaiderid acabó ignorando a su entrenador y se posó en el hombro de Balamteir, cual loro de pirata. Finalmente, haciendo caso omiso de los improperios del norgon del campo de entrenamiento, Balamteir condujo a Rahn y al blaiderid al interior del edificio de nuevo. Esta vez se dirigieron al nivel “almacén”.

Era en este lugar donde los biólogos clasificaban, estudiaban, cuidaban y criaban las especies del Mercado Biológico. Había dos secciones; la de cipaatlizin y la de compraventa. Y otra sección secreta, que Naena comentó estaba destinada a experimentos gubernamentales. A su vez, cada una de esas secciones; estaban divididas en subsecciones dependiendo del reino de cada animal.

Como era de esperar en un entorno como Feuerheim, los peces y los mamíferos ocupaban un papel predominante. No obstante, la sección de aves también estaba ampliamente explotada. Fue a esta a la que se dirigieron, pero esta vez fue a la de compra-venta y no a la de cipaatlizin.

Los pasillos del distrito de las aves estaban adornados con información útil de especies de aves, así como biografías de biólogos famosos relacionados con esa sección.

Un hombre estaba calificando una especie de polluelos con escamas y cuernos cuando Balamteir tocó a la puerta de su despacho. En el letrero rezaba “Veran Narish”. Era un hombre anciano, con la cabeza reluciente de calva, una larga barba nívea que le llegaba hasta la entrepierna y ataviado con una túnica.

Portaba bolsas en el costado y en su espalda, esta última llena de papiros enrollados. Eso no era todo, estaba apoyado en un curioso bastón de origen orgánico y su asistente, el todo estrafalario, era una especie de ser semejante a un murciélago. Al ver como Balamteir llamaba a la puerta, dejó a los polluelos en sus cestitas y se acercó, a paso bastante rápido para su edad, hasta la puerta. Seguidamente, la abrió.



-Viejo Narish, ¿Tienes preparado ese extracto que te pedí?-el viejo asintió y sustrajo una pequeña capsula de su bolsita. Como se trataba de Feuerheim, aquella capsula estaba hecha con la técnica del aqua picturae, y su composición, obviando el líquido propio del extracto que contenía, era agua. Balamteir lo examinó unos momentos a contraluz y terminó su inspección de forma satisfactoria.

-Veo que te has fijado en mi pequeña nueva adquisición. Es una hembra de blaiderid. Ahora es tuya. Cuídala y asegúrate de que tenga descedencia. Te dejaré un nuevo encargo, a ti y a todos los biólogos que consideres de fiar. Balamteir Urinaksa tiene un nuevo proyecto entre manos, has de decirles. Consiste en la repoblación de los blaiderid. Te deseo suerte, y te comunico que hemos de irnos. Muchas gracias por tu tiempo.

Después de decir eso, Balamteir y Rahn salieron por la puerta. Su acompañante intentó entablar conversación.

-Y dime, Rahn… ¿Cómo conseguiste tus… “habilidades para la ornitología”?-era obvio que se refería a los poderes que les confería su fragmento. Al parecer, la Urin estaba interesada en conocer los orígenes de Oiseael.

Finalmente, la pareja acabó saliendo del Mercado Biológico deshaciendo el camino que habían emprendido para llegar a aquella oficina y montaron en la caravana de Balamteir. Una vez allí, la Urin se dejó caer sobre Rahn, discretamente, apoyando su cabeza en el hombro de este y revolviendo los cabellos del fallen con una mano.

-Mi querido Rahn, creo que no he sido del todo sincera contigo. Verás, el motivo por el que tu hermano Dalos y tú fuisteis traídos aquí no es el que vosotros pensáis. Sois ambos unos fallen increíbles, de lo mejor que hay en vuestra raza, pero ese no es el justificante de vuestra estancia en Feuerheim. La verdad es que tanto Naena como yo como toda la ciudad necesita de vuestra ayuda. La gente vive con miedo, Rahn. Son atosigados por impuestos múltiples, son vapuleados, vilipendiados y chantajeados por las instituciones que deberían defenderles. No voy a soltarte el discursito anti-eclesia, pues la Eclesia no es el problema de esta ciudad. El problema de esta ciudad radica en el trato a sus animales. Solo los locos tratan a los animales como sus iguales, estoy de acuerdo con ello. Pero solo las bestias tratan a los animales como objetos. Y Feuerheim está lleno de bestias. Sé lo que vas a decir, que yo vivo de la compraventa de animales y de las luchas cipaatlizin. Y es cierto, pero estoy intentando cambiar las cosas. Unas nuevas reglas para las luchas están siendo llevadas a cabo por juristas especializados y promuevo iniciativas como la que acabas de presenciar. No obstante, por muchos esfuerzos que mi fundación haga, siempre hay una fuerza mayor dispuesta a barrerlos. Los Arquitectos. Esos bastardos utilizan a animales antaño salvajes como montacargas subacuáticos o simples tapones, sobre los que se ejerce tanta presión que acaba acortando su vida. Se les droga desde que son crías, inhibe sus instintos. Si no hacemos algo, pronto no quedará nada de auqellos orgullosos ejemplares del rio Anaconda. Animales como los woolis, convertidos en meros cargamentos de aire comprimido o los silimin, orgullosos corceles del agua relegados a desempeñar labores tan patéticas como repugnantes. Lo que yo quiero, Rahn, es desinhibir a esos animales y hacer que ellos mismos se cobren su venganza. Y la capsula que se me ha entregado es clave para ello. Pero necesitaré tu ayuda. No te mentiré, es una misión peligrosa, hemos de infiltrarnos en la sede de los Arquitectos, pero no te preocupes, tengo esa parte cubierta. No obstante, necesito de tus habilidades para localizar el punto exacto donde he de verter la mezcla. Este preparado lleva una sustancia que logrará debilitar la influencia de esos maltratadores sobre nuestros queridos animales. Justo entonces, cuando el caos se desate, la ciudad podrá ser liberada. Tú y yo acompañaremos a muchos otros héroes en uno de los momentos cumbres de la historia; la liberación de Feuerheim de manos corruptas. ¿Estás conmigo, amor?-el fallen podía notar como cada vez Balamteir se le antojaba más atractiva. Era evidente que, a pesar del mestizaje, en aquella mujer con genes de súcubo seguía dándose el proceso de producción de feromonas que caracterizaba a las súcubos.



DUMB

Tanto Dumb como Katherine escucharon atentamente la explicación que Amutza les dirigió una vez estos le confirmaron sus sospechas.

-No creo que lo que decís, pero a la vez sé que es cierto. Lo he intentado, Dios sabe que lo he intentado. He entregado a los p-p-paganos que me ofrecían dar un golp-p-pe de estado, he renunciado a mis derechos sobre la corona… Incluso estaba disp-dispe-dispuesto a negociar otros asuntos de más vital imp… imp-p-p… interés. P-p-p… Sin embargo, me temo que no va a ser así. Los p-p-pla-planes han cambiado, Smaer y los suyos son un tumor, un tumor que hoy será eliminado. Manteneos alerta, muchachos, pues hoy se decidirá todo. El primer paso será la caída de los Censores. Cuando veáis que algo extraño tiene lugar, no lo d-d-dudéis, atacad a esos sucios censores con toda vuestra furia. Y p-p-puede que os necesite dentro, si así es os lo haré saber. No obstante, no habéis de temer. Estáis acomp-acomp-acompañados de guerreros exp-exper-expertos.

Una vez se colocaron en la entrada de la Asamblea, decidieron hacer caso omiso de los Censores. Error. Al cabo de unos minutos, los censores adoptaron una curiosa formación en forma de punta de flecha y viraron hacia ellos. Los norgon se miraron entre si y sonrieron, empuñando sus armas. La guardia dorada de los Rahan permanecía indiferente, aunque algunos de sus miembros miraban con inquietud a los censores pero no se decidían por ninguno de los dos bandos.

Justo cuando el conflicto estaba a punto de estallar y los censores, comandados por el tipo que les había estado observando y exigiendo una respuesta con su mirada, una mujer bastante atractiva y esbelta pero no sin curvas se acercó a ellos acompañada de una pequeña niña pelirroja y de un gran hombre en parte norgon a juzgar por su tono de piel. Aquella niña debería haberle sido familiar a Dumb, pero en su lugar ni él ni su acompañante Katherine sabía nada de ella. Cosa curiosa, por otro lado, pues la habían visto con anterioridad a la misión de la mansión Dives.

De todos modos, la niña pelirroja sí que los reconoció y reaccionó a ellos antes de entrar de la mano de la que parecía ser su madre en la Asamblea. Esta había sido llamada como Lila Siralos por el censor que había amenazado con empezar un enfrentamiento y fue este quien abrió las puertas para que entrase, acompañada de la niña y su guardaespaldas.

Después de que todos entraran las puertas se cerraron y la situación se relajó. Los censores volvieron a su formación habitual, organizados en tres filas de cinco personas cada una y los norgon se agruparon al lado de Katherine y Dumb, formando una fila de cinco personas. En caso de enfrentamiento, estarían superados en una proporción de tres a uno. La siguiente hora transcurrió tranquila, y los pies de Katherine y Dumb comenzaron a castigar a sus dueños.

De pronto, algo extraño sucedió. Las pequeñas corrientes que flotaban rodeando y sobrevolando el edificio comenzaron a enrabietarse y, después de eso, modificaron su trayectoria. Los pocos censores que se percataron de eso avisaron a los demás, que lo veían como algo extraño pero decidieron no hacer de ello un gran espectáculo.

Y en ese preciso instante, un hombre ataviado con ropajes estrafalarios (tales como un turbante o una capa) de tono rojo en su mayoría y con unos soldados vestidos con las armaduras más exquisitas que Dumb había visto en su penosa vida, de color dorado, arribó a la vera del censor que vigilaba la puerta. Este, por vez primera, emitió una palabra:

-Mammon.

El hombre, dándose por aludido, le respondió:

-En calidad de Rahan, exijo entrar a la asamblea.

Su interlocutor se mesó la cabellera y suspiró.

-El joven Brandon Rahansey ya está dentro, y dudo que les agrade tu falta de puntualidad. Además, todos sabemos que tus últimas visitas a esta noble asamblea no acabaron con final feliz. Tus altercados son motivo de burla de aquí a Esperanza.

-No quiero problemas, Fer.

-Señor Ferdinand Bildaren para ti.

-Oh, se me olvidaba. El majestuoso Bildanus te recompensó tus servicios con un enlace nada desdeñable con su hija Bethy, tan adinerada como poco agraciada, dando así como resultado una nueva rama familiar.


-Esto no tiene nada que ver con mi preciosa esposa, Mammon. Te recomendaría que la dejaras en paz.


Mammon comenzó a golpear el pecho de aquel censor con su dedo, profiriendo las siguientes acusaciones:

-Vaya, vaya. La vida noble te ha endurecido el carácter. Soy un noble, al igual que tú, y merezco el mismo trato que tú. Eso para empezar. Y para seguir... ¿Es que tengo que recordarles a tus soldados la cantidad de veces que, quien sabe si debido al alcohol o a tus preferencias, has acabado confundiendo a una concubina con un eunuco a la hora de compartir lecho? No me extraña que encuentres atractiva a tu esposa, después de todo.

La bofetada que el tal Ferdinand le propinó a Mammon fue considerable, tanto es así que el Rahan se tambaleó un tanto hacia atrás. Como si de autómatas se trataran, tanto su guardia de cinco personas como los diez guardias dorados que había apostados junto con Dumb y Katherine se situaron a su alrededor, en posición de combate.

Así también lo hicieron las huestes de Fer, el cual temblaba de ira. El conflicto estaba a punto de caramelo, y mientras tanto los soldados de Amutza estaban indecisos, aunque habían desenfundado sus armas. Estas eran un tanto extrañas, y su diseño era este:



A juzgar por su composición y compararla con las armas de los censores, espadas de una mano o las de la guardia Dorada, elegantes sables que hacían alarde de la caballerosidad fingida de sus portadores, era evidente que aquellas armas no habían sido diseñadas para dar muerte sino para incapacitar al adversario. De hecho, a juzgar por su estructura dependían mucho de la pericia de quien las esgrimiera.

Pero aquellas no eran todas las armas que aquellos norgon portaban, sino que a las espaldas llevaban varias más. Entre ellas, esta desacataban:




Al parecer el primer mecanismo debía encajar con la especie de lanza de plumas que portaban, pues así lo dictaban sus diseños. Pero poco tiempo tenía la pareja para fijarse en esta clase de detalles pues a su alrededor varias cosas estaban sucediendo. Mammon Rahannis y el líder de aquel escuadrón de censores amenazaban con empezar una pelea, y si bien Amutza les había dicho que debían de acabar con ambos bandos era obvio que tenían que elegir entre apoyar a uno o la neutralidad.

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Re: [EVENTO DECISIVO] "El líquido de la vida" [Feuerheim, 1 de Enero - 898 d.G]

Mensaje por Dezba Wakanda el Miér Jul 08, 2015 1:37 am

ALEXANDER/NEPTUNE GOLD

Recuerda lo que pasó en Eonburg. Al escuchar estas palabras, el rostro de la pequeña Neptune se ensombreció. Pero, a pesar de que las lágrimas se agolparon en las puertas de su retina, la altea no lloró. No en aquel momento. Los recuerdos se movían, mareándola. Había visto tantas cosas… tan brutales. Tantas memorias que no lograba sacar de su cabeza.

-Alexander, tu sacrificio te honra. No temas, Neptune estará mejor atendida. Solo es cuestión de tiempo. Y podrás venir a verla cuando gustes… siempre que la Eclesia sea benevolente.

En lugar de ser la niña quien abrazara a su padre, fue Lila quien se adelantó y le dio un buen achuchón a su cuñado. Lila había sido muy cariñosa con él siempre, y por lo visto la muerte de su hermana no había hecho que esto cambiara.

-Ahora, márchate. Y sé fuerte. Por ti y por tu hija.

Lila abrazó a la pequeña por detrás, transmitiéndole su afecto y evitando con todas sus fuerzas, que no eran muchas, que fuera detrás de Alexander. Éste, a su vez, salió al exterior, donde uno de los escoltas de Lila Siralos esperaba pacientemente mientras el otro comenzaba registrar las habitaciones.

Era evidente que ya sabían de la presencia de Mizda y sus intenciones. Pero, ¿cómo? ¿Les habría traicionado Mammon Rahannis? Era una probabilidad, pero no la única. El escolta de Lisa le repasó con la mirada, de arriba abajo. Era evidente que no le resultaba grata su presencia:



-Me pregunto qué relación tiene una muchacha tan delicada como Lisa con un conspirador como tú. Pero supongo que ya lo averiguaré más tarde.-diciendo eso, sacó unas esposas de su bolsillo y después instó a Alexander a que se las colocara.- Vamos, será rápido. No me obligues a reducirte, muchacho.

Independientemente de si hacía caso de los ruegos y amenazas del escolta, Alexander podría ver como su compañero entraba finalmente a la habitación que Mizda había elegido, al final del pasillo. Tras insistentes toques de puerta y de que su compañero, el hombre que había hablado con Alexander, proclamara su rango (caballero del Martillo) repetidas veces, el caballero, el cual no había emitido palabra alguna, terminó pateando la puerta hasta que esta se hundió bajo el peso de sus potentes botas.

Una mujer desnuda completamente y de origen norgon salió gritando de la estancia, tapándose sus desnudos pezones con las manos y pasando por al lado de Alexander y su guardián para después llegar hasta las escaleras y bajar las mismas. Mientras tanto, en el interior de la habitación de Mizda se escuchaban sonidos, similares a forcejeos.

Finalmente, impulsado hacia atrás, el caballero que había entrado cayó en la tarima, atravesando el umbral de la puerta con su cuerpo entero antes de tocar el suelo. Una vez en este, intentó levantarse, pero le fue inútil. Una pequeña mancha de color dorado en su armadura comenzó a extenderse, tiñendo su armadura de dicha tonalidad. Así pues, el peso de los ropajes de aquel individuo aumentó y le fue completamente imposible levantarse.

Un Mizda desnudo avanzó, tan solo con el guantelete en su mano. En su rostro podía verse una mezcla de superioridad moral y orgullo y esto también se notaba en su caminar. Pero cuando se percató de que Alexander estaba esposado su rostro se cambió a uno de preocupación.

-¿Qué ha pasado? -dijo mientras avanzaba hacia el altea y su guardián.

El escolta de Lila se interpuso entre Alexander y el fallen y desenfundó su arma, una lanza un tanto corta. Mientras tanto, su compañero se revolvía, presa de su propia armadura.

-Por orden del arzobispo Smaer, quedas arrestado.

El fallen se rió, mientras se aproximaba a la ventana.

-¿Smaer se preocupa por mí? Menudo detalle. Si ya decía yo que nos quería a todos. Es como el padre de la patria.-Mizda hizo una pausa.-Oh, es cierto, si no tenemos patria. ¿De quién será la culpa? En fin. Alexander, no temas, volveré a por ti. Cuando todo termine.

Acto seguido y emulando a aquel norgon que había llevado a su padre, Mizda cogió carrerilla y, usando su propio cuerpo, atravesó los elegantes vidrios de la ventana de aquel piso del hotel Komfort. Solo que los norgon y fallen tienen diferencias significativas de resistencia ante los golpes y caídas, y que también había diferencias entre alturas, claro. Desde aquel tercer piso, era muy difícil que Mizda hubiera caído del todo bien o siquiera que siguiera de una pieza.

El escolta de Lisa se quedó patidifuso al observar tan tremendista escena. Pero el compañerismo sobresalió sobre el deber, y el soldado se dirigió a auxiliar a su compañero. Entre los dos lograron deshacerse de las pesadas piezas de oro. El compañero del escolta de Lisa y el propio escolta se acercaron a Alexander y cada uno de ellos se colocó a un lado del mismo.

-Es hora de partir. Recogemos el cadáver del fallen, le entregamos su mano a los superiores y llevamos a este señorito a los “tribunales”. Tú quédate aquí y acompaña a Lisa al Manantial. A todo esto, ¿Cuál es tu nombre? Oh, que estupidez. Sí, conozco tu nombre. Eres Alexander Gold.

Después de que Alexander decidiera si contestarle o no, el escolta de Lisa se presentó como Yacin. El hombre que se había despojado de su armadura se quedó en cueros, pero un así decidió irrumpir en la habitación de Lisa.

Lisa estaba intentando entretener a su sobrina para evitar que esta saliera fuera. Para tal fin, la cuñada de Alexander, con tan poca gracia como acierto, le enseñó varios juguetes manufacturados por las empresas jugueteras Naena. Uno de ellos era el típico molino de juguete cuyas aspas se mueven al soplar directamente hacia ellas. Sólo que este ejemplar tenía aspas de agua, y esta se movía imitando unas aspas reales, por supuesto.

El segundo juguete era un pompero, pero al soplar la pipeta con el jabón y el agua (aunque eran otros compuestos), las pompas tomaban formas extrañas y distintas trayectorias, rodeando a la niña y cambiando de colores. Pero Lisa no pudo evitar que Neptune escuchara el estruendo producido por la micro-pelea que había tenido lugar en el exterior y su nueva tutora tendría que esforzarse si quería evitar que su nueva tutelada acabase abriendo la puerta y saliendo al exterior.

Una vez el estruendo hubo cesado, un hombre en calzones y camisa interior entró en la habitación.



-¿Qué haces así, Wil?-el hombre en ropa interior comenzó a mover los brazos creando varios símbolos. Símbolos que Lisa parecía conocer.

-Ya veo. ¿Está el altea bien?

De nuevo, aquellos signos. No obstante, aquel intercambio fue menor.

-Me alegro. Te presento a Neptune, mi querida sobrina. Es una niña muy especial, en el buen sentido.

Wil se agachó para quedar a la altura de la niña y agarro la mano de esta con su brazo derecho, llevándosela a los labios y besando el dorso de su mano. Para cuando Alexander y Yacin se hubieron ido, Lisa ya tenía echas las maletas de Neptune y Wil se había agenciado otro modelito cortesía de los armarios del hotel Komfort, siempre repletos de trajes elegantes.

Para cuando Lila, Neptune y Wil atravesaron la puerta de su habitación; Alexander y Yacin iban en una barca camino de Esperanza, el gran baluarte de la Eclesia.

-Dudo que Lisa te haya contado todos los detalles, así que yo lo haré. Digamos que muchos de nosotros sospechábamos que la amenaza no había sido erradicada. Los paganos pueden haber sido ejecutados, pero hay traidores… traidores dentro de las murallas. Por amor de Dios, los malditos mestizos tienen linajes… son nobles. ¿¡Acaso soy yo el único que ve que estamos rodeados de locos?! Todavía no sé cómo es que los Smaer siguen gobernando este zulo. Seguro… seguro que el actual Smaer tiene una parte de sangre… mestiza.-Yacin se retorció del asco. -Ug, que desagradable. Me estremezco solo de pensarlo. Depravados. ¿Estás conmigo, chaval?-a pesar de que seguramente eran de la misma edad, Yacin no cesaba de usar ese tipo de apelativos con Alexander, como si se sintiera más experimentado que él. -Hoy tienes una oportunidad de oro. Según nos han contado, has sido el cómplice de un maldito hereje. Esperaba que ese hereje se hubiera aplastado contra el pavimento, pero en su lugar…

Cuando bajaron al vestíbulo del hotel, conectado directamente con todas las plantas a través de la ventana, descubrieron que Mizda se había esfumado. No había rastro del fallen, ni siquiera sangre. Aquello era sumamente extraño, pero Yacin prefirió no insistir en ello, pues había sido en parte culpa suya por su acusada falta de celeridad.

Para las diez de la mañana, arribaron en Esperanza. Una reunión se estaba celebrando, pero Alexander no asistiría a ella. En su lugar, después de ser ayudado por unos cuantos vigías para amarrar el barco, Alexander fue conducido por Yacin a una sala aséptica, típica de los interrogadores inquisitivos. El porte de Yacin cambió, así como su mirada.

-Tome asiento, señor Gold. Lila Siralos nos pidió expresamente que no fueramos demasiado duros con usted. Pero lo que ella no sabe, y de lo que no se debe enterar, es de que usted es un monstruo de lo más sanguinario. Sí, señor Alexander. Es curioso que después de nombrarle a usted sucesor, Aisak Dives tuviera tan fatídico final. Cualquiera diría… cualquiera diría que usted lo quería ver en el otro mundo. Pero no hablemos del señor Dives, pues eso no nos corresponde. ¿Ves esa cámara? -Yacin le señaló una abertura en la pared, a través de la cual podía discernirse un cristal cilíndrico que se movía a un lado y a otro alternativamente.

-Antes de encenderla, quiero que me responda usted a las siguientes preguntas. ¿Siente… siente Lila algo por ti? No es que me interese, solo es… es que como su escolta he de saber ese tipo de cosas. Ya sabes, para estar bien informado. -Yacin se aclaró de la garganta.

Una vez le hubo respondido, el aparente inquisidor agarró un mando a distancia y, presionando el botón de encendido, hizo que la cámara se enchufase y se quedara fija. La sesión se daba por comenzada y Yacin agarró una porra curiosa debido a su diseño. Dicho patrón consistía en la típica porra más un añadido de lo más curioso; pinchos.

-Buenos días, mis queridos obispos, mis compañeros inquisidores, mis respetados soldados y mis adorados exorcistas. Os he avisado de antemano pues no quería sorprenderos. Las cosas están así. Hemos acorralado al fallen de la mano de oro y a su compinche en el hotel Komfort. El fallen ha logrado huir gracias a la incompetencia de mi compañero, el soldado del martillo Wil. Ya sabéis, el mudo. Pero yo he logrado capturar a su compinche. Se trata de más ni menos que Alexander Gold, el asesino de Jose M. Martinez y el hombre que irrumpió en la residencia de los Dives con intención de asesinarlos y desatar el caos. Como no tuvo suficiente con Eonburg, ahora ha venido a por nosotros. Pero ahora lo tenemos contra las cuerdas, y solo tenemos que sonsacarle toda la verdad. Así pues, les insto a que hagan las preguntas oportunas. Y espero que el arzobispo Smaer por fin haga caso de los avisos que sus humildes servidores le han estado comunicando. Esta ciudad debe ser purificada cuanto antes, y en cuanto escuche el testimonio de Alexander Gold todas sus dudas se darán por resueltas. Señor Gold, empecemos por una pregunta de lo más generalista… ¿Qué tramaba su compañero y cuál fue el motivo por el cual burló la seguridad del puesto fronterizo?-al parecer, Yacin se dirigía a un público cuya presencia Alexander no podía discernir.

Mientras Alexander se encontraba en tan precaria posición, Neptune fue guiada por su tia y tutora Lila Siralos a un lugar donde, a juzgar por las palabras de la escribana, estaría segura: el Manantial, hogar de las cinco grandes familias.

Después de llegar hasta él en un trayecto en barca y de que Wil se encargara de atracar esta, Lila la condujo hasta una especie de gran construcción, la cual era rodeada por varias fuentes de agua, que flotaban y se movían en el aire. Neptune nunca había visto nada igual, y sin duda aquellas aguas tenían mil veces más glamour que los humedales. Varios hombres rodeaban aquel edificio.

Pero dos de esos efectivos llamaron la atención de Neptune. La niña conocía a aquellos dos individuos y debería de tenerles miedo, según le dictaban sus traumáticos recuerdos.

Lila Siralos se presentó ante los hombres que guardaban la puerta como la secretaria del arzobispo Smaer y estos abrieron la misma, dejando pasar a Neptune, a su tía y a Wil a través de ella.

