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[EVENTO DECISIVO] "Aurora Boreal" [Puerta del Norte-Todheim - 1 de Enero - 898 d.G

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[EVENTO DECISIVO] "Aurora Boreal" [Puerta del Norte-Todheim - 1 de Enero - 898 d.G

Mensaje por Señor de Terra el Sáb Ago 16, 2014 6:26 pm

Darak, Dezba y Maximilian:

=MAXIMILIAN=
__________________________________

Maximilian Stenkerk y el resto de la comitiva, por fin, llegaban a Todheim. Tras lo acontecido en Infernalia, solo podían esperar que el Rey Oberón mandase refuerzos para defender la puerta del norte. Desde que partieron de la ciudad ígnea, el camino había sido de lo más tortuoso. Si Max creía que los cenicientos y sulfurosos riscos de las montañas Raknar eran incomodos para viajar, podría comprobar que las norteñas tierras de Norskland no eran menos hostiles. La temperatura fue descendiendo drásticamente conforme se acercaban a Todheim. Enormes explanadas cubiertas por un grueso manto de nieve, ventisca constante, escarpadas y vetustas montañas… casi parecía imposible que fueran a llegar sanos y salvos a su destino. Y no iba mal desencaminado. En cada pueblo que paraban el frío era más intenso y las condiciones más precarias.

Por suerte los fondos de la Eclesia les permitieron hacerse con las más gruesas pieles y ropajes de protección térmica, y la comida no les faltó. Sin embargo era algo un poco chocante, tras el lujo de ciudad catedral, e incluso Infernalia se mostraba prospera y magnifica en su propia forma… pero aquello, era demasiado contraste. No era raro ver a gente sin hogar, sin comida, gente que moría congelada en los callejones del frío invierno. Madres que apretaban a sus bebes entre los brazos, demasiado heladas siquiera para llorar, hasta que el frío terminaba de arrancarles lo que le quedaba de vida.

Al parecer era lo habitual en aquellos lares. El frío siempre se llevaba a los estamentos más bajos de la sociedad consigo. Los de la zona estaban acostumbrados, endurecidos, caminaban sin inmutarse ante la degradante decadencia del gélido invierno.

Fue en Ilgard, un pequeño pueblecito relativamente aislado entre los densos bosques boreales.  Al parecer el motivo de su viaje había llegado a malos oídos, pues fue allí donde una explosión a media noche casi acaba con la vida de toda la comitiva de la Eclesia. Por suerte a los terroristas paganos no les salió del todo bien la jugada. Hubo dos muertos, uno de los Inquisidores y la Exorcista. El resto de inquisidores también estaban heridos de gravedad, sólo la mujer del rostro cubierto, Selena Blackmaw, quedó levemente herida con un par de costillas rotas y quemaduras. El otro de los Exorcistas, no sufrió ni un rasguño, al encontrarse paseando bajo la luz de la luna aquella madrugada, lejos de la posada.

Grace, la monja hermética también se salvo, con poco más que unos rasguños, al parecer una pesada viga de madera desplomada con la explosión, la protegió frente al resto de escombros. No corrió tanta suerte Alric, el Teutógeno, que quedó sepultado bajo el detritus, pero la simple estupidez de dormir con la armadura puesta fue lo que le salvó la vida, estaba algo herido, pero según él eran solo rasguños, quien sabe. Maximillian fue sin duda el que más suerte tuvo de todos ellos. Toda la posada quedó destruida… salvo su habitación. Casi parecía un milagro divino que la explosión no lo hubiera alcanzado. Obviamente se despertó del estruendo, pero su único daño fue ese, el susto, ni un simple rasguño en su piel, poco acostumbrada a la dureza de la vida.

Ya habían pasado varios días desde aquello. Por suerte el incidente solo les había retrasado, pero su misión proseguía. El grupo se había reducido bastante entre las pérdidas y los heridos graves, que fueron enviados de vuelta a Ciudad Catedral. Selena Blackmaw, Jared Benditch, Alric Truefort, Grace Buckley y Maximilian Sternkerk. cinco eran los supervivientes que llegaban en aquellos momentos a la nevada ciudad de Todheim. Uno de cada orden, como escogidos por la divina providencia…  

Las pesadas puertas de hierro se abrieron frente a ellos, por fin, Todheim. El clima en la ciudad era, si cabe, más crudo que en lo pueblos de alrededor, con la ventisca dificultando la vida fuera de las edificaciones, y toda la ciudad rodeada de la yerma tundra helada. Era descorazonador, pero no habían venido a ver el paisaje. Lo primero era buscar hospedaje. Nada de posadas, esta vez se alojarían en Altaciudad, disfrutando de las comodidades que su rango merecía. El carruaje fue atravesando los diferentes estamentos de la ciudad hasta llegar al enorme portón monumental. Aquel era el acceso a la Ciudadela. Por fin, un lugar a la altura de la misión, nada de tabernas de mala muerte ni las rígidas camas de obsidiana en Infernalia.

El carruaje en el que viajaban era un simple carromato comprado en el último pueblo antes de la ciudad, la explosión destruyo el anterior dejándolo inservible. Por lo que Alric se vio obligado a mostrar la identificación que el Cardenal Crowley le había otorgado. Las puertas de la ciudadela comenzaron a abrirse, lentamente, recibiéndoles con los mayores honores en aquel sagrado lugar.


=DEZBA y DARAK=
__________________________________

Dezba y Darak, acompañando a Talia y el resto de su séquito, habían sido  encomendados con una valiosa misión. Aquella era su segunda oportunidad, algo que rara vez ocurría, pues habitualmente la inquisición jamás olvidaba, ni perdonaba. Como misericordiosa excepción, su eminencia el Sumo Inquisidor Karmikov se había compadecido y les había otorgado la oportunidad de solventar su catastrófico error. Llegaban informes de Ciudad Catedral, los paganos se estaban movilizando, y habían escuchado rumores en pueblos del norte acerca de un grupo de viajeros que se aproximaba en descripción bastante a Nadine y su banda.  Todas las piezas comenzaban a encajar y ambos objetivos parecían confluir en uno solo. Los paganos iban hacia Todheim, planeaban destruir la Puerta del Norte, Nadine y los suyos se encontrarían allí, podían estar seguros. La misión era sencilla, acudir a Todheim, rastrearlos y eliminarlos truncando sus planes. Su Eminencia les dejó claro que si no cumplían con su objetivo el destino que les esperaba era mucho peor que aquel impuesto a los impuros en las mazmorras.

El viaje transcurrió con relativa normalidad, hasta que comenzó el frío, al que Dezba no estaba acostumbrado, un frío gélido que se colaba en los huesos y parecía devorarte desde el interior. Ya se encontraban cerca de Todheim, tras unos días de viaje, y la diligencia tirada por banthors lanudos avanzaba por el montañoso paisaje con brusquedad. Para medía tarde habrían llegado, y según les informaron, allí se reunirían con el operativo enviado desde Ciudad Catedral, serían todos puestos al tanto de la situación precisa, en la ciudadela donde se hospedarían, y se les asignaría un líder que coordinaría toda la misión. Antes de salir les otorgaron permisos especiales y sellos de pureza. Aquellos salvoconductos eran como un comodín, carta blanca. Solo los otorgaban en las misiones más peligrosas e importantes donde las normas podían romperse en favor del bien común.

Habían escuchado que el otro grupo se topó con un ataque terrorista en un pueblo cercano a la ciudad. Les habían diezmado y retrasado bastante, pero al menos consiguieron apresar a los Paganos responsables. Debían andarse con ojo, era una situación peligrosa y por las informaciones de las que disponían la concentración de enemigos sería como nunca antes se había visto en una ciudad bastión. Cualquiera podría ser un terrorista pagano, cualquier detalle podría ser una trampa mortal.

El resto del viaje prosiguió sin incidencias. Llegaron a Todheim y las puertas se abrieron a su paso sin necesidad ni de mostrar acreditación. Les estaban esperando, y los emblemas del carruaje eran suficiente. Algo imprudente quizá, pues les convertía en un jugoso blanco, pero el orgullo de los altos cargos a veces les cegaba frente a semejantes estupideces. Continuaron a través de las calles de la ciudad, ascendiendo hasta la zona alta, reservada a la nobleza, los ricos y la Eclesia. Allí se encontraba la ciudadela, enorme… imponente. Se bajaron frente a las  esbeltas puertas, donde se les recibió con suma diligencia y hospitalidad.


=MAXIMILIAN, DEZBA y DARAK=
__________________________________

Cada cual fue conducido a sus aposentos dentro de la enorme fortaleza y se les citó para reunirse en la Sala de Mando unos minutos más tarde, al caer la noche.

Las habitaciones eran apenas pequeñas celdas, pero lujosas y cuidadas. La cama perfectamente hecha, con un somier de ébano labrado y plata, mullidos colchones, almohadas de plumas importadas de exóticas aves de la jungla esmeralda que ofrecían suavidad y un relajante aroma afrutado, sabanas de seda color granate perfectamente embozadas; un escritorio de ébano con una silla a juego, tapizada en aterciopelada piel natural, y un exquisito artesonado de madera en el techo abovedado, que culminaba las columnas de piedra, ascendiendo esbeltas como nervios por las paredes hasta entrelazarse en las alturas con la madera que sostenían. Las ventanas de arco apuntado, podían cubrirse con pesadas cortinas granates, de intricados bordados dorados con motivos eclesiásticos. Aquellas estancias si eran propias de los más honoríficos héroes de la Eclesia, y no las tabernas que habían encontrado durante el viaje.

Al llegar la hora señalada, podrían recorrer los corredores de piedra hasta el claustro central, dónde el frío volvía a dejar patente su marca con los árboles extirpados de su follaje y congelados con estalactitas, mientras una gruesa capa de nieve ocultaba lo que sin duda en primavera sería césped y setos. Al otro lado del claustro se encontraban las salas comunes, los comedores, y finalmente la sala de mando, una enorme cámara con una gran mesa redonda sobre la que descansaba un mapa de Terra a gran escala, grafiado con tinta sobre la piel curtida de un banthor, como si fuese un tatuaje. La piel adherida a la madera negra de la mesa estaba repleta de figuritas de madera negra y mármol rojo jaspeado. Casi parecía un tablero de ajedrez, solo que en vez de peones y alfiles, se encontraban representadas las puertas cardinales y destacamentos de ejércitos eclesiales y paganos.

De brazos cruzados a la espalda, frente al mapa, una figura imponente que solo podía ser el responsable de aquel lugar y líder supremo de toda la orden del martillo. Theodor Cronberg. Toda la estancia circular estaba repleta de columnas y a la espalda de Cronberg se encontraba un tipo misterioso, encapuchado y de cara tapada por la tela, que jugueteaba un afilado cuchillo, solo se podían apreciar sus ojos verdes en la sombra y un mechón de su flequillo, de un verde oscuro que asomaba bajo al capucha.

Tanto los recién llegados de Martillo de Brujas como los llegados de Infernalia se encontraron con semejante escena. Había llegado la hora.

KAREL, ILYA, FRIEDRICH:

=KAREL=
__________________________________

Hacía ya varias semanas que viajaba con Altair y su hermana Megaera, el viaje había sido duro, sobretodo lo acontecido en el pueblo de Vanhell. Pero aquello ya era agua pasada. Se dirigían a Todheim, y ya estaban llegando. Aquellas criaturas que tiraban del trineo en el que viajaban llevaban una velocidad de vértigo, mucho más rápido que cualquier caballo u otros animales de carga que Karel hubiese visto.  Ocho lobos grandes como caballos tiraban del vehículo. Había visto enormes lobos de las nieves en el norte… pero aquellas criaturas no eran iguales, eran mucho más grandes, rápidos, e inteligentes como demostraban obedeciendo las indicaciones de Altair que controlaba el rumbo del trineo meramente silbando a “sus chicos” como él los llamaba.

El frío era cada vez más intenso, la nieve arreciando en una ventisca perpetua, pero nada que no pudieran soportar. No pararon en ningún pueblo, pues los lobos eran rápidos, pronto llegarían a Todheim, y parar a pasar la noche solo los retrasaría. Así fue, como en apenas un día de viaje desde Vanhell, llegaron a Todheim. Por supuesto, la muralla estaba cerrada, y era poco probable que los dejasen pasar, pero Altair tenía otros planes.

Primero pararon el trineo en un bosque algo alejado de la ciudad. Ocultando el vehículo con ramas y nieve, y liberando a las bestias que obedientes se dispersaron por el bosque a las ordenes de su dueño. Tras aquello caminaron hasta las murallas, con la noche estrellada ya sobre sus cabezas y una oscuridad solo interrumpida por los focos de vigilancia que proyectaban desde la muralla. No iban a usar la puerta. Altair poseía una especie de picos, parecían hechos de hueso, pero los clavó en el férreo material de la muralla sin problema, por lo que debían ser enormemente duros. Recordaba a los utensilios que usaban los alpinistas, y con suma pericia pronto llegó a lo alto, con sigilo, los guardias ni siquiera se habían percatado. Lanzó un par de cuerdas que aseguró en lo alto, para Karel y su hermana, mientras preparaba otras para bajar por el otro lado.

En un santiamén se encontraban dentro de la ciudad. Quizá en otras condiciones hubiera sido más complicado acceder, pero el ruido y la densidad de aquella ventisca hacía difícil ver lo que había un par de metros por delante de cualquiera, mucho menos en plena noche.

-Vamos… nos esperan…- Caminaron sigilosos por al ciudad, la cual estaba prácticamente desierta. No era raro encontrar los cuerpos sin vida de algunos indigentes, congelados por no poseer un hogar. Altair desviaba la mirada con ojos  sombríos, visiblemente afectado, pero no podía pararse, ya había pasado la oportunidad de salvarlos. Excepto por eso, la ciudad estaba desierta, al menos la Ciudad Media, pues solo algunas luces se veían en tabernas y bares de alterne. La Ciudadela y Altaciudad si se veían más cuidadas e iluminadas a lo lejos, disfrutando de una posición privilegiada y los lujos de vida que solo los más ricos podían permitirse.

-Es aquí.- Habían llegado a un local de apariencia destartalada, con las ventanas tapiadas por gruesos tablones de madera y la puerta llena de pintadas y abolladuras. Llamó cuatro veces muy seguidas a la puerta con los nudillos, luego una quinta y luego tres más, dejando un par de segundos entre cada golpe. Era algún tipo de contraseña. Unos ojos aparecieron al otro lado, tras abrirse una rendija de seguridad, y al ver de quien se trataba, empezaron a escucharse los ruidos de candados comenzando a abrirse.  Antes de entrar, Karel podría fijarse en un desgastado tablón de madera que colgaba sobre la puerta. “El Cuervo Blanco” venía escrito con humilde pintura pero con una caligrafía muy cuidada que asemejaba la de cualquier imprenta, así como la imagen de un cuervo blanco parcialmente borrado por la humedad.

Cuando la puerta por fin se abrió pudieron sentir el calor del interior de la taberna y la luz de las chimeneas como un destello. –Rápido, entrad.- Quien les abrió era un broken, con el típico atuendo que cubría todo su cuerpo dejando a la vista solo los ojos, con dos iris de un purpura intenso. La única particularidad es que en vez de las sedosas telas de colores que usaban más al sur, allí se cubría con pieles y cuero curtido.  –Aun no ha llegado el resto, pero tienen que estar al caer…- Fue lo único que dijo el broken, mientras les conducía al interior de la taberna. Sumamente acogedora, toda de madera, con cuatro chimeneas, una en cada muro de la cuadrada estancia, iluminando y caldeando todo el lugar, Al fondo estaba la barra con una puerta trasera que iba a las cocinas y el almacén. El resto del lugar era ocupado por grandes mesas de gruesa madera castigada y pulida por los años, así como largos bancos, sillas y taburetes por todos lados. En una esquina, tumbado sobre una de las bancadas y envuelto en pieles de pelaje gris, alguien parecía intentar dormir, acurrucado contra la pared.  


=ILYA=
__________________________________


Sin comerlo ni beberlo, acompañado de su hermana, el mercenario se había visto envuelto en un viaje que lo devolvería a tierras que conocía muy bien. Norskland, las montañas escarpadas, la ventisca infinita, los bosques nevados, la tundra, las praderas heladas, los fiordos… La ciudad de Todheim. Aquel era el objetivo de tan arduo viaje.

Desde que salieron de Martillo de Brujas, habían pasado ya casi dos meses. Se encontraba perfectamente recuperado, y había tomado bastante confianza con sus nuevos acompañantes. Nadine y su banda, los habían acogido como a uno más y desde entonces no paraban de hablar de “la misión” le costó semanas sacarles la información, pero finalmente le hablaron de aquel viaje en el que se iban a encaminar. Su objetivo era Todheim, donde se reunirían con un importante líder pagano. Iban a dar un buen golpe esa vez, algo que según ellos cambiaría nuestra concepción del mundo y nos liberaría de las cadenas opresoras de la Eclesia. Costaba creerlo, pero no quedaba más opción que seguirles. Ahora era uno de ellos, si quería conservar su vida y la de la pequeña Tanya.

El viaje no era tan largo, pero los recursos de aquellos paganos eran escasos. Al parecer se habían desviado bastante del plan original al rescatar a Nadine, y ahora apenas les quedaban fondos para llegar a Todheim. Tendrían que improvisar, y así lo hicieron. Tramos a pie, tramos viajando en carromatos de mercaderes que viajaban entre los pueblos… tardaron semanas en realizar un viaje que de contar con el transporte adecuado podrían realizar en apenas unos días.

Visitaron casi cada pueblo y aldea desde Martillo hasta Todheim, parando más conforme se adentraban en la región norteña de Norskland, donde el frío helaba los huesos y la ventisca dificultaba mucho más el viaje.

Pero todo eso ya quedaba atrás, pues frente a ellos se erigía la muralla. Apenas visible en la noche, más que por las luces que se veían desde la ciudadela y los focos de los vigías del muro, proyectando sus haces de luz deslumbrante en la oscuridad de la noche norteña. La nieve les cubría hasta las rodillas y no paraba de caer más en un violento temporal, con un frío que ni las pieles mas gruesas podían frenar. Ese frío acabaría por matarles si no encontraban pronto refugio, y no parecía muy sensato acercarse a las puertas de la ciudad pidiendo entrar. Aquella era la ciudad militar por excelencia, un grupo tan numeroso de paganos no pasaría inadvertido ante aquellos tipos. La Guardia Teutógena era conocida en el mundo entero por su eficacia y severidad, no podían jugársela de forma tan descarada.

