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[EVENTO PERSONAL] "Arcana obscura" [Martillo de Brujas - 19 de diciembre - 897 d.g.]

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[EVENTO PERSONAL] "Arcana obscura" [Martillo de Brujas - 19 de diciembre - 897 d.g.]

Mensaje por Maximilian Stenkerk el Miér Abr 22, 2015 8:31 pm

DEZBA WAKANDA




Aquella noche hacía un frío helador. Hacía ya varios días que había comenzado a nevar, anunciando la llegada del invierno a las tierras meridionales de Laursia. Puede que no fuese el perpetuo y mortal invierno de Todheim, pero desde luego los inviernos en Laursia eran duros, mucho más duros que en Gonduar. Dezba acababa de llegar a su celda de inquisidor y una oleada de frío y oscuridad le envolvió. La ventana se había quedado abierta y el aire había apagado el fuego de la chimenea. Desde la ventana, situada a cientos de metros sobre Martillo de Brujas, en una de las torres del Tribunal Superior, se podía apreciar una panorámica de toda la ciudad cubierta por un manto de nieve.

Una inquietante calma envolvía Martillo de Brujas. Faltaban pocos días para año nuevo, el aniversario del fin de la Gran Guerra. Las ciudades de toda Terra se engalanaban para celebrarlo, pero Martillo de Brujas era diferente. No habría fiestas ni celebraciones. Solo silencio. Desde el incidente y la fuga de los paganos, el Triunvirato había declarado el estado de excepción en la ciudad. Se había instaurado el toque de queda a partir del anochecer. Se habían prohibido las reuniones de tres o más personas. Y las redadas se habían intensificado. Desde la entra en vigor del estado de excepción habían sido ya arrestadas, juzgadas y ejecutadas noventa y tres personas acusadas de complicidad o colaboración con los paganos.

De hecho, el estado de excepción se aplicaría también a las celebraciones del Pax Dei, la Paz de Dios, para consternación del Arzobispo Vyznavac, que vio cómo se suspendía la fiesta religiosa más importante de Terra en su ciudad. Se rumoreaba que las disputas entre el Triunvirato y el Arzobispo habían sido muy intensas, y que el propio Munch había ordenado que se impidiese al Arzobispo salir de la Catedral de la Piedra Aullante, sede del poder religioso en Martillo de Brujas, por supuesto, para su propia seguridad.

Aunque el Arzobispo no era el único que había sido retenido. Talia Ashlyn y el resto de su séquito, incluido Dezba Wakanda, se encontraban bajo arresto domiciliario en el Tribunal Superior. Tenían prohibido abandonar en todo momento el Tribunal y estaban constantemente bajo vigilancia. Poco comparado para lo que les podría haber ocurrido. Tras el fracaso de la misión, el Sumo Inquisidor Munch quería procesarles por traición y colaboración con los paganos. Sostenía que eran cómplices de la huida. Sin embargo, el Sumo Inquisidor Karmikov lo había impedido, gracias al apoyo del Sumo Inquisidor Torquemada. Tendrían una oportunidad para demostrar su inocencia, perseguir, atrapar y ajusticiar a los paganos, además de recuperar el artefacto que poseía la prisionera fugada.

Precisamente, el día siguiente el arresto domiciliario llegaría a término y emprenderían su larga travesía a través de los páramos helados de Norksland de camino a Todheim, donde, según los últimos informes, se les había rastreado. Así pues, Dezba debería descansar pues a la mañana siguiente comenzaba su aventura.

FDI:

Bueno, Dezbi, comienza tu evento. Tienes libertad para hacer lo que quieras: contar que has hecho antes, que has hecho hoy, lo que vas a hacer, lo que te de la gana. Pero algunas concreciones. No has vuelto a ver a Munch desde el incidente. Tampoco has visto a Karmikov todavía. Con Talia poco o nada. Del resto puedes haberte encontrado con ellos, pero sin pasarte (es decir, ni los has matado, ni te has peleado, ni has fornicado con nadie). En cuanto a la meditación puedes hacer lo que quieras con ella, pero explica por qué vas a meditar y como se te ocurrió eso de la autohipnosis, que es lo que te atormenta, etc. Tu post acabará en el mismo momento en que la hagas, lo de dentro de tu cabeza ya me corresponde a mí.

En cuanto a la fecha, por cuestiones de línea temporal, va a empezar antes, porque de Martillo de Brujas salisteis varios días antes de la llegada a Todheim. La noche es justo el día antes de iros. Dato importante, todavía no sabes que el objetivo de los paganos es la puerta cardinal, de eso os enteráis mientras vais de camino a Todheim.

Y creo que no me olvido de nada más, ala.


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Maximilian Stenkerk

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Re: [EVENTO PERSONAL] "Arcana obscura" [Martillo de Brujas - 19 de diciembre - 897 d.g.]

Mensaje por Dezba Wakanda el Sáb Abr 25, 2015 11:13 pm

Hay distintos tipos de enemigos. Los hay de los que van de frente, sosteniendo su arma frente a ti. Pueden matarte, por supuesto, pero sabes a lo que atenerte en cuanto los ves. De hecho, conforme más te vas habituando a ellos, eres capaz de reconocerlos entre la multitud, dilucidar sus ojos de bestia y sus facciones tensas en la lejanía.

Luego están los que atacan por detrás, gente poderosa, influyente, que generalmente utiliza a los primeros ejemplares de esta lista para asestar sus golpes por ellos. Se caracterizan por tener un mayor alcance que los primeros tipos y por ser mucho más duraderos e insistentes que estos.

Y, por último, en la cima de la pirámide se encuentran los enemigos intocables. Aquellos tipos que incluso sabes de su identidad pero a los que  sin embargo asestar un golpe definitivo es tarea imposible. Munch era uno de esos.

Pero empecemos por el principio, como siempre suelo decir. Recuerdo mi arresto en Martillo de Brujas como si fuera ayer mismo. Como siempre suelen hacer, los astros se alinearon particularmente en mi contra durante aquellos días. El invierno, uno de mis peores enemigos y al que nunca pude derrotar, entraba con fuerza en Laursia, añadiendo otro obstáculo a batir a una larga lista de inconvenientes que por aquellos días sufría.

Tras el fracaso de nuestra misión y mi convalecencia (amén de la sesión de tortura con la que Munch me obsequió), no tardé en percibir las consecuencias de nuestro fallo a la Inquisición. Un día tal como otros muchos, nos fue comunicada la nueva de que habíamos sido castigados con un arresto domiciliario. Hasta aquel día me había dedicado a explorar a fondo Martillo de Brujas, identificando la mayoría de las zonas por si en algún momento debía de recorrerlas y, porque no mencionarlo, “rastreando” los “pajaritos” de Munch.

En aquella época, la visión de aquel cuervo todavía me quitaba el sueño, y de hecho creo recordar haber visto durante esos días varias aves que yo identifiqué como pajaritos de Munch. Aquel preciso día, el día en el que me fue comunicada la noticia de nuestro próximo encargo, intenté reunirme con Zeo, pues el viejo tuerto me había comunicado que aquella noche partiría hacia Ojo de Dioses de nuevo.

Después de nuestro último encuentro las visitas eran dedicadas a mantener las formas y poner un ojo en sus quehaceres más que por placer. De hecho, llegué a idear varias formas de asesinarle, muchas de ellas incluyendo horrendas visiones de su hijo volando por los aires. Oh, se me olvidó por completo mencionar ese detalle.

Revisando en unos viejos archivos, observé que un muchacho llamado Zeo Junior había fallecido en un misterioso atentado en Ojo de Dioses. No tardé en dirigirme al Camposanto de los Caídos para confirmar mis sospechas. Una tumba sin siquiera lápida, tan solo con una chapa oxidada, indicaba que aquel lugar era propiedad de un tal Zeo J.

“Nunca me lo mencionó”, recuerdo haber pensado mientras mi mente encajaba todas las piezas cuidadosamente. Pero eso poca importancia tenía, pues si yo hubiera sido completamente sincero con él haría ya tiempo que habría tenido que matarle. En fin, resulta que aquel día, después de un infructuoso intento de despedirme de mi ex mentor, dediqué la jornada a mi enriquecimiento personal.

Aquella era mi rutina. Con la diaria ración de indiferencia en algunos casos y odio en unos pocos que mis compañeros inquisidores me dedicaban, decidí adoptar una postura de ostracismo y dedicar mi penosa estancia en aquella ciudad de mala muerte a mejorar como individuo.

Me dispuse a estudiar los censuradísimos tratados de los que pude disponer. La mayoría de ellos versaban sobre la teología en todas sus vertientes, y apostaría mis dos pelotas a que en ninguno de ellos se dejaba de mentar a Dios. Si bien había textos de psicología, historia e incluso ficción, todos ellos estaban impregnados de un tufillo teológico ineludible. Así que tuve que desarrollar un sistema para aventurarme a encontrar datos útiles y extrapolables a la vida real entre tanta moralina religiosa insulsa.

Como resultado, comencé a sacar provecho de aquellos escritos y quiero creer que mis conocimientos se ampliaron.

Aparte de eso, también dediqué mis esfuerzos a cultivar mi cuerpo, ya que no solo de libros vive el hombre. Daba frecuentes caminatas por Martillo de Brujas, examinando comercios, locales y personas, y haciendo algunos contactos entre los inquisidores de segundo y tercer grado que, supuse, no me serían del todo inútiles. También hice varios ejercicios de musculación, usando como contrapeso mi propio cuerpo, ya que mi brazo no respondía tan bien como antes de aquel incidente.

Pero, a pesar de todo ello, la sombra de Munch se tendía, alargada, sobre mi existencia, oscureciendo mis días y amargando mis noches. De hecho, cuando Jakoff, el siervo de mi ex mentor, me comunicó que Zeo estaba indispuesto temí lo peor. Quizá Munch le había aislado también a él, quien sabe con qué propósitos. Quizá iba a interrogarle, o a enviarle a asesinarme por la espalda. Con aquellos dos viejos decrépitos todo era posible, pero una cosa era segura: si colaborasen para algo, sería en buscar mi mal.

Alguien normal habría ido presto a prepararse por si algo de eso sucedía, pero yo no podía arriesgarme. ¿Y si algún pajarito de Munch me observaba? No sería la primera ni la última vez que sospechaba de ello, y eso me impulsó a seguir mi rutina normal. Y eso hice. Permanecí en mi biblioteca de confianza, leyendo textos, hasta que el sol alcanzó su cenit y después, me dirigí a la cantina, mezclándome con la multitud. De hecho, aquel día servían costillas y agua, cosa no demasiado común (me refiero a las costillas), y por tanto el comedor estaba abarrotado, pues los asistentes al mismo esperaban a que este abriera.

Yo llegué tarde, como era costumbre, y una tremenda cola se extendía ante mis ojos. Después de interminables minutos entre inquisidores de tercera sudorosos y mal afeitados, alcancé finalmente mi bandeja y me serví yo mismo la comida. Solía coger con mis propias manos la comida, pues bien podría estar envenenada y si había suerte, podría descubrir el veneno a través del olor.

Para mi suerte, pues pocos asientos quedaban libres en aquella zona del comedor y estaba demasiado exhausto como para moverme a otra localización, encontré a Anais sentada en una mesa cercana. La inquisidora me hizo varias señales y yo, incapaz de ignorarla, me dirigí a su lado, comiendo en frente de ella mis costillas.