En cuanto entraron, vieron las maravillas interinas de aquel edificio. El agua, de nuevo, era protagonista. Esta fluía inundando el ambiente con un aroma tan fresco y natural que los perfumes artificiales y por supuesto el olor nauseabundo de los humedales quedaban a un lado.

De hecho, el propio agua formaba fuentes de la cual, por supuesto, los invitados bebían. Lila extendió la mano de Neptune hacia una de estas fuentes y el propio líquido se acomodó en la pequeña palma de la niña, convirtiéndose en algo sólido. Algo sólido que si Neptune mordía, se descubriría con sabor a piña.

Atravesaron el vestíbulo de aquella sala, lleno de sirvientes e incluso de miembros de las familias que no tenían derecho a voto y llegaron a una especie de gran sala de arquitectura circular. Un gran circulo dividido en cinco partes equitativas. En cada división del círculo, los miembros privilegiados de cada familia se preparaban sus discursos en varias localizaciones. En los extremos de las paredes había grandes agujeros atravesados por enormes corrientes cilíndricas de agua, que pasaban por allí y se interconectaban como si de un circuito eléctrico se trataran. Y en el centro, una gran mesa circular de nuevo dividida en cinco partes, con varias mesitas cuadradas a su alrededor constitutía la pieza principal de la estancia.

Lila y Neptune ocuparon una de estas mesitas bajando las escalinatas que conducían a la gran mesa. Fue entonces cuando la señora Siralos le explicó a su sobrina lo que estaba pasando. Wil permanecía de pie, aguardando acontecimientos:

-Verás, cariño. Mientras tu papá responde las preguntas de mis amables compañeros nosotras hemos venido aquí para no molestarle. La tía Lila tiene que hacer un trabajo muy importante, y espero que no dés ningún problema.[color=MediumPurple]-la mujer revolvió el pelo de su sobrina con gesto cariñoso.-Mi trabajo es el siguiente. Hoy se celebra una importante asamblea que decidirá quién de todos los clanes de nobleza de esta ciudad gobernará hasta el año que viene. Ahora los miembros de las distintas familias están preparando sus estrategias de voto y su discurso para intentar convencer a otras familias de que les voten a ellos. Suelen surgir todo tipo de pactos y alianzas. Hasta ahora la familia en el poder durante varios años consecutivos han sido los Ipar, una mezcla de munchkin y norgon. Pero ahora las cosas cambiarán. Los norgon han detenido a los malos, y puede que sean recompensados por ello. ¿Entiendes lo que digo, verdad?

Después de que le respondiera, un individuo tomó asiento, pero no en la mesa principal, sino que ocupó mesitas como las de Lila y su sobrina. Era un altonato algo viejo pero majestuoso en su forma de moverse y de gesticular. Sus cabellos canos, que ya comenzaban a escasear, eran un recuerdo permanente de la posición contraria de aquel hombre frente a los cosméticos tan milagrosos como adictivos que entidades corporativas promovían. Yorick Adonis podía ser muchas cosas, pero no era un hombre aficionado a los cosméticos.



El viejo se arrodilló ante Lila y su sobrina y besó las manos de ambas:

-¿Quién esta dulce muchachita? ¿Es acaso su hija?

Lila se rió, tapándose la boca con la mano en un gesto de coquetería femenina sin parangón que hizo que en el rostro de su interlocutor se dibujase una discreta sonrisa.

-Claro que no, estimado Adonis. Es usted tan divertido. No, no. Neptune es mi querida sobrina. Está a mi tutela, y viendo tal y como está la ciudad no he tenido otra opción que llevarla conmigo. Además, no es mi intención interferir con las funciones de los miembros de la Eclesia, y sería un acto sumamente egoísta pedirle a uno de ellos que la cuidara.

Yorick Adonis asintió con convicción.

-Tiene usted toda la razón, señorita Siralos. La gente sensata como usted no sobra en este vertedero. Y quien sabe, quizá si la pequeña Neptune quiere dedicarse a esto algún día encuentre esta visita al monumento más importante de Feuerheim, después del archipiélago Esperanza claro está, enriquecedora. Porque imaginó que sus principales planes con respecto a la formación de la chiquilla es orientarla hacia la cámara hermética, ¿me equivoco?

-No anda desencaminado, querido Yorick. Pero aun así, tengo planteado dar a elegir a Neptune que tipo de educación quiere recibir y por supuesto, darle plena libertad para elegir un oficio el día de mañana.


Yorick revolvió los cabellos de Neptune con parsimonia y volvió a sonreír.

-Debe tratarse entonces de una joven muy especial. Sin duda le auguro un notable futuro en la Sagrada Institución.


Justo entonces, un hombre de mediana edad y norgon que portaba un traje bastante sobrio y unas gafas especializadas de varios aumentos bajó las escaleras hacia la gran mesa circular. Al observar a Neptune, su piel se volvió pálida y tuvo que detenerse. Yorick Adonis no perdió la oportunidad de hacer un comentario referente a tan curiosa reacción:

-¿Qué pasa, Felix? ¿Acaso has visto un fantasma?


Felix Bautrager tuvo que pensar durante unos segundos para contestar a su jefe.

[color:ae52= Crimson]-Oh, no es nada jefe. Sólo que la muchacha me ha recordado a una pobre niña que nuestros queridos compañeros fallaron en rescatar. Sí, eso… ha sido como una aparición divina.

-Oh, ya veo. Perdonadle, este hombre ha pasado por mucho. En fin, parece que la asamblea va a empezar.


Yorick Adonis tenía razón. Las cabezas de las principales familias habían empezado a bajar las escaleras. El primero de todos ellos fue Naena Urinaksa, una mujer altiva y de tono de piel peculiar, pero elegante. Ocupó su lugar en la zona azul de la mesa.

A esta le siguieron un hombre un tanto pequeño y delgaducho, de edad anciana y con pelo blanquecino. Su coronilla estaba despejada de este, por otro lado. Llevaba un gran abrigo de tonos rojizos e iba acompañado de alguien más joven pero maduro de todas formas, que parecía ser familiar suyo. Ambos ocuparon su lugar en el tono morado de la mesa. Neptune pudo escuchar lo que decían:


-Me congratula que hayas decidido apoyarme, querido Nylus. Eres un buen Bilda, y tu familia verá recompensada sus servicios. Pero creo que deberías dejar los cosméticos, la gente se va a pensar que eres mi hijo.



-Descuide, primo. No creo que nadie piense eso.-de esa manera, el no tan joven Nylus Bildaxis disipó las dudas de su tío.

El siguiente en bajar fue un pequeño munchkin en taparrabos que portaba un artilugio de lo más peculiar; una especie de cuchara. Su cinturón, acoplado al taparrabos, estaba lleno de pequeños compartimentos. El hombre se sentó en la división gris metálico.

Detrás de este iba a un hombre delgado, moreno y de orejas puntiagudas, ataviado con un traje dorado que ocupó su lugar en la división dorada de la mesa.

Finalmente, un gran hombre provisto tan solo de una especie de bajo-túnica y con arreglos típicos de la tradición Amu bajó las escaleras, cojeando. Para sorpresa de todos, iba acompañado de varias sirvientas, vestidas con sugerentes minifaldas de tela y camisas que dejaban su vientre al descubierto.

Todas ellas portaban instrumentos acuasonos, una gama de instrumentos forjada con la técnica de aqua picturae que les permitía imitar los sonidos de las grandes familias de instrumentos sin renunciar a tener unas dimensiones mucho menores y una gran maniobrabilidad.

Al posar su mirada sobre Neptune, el rostro de Amutza adquirió la misma tonalidad que el de Felix, y ese hecho no pasó desapercibido ni a Lila Siralos ni a su nueva tutelada. Yorick Adonis reaccionó a la presencia de las músicas con enérgica contundencia:

-¿Has perdido los papeles, Amutza? Las leyes sagradas dictan que este lugar no debe ser pisado por nadie ajeno a la votación. Muchos de nuestros familiares y amigos se quedan fuera de este lugar santo y tú… tú traes a tus casquivanas.

Amutza intentó relajar los ánimos.

-Oh, vamos, Yorick, tú sabes mejor que nadie que la situación no es la misma de todos los años. Creo que me merezco, después de renunciar a mis derechos dinásticos y de colaborar en la victoria de la santa Eclesia, el placer de obsequiaros con una buena sesión de música. De hecho, todos están de acuerdo con esta idea, salvo los Bilda. ¿Qué opinan sus señorías?-era evidente que algo rondaba a Amutza, pues su mirada no dejaba de posarse sobre la pequeña Neptune de forma intermitente.

Bildanus negó con la cabeza a la vez que Bildaxis asentía.

-Vamos, primo, será un buen espectáculo. Además, este hombre ha liberado la ciudad de la presencia sodomita. Se lo debemos.

Jehovannis Bildanus cedió, pero puso sus propias condiciones:

-Está bien, pero que sea al final de las votaciones. Nunca he sido partidario de la propaganda política. Y mucho menos de que personas ajenas a esta asamblea sean partícipes de los acontecimientos. Tal y como están las cosas nadie se libra de ser un sucio pagano en estos tiempos.

Amutza ordenó a sus sirvientas que se retirasen.

-Ya habéis oído, muchachas, yo mismo os llamaré cuando finalicemos.

Diciendo esto, las músicas salieron, y la asamblea dio comienzo.

FDI:
Bueno, muchachos, siento la espera. En primer lugar quería comunicaros que ha habido al menos una baja confirmada, Ryomaru renuncia a jugar en el evento de forma oficial. Dalos no lo ha dicho con esas palabras, pero creo que también. Y de Aurunox no se sabe nada, así que lo daré por desaparecido. He tenido que reorganizar varias cosas así que no temáis avisarme si algo os chirría.

Un par de aclaraciones:

@Alexander: Tu personaje está "dividido". Dado que ahora, salvo que quieras enzarzarte en una pelea, estás frente a situaciones puramente interpretativas y "de dialogo", no hace falta que partas tus acciones pero, si en un momento dado ambas partes incluyen enfrentamientos o yo te lo indico así, tendrás que elegir entre ceder acciones a Neptune o dejar que tu hija se quede "stand by", con todo lo que eso conlleva.

Como siempre, no temais intentar modificar el contenido de mis mensajes, respetando siempre la forma original, eso sí.


Un saludo y divertíos.

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Re: [EVENTO DECISIVO] "El líquido de la vida" [Feuerheim, 1 de Enero - 898 d.G]

Mensaje por Sig el Lun Jul 13, 2015 11:28 am

Tras una breve interrupción por parte del obnubilado escudero, que parecía totalmente abstraído de la realidad, el señor Gumbleton no pudo hacer mas que rescindir su anterior ofrecimiento y quedarse el mismo con su propio voto y el del muchacho, Sig no pudo hacer mas que soltar una pequeña risa ante tan bizarra situación, eso al menos sirvió para calmarle un poco y darle la confianza de que al menos no podía quedar tan mal como el joven del martillo, en este punto el aspirante a exorcista descarto casi totalmente la posibilidad de conocerlo, adjudicando su sensación de antes a un simple malentendido o algo así.

Una vez resuelto este pequeño inconveniente, la votación siguió su curso normal, y resultando en una victoria de parte de la facción que proponía mantener las murallas cerradas, si bien Gumbleton había presentado un argumento bastante bueno, este no sorprendió a Sigurd, quien rebatió a su interlocutor aclarando que esas razones podían ser debatidas mas adelante si la situación se prolongaba demasiado, pero que de momento la ciudad se mantenía en bastante orden y afirmando su confianza en que la santa institución podría resolver el problema antes de que pasara a mayores. Si bien el mas joven de los Bildaxis no era ni mucho menos un político, como natural de familia noble sabia defenderse medianamente bien en ese campo y confiaba en no estar haciendo el ridículo en esa ocasión, al menos no muy evidentemente.

Para sorpresa del joven noble (y posiblemente de casi todos los involucrados) una vez terminado el debate y declarada la victoria de la facción de Sig, la plataforma donde se encontraban dio un giro sobre si misma, transportándolos a una especie de habitación secreta con una amplia variedad de cámaras que permitían una vista privilegiada de varios lugares importantes de la ciudad, como el manantial o el refugio de los arquitectos, en mitad de la sala reposaba una mapa de la ciudad en el cual ponerse en perspectiva para trazar una táctica adecuada con la que afrontar el problema.
Una vez adentro, la atención de Sigurd se centro en el susodicho mapa, el cual repaso minuciosamente con la mirada una vez se hubo familiarizado con el resto de la sala, en cuanto el Arzobispo les dio permiso, Sig decidió sentarse junto a Emrys, su otra opción era el señor Valkirian pero la profunda mirada de este sumado a la discusión que había tenido anteriormente con su madre no le daba mucha confianza, a pesar de que se había portado bien con el.

Sig escucho con detenimiento el discurso de su anfitrión, prestando especial atención a cada posible detalle que este les proporcionara, en cuanto este menciono a las familias, y mas específicamente a la suya, Sig vio una oportunidad para mermar la confianza de la eclesia en las demás familias utilizando un pensamiento que había tenido apenas se entero de las acciones de Amutza el tartabizco, y, quien sabe, si los Amu realmente tenían algo que ver quizá hasta podría aumentar la influencia de su propia rama familiar con esto, sino, poco tenia que perder, no era como si los Amu tuvieran demasiada influencia en los últimos tiempos, si con esto podían destruir completamente a esa decadente familia de norgons mejor, quizá los Bilda, quienes antaño encargados de acabar con el anterior rey, también fueran los encargados de acabar con su linaje perverso.

Sig aprovecho esta oportunidad, se puso de pie y empezó a hablar. -Su excelencia, me siento sumamente halagado por su confianza en mi y en mi familia, sin embargo y si me permite el atrevimiento... Yo no confiaría tan fervientemente en la lealtad de los Amu, ¿soy el único al que le parece sospechoso que los paganos fueran a buscar ayuda específicamente a los Amu poco después de que el líder de estos renunciara a su derecho dinástico y, con esto se ganara el reconocimiento de la ciudad?, una coincidencia bastante grande que termino beneficiando a una familia en denotada decadencia, ahora de ninguna manera estoy acusando a nadie, los Amu son una de las cinco grandes familias de Feuerheim y se merecen nuestro respeto por eso... Pero yo no me andaría con tanta confianza, después de todo, hay hombres que son capaces de todo con tal de obtener una posición privilegiada, mas si la han perdido anteriormente- tras decir esto, volvió a sentarse y continuo escuchando las palabras del obispo, hablando solo cuando este pidió que le juraran lealtad.

Poco después, un supuesto pagano fue escoltado al interior de la sala, el sospechoso estaba ataviado a una enorme armadura mecánica de ultima tecnología, y era escoltado por un censor. "je, cuando no, los orgullosos miembros del escudo leal cumpliendo la labor de la eclesia" Pensó Sig para sus adentros, ya que si se le ocurría decir eso en voz alta lo mas probable era que terminara en uno de los calabozos de esperanza a la espera de los inquisidores para "expiar" sus pecados. Como si la entrada de este personaje no fuera suficiente espectáculo, se les comunico a los presentes que había comunicación directa con uno de los paganos que habían atravesado la muralla, hecho que consternaba a Sig de sobremanera, porque significaba que la seguridad de Feuerheim estaba aun peor de lo que se pensaba, había también otras cosas que le molestaban de todo eso, como por ejemplo el trato que ese guardia tenia para con el arzobispo, una cosa era estar en desacuerdo con el previo a que le pidieran su opinión, ¿pero salir de la nada con esa especie de pseudo-sermón?, inconcebible.

Una vez el irrespetuoso inquisidor termino con sus preguntas y el sospechoso hubo contestado, Sigurd se levanto de su silla, dispuesto a formular sus propias preguntas mientras caminaba lentamente alrededor de la sala con su brazo en la espalda. -Bien, tengo unas cuantas preguntas que hacer, algunas están dirigidas al señor Gold, otras a su excelencia, el ilustrisimo Tezich Smaer, arzobispo de Feuerheim, otras a ambos, para empezar...- Dijo esto posando su mirada en el cautivo. -¿como es que atravesó la muralla exactamente señor Gold?, ¿alguien de adentro le facilito el paso? De no ser asi, ¿como lo hizo?, ¿aprovechándose de una debilidad estructural o algo así?, espero que se explaye bien en el tema, no creo que sea necesario recordarle la situación en la que se encuentra- Después de esto dejo un poco de tiempo para que Alex contestar. - otro tema a discutir es la mano de los Rahanidas, me he enterado de que su compañero esta en posesión de dicho artefacto, ¿como es posible que lo hayan activado de nuevo?, aunque este parece un tema menor, ese artefacto es sumamente poderoso e importante, recuerde que su ayuda y buena disposición en esto podría hacer su sentencia mas llevadera... Pero esa es una discusión para otro día, lo que mas me interesa ahora es otra cosa, ¿como un terrorista buscado como usted ingreso al hotel Komfort?-.

Tras decir esto, el joven aparto su mirada de la pantalla y siguió rondando la habitación hasta quedar frente a frente con el cautivo de la armadura mecánica. -Su excelencia, usted dijo hace un momento que el señor Gold había secuestrado a su hija, ¿donde se encuentra la niña ahora mismo?, los niños suelen ser mas susceptibles a interrogatorios, ademas podríamos usarla para hacer que el buen Alexander suelte todo- Si bien le repugnaba la idea de un inquisidor interrogando a una niña, Sigurd comprendía que era necesario para la seguridad de la ciudad contar con toda la información posible. El joven aparto su mirada de Smaer para dirigirla al Escudo protector Tadelbar Ansu. -Mi estimado señor Ansu, ¿en que situación encontró al hereje que esta aquí presente? , ¿y porque no le han quitado la armadura a la fuerza? Al menos deberíamos de sacarle el casco de ser posible- Sig miro alternativamente a la pantalla y al caballero, antes de decidirse a hacer una ultima pregunta, -Por ultimo, una pregunta para el señor Gold, ¿reconoce de algo a este caballero aquí presente?- Dijo señalando con su única mano al supuesto hereje metalizado, si Smaer conocía o intuía la ubicación de la hija de Alexander, Sig usaría esto para recordarle a Alex que no solo su destino pendía de un hilo, sino el de su hija también.

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Re: [EVENTO DECISIVO] "El líquido de la vida" [Feuerheim, 1 de Enero - 898 d.G]

Mensaje por Rahn el Lun Jul 13, 2015 1:28 pm

Sabía por experiencia propia ver en los ojos de un pájaro su inteligencia. "Inteligencia", según los estándares de los pájaros: no eran ningunos lumbreras, aunque había oído hablar de pájaros con capacidad de raciocinio; pero había pájaros capaces de tener algo parecido a emociones y sentimientos, y que tendían a entender mejor las cosas. Nunca había contactado con un blaiderid, ni siquiera había visto uno vivo hasta ese momento, de modo que la oleada de sentimientos que me golpeó en cuanto entré en su mente me pilló desprevenido. Era un ejemplar de personalidad fuerte, que no opuso mucha resistencia a mi control, lo cual ya era mucho, comparado con la nula resistencia que solía encontrar. Asustada por la presencia extraña en su mente, aleteó incómoda hasta que establecí mi dominio, momento en el cual recibí una angustia extremadamente intensa. Era una sensación de desolación propia de alguien que lo ha perdido todo. Nada había escrito sobre emociones en las aves, pues yo era (que yo supiera) el primer habitante de Terra en experimentarlas, de modo que no pude discernir cual era la fuente de ese dolor, si el lugar o la propia naturaleza del animal. En cualquier caso, este sentimiento no tardó demasiado en convertirse en compasión por mi parte hacia la criatura.

A través de sus múltiples ojos podía verme a mi, de pie aun con la cara de susto que se me puso al establecer contacto, junto a Balamteir, que ahogaba los gritos de un repugnante norgon con un instrumento que, desde los oídos del blaiderid, se me antojó el sonido más irresistible del mundo. Casi por iniciativa propia, el animal se subió de un salto al hombro de mi acompañante. Le ordené que se quedara ahí hasta nuevo aviso y retomé la conexión con mi gaviota, que había estado acurrucada de miedo en mi brazo todo ese tiempo. Acto seguido, como quien pasea por su casa, abandonamos la arena delante de las narices de todos los entrenadores. 

El Mercado Biológico de Feuerheim era definitivamente interesante y repugnante a partes iguales. Del mismo modo que la oscura biblioteca en la que estuve durante toda mi adolescencia estaba sembrada de información teórica sobre animales, el Mercado lo estaba de información práctica, de ejemplares en carne y hueso extremadamente diversos. Concretamente, la sección de aves era como un enorme zoo-mercadillo, empapelado de información y poblado por mis emplumados amigos. Esa era la parte interesante. La parte repugnante era la de tener a todos esos hermosos ejemplares enjaulados y pasados de mano en mano, para luego ser usados como carne de espectáculo.

Tras recorrer algunos pasillos llegamos al despacho de un curioso hombre, un señor de edad aparentemente muy avanzada, pero a la vez muy ágil. Sentí un gran alivio al separar mi mente de la del blaiderid y sentir toda esa angustia palpitante alejarse de mí. Mientras ordenaba al blaiderid que fuera con el viejo y me separaba de su mente, no perdí detalle de la conversación, o más bien monólogo, que mi acompañante mantuvo con el tal Narish. Su iniciativa me parecía admirable, y me caía mejor a cada palabra que decía. Inconscientemente mis orejas se alzaron y sonreí; daba gusto ver que había gente de buen corazón en este mundo. 

La pregunta que me hizo Balamteir me pilló desprevenido, sin embargo. 
-A decir verdad, Balamteir, no es algo que yo tenga muy claro. Mis habilidades son innatas, siempre he tenido contacto con los pájaros. Evidentemente, es algo que he ido entrenando con el tiempo, pero reconozco que no son sólo fruto de mi esfuerzo; es algo que llevo "de fábrica", por decirlo de algún modo. Por lo que sé, desde el mismo momento en que nací ya estaba rodeado de aves. Años de estudio después, me hice el ornitólogo que soy ahora. Aun así, sigo sin saber por qué tengo esta capacidad...
La verdad, nunca lo había pensado demasiado; mi poder era algo comúnmente aceptado entre mi familia y amigos y nadie parecía darle demasiada importancia. 

Estuve enfrascado en mis reflexiones al respecto, sin llegar a ninguna conclusión, hasta que llegamos a una especie de caravana, un pequeño espacio habitable sobre ruedas bastante lujoso, tirado por caballos. En la parte de atrás había un espacio destinado al transporte de animales, pero subí a la gaviota conmigo. Me aseguraría personalmente de que no ensuciara nada, y además no quería entrar en un lugar desconocido sin poder verlo.

Me acomodé en un asiento forrado en cuero bastante cómodo, y acto seguido mi acompañante mestiza se sentó justo al lado mía, innecesariamente cerca dadas las dimensiones del lugar, en una cercanía en cierto modo íntima, lo cual en cualquier caso no me incomodaba demasiado. En ese momento me soltó un discurso que intenté interrumpir en varias ocasiones, quedándome siempre con la boca abierta y el dedo levantado, hasta que concluyó su propuesta tratándome, muy para mi sorpresa, de "amor". Ciertamente, me parecía una mujer atractiva, y sentía que era una persona de confianza, además de estar muy de acuerdo con sus iniciativas; pero aun así me parecía un trato excesivamente cercano. Me aclaré la garganta, sonreí con timidez y fingí reacomodarme en el asiento, ganando unos centímetros de distancia sin resultar descortés. 
-Ejem... Sí, Balamteir, estoy de acuerdo con tu iniciativa y tus ideales. Más aun, viniendo de alguien de tu posición, me parece muy admirable ese esfuerzo por cambiar las cosas. Te ayudaré, cuenta conmigo. -sonreí en un gesto de complicidad y confianza, entrecerrando los ojos -Sin embargo, me gustaría que me dieras más detalles sobre lo que piensas hacer: a qué riesgos nos exponemos, quién nos ayudará, qué he de hacer exactamente...

Me puse en pie y me acerqué a un pequeño cofrecito con pinta de minibar. Efectivamente, lo era, y al abrirlo saltó a mi nariz el inconfundible olor del jugo de pyki. Asaltado por la nostalgia, no pude evitar servirme un vaso. No fue hasta que tuve la boca teñida de azul que me fijé, a través de los ojos de la gaviota, que mi anfitriona me miraba con expresión curiosa. 
-Ehm... Perdona que me haya servido sin preguntar, Balamteir... A propósito, ¿te sirvo algo?
Invitarla a sus propias bebidas no era exactamente un gesto de cortesía, pero fue lo mejor que se me ocurrió para compensar el hecho de haberme invitado a mí mismo. Sin embargo, a la vista del trato que me había dado, supuse que había confianza suficiente entre los dos para hacerlo.