Por suerte, el grupito ya parecía tenerlo todo planeado. Tras esos breves momentos contemplando el muro, giraron hacia las humildes casuchas  exteriores al muro, el Anillo Exterior, donde los más pobres campesinos trataban de sobrevivir al invierno con los recursos acumulados durante la épocas más favorables, ganado con sudor y sangre labrando los campos, cuidando al ganado, pescando o como leñadores.  No había ni un alma en aquellas casas, todas las ventanas oscuras, no mostraban ni media luz bajo el escaso resplandor de una enorme luna llena.  Solo una de ellas seguía iluminada, como esperando. Nadine se aproximó con cuidado, y llamó a la puerta de madera castigada por el temporal.

En silencio la puerta se abrió, y una viejecita de níveos cabellos y humilde apariencia les apremió a entrar a toda prisa. Apenas hubo cruce de palabras alguno, un gesto de asentimiento y una mirada bastaron para señalizar una puerta al fondo de la estancia principal y única de aquel minúsculo hogar. Al abrirla, parecía dar a un cuarto vacío, sin embargo Nadine apartó unas pesadas pieles de lobo que decoraban el suelo dejando a la vista una trampilla, que abrió sin más. Con un gesto sonrió a la mujer que desvió la mirada como si no quisiera saber nada de tan turbios asuntos, y uno por uno se fueron adentrando en la oscuridad de aquella trampilla.

Oscuridad, fría, húmeda y absoluta oscuridad. Parecían estar en algún tipo de pasadizo de piedra bajo el suelo, un paso muy estrecho, y la piedra estaba tan fría y húmeda que de rozarla uno corría el riesgo de quedarse pegado por la congelación. Muy juntos, avanzaron a ciegas por el pasadizo, durante largos minutos, aquello no parecía tener fin, hasta que una luz se vislumbró al final del túnel, era una vela. Como pudieron  comprobar al acercarse, y un Broken, de ojos purpuras que era lo único que mostraba pues el resto de su cuerpo estaba celosamente tapado por pieles y cueros. Les estaba esperando.

-Bienvenidos al Cuervo Blanco…- Le siguieron por unas escaleritas de madera y emergieron por una trampilla idéntica a la de antes. Por fin algo de calor, era una taberna, un lugar lleno de mesas, asientos, una barra y cuatro chimeneas que caldeaban el ambiente de una forma acogedora y reconfortante. La sala estaba casi vacía antes de llegar ellos, solo se encontraba el broken que les esperaba, tres tipos de extraños ropajes de cuero y pieles, y otro tipo de pesada armadura y un espadón radiante. Alguien parecía dormido en una bancada apoyado contra la pared en una esquina de la taberna, pero no se le veía el rostro bajo las capas de pieles en las que estaba envuelto.


=KAREL, ILYA, FRIEDRICH=
__________________________________

-Ya estáis todos, me parece… Axel llegará enseguida.- Comentó el Broken, antes de perderse en la puerta tras la barra.

Friedrich llevaba todo ese rato en aquella taberna, sus implantes no funcionaban demasiado bien con el frío por lo que se había visto obligado a rodearse con pieles para entrar en calor después del largo viaje, acurrucando contra la pared medio adormilado.

Era bastante emocionante pensar en aquello que se avecinaba, aquello para lo que tanta gente se había reunido aquella noche en aquel lugar.  Todheim no era una ciudad rica, no era una ciudad cómoda ni una ciudad lujosa o especialmente bella… pero albergaba algo mucho más valioso. La Puerta del Norte, aquel antiguo artefacto que la Eclesia protegía como oro en paño. Un monumento que generaba la barrera de opresión, el muro que separaba las ciudades humanas del resto del mundo, del mundo libre, el mundo en paz. Pero eso estaba apunto de acabar. Para eso estaban reunidos. El día siguiente, sería un día histórico...

La taberna antes vacía ahora estaba repleta de gente, y Friedrich por fin había recuperado la sensibilidad artificial en sus miembros mecánicos. Quizá era hora de ponerse en pie e interactuar con el resto, sabía que eran aliados, paganos, pero no los conocía personalmente.

Max Brendleins:


Todheim, altas horas de la madrugada, una ventisca y la luz de la luna llena brillando como un faro en la tempestad. Max había salido de su hogar para pasear en la noche bajo el astro nocturno. Aquella tempestad era un suplicio, el frío te mordía como una víbora de las nieves, calándose hasta los huesos, y el viento y la nieve dificultaban el avance e impedían la visión, ya de por si mermada en aquella parte de la ciudad, donde las viejas farolas no iluminaban más que un tenue resplandor blanquecino.

Sin embargo Max se había criado en aquel entorno, sabía como manejarse ante el clima y aquello para él no era más que un día más, una habitual noche de invierno. Nadie más deambulaba por las calles, solo el silencio roto por la ventisca, era una sensación bastante relajante pasear por ese paisaje si uno conseguía sobreponerse a las inclemencias.

Tanta quietud, tanto silencio, la oscuridad, aquello era un desierto, un océano de paz solo poluto por los cadáveres. Una estampa plagada de muerte con los cuerpos que quedaban de indigentes y los más pobres, sin hogar, sin calefacción, congelados. Era una pena, y sobre todo la gente de las zonas menos ricas se apiadaba de ellos, intentaban ofrecerles cobijo, pero cada año eran más las perdidas que se cobraba el invierno. Era un aspecto más de la ciudad, un aspecto detestable pero con el que los habitantes de la misma se habían acostumbrado a lidiar.

Sin embargo un tenue gemido se escuchó por encima de los aullidos del viento y la nieve. Una voz, una voz infantil. No costaría mucho encontrar el foco de aquel sonido. En una esquina, entre dos edificios, casi sepultada por la nieve. Una pequeña niña, pálida, tiritando. Iba a morir. Estaba en las últimas, a no ser que él hiciese algo por impedirlo. Pero toda aquella zona estaba apagada, no había nadie, los comercios cerrados, las familias durmiendo en sus casas. La podría llevar a su hogar, pero estaba demasiado lejos, aquella muchachita no aguantaría hasta allí.

Entonces lo vio, un local, El Cuervo Blanco, una taberna de apariencia abandonada pues sus ventanas estaban tapiadas y su puerta cerrada a cal y canto. Sin embargo… algo de luz escapaba por  las grietas entre los maderos de las ventanas. Había gente allí dentro, y quizá fuesen la única posibilidad de salvar a la niña. Debía conseguir que le abrieran o entrar de alguna forma.


FDI:

-Debéis entender que vamos a realizar este evento simultáneo a las aventuras mientras estas terminan, pero en realidad ocurren semanas o meses después. Hemos procurado que de estar muy al principio vuestra aventura, no tenga nada que ver lo que en ella sucede con lo que va a suceder aquí. De todas formas, os he dejado pinceladas de lo que necesitáis saber al comienzo de vuestro post, sobre todo referido a como habéis llegado a donde estáis. Cualquier duda me podéis consultar por Skype, pm o en el panel de dudas. Podéis usar toda la información que vaya aconteciendo en vuestras aventuras pues será algo que ya haya ocurrido, pero siempre es preferible no meterse en recuerdos ni flashbacks por si algo que aun no sabéis cambia durante la aventura.

-Los grupos de la Eclesia, llegáis a Todheim por la tarde/noche. A ambos grupos, se os recibe con todos los honores, se os da las habitaciones descritas y se os cita para bajar al salón de mando. En el salón de mando os reuniréis todos y podéis interactuar entre vosotros, o hacer lo que os de la gana hasta mi turno donde el Jefazo del Martillo Áureo empezará a hablar explicando la situación.  De hecho, si queréis mantener una conversación, no me importa si posteáis varios post mas cortos, dentro del mismo turno, por ejemplo el grupo de Darak/Dezba podría preguntar a Max sobre lo del atentado, etc... (por dar ideas)

-Los grupos Paganos llegáis a la posada del Cuervo Blanco durante la noche, ya de madrugada. Primero llega el grupo de Karel, a los pocos minutos todo el grupo de Illya. Friedrich llevará ahí desde el principio, envuelto en sus pieles para entrar en calor. Cuando lleguen el resto ya estará lo suficientemente desentumecido como para poder levantarse y actuar con normalidad. Os digo lo mismo que a los otros, podéis hablar, conoceros, contaros vuestra vida o lo que sea. No me importa que hagáis varios post dentro de este turno, al ser un poco de introducción, y es preferible si vais a llevar algún tipo de conversación o dialogo entre vosotros.

Friedrich, como ya he dicho, cuando lleguen ambos grupos ya podrás levantarte, hasta entonces estas paralizado por el frío. Pero podrás escuchar lo que ocurre en la sala (cuando llega Karel y cia) Luego ya te levantas y actúas con total normalidad.  Se supone que eres pagano desde hace mucho, por lo que estarás enterado de los planes que os han traído a ese lugar. Cualquier duda o lo que sea, me preguntas. ^^

-AVISO PARA TODOS: excepto para Friedrich, esta no es vuestra ventura inicial. Eso significa que podéis morir y doy por hecho que sabéis como funciona el sistema de acciones, etc… Si aun tenéis dudas me preguntáis antes de postear, pero no voy a ser blando con errores de ese tipo, ni con locuras onrol, comportamientos excesivamente temerarios, etc. Es un juego sí, pero dentro de lo que cabe vamos a intentar hacerlo realista en lo que a heridas y tal se refiere, así que usad la cabeza antes de actuar. ((Y no me refiero a dar cabezazos, que os conozco))

-Habitualmente los turnos serán de 10 días salvo excepciones en las que pueda alargarse o acortarse el plazo. Este primer turno puede ser una de esas excepciones, pues espero que interactuéis un poco entre vosotros como si fuera un tema libre antes de intervenir yo.




IMAGENES DE PNJ:

séquito inquisitorial que acompañan a Darak y Dezba:

Talia Ashlyn, Inquisidora de Primera Clase.



Gregor Sidonus, Inquisidor de Segunda Clase y mano derecha de Talia:



Vallen Rotheron, Inquisidor de Segunda Clase



Kaminska Garrum, Inquisidora de Segunda Clase


Anais Stern, Inquisidora de Tercera Clase



Walden Ashbury, Lord Apotecarium Hospitaller

Banda Pagana liderada por Nadine, que acompaña a Ilya:

Nadine, líder.



Plurgg, miembro de la banda de Nadine



Lethoreff, miembro de la banda de Nadine



Lilith, miembro de la banda de Nadine



Lara, miembro de la banda de Nadine



Jeff, miembro de la banda de Nadine



Kuzza, miembro de la banda de Nadine



Yasmin (Broken), miembro de la banda de Nadine

Hermanos Cloudfield, Paganos que acompañan a Karel:


Altair Cloudfield


Megaera Cloudfield

Grupo de la Eclesia que acompaña a Maximilian:


Selena Blackmaw, Inquisidora de Segunda Clase. Cazadora de Brujas.



Jared Benditch, Exorcista.



Alric Truefort, Guardia Teutógeno



Grace Buckley, Monja de la Cámara Hermética.

Nuevos PNJ del post:


Theodor Cronberg, lider supremo de la guardia Teutógena y de la orden del Martillo Aureo
Cara
Armadura y pieles


Hombre misterioso que juguetea con un cuchillo tras Theodor, medio en las sombras apoyado en una columna.



Niña que Max tiene la opción de rescatar
Solo que imaginadla después de haber pasado una hora dentro de un congelador.
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Re: [EVENTO DECISIVO] "Aurora Boreal" [Puerta del Norte-Todheim - 1 de Enero - 898 d.G

Mensaje por Karel Stark el Lun Ago 18, 2014 4:49 pm

Los viajes no eran algo extraño para Karel, sin embargo, estaba acostumbrado a viajar más ligero que en aquella ocasión.

Era un extraño cambio de tendencia, pero no uno desagradable: Hacía mucho tiempo que Karel no viajaba en compañía de nadie, de modo que tener alguien con quien hablar, discutir puntos de vista, e incluso jugar a algo en los tiempos muertos, era un cambio más que apetecible. Sabía perfectamente que la naturaleza de lo que estaban haciendo no era exactamente el placer y que se habían enfrentado a diversas tribulaciones durante el camino, algunas de ellas incluso le habían llevado a plantearse hasta cierto punto si había tomado una decisión adecuada pero, en el fondo, sabía que una vez había decidido su camino debía seguirlo hasta su conclusión, así que era más positivo para todos centrarse en los aspectos que podían convertirse en motivos para continuar adelante que no en aquellos que los desalentaran. Puro pragmatismo, si tenía que decirlo.

Durante el viaje, había visto muchas cosas, pero pocas tan magníficas como aquellas bestias que les estaban sirviendo como fuerza motor para el trineo: Aquellos lobos le recordaban a los lobos de las nieves de su tierra natal, pero eran al mismo tiempo incomparables a estos, más rápidos, inteligentes, y mucho más grandes. En algún momento Karel se tuvo que plantear cómo unas bestias tan majestuosas como aquellas servían a los hombres cuando, en sus tierras, seguramente se les rendiría algún tipo de pleitesía como animales sagrados, lobos del Carro de los Dioses, pero aquella tierra era muy distinta a aquella en la que se había criado, de modo que sólo pudo mirarlos con fascinación. Aprovechó algunos de los momentos en que los animales se detenían para acariciar su pelaje y tratar de saber qué pasaba por sus cabezas pero, en el fondo, sabía que el tiempo que pasase con ellos sería breve.

Cuando finalmente se separaron de los animales, los vio perderse en la lejanía, pero no había tiempo para despedidas. Altair fue el que abrió el camino para escalar la muralla y, aunque Karel tenía ciertos reparos a tener que cruzar de aquella forma, tampoco había nada que pudiese hacer para impedirlo: No era un criminal, ni consideraba que ninguno de ellos lo fuese, pero tampoco era probable que pudiesen atravesar las murallas simplemente pidiéndolo amablemente. Y, poco después, estaban ya en la ciudad, donde las visiones de pobreza y miseria se encontraban por doquier... El propio Karel no podía hacer nada por esas pobres almas ya, que habían partido mucho antes de que llegasen, pero igualmente rezó para que sus almas encontrasen el reposo y la paz que no habían logrado en vida, esperando de corazón que la Diosa pudiese acogerlas en su vientre para insuflarles nueva vida en un lugar donde no sufriesen tales penalidades, o llevarles al Vergel donde aquellos que recibían su bondad descansaban por siempre libres del sufrimiento de una vida terrenal. Nada más se podía hacer por ellos, más que eso... Por ahora.

Y finalmente, la taberna. Karel se fijó en el nombre de la misma, "El Cuervo Blanco", pero cualquier idea de que aquello era un lugar de encuentro corriente que pudiese tener se disipó como la nieve en un lugar soleado cuando se dio cuenta del método, casi ritual, que era preciso para entrar en la taberna. Era evidente que, cualquiera que fuese el motivo de la reunión allí, era clandestino, pues de lo contrario tomar tales precauciones no sólo sería innecesario, sino también contraproducente. Sin embargo, no hizo más que guardar silencio y entrar por la puerta, para ver que el ambiente en el interior era de júbilo, mucho más animado que en el exterior. Era casi poético, pero poco podía decir él, que había acabado en aquella situación sin saber exactamente qué era lo que habían ido a hacer allí. Aunque, si no le fallaba el instinto, parecía bastante evidente que se trataría de algo, en el mejor de los casos, ilegal... Y en el peor... Apenas quería pensarlo.

Pero fuese como fuese, él era un caballero. El Caballero de la Diosa, un paladín cuya misión era la de proteger el mundo y sus gentes. Era la razón por la que estaba allí. Tan pronto hubieron entrado pues, Karel localizó un lugar donde pudiesen sentarse y, antes de hacerlo él mismo, apartó una silla, mirando a lady Megaera, la hermana de Altair.


- Sentaos, milady. Altair, espero que no os importe que aguarde a que ambos os sentéis para hacerlo yo. Quisiera observar un poco más el lugar antes.


Si bien era sincero, la razón de haber ofrecido el asiento a Megaera y Altair era algo distinta a la que había dicho... Cortesía, principalmente, como se esperaría de un caballero. Sin embargo, era consciente de que la gente con la que viajaba era poco dada a ese tipo de amabilidad, o códigos que incluso para aquellos que lo conocían desde hacía tiempo eran intrincados, a veces incluso absurdos, de modo que la mejor forma de cumplirlos sin incurrir en un insulto era disfrazar de aquella forma sus intenciones. Tampoco es que estuviese mintiendo, había mucha gente allí que llamaba su atención, así que al menos en ese sentido estaba justificado.

Tan pronto lady Megaera y Altair se hubiesen sentado, asumiendo que lo hiciesen, Karel se daría una vuelta por la taberna. Sobre todo, le preocupaba aquel tipo envuelto en pieles, que parecía dormir en una de las esquinas. Por lo que sabía, podía estar incluso muerto, y Karel preferiría cerciorarse de que estaba bien, así que fue en su dirección. Cuando estuviese lo bastante cerca, le pondría una mano en el hombro y lo movería con delicadeza para intentar despertarlo y saber si requería algo de él. Conociendo aquella ciudad, podía fácilmente ser un indigente, que necesitaría una comida caliente y algo de beber. No tenía mucho, pero al menos eso se lo podría pagar. Creía. Y dudaba que Altair fuese a poner inconveniente para ello.
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Re: [EVENTO DECISIVO] "Aurora Boreal" [Puerta del Norte-Todheim - 1 de Enero - 898 d.G

Mensaje por Friedrich Von Faust el Miér Ago 20, 2014 5:28 pm

Las noticias en el mundo a veces recorren las distancias como la pólvora, un día parten de su destino y a los pocos, ya han cruzado y abarcado con sus chismes toda la extensión que fuese necesaria para darse a conocer, como si fueran viejas chismosas o políticos. Para Friedrich eso venía como anillo al dedo, de no haberse enterado, a lo mejor estaría pasando los días como un desocupado, sin nada que hacer mas que holgazanear en soledad. Los sucesos en su vida en en general eran la misma monotonía que se podría concebir para un ser humano, aunque un poco a la inversa según la ocasión, correr, esconderse, hacerse pasar por otras personas; aburrirse viendo pasar personas por las avenidas, calles y demás laberínticos lugares que podrían concebir los hormigueros a escala mayor que formaban las ciudades de cualquier lugar; una vida de nómade, que un día se encontraba en un lugar, al otro día, en otro aún más alejado, pero cierto era que pocas veces permanecía mucho tiempo en algún sitio, y eso era lo único que le favorecía a no realizar alguna locura por aburrimiento.