Estuvimos hablando largo y tendido, del fracaso de nuestra misión, teorizando acerca de nuestro nuevo encargo y soltando pestes de los sumos inquisidores (yo poco dije, le deje explayarse) y de la vida en general. También recordamos algunas de mis batallitas en Ojo de Dioses, cuyo contenido no es apto para menores.

Una vez terminamos de hablar y comer, nos despedimos con un apretón de manos y me marché, vigilando que nadie, ni pájaro ni persona, siguiera mis pasos.

Puede que estuviera un poco paranoico, pero todas las precauciones eran pocas en aquella ciudad de mala muerte. De hecho, a cada día que pasaba comenzaba a extrañar más y más Ojo de Dioses y sobretodo mi distrito. El distrito del Genocida Tribal, donde nadie se atrevía a mirarme por encima del hombro, donde todas las prostitutas de lujo comentaban por lo bajini mis hazañas. Donde la violencia, el sexo y el alcohol eran el pan de cada día. Por el contrario, en Martillo de Brujas nadie perdía oportunidad para menospreciarme, todavía no había tenido noticias de prostitutas y de las tres cosas que conformaban mi rutina en Ojo de Dioses, sexo, violencia y alcohol, solo había de la segunda, y de muy mala calidad.

Aquellas eran las comparaciones que mi cerebro rumiaba hasta que arrivase a mis aposentos. Una vez allí, me cuidé muy mucho de mirar hacia arriba en busca de cámaras, pues de haberlas le habría servido a Munch en bandeja de plata la evidencia de que sospechaba algo. Mientras miraba por la ventana, me dediqué a hacer un borrador del libro que había pensado escribir.

Dado que aquello era Martillo de Brujas, y no estaban permitidas las insinuaciones heréticas, eróticas o inclusive no teológicas, fue difícil el orientar mi libro a través de aquellas censuras tan estrictas y agobiantes. Así que hice algo simple: una historia épica. No recuerdo muy bien de que trataba, pero sí que recuerdo que era bastante tópica. Un hombre elegido por Dios recorría una tierra oscurecida por las tinieblas y debía derrotar a un ente maligno y a sus secuaces, comandados por una mujer de nívea tez, ataviada con todo tipo de prendas inverosímiles.

Llegué hasta el momento en el que el héroe, tras derrotar pero no herir a la mujer de nívea tez, pues era todo un caballero, se planta ante el trono del Maligno. Fue entonces cuando, simulando que tenía somnolencia (pues no la tenía), me acurruqué en mi colchón, haciendo un esfuerzo por dormirme.
Para mi sorpresa, no fue mucho lo que tuve que esperar para caer en las redes del sueño. Aun con todo, él me esperaba allí. Como siempre, siempre puntual, siempre atento a mi llegada. Aquel palacio había cambiado con el paso del tiempo, de hecho en cada sueño era distinto. Unas veces estaba ubicado en un desierto, otros en la más fría de las tundras. Incluso una vez me sorprendió estando ubicado en el cielo. Pero aquella vez estaba situado en el centro de un canal, haciendo las veces de puente. Yo, como siempre, desperté en uno de los lugares más alejados, en una de las barcas de gondoleros que se dirigían hacia el palacio.

El hombre sin rostro remaba, conduciendo mi barca. Él era mi fiel amigo, siempre dispuesto a conducirme a mi destino. Nunca hablábamos, pero a pesar de todo sabía que nunca me abandonaría. Una vez dicho hombre cumplió su tarea y me dispuso en el palacio, desapareció sin dejar rastro. Nunca podía despedirme de él, más bien era él quien siempre me encontraba.

Aquella vez el palacio estaba desprovisto de muebles y de decoración, siendo un color blanco el que monopolizaba el croma de toda la edificación. Mientras observaba la escena, una mano se posó en mi hombro:

-Padre, has venido.


Nunca pude dejar de visitarle. Al principio era yo quien lo buscaba, después quise salir de aquellos sueños, pues me parecían tétricos, pero no pude. Cada vez que lo visitaba, mi misterioso hijo sin nombre (ningún nonato de la tribu lo recibía) crecía un poco más. Para aquel entonces, su edad estaría rondando los dieciséis años, un año más de los que yo tenía cuando abandoné la tribu.

-¿Acaso he faltado alguna vez a tu encuentro?

Mi hijo negó con la cabeza, a la vez que me dedicaba una enigmática sonrisa. Fue entonces cuando me percaté de que ambos estábamos desnudos, y de que los órganos de mi hijo estaban en pleno crecimiento.

-Lamento no haber traído ningún regalo esta vez, hijo mío. Uno no cumple dieciséis años todos los días.

-Oh, no te lamentes. Tu presencia es más que suficiente.


Aquella contestación me tranquilizó.

-¿Dónde está tu madre?

-Oh, ha decidido desaparecer. Ya sabes cómo es ella, algún día tenéis que contarme el motivo de vuestra pelea. ¿No puede ser tan grave, verdad?


Yo, consciente de la estupidez de aquella pregunta, solté una carcajada.

-Por supuesto que no, nimiedades. Tu madre suele tomarse todo demasiado a pecho.

“Que Dios me perdone”
, medité.

-Eh, padre. Ya sé cuál puede ser tu regalo por mi mayoría de edad.

-Dime, hijo.

Mi hijo me dedicó la mirada más suplicante que jamás había visto:

-Quizá podrías quedarte aquí, conmigo.


Sabía que aquella oferta llegaría. Lo que no sabía era lo que pasaría después, si tendría el valor de rechazarla o que sucedería si la aceptaba. Así que permanecí en silencio, buscando una señal.

-¿Acaso no quieres, padre?

-Oh, hijo mío. No es eso. Pero tengo asuntos que atender al otro lado, asuntos de vital importancia.

-¿Qué tipo de asuntos? ¿Y por qué no me llevas contigo?

-Es… complicado.

Mi hijo retuvo las lágrimas y la decepción y se envaró para dirigirme una pregunta directa al corazón:

-Entonces, ¿Qué eliges?

Después de interminables segundos de meditación, elegí la opción del cobarde.

-He de irme. Lo lamento.

Esa vez mi hijo sí que derramó las lágrimas, y pude ver a través de ellas como sus facciones comenzaban a cuartearse y arrugarse. Y no solo eso, sino que su cuerpo entero le siguió. Pude haberme abalanzado sobre él, como todo padre preocupado por su hijo habría hecho. Pero algo me dijo que aquello no tendría un final feliz. Y los gruñidos guturales del hombre sin nombre, que había acudido al rescate con su barca, lo confirmaron.

Mientras mi vástago se retorcía y me increpaba, emitiendo sonoros y quejosos alaridos, la estructura del palacio comenzó a derrumbarse y a volverse a crear, formando todo tipo de formas inverosímiles e increíbles. Formas que no me quedé a observar, pues que para entonces ya estaba dirigiéndome hacia el barco, a paso veloz. Una vez estuve en él, pude ver como mi hijo, ya para entonces un viejo huesudo que exhalaba su último aliento, me miraba y se convertía en polvo.

Sus restos me golpearon la cara, mientras todo se venía abajo. No pude hacer otra cosa que gritar, desconsolado. Era un gran número de emociones juntas las que tenía que soportar, y ni siquiera yo pude permanecer inmune. Un timbre me despertó, y me levante como si de un sueño plácido se tratara.

Levantarse entre sudores fríos y lágrimas era para los novatos. Para la gente que ha tenido tantas pesadillas como yo, aquello era el pan de cada día, y solía levantarme como una rosa.

De un salto bajé de la cama. Dado que me había echado con ropa, no tuve que pasar por el tedioso proceso de ataviarme, sino que directamente puse mi ojo en la mirilla de la puerta para saber quién había sido tan estúpido como para despertarme. Mientras iba y venía, divisé a través de las ventanas el descenso de los copiosos copos de nieve que caían del cielo.

Para mi sorpresa, el viejo Zeo se había dignado a hacerme una visita. A través de la mirilla pude ver que su pelo estaba más blanco que la última vez, y había zonas de la cabeza en la que la ausencia de este era más que evidente, a pesar de que el sombrero que Zeo portaba lo disimulaba bastante decentemente. Además de eso, portaba un bastón de un tipo de madera bastante extraño y, después de bastantes años, había sustituido su parche negro por uno gris.

Sin pensármelo dos veces, abrí la puerta.

Zeo fingió una de sus sonrisas, a la vez que se reverenciaba ante mí y se quitaba su sombrero.

-No me andaré con rodeos, querido Dezba. Esta noche partiré hacia Ojo de Dioses, así que he creído conveniente el despedirme de mi buen amigo.

-Siempre tan detallista, viejo.-
dije yo, con desdén tanto fingido como real.

Zeo se carcajeó:

-Sí, tienes razón. El tiempo me está pasando factura. Sin embargo mírate, tu pareces tan joven como siempre. ¿Cómo lo haces?

-Oh, ya sabes, lo típico. Me alimento de las almas de los herejes que cazo y me baño con sangre de demonios.


Ambos nos reímos.

-Siempre tan bromista, Dezba. Bueno, he escuchado que habéis sido aislados. Ese es un duro golpe para el Genocida Tribal, ¿me equivoco?

Primer golpe. El combate comenzaba.

-No te creas. Algunos tenemos tiempo para corregir nuestros errores. Y al menos este no es un error imposible de ser subsanado.


Dezba contraataca con un potente gancho, que paraliza a Zeo.

-Estoy seguro de que lo harás, siempre has sido alguien muy leal a la Eclesia, habiendo probado tu lealtad con creces. A mí… y a tu familia.


Zeo no se da por vencido, y golpea a su contrincante en la cara, con un ágil movimiento para su edad.

Suspiré, dando aquel particular combate por finalizado. Fue entonces cuando fingí acordarme de algo.

-Oh, Zeo. Como bien sabrás, soy un gran aficionado de los espectáculos de Ojo de Dioses. ¿Serías tan amable de entregar una nota a nuestros proveedores habituales? Me gustaría recibir un par de cintas de la arena cuando regrese de mi nueva misión.

-No será problema, yo también soy aficionado de nuestros queridos gladiadores, como ya has descubierto a lo largo de los años.


Dicho y hecho, me puse manos a la obra con la nota. Unos segundos después, dada mi velocidad  y soltura escribiendo, se la entregué a Zeo junto a un sobre.

Una vez se la di y la leyó, su faz se transmutó completamente, de la indiferencia al odio más total y absoluto. Mientras le acompañaba hasta la puerta, no articuló palabra. Al final opté por despedirle y cerrar la puerta ante sus narices.

¿Qué que ponía en aquella nota? Su contenido era tremendamente simple.

“Sé que ocultas algo. He visitado la tumba de Zeo Junior. Una lástima que no pudiera matarle yo mismo. Quiero que mientras leas esto no hagas ningún movimiento extraño, y que cuando finalices dejes que te acompañe a la puerta. Cualquier palabra de más sería fatal para ambos. Sabía que no ibas a delatarme, pues me lo debías. Pero debo sincerarme contigo: tú y yo ya no somos nada. La muerte te acecha, querido amigo. Tu vida se apaga. Tu influencia sobre mí se debilita, pues para bien o para mal hay entidades más poderosas que han cogido el testigo. Somos dos malas personas. Hemos hecho actos terribles, innombrables. Desearía no haberte conocido, pero ambos sabemos que ninguno de los dos estaríamos aquí si hubiera sido así. Dicho esto, no me queda nada que mencionar, salvo un pequeño detalle. Quiero hacerte una pregunta, y quiero que me la respondas. ¿Te sirvió el exterminio de mi familia para algo? ¿Encontraste lo que buscabas, después de todo? Creo que sé la respuesta, pero no me hará más daño oírla de tu boca. Si sobrevivo a Martillo de Brujas espero que tengas el valor de decirme la verdad, de ser sincero por una vez en tu miserable vida.