FDI:
Bien, pues estas son mis acciones:
Acción 1: Subir al blaiderid a hombros de Balamteir + enviarlo con Narish
Acción 2: Caminar hacia el minibar + beber

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Re: [EVENTO DECISIVO] "El líquido de la vida" [Feuerheim, 1 de Enero - 898 d.G]

Mensaje por Dezba Wakanda el Lun Ago 10, 2015 2:53 pm

SIG

-Tus ideas son retorcidas, joven Sigurd. Se nota que la sangre de los Bilda, aunque más diluida que en el caso de tus primos, corre por tus venas. Amutza es un hombre profundamente religioso, tanto practicante de la religión oficial como estudioso de los ritos primitivos. Además de eso es tartamudo, incapaz de enarbolar un discurso coherente, sus ojos hace mucho tiempo que abandonaron la normalidad y, como colofón, una de sus piernas es bastante más larga que la otra. Sin mencionar su más que apreciable gigantismo, lo que hace que sus huesos soporten una presión sin igual que, en última instancia, lo incapacita para vestir prendas tales como armaduras o recorrer largas distancias. ¿Y tú sospechas de este gigante bonachón? En el caso de que quisiera traicionarnos, necesita al pueblo de su lado, y me temo que habiendo renunciando a sus derechos dinásticos sobre la ciudad… recibiría un apoyo cuanto menos limitado. De hecho, si me permites el apunte, sería de los propios Bildanus de los que habría que sospechar en este caso, pues si no fueran tan fieles súbditos como han demostrado ser a lo largo de las eras uno podría deducir que ahora que los Amu están fuera del juego dinástico, son ellos quienes más cerca se encuentran de ostentar el poder… Al menos según la legalidad vigente. Bien sabrán todos los presentes que si la familia Smaer pereciera, serían los Bilda quienes ocuparían su lugar en el arzobispado, según se estipuló. Este no es un ataque hacia tu clan, joven Sigurd, ni mucho menos. No obstante has de ser consciente de la situación. Es una situación peliaguda que los paganos no dudaran en utilizar en nuestra contra. Intentando lograr la tan ansiada división interna de Feuerheim. Ahora dirigiré una pregunta a todos los presentes. ¿Por qué creéis que la influencia de la Eclesia es tan limitada en la ciudad? ¿Acaso pensáis que se debe a debilidad? ¿A miedo? No, en absoluto. Muchos se atreven a tacharnos de corruptos, de oportunistas. Otros, de débiles. Pero Feuerheim es grande, y sus habitantes fieles. Otras ciudades adolecen de criminalidad, sucios violadores y espontáneos asesinos. Nosotros tenemos a los rigurosos Arquitectos, tan puntuales, tan regulados… tan limpios. Tan contributivos. Otras urbes, por el contrario, son presa de una fuerte represión. Aquí, sin embargo, los Censores hacen gala de un exquisito sentido de la moral y guían a la población hacia él. En otros lugares, la riqueza está repartida de forma desigual, los impuestos agobian a la ciudadanía. Aquí eso no sucede. Toda la riqueza está resguardada por nuestros queridos Rahan y su sistema bancario, solamente superado por el de Kerfel, y la ciudadanía da voluntariamente su dinero a aquellos que están dispuestos a tomarlo. La tasa de criminalidad, en consecuencia, es la más baja de Terra. Incluso ciudades como Kerfel, Ciudad Catedral y Martillo de Brujas son peores que nosotros en ese aspecto. Hablando de Martillo de Brujas, Kerfel y Ciudad Catedral… en aquellas ciudades el noble arte de la medicina está corrupto. Los ricos pasan por dolorosas operaciones para extender su miserable vida. Aquí, sin embargo, el agua es el motor de la medicina. Todo es natural, un regalo divino, un regalo que ya han intentado arrebatarnos varias veces. El trasvase del Manantial nunca ha salido bien, pues una vez el agua sagrada abandona la ciudad pierde todas sus propiedades. Se transforma en agua común.-Smaer abrió los brazos y sonrió.-Es esta ciudad, bendecida por los ángeles, la que posee las propiedades, y no el agua.

Alexander no respondió. Como consecuencia, a través de las pantallas los presentes vieron como el inquisidor usó su arma para torturar a Alexander Gold por su negativa a hablar. Golpeandole repetidas veces en la espalda, lo lanzó al suelo. Desde allí, usó su propio pie para arremeter contra su rostro, rompiéndole varios dientes en el proceso y produciéndole un cuantioso sangrado bucal. Emrys apartó la vista, como otros asistentes, horrorizado. Mientras tanto, Nana y Valkirian observaban la escena, obnubilados.

-Estas cosas nunca son fáciles. Le ruego, Excelencia, que desactive la cámara. Puede que necesite unos momentos a solas con el implicado.

Smaer asintió, y de pronto la imagen se congeló.

Valkirian se alzó por vez primera, trayendo una polémica propuesta a relucir.

-El implicado tiene una hija, ¿no es cierto? Creo que será mucho mejor torturarla a ella.


Nana sonrió, y comenzó a mirar a Valkirian de forma intensa, mordiendo su labio inferior durante unos instantes. Después se levantó y apoyó su propuesta.

-Es cierto, mi señor. Soy una simple escudera pero tengo entendido que las niñas suelen tener un gran… poder de convicción de cara a sus papis. Sobretodo cuando los segundos escuchan a las primeras gritar desconsoladamente.


Smaer les miró a ambos, con gesto de desagrado en su rostro, y opto por responderles:

-¿Cómo se atreven a sugerir…?

Mientras tanto, Jeffer y Ansu se apresuraron a hablar, evitando así que su jefe perdiera los papeles. Ronald fue el primero.

-En esta ciudad no actuamos así, caballero… y señorita.

-De hecho, no es práctico. Esa niña vale mucho más viva que muerta. Es la sobrina de una figura muy importante en la política de esta ciudad.


Valkirian sonrió, y fijo su fría mirada en Smaer mientras traqueteaba sobre la mesa con sus largos y huesudos dedos.

-Con la Secretaría hemos topado. Nadie quiere que la sobrina de la señorita Siralos sufra daños, ¿no es cierto? El ojito derecho de Smaer se pondía triste si eso sucediera. Puede que su política de “el país de las maravillas” le sirviera para contentar al Exarca durante la paz señor Smaer, pero mucho me temo que estamos en guerra. Lo huelo. Y soy un experto para ese tipo de temas. Y creo que usted debería tomarse un descanso y dejar de entrometerse en las funciones de los enviados por el Exarca. Estamos mucho más capacitados que cualquiera de aquí para llevar este asunto.

De nuevo Nana apoyó a quien parecía ser su nuevo amor platónico.

-Estoy de acuerdo con el señor…

-Valkirian.
-respondió el hombre, secamente. Era obvio que no guardaba el menor interés por la devoción de la muchacha.

-Con el señor Valkirian. Deberíamos instalar más vigilancia. Nos hemos dedicado durante más de dos días a vigilar el jodido perímetro, mientras que dentro de la ciudad todo sigue igual. ¡Es absurdo!


Ronald Jeffer carraspeó.

-Les ruego que vigilen sus formas, o de lo contrario…

-¿Vas a echarnos? Seguro que eso diría mucho de la corrupción en este… prostíbulo.
-sentenció Valkirian.

El viejo Emreis intentó apaciguar a los presentes, moviendo las manos en orden ascendente y descente:

-Vamos, vamos, muchachos… Recuerden lo que Smaer dijo: No debemos dejar que nos dividan.

Gumbleton asintió.

-Estoy de acuerdo. Parece que por una vez, los ancianos se unen. De todos modos, señor Valkirian, se me antoja usted demasiado autoritario. Y usted… Nana Slauhter, podría suponer que la espera no le resultó del todo tediosa. Más de una decena de cadáveres de civiles cruelmente asesinados a flechazos parecen suficientes para echar más de una tarde. Si la situación no fuera tan… tensa, debería temer mis represalias. En su lugar le recomiendo que sustituya los civiles por paganos. Las victimas que uno elige degollar pueden convertirle en un sádico asesino o en un servicial héroe. Elija con sabiduría que quiere ser.

-No necesito ser autoritario, señor mío. Tan solo estoy siendo razonable. El señor Smaer acudió a la Eclesia Central clamando por refuerzos. La situación era crítica, señalaba. Y ahora desdeña esos refuerzos, se atribuye el triunfo. Pero, sin embargo, no nos deja salir de la ciudad, quizá para ir a auxiliar otros lugares. Tengo entendido que la vida del arzobispo de Eonburg corre peligro. Pero en Feuerheim sois muy dados a ignorar ese tipo de contratiempos. ¿Me equívoco, señor Ronald Jeffer? ¿O más bien debería dirigirme a usted como Gran Custodio?
-Valkirian hizo una pausa y se aclaró la garganta.-Es extraño que en una ciudad donde los lazos familiares son tan fuertes el gran custodiato sea ejercido por un advenedizo… Ronald Jeffer, hijo de custodios, nieto de caballeros y bisnieto de escuderos. ¿Qué ha sido de nuestra querida dinastía de norgons? ¿Qué ha sido de Yisaq Dives, el retirado? ¿O de Aisak Dives, el que debería ser gran custodio? ¿También ha renunciado? ¿Y sus hijos; cuantos tiene ya, entre adoptados, propios e incluso bastardos?

Smaer contestó a todas las preguntas, sin dejarse ninguna:

-Comenzaré por responder al señor Valkirian. Alguien corrupto, señor Valkirian, podría matarle a usted en esta misma sala, sin contemplaciones. Podría declarar el orden marcial y asesinar a todos los opositores. O podría encerrarlos en sus habitaciones, e impedirles salir. Algo que en el lugar de donde usted viene tengo entendido que está muy de moda. Pero ambos sabemos que yo no soy esa clase de persona. Y que Feuerheim puede ser un prostíbulo, pero no es una carnicería. Ni un patíbulo, como otros “santos” lugares pervertidos por la influencia de instituciones degradadas. Lila Siralos es una de mis más fieles colaboradoras. Pero bien sabrá, junto con su estatus de niña prodigio, que su vida familiar ha sido prácticamente aniquilada. Y en Feuerheim se nos podrá tachar de cualquier cosa, más no de insolidarios. Le prometí a Lila que le daría un juicio justo a su cuñado y que mantendría la integridad de su sobrina a salvo. Quiere criarla, ¿sabe? No me parece una buena decisión, si me pregunta a mí, pero es su decisión. Y a cambio de sus servicios, bien estoy dispuesto a tolerarla. En cuanto a los refuerzos y la situación, creo que será capaz de llegar a la conclusión, ya que es usted un hombre tan analítico, de que necesitamos un excedente de soldados en el caso de que la situación se descontrole. Cosa que cada vez es menos improbable, pero no debemos confiarnos. Es la enésima vez que repito esto, y me temo que no voy a volver a hacerlo. Tendré que considerar a cualquiera que no lo entienda como un deficiente mental. Y gente con ese tipo de taras no debería ser tomada en serio. En cuanto a Aisak Dives, creo que usted sabe mejor que yo la situación. Me enteré de esto hará pocos días, pues sucedió un 20 de diciembre. El señor Emyr quizá en colaboración con Gumbleton podrán ofrecernos más luces sobre ese caso, pues es la cruz Argenta junto con la orden del Martillo quien se encarga de investigar el caso. Uno peliagudo, sin duda, y con varios cadáveres que hasta ahora no han sido identificados. ¿Es probable que uno de ellos sea el de Aisak Dives? Pues dado que sus señales de vida en la última semana han sido más bien escasas, me sentía inclinado a esa teoría. Por tanto, y ante la posibilidad de que todos los Dives de Gonduar hayan perecido o los sobrevivientes estén velando por el alma de su patriarca y puesto que el único superviviente confirmado, Yithzaq Dives, se encuentra en la lejana Laursia, sirviendo a la Santa Institución, me he visto reducido a ascender a nuestro más que válido custodio, Ronald Jeffer, como Gran Custodio de forma temporal.


Una vez el señor Ansu terminó de hablar, contestó las preguntas que el hijo de los Bildaxis le dirigía :

-Encontré a este individuo paseando por las calles en compañía de un fallen pícaro. Mientras que el fallen no dijo nada y se dejó hacer, este intentó resistirse. Sólo después de que me identificará con mi título honorífico, el de Sumo Inquisidor de la ciudad de Feuerheim, accedió a acompañarme. En cuanto a la armadura, lo hemos intentado, más mucho me temo que nos resulta del todo imposible. Está totalmente cerrada. Sospecho que puede tratarse de tecnología munchkin. Algo avanzado, imagino. De todos modos, el fallen en cuestión parece ser un asesino en serie, y algo me dice que si nuestro querido caballero le acompañaba tampoco será trigo limpio.


De pronto, Sig notó como tanto Valkirian como Smaer daban un respingo sobre sus respectivos asientos. Todos miraron al arzobispo, mientras que el rostro de este estaba pálido Valkirian sonreía.

Fue Emreis quien requirió una respuesta del arzobispado:

-¿Qué sucede, mi señor?-era difícil determinar a quien iba dirigida esa pregunta, pero fue Smaer quien decidió responderla.

Así pues, el arzobispo se aclaró la garganta y procedió a responder.

-Seré sincero con ustedes. Hemos perdido contacto con la Asamblea. Algo debe de haber pasado, algo… inusual. Ninguno de nuestros dispositivos de vigilancia funciona correctamente. Y eso es una mala señal.

La gente comenzó a alborotarse, sobre todo los nobles, que hasta entonces no habían dicho ni mu. Fue Valkirian quien llamó a la calma. Era evidente, a juzgar por sus palabras, que no era un momento para desacreditar a Smaer. No en aquel instante, donde podía cundir el caos.

-¿No es posible que las familias se hayan percatado de que se les espía y hayan desactivado las cámaras?

Smaer carraspeó, intentando transmitir a los presentes un sentimiento de serenidad y paz.

-¿Y eso no sería un problema en sí? Sea lo que sea, no podemos perder el tiempo haciendo conjeturas. Necesito voluntarios de esta sala, los únicos dignos de confianza, para que vayan a investigar lo sucedido.

Valkirian irrumpió.

-Creo, estimado Smaer, que esto sería trabajo de la Inquisición. Déjame llevar a cabo este movimiento, déjame elegir a los hombres que acudirán a inspeccionar la Asamblea. Quizá sea una trampa.

Smaer asintió.

-Supongo que podemos dejar nuestras diferencias a un lado por el bien de la Eclesia.

-Que así sea. Seleccionaré al equipo de reconocimiento. Gumbleton, Yacin el inquisidor… y Sigurd Bildaxis, en calidad de exorcista. Lila Siralos estará por los alrededores, así que sospecho que se unirá a ustedes. Esto configura un equipo bastante equilibrado y que podrá sobrevivir e informarnos en el caso de que se trate de una trampa.

Smaer interrumpió a Valkirian:

-No creo que el joven Bildaxis quiera participar en esta misión… Recuerda que son sus parientes quienes son susceptibles de haber sufrido daños. No creo que sea un movimiento inteligente el permitir que Sigurd presencie lo que podría ser…

-Oh, vamos. No sea melodramático, señor Smaer, estoy seguro de que el crio arde en deseos de averiguar lo que ha sucedido. ¿Me equívoco, Sigurd?


La espada o la pared. Valkirian o Smaer. ¿Cuál era la cual? Era difícil decirlo. Pero Sig tenía que tomar una decisión o ninguna.

RAHN


-Está ciudad necesita libertad, Rahn. Las mafias oprimen a los habitantes de lo que antaño era un monumento a la naturaleza. Los burgueses exprimen cuanto pueden y más los recursos naturales. El crimen organizado ha hecho de los delitos la regla y no la excepción. Y mientras tanto, esos tres nos observan desde arriba, conscientes del sufrimiento del pueblo. Por todo esto, los animales sufren incontables vejaciones, sin tener culpa de nada. Tezich Smaer, Yorick Adonis y Jehovannis Bildanus. Las tres cabezas de la hidra. ¿Sabes lo que es una hidra, verdad? Los rumores dicen que los antiguos reyes se alimentaban de sus atributos carnales para aumentar su virilidad. Tienen tres cabezas, la mayoría de ellas. Si el cazador comete el error de no cercenarlas todas al unísono y sin dudar, muchas más aparecen. Es una efectiva analogía. Si no acabamos con las tres cabezas de la hidra antes de que se ponga el sol, nuestros problemas se multiplicaran. Nosotros somos los escogidos para acabar con una de las cabezas más poderosas de la hidra, Yorick Adonis. Pero no somos los únicos, ni mucho menos. Hoy la Asamblea nos traerá la segunda de las cabezas, la sucia y asquerosa cabeza de Jehovannis Bildanus. Y, finalmente, cuando el viejo Smaer se percate de que ya no puede hacer nada, uno de sus más cercanos individuos acabará con su vida. Finalmente, el cuerpo de la hidra, la puerta cardinal, será destruido. Y nosotros alcanzaremos la tan ansiada paz. No queremos deshacernos de la Eclesia, pues de lo contrario habríamos colaborado con la causa pagana. Solo queremos separarnos de su gobierno y acatar tan solo la autoridad religiosa del Exarca. No es nada desorbitado, solo pedimos orden y el poder gobernarnos a nosotros mismos. Pero me temo que la Eclesia no lo aceptará hasta que no tengamos la sartén por el mango. Y eso es lo que vamos a hacer hoy. Por otro lado, tiene que quedar bien claro quiénes son los culpables. No queremos que los sodomitas se lleven todo el mérito y reconocimiento de nuestra resistencia. En cuanto a tu generosa oferta, mi querido Rahn, temo que debo rechazarla. Necesito estar serena para lo que se avecina.

Justo entonces, la caravana se detuvo y Balamteir le indicó que bajara del vehículo. Pararon frente a una pared de piedra, en la cual una grieta se destacaba. Era una grieta suficientemente grande como para poder meter un brazo, y eso hizo la mestiza. Balamteir introdujo su mano en el orificio y, unos segundos después, con un sonido de descomprensión, la grieta se agrandó hasta convertirse en una puerta algo accidentada que llevaba a unas escaleras de piedra.

Después de descender durante minutos aquella escalera con forma de corredor esperando que Rahn le siguiera, Balamteir se detuvo en una sala circular, una especie de balcón subterraneo que unía dos pasadizos. Si Rahn miraba hacia abajo, podría ver unas aguas un tanto sucias, plagadas de pequeñas partículas flotantes.

-Rahn, te presento a los wenigs. Ahí donde los ves, esos animalitos, que se cuentan por billones, se agrupan formando estructuras imponentes. No obstante, los Arquitectos, bajo el mando de Yorick Adonis, los “adiestran” para adoptar formas degradantes con el fin de paliar los fallos de diseños y estructurales que su propia incapacidad producen. Pero hoy, hoy serán libres.-antes de continuar, Balamteir se detuvo. Se escuchaban pasos, a pesar de que no había nadie en la estancia. La mestiza le hizo un gesto a Rahn, indicando que guardara silencio. Después, propinó un golpe al aire.

Un misterioso individuo embutido en una especie de traje del todo extravagante cayó al suelo, derribado. Su traje, más similar a la tela que a una armadura, comenzó a emitir diversos tonos de colores, que cegó tanto a Rahn como a Balamteir. Sin embargo, esta no se achantó y comenzó a patear al individuo, que le rogaba que se detuviera. Una vez lo hizo, dicho individuo se presentó:

-Estoy aquí para ayudar. Soy un enviado de Verkant.-dicho esto, le dio la mano a su agresora, esperando que le ayudara a levantarse.

-Identifícate.

-Kleur el sin color. Conocido por rescatar mujeres,  salvar niños y proteger aldeas. A todos les importa su porvenir, y la amistad y el respeto del pueblo llano se granjea.

-Una bonita rima, si es que se puede llamar así. Pero no tenemos tiempo para banalidades.


Bajando la cabeza cual niño amonestado, Kleur se presentó de una forma más digna:

-Disculpe señora, pero digo la verdad. Soy el único superviviente del escuadrón pagano Anaconda. Estoy aquí para liberar la ciudad. Estoy con ustedes. Haciendo un chiste fácil, podría decirse que he cambiado de color.

-¿Cómo podemos confiar en un espécimen como tú? Si has dejado tirado a los paganos, ¿Qué nos garantiza que no repetirás la jugada con nosotros?

Kleur rió, amargamente.

-Yo no abandoné a los paganos, ellos me abandonaron a mí. Tenga por seguro que no le traicionaré, mi señora. Sobre todo teniendo en cuenta cual es la alternativa. La Eclesia y yo nunca nos hemos llevado bien. De todos modos, no he venido a presentarme. Verkant me ha enviado para informarles de que puede que haya un topo. Puede que nuestros planes hayan sido revelados y puede que usted y su amiguito sean las únicas tropas leales de las que dispongamos en este momento hasta que el hampa descienda y los arquitectos de Bautrager derroten a los fieles a Adonis. Así que puede que el resto de la misión dependa de usted, de mí y de… fallen.

-¿Y el muchacho de Verkant? ¿El "señor de las tinieblas"?

-Ha resultado ser un completo inútil. Yo mismo ví como se llevaban a ese fallen. Se quedó quieto ante una redada censora. Oh, y ese no es el único problema. Da la casualidad que todos los elementos problemáticos de esta operación resultan ser miembros de esa raza. No quiero decir nada, pero cuando el río suena... Vamos, adelante, pasa.

-haciendo un ademán con el brazo, Kleur le indicó a un fallen de piel algo oscura que había permanecido oculto que saliera.

-Mi nombre es Mizda. Soy… soy el portador de la mano de los Rahamidas. Lamento... lamento haberles causado tantas molestias.

Balamteir se quedó estupefacta. Era evidente que esa “mano” se trataba de algo inusual, algo que podría decantar los acontecimientos. Kleur palmeó su espalda. El fallen parecía cohibido. Si se fijaba en él, Rahn podría descubrir varias heridas recientes en sus brazos y rostro. Era como si le hubieran dado una paliza.

-Oh, vamos, no seas tan discreto. Este muchacho planeaba asesinar a Brandon, el querubín de los Rahan. Hace falta valor para eso.

-Y estupidez, ciertamente.
-indicó Balamteir.

-Pero este muchacho también nos ha traído problemas. Problemas severos. Viajaba con un altea y una niñita, y me temo que ambos han sido capturados. De hecho, él ha estado a punto. Lo vi saltar desde la ventana del hotel Komfort. Tuvo suerte de que yo estuviera por aquí, sino ahora sería papilla en el suelo. El problema radica en…

-Con tantos miembros de nuestra alianza capturados, los inquisidores no tardarán en unir las piezas.

-Exacto. Ahora dependemos de que tu hermana y sus compis lleven a cabo su parte a la perfección. De lo contrario, nuestro plan se irá a la mierda. Pero dejemos de charlar, es hora de actuar. Verkant nos aguarda con los trajes preparados. ¿No habrá ningún experto en ingeniería por aquí?
-Kleur rebuscó entre sus tres compañeros, confirmando sus sospechas.-Bueno, sabotear una puerta cardinal tampoco puede ser tan difícil. Yo ayudaba a mi padre a arreglar las bisagras de las puertas de nuestra casa. Debe de ser parecido, sólo que a la inversa.

Balamteir le cedió el frasco con la fórmula a Rahn, dejándole espacio para vaciarlo en el agua.

-Este mismo lugar nos servirá. Los seres liberados, que se contarán por millones, pronto contagiaran a sus parientes. Al cabo de unos minutos, los Arquitectos perderán el control sobre estos pobres animalillos.

Los tres esperaban a que Rahn vaciara el frasco para continuar con su “misión”.

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Re: [EVENTO DECISIVO] "El líquido de la vida" [Feuerheim, 1 de Enero - 898 d.G]

Mensaje por Rahn el Miér Ago 19, 2015 5:05 pm

Fui bebiendo de mi vaso de pyki, paladeando cada trago con deleite, mientras escuchaba con atención a mi anfitriona. Todo me parecía razonable hasta que hizo mención a la destrucción de una puerta cardinal. En ese punto me atraganté con la bebida y a punto estuve de escupirla de forma muy poco decorosa sobre el suelo del vehículo. Me tapé la boca con una mano, tragué con esfuerzo y la miré fijamente desde la gaviota, intentando discernir si se burlaba de mi. No tuve, sin embargo, ocasión de protestar ni de replicarle hasta que bajamos de la caravana.

-Un momento, un momento, Balamteir -Iba diciendo mientras ella abría un hueco en la pared -estoy muy de acuerdo con vuestra iniciativa y vuestros ideales, ya te lo he dicho y lo mantengo.  En ese momento empezamos a descender por una tosca escalera. A medida que avanzábamos, el olor a humedad y el sonido de agua se iban intensificando. La luminosidad del entorno, a su vez, disminuía. -Sin embargo, lo de la puerta cardinal es harina de otro costal. Como no humano, no he recibido enseñanza directa de la Eclesia así que no estoy muy familiarizado con esas puertas, pero lo que sí que me enseñaron en la escuela de Albor es que esas puertas nos protegen de todo el mal que reside en el exterior de nuestros continentes. Incluso nuestra reina se sacrificó para luchar contra esa invasión, ¿y vosotros queréis destruirlas?  -Procuré relajar el tono, recordando con quién estaba hablando. Sonreí, retomé la compostura y busqué una entonación más amistosa y tranquila -Verás, sé que sabéis lo que estáis haciendo, o de otro modo no lo haríais, pero si voy a participar en la destrucción de un artefacto de tal relevancia, me gustaría saber dónde me meto... Creía que nuestro objetivo era liberar a los habitantes, tanto humanos como animales, de la opresión de los Arquitectos y la Eclesia... 

En este punto terminamos por fin de bajar las escaleras, y llegamos a una especie de caverna subterránea. A la tenue luz que bajaba desde el pasillo que habíamos recorrido pude distinguir, forzando los ojos de la gaviota, multitud de bichitos en el agua. Mientras Balamteir me los presentaba, pude sentir a través de mis pies y de mis oídos la vibración de unos pasos que se acercaban, de modo que guardé silencio incluso antes de que la humana me instara a ello.

El tal Kleur, que no se hizo visible hasta después del efusivo "saludo" de Balamteir, resultó ser un tipo un tanto curioso. No soy el más indicado para hablar de gente rara, pero alguien que acude invisible a una reunión con quienes supuestamente está aliado me resultó desconcertante. También introdujo en la conversación a otro fallen, por el que sentí inmediata simpatía confráter. 