En principio, apenas era creíble lo que llegaron a sus oídos, por ciertas aves mensajeras que hacían correr ciertos rumores como si fuese la misma onda expansiva en alguna explosión violenta. Primero conmocionó sus oídos, y luego su mente fue la sufrió una alegría inmensa, y una emoción aun mayor a lo anterior, al darse por enterada de una parte de la situación; pero desconocía en exceso los detalles como para patear tierra de forma definitiva, tenía que informarse más; pensó en su posición desde el sofá de su escondite varias noches atrás. Así fue como el día siguiente, apenas despertó de sus pocas horas de sueño mal descansado por el insomnio, movió ciertas redes invisibles de contactos para agenciarse una cita con el promotor de los rumores. Cerca del medio día, ya se encontraba en los barrios de la baja ciudad de Storby para enterarse con sus propios oídos mecanizados como iba la situación.

Según lo que le dijesen, esa podría ser una de las pocas oportunidades que podría aprovechar para llevar a cabo una parte de sus sueños, y si era como lo decían las malas y buenas lenguas que tanto le había susurrado al oído detalles sueltos de ello, no podría desaprovecharla. Entre el reguero de personas de la avenida, entre vagabundos y delincuentes, o bien unos con ambos oficios; entre personas comunes y honradas, y otras no tanto; buscó con interés, aguzando la mirada de su vista para intentar reconocer a cualquier persona con las señas que le habían dado. Tenía que buscar a un hombre llamado Ristlepin, poco le importaba si ese fuese su nombre de pila o su nombre real, por más ridículo que lo hiciese sonar cada vez que lo pronunciaban; además, el hombre vestiría con un extraño vestido de tela holgada, al más puro estilo faldón femenino, de color púrpura. Entre tanto lo que ocupó de manera fugaz sus preocupaciones, fue algo que le vino a lo más trivial que podría ser la situación, y es que su “conciencia” había parado de darle órdenes desde hacía un tiempo considerable y prudencial como para auto considerar que algo iba mal, y que estaba “enfermo”.

Sin llegar a darse cuenta, se encontraba recostado en una pared garabateada con graffitis, muchos pintados con tonterías variadas, iniciales firmadas en la pared, mensajes con contenido soez en muchas ocasiones, dibujos abstractos sin nada entendible, un farol del tendido eléctrico alumbraba la escena pobremente, desde la entrada de un callejón que se encontraba a escasos metros a su derecha. De pronto, una mano le tocó el hombro con brusquedad, halándolo con poca cortesía unos centímetros, hasta que paró en brusco volteando a mirar con furia.

-¿Es el tal Friedrich? - Dijo una voz gangosa detrás de una máscara, bajando un poco la mirada pudo notar la extraña vestimenta que concordaba con la descripción que le habían comentado.

-Sí, lo soy. ¿Ristlepin? -  Detrás, en el medio del callejón, se podía escuchar el ruido de las ratas revolcándose entre basura; Ristlepin le invitó a seguirla al callejón, y cuando entraron en él, se podía escuchar con mayor claridad el ruido del centenar de personas que transitaban la calle de un lado a otro, pero no como un ruido estridente común, sino amplificado de cierta forma con un eco. - Ahora podemos hablar más tranquilos. ¿Qué deseas?

-Me han atraído los rumores, un día en X lugar, hace semanas, tal cosa se me fue dicha; que iba a suceder algo gordo en Todheim, que sucedería en pocas semanas, que sería de gran importancia para todos. Otro día, hará dos o tres lunas sucedió lo mismo. Al grano, me informaron que sabías mucho, y quiero saber que tan cierto es. - Pausó su monólogo por un momento, escrutando con sus ojos tras la máscara a las reacciones del otro.

-¿Cierto? Puede ser, quizás podrías averiguarlo por ti mismo. - En ese momento, Friedrich sacó de su bolsillo una talega pequeña, la sacudió en su mano sopesándola mientras seguía con la vista las reacciones oculares del otro.

-Aquí tengo 10000 terrans, en monedas de oro; infórmame más.

-Los detalles no los sé; algo de una reunión en “El cuervo blanco”, una taberna. - Risteplin miró la bolsa, esperando una recompensa, pero la férrea mano de Friedrich le tomó con dureza por la muñeca derecha, alzándolo con fuerza, y acercándose al oído, le susurró una advertencia en tono amenazador. - ¿Eres diestro? ¿Sí? - Ayudado por su puño golpeó duramente el codo de Risteplin, de lo cuál sólo se escuchó un sonoro “crack”, para luego poderse apreciar el brazo en una extravagante posición anormal y un grito estridente de dolor. - Si esto no es verdad, te buscaré por hacerme perder mi tiempo... - Al decir esto, tomó con la mano libre la máscara que cubría la faz de Risteplin, y la arrancó con un movimiento rápido, dejando ver entre la penumbra y la soledad del tugurio la faz del hombre, era una mujer.

-Bueno, nos vemos, querido Risteplin. Recuerda, te buscaré luego. - Se sonrió para sí mismo, y se marchó luego por donde había venido. Por su cabeza cruzaba una excitación cada vez mayor que lo convencía por momentos de irse lo más rápido posible hacia el norte, iba a ser una travesía larga, lo suficiente como para tener que predestinar una parte de sus ahorros personales hacia ese propósito.

Hubo llegado a la posada donde se hospedaba en la noche, luego de ir a diversos sitios que le servían como banco personal, no eran más que pequeños escondrijos dispersos siempre en lugares poco esperados. Un árbol en algún lugar, callejones específicos donde nadie pensaría que hay una pequeña fortuna escondida, hacía eso siempre que se mudaba de ciudad, y se procuraba el retirarlos todos cuando requería mudarse de forma rápida.

Antes de entrar al relativamente moderno edificio, retiró la máscara blanca de su cara, la depositó cuidadosamente entre sus ropajes, y entró. Cuando entró un pestilente hedor le golpeó como una bofetada, era casi una mezcla entre algún tipo de incienso, mezclado con el tabaco que se consumían en la estancia, que hacía mucho las veces de bar improvisado. Una tenue luz verde iluminaba pobremente todo, dejando entrever en unas mesas a cinco personas dispersas, charlando en voz baja entre sí. Caminó por un momento entre el casi silencio sepulcral que se mantenía en esa sala, cuando fue llamado por una voz familiar.

-¡Ah! El señor Faust. Venid, sentaos.
- Habló alguien desde la mesa del fondo a la derecha, apenas era perceptible una silueta oscura entre tanta oscuridad, pero ajustando de forma veloz la tecnología de su visión pudo divisarlo en el espectro de gama de visión nocturna; era el dueño del local, un hombre ya mayor con el que había tenido oportunidad de cruzar palabra en algunas ocasiones, más que todo por obligación. - Chiquillo,apártale tu asiento al señor Faust, necesito hablar con él. - Ordenó luego a su compañero de mesa, alguien de apariencia joven que se retiró y colocó luego detrás de él, como si fuese un guarda espaldas.

-¡Oh! El señor Walsh. Buenas noches, ¿cómo está? - Dijo fingiendo falsa cortesía y esbozando una sonrisa, al tiempo que se sentaba y cruzaba las manos frente a su cara.

-Muy bien, ¿y usted?

-Se podría decir que bien. Debo informarle, dejaré la ciudad por algunos negocios y por tanto, dejaré de hospedarme en su residencia.

-¿En serio? ¡Vaya! ¡Qué lastima! Yo quería agradecerle su constancia con nosotros y... bueno, qué más, la verdad quería decirle que cerraría la residencia por motivos casi idénticos a los suyos, ¡qué bueno que no habrá contratiempos entonces! - Sonrió el señor Walsh. - ¿A dónde irá? - Preguntó luego a Friedrich, el cual hizo sin querer una mueca de disgusto, que rectificó luego, no sin antes darse cuenta su anfitrión – Si no es mucha molestia el decírmelo, claro.

-¡Oh! No se preocupe. Tengo pensado partir mañana hacia Todheim y...

-¿Todheim? Supongo que tendrá prisa, pronto comenzará el invierno. Como sabrá, el invierno en Todheim es especialmente duro y devastador. - Mencionó el otro; era algo que no se había pasado antes por la mente de Friedrich, y que ahora le abofeteaba con elegancia. Nunca había probado si sus implantes funcionarían en un frío tan extremo; y tampoco sabía si él funcionaría en un frío extremo.

-Hmmm, tiene razón, creo que buscaré la forma más rápida de llegar.

-Precisamente, señor Faust, mañana me dirijo yo también hacia Todheim, puede, si quiere, acompañarme en mi carruaje, será un viaje lo más corto posible, se lo prometo. - La opción que le ofertaba no era del todo mala, y en todo caso le ofrecería una gran ayuda para concretar sus planes.

Esto se presenta muy oportuno, no perderé mucho tiempo en buscar transporte...

-Sea, pues, pero permitidme compensarle económicamente los gastos; compartamos el costo del transporte.

-Oh, no. No hay necesidad. Señor Faust. - Miró el reloj en su muñeca. - Ya es tarde, supongo que estará cansado, puede retirarse a su aposento, mañana temprano le avisaré, por si acaso prepare sus cosas desde hoy. - Se despidió estrechando su mano, y dando un respingo al sentir la extraña sensación metálica bajo los guantes de Friedrich. - Hasta mañana.

-Hasta mañana, y muchas gracias, señor Walsh. - Se paró después de que el señor Walsh se marchara, había algo que se le había olvidado, y era camuflar los sospechosos ruidos que provocaba al desplazarse, chirridos metálicos de distintos motores y partes al moverse en conjunto. Por poco y se quedaba pálido por su descuido.

La verdad es que esto nos viene a juego.  - Habló su conciencia mientras estaba por el pasillo. Se quedó viendo fijamente la alfombra de decorados amarillos y escarlatas. El pasillo estaba considerablemente mejor alumbrado por lamparas de que irradiaban luz amarilla a intervalos regulares, cada tres puertas; parecería poco una casa de huéspedes de la baja ciudad con esos aspectos.

-¿Dónde te habías metido? - Susurró para sí mientras reanudaba su caminata y preparaba la llave de su habitación, la número 5.

En algún lugar... - Respondió la otra mientras Friedrich abría la puerta lentamente, en conjunto con el “click” de la cerradura al abrirse.

-Pues supongo que estarás enterado de todo, ¿no? - Sonrió al fin pasando por la puerta y cerrándola tras de él, se recostó entonces contra la puerta, subió luego el brazo y posó con suavidad la palma de su mano abierta sobre su cara. Entonces se soltó en una pequeña risa de placer.

-¡Ese viejo decrépito nos ahorrará mucho esfuerzo! - Habló casi entre susurros. Su “conciencia” se calló por un rato. - ¿Sabes?

¿Qué sé? - Respondió.

-Ésta es una de esas oportunidades que no se dan a diario, ¡todo se confabula para que cumplamos nuestra voluntad! ¡¿No lo ves?! - Se volvió a responder con gran fervor, casi como un fanático y sonriendo cada vez más ampliamente. Apagó entonces de forma repentina sus ánimos, dejándose caer sentado sobre el tapete, quedándose dormido por un momento al instante. Cuando despertó eran cerca de las cinco de la mañana, y alguien tocaba la puerta.

-¿Está el señor Friedrich? - Preguntó una voz ronca.

-Ya salgo. - Dijo levantándose y arreglándose un poco la ropa.

-El carruaje del señor Walsh espera afuera.

-Muchas gracias, ya saldré.

Se miró al espejo del tocador, al lado de la cama, esperaba ver algún cambio significativo por alguna corazonada. Por un momento pudo notar como su agitada expresión se tornaba en una expresión de horror, como de un miedo infundido por alguna presencia extraña. Se llevó las manos al rostro desesperado, y cuando las volvió a bajar, todo estaba en la normalidad. Volvieron a tocar la puerta, momento en el que la abrió.

-Señor Friedrich, buenos días, pensaba que algo le había ocurrido.


-¡Oh! Señor Walsh, no, solo un contratiempo, podemos marcharnos ya. - Hizo un gesto con la mano, invitándolo a caminar delante, y por un momento, mientras iban del corredor a la sala de recepción no cruzaron palabra.

-Supongo que el viaje nos llevará cerca de tres semanas; iremos en carruaje tirado por caballos, y si no tenemos ningún contratiempo podrá regresar pocos días después de iniciado el invierno. ¡Eso es horrible! Las tormentas de nieve azotan cruelmente esa ciudad todos los años. - Habló el señor Walsh intentando sacarle un tema de conversación.

-¿Tres semanas? Era de esperar, la distancia es muy larga.

-Lo es, alargándonos podríamos incluso llegar en pleno invierno, pero supondría que a ambos nos llevan motivos muy urgentes. - Se paró y abrió la puerta del carruaje.

-Usted primero.
- Dijo Friedrich, entrando luego de que el señor Walsh entrase. Luego el carruaje puso marcha a través de las calles de Storby, la cabina del vehículo se mantuvo en silencio por varias horas, cada uno de los ocupantes mirando por su lado de la ventana desinteresados del otro, pero fue Friedrich el que rompió el silencio.

-Y, ¿qué motivos le llevan a Todheim?

-Soy coleccionista de distintas artes, se podría decir que me agenciaré un fresco de antiquísima edad y exquisitos detalles, ¡estoy muy emocionado! - Respondió el otro - ¿Y a usted?
-Podría decir que el negocio de la familia es de distintas tabernas y comercios por el continente. - Mintió Friedrich. - Y es de urgencia que yo me ocupe en esta temporada de la sucursal de Todheim.

-¿Pero eso no implica quedarse hasta pasado el invierno?

-Puede ser.

-Ánimo si así será; yo no concibo quedarme más de lo necesario en las tierras del fiordo.


Friedrich no respondió. Apoyando el codo en los brazos del asiento se quedó mirando los exteriores, era casi de noche y estaban cerca del anillo exterior cuando cayó el ocaso, momento en que un bache hizo sacudirse violentamente al carruaje, haciendo que todo Friedrich se sacudiera y emitiera un sonido metálico pesado, como barras de hierro chocando entre sí.

-He notado ese sonido en muchas ocasiones, señor Friedrich. ¿Lleva usted armadura consigo? No, posiblemente no sea armadura... - Los ojos del señor Walsh se clavaron desde el otro lado del asiento en los de él. - La sensación de su mano no es humana, ¿sabe?

-Perdí mucho en un accidente. - Volvió a mentir, mientras por su mente pasaba la típica frase: Ojalá se calle de una vez.

-Ya, supongo que no querrá hablar del tema.

El viaje continuó por tres semanas más, parándose en distintas ocasiones en pueblos dispersos a cambiar los caballos por unos de refresco, y a comprar suministros según fuese dándose la ocasión, pero nunca pararon más de unas horas para esos propósitos, salvo que ya fuese de noche, ocasiones en las que se hospedaron en diversas tabernas. El viaje fue extenuante, y era común que se despertase a mitad de la madrugada por un pedrusco que hiciese saltar al carruaje.

Poco era resaltable del viaje, salvo un sueño que le atormentó por diversas noches; se veía inmerso en una oscuridad infinita, la cual lo abrazaba, lo estrujaba como si fuese un ciego palpando en busca de algún objeto perdido. La oscuridad lo oprimía, la sensación de falta de aire era cada vez mayor. La oscuridad lo aplastaba, se sentía sumergido bajo toneladas y toneladas de rocas. De pronto, todo se sacudía en una avalancha de luz.

Pero esa luz también era pesada, más pesada que la anterior oscuridad. La luz lo arrastraba, mientras cegada se dejaba dirigir por aquella vorágine, casi parecida a un tornado, mientras era arrastrado en una espiral, cada vez más hacia el centro del vórtice.

Todo cambiaba entonces, abriendo los ojos y mostrándose enfrente de él un ente oscuro, de proporciones gigantescas, el cual lo mantenía de pie sobre la palma de su mano, que aparentaba medir centenas de metros. Frente a sí, el demonio elevaba su mano hasta la altura de sus ojos, ascenso que duraba horas, hasta finalmente tener enfrente de él unos ojos enormes, que irradiaban luz rojiza, como si fuesen el mismo sol. Cegado por la luz, era entonces dejado caer hacia un precipicio, durante otras muchas horas de descenso. Cuando al final tocaba suelo, su cuerpo se desintegraba, y volvía a estar otra vez de frente a los ojos del demonio, el cual, hablaba, exhalando de sus fauces gigantes calor que sería capaz de derretir al mundo, mientras le decía: “Eres mío”.

Despertó sobresaltado. Casi un mes había pasado ya desde que partieron de Todheim. El señor Walsh le tocaba el hombro, mientras por la ventana la luz del amanecer entraba tímidamente, dejando ver por entre los árboles de coníferas cubiertos de nieve la lejanía de la ciudad de Todheim. Friedrich se llevó la mano a la barba, que había crecido desmesuradamente en las últimas semanas. Podía notar como el frío empezaba a entumecerle los nervios. Sus extremidades apenas reaccionaban, muchas veces lo hacían con varios segundos de retraso. Intentó mover los dedos de la mano izquierda, lográndolo con mucha dificultad.

-Señor Friedrich, poco falta para llegar a Todheim.

-¿En serio?

-Sí. Desde esta posición se puede apreciar el precioso Fiordo de Volkfård, ¿lo ve?

Se podía apreciar poco a poco, como el sol refractaba su luz sobre las gélidas aguas de la costa.

-Lo veo.

-Posiblemente lleguemos al medio día. - Cortó rápidamente el otro. Al medio día estaban ya pasando los controles en la puerta, no fue muy tardío, salvo por la cantidad ingente de personas haciendo cola de espera con diversidad de carretas, posiblemente comerciantes. Cuando por fin hubieron llegado a lo que era el “centro” de la ciudad media, habló el señor Walsh nuevamente. - Este se podría decir, es el centro de la ciudad media; no le será difícil llegar a donde quiera desde aquí.

-Le agradezco mucho. - Hizo una reverencia y dio media vuelta. - ¿Señor Walsh?

-Dígame.

-De ser posible, algún día le remuneraré todos los gastos. - Mintió. Luego empezó a caminar sin rumbo alguno durante varias horas, preguntando a las personas que parecían animas en pena por aquella ciudad. Durante otras tantas horas, deambuló perdido. El invierno ya tocaba las puertas, y él lo podía sentir cada vez peor con cada ráfaga, era como sentir pequeñas agujas gélidas clavarse a través de la ropa en la piel.

Siguió vagando hasta caída la noche; el frío le imposibilitaba moverse, y arrastrar un pie o mover un brazo se tornaba una titánica tarea. Nunca se le habría cruzado por la mente que sus implantes se verían afectados por el frío extremo de aquella ciudad, estaría a punto de perecer, como uno más de esos vagabundos que se encontraban tirados por callejones y tugurios si no encontraba refugio, pero  eso era también una labor difícil, se encontraba perdido.