Buen viaje.”


¿Qué por qué hice aquel movimiento? Tenía la ligera sospecha de que el mastuerzo de Munch había posicionado cámaras en mi residencia, y creía firmemente que de aquella forma mis amenazas a Zeo quedarían disimuladas. Munch había requerido un castigo mucho más duro y penoso para nosotros, pero por suerte o por desgracia el viejo instigador no podía con las fuerzas unidas de Karmikov y Torquemada, sumos inquisidores más benevolentes y menos crueles.

Una vez Zeo hubo salido por la puerta, decidí que debía prepararme para lo que se avecinaba. Para emprender el misterioso encargo que me aguardaba, que a juzgar por las repercusiones de nuestro fracaso no sería tarea fácil, debía dejar el pasado aparte y vivir para el futuro. Lo de Zeo había sido el segundo paso. El primero había sido deshacerme de aquel palacio de vanidad que gobernaba mis sueños. Y ahora tocaba lo más difícil. Era evidente que podía aplicarme ilusiones a mí mismo, pues de lo contrario ese palacio no habría tenido razón de ser. Ningún sueño había sido tan retorcido. Aquello me inquietaba sobremanera. ¿Habría alguien por encima de mí incluso en mi propia mente? Si así era, mi objetivo sería descubrir quién y cazarlo. De lo contrario, aprovecharía para amortiguar la presencia de mis desagradables recuerdos en mi día a día.

Además, tenía que ser capaz de ampliar mi gama de poderes, pues tenía la sensación de que Orenda me sería indispensable de entonces en adelante.

Con todos esos objetivos en mente, me dispuse a meditar, deformando un poco el estilo seguido hasta el momento (el Ata Ga'Hi) e intentando establecer un punto de conexión de mi fragmento con mi mente. Aquello no era un proceso fácil, era como partirse por la mitad y tan o más extenuante como aquello. De hecho, fracasé un par de veces antes de encontrar el punto fijo al que debía orientar mis poderes. Una vez lo hice, solo restaba tirar de aquello y descubrir hasta donde podía llevarme.

Por aquel entonces pensaba que aquello era algo mucho más inocente de lo que acabo resultando. Para bien o para mal, aquello sería todo un punto de inflexión, en mi vida y puede que en la historia.

FDI:
A partir de ahora mi color será 074a0ey el de Zeo sigue siendo el ff9900

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Re: [EVENTO PERSONAL] "Arcana obscura" [Martillo de Brujas - 19 de diciembre - 897 d.g.]

Mensaje por Maximilian Stenkerk el Miér Jun 17, 2015 9:45 pm




DEZBA WAKANDA



Dezba empezó a meditar, intentando entrar en un trance. Pero no era fácil evadirse de todo pensamiento. Martillo de Brujas, Munch, Talia, Zeo, Ojo de Dioses, la Selva Esmeralda. Todo daba vueltas en su cabeza golpeándole una y otra y otra vez sin dejarle en paz. Sin dejarle descansar. Cuanto más intentaba meditar más vueltas y vueltas daban en su cabeza. Cada vez alcanzaban mayor velocidad, y Dezba empezaba a marearse, sentía como se iba volando, alejándose cada vez más y más mientras todo le seguía dando vueltas. Y entonces todo se volvió negro. Todo desapareció. Dezba desapareció.

Dezba despertó sobre un cómodo y confortable lecho de pétalos de flores acariciando su desnuda piel, pues se encontraba sin vestiduras ni armas. Los petaos, de flores rojas y azules,  dotaban de un embriagador y dulce aroma al ambiente. Dezba nunca se había sentido tan bien. Tan plácido, tan descansado, tan seguro… Tan en paz. Eso debía de ser la felicidad.

Si Dezba miraba a su alrededor vería un dulce y encantador paisaje bucólico. Estaba en un denso bosque, de árboles y plantas de follaje azul. Dezba no había visto vegetación semejante en toda su vida. Pese a que las copas de los árboles no dejaban ver el cielo, el lugar estaba iluminado por un aura anaranjada, semejante a la del crepúsculo estival. Sin embargo no se oía ningún ruido. Ni el canto de los pájaros, ni el viento acariciando las hojas, ni el agua de algún arroyo cercano corriendo. Nada. El silencio más absoluto. Y aun así, el silencio no era inquietante, ni angustioso, ni antinatural. Era un silencio placentero.


Bosque Azul:
 



Del lecho de pétalos de flores nacía un pequeño sendero de piedras cristalinas, como si de agua cristalizada se tratase, que incitaba al inquisidor a seguirlo, pues si Dezba tomaba otra ruta por el bosque, inexplicablemente siempre acababa llegando al lecho de flores donde había despertado. En cambio, si optaba por seguir el camino, cada vez se alejaría más y más de ese pequeño claro atravesando el mar de troncos, ramas y hojas azules. Pudo estar caminado durante horas, o quizá días o semanas. Qué más daba, en aquél lugar el tiempo parecía irrelevante, accesorio, intrascendental.

Sea como fuere, el sendero le acabó llevando hasta a la orilla de un extraño lago. Aquí la luz se apagaba, tornando el aire de un morado triste y melancólico, así como el olor a flores era sustituido por un olor a lluvia y tierra mojada, un olor que traía a la mente recuerdos tristes y amargos, pecados del pasado. El frío le inundó con intensidad y el viento, aun en silencio se tornó tosco y violento, arañándole con fuerza su cuerpo desnudo. El cielo seguía cubierto por las ramas y hojas azules de los inmensos árboles, pero en las aguas del lago inexplicablemente estaba lloviendo. Como si los árboles llorasen.

En el centro del lago había un gran árbol cuyo tronco superaba en grosor al de los árboles del bosque, aunque no en altura, quedando cobijado por ese cielo de hojas turquesas. Este árbol además era de un intenso rojo carmesí, como si sobre la sangre y cuerpos de mil caídos hubiese nacido y crecido. Si Dezba prestara más atención al árbol vería una pequeña puerta de madera incrustada sobre el tronco y una extraña y difuminada figura custodiándola en silencio.


Árbol Carmesí:
 



No había forma ni medio para cruzar el lago. Ni puente ni embarcación a la vista. Si quería alcanzar la otra orilla debería ir nadando. El agua estaba congelada, mucho más que al sórdido ambiente a las orillas del lago. Y el suelo bajo las aguas estaba áspero y duro, y cuando lo pisaba era como sin mil agujas se le clavasen en los pies. Nada más meter el pie de en las aguas oyó una dulce pero afligida voz arrastrada por el viento.


“vhskhlh heysh hmilh
hmilh hi em luhim
khi luhim hu hmilh”


Era una lengua desconocida e inteligible. Una lengua de otra era, perdida a través de los eones del tiempo. Según avanzase por el lago, Dezba notaría el agua más fría y más extraña, pues la textura del agua no era normal. El agua fluía por sí sola, se movía, y acariciaba a Dezba. Si prestaba atención al agua mientras nadaba vería a siniestras figuras bailar a su alrededor, moviéndose al son de su nado, intentando tocarle y agarrarle sin éxito. Mientas, el viento traía  más de esas palabras emitidas con desdicha y sufrimiento.


“uz luhim br esnu
heynu shumri hikum
uz luhim br s khdur hrts”


Tras haber recorrido el largo trecho a nado, por fin llegó y se arrastró, frío y húmedo, por la orilla. Ante él se alzaba majestuosamente el árbol carmesí.


“kheym hufieu, uluhim hb
khus hufie
hkhl hshsnh, hkhl ngmr
uluhim hsbl”


– ¡Alto, caminante! – Ordenaron imperiosas cuatro voces al unísono. Eran la de un hombre, una mujer, un niño y un anciano. Pero no había nadie. Nadie salvo la figura ante la puerta que pudo ver Dezba desde el otro extremo del lago. Las voces provenían de él. – ¡Alto, caminante! – Volvieron a repetir las voces. – Somos el guardián de este santuario. Hablad, ¿quién sois y qué os trae a mis puertas? – La figura era indescriptible. Tenía forma humanoide, pero no tenía rasgos de nada que Dezba hubiese conocido. Su rostro, de un blanco sepulcral carecía de humanidad y de sentimiento. Su cuerpo presentaba rasgos masculinos y femeninos a la vez. En vez de carne tenía una extraordinaria y amorfa sustancia que se retorcía dando formas grotescas y perturbadoras. Era el engendro de la propia degeneración de la realidad.


Figura incomprensible:




– Estas puertas conducen a lo desconocido. Estas puertas conducen a la Verdad. Estas puertas abren el camino de la Ascensión. Solo los puros pueden completar el ritual. Solo los puros y dignos pueden Ascender. – Sus voces, hablando al unísono mostraban un tono imperturbable que desquiciaba al que lo oía. – Solo los puros y los Dignos pueden alcanzar la Verdad. Marchaos y volved por donde habéis venido, pues aun estáis a tiempo de arrepentiros. Solo la desgracia alcanzaréis si os atrevéis a cruzarlas, pues solo es feliz el ignorante, y vos no estáis preparado para lo que os aguarda al otro lado. – La figura hizo una larga pausa antes de continuar hablando. –Pero no os lo impediré. Sois libre de entrar si así lo deseáis, insensato. – La siniestra figura se hizo a un lado, dejando la entrada a la puerta libre, para que entrase Dezba si se atrevía.

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Re: [EVENTO PERSONAL] "Arcana obscura" [Martillo de Brujas - 19 de diciembre - 897 d.g.]

Mensaje por Dezba Wakanda el Lun Jun 22, 2015 6:23 pm

La paz. La desnudez. El pasado. Tres de las cosas que más ansiaba juntas. Aquello era la felicidad, o al menos lo más cerca que había estado de ella. Aquello me recordó a mi juventud en la jungla. He de confesar algo. No llegué virgen al matrimonio, aunque nunca perdí la virginidad. Complicado, ¿cierto? Pero tiene una explicación lógica.

Yo, como todo joven heterosexual y en ebullición, anhelaba el cuerpo semi-desnudo que mis compañeras mostraban de forma liberal y voluntaria. En aquella época yo era un simple plebeyo en lo que a la estructura política y social de los Chogan se refería y Saki era algo inalcanzable para mí, un trofeo que un día, tras mucho trabajo duro, terminé por ganarme.

Así que me conformaba con cortejar a otras muchachas, muchachas como yo. Mi prima (en realidad entre nosotros no había parentesco alguno, debido a mi origen) Nayeli fue la más representativa de todas ellas. Y ambos compartimos orgasmos interminables, a pesar de no superar los catorce años.

Pero aquello no era de verdad. Sólo cuando empecé a usar mis poderes con fines bélicos y políticos me percaté de lo que había pasado. No eran más que ilusiones, sexo imaginario. Eso explicaba muchas cosas, como los problemas de memoria referentes a nuestros actos de parte de Nayeli, que al principio interpreté como sentimiento de culpa. Pero finalmente descubrí que eran las consecuencias de mi poder en su forma más primigenia. Aquello me sirvió de mucho, pues a la hora de consumar mi matrimonio llegue puro.