La conversación que los tres conspiradores mantuvieron me sembró de dudas. Casi todos los miembros de la misión habían sido capturados, y los que no, seguían libres por muy poco. En un supuesto caso de ser pillados por la inquisición, Balamteir podría quizá acogerse a alguna forma de inmunidad diplomática basada en su estatus social, pero mis frágiles huesos irían de seguro a parar a quién sabe qué mazmorra, o a cualquier lugar peor. 

-Esperad, ¿me estáis diciendo que planeáis sabotear una puerta cardinal sin siquiera saber cómo hacerlo? Por no mencionar las consecuencias que puedan surgir de ello...  -Tomé el curioso frasco que me tendió la norgon, el mismo que el anciano del Mercado Biológico le dio. Tenía una estructura extraña, parecía resistente pero no era del todo rígido. Lo tomé con precaución en mis manos. -Verteré encantado este mejunje si eso ayuda a la causa de liberación, pero antes me gustaría que me contestarais algunas cosas. No tengo intención de echarme atrás, pero como le dije antes a Balamteir, me gustaría saber qué para si sigo adelante. Primero,  -dije volviéndome al fallen, Mizda -me gustaría saber qué es esa mano que portas. Segundo, -esta vez me volví hacia los tres. La perspectiva que tenía del grupo no variaba, seguía mirándoles desde los ojos de mi gaviota, que descansaba en mi brazo encima de mi abrigo plegado, de modo que girar la cabeza de una persona a otra al hablar tenía un fin puramente comunicativo; a mí no me aportaba nada. -sigo creyendo que boicotear una puerta cardinal es un asunto demasiado serio como para tomarlo a la ligera. No dudo que si creéis que es necesario, con toda probabilidad lo sea, pero me gustaría tener bien claras las consecuencias; pecar de cauto antes que ver a las hordas del mal cernirse sobre nuestras cabezas. Mizda, como fallen debes conocer la leyenda de la reina Titania. No soy especialmente devoto de esas historias, pero a lo que voy es a que tanto su sacrificio como las puertas cardinales tienen un motivo.

Dicho esto, manipulé con mano inexperta el frasco hasta que logré extraer su contenido, y lo vertí sobre el río. No quería que mis compañeros me trataran de desertor o incluso de topo de la Eclesia, porque no lo era, pero estaba convencido de que o bien se precipitaban mucho, o bien no me habían dado toda la información que tenían.

FDI:
Pues aquí queda. No he hecho gran cosa porque no hay gran cosa por hacer, y de hecho lo único parecido a una acción es el vertido del frasco, y quizá el terminar de beber el pyki.

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Re: [EVENTO DECISIVO] "El líquido de la vida" [Feuerheim, 1 de Enero - 898 d.G]

Mensaje por Sig el Jue Ago 20, 2015 6:08 am

Sig escucho con creciente interés el discurso del Arzobispo, Si su lealtad no fuera tan grande estaría tentado a fantasear con la muerte del Smaer y el ascenso de su familia al poder, sin embargo, el joven desecho estos pensamientos en el acto, sintiéndose profundamente avergonzado de si mismo. -Por supuesto que no me lo tomo como un ataque su ilustrisima, todo lo contrario, me siento feliz de que desconfié de mi o de mi familia, después de todo, nunca es recomendable parecer demasiado sabio o demasiado bueno- El chico decidió no contradecir al Smaer respecto al tema del apoyo que la gente le profesaba a Amutza, suponiendo que el Arzobispo no podía estar tan mal informado y solo lo decía para conservar las apariencias, simplemente se limito a escuchar el resto del discurso del mismo, con un sentimiento de orgullo patriótico creciendo en su pecho ante la mención de las propiedades del agua de la ciudad y la labor del Escudo fiel, aunque le costo ocultar una mueca de desagrado al escuchar que su ilustrisima se refería a estos con el burdo nombre que la plebe le asignaba "los censores", sin embargo, en la posición que estaba no podía hacer mucho, así que lo dejo pasar.

Ante la negativa de Alexander a responder, Sig no pudo hacer mas que llevar su mirada hacia un costado mientras el inquisidor hacia su trabajo, al hacer esto, pudo observar la mirada de completa fascinación en el rostro de Valkirian. "je, como moscas a la flama, aparentemente ni los inquisidores mas formales como el señor Valkirian pueden contenerse al ver la sangre correr, parece un perro en celo privado de su hembra, desagradable, bueno, supongo que nadie es un santo en realidad". Sin embargo, su concepto del inquisidor paso del leve desagrado al mas profundo de los ascos en cuando este sugirió torturar a la chica, claro, el mismo había pensado en algo como eso momentos antes, pero lo que los diferenciaba era el fuego que parecía arder en los ojos de Valkirian, ¿torturar a una niña para asegurar la integridad de toda la ciudad? Si, con gran pesadumbre en el corazón y motivado uno exclusivamente por el sentimiento de deber, era aceptable, ahora ¿disfrutarlo?

El exorcista continuo escuchando la conversación entre Smaer y Valkirian, atento, recopilando cualquier dato que pudiera ser de ayuda en la investigación, le sorprendió saber que la niña hija del prisionero era sobrina de la conocida Lila Siralos, eso explicaría la carencia de torturas hacia su persona, tan popular en la santa institución muy al pesar de Sig, su rostro denotaba la mas profunda concentración mientras su mano acariciaba pensativamente su barbilla, sin embargo, su mirada cambio a una velocidad pasmosa en cuanto escucho al inquisidor referirse a su amada ciudad de una manera tan poco apropiada, el muchacho no pudo contenerse, golpeo la mesa con su puño y se levanto de su silla de golpe. -Señor Valkirian, si bien estoy de acuerdo con mucho de lo que usted propone, no lo estoy así con sus modos, ¿realmente quiere rechazar la ayuda de nada mas y nada menos que el arzobispo de la Feuerheim? Seguro que en lugar de estar en esta cómoda sala de mando provista por el hombre que mejor conoce el funcionamiento de la ciudad, con la totalidad de las fuerzas de Feuerheim a su disposición y contando incluso con el Escudo fiel, preferiría usted estar en las calles tanteando a ciegas en una ciudad que desconoce, arrestando gente al azar para interrogarla. Seria mucho mas ineficiente, pero seguro que le divertiría mas ¿verdad?, así que si tanto considera que esta ciudad es un prostíbulo, no creo que le gustaría quedarse solo en dicho prostíbulo, ¿o me equivoco?-. A este punto el exorcista ya no intentaba ocultar su desagrado para con el inquisidor, sin embargo, tras este repentino alegato en contra del señor Valkirian, Emrys procedió a calmar las aguas, ante lo cual Sig, resoplo y decidió escuchar callado como discutían el resto de los presentes, el tema de la muerte del anterior custodio le dejo pensativo, ante lo cual no pudo evitar dirigir una pregunta al viejo Emrys, aunque lo suficientemente alto para que todos la escucharan. -¿Sera posible que la desaparición y posible muerte de Aisak Dives halla sido parte de un plan para debilitar Feuerheim mi buen Emrys? ¿Que detalles puedes darnos de ese acontecimiento?-


Tras la respuesta de su compañero exorcista, Sig asintió con la cabeza y decidió dirigirse de nuevo junto al prisionero con armadura, y tras escuchar la respuesta de Ansu, se acerco al oído del prisionero y le susurro unas palabras. -Tendrás que comer algo algún día, a menos que en realidad seas en ahba dentro de esa armadura- El exorcista suprimió una pequeña risa ante la alocada idea de un pequeño ahba pilotando una pesada armadura mecánica, sin duda Sigurd era un joven con demasiada imaginación. - Y aun si eso fuera cierto, te conviene hablar, o ellos encontraran alguna forma de hacer que hables por la fuerza, confía en mi, la armadura no servirá de nada, alguna forma encontraran, siempre lo hacen, vamos, di porque estas aquí, dímelo a mi si no quieres decírselo a los demás, no tendrás una oportunidad como esta de nuevo- Independientemente de si recibía respuesta o no, Sig se acercaría hasta donde estaba Ansu y le susurraría a este al oído. -Señor, de ninguna manera quiero decirle como hacer su trabajo, pero me resulta sospechoso que un pagano accediera a ser llevado a las mazmorras de tan buena gana... A menos que quisiera ser arrestado, de ser posible, le pido que aumente la seguridad en torno a ese sujeto, ¿si quiera intento liberarse de sus ataduras? ¿como sabemos que no es capaz de hacerlo en el momento preciso?, creo que seria conveniente tener mas efectivos presentes, en especial alrededor del arzobispo-

Antes de que Sig pudiera volver a su silla, fue sorprendido por el repentino sobresalto tanto del Arzobispo como de Valkirian, y su rostro empalideció al escuchar las noticias que estos tenían para dar, mil pensamientos pasaron por la cabeza del joven, un ataque de los paganos, un atentado terrorista, una falla estructural que hubiera dejado a su padre (que tenia reunión en la asamblea en ese mismo momento) y a los demás miembros de las familias aplastados bajo la roca, cada posibilidad mas siniestra que la anterior, al punto que la desesperación se apodero de el y acepto de inmediato la propuesta de Valkirian, incluso ignorando el hecho de que este le llamara crio. -Justamente su ilustrisima, como se trata de mi familia es que deseo ir a ver que les paso, no se de que ayuda pueda ser un exorcista novato como yo, pero si el señor Valkirian juzga conveniente mi presencia allí estaré, solo una cosa, por mi propia seguridad, de ser posible solicito un arma de fuego en caso de que las cosas estén peor de lo que pensábamos-.

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Re: [EVENTO DECISIVO] "El líquido de la vida" [Feuerheim, 1 de Enero - 898 d.G]

Mensaje por Dezba Wakanda el Lun Ago 24, 2015 11:34 pm

RAHN

Mizda sacó a relucir su guantelete. Tenía tan solo cuatro dedos, y estaba hecho del más reluciente oro, con un tono uniforme. El fallen le indicó a Kleur que sacara una de las dagas que llevaba colgadas al cinto y que se la lanzara. El misterioso sujeto, como si aquello no fuera con él, se encogió de hombros e hizo lo que el fallen decía.

Una vez la daga alcanzó el guantelete, esta se convirtió al dorado. No solo superficialmente, con una fina capa, sino en su totalidad. Era como si hubiera sido concebida de dicha forma. Orgulloso de su actuación, el fallen hizo una reverencia. Kleur, divertido, aplaudió a Mizda, justo después de decir:

-Ahora en serio, esa daga es carísima… Me gustaría que la devolvieras a como estaba antes.


Mizda no se esperaba eso, y tuvo que estar unos segundos en silencio para emitir unas palabras que probablemente no gustarían a su colaborador.

-Verás, amigo… No puedo revertirlo. Todavía. Pero lo haré. Obtuve esta mano hace una década.

-¿Diez años?
-inquirió Balamteir.

Mizda, sonriendo, negó con la cabeza.

-Diez días. Sin embargo, a pesar de que en un principio tan solo podía convertir objetos simples y concentrándome y en el caso de conseguirlo tenía que descansar durante unos minutos ahora esas limitaciones ya no existen. Desconozco si existe una forma de revertir el proceso, pero de hacerlo… De hacerlo podríamos tener una gran ventaja.

Kleur se acercó a él, tomando su daga. La inspeccionó durante unos instantes.

-Creo que puedo empeñarla. Con el dinero que me den podré comprarme otra, imagino. De todos modos, ¿a qué te refieres? ¿Qué gran ventaja?

-Decidme, ¿en que se basa la economía de esta ciudad?

Ambos contestaron al unísono.

-En los tributos.

-Exacto. ¿Y dónde se guarda un gran porcentaje de dichos tributos?

-En el banco.
-volvieron a responder. Mizda asintió.

-En forma de reservas de oro. Muy bien. Pero... ¿qué pasaría si toda la ciudad estuviera hecha de oro?

Kleur se calló, más Balamteir respondió por ambos.

-Las reservas no valdrían nada. Todo colapsaría, como sucedió hace siglos.-esta vez, Balamteir estaba más seria que nunca.- Y no pensamos permitirte que hagas eso, querido Mizda. No somos terroristas, no somos paganos. Somos separatistas, y como tales no vamos en contra de la ciudad. La ciudad debe mantenerse intacta. Debemos dar ejemplo.

Mizda rió, eso parecía divertirle.

-Tranquila, no planeo tirar piedras en mi propio tejado. Pero imagina que algún cerebrito consigue revertir los efectos del artefacto. Es decir, que se pueda convertir el oro en un metal corriente. Tan solo necesitaríamos acceso al banco para destruir la economía de los Rahan y por ende, de la Eclesia.

Balamteir gruñó, obviamente no estaba convencida.

-Tu plan tiene un par de fallos, para empezar…

El agua se agitó, llamando su atención. Mizda sacudió la cabeza y se dirigió a Rahn, sonriente.

-Perdón por ignorarte, compadre. Me has preguntado acerca de Titania. Debes saber que yo no le debo nada a esa zorra. Yo soy alguien libre, no me doblego ante nada. Y menos ante una leyenda. En cuanto a las puertas cardinales…

Balamteir le interrumpió y siguió ella misma con la explicación.

-Hasta ahora la Eclesia ha calificado las puertas cardinales de murallas. De barreras. Protecciones ante los demonios. Pero, ¿Quién nos asegura que debemos ser protegidos? ¿Por qué hay gente que quiere derribar las puertas, entonces? Según los dictados de la lógica, mi querido Rahn, solo un loco querría derribar las puertas cardinales. Pero no hay tantos locos en el mundo, no tantos como paganos. Y la voluntad unánime de estos es que Terra debe ser liberada. ¿Liberada de que o de quienes, te preguntaras? Antes te he dicho que la Eclesia habla de las puertas cardinales como si fuesen murallas, protecciones. Pero a nuestros oídos ha llegado otra teoría. Una teoría mucho más lúcida y que se basa en evidencias. Las puertas cardinales son una prisión, una ilusión con la que gente como Smaer mantiene su poder. No estamos protegidos, estamos encerrados. Somos los presos, Rahn. Presos políticos de una oligarquía humanista. Pero si necesitas pruebas, las tendrás. Los paganos han conseguido cruzar la barrera, y han sobrevivido. Y varios de ellos son incluso especímenes racionales. Díselo tú, Kleur.

El pagano se acercó a Rahn.

-He oído que os gustan los animales, queridos. En tal caso, el mundo exterior os encantaría. Hay animales que no podríais ni imaginar. No es un yermo, ni mucho menos. Esta lleno de vida. Por supuesto que es peligroso, pero no por los demonios, sino por lo inexplorado. No es conveniente alejarse demasiado de las zonas seguras, pero de todas formas es una experiencia maravillosa. Y el escuadrón Anaconda vino aquí para compartirla.

-El escuadrón Anaconda vino para matar, violar y torturar. Nosotros tomaremos su relevo, cariño. Si deseas unirte a nosotros hazlo, pero ahorrate tus idealismos, nadie los quiere.-respondió Balamteir secamente.-Y ahora, echa ese frasco en el agua, querido Rahn. Verkant nos espera.


Dicho esto, caminaron por los subterráneos de la ciudad durante unos minutos. Estaba mal cuidados, e incluso algunos se encontraban próximos a derrumbe. Una vez Rahn hubo vertido la fórmula de Balamteir, la comitiva empezó a escuchar gritos cuando caminaban.

Mizda sonrió.

-¿Eso significa que ha empezado?

Balamteir negó con la cabeza, en tono solemne.

-Significa todo lo contrario. Significa que ha terminado. Este lugar ya no es propiedad de nuestra especie, ahora pertenece a los wenigs. Ellos se encargaran de cuidar de él y de proveer a la ciudad de un servicio de calidad. Y gratuito. Ahora debemos apresurarnos, no estoy segura de si serían capaces de atacarnos. Y prefiero no tener que comprobarlo.

Finalmente, llegaron a una especie de pasillo enorme que a su vez se ramificaban en varios. A ambos lados del mismo, se encontraban decenas sino cientos de individuos embadurnados en armadudas oxidadas y provistos de una extraña combinación de casco y máscara de gas. Todos ellos portaban armas variopintas, desde las más autóctonas hasta armas automáticas.

Una figura, más alta y majestuosa que las demás, destacaba de entre toda la multitud. Podría haber sido una mujer o un hombre. Ciertamente, dentro de aquella pieza de metal podría haber cualquiera. Incluso un ahba. No obstante, esta armadura era distinta. Era mucho más elegante y mejor fabricada. No tenía óxido, y era obvio que sería difícil atravesarla. El conjunto se remataba con un casco con cuernos y con una especie de velo, que se convertía en una falda conforme bajaba hacia el suelo.

Una voz metálica salió a través de dicha armadura, haciendo un poderoso eco con las paredes metálicas de la sala.



-Balamteir, la pacífica defensora de los derechos animales. Kleur el sin color, un héroe… ¿o un asesino? Mizda Rahamidas, el hijo prodigo que ha regresado… y al parecer con un obsequio. Por último, una nueva incorporación. Alguien que no tiene nada que ver con esta ciudad, pero que nos ayudará. El fallen Rahn, separado de su hermano. Ambos con dones incalculables. Ambos esenciales. Ambos irremplazables. Espero que estos no nos fallen. Lamentablemente mi pequeño siervo Aurunox, también fallen, nos ha traicionado. Pero recibirá su merecido. No obstante, tengo buenas noticias. Los soldados están listos. A un lado, tenemos a los ingenieros. Al otro, se encuentra el hampa. Las diferencias entre ellos son nimias pero importantes. Un grupo se encargara de provocar un conflicto en las calles. Un conflicto que distraiga la atención de lo que está sucediendo en la Asamblea. El otro tendrá una misión tan o más importante. Ha de derrotar a los fieles a Adonis. La mayoría de ellos son altos cargos, que han hecho de nuestros talleres sus prostíbulos particulares. Los neutralizaran y accederán a los controles de la fortaleza de Smaer… Una vez allí, manipularan los mismos y provocaran un enorme problema logístico a la Eclesia. Eso nos dará el tiempo suficiente como para preparar el asalto a las puertas cardinales y confío en que para entonces tanto Iparuga como su líder, Felix Bautrager, hayan terminado con sus asuntos. Hoy es el primer día de una nueva era, hijos míos. Una era donde no deberemos temer a los poderosos, donde los Arquitectos no serán despreciados por sus conciudadanos, sino que serán alavados por ellos. Porque nosotros, mis queridos querubines, nosotros les daremos lo que más ansían; la libertad. Y nos amarán, nos adoraran por ello. ¡Es hora de que os levantéis, hijos míos, y podáis sentiros orgullosos de vuestro oficio! ¡Es hora de que podáis dormir por las noches!  Demostradle al pueblo quien es el corrupto y quien el noble. Los Arquitectos fueron grandes una vez, y pueden volver a serlo. ¡Es la hora de la retribución!

Con estas palabras, Verkant fue alabada por todos sus “hijos”, los cuales aplaudieron efusivamente. A modo de burla, Kleur se pasó el nudillo por la comisura de los ojos, emulando una lágrima. Balamteir se dirigió a Rahn.

-Es la hora de tomar una decisión. Podemos ir a la sala de máquinas con los ingenieros, a la ciudad con el hampa o bien… o bien podemos quedarnos aquí con Verkant, coordinando la operación. ¿Qué dices, Rahn?

SIG


Cuando escuchó las palabras que Sig le dirigía, Valkirian se alzó. Era un hombre alto y delgado, tanto es así que su figura era similar a la de una mantis religiosa. Y aunque las palabras de Sig le habían desagradado, su sonrisa no solo no se borró de su rostro, en el cual comenzaban a asomar lo que pronto se convertirían en marcas de vejez, sino que esta se intensificó.

-Once de junio. Año 890. Martillo de Brujas. Debía acudir a una cita con uno de los mis superiores, un inquisidor de primer grado por aquel entonces. Podría haber tomado la vía rápida, haber solicitado una escolta y haberme reunido directamente con el custodio. En su lugar, como es costumbre en mí, inspeccioné el lugar. Quería ver la ciudad, escuchar a sus habitantes y oler su podredumbre. No tenía porque hacerlo, pero lo hice. Porque mi trabajo me lo exigía. Si hubiera tomado la vía rápida, mi querido Sigurd, las víctimas habrían ascendido a decenas. Sí, no estoy mintiendo. En mi paseo por las calles pude averiguar cosas útiles. De todas ellas, una era más crucial que las demás. El olor nauseabundo de la ciudad se sustituyó por otra clase distinta de hedor. Era pólvora. Si yo hubiera estado en ese momento en un carruaje, disfrutando de la comodidad, Babel habría sufrido serios daños. La colosal estructura se había derrumbado, causando cientos de pérdidas en concepto de mano de obra. Por no mencionar los agentes de paisano que estaban infiltrados en la construcción. En su lugar, una célula pagana fue arrestada. Querían atacar a la Eclesia donde más dolía, querían armar el caos para liberar a los prisioneros de Martillo de Brujas. En realidad eran inofensivos, y habrían sido neutralizados en menos de cinco minutos, pero no hay duda de que para los paganos cinco minutos es suficiente. A lo que quiero llegar con esto, señor Sigurd, es a una moraleja. Nunca desprecie el trabajo de campo. Puede que las decisiones que se tomen aquí, alejados de la plebe y en un halo de exclusividad y elitismo sin parangón sean cruciales para la ciudad. No se lo niego. Pero serán los soldados rasos a los que Smaer ha dejado fuera por no atreverse a opinar, quizá por miedo o respeto a sus superiores, demasiado obstinados por otro lado, los que batallen si hay que batallar. Serán los exorcistas rasos, cosa que le recuerdo que usted es, quienes apoyen a dichos soldados. Y serán mis compañeros los inquisidores los que interroguen, ejecuten y purguen las almas de los infieles y los que quizás nos ahorren un tiempo valioso preguntándonos que nos ha golpeado en caso de que algo lo haya hecho. Finalmente serán los escribas quienes barran bajo la alfombra los fallos de nuestro querido Smaer y exalcen su papel en la victoria. En cuanto a los miembros de la Eclesia Central, dejemos que recen por las almas de los caídos. Es lo que mejor se les da hacer.

Tras ese alegato, la conversación siguió su cauce y Myrdin Emreys comentó las sospechas de Sig en voz baja y de forma serena:

[-Sinceramente, joven, no se a lo que quieres llegar con esto. A juzgar por los informes, la escena de dicho crimen es un siniestro. No puedo ahondar más, pues la investigación sigue en curso, pero puede que Valkirian te dé más información.

Y así lo hizo. El inquisidor se aclaró la garganta antes de volver a hablar:

-Aunque con todo el caos y la amenaza a las puertas cardinales junto con la novedad del caso no se han arrojado muchos datos, mis hipótesis señalan que ha sido un claro caso de asesinato premeditado. Nuestro principal sospechoso es Maric Dives, el hijo adoptivo de Aisak Dives y ex caballero de la Orden del Martillo Áureo. Este sujeto, quizá movido por los celos o por la ira, quiso asesinar a sus familiares. Para ello, aprovechó un permiso que él y sus escuderos recibieron para actuar. Concertó una cita con su padre adoptivo y entró en la mansión. Una vez allí, el plan comenzó. Maric había contratado unos mercenarios. Para hacer que todo pareciera un accidente, provocaron un incendio. Los analistas me han comunicado que pudieron haber tirado algún tipo de explosivo a la sala donde Maric y su padre se encontraban. El suelo se hundió, cosa extraña. Y Maric y Dives murieron, siendo incinerados junto con los mercenarios, hasta ahora de número indeterminado. No obstante, hay un par de detalles que me escaman. El servicio se había tomado el día libre. ¿Acaso Maric los chantajeó? ¿Por qué acudió Maric en persona? ¿No le habría bastado con enviar a sus mercenarios? Puede que su ex escudera, aquí presente, nos lo aclare.

Todas las miradas se posaron en Nana Slauhter. Esta, tan ruborizada como una súcubo puede estarlo, emitió su declaración:

-Aquel día lo pasé en la cama. Tenía heridas de un enfrentamiento anterior. No obstante, una vez llegó a mis oídos la noticia de que Maric había fallecido reuní las suficientes fuerzas como para coger el primer transporte hacia Feuerheim. Necesitaba alejarme de aquella ciudad. En cuanto a Maric, era un monstruo. Un déspota que no dudaba en enviarnos hacia la muerte con tal de colgarse unas medallas. Incluso llegó a agredirme varias veces, sexualmente. En cuanto a su pregunta, excelencia, solo puedo responder que Maric era un tipo brutal y salvaje. Seguramente querría ver la sangre correr por el cuerpo de su pobre padre.

Smaer sacudió la cabeza, decepcionado.

-Quien iba a adivinar que el poderoso linaje de los Dives acabaría de esta forma. Aun guardo una copia del Legendarium. En él se narra la colonización y asimilación de Gonduar y sus nativos. Hay un episodio entero dedicado a este linaje. Es sin duda uno de los más antiguos. Más incluso que los Smaer.

Valkirian sonrió, y aprovechó aquella ocasión para lanzar una pullita a Tezich:

-No te olvides del único Dives que hasta ahora sabemos que sigue vivo. Yithzaq, creo que se llamaba.

-Y usted no se olvide de su condición de guardian. Cuando alcance el grado necesario y sea merecedor del puesto, quizá su dinastía vuelva a ocupar un lugar de preferencia en el gobierno de esta ciudad. No obstante, han llegado rumores. Rumores que relacionan las artes oscuras con Aisak Dives. No es por contradecir su versión ni mucho menos, pero… ¿Está seguro que los demonios no tienen nada que ver? Quizá el tal Maric solo intentaba hacer entrar en razón a su padre.

Valkirian negó con la cabeza, con un deje de arrogancia.

-En tal caso, ¿por qué no acudir a las autoridades?

-Quizá el asunto fuera más personal. Eran familia después de todo, Valkirian.