Estamos pasando dificultad.

-Cállate, inútil. Ya lo encontraremos. - Respondió en voz alta. - Tengo una corazonada, pronto llegaremos.

No sé...

A la lejanía, todas las luces de las casas parecían apagadas, como si nadie viviese en ellas, con apariencia de abandonadas, mientras el viento seguía soplando con más ímpetu desolador. Siguió caminando entre la cantidad de vagabundos que languidecían de frío entre los callejones, hasta que logró ver una especie de choza abandonada. Más que una choza, era una especie de casa con apariencia abandonada, tapiada por todos lados y que podría servirle de refugio. Sacó la fría máscara de su bolsillo, donde la guardaba siempre. Se la puso, mientras arrastraba los pies por la nieve, dejando un rastro profundo; más que caminar era como si llevase unas pesadas anclas.

Llegó jadeando hasta la puerta. La hubiera tirado de un golpe si sus fuerzas no se hubiesen visto tan mermadas; un solo puñetazo sirvió como brusco llamado a la puerta en su intento desesperado por derribarla. Se mantuvo un silencio cada vez mayor, esta vez sus ojos empezaban a fallar por el frío, viendo por momentos detalles borrosos, o simplemente oscuridad. Cuando por fin alguien o algo abrió la puerta, solo logró ver un bulto raro, y tras él, en un tablón, lo que parecía ser un cuervo blanco.

-¿El cuervo blanco? - Murmuró en sus últimas fuerzas – Lo llevo buscando desde hace tiempo...

Sus piernas y brazos cedieron al frío y ya no respondieron; sus ojos siguieron el mismo camino al poco tiempo, quedándose totalmente ciego. Cayó como un tronco frente al hombre que tenía en frente, y no tardó luego en desmayarse del cansancio.

Despertó momento antes de que el grupo de Karel llegase al lugar. Se encontraba envuelto en sabanas, ciego como antes e inmóvil, como un minusválido.

-¿Cuanto tiempo llevo así? - Preguntó en voz alta, no espero respuesta, al instante intentó moverse, pero no pudo. Prefirió quedarse quieto al final.

De seguro esto pasa por el frío. Debe ser la congelación. Si me quedo reposando un momento luego podré recuperar la conexión de los nervios con los implantes. Lo que me tiene en desconfianza es acerca de dónde estoy. No sé si he llegado o no al lugar equivocado. ¿Qué es esto? - Se acurrucó más contra la pared, tanteándola con el cuerpo.

Escuchó entrar personas. No sabía cuanta gente había en la sala, pero poco a poco empezaba a sentirse más en el control de sus facultades. Sintió a alguien tocándole en el hombro. Reaccionó.

-¿Eh? ¿Qué pasa? ¿Quién está? - Preguntó. Abrió los párpados, pudo empezar a notar que recuperaba la vista; intentó mover un dedo de la mano izquierda, consiguiéndolo con un poco de esfuerzo. - El frío me ha afectado, estaré recuperado en un momento. - Se intentó decir para sí mismo, pero lo dijo sin querer en voz alta. Al poco rato sintió otra vez entrar a un grupo, pero ésta vez más numeroso.

Se cercioró de que podía moverse, cuando se dio cuenta de que sus implantes respondían como era debido; se paró y se quitó todas las pieles en las que estaba envuelto. Los miró a través del hueco para los ojos de su máscara, a todos y cada uno. Era un grupo numeroso.

Se supone que estoy en el sitio correcto. De ser así, todos estos son paganos que han venido quizá por la misma razón que yo. Cruzó sus brazos, y les miró antes de ponerse a hablar.

-¿Este es el Cuervo Blanco? - Preguntó - ¿Estáis todos por la misma razón que yo? Veréis, expresándome mejor... - Miró alrededor, y se centró luego en el hombre envuelto en pieles y cueros curtidos. - ¿Estamos todos aquí para lo que se me informó? No concibo nada mayor aquí, por lógica, que algo de mucha envergadura. Todheim es un pueblo pobre, y sería un malgasto de tiempo y recursos reunirnos todos aquí por una razón vana, pero quiero cerciorarme, porque a mí solo llegaron rumores simples, en Storby, y me expuse a una travesía larga y peligrosa durante casi un mes para averiguarlo por cuenta propia, compañeros. - Odiaba hablar tanto de sus razones frente a personas desconocidas, pero tenía que darse por enterado de todo antes de hacer algo.

Spoiler:

Perdonad si me he tomado demasiada libertad interpretativa, pero me costaba mucho el encontrar una forma de que Friedrich hubiese llegado, teniendo en cuenta que tampoco estaba en un sitio determinado.
Perdonad mil veces si he manipulado algunos PNJ que no existiesen de antemano, de igual forma, era para darme un poco de solidez a la interpretación.

Un saludo.

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Friedrich Von Faust

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Re: [EVENTO DECISIVO] "Aurora Boreal" [Puerta del Norte-Todheim - 1 de Enero - 898 d.G

Mensaje por Dezba Wakanda el Lun Ago 25, 2014 10:27 pm

Zeo se levantó, apoyándose en su bastón. Ambos avanzamos, arrastrando nuestros pies por la nieve. Mi mentor me instó a mirar hacia arriba. Unas grandes puertas se estaban abriendo ante nosotros, lentamente. Estaban cubiertas de nieve, y por las numerosas astillas, pude deducir que eran de madera de poca calidad o bien muy antiguas.

Una voz de ultratumba nos invitó a entrar. Cuando lo hicimos, revisé la sala con la mirada. Era como aquel palacio, pero mucho más antiguo y pequeño. En el extremo de la estancia estaba situado un gran trono de piedra, y en él, una extraña figura encapuchada. De repente, el encapuchado emitió sonidos:

-Os preguntaréis porque os he llamado.

Ambos asentimos. Entonces, la figura se levantó lentamente y se deshizo de sus vestimentas. Y fue entonces cuando el ciber-cuervo gigante se abalanzó sobre mí, gritando:

-¡Es la hora!

Acto seguido, comencé a correr como alma que lleva el diablo. Pero aquel cuervo me alcanzó antes y, utilizando su peso, me redujo y empezó a picotearme la nuca. Era un dolor insoportable, y no podía dejar de gritar...
...hasta que desperté.

Estaba en una caravana, tapado por innumerables mantas, pero ninguna conseguía que la sensación gélida que había invadido mi cuerpo desde que dejamos Martillo de Brujas lo abandonase. ¿Qué hacíamos allí, te preguntarás? Es simple. El hijo de perra misericordioso de Karmikov había decidido recompensarnos con otra batalla campal, justo después de recuperarme de la primera.

"¿No es genial?",
pensé. "Ahora tengo la oportunidad de perder los dos brazos." Hablando de eso, el dolor en mi brazo izquierdo no había cesado, a pesar de estar del todo recuperado, y el frío solo lo acentuaba. Cada vez que cubría mi nariz con la mano para ahogar un estornudo no podía evitar preguntarme si Munch no habría tenido algo que ver con ello.

"Señor Munch, soy especialmente sensible al frío.... Imbécil. ¿A quien cojones se le ocurre decirle eso a uno de los tipos mas influyentes del continente? Me habría salido mas a cuento mearle en la boca, al menos ahora no tendría que ver como mi aparato reducía su tamaño hasta alcanzar la media de Laursia."

Anaís estaba a unos cuantos metros de mí, fumándose uno de sus pitillos. Le lancé un silbido, y cuando me respondió, aproveché para pedirle un cigarro.

Una vez me lo hube fumado, y con los nervios calmados, aproveché para dar una vuelta por la superficie de la caravana, procurando no caerme. Fue entonces cuando vi a Darak a lo lejos. "Tengo la impresión de que ese broken va a traerme muchos problemas. Al menos no parece demasiado... perspicaz. Y no es que tenga el carisma de alguien hermoso. "

Además, si la inquisición tuviera que decidir entre quien era culpable, alguien de su raza o un broken... Eh, no me malinterpretes, no soy racista. Pero era de los pocos que no lo eran en aquel nido de víboras, y al menos ese era un punto a mi favor. Y quería pensar que el hecho de haber asesinado a mi gente por orden expresa de la Eclesia también sería algo a tener en cuenta.

Justo antes de llegar hasta mi querido, bello e inteligente compañero broken, la caravana se paró bruscamente. De no haberme sentado bruscamente, habría terminado con la cara sobre la nieve.
Dado que en el momento que comenzamos el viaje fuí de las últimas personas en subir, veía justo descender de aquella caravana de los primeros. Cuando bajamos nos otorgaron los sellos de "me importa una mierda" y pasajes de "se los pueden meter por el culo". En sintesis, eran unos papelitos que me permitían aplastar cabezas de niños paganos por el bien de la misión.

"Nunca está de más tener un apoyo para justificar tus actos"
, recuerdo pensar una vez me los hube guardado en el bolsillo. Lo siguiente que hicimos fue ser informados de porque el grupo que debía darnos apoyo no se había reunido con nosotros. También aumentaron la dosis de paranoia que ya de por sí llevábamos encima.

Despues, y finalmente, llegamos a Todheim. Yo pensé que la entrada iba a ser más discreta. Pero no, a los altos mandatarios les gustaba que fueramos una diana andante.

"Malditos mamones, es como si quisieran que todo saliese mal. Sería la excusa perfecta para librarse de nosotros". Aquellos eran mis pensamientos cuando no sin cierto nerviosismo revisaba las ventanas y puertas de todos los edificios, en busca de algún francotirador o espia. Para bien o para mal, no encontré nada.

La procesión, lejos de detenerse, siguió sin tener un ápice de discrección. Continuamos avanzando por las calles de Todheim, mientras mi mente se trasladaba a la misión que teníamos que acometer. Los paganos tenían la intención de destruir la Puerta del Norte, y nosotros teníamos que evitarlo.

"¿Para qué? ¿Para que pueblerinos ignorantes y aristocratas pomposos puedan seguir emborrachandose y tomando el te con sus respectivas familias, en sus chabolas y mansiones? Por mí los paganos pueden explotar la puerta, arrancarles a todos la cabeza de los hombros y violar a todas sus mujeres mientras derraman el alcohol y el té por los suelos y queman sus viviendas. Es lo que se merecen. Y también lo que necesitan. Si yo muero hoy, muy pocos o ninguno me recordaran de buenas maneras. "El Genocida Tribal", me llaman. Y en parte tienen razón. ¿Pero que derecho tiene a despreciarme el hombre que al llegar del trabajo golpea a su mujer y amenaza a sus hijos? ¿Que derecho tiene a despreciarme el pomposo señor que trata a sus empleados como esclavos? ¿Y que derecho tienen sus mujeres, sus niños y sus esclavos, que ni siquiera mueven un dedo para mejorar su situación, que esperan que algo cambie, que un Dios muy probablemente inexistente les ayude? No tengo nada, no me queda nada por lo que luchar o lo que defender. Sólo tengo una cosa clara, si llegara el día en el que yo fuese la última defensa de la puerta del Norte, no derramaría ni una pizca de sangre por esos ingratos, a menos que mi vida estuviera en peligro."

Me sorprendí pensando en eso abiertamente, cuando llegamos a nuestro destino: la alta ciudad. Habría estado muchísimo más cómodo entre el pueblo llano, para que mentir. Añoraba las tardes en las que con tan solo golpear la puerta de un bar todos los asistentes del mismo guardaban silencio.

Y una vez mis hombres y yo la traspasabamos, los borrachos se sacaban las tetas de las putas de la boca, los delincuentes corrían con la falsa esperanza de que yo no habría apostado hombres en la puerta de atrás y el camarero limpiaba los vasos llenos de mugre, sangre y polvo con apremio con la intención de servirme mi whisky doble.

"Bien caliente"

Ni una gota de sangre derramada. Aquello si era estilo. No era tan sucio como aquella batalla campal. Ni los vómitos que le sucedieron. Ni mucho menos como comparecer desnudo ante el viejo arrugado de Munch y su escriba abominable.

Una vez entramos, una encantadora doncella con el culo prieto me condujo a mis aposentos. Su delantal delataba las lineas de su perfecta figura.

"Si señor, algunas mujeres se han ganado el privilegio de ser consideradas por mi los seres más hermosos de este mundo. Y no es para menos", recuerdo haber pensado mientras intentaba no fijarme más de lo debido en su trasero. Una vez llegamos a mi habitación, la doncella me abrió la puerta y se despidió de mí con dos besos en la mejilla.

Cuando la muchacha se marchó y yo cerré la puerta de mis aposentos, empecé a pensar en el momento en el que había tomado mis votos.

"A partir de hoy, deberás guardarte del contacto carnal con otras hembras.... o varones de tu misma especie y especialmente de otras especies. El acto carnal nos distrae de nuestro deber a la vez que nos acerca a las fuerzas oscuras, por eso ha de ser evitado. Si no lo haces y te descubres puedes tener serios problemas. Algunos de los nuestros, llamados eunucos, recurren a eliminar toda forma de tentación cortando el problema de raiz. Pero sé que a ti no te gustaría eso, y espero que no te veas reducido a tomar ese tipo de medidas."


En aquel momento era demasiado joven para saber lo que me perdía. Además, para ponerle una guinda al pastel, tras investigar a Zeo concienzudamente los anteriores meses, después del altercado, descubrí que el tenía al menos un hijo reconocido, que había muerto en un extraño atentado, aunque nadie había llegado a encontrar nunca su cadáver. Aquel hijo fue engendrado antes de que Zeo tomase sus votos, pero también había rumores de que tenía otra vastaga, esta no reconocida y en paradero desconocido, al igual que su madre.

"¿Le habrán obligado a él también a deshacerse de su progenie?" No me importaba lo más mínimo, y la verdad es que a parte de aquella información había encontrado otra mucho más... jugosa.

Zeo había estado al menos una década en paradero desconocido. Una vez que regresó, les contó a todo el mundo que había sido secuestrado por unos tribales en una misión de reconocimiento en la jungla Esmeralda. Algo curioso, puesto que por esas fechas mi tribu todavía practicaba el nomadismo, y en ninguno de nuestros cinco peregrinajes tuvimos noticias del hombre blanco en la Jungla al menos.

Tenía un par de teorías acerca de ello. La primera implicaba que Zeo había mentido en sus informes, y nos llevaba a preguntarnos... ¿Por qué? Eso también explicaría el aparente odio o desconfianza que Munch, mi actual maestro, le profesaba. Pero dejaba un importante agujero. Mi tribu no estaba precisamente cerca de las ciudades, ni siquiera de la entrada a la Jungla. Entonces, sin disponer de ningún guía... ¿cómo había logrado encontrarnos el viejo inquisidor? Eso implicaba que alguien o algo le había dicho nuestra situación.
¿Pero quién... y con que intención? Descartaba a Munch de la ecuación por lo obvio. Nadie se arriesgaría tanto tan solo para encontrar a un joven prometedor en una Jungla inexplorada. Y yo, por mas que le pese a mi malogrado orgullo, si bien era de los agentes mas guapos y fornidos, no era ni de lejos de los mejores. No tenía un martillo para congelar a la gente, ni regeneración sobre-humana.

De hecho, si Munch supiera mi gran ventaja frente a todos los demás, me habría colgado de los pulgares, así que era mejor que no lo supiera. De todas formas, tenía algo que muy pocos de mis rivales poseían... un nulo respeto por mi vida y las vidas ajenas.

Bueno, eso no era del todo cierto. Por aquella epoca mi instinto de supervivencia estaba realmente activo, y más aún después de haber estado a punto de morir o perder mi brazo izquierdo. Así que si, haciendo recuento, mi fragmento era mi única ventaja frente a los demas. Y pensaba aprovecharla.

Despues de divagar durante unos segundos, me dispuse a revisar la habitación. Ya sabes, en busca de cámaras, micrófonos, o incluso explosivos. Desde que un jodido ciber-cuervo había entrado por la ventana llena de vómito de mi habitación y me habían sacado desnudo de la misma en plena noche para llevarme ante Munch me había vuelto mucho mas suspicaz, puedes llamarme paranoico si lo deseas.
En mi búsqueda, me percaté de un detalle. Esas plumas me eran conocidas. Eran de animales de la Jungla Esmeralda.

"Será hijo de perra. No, no puede haber sido él. Es imposible que se haya tomado tantas molestias. Pero... ¿y si sabía que iba a revisar la habitación? Mierda, ¿y si quiere volverme loco? No, no, no, no pienso dejar que ese viejo tenga influencia sobre mí. Y mucho a menos a kilómetros de sus dominios. Me niego. Tengo que calmarme, encontrar... la paz."


La paz. Je. Zeo decía que la paz no era más que "un periodo de extensión variable comprendido entre dos guerras". Pero, ¿sabes qué? Eso es falso. Siempre estamos en guerra, ya sea defiendendo a nuestro pueblo contra los invasores, luchando contra una enfermedad, un enemigo externo, e incluso contra nosotros mismos. Los hombres estamos hechos para la guerra, y uno la soportamos mejor que otros.
Pero los hombrecillos patéticos como mi mentor no lo entendían.

"Seguro que al muy estúpido le recordaba a su hijo. Por eso no me mató cuando tuvo la oportunidad, pero aquello no le impidió destrozar mi vida. Ya puedes correr, viejo, porque cuando termine con esta mierda, tú serás el siguiente problema que pienso resolver."

En ese momento me detuve, y reflexioné durante unos instantes. De nuevo lo estaba haciendo, volcando mi ira contra Zeo. ¿De verdad matarlo iba a devolverme a mis seres queridos? Me hubiera gustado responder afirmativamente  a esa pregunta.

Pero la terrorifica y angustiosa verdad era que toda la culpa era mía. Pero como aquel asunto ya lo había debatido bastante, deje de pensar en absoluto y procuré relajarme hasta que la misma doncella que me había conducido a mis aposentos me instaba a reunirme con mis compañeros.

Así que eso hice, después de ponerme ropa mas cálida (un abrigo, una chaqueta, un sueter, lo que haya en la estancia), unas botas de montaña y una buena bufanda que protegiera mi delicada voz del frío. Debajo de todos esos avalorios había colocado previamente mi armadura e inmediatamente en la capa inferior de la prenda mas superficial se encontraba mi fiel espada, embutida en su funda. Antes de irme, también tuve la suerte de encontrar unos buenos guantes que se acomodaban perfectamente a mis manos llenas de callos.

"Chúpate esa, Munch".