Pero, volviendo al asunto que nos atañe, estaba tumbado sobre un lecho de rosas, en una especie de bosque azulado, desnudo y solo. Y tranquilo. Conforme me levantaba, empecé a divagar acerca de mi situación. ¿Habría funcionado mi meditación? Era evidente que sí, aunque quizá no de la forma que yo deseaba. Un par de preguntas se pasaban por mi mente mientras caminaba inspeccionando el ambiente y haciendo caso omiso del sendero que posteriormente me vería obligado a seguir si quería llegar a algún punto.

Pensé en como saldría de aquello si tenía que salir. ¿Suicidarme sería una opción para despertar en “el otro lado”? ¿O me mataría del todo? Quizá tendría que encontrar la salida manualmente, recorriendo aquel paisaje. Y justo entonces me percaté de que todos los caminos llevaban al sendero de piedras cristalinas, que me llamaba para que lo recorriera. Y lo recorrí. Lo recorrí durante años.

Años en los que tuve tiempo para pensar. Años en los que tuve tiempo para desesperarme. Y años en los que tuve tiempo para descubrir que el tiempo no era tal, valga la redundancia. El tiempo ya no importaba. Y aquello estaba en mi cabeza, era producido por mi fragmento; al menos según mi teoría.

Me froté las manos al pensar en las posibilidades de aquello. Nunca había intentado alterar la percepción de un individuo con respecto al marco temporal. Pero ahora algo, llámese Dios, llámese subconsciente o llámese presentimiento, me estaba mostrando la pura verdad. Los seres están delimitados por el tiempo. No somos más que el tiempo que tenemos y el que nos queda, mientras que es el tiempo pasado lo que nos define.

Y quien lograra controlar todo aquello, sería un ser infinitamente poderoso, por encima de la compresión humana. Dios. Dios existía. ¿Y si acaso había sido yo todo el tiempo? Mi ambición se desató de tales maneras que idee una compleja trama de acontecimientos que me señalaba como el Dios de los mortales. Entendiendo el tiempo como una mera ilusión en lugar de como una ley física y entendiendo mi poder como ilimitado, cosa que no era en absoluto, las conclusiones eran claras. Podría jugar con el destino de todos los seres del planeta. Incluso podría crear otros planetas, otras líneas temporales, otras razas. Solo necesitaba combinar mis distintas habilidades a raíz de mi fragmento. Algo tan pequeño como un fragmento era en relación con el poder de Dios podía llegar a superar a este.

Comencé a reír, de forma cuasi psicopática. Si lograba aumentar los límites de Orendael, sería imparable. El mundo entero estaría en la palma de mi mano. ¿Qué más daría si había individuos más poderosos que yo, individuos contra los que mi poder no resultara efectivo? Incluso ellos caerían, a manos de los que considerasen aliados o simplemente arrastrados por la marea. Mi poder era tan amplio, tan incontenible, tan ilimitado en su concepto que ni siquiera un millón de vidas me bastarían para sacarle todo el jugo.

Y pensaba empezar entonces. Aquella puerta tallada en el majestuoso árbol carmesí era el lugar donde mi leyenda daría comienzo. Llegue hasta el agua, y el frío me invadió, limpiando mi mente de todo tipo de pensamientos salvo el alejarme de allí lo antes posible. Fue como si yo como individuo hubiera sido despojado de todos mis delirios de grandeza y ambición desmedida que llevaba arrastrando durante demasiado tiempo y que, sin duda, me habrían terminado conduciendo a la locura.

En su lugar, tuve miedo. Tuve miedo porque comprendí que aquellas palabras no se parecían a nada de lo que yo sabía. Y si aquello no estaba dentro de mí, y era incapaz de descifrarlas, era obvio que algo había salido mal. Y eso me incomodaba y asustaba a partes iguales. Pero la prioridad en aquel momento era salir del agua.

Una vez salí de allí, cegado por la fría agua e indiferente a lo que en su profundidad se estaba gestando, descubrí el gran árbol ante mí. Era el mismo árbol cuya puerta me había llamado la atención y cuyo deseo de atravesar me había conducido hacia las aguas. Desearía no haberlo hecho nunca. Pero ahora tenía que seguir, tenía que descubrir porque dentro de mi propia mente se hablaba ese idioma tan extraño. O si siquiera existía como tal. Eso, claro, teniendo en cuenta que estuviésemos dentro de mi mente. Si hubiera sido alguien religioso, habría rezado porque así fuera.

Y fue en ese mismo instante cuando aquella “cosa” se me mostró. Era todo lo indefinido que puede ser un ser vivo. En su cuerpo me pareció reconocer tres rostros. Primero vi el de Zeo, mi ya ex amigo, en el rostro que parecía de un viejo. A este le siguió el de Saki, esta vez en el rostro de mujer. Y para finalizar, el rostro de mi hijo era representado en la cabeza de joven.

Pero ahí no paró la cosa. Zeo pasó a ser Munch. Saki se convirtió en Nina. Y por si aquello fuera poco, en la cabeza del joven el rostro una hermosa niña cuyo tono de piel era más claro que el mío pero todavía significativamente norgon, de apenas un par de meses, hizo acto de aparición. Finalmente, incluso esos tres rostros se desdibujaron.

El ente me habló. Me advirtió de los peligros, pero no había entrado en aquel lugar para irme de manos vacías. Al menos, averiguaría lo que sucedía con aquellos crípticos mensajes. Y averiguaría lo que me esperaba al otro lado de la puerta, haciendo uso de mis poderes, por supuesto. Mientras Orendael se ponía en funcionamiento, contesté a mi interlocutor, fuera lo que fuera:

-Hace mucho tiempo que deje de ser ignorante, y nunca he sido feliz, ni busco serlo. Me temo que la vida despreocupada y alejada del mundanal ruido no es la que más se adapta a mi personalidad. No fui hecho para convertirme en un hombre aburrido, bonachón e ignorante, que ve como su vida pasa por delante con idéntica placidez con la que las vacas pastan. Aun con todo, muchas gracias por la advertencia, muy considerada, sin duda. Pero antes quiero que me respondas a una pregunta, ¿Qué me espera ahí dentro?-una vez terminé mi discurso ,y si mis cálculos eran correctos, Orendael ya estaría procesando la información sustraída si todo había salido bien.

La intención era simple; forzar a aquel ser a pensar en los peligros o elementos que me encontraría en mi viaje. No podía permitirme desperdiciar mi poder manoseando su mente, sino que necesitaba sacar información mascada, instantánea. Para ir calentando. Y, de todos modos, siempre sería de utilidad conocer los pensamientos de aquel ser. Después, pasaría por la puerta. Y nada de lo que descubriera en la mente de aquel ser lo impediría.

FDI:
Uso la técnica “Lectura de pensamientos” en el “mayordomo hermafrodita” + Entrar por la puerta (sea lo que sea que encuentre)

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Re: [EVENTO PERSONAL] "Arcana obscura" [Martillo de Brujas - 19 de diciembre - 897 d.g.]

Mensaje por Maximilian Stenkerk el Miér Jul 22, 2015 6:43 pm




DEZBA WAKANDA



Dezba pudo entrar sin ningún problema en la mente del ser. No opuso ninguna resistencia. Era como si le dejase ver lo que se escondía en lo más profundo de su ser. Así, las voces empezaron a rodear a Dezba. Decenas de voces, gritando, llorando, aullando. Las voces atravesaban al inquisidor, rasgándole su propia alma en un tormento de infinito dolor. Eran voces de ira, de odio, de miedo. Sus gritos producían una insoportable cacofonía irreconocible. Sin embargo, algunas de ellas emergían con mayor potencia que otras, todas ellas reconocibles. –¡Tú! ¡Tú nos traicionaste! ¡Familia, honor, amor! ¡Esas palabras no significan nada para ti!– Gritaba una voz femenina entre sollozos, Saki. – ¡Tú! ¡Eres la vergüenza! ¡No eres de los nuestros! – Continuó unas voces de unos ancianos, furibundas y avergonzadas,  los padres adoptivos de Dezba. – ¡No eres más que una patética e inútil sabandija! ¡Siempre lo has sido y siempre lo serás! – Gritó una voz con desprecio, la de Zeo. – ¡¿Por qué?! ¡¿Por qué?! ¡Yo era tu futuro! ¡Carne de tu carne! ¡¿Por qué?! – Era una voz infantil, un niño en busca de respuesta.

La agonía era brutal. Era como si le fuese a estallar la cabeza. Todas esas voces del pasado le martilleaban inclemente su cabeza en busca de venganza, justicia. Dezba cayó al suelo gritando de dolor. De los ojos, su nariz y su boca emanaban sangre. Sangre negra y podrida. – No debéis buscar aquello sobre lo que no estáis preparado para enfrentar. Los fantasmas del pasado poseen afiladas garras dispuestas a arrastraros al abismo. Solo los fuertes de espíritu pueden mirar al abismo y regresar triunfales. No estáis preparado. – Sentenció solemnemente el abominable ser, que permanecía impasible ante el retorcido Dezba.

Poco a poco el dolor se fue esfumando, y aunque débil, Dezba pudo volverse a poner en pie. El ser se deslizó grácilmente levitando hacia la puerta, pues no tenía piernas sino una especie de tentáculos como extremidades inferiores. – Al otro lado os espera el pecado. El tormento como castigo de aquellos que caminaron antes que vos. El tormento que os esperará a vos también. Pues todos irremediablemente son arrastrados a la condenación. Entrad pues, ved vuestro destino. – El ser abrió la puerta y una oscuridad emergió de ella envolviéndolo todo y cegando momentáneamente a Dezba.

Cuando las tinieblas se esfumaron, Dezba y el ser abominable se encontraban en un largo pasillo de piedra blanca como la nieve, perfectamente iluminado, más no había ninguna antorcha ni fuente de luz. Las paredes del corredor no mostraban ninguna clase de mampostería. Era como si todo hubiese sido tallado en la misma pieza de roca formando la más perfecta obra. Los lados estaban flanqueados por estatuas humanoides sin rostro aparente, retorciéndose de dolor.


“luhim henish s hkht
hu kr s hmbul
yrd gshm bmshkh rbeym ymim
ubrih hrush“


Desde la lejanía se volvieron a oír esos cantos de lamentos siendo arrastrados por el aire. La abominación los ignoraba y siguió caminando. – Vos no sois el primero en caminar por estas salas, caminante. Ni seréis el último. Otros antes que vos creyeron poder enfrentarse a la verdad. Ahora son polvo vagando por el infinito. Aquí conoceréis a aquellos que caminaron y triunfaron. O más bien creyeron triunfar. Pues los mortales no comprenden el poder de lo infinito. No están preparados para él. La carne es débil, y al final, todos son arrastrados por el pecado. Creen que pueden dominar aquello que no les pertenece, aquello que han robado a lo Eterno. Creen que pueden alcanzar la Divinidad. Y en vuestra arrogancia se encuentra vuestra perdición. – El ser es una pequeña pausa. – Decidme caminante, ¿cuál será vuestro pecado que os arrastre al tormento eterno?