-Puede que así sea. Y si así es, el tal Maric podría ser calificado de cómplice, lo que sería aún peor. Si ya es terrible asesinar a tu padre y un alto cargo de la Eclesia a sangre fría aún lo es más contactar con ese tipo de identidades o colaborar con los herejes.


Fue Gumbleton quien puso fin a su disputa.

-Caballeros, mientras ustedes discuten puede que haya gente que nos necesite. Sigurd ha dicho que desea venir, así que denle un arma y nos iremos. ¿Están seguros de que no quieren que nadie más venga?

Ambos, Valkirian y Smaer, estaban de acuerdo una vez emitieron sus respectivos noes. Pero fue este último quien amplió su respuesta:

-No podemos permitirnos más dramatismo.

Valkirian le lanzó a Sigurd un revolver, esperando que lo cogiera:

-Seis balas, muchacho. Siendo un exorcista espero que no le tengas que dar uso siquiera. Haz valer tus lecciones.

El revolver era tan sobrio que era imposible distinguirlo de cualquier otro. Pero, no obstante, parecía que tenía algo especial. Algo único.

Fue Ronald Jeffer quien tuvo la última palabra antes de que Sigurd y su comitiva salieran de aquella sala por una de las puertas.

-¿Seguridad? Yo y el escudo fiel defendemos a su santidad. Aunque dudo que alguien quisiera hacer daño a don Smaer. No obstante, siempre hay psicópatas. Uno entre un millón, pero los hay. Buena suerte, muchacho.

Como la muralla rodeaba la ciudad, no tuvieron que coger ningún barco. La propia fortaleza les condujo hasta el Manantial. Aquel lugar estaba silencioso, cosa normal por otro lado. Se estaba viviendo una jornada de reflexión. Los familiares de todos los cinco grandes de Feuerheim estaban rezando por sus respectivos líderes y esperando que su casa fuese la favorecida.

La Asamblea era sagrada, y no debía ser interrumpida. Por eso, nadie osaba acercarse al lugar donde se celebraba. Sigurd recordaba aquel lugar. Su padre le había llevado junto a sus hermanos cuando era pequeño. Seguramente estarían todos dentro. Su padre, discutiendo con los otros cabezas de familia y sus hermanos en la zona reservada para los apoyos. Era el lugar donde los familiares y amigos más cercanos de los electores descansaban y ayudaban a dichos electores a prepararse para la dura jornada.

Era ya mediodía, a juzgar por la posición del sol. Se encontraban a un par de manzanas del lugar, pero empezaron a escuchar una canción.

Canción:

“Hoy comamos y bebamos,
y cantemos y holguemos,
que mañana ayunaremos.”

Al escuchar aquel estribillo, Yacin se quedó paralizado. Apremiando a los demás, empezó a correr hacia la Asamblea. Conforme avanzaban, la música se hacía más audible, así como también la letra. Pero algunas palabras eran muy poco sofisticadas, eran las que usaban los antiguos habitantes de aquellas tierras.

“Por honra de San Antruejo
parémonos hoy bien anchos.
Embutamos estos panchos,
recalquemos el pellejo:
que costumbre es de concejo
que todos hoy nos hartemos,
que mañana ayunaremos.”


Para cuando llegaron al lugar, persiguiendo a Yacin, se encontraron una grotesca escena. Varios hombres se encontraban atrapados. Miembros del escudo fiel y de la guardia dorada. Una gran burbuja de agua les rodeaba. No obstante, había hombres en pie. Varios de ellos eran de la guardia dorada, luchando los unos contra los otros en una lucha fratricida. Los restantes eran unos cuantos soldados de los Amu, a juzgar por su atuendo.

Sig pudo reconocer a dos figuras alejadas. Uno de ellos se trataba de Ferdinand Bildaren, un advenedizo en palabras de su padre. Lo tachaba de aprovechado, y le acusaba de ambicioso. Estaba combatiendo contra Mammon Rahannys, otro hombre al que su padre detestaba a razón de sus abusivos intereses y la deuda que no dejaba de restregarle por la cara el banquero al Bildaxis.

Finalmente, y no por ello menos importante, un hombre descamisado levitaba por encima de ellos. Sentando en posesión de relajación, el mestizo de súcubo y norgon tenía los ojos cerrados, y estaba concentrado. Se elevaba sobre un ténue chorro de agua. Era difícil de adivinar para Sig como se mantenía en pie.

Mientras tanto, la canción seguía siendo interpretada, y por lo tanto los del interior de la Asamblea no escuchaban nada. No obstante, el grupo de Sig tenía algo a su favor. No los habían detectado. El factor sorpresa estaba de su lado.

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Re: [EVENTO DECISIVO] "El líquido de la vida" [Feuerheim, 1 de Enero - 898 d.G]

Mensaje por Sig el Miér Sep 02, 2015 7:59 am

Sigurd escucho , con expresión de poco impresionado, la respuesta de Valkirian, era bastante sorprendente que un hombre que apreciaba tanto el trabajo de campo no se dignara a formar parte de la comitiva encargada de investigar lo que había pasado en la asamblea, en cuanto al incidente en la mansión Dives, el exorcista logro adquirir varios datos interesantes pero ninguno demasiado trascendental para el tema que los tenia reunidos en ese lugar, el mismo no creía que Maric fuera el culpable, al menos no por las razones que esgrimía Valkirian, uno no comete un asesinato motivado por la ira de manera tan premeditada, mas extraño aun era el hecho de que con tantos preparativos el buen Maric halla fracasado tan rotundamente hasta el punto de morir en el proceso, le resultaba curioso cuanto menos, también descubrió, con gran sorpresa, que la de Feuerheim no era la única puerta cardinal en peligro, la situación se tornaba cada vez mas comprometida, quizá si la fe Feuerheim no sobrevivía, ninguna puerta cardinal quedaría en pie, aunque el joven mago prefería no pensar en eso.

-¿Pero acaso no había sido el señor Gold el que irrumpió en la residencia de los Dives?- Pregunto Sig a nadie en particular, sin esperar respuesta realmente. El exorcista también pensó en comentar algo sobre el tal Yithzaq Dives, después de todo, era curioso cuanto menos que solo un Dives halla sobrevivido al incidente, ¿un conspirador contra su propia sangre quizás?, ¿una manzana podrida en ese gran linaje de siervos de dios?, de ser esto verdad tendría sentido que el ultimo sobreviviente de la familia Dives hubiera realizado un atentado contra su propia sangre en un intento en vano de desestabilizar la cadena de mando en Feuerheim, pero decir eso hubiera sido hablar sin saber, y en contra de un hombre del que no sabia nada, por lo que prefirió guardárselo para si mismo, de la misma forma que decidió guardarse los comentarios sobre lo poco convincente de la declaración de la señorita Slauhter, no creía que una victima de violación pudiera hablar tan a la ligera del suceso, mas si era algo reciente, ademas de lo conveniente de que pasara en cama el día de los acontecimientos, había muchos cabos sueltos respecto al incidente de la casa Dives.

Aunque lo tomo un poco por sorpresa, Sigurd logro tomar el revolver de Valkirian en el aire, al momento de guardarlo lo volvió a sacar ya que le pareció ver algo extraño en el arma, pero tras examinarlo y al no encontrar nada raro lo volvió a guardar, durante su entrenamiento no había tenido demasiada experiencia usando armas de fuego, pero no tan poca como para no saber usar una de ellas al menos mediocremente, de alguna forma le hacia sentir mas seguro tener ese arma, cuanto menos el factor intimidación que desprendía era importante. -Si señor- Respondió secamente Sig, si bien en la junta estratégica de Smaer los rangos se diluían bastante, nivelando en cierta medida a todos los integrantes, al momento de la acción uno no podía perderle el respeto a sus superiores, aun si estos pertenecían a otra rama de la eclesia, a Sig le gustaba pensar que podía dilucidar esa delgada linea y atenerse a ella. -Confió en ustedes muchachos- Le dijo a la pasada a Tadelbar antes de partir con el resto de la comitiva hacia los manantiales.

El camino al manantial fue largo y silencioso, al menos así le pareció al joven Sigurd, cuyo nerviosismo aumentaba con paso que daba, y que lo acercaba cada vez mas a conocer el incierto destino de su familia. Un sonido al principio indescifrable, pero que a medida que se acercaban empezaba a hacerse cada vez mas claro, comenzó a llenar el ambiente, ahora era clara como el agua de los manantiales, era una canción. "¿que clase de música es esa para amenizar una asamblea?", al ver la reacción del inquisidor Yacin Sig hizo lo mejor que pudo para acelerar su marcha, aunque prótesis era de buena calidad, sin duda no estaba hecha para correr largas distancias, en cuanto por fin llego al lugar de los hechos, pudo observar que las cosas estaban tan mal como el sospechaba, guardias de diversas facciones luchando entre ellos, un familiar suyo (aunque no uno que tuviera en demasiada estima) combatiendo contra un familiar de los Rahan (otro impresentable en palabras de su padre), y la cereza del pastel, un grupo nutrido de soldados encerrados en lo que parecía ser una burbuja de agua, no demasiado lejos se encontraba un hombre en pose de meditación, levitando sobre una pequeña columna de agua, aunque en un principio se sintió perplejo ante el accionar de este sujeto, Sig reconoció de inmediato que tenia que tratarse de artes heréticas.

Había muchos frentes abiertos, por un lado podía esperar a ver que hacían los otros y proceder luego a asistirles, por otro, podía tomar la iniciativa ya sea ayudando a Ferdinand o atacando al hombre que meditaba sobre el agua, a juicio del exorcista, el mas que probable responsable de la burbuja de agua que aprisionaba al resto de soldados. El joven no tardo en identificar el frente en el que mas podía ser de ayuda, el exorcista conocía el procedimiento estándar para combatir magos paganos: neutralizar y destruir. "No hay persona mas desgraciada y repugnante que la que utiliza los dones que nos ha concedido dios para fines oscuros, no permitiré que continúes con tu impío accionar", sin mediar palabra, de manera casi automática, Sigurd se focalizo en enviar la formula correcta a su catalizador, una vez cargado con la cantidad justa de energía, este libero el hechizo deseado sobre el sujeto que levitaba sobre el agua, con la intención de interrumpir su burbuja de agua, inmediatamente el exorcista envió otra formula al catalizador, el cual esta vez reunió energía natural de los cuatro elementos básicos en su forma mas corriente, y los combino formando un rayo de luz dirigido directamente hacia el brujo pagano. -No lo harás hijo de puta, no en mi guardia-

SPOILER:

Velocidad: 0= 1 accion
usar técnica "anima ardevit" sobre el tipo que medita + usar técnica "arcana demonstratio" sobre el tipo que medita tambien

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Re: [EVENTO DECISIVO] "El líquido de la vida" [Feuerheim, 1 de Enero - 898 d.G]

Mensaje por Rahn el Miér Sep 02, 2015 12:26 pm

El hecho de que tuviéramos en nuestro poder un artefacto capaz de convertir cualquier cosa en oro me inquietaba todavía más. No por el poder inmediato del objeto, que desde luego era considerable, sino por su valor de cara a sus dueños. Mizda la había llamado "la mano de los Rahamidas". Sin saber quienes eran ésos, no me cabía duda de que si esa mano les pertenecía, debían ser asquerosamente ricos, y sin duda la estarían echando de menos. Y todo el mundo sabe que no hay que hacer enfadar a la gente asquerosamente rica.

La conversación fluyó acerca de economía, un asunto que nunca me había interesado especialmente. Me entretuve en escrutar las tinieblas hasta que Mizda por fin de dirigió a mí. Tal y como había dicho, nunca había sido muy devoto de las leyendas de la reina Titania, pero el desdén con el que habló de ella me chocó bastante. Aun así, no pude evitar la típica sonrisa de complicidad de cuando dos niños cometen una travesura que en realidad es irrelevante.

Balamteir y Kleur, en cambio, me devolvieron a la realidad con sus historias de más allá de las puertas y de la barrera. ¿Era posible que todo fuera una gran mentira? Ciertamente lo era; nadie que yo supiera había salido. Kleur no terminaba de parecerme de fiar, pero Balamteir respaldaba sus afirmaciones de lo que había tras las puertas. Supongo que, quisiera creerlo o no, ya era tarde para echarme atrás.

Echamos a andar por angostos pasillos, con suelos encharcados y olor a humedad. Caminaba siempre muy pegado a la norgon, y procurando ignorar los gritos que resonaban por las galerías. Probablemente fueran los wenigs rebelándose contra sus cuidadores, o algo así. Sabía que esta revolución tendría víctimas humanas, pero aun así me daba escalofríos haber sido el brazo ejecutor.

Tras algunos pasillos y giros llegamos por fin a un espacio a medio camino entre una sala y una intersección de pasillos. No me extrañaría que fuera la central de la organización para la que estaba trabajando (la cual, por cierto, ni siquiera sabía cómo llamar). Estaba seguro de que desde esa sala podía uno acceder, siempre que estuviera dotado de buena orientación, a cualquier lugar de Feuerheim. Desde luego, todo este asunto no era una maniobra improvisada.

Todos los miembros que ocupaban la sala dirigían su atención a alguien en el centro. Si tuviera que apostar diría que era una mujer, pero no quedaba claro ni por su cuerpo ni por su voz, como pude comprobar momentos después. Podría incluso ser alguna especie de robot. 
-¿Quien es, Balamteir? El o la de los cuernos, ahí en el centro.
Me mantenía pegado a ella como un niño a su madre. Todo el entorno me era extraño y potencialmente hostil, y me sentía indefenso lejos del cielo. Antes de que a mi protectora le diera tiempo a contestarme, la figura habló. Por supuesto, conocía al detalle mi nombre y habilidades. ¿Por qué todo el mundo parecía conocerme? Me había sacado de la cárcel, cierto, pero ser tan conocido era también preocupante. Seguía siendo fugitivo de las autoridades de Albor, y aunque el Bosque Azul quedaba ya muy lejos, cuanto menos se aireara mi nombre, mejor. De todos modos, pensé, no es que este entorno fuera el más propenso a denunciarme a las autoridades fallen. Esta idea me tranquilizó un tanto. Procuré sonreír, estaba siendo algo paranoico. Presté atención al discurso.

La mención a mi hermano me llenó de remordimientos. No tenía ni idea de dónde podía estar. La última vez que lo vi estaba con la hermana de Balamteir, pero Kleur había dicho que habían pillado a muchos de los conspiradores. Angustiado, aprovechando el revuelo ocasionado por el final del discurso, me volví y le susurré a Balamteir:
-Oye, ¿y Dalos? ¿Dónde está? 
No podía esperar que la humana lo supiera, claro. Había estado conmigo todo el tiempo, y en ningún momento le habían llegado noticias de ningún tipo. Aun así me sentía obligado a preguntarlo. Ante la pregunta que me hizo, lo tuve claro.
-A mí en la sala de máquinas no se me ha perdido nada, desde luego. No tengo ni idea de ese tipo de cosas. Aquí abajo tampoco puedo seros útiles, salvo quizá controlando a algún pájaro que haya cerca de la superficie. -No sabía a qué profundidad estábamos, pero sí que sabía que mi poder no tenía un alcance ilimitado. Permanecer bajo tierra me mantenía lejos de los pájaros, lo cual recortaba drásticamente mi capacidad de ser útil. -La verdad, prefiero ir a la superficie, por dos razones. Primero, por la ya mencionada: soy más útil para la causa cuanto más cerca esté del cielo. Supongo que me necesitáis para algo más que para echar líquidos en el río. Y segundo, quiero buscar a Dalos, quiero asegurarme de que está bien. -Volví mi mirada vacía hacia Verkant, de nuevo con fines puramente comunicativos. -Sé que ir a la superficie es peligroso y que yo no estoy hecho para el trabajo sobre el terreno, de modo que si estamos cerca de la superficie, quizá pueda ayudar a coordinar la operación desde aquí. Ya os he dicho que quiero salir para buscar a Dalos, pero la estrategia nunca ha sido lo mío. Si crees que debo quedarme aquí, Verkant, me quedaré. -...contra mi voluntad, desde luego. Pero eso no lo dije, habría arruinado toda mi argumentación. 

Me sentía muy culpable por haber estado tanto tiempo sin preocuparme por Dalos, pero comprendía que había prioridades que cumplir. Si mis actos ponían en peligro a la ciudad entera, extensivamente pondría en peligro también a Dalos. Por eso decidí confiar en el criterio más objetivo y estratégico de Verkant.

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Re: [EVENTO DECISIVO] "El líquido de la vida" [Feuerheim, 1 de Enero - 898 d.G]

Mensaje por Dezba Wakanda el Jue Sep 10, 2015 2:23 am

SIG

-El señor Gold es sospechoso, en efecto, de la muerte de Dives. Pero no sabemos su grado de participación en esto. De todos modos es más que evidente que no participo de forma directa en el asesinato del anciano, pues poca escapatoria tendría de ser ese el caso. ¿Quizá fuese él quien se encargara de neutralizar a los otros miembros de la familia Dives? Supongo que los torturadores lo averiguarán.-de esa forma Valkirian disipó las dudas de los presentes en referencia al episodio de la mansión Dives.

La burbuja de agua no se destruyó de forma instantánea, pero si se redujo en tamaño y volumen. El hombre que en principio la controlaba abrió los ojos, sorprendido, y dirigió su mirada a Sigurd. Estaba estupefacto y mientras tanto los prisioneros que todavía estaban conscientes dentro de su acuática prisión intentaron escapar, lográndolo muchos de ellos.

Las paredes de la burbuja se moldearon, dejando varias aberturas que los prisioneros aprovecharon para intentar escapar. Introdujeronse a través de ellas y comenzaron a retorcerse con el fin de alcanzar el exterior. El alarmismo creció en el interior de dicha prisión, pues si bien habían encontrado una salida, el proceso era lento y costoso y muchos de sus ocupantes se estaban ahogando. Los que carecían de la fuerza para abrir aberturas y de la malicia y astucia como para ocupar las que sus compañeros habían abierto golpeaban el suelo y el techo de su celda, con la esperanza de que algo sucediera.

Los que primero salieron, después de recuperarse de sus vivencias, hicieron acopio de sus armas y comenzaron a atacar a la burbuja, sin efecto inmediato. Entre tanto, Sig enfocaba hacia su recién adquirido enemigo una de sus técnicas ofensivas, haciéndolo el objetivo de un haz de luz.

El rayo impactó de lleno en el individuo, haciendo que se desequilibrará y comenzará a caer. Al mismo tiempo, la burbuja explotó, enviando a los individuos que intentaban destruirla desde fuera varios metros hacia atrás por efecto de la onda expansiva. El agua que contenía dicha construcción fue a parar a ras del suelo, formando un colchón que amortiguó la caída de su amo.

Los censores y guardias dorados que permanecían conscientes se levantaron y se reorganizaron, comprobando si quedaba algún herido. Pero pronto acabo su aparente tranquilidad, pues una lluvia de proyectiles llovía sobre ellos. Sus enemigos, conscientes de su superioridad, se habían dividido y comenzaban a atacar a los demás. Yacin se dirigió raudo y veloz en la ayuda de sus compañeros censores, cuando un torrente de agua de grandes proporciones lo derribó.

El inquisidor, arrastrado por dicha agua, desapareció del ángulo de visión de Sig y de Gumbleton, el cual se encontraba afilando su espada con una parsimonia indescriptible. El causante de la baja de Yacin no era otro que el tipo al que Sig había derribado segundos antes que, montado en una balsa de agua, se dirigía hacia ellos lentamente. El exorcista comenzó a notar su garganta seca. Tuvo que comenzar a salivar, y en grandes cantidades.

Gumbleton terminó de afilar su espada y comenzó a caminar lentamente, en dirección a la trifulca y con la aparente intención de abandonar al exorcista frente a su nuevo enemigo. Pero este último no se lo concedió. Una pared de agua se interpuso entre el capitán templario y su enemigo. Gumbleton se quedó quieto, y viró en dirección a aquella nueva molestia. Después, observó a Sig. El camino había sido cerrado, aunque en consecuencia de ello a su enemigo tampoco le quedaba demasiada agua a su alcance, la suficiente como para desplazarse.

Al parecer el hombre que controlaba el agua tenía tiempo de sobra, y o bien no tenía intención o carecía de recursos para encerrarlos, pues había dejado la retaguardia y los flancos despejados. Sin embargo se elevaba sobre ellos, observándolos con un gesto de prepotencia que no debió gustar al capitán templario, a juzgar por sus gruñidos. En lo relativo a la situación en las puertas de la Asamblea no podían recibir gran cosa. Su grupo había sido dividido por dicha pared y en consecuencia, debían contentarse con escuchar los gritos de los hombres que batallaban, incapaces de descubrir el resultado de dicha batalla.

La vegetación de sus alrededores comenzó a perder forma, decayendo minuto a minuto. Gumbleton se envaró, cogiendo su arma con una mano mientras acariciaba su filo con la otra.

-¿Quién eres y que está sucediendo? ¡Exigimos una respuesta!

El extraño sacudió la cabeza y sonrió. Sin embargo, Sig pudo percatarse de que algo no iba bien. Antes de que se diera cuenta, una bola de agua proveniente de la pared se impulsó hacia Gumbleton. Este no cayó, sin embargo sí que se desplazó unos metros hacia atrás, destrozando el suelo a su paso. Como si aquello hubiera estado planeado, se detuvo a la altura del exorcista, sólo para susurrar en su oído.

-Tienes que conseguir que este lunático caiga. Si conseguimos rebajarlo a nuestra altura podremos estar en igualdad de condiciones. Lo demás, déjamelo a mí.

Entre tanto, la canción seguía sonando pero esta vez era amortiguada por los gritos. A pesar de todo, era obvio que estaba llegando a su final, pues lentamente la música descendía de tono. Sig tenía la sensación de que aquella melodía significaba algo, y de que un reloj de arena, amenazando con agotar algún tipo de cuenta atrás, pendía sobre su cabeza.

RAHN

Balamteir dijo lo siguiente en respuesta al deseo de Rahn de contactar con su hermano.

-No sé qué estará haciendo mi hermana y por extensión Dalos, pero te aseguro que va a ser difícil llegar hasta ellos. Si todo ha salido bien el acceso será complicado. Si algo ha fallado el acceso será imposible. Puedes ir a donde te plazca, y creo que nos serías de más ayuda allí arriba como tú mismo has resaltado.  

Así pues, Rahn acabó siguiendo a los soldados, pues aquellas tropas no tenían otro calificativo, que subían a la superficie. Para su sorpresa, Kleur le acompañó, mientras que Mizda se quedaba con Verkant y Balamteir se dirigía a las profundidades de aquellos túneles.

Siguiendo a los soldados y a Kleur terminó llegando a la superficie. Un haz de luz inundó su campo de visión a través de las rejillas del túnel por el que transitaba. El sol estaba en su cenit. Los arquitectos milicianos arrancaron las rejillas y se introdujeron a través de ellas, de forma mecánica y rápida, impulsándose con los brazos. Rahn tuvo que hacer lo propio una vez llegó su turno pero Kleur, que estaba por delante de él, le ayudó tendiéndole la mano. Rahn se mojó su atuendo, pues llegado a cierto punto el agua le llegaba a los tobillos.

-Vamos, amiguito.-
dijo el pagano, llevándolo de la mano con el fin de evitar que se mojara.

Rahn , quizá a través de un ave, pudo dilucidar las calles de la baja ciudad en todo su esplendor. Un lugar inundado lleno de gente de bajos recursos que se retorcía presa de los males que aquel entorno de humedad permanente generaba a la condición humana. Kleur los observó, sin ninguna reacción aparente. Acto seguido le dijo a su compañero:

-Una desgracia, ¿no es así?

Los arquitectos se detuvieron mientras esperaban a que sus compañeros llegaran al lugar, pues todavía quedaban soldados por ascender a través de los espacios dejados por las rejillas. Mientras tanto, Rahn pudo observar el paisaje . Aquello parecía una mezcla entre una cloaca y una jungla. Edificios de metal oxidados y casas de madera astilladas hacían contraste con zonas donde vegetación como los juncos o incluso plantaciones que los más avispados habían decidido emprender eran el hogar de diversos animales. Más pronto que tarde, el fallen reconoció entre dichos animales a algunas especies de ave. Una garza, herida a juzgar por su plumas, asomaba tímidamente su cabeza. Estaba acompañada de un animal similar a un dodo pero con un pico más puntiagudo.

Pájaros carpinteros roían la madera que permanecía seca, en las alturas. En el cielo, lo que parecían ser, a juzgar por su canto, palomas de un tono azul, loros, cuervos e incluso algún tipo de águila o halcón revoloteaban curiosas y amenazantes según el caso sobre la comitiva de arquitectos. Finalmente el último de los arquitectos ascendió. Pero este último portaba un extraño traje, que a Rahn le recordaba al de Verkant.

Para ese momento los ciudadanos de aquella deprimente zona de la ciudad que todavía se tenían en pie habían sido conducidos por miembros del hampa hasta su posición. En su gesto el miedo y la incertidumbre destacaban, pero también la estupefacción. Aquellos individuos eran demasiados para extorsionarlos, demasiados para saquearlos. Eran demasiados para cualquier cosa.

Para sorpresa de Rahn, el arquitecto con el extraño traje avanzó hacia la multitud de ciudadanos congregada y se paró a unos cuantos metros de ellos. La voz de Verkant, mecánica e ineludible, resonó a través de su pecho.