Una vez abrí la puerta de la habitación y salí al pasillo, esa sensación gélida volvió a inundarme. En esos momentos me lamentaba de haberme afeitado días antes, si no lo hubiera hecho entonces dispondría de una frondosa barba que actuaría de barrera contra las brutales inclemencias temporales.

Caminé, molesto porque aquellas prendas eran un poco duras y no demasiado suaves.  "Por amor de Dios. ¿No te acuerdas de aquella vez que dormiste sobre un montón de estiércol? Te has vuelto demasiado cómodo, los lujos de la Inquisición te están afeminando. Ya nadie te distinguiría de un niño rico."
Así que decidí ignorarlo, como tantas otras veces había hecho. Para mi sorpresa, funcionó bastante bien, tanto que cuando me quise dar cuenta estaba absorto, mirando aquel triste paisaje invernal. Los arboles deshojados, la ausencia de hierba... Un paisaje ciertamente desolador. Habría cambiado un brazo por estar de nuevo en Gonduar. Bueno, a lo mejor no. Pero tu ya...

Unos pasos interrumpieron mi momento de contemplación. Un hombre cojo seguido de sus acompañantes, en los que no me fije muy bien, estaba andando en mi dirección. Sus vestimentas eran asquerosamente ostentosas. Supe deducir que los excrementos de los tipos como él eran la comida de los tipos como yo. Ciertamente, obviando la tremenda hipérbole, no estaba tan desencaminado como quería creer.Pero decir aquello no sería políticamente correcto.

"Así que, como buen perro que eres, te callarás, te asegurarás de tragarte tu malas palabras y besarás las botas de ese señorito que está cada vez más cerca de ti. Parece un tipo influyente, con clase, obviando su prótesis, la cual le resta cierto encanto."


Dicho esto, una vez el señorito se puso a mi altura, hice una leve inclinación con la cabeza, presentándome:

-Muy buenas noches. Mi nombre es Dezba Wakanda, Inquisidor de segundo grado, purificador de almas y aniquilador de herejes. También conocido como el Genocida Tribal, por motivos que el propio seudonimo se encarga de aclarar.


Nunca antes me había presentado a alguien tan importante usando un mote que tantas malas noches me había hecho pasar. Pero era hora de dejar el pasado atrás y abrazar mi verdadera naturaleza. "Como muchos sabios solían decir.... Nada puede cambiar la naturaleza de un hombre. Al menos se lo que soy, otros ni siquiera pueden decir eso."

Esperé hasta que aquel tipo me respondiera para reanudar la marcha, con o sin interacción entre ambos. Antes de caminar junto a él, pensaba que no formaba parte de la misión, que nuestros líderes no serían tan estúpidos como para poner a un lisiado que parecía no haber tocado un arma en su vida junto con Inquisidores más o menos experimentados. Había subestimado la crueldad y mala leche de los altos cargos.

"Está confirmado, quieren que seamos masacrados. Al menos el tipo tendrá cerebro, parece que es leído. Y puede que si me hago su amigo acepte pagar mi rescate junto con el suyo si nos capturan. Cosa que deseo que pase. Las otras alternativas no son demasiado halagüeñas", pensé una vez llegamos a nuestro destino. Obviamente, despreciaba las infimas probabilidades (segun mis cálculos) de sobrevivir. Y más aún, de tener éxito.

Pero nada era imposible. Una vez en la estancia a la que habíamos sido llamados, ví a Darak a unos cuantos pasos de nosotros, al cual saludé haciendo un leve movimiento de cabeza. Al divisar aquel rocambolesco mapa, intenté centrar mi mirada en las piezas, intentando distinguir que figuras éramos nosotros y cuales nuestros enemigos. Pero la distancia era demasiado amplia, y era prácticamente imposible hacerlo. Así que me resigné, esperando al menos que nuestro anfitrión se pronunciase.

Entonces fue cuando deduje que se trataba de alguien importante y, rebuscando en mi memoria, recordé que Zeo me había hablado superficialmente de él el día que Munch me mandó llamar. Simplemente, el viejo tuerto quería que aprendiera los nombres de las personas influyentes dentro del escalafón eclesiástico. Muchos nombres habían quedado relegados al olvido, pero no aquel.

Siempre había tenido cierto interés por la Orden del Martillo, aunque nunca me había planteado seriamente el entrar en sus filas. Digamos que desde muy joven la libertad que ofrecía el mundo del inquisidor me cautivo hasta límites insospechados. Lógicamente, Zeo se encargó de pintarme todo bonito, aunque sin obviar los deberes. Yo, que por entonces ya era un tipo bastante listo, sabía que no todo iba a ser un camino de rosas. Que habría sacrificios.

"Un par de sangre por aquí y unas mutilaciones ajenas por allá, pensaste. Imbécil."
Detrás del maestre de la Orden Aurea se encontraba una figura misteriosa, que jugueteaba con una daga.
"El típico mamón que se cree interesante por vestir de negro. Espero que se lo carguen el primero."
Con este oscuro deseo, daba fin a mi monologo mental y pasaba a poner mucha atención al discurso que nuestro amigo, intuía, estaba a punto de dar.











FDI:
He forzado un poco el encuentro entre ambos personajes. Dado que no encontre un momento en el que se indique completamente que es ahí y no en otro sitio donde se encuentran lo deje así. Si tanto masters como mis propios compañeros deciden que no estan de acuerdo, estaré encantado de modificar esa parte.

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Re: [EVENTO DECISIVO] "Aurora Boreal" [Puerta del Norte-Todheim - 1 de Enero - 898 d.G

Mensaje por Darak-Han el Jue Oct 09, 2014 1:40 pm

Su Eminencia les había perdonado. Darak tenía eso muy en mente; aún seguían siéndole útil a monseñor Karmikov, aunque tenían bien presente que no les depararía un futuro muy acogedor si volvían a fallar. Conocía mejor que cualquiera lo que se gestaba en las profundidades de las mazmorras de Martillo de Brujas para los que hacían enfadar a su Eminencia.

Estaba nervioso, sí. Era lo común, tenía dos misiones en mente, no daba abasto en sus ansias de poder culminar todo satisfactoriamente, incluso si eso terminaba con su muerto. Darak sabía que si fallaba, de igual forma le deparaba un destino peor a la muerte.

Y esa muerte no podría ser un final glorioso como esperarían de un siervo del Señor; sería una muerte indigna, asquerosa, como si fuese un leproso exiliado al ostracismo, un agente de la plaga. No. No cabía menor duda, Darak estaba dispuesto a morir en nombre del Señor, si eso le permitiese ser recordado como un siervo suyo. Se retorcía de placer de solo pensarlo, de todas formas que su único mejor amigo era él mismo, y el único con quien podía hablar calmadamente y divertirse, era pues, él mismo. No era siquiera un asunto difícil de tratar, el repetirse mentalmente una y otra vez, como una grabadora licuadora de mentes, su misión.

Antes de salir de Martillo de Brujas, se les había encomendado ir, cazar a aquellos herejes que tan deshonrosa derrota les habían propinado hacía poco tiempo. En términos generales, como se viese, no era más que una venganza cuidadosamente elegida por el destino y la casualidad para que coincidiese con lo que sería un evento de fechoría a gran escala.

Sencillamente, era un “buscar y destruir”, no dejar a nadie vivo, pase lo que pase, inclusive se les habían dado sellos de pureza, significaba que podían sacrificarse las cosas que se quisieran, en pos del bien de la humanidad. Tener presente eso era aterrador, y excitante a la vez, sin duda alguna.

El viaje tampoco era largo; pero poco a poco se lograba sentir hasta los huesos el frío que iba calando conforme el carruaje se iba moviendo más y más al norte. El frío le traía viejos recuerdos de esas tierras congeladas. Para él no era más que volver unos tantos años al pasado, así que el regocijaba tanto más el soportar esas frías condiciones nuevamente. Simplemente era imposible ignorar al clima, siendo que en Todheim y en todo el continente, el invierno estaba en su pleno auge, así que se diría que no iba a ser una tarea fácil tampoco. Más aún con los rumores que habían escuchado recientemente, acerca del otro grupo enviado, que había sido emboscado y reducido gravemente. Lo que significaba que ellos tampoco estarían exentos, lo que conllevaba a ir con cuidado, a pesar de que esto llegase a ser una táctica ineficiente. El carruaje llevaba estampado Eclesia en mayúsculas hasta en las tablas, así que simplemente era imposible pasar inadvertidos. Eran como un semáforo que incitaba a los infieles a atacarles.

Llegaron a Todheim, despertó de su leve sueño apenas las pesadas puertas comenzaron a cederles el paso. Fue el momento de volver a ponerse la máscara; tapar su rostro era primordial, y una regla que nunca debió haber roto de primero mano para no pasar problemas. El camino continuó, calmado como había empezado. Se podía decir que era la calma asesina que precede a la tormenta. Apenas se dio cuenta, ya estaban bajando de los carruajes frente a las puertas de la ciudadela.

Logró ver a Dezba bajando del carruaje, pero no quiso acercarse a intentar entablar una plática; el tiempo llegaría luego, cuando todo estuviera más relajado. Se dejó conducir por los fríos pasillos hacia los aposentos; era ya entrada la tarde, casi el anochecer, simplemente era ir y volver, no tomaría más de unos minutos conocer la ubicación de su recamara para volver luego, pues les habían citado para ir inmediatamente luego hacia la sala de mando.

La habitación era como menos se lo esperaba, estaba lujosamente amueblada y cuidada, mucho más que la suya en Martillo de Brujas, siendo que ya la consideraba lo más lujoso que podría llegar a tocar. Se entretuvo un momento tocando el escritorio de exquisita madera de ébano antes de salir con rapidez.

Siguiendo principalmente diversos mapas que encontró por las paredes, llegó dificultosamente. La sala de mando era una enorme estancia en la que estaba una gran – por no decir enorme – mesa redonda, sobre la cual había un mapa de Terra – otra vez, enorme -. Era simplemente todo lo que menos había imaginado, a gran escala. En frente del mapa se encontraba una enorme figura que no sabría decirse si era un gigante o simplemente algo más, imponía respeto, y detrás de él, entre las sombras, se podía discernir una figura oscura.

Al poco momento entró Dezba. Pudo verlo a unos cuántos pasos de él. Podía ser la oportunidad de hablarle.

Le saludó con la cabeza y se movilizó lo más rápido que pudo hacia él, sentándose al lado.

-Buenas noches, inquisidor de segunda clase Dezba. – Se pronunció con dificultad Darak. – Estaba un tanto inquieto; no encontraba cara conocida a mi alrededor. – Se frotó las manos para generar un poco de calor esperando respuesta del otro. – Temo que la ocasión anterior no pudimos hablar lo suficiente para conocernos, como compañeros que somos, ¿verdad? – fingió preocupación.

La charla estaba a punto de empezar, debía darse prisa.

-Y bien, ¿qué opináis de lo que parece ser esto? – Esperaba que Dezba captase el significado en el aire, aunque lo veía un tanto retraído. – Hablo de lo que se cuece aquí. Los enemigos desenvainan sus espadas, nos intentan acuchillar, desenfundan sus armas y nos disparan… Cada vez más, sus fechorías y maldades intentan destruir nuestro mundo; y aquí estamos nosotros, nos han dado sellos de pureza, lo que significa que podemos hacer lo necesario para evitarlo… ¡Sacrificar cuántas vidas fuesen necesarias, porque nuestro Señor nos encomendó esta tarea! – Se dio cuenta de que llevaba la conversación muy rápidamente.  - ¡Oh! Se me olvidó preguntaros acerca de vos, ¿cómo habéis llegado a tan noble servicio? Me refiero a ser un inquisidor, una noble tarea, sin duda.
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Re: [EVENTO DECISIVO] "Aurora Boreal" [Puerta del Norte-Todheim - 1 de Enero - 898 d.G

Mensaje por Dezba Wakanda el Jue Oct 09, 2014 8:50 pm

El intento de entablar conversación por parte de mi aparentemente no demasiado sociable compañero de séquito me sorprendió un tanto, pero en unos segundos la contestación a su primera pregunta salía de mi boca:

-Buenas noches, inquisidor de segunda clase Darak-Han. Lamentablemente creo que la última vez ambos estabamos demasiado ocupados intentando no morir como para entablar una conversación fluida, jé.-esbozé una pequeña mueca alegre e hice una pausa, en la cual aproveche para mirar a los ojos de aquel poco agraciado broken, intentando buscar algún atisbo de duda, agresividad... algo.-Es un tema un tanto delicado, pero si me permite expresar mi pinión, yo diría que es a la vez un gran honor y un gran riesgo. Verás, tenemos la oportunidad de salvar vidas y evitar lo que podría ser una catastrofe a gran escala, sin olvidar el gran servicio que hariamos a nuestra institución. Pero siempre hay posibilidades de fracasar y, aunque no hablo por mí, me he percatado de que hay miembros de nuestro escuadrón que no tienen demasiado alto el ánimo. Y eso me inquieta. De todos modos, cumplamos la misión o fracasemos, Dios no lo quiera, tengo la sensación de que este será un punto de inflexión no sólo en nuestras carreras, sino también en la historia. En cuanto a mi origen, digamos que es una larga historia. Así que le haré un resumen. Fui encontrado en la Jungla Esmeralda por mi ya ex-mentor, un viejo inquisidor que negociaba con los grupos tribales de la zona. El hombre vió potencial en mi y me llevó con él a la civilización. Digamos que fue ahí cuando encontre a Dios. -de nuevo, hice una pausa.

La intención de aquellas pequeñas mentiras piadosas era decantar a ese grandullón fanático de mi lado. Tenía la ligera impresión de que mis sospechas no serían tomadas en cuenta por Munch, pero no podía decir lo mismo de las de Darak. De todos modos, como alguien muy sabio dijo en algún momento; "Ten cerca a tus amigos y todavía más cerca a tus enemigos."

-Y digame, sin animo de inmiscuirme en sus asuntos, ¿como encontró usted a Dios?

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Re: [EVENTO DECISIVO] "Aurora Boreal" [Puerta del Norte-Todheim - 1 de Enero - 898 d.G

Mensaje por Darak-Han el Sáb Oct 11, 2014 12:45 am

La mayoría de lo que le había dicho el norgon le había convencido en la amplitud que eso concernía para Darak. Simplemente a veces se volvía alguien muy difícil de convencer; con lo que eso conlleva, aunque no se mostró tan a gusto con una opinión que consideró un tanto pacifista y simple para lo que debería ser un verdadero inquisidor, a su modo de vista.

Aunque por otro lado, le cayó bien; simplemente era una de las pocas personas con las que había tenido una conversación sin haber recibido un trato peyorativo.

Sonrió para sus adentros.

-Un modo un tanto interesante de encontrar al Señor. De no haber sido por vuestro mentor, he de suponer que seguiríais siendo un hereje, ¿no? – Le miró un momento luego. – Por mi parte; yo soy natural de Ciudad Catedral, huérfano o eso creo, porque según cuenta mi padre adoptivo, un campesino, fui encontrado en un camino, siendo que él me adoptó sin miramientos, a pesar de mi condición racial… - Se recordó por un momento que hacía mucho que no se pasaba por los tugurios donde creció su infancia – Encontré al señor muy a temprana edad, pues siempre fuimos religiosos; se podría decir que el responsable de que toda mi vida sea así, es mi padre. Luego me uní a un monasterio, y a los años terminé aquí; no es un comienzo ni muy interesante, supongo.

Terminó de hablar dándole un intervalo a responder al otro; luego cruzó los brazos frente a si, como abrazándose del frío y siguió, dándole una mirada fugaz a sus alrededores, principalmente buscando con la vista a alguien más.

-Y… decidme, Dezba… - Volvió a posar la vista sobre su compañero de conversación. - ¿Qué opináis de nuestra superior, Lady Talia? – Creyó haber empezado a jugar con ascuas con esta pregunta directa. – No es por nada, pero tengo mis ciertas sospechas… - Volvió a repetir el proceso de mirar a sus alrededores. – Pero no me fío tanto de ella; desde lo visto en el encuentro con el “artefacto”, ¿sabéis?
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Re: [EVENTO DECISIVO] "Aurora Boreal" [Puerta del Norte-Todheim - 1 de Enero - 898 d.G

Mensaje por Dezba Wakanda el Sáb Oct 11, 2014 10:32 am

-Noto un poco de desconfianza en sus palabras. Es lógico, en su tiempo esos pensamientos eran también compartidos por la institución e incluso mi maestro. Pero tuve la oportunidad de aprovechar mi fe, y demostré mi devoción a la Inquisición y a todo lo que representa. Respondiendo a tu pregunta, sí, de no ser por el viejo yo ahora mismo no sólo sería un hereje, sino que ni siquiera llevaría ropa.

Terminé de hablar y le deje seguir con su discurso. Mientras tanto, el frío se clavaba en mi piel como cuchillas afiladas, incluso a pesar de mi ropa extra. Comence a hacer movimientos con las piernas para entrar en calor. No demasiado exagerados, puesto que quería que mi interlocutor no me tomara por imbécil en la medida de lo posible.

Seguidamente, Darak me preguntó por nuestra lider, la zorra ártica. Tenia que tener cuidado, puesto que al responderle estaría caminando sobre un suelo muy quebradizo. Y tampoco quería ni podía esquivar su pregunta, puesto que la intención era causar buena impresión a aquel broken. Puse cara de sorpresa.

-¿Usted también lo ha notado? No estoy en posición de desconfiar de nadie, ya que nuestra jefa me salvó la vida varias veces en el campo de batalla. No obstante, si que es cierto que he notado algo de decaimiento en su ánimo. Cosa por otra parte normal, puesto que la operación que ella dirigía se ha convertido en la comidilla de Martillo de Brujas. Aunque hay otra cosa que me escama. Por lo que le dijo a nuestro "cargamento", parece que la prisionera huida y nuestra jefa tienen o tenían algun tipo de relación. Y la verdad es que no se como va a afectarnos eso a nosotros. Espero, sinceramente, que de ningún modo.

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Re: [EVENTO DECISIVO] "Aurora Boreal" [Puerta del Norte-Todheim - 1 de Enero - 898 d.G

Mensaje por Darak-Han el Vie Mar 06, 2015 12:29 am

Miró a su interlocutor sin mucho interés luego de sus aseveraciones, simplemente al principio le había asombrado que el otro no mostrase signos de descontento, incluso se mostraba muy pasivo, hasta que logró encontrar quizá una segunda intención.