Finalmente, el pasillo terminaba en una gran sala circular con cinco puertas en ella. En el centro reposaba un estanque de aguas cristalinas con el reflejo tenue de la bóveda celestial. Si Dezba miraba al techo vería como éste había desaparecido y en su lugar se encontraba el cielo estrellado en la noche más profunda. Sin embargo en su centro había algo extraño. Un gran cuerpo celeste. En él se podían distinguir mares y continentes. El orbe iba rotando poco a poco sobre sí mismo, mostrando extrañas tierras. Sin embargo, entre los continentes Dezba pudo reconocer algo familiar. Lo había visto en mapas a lo largo de sus viajes. Era Terra. Podía distinguir claramente Laursia Occidental, Martillo de Brujas, el Mar Negro… Y Gonduar. Ojo de Dioses y la Selva Esmeralda, su viejo hogar. Sin embargo había otras tierras extrañas. Tierras y océanos de los que jamás había oído o visto nada. Tierra irreconocible más allá de donde se suponía que acababa el mundo.


Terra:






“uluhim, nfge mhkht shl ytsuriu
hu ezb libud bitsirh hinsufis
uz hu shlt bhfres shmim”


–  Mi viaje acaba aquí caminante. A partir de ahora estaréis solo. – Dijo la criatura. – Frente a vos, pequeña criatura, se encuentras las puertas hacia la verdad. Hacia vuestro destino. Son las puertas del pecado. –   Sobre los dinteles de las puertas se encontraban extrañas escrituras gravadas en fuego en una lengua ya perdida, que una por una, la abominación fue enumerando. En la primera aparecía escrito “הדלת של רברבנות”. –“hdls shl rbrbnes”, la Puerta de la Vanagloria. – En la siguiente puerta “הדלת של זעם”. – “hdls shl zem”, la Puerta de la Ira. –  En la tercera puerta aparecía “הדלת של בגידה”. – “hdls shl bgydh”, la Puerta de la Traición. – En la cuarta, “הדלת לחטא הקדמון”. –  “hdls lkht hkdmun”, la Puerta del Pecado Primordial. La desobediencia a YHWH, buscar comprender aquello que no puedes comprender. El mayor de los pecados. – En la última y quinta puerta no aparecía nada escrito. – Esa puerta está sellada caminante. No podéis pasar. En las otras cuatro puertas aguardan aquellos que caminaron por estas salas, y creyeron alcanzar la perfección. Ahora sus almas están sometidas al tormento eterno, al igual que vos también lo estaréis en el futuro. Cruzadlas para aprender de los errores del pasado. Cruzadlas para conocer vuestro destino. ¡Pero escuchad atentamente, caminante! Al otro lado os aguardan unas durísimas pruebas. Solo si os mostráis digno de superarlas, podréis escuchar los alegatos de las almas atormentadas. De lo contrario, la puerta será sellada por toda la eternidad. ¡Ahora es vuestro turno caminante, sellad vuestro destino! – Dijo la abominación antes de introducirse en el estanque desapareciendo entre las aguas para siempre. Ahora Dezba se encontraba solo ante las puertas. Debía de escoger por cuál de ellas entraría primero. Mientras decidía los cánticos volvieron a ser arrastrados por el viento.


“bl bnu shl luhim b
MTTRUN hih hshm shlkh
hu hkhriz el etsmu YHWH
uhmlkhmh bin hmlkhim hkhlh”


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Re: [EVENTO PERSONAL] "Arcana obscura" [Martillo de Brujas - 19 de diciembre - 897 d.g.]

Mensaje por Dezba Wakanda el Miér Jul 29, 2015 9:47 pm

Nada importaba. A pesar del dolor, los gritos de Zeo y mi familia parecían vacíos. Había pasado años, siglos sin verlos. Siglos sin remordimientos sin ningún tipo. Siglos desarrollando mi potencial, imaginando lo que haría cuando saliera de allí. Siglos de inmortalidad. Siglos de tranquilidad. Siglos de paz.

Pero la guerra volvía a llamar a mi puerta. Terra era redonda. Terra no estaba corrompida por la influencia demoníaca. Aquello era tan cierto como mi existencia. Era imposible que aquello no fuera Terra. Una de las cosas que yo admitía fervientemente era la naturaleza corrompida de los bordes de nuestro hogar. No me malinterpretéis, es obvio que no creía la versión de la Eclesia. Pero aun así, era difícil pensar en otra alternativa. Abrumado por los acontecimientos, me derrumbé.


“Era… era habitable. Y Terra es redonda. Aquel fallen tenía razón.”


Mi primera víctima. Un desequilibrado, dijo Zeo. Corrompiendo la mente de los jóvenes. Un viejo fallen, un fallen que decía auténticas barbaridades. Simpatizante de la causa pagana, promovedor de heréticos estudios. Nunca cambió su versión de los hechos. Daba igual lo fuerte que lo atravesarás, lo duro que lo torturaras. Nunca dio su brazo a torcer. Afirmaba que el conjunto de nuestro planeta era habitable. Que las barreras no eran más que meros instrumentos de represión.

Y tenía razón.

Pero… ¿cómo? ¿Cómo pudo tener acceso a ese conocimiento? ¿Y cómo accedía yo a él entonces? Eso no importaba, el mundo tenía que saberlo… Ellos tenían que enterarse. La Eclesia les había mentido. Aquello habría desembocado en otra de mis crisis de fe. Habría traicionado a la Eclesia. Mi camino habría sido muy diferente.

Quizá no habría llegado a conocer Todheim, ni las intimidades de la señora Anais Stern. Quizá tampoco hubiera llegado a luchar por defender la puerta cardinal. Quizá habría evitado mucho sufrimiento, a muchas personas. Quizá no habría tenido que sufrir la paranoía persecutoria relacionada con Munch. Quizá, y solo quizá, no habría rozado la frontera de las tierras de la locura.

Pero yo era muy listo, demasiado para mi bien. Comencé a reír estruendosamente. Era obvio. No era que Terra fuese redonda, era que mi cerebro era demasiado poderoso. Todo era una jugarreta que yo me había gastado a mí mismo. Pero aquello sirvió para confirmar una de mis teorías; estaba en mis pensamientos, no cabía duda.

-Has estado a punto de pillarme. Digo a punto porque es obvio que esto es un recuerdo proyectado a través de mi fragmento. Todos los mapas que he visto, sumado al testimonio de mi primera víctima inquisitorial y al arrepentimiento que supones me ha ocasionado torturarle ha creado la ilusión de este globo. A todo esto hay que añadir que nos encontramos en los reinos de lo etéreo, cosa que acabo de confirmar. Y todo el mundo sabe que en los sueños cualquier cosa por inverosímil que parezca en principio puede parecer real como la vida misma. ¿De verdad quieres que crea que habitamos una esfera? ¿Como crecerían las plantas con tan tremendo desnivel? Es más, ¿como se mantendrían los edificios rectos y nosotros no nos resbalaríamos para caer en la inmensidad? No acepto la teoría de que Dios nos sujetaría. Es una estupidez. Pero de todos modos, eres astuto, engendro. Aunque no tanto como yo. Sé lo que eres. Todo órgano del cuerpo humano tiene defensas, defensas ante los estímulos perniciosos del exterior, defensas para evitar que el individuo se dañe a sí mismo o sufra. Tengo una teoría, y me encantaría que la escuchases. Obviamente, ni mi cerebro ni los demás están preparados para una incepción de este estilo. Yo estoy dentro de mí mismo. Es un hecho a tener en cuenta. Si no estuviera rodeado de paletos y fanáticos que no dejan de ver herejes en todos los lados, sería conocido como una eminencia. No solo en el terreno de la psicología, sino en teología también. He demostrado la primacía de la mente sobre el alma. En un entorno más idílico se me levantarían estatuas. Pero dejemos de hablar de mí, aunque de todos modos tú no estarías aquí si así no fuera. Pero bueno, como iba diciendo… tú no eres más que la representación de una parte de mi cerebro. La parte de mi cerebro que elimina las amenazas. Pero nunca te habías encontrado con alguien que hablase, con alguien que pudiera hacerte daño, con una invasión en la propia base del invasor por antonomasia. Así que intentas dañarme. Pero lo que no sabes, mi pequeño e insignificante amigo, es que estás dentro de mí. Si lograras conducirme a la locura, cosa que no cesas en intentar, fallarías en tu propósito. Así que te propongo una cosa. Abre esa puerta para mí. No me obligues a obligarte. O dicho de otro modo, ayúdame a ayudarte. De lo contrario… Supongo que tendré que esforzarme por hacerte cambiar de parecer. Ojo, no es una amenaza. Sería estúpido y sin sentido amenazarme a mí mismo. Es solo una evaluación del poder de mi propio cerebro.


Con esta especie de “recomendación” dirigida a la abominación, esperaba que la puerta sellada se abriera para mí. De lo contrario, entraría hacia la puerta de la Vanagloria.

En cuanto al recuerdo del fallen, desde aquel día he tenido dudas acerca de ese suceso. Si ya de por sí mis recuerdos de aquel "sueño" se difuminan, puede que a raíz de este las memorias de la tortura a el viejo fallen desaparecieran o se transmutasen. Pero una vez salí del trance desarrollé dos teorías; la de la verdad y la del auto convencimiento.

La primera implicaba muchas cosas, implicaba que la Eclesia era un regimen despótico y que usaba el pretexto de los demonios para mantener a la gente encerrada. Eso dio pie a otra teoria mucho más atrevida; las puertas cardinales no eran más que una prisión. Y nosotros éramos los criminales. Todos nosotros. Era un buen planteamiento, que seguramente daría pie a miles sino millones de ramificaciones y conspiraciones laterales.

Y la otra era la que su propio nombre indica. No había existido tal fallen, simplemente había recurrido a su recuerdo de forma inconsciente para reafirmar mi ya de por si frágil lealtad hacia la Eclesia. Esta teoría era la que más miedo me daba, llamadme egoísta si queréis. Tener el poder de ya no influir sobre los recuerdos de los demás sino sobre los míos propios era tétrico. Y me asustaba, sin duda. Quizá por eso empecé a escribir este tipo de diarios, para discernir realidad de ficción. O unas realidades de otras.

¿Qué cual teoría descarté, me preguntas? Supongo que tendrás que esperar a escuchar el resto de la historia.

FDI:
Siento la tardanza.

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Re: [EVENTO PERSONAL] "Arcana obscura" [Martillo de Brujas - 19 de diciembre - 897 d.g.]

Mensaje por Maximilian Stenkerk el Sáb Oct 03, 2015 6:17 pm




DEZBA WAKANDA



La criatura miró con su rostro impenetrable a Dezba mientras éste soltaba su verborrea. Una vez acabo, la criatura negó con la cabeza y sentenció. – Y así YHWH dijo: “Mi pueblo es destruido por falta de conocimiento. Por cuanto tú has rechazado el conocimiento, yo también te rechazaré para que no seas mi sacerdote; como has olvidado la ley de LA BHITH-HL, yo también me olvidaré de tus hijos.” – La criatura hizo una pausa. – La puerta está sellada. – Luego desapareció entre las sombras sin dejar rastro de su existencia.

Tras entrar por la puerta, todo desapareció y le inundó la oscuridad. Fría y solitaria. Dura. No había nada sino oscuridad. Un abismo de siniestra noche rodeándolo, abrazándolo. Oyó un golpe. Más no sabía de donde venía. Luego vino otro, seguido de varios más.

Poco a poco empezó a aparecer una luz en el horizonte, como si despertara de un mal sueño. La luz le inundó por completo. Dezba estaba echado en un lecho de piedra. Descansado, con fuerzas, energías. Como si no fuera él. Y en efecto no era. Vio su cuerpo, hipertrófico, sus manos, grandes garras cuya piel se había tornado de un gris rojizo.