-Conciudadanos de Feuerheim, hemos venido a rescataros. Hoy es el día. El día donde tendréis que elegir entre la justicia o la arbitrariedad. Entre la comida y el hambre. Entre la luz y la oscuridad. Entre el honor y la ignominia. Entre la libertad o la subyugación. Ya no somos Arquitectos ni el hampa, ni nada que se le parezca. Hoy nos dirigimos a vosotros con intención de reparar los apravios que esta organización controlada por Smaer y sus esbirros os haya podido causar a vosotros y a vuestros ancestros. Hoy os pedimos que recordéis aquellas leyendas que decían que los arquitectos eran el orgullo de Feuerheim, el pilar en el que se sustentaba la ciudad. Hoy os comunico que dichas leyendas son ciertas, y que pretendemos volver a serlo. Pero hoy no somos dignos del calificativo de arquitectos. Nuestro seudónimo ha cambiado, simbolizando nuestro compromiso con esta ciudad; a partir de ahora es vuestro deber tratarnos de Milicianos. Somos la milicia de la justicia, la milicia de la paz, la milicia de la liberación. Si nos seguís, esta noche los cadáveres de los opresores adornaran las calles. Si nos seguís, esta noche cenaréis comida de verdad. Si nos seguís, esta noche podréis dormir en una cama, al calor de la estufa. Es vuestra elección, pueblo. O nos seguís, o pereceréis.

Las palabras de Verkant tuvieron efecto en el populacho, pues este no tardó en hacer acopio de todo lo que pudiera usarse como un arma e introducirse entre las filas de los arquitectos, mezclándose con estos. Kleur se había despojado de su máscara, y Rahn pudo ver en su rostro de hipérboreo una sonrisa.

Su rostro era típico de dicha raza. Era robusto y de ojos azulados. Carecía de pelo, y en su cráneo había varias cicatrices y quemaduras.

-Vamos, amiguito, tenemos una ciudad que liberar.-dijo el pagano golpeando la espalda del fallen y haciendo amago de guiarle con el fin de que no se lastimara.-¿Sabes, Rahny? ¿Puedo llamarte Rahny? Esta ciudad tiene su encanto. Es la única donde la Eclesia no ha llegado a corromper el núcleo. Los habitantes, aunque en el fondo de su corazón, permanecen indoblegables. Sin embargo, el error del escuadrón Anaconda fue ese mismo. Subestimar a la población. Era evidente que los separatistas sabían lo que sucedería si se desataba una batalla entre paganos y eclesiásticos. Amutza lo sabía. Querían aprovechar los rumores de nuestro ataque para lanzar ellos el suyo propio. Pero necesitaban más tiempo. Necesitaban el silencio. Y no necesitaban a los paganos. Necesitaban de un movimiento al que llamar suyo. De una reacción. Sabían que aliarse con nosotros era perder la oportunidad de elegir un alineamiento más tarde. La puerta de la Eclesia siempre estaría abierta para quien expulsase a los paganos y viceversa con estos últimos. Feuerheim, expulsando a ambos bandos de su ciudad, habría conseguido mantener una cierta neutralidad.  De hecho, ha suscitado dudas en mí, un símbolo del paganismo. ¿Es necesaria una intervención externa? ¿Es recomendable? ¿No sería mejor que los pueblos se liberasen por si mismos?

Si Rahn se dejaba guiar, Kleur le conduciría junto con el escuadrón entero, que había adoptado una formación triangular. Cuando el agua dejó de mojar los tobillos del fallen, este se percató de que habían llegado a la ciudad media y habían dejado atrás, en consecuencia, el húmedo ambiente de los suburbios.

Al llegar hasta allí el escuadrón de arquitectos se dividió, mientras la voz de Verkant anunciaba la buena nueva a los habitantes de dicha zona y les invitaba o, mejor dicho, les exigía, a unirse a sus tropas. Sin embargo, el reclutar ciudadanos no entraba en los planes de Kleur; quien, mirando fijamente a Rahn, le dijo lo siguiente:

-He escuchado por encima tu conversación con Balamteir. ¿Quieres saber dónde se encuentra tu hermano? Yo lo sé, y puedo llevarte hasta él. Pero el viaje será peligroso, mi querido fallen. Yo puedo quebrar las defensas de la Eclesia, soy experto en ello, pero pasar a los dos juntos nos será más difícil. Nos vendría de lujo una vista aérea del lugar, para que mentir.-Rahn era incapaz de dilucidar si aquello se trataba de un anhelo o de una petición y, antes de que pudiera enterarse, Kleur siguió parloteando.

-Por otro lado, siempre puedes quedarte aquí, relativamente a salvo y ayudando al ejército de Verkant. Y quizá participando en la toma de la puerta cardinal junto con Balamteir… Pero claro, puede que allí arriba también necesiten un poco de apoyo. Es cosa tuya, es tu hermano, pero estaría bien que por una vez hubiera alguien capaz de ver mis hazañas.
-cuando se percató de que lo que había dicho era una grosería, Kleur se disculpó de forma torpe.-Oh, lo siento, no recordaba ese detalle… Bueno, de todos modos, siempre podrás escuchar mis hazañas. Eso me basta, sí. Entonces, dime, ¿Qué decides?

Se encontraban en una gran plazoleta, rodeada de edificios. El escuadrón de arquitectos se dividía en secciones que avanzaban, ordenadamente, a través de una de las salidas de dicha plaza. Solo una de las secciones se quedó allí, y sus miembros comenzaron a portear a los vecinos, no de muy buenas formas, requiriendo que se unieran “ a la causa”. En el otro extremo de la plaza era donde se encontraban Kleur y Rahn, apartados de la multitud.

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Re: [EVENTO DECISIVO] "El líquido de la vida" [Feuerheim, 1 de Enero - 898 d.G]

Mensaje por Sig el Lun Sep 14, 2015 7:44 am

Sig observo con satisfacción como sus conjeturas respecto al hombre meditante eran acertadas, al momento de disipar la energía del mismo, la burbuja de agua que mantenía a la guardia dorada y a los miembros del escudo fiel prisioneros se debilito considerablemente ante la estupefacta mirada del sujeto que la estaba controlando, quien probablemente quedara aun mas pasmado al ser impactado de lleno por el segundo hechizo realizado por el exorcista, causando que la burbuja de agua explotara inmediatamente, liberando a los soldados en el proceso, a pesar de esto, el sujeto parecía retener suficiente control del agua como para evitar impactar contra el duro suelo.

"tsk, no fue suficiente para anularlo por completo, tendré que mejorar eso a futuro, al menos el escudo fiel esta bien" Pensó el joven mago segundos antes de que una lluvia de proyectiles cayera sobre estos. "bueno, relativamente bien, ¿son aquellos los hombres del tartabizco? ¡Lo sabia! Mi padre tenia razón ,nunca tuvimos que confiar en esos malditos mestizos, somos el único lugar de toda puta terra donde no los encarcelarían como las abominaciones que son, su sangre esta tan podrida como su alma y esta traición es prueba irrefutable de ello, cuando esto termine habremos acabado con esa parodia que se hace llamar una de las cinco grandes familias de Feuerheim"

Mientras pensaba esto, Sigurd pudo observar como el valiente y arrojado inquisidor Yacin cargaba en dirección a sus compañeros del escudo fiel, solo para ser detenido por un torrente de agua de parte del brujo pagano. "Mierda, uno menos, eres mas duro de lo que aparentas, pero no dejare que sigas lastimando a mis compañeros" Pensó Sig mientras notaba la sequedad en su garganta, abriendo los ojos como platos ante la realización de lo que estaba pasando "Por supuesto, si puedes manipular el agua hasta ese punto es lógico que puedas hacer esto, tienes que sacar el agua de algún lugar, me pregunto cuanto tiempo pasara antes de que nos seques como a pasas, ¿como es que Gumbleton puede mantenerse tan calmado en un momento así?"

La repentina aparición de una barrera de agua interponiéndose entre el Gumbleton y su objetivo hizo que el mismo Sigurd se sobresaltara aun mas que el mismo gran custodio, quien con los ánimos de quien se detiene a quitarse una piedra del zapato comenzó a caminar con toda la serenidad del mundo en dirección del pagano, solo para ser rechazado de una marea de agua similar a la que el pagano uso para deshacerse de Yacion, solo que esta vez, el resultado era distinto.
Mientras tanto Sig observaba contemplativo la barrera de agua creada por el pagano, si aun después de recibir su anima ardevit habia sido capaz de crear algo tan resistente, sin duda era un sujeto de temer, pero al menos dejaba en evidencia un hecho tranquilizador, no podía crear agua de la nada, tenia que extraerla del ambiente, ademas, teniendo activada esa barrera tan grande, debía de quedarle poca agua con la cual atacar o defenderse, en especial lo segundo ya que gran parte del agua disponible estaba siendo empleada para atacar a quien se le acercara.

El exorcista juzgaba que, al menos de momento, la situación podía estar a a su favor, si Gumbleton había sido capaz de soportar esa enorme oleada de agua que había dejado fuera de combate a Yacin, entonces sin duda se trataba de un sujeto fuerte que podía cambiar las tornas de la pelea, exactamente lo que se esperaba de alguien en su posición, por su parte Sig estaba agradecido de que el objetivo del pagano fuera Gumbleton y no él mismo, ese ataque probablemente hubiera bastado para dejarlo fuera de combate o quizá aun peor, matarlo, y no quería ni imaginarse lo que hubiera pasado si su hechizo no hubiera debilitado al sujeto de antemano.

La clave para triunfar era acabar con el sujeto que controlaba el agua, al menos eso pensaba Sig antes de escuchar los susurros de su superior, que había sido arrastrado por el agua hasta quedar justo a su lado, el exorcista medito sus opciones por un momento antes de contestarle. "lo que intente anteriormente no funciono demasiado bien, tiene que haber otra forma de derribarlo, no creo que usar la pistola sea buena idea, podría usar el agua para detener la bala, o simplemente esquivarla viendo la altura a la que esta, ademas, tengo que debilitarle antes, no quiero pensar que clase de monstruo sea usando plenitud de sus capacidades... quizás tenga que cambiar de enfoque, no atacarlo directamente, sino hacer que el suelo bajo sus pies se derrumbe". Pensó el mago observando la balsa de agua sobre la cual el hereje se mantenía. -Se me ocurre algo señor Gumbleton, pero no podemos desperdiciar ni un segundo, no se cuanto tiempo pueda mantenerlo en el suelo o si llegue a caer en lo absoluto, pero al menos creo que lo pondré a una altura en que usted pueda alcanzarle, ¿preparado? Tres. Dos. Uno. Ya- susurro en contestación el mago y sin perder ni un segundo volvió a dirigir un hechizo contra el pagano con intención de debilitar sus poderes, seguido de un hechizo de armonizacion para deshacer la balsa de agua en la que el sujeto se mantenía levitando, con clara intención de hacerle caer, mientras tanto el joven noto que el volumen de la canción comenzaba a descender, era una clara señal de que la canción estaba por terminar, y algo en su interior le decía que era mejor apurarse, o algo malo podría pasar.

SPOILER:

Velocidad: 0 = 1 accion
usar "anima ardevit" sobre el tipo del agua + usar "armonizar" en la balsa de agua sobre la que se encuentra el mismo

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Re: [EVENTO DECISIVO] "El líquido de la vida" [Feuerheim, 1 de Enero - 898 d.G]

Mensaje por Rahn el Mar Sep 22, 2015 3:52 pm

Una vez Balamteir confirmó mi permiso a subir, respiré tranquilo y me encaminé junto con el resto de soldados hacia el túnel indicado. Me esperaba que aparte de Kleur me acompañara Balamteir o incluso Verkant, pero ambas permanecieron en los subterráneos. Me encogí de hombros y seguí al rítmico batir de botas por entre los pasadizos.

En cuanto salimos del túnel y puse el pie en la superficie, tuve que reprimir una mueca de asco. Como todo fallen, iba continuamente descalzo, y acababa de pisar unos diez centímetros de agua estancada. Procuré no pensar en la de porquerías que podían afectarme a los pies y me concentré en la situación. Me encontraba, sin duda, en los barrios bajos de Feuerheim, salvajes, anegados e insalubres. Coincidía con Kleur en que era una desgracia, desde luego, pero a decir verdad esa exuberancia de naturaleza resultaba muy conveniente. Por fin pude deshacerme de la aparatosa gaviota, que se alejó a toda velocidad en dirección al mar. La sustituí por un cómodo y simpático pájaro carpintero que tan amablemente estaba erosionando una casa casi completamente en ruinas.

Dado que estábamos prácticamente en una guerra civil, era perfectamente consciente de que un pájaro carpintero sería muy insuficiente para la situación. Un vistazo al cielo me bastó para encontrar unos coloridos loros, que desde luego me habría agenciado en una situación más relajada. Sin embargo, lo que me interesaba era lo que no quitaba el ojo de esos coloridos loros: un ave de presa que no pude identificar completamente a causa de la distancia, pero que sin duda me sería útil en una pelea. Proyecté mi mente hacia ella, recé por que la señal llegara y esperé respuesta. En caso de que pudiera establecer contacto, la haría descender un poco para tenerla más a mano, pero la mantendría volando para tener más visión de campo. Y también, por qué no reconocerlo, porque llevar un águila al hombro es agotador.

Mientras me distraía con el ave de presa, el pájaro carpintero había empezado a picar con curiosidad la tela de la camisa por la zona del hombro en la que lo había posado. Esto me recordó el abrigo de cuero a prueba de pájaros impertinentes que todavía llevaba al brazo, y me lo puse.

Escuché junto con Kleur el discurso de Verkant. Panfletario y populista, quizá, pero desde luego efectivo y no falto de razón. Enseguida, una pequeña multitud relativamente armada se unió al grupo. Mientras los ciudadanos se iban organizando entre las filas de milicianos, me volví hacia Kleur, tanto con la cabeza como con el pájaro.

-Puedes llamarme Rahny, -le contesté con una media sonrisa. -aunque Rahn está bien. Y respecto a la intervención externa, opino que aunque el pueblo es aparentemente capaz de liberarse a sí mismo -dije, señalando con un gesto de la mano a los habitantes de Feuerheim que tomaban las armas -sí que es cierto que una pequeña intervención externa -y esta vez señalé a nosotros dos -también ayuda. En cualquier caso, con toda probabilidad la Eclesia y los Arquitectos cuenten también con la ayuda de "especialistas" como nosotros, -aquí le guiñe un ojo en señal de complicidad -así que podría decirse que las fuerzas están compensadas en ese aspecto. El tiempo dirá qué pasará, supongo.

Tomé de la mano a Kleur y le dejé guiarme junto con el pelotón. Cuando nos detuvimos, noté que el sonido de chapoteo y la sensación de repugnante humedad habían desaparecido, y un vistazo más detallado a la calidad de los edificios me reveló que, efectivamente, estábamos en la ciudad media. Las tropas de la milicia repitieron aquí su procedimiento, con más énfasis esta vez, probablemente en previsión de que los ciudadanos más acomodados no tendrían tantas ganas de unirse a la revolución.

Lo que me dijo Kleur me llenó una vez más de dudas. ¿Debía ir a salvar a mi hermano, o a la ciudad en la que él se encontraba? Un instante de reflexión y un vistazo al cada vez más nutrido grupo de milicianos y ciudadanos unidos me bastó para tomar la decisión.
-Iré contigo, Kleur. Procuraré no ser una carga y ayudar en todo lo que pueda. Sin embargo, aunque no puedo hacerme invisible como tú, sí que puedo hacerme extremadamente pequeño si es necesario. Confío en que tus habilidades, combinadas con las mías, nos llevarán por el buen camino.
Desde luego, no pensaba convertirme en pájaro a menos que la situación lo requiriera imperativamente, pero era una herramienta demasiado útil como para no contar con ella. Esperé a que Kleur me diera instrucciones de por dónde ir.

FDI:
Me he tomado la libertad de contestar un pelín tarde porque se que Dezba no está (y porque no he podido antes). Éstas serían pues mis acciones:
Acción 1: cambiar gaviota por pájaro carpintero + contactar con águila/halcón
Acción 2: ponerme el abrigo (si es que eso puede llegar a contar como subacción, pero ya que me sobra tiempo...)

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Re: [EVENTO DECISIVO] "El líquido de la vida" [Feuerheim, 1 de Enero - 898 d.G]

Mensaje por Dezba Wakanda el Jue Oct 08, 2015 11:46 pm

SIG

-Estamos comprometidos, entonces.-asintió Gumbleton con un deje de solemnidad al escuchar el plan de Sigurd.

Así pues, por vez segunda desde que el enfrentamiento había dado comienzo, Gumbleton se envaró y sujetó la espada con decisión. Tanto fue así que Sig pudo escuchar el sonido de las gotas de sangre de sus manos caer al suelo. Su cuerpo se tensó y separó un poco las rodillas, flexionándolas.

Era evidente que se estaba preparando para el asalto. Fue entonces cuando Sigurd descargó su Anima Ardevit contra el adversario. Por vez primera este no lo esquivó, pues estaba observando a Gumbleton. A juzgar por el rostro de sorpresa de aquel hombre, Sig dedujo que su técnica le había afectado de lleno. Incluso llegó a desequilibrarle.

El susodicho le miró y sonrió, mostrando una dentadura perfectamente blanquecina. Pero si su enemigo quería contraatacar no pudo hacerlo pues la balsa de agua sobre la que se sostenía cedió sobre sus pies. El enemigo intentó regenerarla antes de caer suelo, pero no pudo hacerlo. Para entonces, Gumbleton ya se acercaba a él, corriendo y con espada en mano.

En los siguientes segundos un conglomerado de sucesos pasaron sin detenerse ante los ojos de ninguno de sus espectadores. El filo de Gumbleton rajó el brazo del enemigo antes de que cayera al suelo. La barrera de agua se deshizo, encharcando el lugar y dejando vía libre a Sigurd. Mientras tanto, era evidente que el enemigo, privado del dominio de sus poderes, era incapaz de enfrentarse a Gumbleton y salir ganando.

Fue el propio Gumbleton quien le instó a marcharse. Sigurd podía observar como la situación se había descontrolado. Las dos batallas, ordenadas en algún sentido, se habían convertido en un caos. Los hombres usaban todo lo que estaba a su disposición para matarse mutuamente, sin atender a sus compañeros ni seguir ningún tipo de regla. Era como si el tiempo corriera en su contra.

Entre tanto, Sigurd pudo ver como Yacin se balanceaba. A pesar de que esto en un principio le resultó extraño, pronto dichos balanceos se vieron acompañados de profusos chorretones de sangre que salían del interior de su amigo. Al lado de Yacin, aunque a una distancia lo suficiente larga para que no hubiera contacto entre ellos, se encontraba un fallen ataviado con un abrigo. ¿Sería él el causante? Solo había una forma de descubrirlo.

RAHN

Siguiendo a Kleur, Rahn se introdujo por los pasadizos secretos de la ciudad media de Feuerheim con el fin de esquivar a los guardias. Estos habían sido alertados, a juzgar por sus nerviosos movimientos. Kleur no perdió la ocasión de acabar con los soldados solitarios, a menudo introduciendo una daga en su arteria aorta. Fueron un total de cinco.

-La mitad de la victoria es psicológica.-le comentó a Rahn cuando todo estaba despejado y mientras limpiaba su cuchillo. -¿Qué crees que pensaran los soldaditos cuando se organicen y descubran que cinco de sus compañeros han sido asesinados? Si me preguntas a mí, te diría que comenzarán a sospechar los unos de los otros, las suspicacias helarían su arrojo y su mirada no sería capaz de evitar desviarse hacia su propia espalda, con el fin de evitar un destino semejante.  Finalmente, la presión acabaría por desbordar a los más débiles de voluntad, que huirían, enfrentándose así con los más tozudos de entre el regimiento mientras los soldados demasiado valientes para huir pero no lo suficiente como para mostrar arrojo serían quienes, finalmente, fueran masacrados por sus verdaderos enemigos. El hombre teme a lo desconocido, a la oscuridad. En definitiva, a lo que no puede perseguir con sus sentidos. Ahí es donde entro yo. Dime, Rahny… ¿un hombre puede derrotar a un ejército?

Justo cuando sus divagaciones tocaron a fin, arribaron al Manantial. Una dulce música llegó hasta sus oídos. Un estribillo que se repetía constantemente.

MÚSICA:

”Hoy comamos y bebamos,
y cantemos y holguemos,
que mañana ayunaremos.”


A pesar de su aparente tono bucólico y que invitaba al disfrute, la canción que sonaba tenía un tono siniestro que Kleur reconoció al instante. El pagano sonrió y apremió a su compañero.

-Joan Ílice, al fin tu trabajo es reconocido. -el pagano se detuvo durante unos instantes a disfrutar de la canción, que dejó atrás el bucle y comenzó de nuevo.

"Por honra de San Antruejo
parémonos hoy bien anchos.
Embutamos estos panchos,
recalquemos el pellejo:
que costumbre es de concejo
que todos hoy nos hartemos,
que mañana ayunaremos.

Honremos a tan buen santo
porque en hambre nos acorra;
comamos a calca porra,
que mañana hay gran quebranto,
Comamos, bevamos tanto
hasta que nos reventemos,
que mañana ayunaremos."


-Venga, Rahny, acelera el paso. Tengo un buen presentimiento.

Una vez llegaron, siguiendo el sonido de la música, a la gran plaza de la Asamblea, Kleur se excitó cual sádico querubín en su primera visita a Martillo de Brujas. Guardias dorados y censores luchando entre ellos, un inquisidor tumbado en el suelo, una pared de agua que bloqueaba la otra salida de la plaza. Aquello era un paraíso para el pagano.

Lentamente, Kleur se dirigió hacia el inquisidor caído y lo pateó, haciendo que se posicionara boca arriba. Se quitó su máscara de propio y le enseñó su rostro al inquisidor mientras con su pie presionaba la entrepierna del mismo.

-Habéis tenido una oportunidad de cazarme, más la habéis desaprovechado. ¿Qué se siente, inquisidor, al haber estado tan cerca de pillarme? ¿Impotencia, rabia, desesperación? ¿Quizá las tres a la vez?

-¿Dónde están los demás paganos? ¿Donde está... la señorita Siralos?-dijo el inquisidor con voz entrecortada, incapaz de darse cuenta de su precaria posición.

Kleur estalló en una carcajada.

-Eso es lo más gracioso, inquisidor. Sólo quedo yo, el único superviviente de mi escuadrón. En cuanto a la tal Lisaros o como cojones se haga llamar, no sé quien es. Mas si se encontraba dentro del edificio, puedes estar tranquilo. Sufrirá una muerte indolora, te lo aseguro.


El inquisidor sacudió la cabeza y se retorció. Puede que dolor, puede que de ira. Era evidente que había sufrido daños. Sus movimientos eran robóticos y espásticos.

-No te atrevas a mencionar su nombre, asqueroso asesino... Si eres el único superviviente, entonces no llegarás demasiado lejos. En cuanto los demás se enteren de lo que ha sucedido te cazarán. Te perseguirán, incansablemente. Habéis perdido, paganos.

-Lamento decirte que no es así. De hecho, nunca estuvimos cerca de perder. Los ciudadanos están cansados, amigo. De vosotros, de vuestra corrupción, vuestras cuotas y vuestra censura. Y sobre todo de vuestra opresión. Nosotros no éramos los invasores, nunca lo fuimos. La Eclesia nunca doblegó al pueblo de Feuerheim por entero, lo único que hizo fue sobornar a sus oligarcas y oprimir a los ciudadanos. El pueblo no os reconoce como el gobierno legítimo.


Esta vez fue el inquisidor quien rió.

--Hay miles de efectivos congregados en las murallas, casi tantos como la población total de la ciudad. Llevan días esperando una batalla, y por lo visto la van a tener. No tenéis escapatoria, paganos. Y los ciudadanos que se os unan serán adecuadamente castigados.

-Lo que tú digas. Ahora levanta y pelea, tengamos un duelo justo.

El inquisidor se levantó lentamente, y agarró su arma. A su vez, Kleur se puso su máscara y se mimetizó con el entorno traje mediante, aprovechando los segundos de estupor de su contrincante para asestarle severas tajadas en los brazos y torso con una especie de florete, a juzgar por el sonido que emitía al moverse.


ALEXANDER GOLD

Alexander estaba maniatado en una camilla. Ni siquiera la influencia de en su otrora cuñada Lila Siralos le libró de la tortura, cosa natural por otro lado dada su ineficacia de cara al aportar un testimonio válido. El altea se había quedado quieto, sin emitir palabra, humillando a Yacin de forma indecible ante sus superiores.

Debido a esto, el inquisidor decidió ensañarse con él. Sin mediar palabra, decidió patearlo. Alexander cedió como una fruta madura y, desde el suelo, fue golpeado por el inquisidor. Una vez este se cansó de usar sus puños y pies, le llegó el turno a la fusta. Despojando a su víctima de la camisa, Yacin utilizó dicho instrumento para marcar a base de golpes secos e intensos la carne de quien le había humillado.

Como resultado, Alexander terminó con la espalda en carne viva, rezumando humo y sangre a partes iguales y con una más que posible infección en camino. Pero la tortura terminó allí. Por suerte para el altea, su torturador había sido requerido. Un siervo entró en la habitación, o zulo mejor dicho, y le susurró unas palabras al oído a Yacin quien, apresuradamente dejó la sala después de atar y amordazar a Alexander en una mesa de operaciones de frio metal y de recoger sus pertenencias.

Así pues, el exhausto torturado dispuso de unos instantes para descansar cuerpo y mente. Más aquello no duró mucho. A los cinco minutos, diez a lo sumo, la puerta metálica de la sala se abriría con un pesado sonido de bisagras. A través de dicha puerta, una figura femenina emergió.