-Sin acritud, Dezba; ¿no sentís algo sentimentalmente por Lady Talia? – Soltó esta pregunta sin pensarlo. – Supongo que le debéis mucho, pero eso no explica que no os hayáis fijado bien en su comportamiento anterior…

¿¡Y si ella dejó ir al “artefacto” a propósito por algún vínculo anterior!?
– Terminó de decir. Miró nuevamente a Dezba esperando una respuesta y luego se quedó callado como siempre.

-Bueno, da igual. Olvidaos de mis locuras; aunque supongo que tenéis bien previsto de antemano, que estrechar lazos con gente del trabajo puede ser algo perjudicial, nadie es completamente… inocente aquí. – Terminó su pequeño discurso con una agria sonrisa tras la máscara, llena de cinismo; era él que intentaba llevar a su compañero hacia alguna trampa, hablando de no confiarse de nadie. Le causó cierta diversión.
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Re: [EVENTO DECISIVO] "Aurora Boreal" [Puerta del Norte-Todheim - 1 de Enero - 898 d.G

Mensaje por Dezba Wakanda el Vie Mar 06, 2015 12:42 am

¿Sentimientos hacia aquella mujer? No sentía gran cosa, la verdad. Al principio fue ira, luego pena, y después, como inevitablemente me sucedía con todas las mujeres con buena cara y buen cuerpo, todos los sentimientos derivaban, de una forma u otra, en lujuria.

De hecho, mi lujuria era de las más puras que había visto. No incidía en excesivas sodomías, ni se relacionaba con violaciones, al menos no en su mayor parte, era sólo la respuesta a la vida de privaciones sexuales a la que Zeo me había arrastrado.

-¿Sentimientos hacia la mujer que casi consigue que nos maten? Tiene usted toda la razón, señor Darak. De hecho, hoy mismo he encargado los esponsales. Le invitaré a la boda, y al bautizo.
Sarcasmo aparte, si la señora Talia dejó ir al artefacto, es una excelentísima actriz, puesto que parecía desolada por el fracaso de la misión.


Aquel estúpido broken siguió regurgitando palabrería barata y terminó decirme algo que tanto yo como Zeo llevaba repitiéndome a mí mismo desde que tenía quince años: "No confíes en nadie." Como respuesta a sus pocos sútiles acusaciones, le mostré una de mis más sinceras sonrisas, puesto que por dentro me estaba riendo de la situación.

-Si por eso fuera, mi estimado broken, me hubiera encerrado en mi habitación hasta que todo hubiera pasado. Pero tenemos una misión, de hecho creo que es la misión más importante que hemos llevado a cabo. Hemos de salvaguardar la integridad de las puertas cardinales. Que digo de las puertas cardinales, de la civilización tal y como la conocemos. Si eso deriva en descubrir quién de nosotros es indigno de dicha tarea, bienvenido sea.

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Re: [EVENTO DECISIVO] "Aurora Boreal" [Puerta del Norte-Todheim - 1 de Enero - 898 d.G

Mensaje por Maximilian Stenkerk el Sáb Mayo 02, 2015 8:21 pm



El vapor condensado había empapado la ventana. Aun así se podía distinguir tenuemente el exterior. La ventisca todavía azotaba con fuerza Todheim. Me agarré con fuerza el muñón sumergido en la bañera. El dolor era intenso, bastante más intenso que de costumbre, aunque no me extrañaba, la pierna se resentía siempre con las tormentas. Respiré hondo e intenté relajarme para evadirme del dolor. Al menos el baño estaba siendo tranquilo. Una tranquilidad que llevaba ya mucho tiempo sin poder disfrutar. Y que muy probablemente no podría volver a disfrutar en mucho, mucho tiempo.

El viaje estaba siendo una auténtica locura. Una locura que me empezaba ya a consumir. Cada vez estaba más cansado, con más dolores, y aunque me costase reconocerlo, más arisco. ¿Pero acaso no tenía motivos para estarlo? Después de lo ocurrido en Infernalia, y durante el viaje posterior, el atentado… El atentado. Un dolor punzante sacudió mi pierna y me la agarré con más fuerza. El terror me invadió de nuevo. Solo de pensar lo cerca que había estado de la muerte. Lo cerca que había vuelto a estar. El terror me invadía por dentro y me hizo recordar lo ocurrido.

Hacía ya varios días que habíamos abandonado Infernalia tras las difíciles negociaciones con esos seres. Solo quedaba esperar que cumplieran lo acordado y ayudasen a defender las Puertas Cardinales… Aunque, ¿cómo confiar en el honor de unas criaturas que habían abandonado a Dios entregándose a las fuerzas del Caos? ¿Cómo confiar en unas criaturas que no abrazaron la Pax Dei sino cuando estuvieron a punto de ser masacradas por los Ángeles? ¿Cómo confiar en unas criaturas que habían estado negociando con los paganos durante estos años, tal y como confesó el mismo rey Oberon durante las negociaciones? Y sin embargo ellos podían ser la última esperanza. Algo que de por sí ya era demasiado lamentable.

Una de las noches tras las duras jornadas de viaje nos alojamos en una destartalada taberna del poblado de Ingard, como acostumbrábamos a hacer para mi espanto. Aunque no sé qué era peor, ¿las camas de paja infestadas de chinches de los pobres taberneros o los lechos de piedra que usaban los demonios de Infernalia para dormir? Difícil elección, la verdad. Durante la noche, la tragedia, como un heraldo conmemorando pesadillas pasadas, voló sobre nosotros. Una explosión. Una explosión en mitad de la noche, perpetrada por pérfidos y degenerados terroristas, con el fin de exterminarnos, arrasó con la taberna en la que dormíamos.

Aquella noche perdieron la vida la exorcista Lilian Tempested y uno de los inquisidores. Tan jóvenes… Nunca entablé demasiada relación con ellos, pero no dejaba de ser trágico lo sucedido. Hubo varios heridos, algunos de ellos tan graves que fueron enviados de vuelta a Ciudad Catedral. Yo tuve mucha más suerte. Las llamas consumieron el edificio, pero los aposentos donde yo dormía quedaron intactos. Lo cerca que había estado de la muerte. Lo cerca que había estado de la muerte por segunda vez. Lo que sin duda me quedó claro era la fragilidad de la vida, y lo próximo que había estado de perderla. De hecho desde entonces no pude volver a dormir tranquilo durante todo el viaje. Tenía constantes pesadillas reviviendo ambos atentados, el dolor y el miedo a la muerte, el sufrimiento de la pérdida… Dagma… Mi querida Dagma… Pero, ¿aquello era todo casual? ¿Era todo una sucesión de acontecimientos azarosos… o era algo más? ¿A caso era casual el haber sobrevivido a dos atentados? ¿Era quizá un milagro? ¿Quizá una intervención de la propia Divina Providencia? ¿Me habría salvado Dios? ¿Me habría elegido para alguna misión?... No… No… Y no. Debía de borrar toda esa clase de pensamientos de mi mente. El mero cuestionamiento de los designios divinos en los acontecimientos de la realidad podía suponer una herejía en sí. Punto.

Sumergí mi cabeza en el agua caliente para despejar mis ideas y mi mente, para devolverme a la realidad. Ya me había demorado demasiado en el baño y acabaría llegando tarde. Me intenté levantar como pude de la bañera, pero sin una extremidad era algo realmente difícil. En mi hogar los sirvientes me ayudaban con el baño, pero aquí estaba solo. Al incorporarme e intentar salir de la bañera me resbalé. Todo fue muy rápido. Caí de costado sobre el suelo mojado y sentí una horrible punzada de dolor en las costillas, mientras se me escapaba un grito de dolor.

Maldecí a los infiernos. ¿Me habría roto alguna costilla? Esperaba que no. Ya tenía suficientes problemas como para preocuparme de nuevas lesiones. Todavía con dolor me arrastré por el suelo hasta llegar al borde de la bañera e intenté erguirme de nuevo. Un dolor todavía más fuerte me invadió, pero tenía que soportarlo. Me senté como pude sobre el borde, e intenté reposar un rato. Luego, agarré la prótesis de titanio y me la coloqué sobre la extremidad amputada. Una vez que el dolor se hizo más leve tras un breve reposo me levanté de nuevo, recogí las toallas y empecé a secarme.

Una vez seco me dispuse a vestirme. La tarea era más ardua de lo que pudiese llegar a parecer. Entre camisones, calzones, túnicas, zapatos y capas la labor me llevó un buen rato. Nunca antes me había vestido solo. Siempre tenía al servicio ayudándome. Y puede que Aengus fuese idiota, pero era  un idiota que solía saber hacer su trabajo. Una vez ataviado con la túnica eclesiástica me até la faja púrpura a mi cintura. Luego me acerqué al espejo y peiné mis cabellos delicadamente hacia atrás. No pude evitar fijarme como, desde que había salido de Ciudad Catedral, el oscuro natural de mi cabello cada vez iba tornándose más grisáceo. Este viaje estaba suponiendo demasiado estrés, y me estaba afectando en múltiples sentidos. Esperaba que todo esto terminase pronto y pudiese volver a mi vida episcopal en Ciudad Catedral.

Luego cogí uno de mis frascos de perfume que tenía sobre el tocador y espolvoreé unas gotas por mi cuello y mis ropajes envolviéndome una dulce fragancia a flores silvestres del Bosque Azul, era un perfume de lujo. Para terminar coloqué el solideo de obispo sobre mi cabeza y até la larga capa de satén a mi cuello con el broche de oro. Y finalmente cubrí mis manos con los guantes de seda blanca bordados e introduje los anillos pastoral y familiar en mis dedos, máximo símbolo de mi poder y mi noble linaje. Ya estaba listo, vestido con la más pulcra etiqueta propia de mi posición y cargo, y preparado para el cónclave.

Agarré el bastón y me dispuse a salir, pero antes me acerqué al escritorio donde reposaba un decantador con coñac añejo y unas copas. Nada más llegar mi primera orden al servicio fue que me sirvieran una de las mejores botellas de coñac que tuvieran. Puede que no hubiesen dispuesto sirvientes para ayudarme con el baño y para vestirme, pero al menos cumplieron con celeridad esa simple orden. Serví un poco de coñac en la copa y lo bebí rápidamente para entrar en calor y ganar las fuerzas suficientes para la reunión, y finalmente abandoné mis aposentos.

A la salida me aguardaba un sirviente para acompañarme a la Sala de Mando. Un hombre de facciones mediocres y figura patética. Durante un buen rato recorrí cojeando los corredores de piedra y las galerías siguiendo al alfeñique del sirviente. Pese al reconstituyente baño, todavía estaba muy cansado y cada paso era una auténtica tortura. Y el golpe recibido tras la caída en el baño no ayudaba nada, las punzadas en el costado eran constantes. Y eso sin hablar del frío. Frente al dulce calor de los aposentos, los pasillos estaban heladores, y pese a llevar una buena capa de ropajes, estos no estaban preparados para el frío nórdico. Y mucho peor fue cuando tuvimos que cruzar un claustro abierto al frío exterior y la ventisca. Nevaba con fuerza, y aunque los muros amortiguaban el viento y lo más duro de la ventisca, hacía un frío helador. Tanto los árboles, como el césped y los setos estaban cubiertos de nieve. Y el suelo estaba helado. Ni los zapatos de piel de banthor ni el bastón asentaban bien en la piedra congelada, resbalándome constantemente, y en más de una ocasión, sino llega a ser por el sirviente, me hubiese precipitado contra la roca.

Al cabo de un rato nos cruzamos con una siniestra figura que nos aguardaba entre las sombras del pasillo. Era un hombre de mediana edad, de rostro severo y cicatrizado, y con una incipiente y descuidada barbita, y una melena desaliñada negra azabache. Además iba cubierto con unos enormes abrigos de pieles deterioradas. Cualquiera diría que no era más que un vulgar mendigo o muerto de hambre sino fuese por la extraña y excéntrica armadura de aspecto amenazador que se podía entrever bajo los abrigos, y sus afiladas armas.

Al acercarnos, una horrible peste nos envolvió. Era evidente que el sujeto llevaba días o semanas sin asearse. El hombre hizo una pequeña reverencia hacia mi persona, aunque se podía ver el desparpajo en sus formas. Se presentó como el inquisidor de segundo grado Dezba Wakanda mientras me relataba sus “heroicos títulos” como si de un aristócrata se tratase. Un escalofrío recorrió mi cuerpo. Otro sádico y perturbado inquisidor emergido de los más bajos suburbios entre la peor morralla de la sociedad, sintiéndose como un ser superior a su categoría al olvidar su posición en el Orden de Dios. Lamentable. Lamentable y repugnante ver como la degeneración y la impudicia medraban en la Orden del Sagrado Tribunal.

– Inquisidor de segundo grado Wakanda. – Respondí fríamente con el rostro terso y manteniendo las formas mientras que con mi mano libre le bendecía haciendo en el aire la cruz que representaba los cuatro vértices del Sagrado Cubo de Metatrón.  – Desde luego tenéis una peculiar forma de haceros llamar, inquisidor. – Dije con vez melosa dejando entrever una leve pero sarcástica sonrisa entre mis labios. – Yo soy su Excelencia Maximilian Stenkerk. Noble obispo de la Eclesia Central en Ciudad Catedral. Nuncio apostólico y legado diplomático especial de su Eminencia el Cardenal Crawley y su Santidad el Sumo Exarca. – Tenía que dejar bien clara cuál era mi posición, era una cuestión de prestigio, orgullo y poder. – Ahora, si me disculpáis, inquisidor Wakanda, he de partir de inmediato, tengo que atender ciertos asuntos oficiales. – Concluí con una leve inclinación de cabeza en señal de despedida. – Espero que en otra ocasión podamos conversar más tranquilamente. – Mentira. Si podía evitarlo no tenía la más mínima intención de volver a verle. Cuanto más distancia hubiese frente esos vulgares y descarados inquisidores, mejor. Emprendí la marcha de nuevo.

Pero cuál fue mi sorpresa cuando el inquisidor comenzó a seguirme intimidantemente con absoluta desvergüenza, ¿cómo se atrevía? Entonces reflexioné ante lo evidente. Ese sujeto también debía de haber sido convocado a la reunión en el Gran Salón. A fin de cuentas, ¿qué haría sino un inquisidor perdido en la Ciudadela? Durante el resto del camino permanecimos en el más estricto silencio. No estaba dispuesto a continuar una de esas conversaciones mundanas o a escuchar vanagloriarse de sus cuestionables y sangrientas “hazañas”. Intenté reflexionar durante el recorrido pero su atronador paso, su hediondo olor corporal y su aliento en mi nuca lo imposibilitaban.

Finalmente llegamos al Gran Salón. Una imponente estancia en el corazón de la Ciudadela. Parecía que ya estaban todos presentes. La sala estaba presidida por una enorme mesa con tapizada con pieles y en ellas gravado un gigantesco mapa de Terra. Sobre el mapa yacían figuras que representaban las fuerzas militares de la Eclesia y de los traidores paganos que auguraban el terrible conflicto que estaba por precipitarse sobre Terra. Y tras él estaba una enorme y heroica figura de rostro estoico y severo, ataviado con una pesada armadura y capas de pieles de salvajes bestias. Sin duda era el Líder Supremo de la Orden del Martillo Áureo y regente de Todheim, Lord Theodor Cronberg. Su mera presencia despertaba temor y veneración a partes iguales.

Al entrar vi algunas caras conocidas, aquellos con los que había viajado a Infernalia, y habían sobrevivido. Pero también había muchos rostros desconocidos. Una joven mujer de rostro regio y larga cabellera rojiza recogida en una coleta vestida con armadura pesada. Un impotente hombre de enorme estatura y rostro curtido, un fallen de melena plateada vestido con una elaborada y refinada armadura acompañado de una cicatrizada y ruda mujer de pelo rubio y corto. Una mujer de aspecto chabacano y criminal. Un hombre de escuálida figura y cabellera alborotada vestido con la túnica de los Apotecarium Hospitaller.

Y… y… una horrible figura enmascarada de ojos rojos. Un broken. Sus ojos le delataban. Un broken en la misma sala que yo… En la misma sala que un obispo de la Eclesia Central. El solo hecho de pensarlo ya me escandalizaba y me repugnaba. El inquisidor Wakanda al entrar se posicionó junto al broken y empezaron a hablar. Era evidente que se conocían. Cosa que no debía de extrañarme. Seguramente esa bestia fuese otro inquisidor. ¿Cómo no íbamos a estar viviendo estos tiempos tan aciagos si la enfermedad de la mediocridad y la decadencia estaba asolando el propio corazón de la Eclesia? Bochornoso. Simplemente bochornoso. Yo al contrario que el decrepito inquisidor Wakanda, no estaba dispuesto a estar mancillado por la presencia de un broken. Mi posición me lo impedía.

Así pues, crucé la sala cojeando saludando respetuosamente a los presentes, para posicionarme a la diestra del Líder Supremo. A fin de cuentas yo era un Stenkerk, y actuaba bajo las órdenes directas de su Eminencia el Cardenal Crawley, y por consiguiente del Sumo Exarca, así que me correspondía a mí el honor de tal posición. Al acercarme al Líder Supremo no pude evitar fijarme en una siniestra figura oculta entre las sobras, de aspecto decadente, y arrogante mientras jugueteaba con sus dagas… Otro más…

Preferí no pensar más en ello, y al llegar a la altura del Líder Supremo hice una profunda reverencia en señal de respeto y aprecio. – Es un verdadero honor, Sire. Soy Maximilian Stenkerk, emisario personal de su Eminencia el Cardenal Crawley y legado diplomático de la Eclesia Central. A vuestro servicio, Sire. – Me incorporé, y ocupé mi posición a su diestra esperando que comenzase la reunión. Mientras, fijé detenidamente mi mirada en el mapa prestando especial atención a cada una de las figuras buscando su posición y significado concretos.



FDI:

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Acción 1: Mirar atentamente el mapa sobre la mesa central del Gran Salón + Comprender el significado y posición concretas de cada una de las figuras.

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Re: [EVENTO DECISIVO] "Aurora Boreal" [Puerta del Norte-Todheim - 1 de Enero - 898 d.G

Mensaje por Ilya Sokolof el Lun Mayo 11, 2015 9:43 am

Dos meses; dos meses pasaron ya, como si el tiempo no fuese nada. En una serie de sucesos desafortunados, que si bien son gajes del oficio, no me son del todo de mi agrado particular. Sí, ya llevábamos dos meses siguiendo a Nadine y su banda, costó adaptarnos, más aún me costó sacar la información de la famosa “misión” a la que me había visto añadido obligatoriamente. Y en tanto, en esos dos meses; llegamos a destino.