Volvió a oír el golpe. Y se despertó del todo.  Enfrente tenía un espejo. Se vio, pero no se vio a él. Era un demonio. Un demonio de Infernalia. De la nobleza, con infinidad de cuernos coronando su cabeza. El golpe volvió a sonar. – “Finalmente has despertado, caminante.” – Dijo una voz cavernosa, apesadumbrada, como la que lleva con resignación un cruel castigo. No era la voz del engendro. – “Largo tiempo ha que nadie se acercaba por estas estancias de cruel ironía”. – La voz reverberaba en la cabeza de Dezba. – “Sea pues. Si has sido tan estúpido como para buscar aquello que no debe ser encontrado, como otros hicimos en el pasado, no te defraudaré. ¡Qué comience la prueba!” – El golpe  volvió a sonar, para abrirse la puerta de golpe.

– Oh, ilustrísima, estaba preocupado… Como no contestabais a la puerta pensé que había ocurrido una desgracia. Su gloriosa majestad exige su presencia de inmediato en el salón del trono. – El sirviente abandono la estancia.

– “Y te preguntarás quién eres, me imagino”. – Dijo la voz cavernosa. – “Garkilex Dronikus, líder del Gremio de los Alquimistas, demonio de confianza del rey Thoscaire Baula y su mejor amigo. ¡Vamos, date prisa y no me hagas perder el tiempo, el rey te espera!”

Dezba, o Garkilex, estaba ya vestido con una elegante y llamativa túnica del Gremio de los Alquimistas, sujeta con un cinturón del que colgaban una ornamentada daga ceremonial, unas bolsas con hierbas e ingredientes, y unos frasquitos con venenos y antídotos.

– “Sangre. Esta noche va a estar bañada con sangre. Un crimen. Un asesinato. Un magnicidio. Esa es tu prueba, caminante. Deberás hacer uso de tu astucia e impedir el crimen. Buscar al asesino y detenerle, sea como fuere antes de que cometa el crimen. Por el bien de Infernalia. Mas ten cuidado con las apariencias, pues no todo es como se revela. Astucia. Esa es la clave. Astucia e instinto. Utiliza toda la astucia y tus malas artes para llegar al asesino. Solo así triunfarás. Si triunfas, demostrarás ser digno de escuchar mis palabras y me revelaré ante ti. Si fracasas, serás expulsado en la más ignominiosa deshonra y la puerta quedará sellada por siempre.” – Susurró la voz en su oreja con un doloroso quejido.



El rey Thoscaire Baula:





El rey le aguardaba sentado en el trono, solo, apesadumbrado. Al ver a Dezba su rostro se iluminó. – ¡Garkilex! ¡Hermano de sangre por juramento! ¡Mi más leal siervo! ¡Amigo! – Estaba ansioso, nervioso. Y aun así en sus palabras se podía apreciar su soberbia y arrogancia. Su voz le era familiar, parecida a la voz que le hablaba en la cabeza, pero más viva, enérgica, diferente. – Ven, escucha. – Acercó su rostro al de Dezba. – Traidores. Traidores por todos lados. Me rodean, confabulan contra mí. No puedo confiar en nadie… Salvo en ti, hermano por juramento. Creen que no les escucho. Creen que estoy ciego. Pero les oigo, se lo que piensan, les veo. Confabulan contra mí. ¡Confabulan contra el reino! ¡¿Acaso esa plétora de traidores no comprende todo lo que he hecho por Infernalia? Por su futuro, por su libertad. A un paso de la emancipación de nuestros opresores. Tan cerca. Casi lo puedo saborear. Pero se empeñan en destruir todo por lo que he trabajado… Por lo que hemos trabajado. – La ira poco a poco se iba adueñando del rey. – ¡Pero ten por seguro una cosa! ¡No podrán acabar conmigo! ¡Yo soy Infernalia! ¡Sin mi será destruida, arrasada! ¡Idiotas ciegos! Incluso los de mi propia sangre… Pero aprenderán. Les enseñaré una valiosa lección. A todos. – Era más como si hablara para sí que para Dezba. – Ven, vamos al trono, ocupa tu lugar a mi lado. Hoy se impartirá justicia en esta sala contra los traidores… Pero hay otra oscura sombra acechando. Una sombra que no me deja oír ni ver, fruto de oscuros poderes, pero sé que está ahí. Temo por mi vida… Por el futuro de Infernalia. Estate atento, Garkilex, creo que hay un asesino más cerca de lo que parece. – Luego se sentó en el trono, e hizo una seña a Garkilex para que permaneciese de pies, detrás del trono. – ¡Hacedles llamar! ¡Y traedme vino!

Al poco llegó un sirviente con una jarra y copa de vino. Ofreció la copa al rey y la rellenó de vino. Luego el sirviente se colocó junto a Garkilex con la jarra en mano para seguir sirviendo a su señor cuando así lo demandase. Al rato entró una súcubo de elegantes vestimentas y regia cornamenta. – “La Reina” – Dijo la voz en la cabeza. Luego entró un elegante demonio ataviado con armadura. – “El capitán de la guardia real”. – Y al cabo de un rato entró un anciano demonio con un solo cuerno. – “El visir real”.

– ¡Traed a la traidora! – Ordenó el monarca enfurecido. Al cabo de un rato dos guardias trajeron a rastras a una joven súcubo malherida encadenada de pies y manos. – ¡He aquí la víbora que intentó inocular la vil ponzoña en el corazón de Infernalia! ¡Sangre de mi sangre! ¡Carne de mi carne! ¡Intentó adueñarse de aquello que no le pertenece! ¡Intentar apropiarse de la corona real! ¡La corona de su padre! ¡Cometer el crimen más vil y abyecto! ¡La más pérfida traición contra nuestros dioses antiguos y olvidados! ¡El parricidio! – El rey escupió al suelo. – Yseria, yo te repudio. Ya no eres mi hija. Y el castigo por tu crimen será la muerte. – El rey hizo una señal. Y los guardias encadenaron a la princesa en una estaca que había en medio de la estancia, y a la orden del rey empezaron a darle latigazos a la princesa con los látigos de lava incandescente. Una muerte muy lenta y dolorosa, sin embargo la princesa permanecía inquebrantable ante el dolor y la ira de su padre.

La reina gritó llorando pidiendo piedad pero el rey ignoraba su llanto. El capitán de la guardia apretó la mandíbula con fuerza mientras cerraba los puños con ira. El visir cerró los ojos y volvió la cabeza para no ver la muerte de la princesa.

– “Ha llegado la hora caminante”. – Dijo la voz en su cabeza. – “Todos en esta sala están dispuestos a matar al rey. A matarme. Pero, ¿quién será el que derrame mi sangre? ¿La reina, que odia con toda su alma a su hermano el rey? ¿El visir real, mentor, amigo y confidente de la princesa, que quiere a la muchacha como si fuese su propia hija? ¿O quizá el capitán de la guardia, que comparte el lecho de la princesa como su amante? ¿Quién será? Solo tú puedes impedir el crimen y salvar a Infernalia. Pero date prisa, queda poco tiempo”.

FDI:


En primer lugar, disculpa la tardanza en postear.
En cuanto a la aventura, al ser otra persona no tienes a Orendael ni sus habilidades ni técnicas. Tendrás que fiarte de tu intuición y de tu astucia, hay pistas que indican quién es el asesino si sabes qué y donde buscar. Para impedir el asesinato dispones de tu daga y tus venenos úsalos bien y no te equivoques… XD

En cuanto a la imagen del rey, no tiene 2 cuernos sino 10.
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Re: [EVENTO PERSONAL] "Arcana obscura" [Martillo de Brujas - 19 de diciembre - 897 d.g.]

Mensaje por Dezba Wakanda el Miér Oct 14, 2015 11:29 pm

¿Por qué mi propio ser se empeñaba en jugar conmigo? Había venido a obtener poder, y lo único que había conseguido eran las tediosas burlas de mis propios siervos. Y ahora tenía que resolver un acertijo vestido de demonio.

Pero no se me había informado de la situación. Era Garkilex Dronikus, y aun así, no sabía lo que estaba pasando. No tenía ni idea del momento en el que me encontraba, pero dudaba muy mucho que se tratara de mi presente. O, de lo contrario, las cosas estaban peor de lo que me temía. El rey había mencionado querer liberarse de sus opresores. Dezba sonrió, pero Garkilex no lo hizo. Había de impedir su asesinato.

Me obligaban a hacerlo. La voz no me ofrecía otra posibilidad. Había de impedir el asesinato de un tirano, de alguien capaz de torturar a su hija ante la atenta mirada de su madre, su amado y su tutor. Y todo eso mientras se deleitaba con una copa de vino. Copa que no me había llegado a ofrecer. Aquel tipo era de los míos. Mientras hablaba, observé como el vino se balanceaba en su recipiente, coordinándose con los latigazos aplicados a la supuesta culpable.

Lo que siguió hizo que mi vello se erizara. La voz y el rey eran el mismo ser, o al menos un único espejismo. Aquello se tornó en algo grotesco, pues me di cuenta de que aquella escena no era más que una mera representación teatral de una muerte anunciada. ¿Cómo podría evitar una muerte que ya había sucedido?

En aquel momento, observando el licor, fue cuando me di cuenta de hasta qué punto necesitaba a Orendael. Me sentía aturdido, como si me hubieran arrancado una parte de mí. Era un mero eunuco en el país de los sementales. Trasladé mi mirada al lugar donde los cuatro sospechosos estaban reunidos. Descarté a la princesa por motivos obvios. Tan solo quedaban tres. Mi mirada volvió a fijarse, de improviso, en la bebida.

Y fue entonces cuando todo encajó, como en un grotesco rompecabezas. Me acerqué al rey le susurré lo siguiente al oído:

-Yo de usted no bebería ese vino, majestad. Actúe normalmente y evite dirigir su mirada hacia el sirviente, céntrese en los acusados. Confíe en mí, pienso solucionar esto.-
aproveché para observar el interior de la copa e intentar descubrir si su contenido estaba envenado. No fue suficiente, debería probarlo.

Dicho esto, volví a mi sitio y dirigí una mirada de reojo en dirección al sirviente. Acto seguido, volví mis ojos hacia los acusados y comencé a hablar. La intención era hacer que uno de los tres se derrumbara.

-El rey acusa a la princesa de magnicidio y de usurpación, más esta no muestra ningún arrepentimiento. ¿Quizá su alma esté emponzoñada, como afirma nuestro querido monarca? En tal caso, ustedes tres serían los sospechosos. Su madre bien podía llevar veneno en el vientre a la hora de su concepción, y por eso se ha impregnado de maldad. O quizá nuestro querido capitán de la guardia, deseoso de deshacerse del rey, le susurraba palabras ambiciosas en la alcoba. ¿O puede que nuestro querido visir real, utilizando sus artes y aprovechándose del cariño que ella le profesa, la haya embaucado?-hice una pausa y simulé un tosido. Me dirigí entonces hacia el copero.-Tú, sirviente. Deseo que me sirvas el vino que le has servido al rey. Rápido.-observé su reacción. Cualquier titubeo, cualquier estremecimiento, un balbuceo... Podría ser esencial. Una vez me hubo servido, bebí un copioso trago. No había tiempo que perder y esperaba que el veneno fuese rápido. Lo mantuve un momento en la boca, enjuagándome con el fin de determinar si su sabor o su tacto eran anormales. Después, tragué copiosamente y continué con mi discurso.- Pero si esos fueran vuestros únicos crímenes, no estaríais aquí ahora. Todos estáis consternados por la tortura de la princesa. Su madre llora, su amante hierve de ira. Y el visir real... el visir real se horroriza ligeramente y aparta la mirada, con pudor. Si tuviera que adivinar por vuestra reacción quien es el culpable no tendría ninguna duda. Pero las cosas no son tan simples, hermanos. Hemos de mirar el tapiz en su conjunto. Y he de reconocer que los métodos de mi amigo el soberano de Infernalia, por más que me pese, no son adecuados. ¿Qué validez tendría el testimonio de uno de vosotros, siendo emitido mientras ve como la princesa es azotada hasta la muerte?-giré el rostro hacia el rey-Por eso os pido, mi amado y respetado Thoscaire, que dejes de derramar la sangre de tu hija en vano. Liberadla de su tortura.-hice una pausa dramática y observé al copero real. Si para entonces había descubierto que el vino estaba envenado, consumiría mi antídoto y le ofrecería uno al rey en caso de que este hubiera sido lo suficiente estúpido como para desatender mis advertencias.