El buen Alexander conocía a la mujer que entró por la puerta, así como ella a él. Se trataba de la súcubo que les había salvado a él y a su hija de las llamas. La mujer se acercó, lentamente y contoneándose de forma lasciva. En sus manos portaba la que era su arma favorita, una ballesta con la que de hecho ya había apuntado a Alexander en ocasiones anteriores.

-Alexander Gold. No esperaba encontrarte en este lugar. Caprichoso destino.-la muchacha apuntó con su ballesta a la camilla pero, justo antes de disparar, viró el instrumento unos grados hacia arriba. El virote salió disparado, rozando el rostro del altea e impactando lejos de él. Dado que no podía girarse, le era difícil ver lo que había sucedido, pero si que pudo escuchar un sonido de vidrios rotos.

-Smaer y su sofisticado sistema de cámaras. No creo que haya comprado mucho tiempo, seguramente los guardias se hayan percatado de lo sucedido. Seguramente estén viniendo.-
mientras hablaba, la súcubo comenzaba a mover estanterías y todo tipo de muebles hacia la puerta, con afán de bloquearla.

Era una sala unida con otras tantas en las que presumiblemente se encontraban más víctimas de tortura, más la puerta principal era la que acababa de ser bloqueada. Eso significaba que, a no ser que la tiraran, los eclesiásticos no podrían acceder a las salas de torturas.

-Perfecto, ahora tenemos tiempo para hablar largo y tendido.-Nana comenzó a pasearse por la sala, sin dejar en ningún momento de sostener la ballesta.-No hace falta que nos refiramos a la sucedido en aquel lugar y en aquel momento, ni te voy a pedir que lo hagas. No obstante, estoy aquí para exigirte otra cosa. Tengo la leve sensación de que estamos en peligro. Después de escapar de aquella mansión, al menos yo me encontré desorientada. No había rastro de mis superiores. Salí de la ciudad en plena noche, aprovechándome del caos. Una vez contacté con mi gente de fiar, quise eliminar todas las pruebas que me implicaran a mi y a Ryomaru en aquel jaleo. Pero no las había, alguien se me había adelantado. Tampoco había información disponible acerca de ninguno de los demás. Ni de Lisa Arileen y sus secuaces, ni tampoco mía. Solo quedabas tú, y porque la huella que el señor José Martínez dejó en nuestros archivos por un lado y, según me han contado, la insistencia de Lila Siralos por el otro te hizo prácticamente imborrable. Tampoco fue posible eliminar a los Dives, pues son una familia legendaria, pero tengo la impresión de que su investigación se va a quedar en eso, una investigación. En definitiva, pienso que alguien o algo quiere borrarnos del mapa. Tengo sospechas de sobra que no tengo porque contarte, pero has de confiar en mí. No tienes otra opción. Debemos irnos. -dicho esto, la escudera comenzó a liberar a Alexander de sus ataduras y le despojó de la mordaza. Desde fuera de la sala, gritos y golpes se sucedían.-No obstante, no puedo obligarte. Te daré una oportunidad. Puedes venir conmigo a dar un paseo por este gigantesco complejo prácticamente inexplorado e inhóspito y vivir una gran aventura y, quien sabe, quizá encontrar a tu querida hijita.

O puedes resistirte. Estamos en igualdad de condiciones, solo tienes que atacarme y rezar para que mi dedo no sea más rápido que tus piernas. No me gustaría acabar a malas con la señorita Siralos, pero la verdad es que hace días que no mato a nadie y empiezo a estar oxidada. Dime, ¿Cuál es tu decisión?


Los golpes y gritos aumentaron en frecuencia e intensidad.

-Tic, tac. El tiempo corre.

Lamentablemente y pese a las veladas súplicas de su nueva tutora, la pequeña Neptune fue apartada del centro de la sala y acompañada por los músicos de Amutza hacia las instalaciones donde los familiares de los delegados de cada familia y los observadores del proceso descansaban.

Lo primero que le llamó la atención a la muchacha, o que más bien no lo hizo, fue la ausencia de norgon y en general miembros de otras razas. Mientras que en las calles de Feuerheim la heterogeneidad era la regla y no la excepción, aquel lugar estaba poblado por pseudo-fallens y altonatos en su mayoría. No había un solo norgon, y había pocos o ningun semi-demonio o semi-munchkin entre los presentes. De hecho, sus respectivos habitáculos estaban faltos de vida, por lo que se podían considerar vacios.

Fue Wil quien le ofreció la mano a Neptune durante todo el trayecto. Aquel misterioso grandullón llevó a la pequeña hasta una tienda.  Era la tienda habilitada para los observadores. En ella se encontraban un par de escribas, monitorizando todo lo que en el centro de la sala sucedía mediante cascos y teclados.  Seguramente se tratase de los subordinados de su tía.

Tan solo esos dos escribas, imprimiendo rollos interminables a través de sus avanzadas imprentas. Estos armatostes cubrían la totalidad de las paredes, y varios folios salían a través de ellas. Ni Wil ni Neptune eran participes de lo sucedido. El gigantón, pues, decidió sentarse y comenzó a hacer extraños movimientos, como si estuviera calentando sus músculos.

En cuanto a Neptune, para que se entretuviera Wil dispuso varios libros a su alrededor, sin molestarse en preguntarle a la chiquilla si sabía leer. No obstante, algunos de esos tomos poseían ilustraciones que la pequeña podría disfrutar llegado el tedio.

Pasaron los minutos, y las horas. Finalmente, una canción comenzó a sonar. Justo entonces, Wil se envaró mientras los escribas sacudían la cabeza, a juzgar por sus expresiones corporales consternados por lo que escuchaban. No obstante, no tuvieron tiempo a levantarse, pues una de sus propias imprentas se cayó sobre ellos, aplastándolos con un sonoro crujido.

Sonriente, Wil observó como el armatoste que él mismo había empujado caía a peso muerto, destruyendo la mayoría de la información en aquellos momentos recabada. No paró allí, sino que comenzó a golpear las demás imprentas y destruir los monitores a puñetazo limpio. Al cabo de unos segundos, aquella sala había sido convertida en un vertedero irreconocible.

El fortachón se giró, y Neptune pudo ver una sonrisa en su rostro. Era una sonrisa pura, como si Wil disfrutara de aquella destrucción. Poco a poco, sin prisa, el gigante comenzó a caminar hacia ella.

FDI:
Rebienvenido, Alexander. Un par de apuntes:

1-He tenido que "suspender" el interrogatorio debido a exigencias de la trama. Básicamente, debido a la no-contestación de Alexander el interrogador se ha ido con Sig.

2-En cuanto a lo sucedido en la casa de los Dives, no estás obligado a mencionar nada hasta que la aventura acabe, así que puedes hacer como si no existiera. Hasta nueva orden es un mcguffin. Obviamente, cuando la aventura inicial termine es "oficial", quiero decir que no podrás eludir lo que allí suceda.

3-Es como si te hubieran dado una paliza con bates. Puedes moverte pero duele. No tienes nada roto pero llevas el cuerpo lleno de hematomas.

En cuanto a Rahn y SIg, estáis en el mismo sitio, frente a la Asamblea General.
.

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Re: [EVENTO DECISIVO] "El líquido de la vida" [Feuerheim, 1 de Enero - 898 d.G]

Mensaje por Alexander Gold el Dom Oct 11, 2015 10:57 pm

Una vez fui conducido hasta aquel lugar en el que se me interrogaría, era un lugar algo oscuro por la poca iluminación ¿Qué iban a hacerme realmente? En eso mi "custodio" me dijo que tomara asiento, además de decirme lo que pensaba de mi "Aunque me moleste lo que dice este tipo, la verdad es que en parte tiene razón, es muy sospechoso que luego de que Aisaac me nombrara su heredero este mismo pasara a mejor vida" Pero aunque estaba de acurdo, no me importaban las opiniones de ese tipo, solo me importaba decirles a aquellos hombres sobre el plan que tenían aquellas otras personas.

El lugar parecía tener varias cámaras, o al menos una y varias aberturas en las paredes; en el fondo me alegraba el saber que mi cuñada quería verme sano y salvo...pero me molestaba saber que el poder que tenia era pequeño, o eso pensaba, por lo que aquellos hombres no podrían hacerle tantísimo caso en este tema. Cuando aquel hombre me pregunto si Lila sentía algo por mi....¿Algo? ¿A que se refería con eso? Era obvio que me tenia cariño al ser el esposo de su hermana, pero no sabia que mas podría estar imaginando  

-Eso no... No lo se...Seria mejor preguntarle a ella, pues yo puedo equivocarme- Era lo que le conteste mientras miraba hacia otro lado, como queriendo evitar ver como me miraba o lo que fuera a hacer conmigo. Después de eso dio un pequeño discurso que finalizo con una pregunta hacia mi "¿Que tramaba mi compañero y porque burlamos la seguridad de la puerta que daba acceso a la ciudad?" No se lo que me paso en ese momento, me quede quieto, me era imposible mover mi boca o mi cuerpo ¿Era ese el verdadero plan del soberano del cielo o alguno de su ayudantes para mi? ¿Querían que llegara justo hasta ese momento para mostrarme que en verdad no quería darme una oportunidad si no que quería acabar conmigo de la forma mas lenta y dolorosa por un pequeño error? ¿Era mi castigo eterno por haber llegado tarde para abrir la puerta? Si era así a quien varia arder en su furia ¿Realmente a todos aquellos que no habían podido seguir correctamente sus instrucciones? ¿Y que pasaba con todos los que pedían por su ayuda en vez de invocar su ira? Parece como que cada plegaria que mandan no llega hasta el cielo y se queda volando en la tierra o el aire pues no has respondido o no si lo has recibido creo que no le ha importado...

Por lo que sea que me halla causado el no poder responder rápidamente a su pregunta aquel hombre desato su furia contra mi,  como si yo fuera alguien a quien en el odiaba desde hace años y años. Me dio una patada que logro tirarme al suelo, lugar desde el cual me empezó a descocer a puñetazos y patadas, cada golpe me hacia apretar los dientes para no soltar gritos con cada uno de ellos; aun así estaba algo acostumbrado a sentirlos, pues algunas de las personas que me encontré durante mis viajes no eran precisamente buenas.

Cuando termino de golpearme, jadeaba al respirar por el dolor que sentía en mi cuerpo; inocentemente creí que luego de terminar con aquella golpiza seguiria con el interrogatorio, no sabia lo equivocado que estaba.
Una vez termino la golpiza, aquel hombre que parecía haber dedicado toda su ira contra mi, empezó el castigo de verdad. Primero me quito mi camiseta y, usando aquel largo látigo, empezó  a golpear mi espada con la misma intensidad de la golpiza anterior; llegados a este punto, yo no podía contenerme mas, por lo que lanzaba gritos de verdadero dolor con cada golpe que mi cuerpo recibía, tanto así que hasta me hubiera puesto a llorar de dolor que sentía.

Por suerte para mi, un siervo de los mandos superiores de aquel hombre, entro corriendo para decirle algo a aquel torturador, por lo que me dejaron atado a una mesa de operaciones, era fría y dura, pero lograba calmar un mínimo aquel intenso dolor que sentía en toda mi espalda.
Tan solo pude preguntarme ¿Por qué los ángeles o dios me estaban castigando de este modo? ¿Que era lo que había hecho yo para merecer aquello? Quizás sea obra de los demonios y esto sea una prueba, aunque eso me recuerda otra cosa ¿Qué gana dios ocultándose mientras su querida eclesia se desmorona y los muros caen dejando al mal el poder para entrar y destruirlo todo? ¿Cómo es que siendo todopoderoso no lo elimina ya? ¿Cómo es que siendo benevolente permite su mal? Todo esto me esta haciendo ver todo desde un punto distinto, quizás dios es cómplice de todo este mal para destruir toda su creación como un niño que crea un castillo de arena tan solo para tirarlo...

No pude continuar mucho mas con mis reflexiones, pues la puerta metálica se abrió lenta y sonoramente; de esta misma salió la súcubo que me había disparado en Eonburg. Me dijo que no esperaba encontrarme en aquel lugar, a lo que yo respondí con un "ja" Sin mucho animo; lo que me asusto un poco fue cuando apunto su arma contra mi y disparo.
En ese momento aguante la respiración creyendo que ella seria la verdadera torturadora y que la flecha iría a parar a mi ojo sano, pero eso no fue lo que paso, en verdad había, aparentemente para mi, destruido la cámara que aquel custodio había encendido previamente.

Después de decir que, efectivamente, lo que había destruido era una cámara, aquella mujer empujo algunos muebles para boquear la puerta. Una vez estuvo segura de que lo había bloqueado bien; paso a explicarme lo que había estado pasando con ella últimamente, al oír lo que dijo los rastros de que aquello fuera la misión que dios me encomendaba se habían borrado, era obvio que me había atraído a la boca del lobo, y yo esta mirando la garganta. Ahora que lo pienso, fue muy estúpido de mi parte creer que todo o que había pasado era un prueba, no podía confiar en nadie mas que en mi hija y mi cañada en ese mundo... quizás lo de dios era tan solo una forma de mantener la calma cuando ya estaba hasta el cuello de molestia, pero ya no importaba, era momento de volver a ser aquel Alexander serio y seguro de sus acciones, el cual que era perseguido y no tenia posibilidad alguna de recuperar su pasado ni el hermoso techo magenta sobre el cual vivía, era momento de sobrevivir en un mundo que simplemente quería matarme

Es mas, hasta me plantee lo de la eclesia ¿Por qué ayudar a un grupo de personas que le hace oídos sordos a los pobres y solo ayuda a unos pocos para quedar como los buenos? Joder, había sido una tontería de mi parte. Ante a pregunta de aquella chica que me había desatado le sonreí, era una sonrisa sincera y de confianza, tome aire por el dolor que aun sentía mi espada y le respondí en tono seguro y sin dudarlo ni un momento mas

-Claro, tienes razón, no se en que estaba pensando metiéndome aquí y esperando que la eclesia me perdonara por mis acciones; vamos, te seguiré en esta "gran aventura" por este lugar tan....horrible; y si nos atrapan o algo, solamente me quedara esperar que mi suerte no sea tan mala como hasta ahora lo ha sido



Mientras todo el jaleo de Alexander se producía, Neptune por su parte la paso considerablemente mejor. Aunque la verdad le molesto que al final de todo el recorrido por aquel lugar donde descubrió que el control del agua es unas 100 veces mas hermoso que el fuego (mas aun porque uno  de ellos, según había descubierto recientemente, podía comerse) fuera separada de su tía Lila Siralos.

Cuando la llevaron a aquel lugar se puso a ver que tipo de personas había allí; se esperaba encontrarse con na gran diversidad de razas, pero se topo con que solo había falllens y altonatos "Esto no cuadra con la ciudad.... hay tantos tipos de híbridos que ver esto es raro ¿A dónde me llevaron? .... ¿a un lugar de cuarentena de gente pálida y delgada? " Bromeo para si misma mientras se reía un poco de ese pensamiento.
Durante el trayecto, aquel hombre que hablaba por señas tomo mi mano para guiarla, la verdad es que la pequeña estaba muy nerviosa y con un leve rubor en su cara, no le gusta mucho la gente nueva, pues no quería que pensaran mal de ella por lo que sea. Este hombre la llevo a una tienda llena de gente que anotaba datos mediante unos teclados en grandes maquinas que ocupaba la altura de una pared "este sitio me da un poco de miedo si soy sincera" pensaba al ver aquello.

Para entretener a la pequeña mientras se estiraba, el hombre había puesto una serie de libros alrededor de ella, uno de estos era muy familiar para ella; se trataba de la leyenda de "Neptuno y Solaris" la edición final de la saga, la misma relataba sobre como se enfrentaban a muerte aquellos 2 caballeros, uno en nombre de metatron y el otro por  su amor a los seres vivos que dios amaba. Curiosamente, el autor del libro se había suicidado luego de terminar el libro, cuyo final quedaba abierto, también tenia un ultimo mensaje del autor "Por favor, reflexiona tu y escribe el final, yo sinceramente no puedo hacerlo" seguido de 2 hojas en blanco.  

La joven paso algunas horas leyendo aquel libro con una semi sonrisa y algo de tristeza, pues su padre le había enseñado a leer y escribir con los tomos anteriores; para cuando termino de escribir el final, en el cual conto como el caballero Neptuno se alzaba con la victoria en nombre de todos los seres vivos, manteniendo a Solaris con vida para enseñarle que no todo es amor a un ser que te proteger, escucho como las imprentas caían sobre las personas que las estaban utilizando.
Se asusto mucho al descubrir que el hombre que la había guiado hasta allí era quien estaba destruyendo todo el lugar con una sonrisa en su rostro.
Cuando termino y le sonrió mientras se acercaba lentamente a ella, una muy asustada y confundida Neptune no dudo en empezar a tirarle aquellos libros  
-¿¡Porque ha hecho eso!? - era lo que le gritaba, estaba muy asustada para razonar con claridad, por lo que no podía saber si lo que estaba haciendo era una buena o una mala idea

FDI:

No se si lo de neptu cuente como acción, pero por si acaso lo pongo

Velocidad: 1 = 1 accion

Tomar los libros + arrojar los libros a Wil
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Re: [EVENTO DECISIVO] "El líquido de la vida" [Feuerheim, 1 de Enero - 898 d.G]

Mensaje por Sig el Jue Oct 15, 2015 4:56 am

Ante la confirmación de Gumbleton, el mago se dispuso a poner en marcha su plan, mientras el brujo acuático estaba distraído observando al custodio, cometió el error de retraer su vista de quien instantes antes casi logro tumbarle de su balsa de agua, esta vez, las cosas serian diferentes para el afectado.

Gracias a esta distracción, de un momento a otro dos certeros hechizos golpearon tanto al pagano como a su creación, el ver las manos de su superior empapadas de su propia sangre no distrajeron a Sigurd de su trabajo, como un artista pintando un lienzo, el mago dio los dos toques finales a su objetivo con inmejorable precisión y cadencia.

Todo paso con extrema velocidad ante los ojos de Sig, la burlona sonrisa del pagano se torno empañada por su propia sangre y transfigurada en una mueca de terror mientras caía hacia su perdición, que fue la espada de Gumbleton, la cual rajo la carne de su brazo y le hizo caer sonoramente de su balsa y estamparse contra el suelo. Otra rata pagana cazada por el trabajo en conjunto de las fuerzas del orden.

Sigurd asintió a las palabras de Gumbleton, acatando la orden sin rechistar, sin atreverse a mirar lo que su superior estaba por hacerle al pagano, el mago tenia su conciencia limpia, había realizado su trabajo y nada mas, no se detendría a disfrutar con el sufrimiento ajeno, sea de quien fuera, menos ahora que tenia cosas mas importantes de las cuales preocuparse.

"Mierda, esto es una zona de guerra, tengo que estar listo para cambiar de plano en caso de que algo pase", pensó Sig mientras contemplaba en escenario de la lucha, por un lado tenia la encarnizada batalla entre los sobrantes de la guardia dorada y el escudo fiel, por el otro estaba el inquisidor Yacin, siendo abatido por una fuerza desconocida, aunque había un posible sospechoso de causarle esas heridas, un fallen que sinceramente no parecía estar haciendo nada raro. Lo que si noto el mago fue el sonido silbante que se producía instantes antes de que una nueva herida apareciera en el cuerpo de su compañero.

"No pienso meterme en el medio de aquella trifulca, mejor busco un modo de ayudar al inquisidor, realmente no creo que aquel fallen sea el culpable pero no puedo estar seguro... Ese ruido es demasiado extraño, como de un arma moviéndose, ¿y si hay alguien mas participando de la acción y no lo podemos ver? ¿que tal si no solo mi enfoque, sino el de Yacin también esta errado?, a veces la mejor forma de ver es con los ojos cerrados"

Tras pensar esto el mago aspiro profundamente, se concentro en cambiar de plano, libero el aire de golpe y paso súbitamente al plano astral, tras eso corrió hasta donde estaba Yacin y le susurro al oído asegurándose de no tocarlo para no revelar su engaño. -Escucha, atraeré su atención, tu cierra los ojos y cuando sientas el silbido de su arma ataca con todas tus fuerzas, no temas cortarme, haz de cuenta que no existo y estaré bien, créeme, cosas de exorcista-. Tras decir esto asegurándose de que solo Yacin le escuchara, el mago desenfundo su pistola solo para parecer mas amenazante y se puso por delante del inquisidor, no demasiado cerca pero si lo suficiente para que este pudiera alcanzarle y atacar a quien fuera su atacante con velocidad antes de que este huyera. -V-vamos marica, s-solo las niñitas se esconden para pelear, da la cara y enfréntame como un hombre, estoy justo aquí, ¿o acaso no tienes pelotas?- Exclamo el mago apuntando frenéticamente con su pistola hacia todas las direcciones, intentando parecer lo mas asustado y desesperado posible.

SPOILER:

Velocidad:0 =1 accion
Pasar al plano astral + atraer la atención de Kleur

F.D.I:

Lamento si es demasiado corto, pero con estos post que son todo pelea no se me ocurre como hacerlo mas largo  nunchaku

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Re: [EVENTO DECISIVO] "El líquido de la vida" [Feuerheim, 1 de Enero - 898 d.G]

Mensaje por Rahn el Vie Oct 16, 2015 9:36 pm

El camino junto a Kleur hacia donde estaba Dalos, que parecía ser un centro neurálgico de la ciudad llamado el Manantial, fue bastante cruento para nuestros adversarios. Aunque empecé el viaje de la mano de Kleur, éste pronto necesitó de ambas manos, y no es que mi ceguera fuera tan efectiva como para impedirme desenvolverme por mí mismo. Según avanzábamos por callejones oscuros, a intervalos regulares me hacía un gesto, me empujaba hacia alguna sombra donde pasara desapercibido y desaparecía, para volver unos instantes después con el cuchillo un poco más ensangrentado cada vez, pero totalmente inmutado, como quien viniera de tirar la basura. De hecho, lo más probable es que él le diera a esas vidas humanas menos valor que a los desperdicios de su casa.

En principio no estaba muy de acuerdo con esas ejecuciones, al fin y al cabo esos guardias no se estaban interponiendo en nuestro camino, y no es que 5 hombres fueran a marcar una diferencia en la batalla. Pero la explicación que me dio de su estrategia realmente tenía sentido, aunque hacía falta sangre fría para estar realmente de acuerdo con ella. En fin, pensé, no es que yo tuviera mucho que hacer al respecto. Estaba claro que Kleur disfrutaba haciendo lo que hacía, y si quería que me ayudara a encontrar a mi hermano, iba a tener que callarme mis quejas al respecto.

-¿Un hombre, derrotar a todo un ejército? Hm... -esa pregunta lanzada tan alegremente como quien habla del tiempo me dejó un poco desconcertado al principio. -No soy muy experto en la guerra, pero seguramente los generales y máximos dirigentes de los ejércitos vencedores se consideren artífices de sus victorias. En todas las guerras hay muertes en ambos bandos, pero no creo que pueda decirse que ninguno de los supervivientes sean únicos merecedores del mérito -...si es que hay algún mérito en matar por la espalda; o en matar, ya puestos. Naturalmente, me guardé de añadir eso último, por las razones ya mencionadas. Kleur parecía demasiado volátil como para meterme con él de esa manera tan gratuita.

Sin embargo, de esa cátedra que Kleur tan paternalmente sentó sobre la lucha psicológica sí que saqué una lección valiosa: el valor de infundir más miedo del que realmente das. Yo, Rahn, un enclenque fallen ciego, ¿podría dar miedo a alguien? Si jugara bien mis cartas, quizá... 

Sumido como estaba en estas reflexiones, tardé en notar que se escuchaba música de fondo. ¿Música? ¿En mitad de una guerra? Me detuve con Kleur a escuchar la letra, meditando sobre los valores de "pan para hoy y hambre para mañana" que transmitía, hasta que mi acompañante me animó a retomar la marcha. Casi me alegré de alejarme de la fuente de esa inquietante canción, si no fuera por que fuimos a un lugar todavía peor.

Un pequeño campo de batalla lleno de caos, charcos de sangre y agua y combate fraticida se extendía ante mí. Los charcos de agua dispararon mis alarmas, quizá señalaran la cercanía de Dalos. En cambio, un vistazo desde mis dos aves me bastó para ver que no parecía estar en la escena. En su lugar, vi a un tipo, derribado sobre un charco de agua mucho más grande, que probablemente fuera el responsable de esta pequeña inundación. Parecía ser que Dalos no era el único de Terra afín al líquido de la vida.

Este análisis del terreno me hizo perder de vista a Kleur. Cuando lo ubiqué, avancé hacia él y me detuve a su espalda, para no interrumpir la conversación. No me quedé atrás por respeto, sino por si el interrogatorio desvelaba alguna información sobre Dalos. No fue así. En cuanto Kleur dijo "duelo justo" supe que la situación se nos iba de las manos. Y viendo el estado del inquisidor y a Kleur poniéndose la máscara, supe también que ese duelo tendría poco de justo. Efectivamente, antes de que pudiera agarrarle de la ropa y hacerle entrar en razón, desapareció ante mis narices y empezó a coser al inquisidor a cuchilladas. Conociéndole, sé que sería capaz de matarlo de un toque y casi sin dolor, pero su pertenencia a facciones rivales era justificación suficiente para Kleur para cebarse con el pobre tipo.

Miré a mi alrededor con preocupación. Estaba a algunos metros del inquisidor, que en ese momento parecía estar recibiendo tajos del aire, pero aun así era el que más cerca estaba, lo cual me convertía en potencial responsable de esa carnicería. El águila que tan convenientemente había encontrado en los suburbios sobrevolaba la plaza pacientemente. Para un ornitólogo sería obvio que no estaba ahí por voluntad propia, pero en el improbable caso de que alguien levantara la mirada de las armas de sus enemigos, probablemente la confundiría con un buitre de los que invariablemente acechan los campos de batalla. Esto me daba una ligera ventaja: mientras no se supiera que el águila obedecía a mis órdenes, yo no representaba una amenaza para nadie. 