Norksland. Norksland, la tierra que nos vio nacer. Pensé mientras tomaba el encendedor, acercándolo al extremo opuesto del cigarro que tenía ya de hace rato en la boca. La imagen de la majestuosa Todheim se clavaba en mis pupilas como ahora un imponente enemigo, un titán que amenazaba aplastarnos con su potente puño una vez nos descubriese escalando en sus carnes. Pero la misión consistía dar un golpe de gran importancia en la sede del Martillo.

Terminé de prender con dificultad el cigarro. La ventisca gélida hacía las veces de juguetón ente cuando en ocasiones apagaba el tabaco. Sí, estos eran los bosques en los que cazábamos; la tierra en la que reposábamos la cabeza y los senderos que caminábamos, inclusive, si me adentrase unos cuantos días en las profundas penumbras del frío bosque que estaba a nuestras espaldas, podría encontrar la tumba de papá; de nuestros hermanos, nuestro pueblo… Todo lo que concierne a este oscuro pasado que mora en mi conciencia.

El viaje, lejos de lo que parecería, había tomado su tiempo; generalmente desde Martillo de Brujas a Todheim, unas pocas semanas bastarían, pero a nosotros nos tomó dos meses. Partes a pie; partes en carros mercantes, paramos en cada pequeño pueblo que hubiese camino a Todheim. Nos quedábamos sin provisiones enseguida, pues al parecer el grupo se había despilfarrado una cantidad poco razonable de sus fondos en el rescate a Nadine.

Pero por fin; dos meses a la deriva, y allí estábamos, con la nieve hasta las rodillas, titilando de frío en el invierno de Todheim, el más cruel de todos si podría decirse.  

Las luces de la ciudad se vislumbran a la distancia; podrían confundirse quizá con estrellas del firmamento; y los focos, la muralla que rodea la ciudad de el exterior. De no ser por mi entrenada visión en la noche, apenas lograría ver lo que hay a tres palmos de distancia de mí, pero … ¿Cómo pasaremos? Pienso luego de darle una última calada al cigarro, que tiro al instante a la nieve. El mismo se apaga con un siseo y se extinguen las últimas chispas que de el se desprendían.

Si seguíamos expuesto a la ventisca, moriríamos congelados. Era algo a tener en mente; el frío desgarrador que hacía calaba hasta los huesos, como pequeñas agujas gélidas que se incrustaban ignorando las pieles que iban debajo de mi ghillie adaptado a la nieve.

Tras los últimos instantes de contemplación al imponente muro; seguimos caminando, volteo a ver a Tanya, me sigue agarrada firmemente a mi mano izquierda, de seguro tiembla de frío. Por más que seamos nativos de estos lares, el invierno es invierno, y nada salvo una buena hoguera amortigua sus efectos.

-Tranquila; llegaremos pronto. – Le comento, mientras seguimos por la oscuridad, nos movemos en silencio en dirección a los pequeños tugurios de madera que pueblan la parte exterior del muro. Esas casas que ven la decrepitud y sufrimiento con el que viven su día a día las personas de clase baja. Oscuridad, silencio total. De no ser por las borrascas podría escuchar el compás distorsionado de mi corazón ante la calma que gobierna el lugar: parece casi sobrenatural.

No obstante; había una luz. A través de una ventanita se podía entrever la luminosidad de quizá la única hoguera encendida de entre todas. Avanzamos; Nadine toca la puerta de ese poco hospitalario lugar y una viejecita le abre, se cruzan miradas, a lo mejor un pequeño agradecimiento con la cabeza, y seguimos nuestro rumbo a la puerta de atrás, donde levantamos unas pieles de lobo y descubrimos una trampilla. Nos adentramos.

Frío, muy frío. Estoy casi seguro que de haber tocado la roca resbaladiza en la total oscuridad de ese pasadizo oscuro, nos habríamos quedado pegados a la misma. Seguimos por un rato más; el frío comienza a entumecer los músculos, la posición de gateo sostenida por mucho tiempo, tampoco es que ayude en nada. Pero al final, una “luz al final del tunel”, y un broken tapado en espesas pieles nos recibe.

Una taberna. “Bienvenidos al Cuervo Blanco.” Dijo el anfitrión. Nos recibe un agradable calor, cuatro chimeneas bien predispuestas de leña hacen agradable y acogedora la estancia. Por fin parece que podemos relajarnos tan siquiera un instante. Miro en todas direcciones, parece que ya habían más personas antes que nosotros. ¿Más paganos?

Un hombre de extraña apariencia que estaba envuelto entre unas cobijas se levanta. Porta una extraña máscara blanca; solo se ven sus ojos a través de los agujeros que le permiten a la vista. Tiene algo que no me cuadra, algo raro. Muy raro. Me adelanto y posiciono en frente de Tanya, por cualquier motivo, ese hombre me da mala espina. Y empieza a hablar.

¿Cómo era posible que ni siquiera supiese bien porqué estaba allí? Bueno, yo tampoco sabía con exactitud, a parte de “dar un gran golpe a las cadenas y blablabla”.

-¿Osea que vienes hasta acá, desde la otra punta del continente, y dices que no sabes precisamente porqué? – Le digo mirándole extrañado. – Daremos un gran golpe a la Eclesia, punto. Sólo espero que  no sea demoler una simple catedral o algo así; como hizo un loco en Ciudad Catedral hace unos meses. – Miro a Nadine en busca de alguna posible respuesta a nuestras interrogantes; luego a Lilith y poco a poco al resto de la banda.
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Re: [EVENTO DECISIVO] "Aurora Boreal" [Puerta del Norte-Todheim - 1 de Enero - 898 d.G

Mensaje por Friedrich Von Faust el Mar Mayo 12, 2015 4:11 am

-Disculpe, mi buen caballero. – Contestó apenas el hombre vestido con un extraño camuflaje invernal, y que desprendía una peste a tabaco sin siquiera acercarse. – Debéis entender que hasta el lugar donde estaba apenas llegan rumores;  se esparcen rápidos, sí, pero no son más que rumores. Tenía que comprobar por mí mismo si era cierto lo de un gran golpe, aquí, en Todheim. – Dijo refiriéndose a todos y acercándose al hombre. – Soy el Sr. Friedrich Von Faust.  Caballero; ¿puede decirme su nombre? – Comentó cuando ya estaba frente a frente de Ilya, alargando el brazo con el fin de dar un apretón de manos.

Esperó a que su saludo fuese contestado o no. En cualquier caso, continuaría con su monólogo: - Sea, pues; que tengo entendido que sé dará un gran golpe, es una excelente idea, por supuesto; pero quiero cerciorarme de en qué consiste. – Y continuó. – Hay que poner los puntos sobre las ies; no me gusta actuar a ciegas. Por eso, insisto, si alguno de vosotros podría brindarme la información concerniente, en caso de que ya halla un plan elaborado, por supuesto. – Dijo cortando la conversación por unos instantes en los que de haber estado descubierta su cara, se hubiera notado una turbia sonrisa. Una pequeña estaba escondida, detrás del hombre camuflajeado. – ¡Oh! Una pequeña criatura. – Dijo. - ¿Pero qué hacéis aquí con este invierno tan desolador y lo peligroso que es todo esto, mi señorita? – Y añadió, refiriéndose a Ilya. - ¿Es su hija? Traer los hijos a estos lugares es peligroso… No vaya a ser que un loco al que le gusta hacer explotar catedrales esté rondando por aquí. ¿Verdad? - Concluyó con cierto tono amenazador.

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Re: [EVENTO DECISIVO] "Aurora Boreal" [Puerta del Norte-Todheim - 1 de Enero - 898 d.G

Mensaje por Darak-Han el Mar Mayo 19, 2015 11:56 pm

Ya tenía tiempo sin tentar a alguien que de inofensivo pasase a la siguiente escala: astuto. Si se hubiera podido ver detrás de su antifaz, Dezba podría haber notado una especie de mueca entre disgusto y sorpresa; parecía que el que sus venenosas palabras cayesen en una suerte del norgon, que aparentaba no darse por aludido y comentaba con sarcasmo. La ira hirvió en sus venas. Definitivamente, esta persona es un infiel; su lengua de víbora no debería de escupir palabras tan hipócritas como esas. Le haré un favor a nuestra santa Eclesia sacando del camino a este hombre. Pensó. Y cuando logré ponerle una mano encima; haré que escupa toda la verdad, desde sus objetivos reales hasta su confesión, sea lo que haya hecho.

Darak-Han terminó de escuchar con disgusto todo. En su mente sabía que había una especie de posible conexión entre Dezba y lady Talia; en su mente se bosquejaba que detrás de Dezba, podría haber otra conexión aún más dudosa que la de Talia. No obstante, sólo era una especie de conjeturas que había sacado con prisas. Pero si era cierto lo que Gregorius le había encomendado; debería de cuidarse.

-Supongo que estáis en lo cierto, Dezba. Se descubrirá en el camino quiénes seremos dignos de llevar a cabo la tarea que nos encomendó el Altísimo. No obstante, creo que hoy deberemos coordinarnos más a fin de no fallar como la última vez. – Se acercó un poco más a Dezba para hablarle en voz baja. -  Todos sabemos que su Ilustrísima M. Karmikov no tolerará un fallo más por nuestra parte; si hemos de fallar, lo mejor será morir aquí mismo… Como inquisidores que somos, conocemos bien el castigo de lsa mazmorras. – Concluyó alejándose de vuelta.

Luego, tendiéndole la mano de forma “amistosa” al norgon, continuó: Suerte, hermano. – Auque para sus adentros continuó maquinando.

De momento, hay que calmar los ánimos. Por alguna razón, siento que Dezba no desconfía del todo conmigo… O se siente muy superior, o hay otra razón. De todas formas; intentaré averiguar lo más posible acerca de él en lo que resta de nuestro tiempo en este lugar. Tampoco debemos dejar de lado a los malditos heréticos que planean herir esta sacra ciudad. No; no lo permitiré, y si es necesario dejar mi vida aquí, así se hará.
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Re: [EVENTO DECISIVO] "Aurora Boreal" [Puerta del Norte-Todheim - 1 de Enero - 898 d.G

Mensaje por Crick el Mar Jun 23, 2015 12:02 am

Lilith:

Era finales de Noviembre cuando Lilith despertó en el suelo embarrado del anillo exterior de una ciudad que solo podía ser Ciudad Catedral. Jamás había visto la ciudad desde aquella perspectiva, nunca se había atrevido, o nunca había necesitado salir de la ciudad. En los suburbios de la baja ciudad tenía todo lo que necesitaba: comida, bebida y una familia; o algo parecido a una familia. Era feliz, o eso creía. Lo cierto era que llevaba dos días tirada inconsciente al otro lado del muro de la ciudad y no se acordaba de nada de lo que había ocurrido en los últimos días.

Era un día lluvioso, triste, gris y oscuro. Sus ropas estaban empapadas y se pegaban a su cuerpo. Una nota resbaló sobre su pecho y cayó al suelo. Por un momento deseó que aquella nota aclarase su mente, pusiese orden a sus recuerdos y explicase lo que había sucedido y por qué estaba tirada en el barro fuera de la ciudad recuperándose de la borrachera de la que estaba segura no había participado. Pero la nota no narraba nada de aquello y no podía recordar si aquella letra era de Sullivan. De echo ni siquiera se acordaba si Sullivan sabía escribir.

La nota era corta, escueta y poco explicativa. Una nota de bienvenida a una organización secreta, encargada de sembrar el caos y la discordia en el seno de la eclesia tal como explicaba el texto, dirigida a su nombre y en la que se la nombraba “Agente del Caos” y se la instaba a encontrarse con su jefe en el “Pony borracho”. Una pequeña taberna en el pueblo de Ilgard; al noreste del bosque negro, en las tierras de Norskland. Tardó tres semanas en encontrar el lugar indicado y llegar a él.

Protegido por los bosques boreales; el frío de sus ventiscas y tormentas de nieve y la ferocidad de sus animales salvajes, el pequeño pueblo de Ilgard era un pueblo tranquilo y pacífico. O debía de serlo en circunstancias normales donde no se viese asediado y saturado de fuerzas eclesiales. No le costó demasiado esfuerzo encontrar el Pony borracho. Además de la posada, era la única taberna del pueblo. En su cartel podía verse el dibujo de un corcel blanco, reposado tras una mesa, alegre y feliz sosteniendo una gran jarra de cerveza espumosa. El calor de la chimenea golpeó su rostro al entrar y el sonido de la fiesta inundó sus oídos.

-¡Ahí estas, has venido!

La voz joven resonó en la estancia llamando su atención. Un hombre moreno, de pelo corto y actitud chulesca le hacia señas para que se acercara a su posición, cerca de la chimenea, mientras apartaba de su regazo a una mujer semidesnuda que competía con otras tres por la atención del joven.

-Me hace muy feliz que hayas llegado ¿Quieres unirte a la fiesta?

El joven miró a la furia roja y adivinó su respuesta, sin embargo continuó hablando con el mismo tono insolente y pícaro sin importarle la reacción de la mujer.

-¡Claro que si! Ven, siéntate y tómate una cerveza tibia, te sentará bien. He montado una gran fiesta para nuestros amigos de la Eclesia y tu eres la estrella... ¿A que creías que me refería?

El joven agitó sus manos y espantó a las mujeres que lo rodeaban igual que un anciano espanta las palomas del parque. Cuando se quedaron solos, el hombre le dio la bienvenida a los “hijos del caos” y brindaron por un futuro prometedor antes de que le contase el plan a la furia roja. Un plan tremendamente estúpido y arriesgado pero que de llevarse a cabo, sembraría el caos entre las filas de la Eclesia. Y lo hicieron.

Minutos antes de la media noche. “Osiris” (así se presentó su compañero) y Lilith se infiltraron en la posada, colocaron varias cargas explosivas en el edificio y en los carros de la Eclesia y cuando el reloj marcó las doce... Estalló.

Muchos fueron los muertos y los heridos y pocos los supervivientes. Pero Osiris no estaba contento con aquello, la “fiesta” no había comenzado todavía, aquello solo era un aperitivo y el plato fuerte se encontraba en la ciudad helada de Todheim. Sin embargo, antes de partir rumbo a Todheim, Osiris siguió la caravana de la Eclesia que se dirigía de vuelta a ciudad catedral y les tendió una emboscada donde mató indiscriminadamente a todos los que no pudieron huir de sus balas ni su espada mientra Lilith lo imitaba o contemplaba el espectáculo de sangre desde la seguridad de la noche esperando el momento de emprender la marcha hacia Todheim. Sin ninguna duda la Eclesia había conocido el caos aquella noche. Un Caos que tardarían años en olvidar.

Spoiler:
“Osiris” y su séquito de mujeres:



Shiro Tsumin:

Su primera misión para los Tzinch no fue tal y como Shiro Tsumin hubiese deseado. Pero la segunda misión que la habían encomendado no podía decidir si se trataba de una generosa recompensa por su duro esfuerzo y trabajo. O un castigo por su juventud e inexperiencia en asuntos vampiricos.

La misión resultaba aparentemente sencilla. No tenía ningún misterio, carecía de secretos y podría considerarse la tarea mas gratificante para una mujer: Ser madre. Así era. Los Tzinch, preocupados siempre por sus orígenes comenzaban a preocuparse también por su futuro. El sustento de su alimento y la continuidad de su raza en el mundo. Debían asegurar la continuidad de la raza y extender sus dominios mas allá de las fronteras de ciudad catedral, y Shiro Tsumin era la vampiresa idónea para aquella tarea. Su nuevo destino, Todheim. Donde se encargaría de extender la plaga de sangre en la ciudad helada y convertir nuevos vampiros a la causa Tzinch.

Pero decirlo era más fácil que hacerlo. Shiro Tsumin era, y seguía siendo una Obispo de la Eclesia central hasta que dios lo impidiese. Y como Obispo tenía sus obligaciones y responsabilidades en Ciudad Catedral. No podía, ni debía romper su tapadera. No estaba preparada para desprenderse de todo aquello que había logrado y cambiar de vida para transformarse en una paria, un peón a las ordenes de otros... ¿O si?

Fuera como fuese, inquietantes noticias sobre revueltas de trabajadores en la ciudad de los carámbanos llegaron a oídos de la obispo y esto le dio la escusa perfecta para abandonar sus quehaceres en ciudad catedral e interesarse por la política de Todheim organizando un viaje diplomático. No le resultó difícil conseguir transporte ni guardia personal, ni todos los lujos con los que un obispo de dios debe viajar. Pero si le resultó difícil conseguir ganado del que alimentarse.

Durante el viaje, Shiro tuvo que agudizar su ingenio para burlar su propia seguridad y salir a cazar. Dos guardias patrullaban siempre el perímetro de las posadas en las que se detenían a pasar la noche y uno más custodiaba su puerta, mientras el cuarto guardia y el chófer, otro guardia teutogeno experimentado, descansaban en la habitación al lado de la suya para despertarse a media noche para relevar a sus compañeros en la guardia. Hubo noches en las que tras lograr evadir la seguridad, la inexperiencia en la caza de la vampiresa le impidió alimentarse. Y otras en las que no solo se fue a la cama sin comer, sino que su presa escapó gritando y alertando a los guardias que a punto estuvieron de descubrirla en un par de ocasiones. La vida resultaba demasiado fácil en brazos de Alveek. Desgraciadamente, el fiel mayordomo y leal sirviente tuvo que quedarse en la mansión Tsumin para guardar los intereses de la joven señora. Y por si la falta de alimento fuese suficiente para poner de los nervios a cualquier vampiro, hasta entonces nunca antes había transformado a nadie, ni le habían enseñado como se hacia por lo que debería aprender por si misma si deseaba tener éxito en su destierro a las tierras heladas. Pero ni su inexperiencia ni la desconfianza de los hombres y mujeres de aquellas tierras se lo pusieron fácil.

Llevaba ya dos semanas sin ingerir el rojo elixir de la vida y la vampiresa estaba tan histérica y desesperada que hubiera sido capaz de subirse por las paredes de su diligencia, girar 360º su cabeza o atacar a su guardia personal con tal de alimentarse. El reposa-brazos de su asiento estaba roto de tantas veces que lo había arañado para calmar su nerviosismo. Cuando la diligencia se paró en mitad de ninguna parte sin motivo alguno, Shiro Tsumin estaba al borde de la locura.

Una veintena de soldados, sacerdotes e inquisidores del séquito del obispo Stenkerk se cruzaron en su camino. Estaban cansados y heridos. Tal y como reconocieron y la obispo pudo observar después, habían sufrido un ataque la noche anterior que diezmó por completo su operativo y tan solo veinte malogrados hombres y mujeres lograron salvar la vida de los casi trescientos que regresaban a ciudad Catedral. Fue una carnicería. La nieve del suelo era color carmesí, los cadáveres se apilaban unos encima de otros y adoptaban posturas retorcidas imposibles de imaginar.