-La princesa no es quien va a asesinaros, mi señor. No hagáis que su sufrimiento sea e vano. Y en su lugar, poned a este copero traidor bajo tortura.-dije, señalando al sirviente. En el caso de que este hiciera algo que no fuera no intentar resistirse le lanzaría una de mis dagas a la pierna o al torso, para no matarlo pero sí dejarlo impedido.-Vos, capitán de la guardia, quiero que despojéis a este hombre de sus ropajes y lo maniatéis. Creo que es lo justo, pues he liberado a vuestra amada de su tormento.

Si el capitán hacía caso, le ordenaría que dispusiera amarrado al culpable en el centro de la estancia. Mientras tanto, permanecería junto al rey en todo momento. Aún no estaba fuera de peligro.

-Se bien que este no es el procedimiento, su eminencia. Pero en realidad usted me ha encargado una doble tarea; evitar su muerte descubriendo al asesino y desenmascarar a los traidores. Y lamento comunicarle que no son tareas complementarias. No creo que quien ose traicionaros tenga la valentía suficiente como para asestar él mismo la puñalada. En su lugar, actúa mediante "sombras", como usted mismo mencionó.


Me acerqué lentamente hacia el copero una vez que se hubo atado a cualquier superficie. Llamé a los cuatro acusados y les ordené que se colocaran alejados los unos de los otros, rodeando al culpable en un semicírculo. Agarré mi daga con una mano, y los venenos cutáneos que portaba con la otra. Observé el raquítico cuerpo del intento de asesino con una mueca de desagrado. Parecía un individuo joven, al menos para la media de edad de los demonios. Era evidente que él no era el instigador. Y podría ser que dicho instigador permaneciera en aquella estancia.

-Te daré una sola oportunidad de morir con dignidad, muchacho. Dime quien te ordenó matar al rey y tu muerte será indolora, y ciertamente mucho más placentera que la del verdadero culpable. Miénteme o mantén un necio silencio y te aseguro que vivirás muchos años. Años de constante dolor y debilitamiento. Años en los que probaré todos los hallazgos que he hecho en mi vida en el arte de la alquimia en tu cuerpo. Años en los que tu mente se agriara. Años de deshonra y dolor. Así pues, dado que yo deseo acabar con esto lo más pronto posible, todos los aquí presentes ansían limpiar su nombre y tú supongo que querrás morir con dignidad, te ordeno que me proporciones el nombre de tu instigador.

En caso de que el acusado eligiera la opción menos placentera, abriría pequeñas incisiones en sus extremidades y depositaría en su interior el veneno. Este llegaría a la sangre, infectando su sistema circulatorio. Poco a poco, acompañado de insoportables picores y un inaguantable escozor, horribles visiones circularían por la mente de aquel pobre diablo.

Si aquel licor no estaba emponzoñado por las malas artes no me quedaría más que torturar a la princesa yo mismo, untando uno de mis venenos cutáneos en el látigo del torturador y apelar a la vergüenza del posible traidor para que se sacrificase por ella.

-He aquí la consecuencia de la traición y el engaño. El veneno que le está siendo inoculado a la querida princesa no sólo no contribuirá a acelerar el proceso, sino que tendrá varios efectos secundarios. Escozor, picor y alucinaciones. La princesa sentirá como sus articulaciones se resquebrajan, como las fibras de sus músculos se entrelazan entre sí formando todo tipo de nudos y como sus venas. Y, finalmente, una fuerte presión psicológica surgirá dentro de su sistema nervioso, obligándola a responder sinceramente a toda pregunta que este humilde servidor le formule. ¿Y qué pregunta creen ustedes que le haré en primer lugar, eminencias? Si la buena fe y la misericordia no mueven el corazón del traidor, que sea pues el ponzoñoso líquido inoculado en la princesa lo que lo haga. Cuanto más se dilate este asunto, peor será para todos.

Obviamente aquel efecto era totalmente infundado. No sabía si la princesa conocía la identidad del futuro magnicida, pero bien valía arriesgarse soltando aquel farol. Lo cierto es que no tenía pista alguna y si bien la reacción del visir real había levantado mis sospechas, aquel motivo no era suficiente para inculparlo.


FDI:


-Beber/saborear vino + Discurso

*Si el vino está envenenado:

-Tomar antídoto + Interrogar/torturar al copero

*De no estarlo:

-Torturar a la princesa + Soltar discurso a los presentes


Espero que no la haya pifiado en mis descripciones del sirviente y venenos.

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Re: [EVENTO PERSONAL] "Arcana obscura" [Martillo de Brujas - 19 de diciembre - 897 d.g.]

Mensaje por Maximilian Stenkerk el Dom Oct 18, 2015 7:20 pm




DEZBA WAKANDA

El rey escuchó a su fiel Garkilax y no bebió del cáliz. Luego Garkilax mostró su discurso acusatorio frente a los presentes. Uno por uno acusó. Y uno por uno la duda afloró en su rostro. No comprendían el arrebato del consejero del rey. Luego pidió el vino al sirviente, y éste se lo sirvió. Garkilax lo olió y lo bebió pero no encontró veneno alguno en él. Luego se acercó a la princesa e inició su tortura para que confesase. Sin embargo, pese a los gritos de dolor la determinación de la princesa era enorme. La única respuesta que obtuvo de ella fue un esputo en su faz. Finalmente, tras un incesante tormento la princesa feneció…

De repente la estancia se tornó borrosa, difuminada, como si se estuviera disolviendo poco a poco. La escena y los presentes estaban paralizados, el tiempo se había detenido. Ante Garkilax emergió una figura grande y regia envuelta en sombras, no era posible verle. – Y así el crimen se perpetró. No pudiste evitarlo. La princesa murió… –  Dijo la figura con voz sombría y cavernosa. Era quién le había estado hablando todo este tiempo en su cabeza. Luego estalló una sonora carcajada. – ¡Muajajajajaja! Hacía eones que no me divertía tanto caminante. Vuestra ignorancia me llena de regocijo. ¡Ay, cuán diferente hubiese sido la historia si un patán como vos hubiese estado en la piel de la serpiente Garkilax! ¡Muajajaja! No obstante, los hechos no fueron así. Fue Garkilax quién segó mi vida. Auspiciado por la reina él vertió la ponzoña en mi copa y fui yo quien murió en esa sala. No la princesa. –  La figura sombría hizo un ademán de escupir. – Garkiax era el amante de la reina, y la princesa su bastarda. –  Suspiró.

– ¿Es irónico, no os parece caminante? Yo era el último de diez hermanos. Jamás habría llegado a reinar Infernalia. Sin embargo gozaba del don de Orendael con el que poder manipular las mentes de mi alrededor. Con él y mi astucia me deshice de mis hermanos dejando sola viva a mi hermana, y nos convertimos en reyes. Y sin embargo, todo este poder, un poder que me permitía la clarividencia, me cegó. La ambición nubló mis sentidos y Orendael consumió mi alma hasta conducirme a la locura. No vi lo que se cernía a mi alrededor. Embriagado por el poder ignoré como mi esposa yacía con Garkilex, como engendraban a esa bastarda traidora, y como la instigaron para hacerse con el trono. Y aunque pude detener su golpe no pude ver la espada de la traición sobre mi hermano de juramento. Y así la princesa se conviertió en Reina emponzoñando con su sangre podrida a todos los sucesores al trono. ¡Sean arrastrados todos a los infiernos! –  Luego volvió a reír como un loco.

– Y con todo, Infernalia fue salvado… Ese fue mi premio… O mi castigo… Ser encerrado en este lugar por toda la eternidad para ver como el mal que se cernía sobre Infernalia era yo, no la princesa. Cuatrocientos años reviviendo mi asesinato sin cesar, viendo el monstruo demente en el que me había convertido gracias a Orendael. Mi cuerpo ya no era mío, le pertenecía a Él. ¡Y fue Orendael el que me encerró en este lugar! ¡El causante de mi locura fue quién me condenó a una eternidad de martirio reviviendo esa locura! Y ahora vos habéis sido el necio que habéis llamado a esta puerta buscando consejo. Pero no lo tendréis, sois indigno, os dejáis llevar por vuestras pasiones perdiendo el control. Oh, sí, lo perdéis. Todo lo perdemos. Todos creemos que controlamos el poder. Que podemos disponer de él como queremos… Pero no, es el poder el que nos controla a nosotros.  El que nos devora hasta ser una burda parodia de nosotros mismos. Sois indigno, caminante. Sois como yo… Y como yo, acabaréis encerrado en esta prisión de ironía y burla. Solo os falta saber qué pecado os llevará a la condenación… La puerta está sellada. –  Sentenció la figura.

La oscuridad le inundó por completo, cegándolo, flotando en ella. La nada. Estuvo así un buen rato en la más profunda oscuridad, solo y con su fracaso. De pronto al respirar notó como no entraba aire en sus pulmones, sino agua, encharcándose y no dejándole respirar. Se axfiaba, y no tenía a donde huir. Una tenue luz apareció sobre su cabeza, lejana, bailando tímidamente. Luego sintió una enorme fuerza empujándole hacia ella mientras se ahogaba. Finalmente fue escupido y llegó arrastrado por el agua del estanque a la Sala de las Puertas con Terra vigiándole desde los cielos. Dezba vomitó el agua en un arrebato de tos mientras poco a poco recuperaba el aliento. Volvía a ser él. Su cuerpo humano y desnudo yacía tumbado sobre el frío suelo de la estancia.

– La puerta está sellada. – Oyó de nuevo Dezba en su cabeza, palabras esta vez pronunciadas por el engendro que le habría traido a este lugar. Frente a él se erigían las cinco puertas que había visto cuado habría visitado por primera vez la estancia. Sin embargo Dezba pudo ver como desde el marco de la “Puerta de la Vanagloria” surgía una luz morada que iba poco a poco recubriendo los límites de a puerta y fundiéndolos con la roca viva. Efectivamente la puerta estaba sellada.

Con dos puertas selladas, la de la “Vanagloria” y la gran puerta del medio Dezba debía escoger que puerta atravesar a continuación, o volver por donde había venido. La “Puerta de la Ira”, la “Puerta de la Traición” y la “Puerta del Pecado Primordial” aguardaban. Escogiese la dirección que escogiese a Dezba le esperaba un futuro incierto. Mientras se decidía los tristes cánticos volvieron a ser arrastrados por el inexistente viento.