En ese momento, de entre un grupo de eclesiásticos se acercó uno como quien pasea por el prado. Cuando estuvo a la altura de su compañero, en lugar de intentar salvarlo, se acercó a su oído y le habló. Abrí al máximo mis orejas y las giré hacia la pareja de eclesiásticos. Entre todo el fragor de la batalla, logré captar algunos fragmentos. ¿"Haz de cuenta que no estoy"? ¿Pretendía que su compañero atacara a través de él como si no estuviera ahí? Ciertamente, podría ser que de hecho el exorcista no estuviera ahí. Sabía de la existencia de ilusiones, fantasmas y demás engaños mentales. Sin duda, se trataba de una trampa.

-¡No le hagas caso, Kleur! -grité con todas mis fuerzas hacia donde creía que estaba -¡Es una trampa, ese tipo no está ahí, o algo así! ¡No te dejes engañar, retrocede!

No estaba seguro de que me hubiera oído, así que comprendí que tenía que actuar por iniciativa propia por si acaso. 

No quería matar a nadie. Haciendo uso de una frase muy manida entre los soldados rasos de cualquier ejército: yo no me alisté para esto. La Eclesia no eran mis amigos, y los Arquitectos eran unos hijos de puta, ciertamente, pero eso no era razón para destriparnos unos a otros en una plaza pública. No sabía si el inquisidor estaba vivo o sólo se mantenía en pie por la inercia de los golpes de Kleur, pero debía sacarlo de ahí. Sin embargo, siendo un fugitivo y un fallen, llamar la atención de la Eclesia tampoco era muy sabio, y no sabía si se tendría en cuenta el intento de salvar al inquisidor como un atenuante a mis cargos. Eso significaba que debía actuar desde las sombras; esfumarme de ahí. Transformarme en pájaro era la opción más obvia. Miré a mi alrededor y tracé un plan. 

Primero, hice que mi águila se lanzara en picado sobre la plaza, cerca de nuestra refriega pero sin caer sobre nadie, refrenándose solo unos metros antes de caer para luego elevarse hasta una altura un poco más segura. Mientras caía, hice también que emitiera un potente chillido. Seguro que aquello atraería miradas.

Aprovechando la distracción, corrí hacia algún rincón oscuro de una calle que desembocaba en la plaza e inicié de inmediato el proceso de transformación. Elegí a un mirlo normal y corriente, me concentré y pronto mi cuerpo empezó a encoger. Noté los hombros torciéndose para hacer alas de mis brazos, las plumas negras salir por todo el cuerpo y la ropa resbalar por mi piel. El pájaro carpintero, al notar que el suelo desaparecía bajo sus patitas, simplemente alzó el vuelo y se quedó más o menos donde estaba, medio suspendido en el aire. Antes de que los combatientes se dieran cuenta de que había un fallen menos en la plaza, me escabullí entre mi propia ropa y alcé el vuelo hacia algún lugar elevado, buscando con la vista del pájaro carpintero el alféizar de alguna ventana o algún otro lugar donde un mirlo común no desentonase. Desde allí, con las garras y pico del águila y los ojos del pájaro carpintero, podría tener la situación de la plaza controlada mientras me mantenía a salvo. O al menos eso planeaba.

FDI:
Buf, un turno interesante. Aquí están mis acciones:
Velocidad 1 = 2 acciones.
Acción 1: Usar la técnica "Echadme un cable" sobre el águila para que haga la maniobra de distracción + correr a un lugar oculto
Acción 2: Transformarme + volar a algún lugar elevado
Pues eso es todo. A ver qué pasa e.e

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Rahn

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Re: [EVENTO DECISIVO] "El líquido de la vida" [Feuerheim, 1 de Enero - 898 d.G]

Mensaje por Dezba Wakanda el Dom Oct 25, 2015 7:54 pm

RAHN & SIG

Una vez Sig susurró las palabras mágicas al oído de Yacin, las habilidades intrínsecas de Rahn, el cual debido a su origen fallen y a su falta de visión había desarrollado el sentido del oído más allá de los límites ordinarios, le permitieron al fallen escuchar parte de lo que el altonato dijo. Lo que sacó en claro fue que el exorcista quería atraer la atención del por aquel entonces invisible Kleur.

Así pues, el pagano fue advertido por Rahn. Kleur hizo una finta, esquivando a Sig a juzgar por el sonido del viento cortándose a su lado que el exorcista pudo escuchar y acabando por atacar el costado del inquisidor quien, sin embargo, ya estaba advertido de la presencia de su enemigo. Yacin logró esquivar el golpe en parte debido al sinuoso desvío que Kleur había realizado y en parte gracias a la intervención de su compañero el exorcista.

Para aquel entonces, un águila bajaba chillando entre los combatientes justo para remontar el vuelo segundos después. Yacin desvió la mirada hacia dicha escena, lo que le valió otro tajo más. De no llevar protecciones, ya habría muerto a juzgar por la cantidad de tajos que su maltrecha tela había recibido. El inquisidor sacudió la cabeza con vehemencia y agarró con fuerza su espada con las dos manos, dispuesto a tomarse aquel encuentro en serio. Pero sin embargo, estaba debilitado, a juzgar por sus jadeos y por el sudor que perlaba su frente.

Ajeno a todo eso, su invisible enemigo comenzó a jugar con él. Era obvio que su objetivo era cansarlo, y que no iba a ofrecerle una rápida muerte ni un duelo justo.

Mientras Sig tenía el privilegio de ver todo eso, las ropas del fallen Rahn descansaban sobre el suelo y este ya se había convertido en un bonito mirlo, que se aventuraba hacia la ventana más cercana. Sus plumas se mojaron al atravesar el agua en forma de vapor que rodeaba la Asamblea, pero pudo posarse sobre el alfeizar más cercano sin más dificultades.

En cuanto a Sig, este tenía una plaza favorable para ver por un lado la encarnizada lucha que Yacin y su enemigo fantasma estaban llevando a cabo y por el otro el combate sin cuartel que los oficiales rebeldes ofrecían a sus contrapartes eclesiásticas. En ambos casos se cumplía una sencilla regla, su bando no estaba en las mejores condiciones para la contienda.

SIG

Como si de un rayo de esperanza en medio de aquella neblina de desesperación se tratase, Gumbleton y su espada emergieron de donde había tenido lugar la lucha contra el misterioso controlador del agua. El viejo soldado estaba distinto. Carecía de armadura superior, es decir que estaba desnudo de cintura para arriba, y sus férreos pectorales y torso, forjados por los envites de la experiencia, se movían al ritmo que él lo hacía. Lenta y elegantemente. Había pequeñas heridas y cicatrices en todos estos, pero Sig no podía distinguir si eran recientes o eran fruto del combate recien librado.

Lo que había cambiado sin lugar a duda era su espada. Esta vez, lejos de ser una rústica reliquia, se asemejaba más bien a una espada de las que los aristócratas de Ojo de Dioses gozaban de admirar, un armatoste tecnológico pero liviano, a juzgar por su diseño y que cualquier ojo inexperto bien podría confundir con una lanza.

Una vez estuvo lo suficientemente cerca y antes de que pudiera explicar nada, hizo una señal de asentimiento a Sig y se arrodilló, clavando su espada en la dura piedra que constituía el suelo de aquel monumento a las familias nobles de Feuerheim. A juzgar por sus labios y la solemnidad de su rostro, el anciano estaba recitando un salmo.

Dos nuevos concursantes se unieron a aquel apasionante carrusel de emociones sin límite. Se trataban de Mammon Rahannys y Ferdinand Bildaren quienes, profiriéndose insultos, avanzaban el uno contra el otro protagonizando un caballeroso duelo de floretes. A juzgar por su trayectoria, habían bordeado el perímetro del edificio, que no era en absoluto pequeño, hasta volver al punto de partida.

Y sin embargo, sus frentes permanecían secas, no dejando apreciar ni la más mínima gota de sudor entre las arrugas de su faz. Una vez su recorrido los condujo hasta el joven exorcista, ambos duelistas imploraron su apoyo. La verdad es que era difícil decidirse; Sig tenía recuerdos acerca de aquellos individuos. La mayoría de ellos relacionados con el poco aprecio que su padre les profesaba.

Mientras tanto, Gumbleton seguía con sus rezos, el combate entre Kleur y un exhausto Yacin todavía no había terminado y los remanentes eclesiásticos habían optado por refugiarse en las escalinatas de acceso a la Asamblea con el fin de protegerse entre ellos, anunciando de esta forma su debilidad a los enemigos, que comenzaban a acosarlos.

RAHN

Las plumas del mirlo que antes había sido Rahn estaban mojadas. Debido a esto, el volar se convirtió en tarea imposible. Así pues, el pájaro se vio reducido a escuchar a través de las ventanas los murmullos de los presentes.

-¡No(… )hacer(… )intolerable!-esta voz era irreconocible para el muchacho. Sin embargo, pronto Naena se pronunció.

-¡(…) medidas (…) intolerables!(…) corrupción (…) será permitida. Vuestro (…) reinado(…) fin.

Los murmullos se transformaron en gritos, los gritos en amenazas y pronto voces de distintos propietarios e individuos de distintos grupos comenzaron a formar una turba. Esta vez las voces, aunque indistinguibles debido a que el fallen no conocía a sus respectivos propietarios, resultaban claras a Rahn:

-¡Herejes, asesinos! ¡Engendros mestizos, sabíamos que no se podía confiar en vosotros! ¡Nos os atreveréis!

-¡No podéis hacernos esto! ¡Somos nobles!

-¡Smaer nos salvará! ¡El escudo fiel nos salvará!

-Mamá, ¿Qué pasa?

-¡Orden! ¡O-or-orden! ¡Na-na-nadie tiene porque salir he-her-herido! Los ni-ni-ninios y las mujeres p-p-pu-pueden marcharse. -un silencio se apoderó de la sala durante unos segundos. Finalmente, Naena emitió las que serían las últimas palabras que Rahn pudo escuchar.

-Que así sea.

Rahn no tuvo tiempo para escuchar más, pues los vidrios de la ventana continua se resquebrajaron ante sus ojos. A través de ellos, cabellos pelirrojos caían. Los gritos femeninos de una niña completaron aquella escena, uniéndose con los gruñidos animales de un hombre. Otro golpe sacudió la vidriera. A este, le siguió otro. Para entonces el vidrio se estaba descomponiendo y estaba próximo a su completa fragmentación.

Las plumas de Rahn, húmedas, pesaban. Le sería laborioso alejarse de allí volando, si es que lo conseguía. En el peor de los casos, no podría sino dejarse caer y esperar que sus alas pudieran llevarlo a buen puerto si es que decidía reemprender el vuelo.

ALEXANDER GOLD

Neptune intentó defenderse del gigante que le acosaba lanzándole ejemplares de las librerías que les rodeaban. En lugar de huir, optó por el enfrentamiento. Y al percatarse de ello, Wil sonrió. Tomó uno de los libros al vuelo y le dio un mordisco. El papel comenzó a deshacerse conforme aquel gigante lo masticaba.

Finalmente, la gran masa de babas y papel mojado se deslizó por la garganta de Wil y este caminó de nuevo hacia Neptune, quien seguía lanzándole libros. Uno de ellos impactó en la frente del hombre, dejando una leve marca. En consecuencia, el rostro del herido cambió. Su faz se oscureció y su expresión viró con el fin de expresar odio. Un profundo odio.

Neptune le había herido, e iba a pagarlo. En un arranque de ira, Wil se lanzó sobre la hija de Alexander Gold y aprisionó la pierna de la muchacha con su gigante mano. Había tantos sitios con los que golpear a Neptune en aquella sala. Wil podría haber aprovechado los monitores, las estanterías e incluso los propios cadáveres de los funcionarios que el mismo había asesinado. En su lugar optó por la única ventana de la sala. Antes de hacer nada, el gigantón despojó a la niña de su katana, lanzándola al suelo. Después, procedió.

El primer golpe fue seco, y no hizo daño. Al menos no dio esa impresión. Sin embargo, los demás golpes no serían tan indoloros. El segundo hizo que Neptune soltara un grito y que los vidrios cedieran y se agrietaran. En el tercero, sumado al dolor del impacto, el cabello de Neptune se enredó con los fragmentos de vidriera, haciendo que cuando Wil la atrajo hacia si se le arrancasen varios folículos de raíz.

En el tercer golpe, un par de vidrios se le clavaron en la parte posterior de los brazos y en la espalda, causando un profundo dolor y un irritante escozor. Después de este, Wil pareció detenerse. No recogió a Neptune con sus potentes brazos para volverla a presionar contra la ventana sino que la dejó ahí postrada, empujándola con sus brazos. En su rostro podía verse el arrepentimiento.

Los cristales de la ventana comenzaron a crujir bajo Neptune. Era obvio que la estructura no aguantaría mucho más. De hecho, si había aguantado tanto era en parte por el ligero peso de la niña. Pese a todo, Wil parecía no darse cuenta y en lugar de sacar a la muchacha de tan precaria posición optó por quedarse ensimismado mirándola.

Al escuchar los motivos de Alexander, Nana asintió con una sonrisa y liberó al torturado. Después le pasó su camisa, pues Yacin le había despojado de ella para torturarle. Con el fin de acelerar el paso, Nana exigió al altea que se apoyara en sus hombros y comenzó a caminar a velocidad de marcha militar. Recorrieron el largo corredor de aquella sala de tortura. A ambos lados del mismo se daba el mismo episodio, supuestos criminales descansaban de sus jornadas de tortura mientras sus respectivos torturadores habían salido a estirar las piernas. De aquello Alexander pudo extraer que su estrafalaria libertadora conocía los horarios de descanso de aquel cuchitril.

Justo antes de llegar a donde aquella sala terminaba y los largos corredores por los que los Arquitectos discurrían para vigilar el buen funcionamiento del sistema de acoplamiento del archipiélago comenzaban, Nana le confesó un secreto a Alexander sirviéndose de la intimidad:

-Entre tú y yo, si te hubieras negado a acompañarme… Habría sido la última vez que te hubieras negado a hacer algo. Puede que no lo comprendas, ni yo misma lo comprendo, pero hay gente que te necesita. Sí, sorprendente. Pese a todo, sería malo para nuestros intereses que dicha gente lograse un testimonio cercano a la verdad acerca de lo que sucedió aquella noche. Me sigues, ¿verdad? Lo que sucedió en la mansión de los Dives… será mejor enterrarlo junto a los propietarios.

Una vez cerraron la puerta tras de sí, a Alexander le pareció oír unos ruidos provenientes de la sala anterior. Nana, sin darle más importancia, continúo caminando. Debido a la oscuridad inherente de aquella sala y al carecer de ninguna fuente de luz, Alexander tuvo que ser guiado por Nana mientras a su vez palpaba con la palma de la mano la rugosidad de las paredes con el fin de no desviarse del camino.

Mientras su mano se posaba en dicha pared, Alexander notó una vibración un tanto extraña, y movimientos procedentes del interior del muro.

Tras unos minutos de angustiosa caminata, por fin atisbaron una luz. Lo extraño de aquello es que dicha luz procedía del canal de agua, procedente de la negligencia de los Arquitectos a la hora de cierrar las grietas a través de las cuales el rio entraba en el interior del puente, que discurría entre el corredor oeste y el este, que Alexander y Nana estaban recorriendo.

La mujer, después de detenerse un momento con el fin de ubicarse y descubrir hacia dónde dirigirse basándose en un rudimentario mapa hecho a mano que sustrajo de su escote, señaló un pasadizo que llevaba hacia, según la propia Nana suponía, la salida de aquellos corredores. El problema radicaba en el amplio desvío que los dos tendrían que dar si no querían mojarse, pues un canal algo lleno de agua empantanada los separaba de su destino y habrían de rodearse si querían evitarlo.

-Supongo que tendremos que mojarnos.-dijo la súcubo con resignación, dando a entender a Alexander que irían por el agua.

La mujer se despojó de la parte inferior de su armadura, quedando en cueros de cintura para abajo. Justo cuando se disponía a introducirse en el agua, las burbujas que antes emanaban uniformemente del agua encharcada comenzaron a centrarse en la parte del agua donde el pie desnudo de la súcubo iba a introducirse. A ojos de Alexander, aquello no presagiaba nada bueno, más Nana parecía no darse cuenta de la situación.

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Re: [EVENTO DECISIVO] "El líquido de la vida" [Feuerheim, 1 de Enero - 898 d.G]

Mensaje por Alexander Gold el Dom Nov 01, 2015 8:47 pm

El miedo, una fuerza capaz de hacernos actuar como unos completos idiotas al mismo tiempo que aumenta la fuerza de nuestro cuerpo gracias a la adrenalina. Eso era mas o menos lo que pasaba con Neptune al reaccionar lanzando librosL; tenia miedo de que aque tipo le fuera a hacer daño, por lo que se olvido hasta de que tenia una katana y comenzo a lanzarle libros.

Aunque era muy cuestionable lo sensato de esta accion, pues, ademas de que no parecian ni hacerle cosquillas al tipo aquel; de hecho, hasta se los estaba comiendo. No fue hasta que uno de los libros impacto en su frente que aquel hombre cambio su expresion a un enojo y despresio notables.

El hombre no dudo y se lanzo sobre Neptune agarrandola con su enorme mano; la chica se sintio aun mas asustada e intento liberarse del agarre del tipo, golpeandolo repetidas veces. Al ver que aquel giganton la despojaba de su katana, se sintio muy enfadada con ella misma por no haberla usado antes, pero era muy tarde como para arrepentirse.

El Primer golpe contra aquella ventana la hiso dar un grito que quedo ahogado al ver que su agresor se detuvo tan solo un momento - ¡espera! ¡Porfavor dejame! - Fue lo que dijo para intentar frenarlo, pero para cuando termino de decir aquello, el tipo aquel ya la estaba golpeando una 2da vez contra el cristal. En esta ocasion le dolio tanto que no pudo evitar que un grito de dolor saliera de ella; no estaba tan acostumbrada al dolor y su cuerpo era aun pequeño para resistir ese castigo.

En el momento que la tiro hacia atras, varios de sus cabellos fueron arrancados, causando que gritara intensamente mientras eso pasaba "Debi haberme quedado junto a papá, si el estuviera aqui..."

- ¡Si mi padre estuviera aqui lamentarias hacerme esto! - Dijo enfadada al mismo tiempo que gritaba por el dolor que sentia. Al 3er golpe contra el vidrio empezo a llorar del intenso dolor que sentia, esto era por los vidrios que se clavaron en sus brazos, espalda y pierna; ahora no estaba enfadada, tan solo temia por su vida.

Por suerte aquel hombre se detuvo luego de hacer eso, la joven pudo ver la expresion de arrepentimiento en el rostro de aquel hombre. Ella ignoro los vidrios que empezaron a crujir  y, mientras el tipo la empujaba, ella puso una expresion que demostraba culpa y arrepetimiento junto a las lagrimas que caian de sus ojos.

-¡Lamento en verdad el haberte lanzado esos libros! E-es... ¡¡Es que estaba asustada y no sabia lo que hacia!! De hecho, el miedo me cego tanto que no pude recordar que tenia una katana o el hecho de que mi papá puede estar pasandola horrible en algun lugar ¡Asi que lo lamento mucho!- Durante todo lo que tardo el comunicarle eso a su agresor, se quejaba y sollozaba por el dolor que trataba con todo su empeño en aguantar.


-------------------


Me sorprendio que no me llamara imbesil o algo asi, de hecho, hasta se puede decir que llego a sorprenderme que en lugar de eso la sucubo asintiera con una sonrisa. Cuando me paso mi camisa me apure a ponermela, mi espalda dolia y ardia, a razon de esto tuve que apretar los dientes mientras la tela tocaba mis heridas "No hay forma de que esto sea bueno, bueno, al menos ya estoy vestido" Se me hacia dificil el hablar conmigo mismo y aguantar aquello al mismo tiempo, por lo que podria ser que esa joven lo notara.

Una vez termine me ordeno que me apoyara en sus hombros, eso era una buena idea tomando en cuenta el estado en el que estaba. Acate la orden sin ninguna queja e intente ir lo mas rapido que podia a pesar del dolor agudo que sentia; en un intento de ignorar el dolor y alentarme pense: "Ya has vivido cosas como esta Alexander, debes aguantar un poco mas y estaras bien"

Pasamos rapidamente por el salon de la tortura, debo decir que me dio algo de pena y mucha rabia el ver como aquellas personas habian resivido el mismo castigo que habia resivido yo hace poco, solo que en mayor medida "Esto es la verdad de la eclesia, todo este tiempo estaba ciego y no podia ver quien era el verdaro mal, la verdadera enfermedad de terra no eran los paganos... era la eclesia. Ya estaba cansado de las mentiras, dejare de engañarme a mi mismo a partir de ahora; estoy cansado de toda estaba batalla y este dolor ¡tan solo queria vivir tranquilo! ¿Es mucho pedir eso? No quiero que mi alma sea "liberada con los fuegos de la eclesia" o ser falsamente juzgado por estos en lugar de que lo haga el unico que puede juzgarme.

Estoy cansado de todas sus mentiras y engaños para verme muerto, desde que era un crio la muerte me acompaña de cerca, desde mi padre hasta mi esposa; me siento solo, este peso que tengo encima al ser el punto de mira de las balas de la eclesia solo porque podia hacerlo... tan solo aumenta el enfado que tengo, ni siquiera quisieron escucharme ¿Asi van a ser buenos siervos de dios? si este era un ser tan benebolente y poderoso como dicen ¿¡Que necesidad hay de que ellos cumplan con lo que el ordena!? ¡El dios vago y estupido lo empezare a llamar! Cada puto dia de mi vida le he rezado e implorado su perdon ¿Y que obtengo? tan solo dolor y sufrimiento constante.

Hasta inclusive obedeci a sus siervos en esta oportuidad ¿Y que obtengo? ¿Eh? ¿Que obtengo? ¡¡Tan solo mas y mas dolor!! No me sorprenderia que misteriosamente Neptune muriera ahora, pues simplemente hay algo que me odia y se empeña en que mi existencia sea totalmente un martirio.... tch, como sea, dejare de intentarlo... O mejor..." Aqui es donde me baje de mi "nube" me percate que aquella mujer me hablaba.

Creo que solo alcance a escuchar la mitad de lo que dijo, pero la frase que mas impacto tuvo en mi fue "Lo que sucedió en la mansión de los Dives… será mejor enterrarlo junto a los propietarios." no tenia ninguna duda, en este momento tan solo queria enterrarlo todo y ver hacia el futuro, un futuro que se presentaba ante mi con un nuevo punto de vista.
En la nueva sala a la que accedimos no habia fuentes de luz, ni una sola, en esos momentos hubiera agradecido de verdad que Neptune hubiera estado junto a mi para ayudarme. Lo que me parecio sospechoso fue que empezaron a pasar cosas extrañas que parecian indicar que algo sumamente malo estaba pasando.

Las vibrasiones que sentia al poner mi mano en una pared para guiarme me preocuparon, queria decirle a Nana pero... no, era una tonteria, no debia darle importancia... ¿O si?
La caminata hasta ver la primera fuente de luz fue tortuosa, mi cuerpo me dolia por los golpes que habia resivido, pero no me pararia por una cosa como esa. Lo que me extraño fue que aquella fuente de luz previamente dicha, salia del agua; aunque bien podia ser una lampara con los cables rodeados de cristal para evitar que el agua entrara en contacto con estos e hiciera mortal aquel liq uido.

Pero en ese momento se me ocurrio algo mas ¿Porque habia agua en medio de un corredor? ¿Tan malo eran aquellos "arquitectos" que armaron ese lugar? Todo el mundo estaba podrido, nada bueno quedaba, por lo que era momento de tomar una decision. Sonrei con dificultad cuando un buen pensamiento se cruzo en mi mente "Quizas ir al lado de los paganos sea la verdadera respuesta, quizas con ellos pueda al fin consiga tranquilidad y una vida medianamente buena, siempre y cuando me adaptara a su sociedad y pensamientos"

Mientras yo pensaba eso, Nana estaba revisando un mapa que parecia hecho a mano "para ser de la eclesia tus herramientas son muy pobres" pensaba mientras me movia para poder ver aquel mapa. Al parecer tendriamos que cruzar un lugar lleno de agua en mal estado para llegar a nuestro destino, cosa que con mis heridas no era muy bueno.

Pero cuando la joven toco el agua, pude notar como varias burbujas empezaban a salir del agua; no dude ni un segundo en tomarla de su brazo e intentar jalarla hacia atras para alejarla del peligro.

-¡Hey cuidado! -Probablemete me ganaria un buen golpe por hacer eso, pero al menos deberia intentarlo- ¡Hace rato que veo que cosas extrañas estan pasando! ¡De la sala que salimos previamente se estaban escuchando varios ruidos sospechosos; ademas de que la pared ha vibrado extrañamente todo el camino y, por si fuera poco, creo haber visto que algo en el agua! - Mire atentamente aquel liquido mientras suspiraba- Aunque bien podria ser que la estructura se esta a punto de derrumbar o quizas es un temblor.... Mira, solo ten cuidado, no se si tengo miedo de quedarme solo y al estar herido ser capturado o si me preocupo por ti al ser la unica en este lugar que quiere ayudarme.... bueno, una de las 3- Al terminar de eso me prepare para un golpe, si no es que lo habia resivido ya.

FDI:


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Re: [EVENTO DECISIVO] "El líquido de la vida" [Feuerheim, 1 de Enero - 898 d.G]

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