“hmlchmh prtsh
hyldym shl YHWH nlchmym bynyhm lbyn 'tsmm
'nshym rbym hlkw lnw 'lw ngd MTTRUN
rbym m'ytnw hyh shhtngdw lshltwnw chylwl qwdshw
zh hqynh shl ml'kym shnplw”



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Re: [EVENTO PERSONAL] "Arcana obscura" [Martillo de Brujas - 19 de diciembre - 897 d.g.]

Mensaje por Dezba Wakanda el Mar Nov 03, 2015 6:56 pm

Había fracasado, y aquel fue un duro golpe para mi orgullo. Tanto fue así que permanecí en silencio durante los minutos que prosiguieron a mi fracaso. Era otra derrota más que debía añadir a mi lista.

No comprendía al rey. Infernalia no se había salvado, Infernalia era una ponzoña, no era más que la fábrica de Laursia. Un lugar donde los infernales, esclavizados, proveían al resto de los ciudadanos, o al menos a los más aventajados económicamente, de sustento.

Infernalia era la colmena, el avispero de Laursia. Si en lugar de eso el rey hubiera utilizado su poder para hacer las cosas correctas, la situación habría sido bien distinta. ¿Qué sentido tenía buscar su propia muerte? Esa solución era de cobardes.

Y yo no era un cobarde. Ciertamente, aquel estúpido rey de poco me habría servido. Yo era un vencedor, y todo el mundo sabe que los vencedores no acostumbran a relacionarse con vencidos.

Me detuve y miré las puertas restantes. Esperaba encontrar una mejor experiencia en dichos accesos. Sostuve los nombres de mis tres alternativas durante unos segundos, hasta que al fin me decidí.

Sería el Pecado Primordial la que eligiese. Todos los eclesiásticos sabíamos cual era el Pecado Primordial, o al menos lo suponíamos, el pecado que la raza humana arrastraba junto con golosas ventajas a raiz de robar el fruto del Conocimiento. Dicha senda me interesaba, por motivos obvios.

Había quedado demostrado que mi propio interior aguardaba más secretos de los que nunca podría desvelar, y yo ardía en deseos de desentrañar los secretos del Pecado Primordial. Me detuve unos instantes para soñar despierto. Imaginé una escena donde el pueblo me aclamaba después de liberar sus almas de la penosa carga impuesta por Dios y que los eclesiásticos no habían hecho mucho por intentar borrar.

Exhimiría a los vástagos de los errores de sus ancestros, y la gente me aclamaría por ello. La humanidad comenzaría de nuevo, más limpia, más pura. Más perfecta. Con la guía de los que eran como yo, seres entre un millón, personas con un don, la humanidad alcanzaría una nueva época de progreso y felicidad.

Mi nombre sería recordado por siempre, y los nombres de todo aquel que me atormentase serían barridos de la historia del Mundo. Pues yo sería quien la controlara. Una vez terminé de imaginar esto, sacudí la cabeza para liberarme de mi ensueño y avancé hacia mi nuevo destino.

La puerta del Pecado Primordial aguardaba, y esta vez no fallaría en mi empeño.

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Re: [EVENTO PERSONAL] "Arcana obscura" [Martillo de Brujas - 19 de diciembre - 897 d.g.]

Mensaje por Maximilian Stenkerk el Jue Dic 10, 2015 5:38 pm

DEZBA WAKANDA




Dezba cruzó la puerta. De nuevo oscuridad. Una oscuridad que lo envolvía todo. Que lo devoraba todo con su gélido abrazo. Poco a poco empezó a emerger una tenue luz que bailaba delicadamente junto a las sombras. Una voz retumbó. Una voz femenina. Delicada y dulce, pero desquiciada y llena de dolor. – Un nuevo caminante ante las puertas de la verdad. Una verdad que futilmente todos buscamos mas ninguno encontramos. El conocimiento es ignorancia caminante. Y tú has entrado a la puerta del conocimiento. Infeliz. Si tan siquiera yo hubiese comprendido esto hace tanto tiempo... – La voz se tornó en llanto. – ¡Ay, mísera de mí! ¡Presa de este engaño, de esta farsa! Y ahora estás aquí, como otros ante que tú, y como otros después de tú. En tu ignorancia buscas la verdad, y la verdad solo te conducirá a la ignorancia. Esa será tu prueba. Encontrar la verdad para vivir en la mentira. Solo entonces comprenderás el camino que no conduce a ninguna parte.

La oscuridad se fue apartando, y Dezba despertó en una habitación oscura y austera. No había ornamento: ni ventanas, ni cuadros, ni cómodas butacas. Las paredes de fría piedra estaban desnudas. Dezba se encontraba en un lecho de madera arropado por unas telas ásperas. En una esquina había un pequeño tocador con una silla, pero ningún espejo. De nuevo se sentía extraño, como fuera de su cuerpo. Si se miraba los brazos vería unas delicadas y juveniles manos. Si miraba su cuerpo vería al de una mujer envuelto en una austera túnica de color oscuro. Pero sí percibía a Orendael recorriendo su ser.

– Ahora tú eres yo y yo soy tú. La hermana Anmer Hyphatus. Erudita de la Cámara Hermética de Kerfel. Buscadora de la verdad. Doblemente maldita: Tocada por una criatura celestial Con ojos y el ansia por comprender aquello que que está vetado a los mortales. Ahora con estos ignorantes ojos mortales mirarás al infinito para luego ser consumido. Levántate y acércate al tocador. Ponte el velo y el collar... Nos veremos al otro lado, caminante... Si superas la prueba... – La voz se fue poco a poco apagando hasta desaparecer. Si se acercaba al tocador, Dezba vería un pequeño collar de cuentas con un abalorio en forma de llave, símbolo de la Orden, y al lado un velo reglamentario de monja.

Una vez que se pusiese el collar oiría de nuevo la voz de la mujer. Solo que era más jovial, alegre, enérgica. Sin signos de terror o demencia.



“Tres de enero del 783 d.G.

He hecho algo malo. No sé por qué,  pero lo he hecho.

Hoy catalogando nuevos objetos arcanos que han llegado al monasterio he encontrado una extraña piedra de color carmesí. Su tacto era caliente y al mirarla podía ver llamas. Investigando en diversos tomos de la biblioteca he logrado descifrar lo que es. Es una reliquia fallen de la Primera Era. Es como una especie de diario capaz de retener pensamientos y luego reproducirlos en mi cabeza cuando lo toco.

No sé por qué, pero me lo he quedado. Lo he escondido en mi collar y me lo he quedado. He robado. No debería haberlo hecho, pero lo he robado... Es un objeto tan inocente... No creo que nadie lo eche en falta.

Es tan raro oír una voz. Sí, es la mía, pero es como si estuviese escuchando a otra persona. Después de tantos años sin oír a nadie y sin poder hablar es... Es raro. Raro pero hermoso. Una especie de diario secreto. Me gusta.”



“Catorce de febrero del 783 d.G.

No debería hacer esto, está mal. Debería devolverlo. No quiero, me gusta. No puedo evitarlo.

Hace unos días que me empiezo a sentir rara. No sé como explicarlo. Me siento más fuerte, más segura de mí misma. Pero a la vez débil. Algo me pasa. Algo en mi interior, pero no sé que es.”



“Diecisiete de febrero del 783 d.G.

Hoy ha pasado algo muy raro. He oído a alguien. Al Sabio Erudito Lucius Adelbert. No ha hablado, no ha quebrado el voto de silencio. Pero le he oido. He oido su mente. ¿Será obra del aparato fallen? No puede ser, lo he investigado. Este aparato es muy simple, solo hace una cosa. Pero entonces, ¿cómo le he oido?”




La voz de la mujer a cada anotación del diario se iba haciendo más y más tensa.



“Veinte de febrero del 783 d.G.

Están pasando casas muy raras. Puedo tocar las mentes de los demás. No sé como, pero son como una extensión más de mi cuerpo. Es una sensación tan rara... pero tan placentera. Casi adictiva...

Siento algo dentro de mí. No sé explicarlo. Es como una presencia. Algo... No... ¿Alguien? Estoy cansada... Estoy tan cansada...”



“Uno de marzo del 783 d.G.

He investigado. Sí, eso he hecho. Creo... Creo comprender que ocurre. El cubo, esa es la clave. Los fragmentos. Soy anfitriona de un fragmento. No sé como pero se ha alojado en mí. Desde hace décadas hay más casos, aunque nadie sabe a ciencia cierta como un fragmento logra alojarse en un cuerpo humano. Pero ocurre, y eso me ha pasado a mí.

Tengo miedo. Si descubren que soy anfitriona de un fragmento me matarán para extraerlo. Nadie puede saberlo... Pero ¿cómo soy tan estúpida de dejar constancia de ello aquí? Tengo... Tengo que destruir la piedra, borrar toda prueba... Pero no puedo. Lo necesito. Sin ella me volveré loca..."



“Tres de marzo del 783 d.G.

Oigo su nombre. Orendael. Pero, ¿quién es Orendael?

Orendael no existe. Su nombre no figura en ningún archivo. No aparece en el Angelicarum. No existe... Pero sí existe, yo sé que existe. Lo siento... ¿Cómo puede ser...?

Arcana Obscura. Ahí está la clave.”



“Siete de mayo del 783 d.G.

El ansia de conocimiento me corroe. Tengo que comprender. Es... Lo... Lo necesito.

Sabía que lo encontraría. Una Clavis Cognitionis. Perdida entre todos los artefactos antiguos. Perteneciente a un Guardián de los Secretos de tiempos antiguos. La he encontrado. Y es mía. La llave para acceder al Arcanam Oscuram. Solo los más altos prelados de la orden tienen autorización para acceder al verdadero conocimiento. Y yo tengo la llave de la Puerta de los Secretos, ¡Muajajajajajajaja!

La esconderé. Sí. Sí. En el ladrillo suelto bajo el tocador. Ese será un buen sitio. Sí.

Tengo... Tengo que pensar una forma de burlar a los bibliotecarios de la Puerta de los Secretos. Quizá... Quizá... Sí, sí, ¡tiene que funcionar! ¡Por fin la verdad se abre ante mi!”




La grabación se interrumpió en ese momento. Si Dezba buscaba bajo el tocador encontraría el ladrillo suelto y si lo sacaba vería un artefacto dorado en forma de sol con una media luna en su interior. La Clavis Cognitionis.

Si Dezba salía de su celda vería una calma absoluta en el monasterio. Debía de ser por la noche porque todos los pasillos estaban a sumidos en la oscuridad. Aunque Dezba nunca hubiese estado allí sabía el camino hacia la Puerta de los Secretos. Tras un largo trecho recorriendo los pasillos, galerías, bibliotecas y almacenes de la Cámara Hermética, Dezba llegó al sótano del monasterio, donde en su biblioteca se guardaban los conocimientos más antiguos.


Interiores de la Cámara Hermética:






Y en lo más profundo de esta biblioteca subterranea se encontraba la Puerta de los Secretos. Una puerta a la que solo podían acceder el Señor de los Secretos y los Grandes Bibliotecarios, y donde se guardaba el mayor, más antiguo y peligroso conocimiento de Terra. Un conocimiento vetado a los mortales por orden e los Cielos. Junto a ella estaban dos Bibliotecarios custodiándola y al ver a Dezba (o más bien a Anmer) activaron sus báculos de guerra y se pusieron en posición defensiva dispuestos a eliminar a la monja.


Puerta de los Secretos:




Bibliotecarios:




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