Shiro Tsumin bajó de su diligencia, ya no podía soportarlo más, aquel cruce de caminos era un buffet libre y ella llevaba semanas sin comer. Se apartó de la diligencia y ordenó la dejasen sola para “rezar por las almas de los caídos” y “bendecir sus almas”. Se arrodilló en la roja nieve y bendijo los alimentos que iba a recibir, dando gracias a dios por aquella oportunidad. La nieve estaba fría pero todavía conservaba el penetrante olor de la sangre. El característico sabor metálico de la sangre inundó su boca y el hielo se derritió en su interior deslizándose lentamente por su garganta. Saciando su sed. Su hambre. Tendría que compartir la receta con Lady Melouse cuando regresase a ciudad catedral. Aquel bocado era delicioso, la textura aérea de la nieve y el crocante del hielo; La extraña sensación de la sangre fría descendiendo a su estomago y el escalofrío que recorrió su espalda... era, sencillamente, maravilloso.

Llegaron a Todheim tan solo un día después, el 31 de diciembre al caer la noche. El chófer había azuzado a las bestias ante la gravedad del asunto. El obispo Stenkerk debía conocer los echos y el destino de su séquito a la mayor brevedad posible así que la diligencia se apresuró y se dirigió sin descanso hasta su destino adelantando dos días. Un viejo diácono les dio la bienvenida e informó a la obispo de la reunión que iba a tener lugar en cuestión de minutos en la Sala de Mando y la invitó a asistir a ella.


Dorian Walk:

las pesquisas del joven detective no parecían conducir nunca a ningún lugar. Cada nueva pista lo acercaban un poco más a su presa pero cuando creía que ya lo tenía entre sus manos, que podría tocarlo con las yemas de sus dedos, una nueva pista aparecía y lo llevaba a recorrer un largo viaje.

Desde Ojo de dioses a Martillo de Brujas. De Martillo de Brujas a Ciudad Catedral. Y, finalmente, de Ciudad Catedral a Todheim. Sigmen Drodd era un Vampiro muy poderoso y escurridizo, y sus secuaces demasiado leales. ¿se encontraría el vampiro realmente en Todheim o se trataba de otro callejón sin salida? Sólo había una forma de averiguarlo y era viajando hasta la ciudad de las nieves eternas.

Llegó a la ciudad a principios de diciembre. El invierno estaba cerca y podía sentirlo en su brazo. Si bien la composición de su prótesis y su mecánica resistían perfectamente las bajas temperaturas, no podía decir lo mismo de su piel. Pronto comenzó a notar los efectos del frío sobre el metal y las partes de su carne en contacto con este comenzaron a quemarse por el frío. Dorian Walk aprendió a abrigarse bien y a proteger con ungüentos y bálsamos las zonas en contacto con la prótesis. Y a no salir a la calle en las horas de más frío. Lamentablemente, aquellas horas en las que Dorian prefería quedarse en los barracones del martillo junto a la hoguera eran precisamente las horas nocturnas y las primeras luces del alba en las que sus presas aprovechaban para cazar. No pudo averiguar demasiados detalles, ni si Sigmen Drodd se encontraba realmente en la ciudad, o ya se había marchado. Pero si escuchó rumores. Rumores que corrían entre la guardia de la ciudad de cadáveres que se levantaban al anochecer y enormes bestias que se alimentaban en los fiordos.

Los días eran cortos y las noches largas y Dorian comenzaba a maldecir su suerte cuando el 15 de diciembre el Gran Custodio de Todheim, Judith Alianovna lo reclamó en su despacho. La piedra de la ciudadela sudaba hielo formando un revestimiento alrededor de las paredes que reflejaba la luz de las antorchas en todas direcciones como si de un espejo se tratase inundando los pasillos de una tenue luz anaranjada que bailaba y jugueteaba con las formas del hielo. El despacho de la Gran custodio estaba situado en una de las torres de la ciudadela, en las plantas inferiores y resultaba tan frio y austero como la persona que lo recibió.

Spoiler:

- He oído hablar de ti, Dorian Walk...No es raro para los miembros del martillo ir de un lado para otro. Pero si lo es que Mia Queensgod prescinda de sus hombres y los ceda a la 7º división. He escuchado los rumores que circulan sobre ti. Dicen que estas buscando a alguien, y que tu búsqueda no terminará hasta que caces a tu presa, como un perro de presa. Y dicen que eres bueno en tu trabajo. Pero no puedo tolerar que abuses de nuestra hospitalidad, duermas en nuestras camas y comas nuestra comida y no aportes nada a cambio... Ven, sígueme. Tengo un trabajo para ti.

El camino hasta las mazmorras no fue largo, pero si traicionero. Las escaleras de caracol descendían en la oscuridad y el hielo se amontonaba en sus peldaños haciendo que Dorian resbalase y estuviese a punto de caer en varias ocasiones. Pero su anfitriona descendía con gran seguridad y paso firme a una velocidad que a Dorian le parecía imprudente. Descendieron cuatro pisos por debajo del suelo y se adentraron en un largo pasillo con celdas vacías a cada lado. Judith Alianovna abrió una pesada puerta de madera con una llave de hierro e invitó a entrar a su acompañante.

-Capturamos a estos paganos en las revueltas del proletario hace un mes. Desde hace tres días no han repetido otra cosa que no sea tu nombre.

Atados de pies, manos y cuello, tres hombres lo miraron desde el fondo de la pared donde se escondían de la luz de las antorchas. Sus cuerpos estaban débiles y famélicos. Su piel era blanca como la leche y sus ojos brillaban en la oscuridad con el color de la sangre. Tan demacrados como estaban no resultó difícil para Dorian reconocer las orejas puntiagudas, los largos colmillos y las uñas desgastadas de arañar la piedra. Eran tres vampiros. Y a juzgar por su aspecto, sus ojos inyectados en sangre, el temblor de sus muñecas y traqueteo de sus dientes llevaban mas de dos semanas sin alimentarse.

-Creo que sabes lo que son. Y son algo demasiado grande para ti. Deberías concentrarte en las putas, los yonkies, borrachos, ladrones y asesinos de las ciudades bastión y dejar que los exorcistas se encarguen de estos diablos. No es el trabajo más elegante, ni el más bonito o emocionante pero alguien debe hacerlo y a eso se dedican las divisiones guardianas. ¡A veces incluso resulta divertido, Joder!

Judith sonrió y golpeó con la antorcha el rostro de uno de los vampiros que saltó hacia atrás y golpeo su sien contra la piedra detrás de él al no poder apartarse del fuego dibujando una sonrisa en el rostro de la mujer que dio media vuelta y emprendió camino de vuelta a la superficie.

- Ven. Como te he dicho, tengo un trabajo para ti. Parece que esos diablos conocen tu nombre y saben a que te dedicas. Supongo que conocerás la “plaga de sangre”, te dedicas a combatirla aunque no sepas lo que es...hace algunos días que han comenzado a aparecer sobre mi mesa informes de gente que dice haber visto a sus muertos caminar. El frío de Todheim es capaz de volver loco a cualquiera pero después de conocer a estos pobres diablos no se qué creer. Quiero que investigues esos casos junto a un escuadrón de mis hombres y averigües por qué conocen tu nombre y me mantengas informada.

Y así lo hizo. Durante dos semanas trabajó junto a los hombres de Todheim e investigó cada extraño avistamiento y suceso que se escapase ligeramente de lo normal. Pronto descubrió una red nada organizada, y por ello tan difícil de localizar, de voluntarios que repartían gratuitamente mantas y sopas calientes entre los ciudadanos necesitados. El invierno de ese año estaba resultando más frío de lo normal y mucha gente moría congelada en las calles. La pobreza y la crueldad de la realidad, a la que tan acostumbrados estaban los ciudadanos permitía que las personas abandonasen a sus familiares convencidos de que habían muerto, y poco les faltaba a muchos de ellos de ser así si los voluntarios tardasen mas en atenderlos. El regreso de estas personas a sus casas levantó suspicacias y recelos una vez conocida la noticia de la plaga de sangre. Desgraciadamente, nada tenía que ver con ella; Y sin embargo, tres vampiros se pudrían en las mazmorras de la ciudadela a la espera de ser “exorcizados”.

Cuando Dorian fue a comunicar el resultado de sus investigaciones a la Gran Custodio Alianovna el 31 de diciembre. Esta lo recibió en su despacho, como era costumbre, pero a diferencia de otras ocasiones, la mujer dobló una nota y la depositó en un cajón de su mesa y se levantó con prisas de su asiento para ajustarse el cinturón con sus armas a su cintura disponiéndose a partir.

-Me acaban de convocar a la sala de Mando, tu vendrás conmigo. Vamos, Lord Crongberg nos espera.


Darak-Han, Dezba Wakanda, Maximilian Stenkerk, Shiro Tsumin y Dorian Walk:

-Ya es la hora.

La voz grave del caballero honorario Theodor Cronberg resonó en la estancia y reverberó entre las columnas. Con un gesto de su mano invitó a los presentes a sentarse alrededor de la mesa y permaneció de pie, en silencio hasta que el último de ellos se hubo sentado.

La oscura figura encapuchada agarró la mano de Maximilian Stenkerk he impidió que se sentase donde pretendía, sentándose él a la derecha del comandante y dejando al obispo Stenkerk el asiento a la siniestra de Cronberg. Junto a Maximilian se sentó la otra obispo, Shiro Tsumin de familia tan noble e ilustre como los Stenkerk y a su frente, junto al hombre enmascarado de verdes ojos se sentó Talia Ashlyn, Inquisidora de Primera Clase acompañada a su izquierda del inquisidor Gregor Sidonus. Al lado de Shiro Tsumin se sentó Walden Ashbury, Lord Apotecarium Hospitaller y al lado de este la inquisidora Selena Blackmaw que se había despojado de su yelmo.

Los inquisidores de segunda clase Dezba Wakanda, Darak-Han, Vallen Rotheron y Kaminska Garrum se sentaron al lado y en frente de Selena Blacmaw respectivamente tal y como dictaba el protocolo. Según jerarquía el asiento restante pertenecía al exorcista Jared Benditch que sin embargo, cedió a Grace Buckley, Monja de la Cámara Hermética.

La puerta del gran salón se abrió una vez más y la Gran Custodio Judith Alianovna entró en la sala acompañado de un caballero del martillo, Dorian walk. La mujer se acercó a la mesa y tras hacer una reverencia a las eminencias situadas al otro lado de la mesa y ante la imposibilidad de sentarse en el lugar que la correspondía como máximo representante de la 7º legión del martillo en aquella ciudad, aceptó el asiento que le cedió la inquisidora Kaminska Garrum.

Aquellos que quedaron sin asiento se posicionaron poco a poco en segundo lugar según sus preferencias y lealtades. Dorian Walk se mantuvo detrás de Alianvna mientras que Kaminska Garrum se quedó de pie detrás del fallen Vallen Rotheron. La inquisidora de Tercera Clase Anais Stern se acercó a la espalda de Dezba Wacanda y posó sus brazos en el respaldo del asiento acariciando disimuladamente los cabellos del genocida tribal. Jared Benditch caminó lentamente hasta quedar detrás de Selena Blackmaw mientras que el guardia teutogeno Alric Truefort hizo lo mismo quedando de guardaespaldas de los dos obispos invitados a la mesa, posicionándose estoicamente con la espada clavada en el suelo y los brazos cruzados sobre la empuñadura, quieto como una estatua.

-Bien. Ya estamos todos.-El Lord comandante se sentó y un grupo de vicarios acercaron copas y jarras de vino tinto y agua para todos.

-Me temo que no nos reunimos hoy aquí por un motivo alegre, y no puedo decir que me hace feliz veros; ojala otras fueran las circunstancias pero no es así. Estamos en guerra y la batalla se librará mañana.

Theodor Cronberg se levantó y desenvainó su espada para usarla a modo apuntador. la punta de su espada señaló cuatro ciudades en los dos continentes, dos a cada lado del mar. Eonburg y Feuerheim en Gonduar, Hell´s Point y Todheim en Laursia. Cada una de las ciudades estaba simbolizada en la mesa con un Tetraedro de cristal transparente que poseía un extraño efecto de llamas en movimiento en su interior.

-Según los informes del Sagrado Tribunal y los del Martillo Áureo, las fuerzas paganas pretenden atentar contra las puertas cardinales situadas en estas cuatro ciudades. Dirigiremos la defensa de las cuatro puertas desde esta sala.- Su espada se movió entonces hacia las piezas de color negro. -Estas son las tropas de las que disponemos, caballeros. Y como pueden observar se encuentran demasiado dispersas para movilizarlas adecuadamente y a tiempo. Por suerte, Monseñor Karmikov ha creído oportuno obsequiarnos con la ayuda de nada más y nada menos que siete inquisidores.

Un rubor de furia cruzó la cara de Talia que se levantó soportando dignamente el golpe de Conberg haciendo una reverencia con la cabeza.

-Monseñor Karmikov nos a mandado a ayudar en todo cuanto sea necesario y aportar toda la información de la que disponemos para colaborar con la defensa de las puertas cardinales. Hace un mes, un artefacto que debíamos escoltar para su procesado a Martillo de Brujas escapó. Se llama Nadine y es extremadamente peligrosa y cruel. Ha sido desviada del camino de dios por falsos ideales adoctrinados por paganos como “democracia”, “justicia” y “libertad”. No conoce el miedo ni la misericordia. Sus compañeros nos emboscaron en mitad del traslado con la ayuda de cientos de mercenarios bien armados y entrenados. Pudimos someterlos a todos pero desgraciadamente Nadine sacrificó a sus compañeros y aprovechó el revuelo para escapar. Logramos capturar a todos los asaltantes y ahora están en brazos del señor, después de haber confesado sus crímenes y el paradero de Nadine. Se encuentra en esta ciudad y su objetivo es la destrucción de la puerta cardinal.

Las palabras de la inquisidora de primera clase eran honestas. Pero el grupo de Dezba y Darak-Han sabían que había mas mentiras en ellas que verdades. Gregor Sidonus se santiguó y Talia volvió a sentarse en su asiento permitiendo que Theodor Cronberg continuase su exposición.

-Bien, Bien... Es muy amable por parte de Monseñor Karmikov.- La Gran Custodio Judith Alianovna ahogó una sonrisa ante las palabras de su comandante y Alric Truefort asintió con la cabeza ocultando tras su casco la gran sonrisa de placer que le produjo las palabras de su comandante. -¿Alguien más tiene algo que añadir?

El comandante en jefe de la orden del martillo, la guardia Teutogena y lord regente de Todheim miró a todos y los invitó a levantarse para hablar sentándose en su silla. Era el momento de hablar y compartir toda la información que cada uno tenía, o callar para siempre.


Friedrich Von Faust, Karel Stark, Ilya Sokolof y Lilith:


Las cuatro hogueras del Cuervo Blanco ardían furiosamente y el Broken alimentaba su fuego a cada rato. Una patada abrió la puerta y por un momento los allí presentes temieron una redada. El Martillo había llegado, el corazón les salió por la boca. Estaban muertos.

-¡Muy bien putas, el rey a llegado, que empiece la fiesta!

Un hombre joven y alto de cabello negro entró en la taberna como un torbellino. Estaba acompañado de una mujer pelirroja que a pesar de las duras condiciones del ambiente, apenas vestía una camiseta de tirantes y un chaleco de manga corta. El hombre tampoco se protegía demasiado del frío. Como su acompañante apenas llevaba una camiseta de algodón cubriendo su pecho y una gabardina corta de piel. A su espalda podía verse una espada casi tan grande como el.

-¡Axel, Maldito hijo de puta...! casi te meto dos balas en el pecho.- Replico Nadine, la mujer de cabellos dorados que parecía la líder del grupo más numeroso de paganos allí reunidos.

-Lo hubieras intentado preciosa....

Sin prestar atención a las amenazas y miradas iracundas Axel winter, “Osiris” como lo conocía Lilith guiñó un ojo y lanzó un beso al aire en dirección a la mujer mientras se acercaba a la mesa sinuosamente, exhibiendo su cuerpo de forma muy chulesca y poco galán.

-¿Que coño hacéis reunidos en corros? Esto es una reunión familiar, ¡Juntad las mesas!

Axel propinó una patada al mueble donde Karel Stark y los hermanos Cloudfield compartían su bebida y la acercó a la mesa del grupo de Nadine sin que ningún liquido se derramase. Acto seguido se sentó entre la Sucubo y la broken y las rodeó con sus brazos acercándolas a su pecho y a su rostro sonriente.

-Lilith, Yasmin ¿Como se encuentran hoy mis dos princesas, me habéis echado de menos?

-Tan adulador como siempre Axel...¿Quien es tu amiga?

-Mi amiga...- Axel se rascó la barbilla pensativo sin saber muy bien a que se refería la Sucubo, hasta que se le iluminó la cara y se acordó de la mujer que lo acompañaba.-¡Ah! Lilith; Esta es Lilith, la mujer que se convertirá en mi esposa.- Dijo refiriéndose a la mujer Altea. -Es una mujer fuerte. Tiene mucho potencial y además ¡está casi tan buena como vosotras dos!...¿Donde está la bebida, y la comida?

El broken no tardó mas de tres segundos en llenar de viandas y bebidas las mesas unificadas y Axel tardó menos tiempo aún en partir el pan y repartirlo entre todos los presentes y llenar sus jarras de cerveza sin perder nunca la sonrisa de sus labios.

-¡Venga, venga. Comer y beber! quitar esas caras tan feas y largas de mi vista que mañana es un día muy importante y no se puede enfrentar a la muerte con pena en la cara y el estomago vacío.


Axel winter:

http://fc07.deviantart.net/fs71/f/2011/317/b/0/reborn_dante_by_wily1983-d4g4ch7.jpg



”F.D.I”:
Bueno, algunos ya lo sabéis, otros no. pero voy a retomar este evento y vamos a terminarlo a buen ritmo. Creo que salvo karel todos os desvirgáis conmigo como máster. Así que pondré unas normas claras para que no haya problemas.

1º divertíos.

2º disfrutad.

3º pasadlo bien.

Si cumplís estas tres sencillas normas todo ira bien. Como sabéis, el plazo de posteo será de 10 días y el que no postee pierde turno. No postear significa perder nota y conmigo, significa jugar a la tómbola. Cuando has perdido un turno, la nota máxima a la que podrás aspirar será la de la persona que haya perdido un turno menos que tu, así que te arriesgas a que esa persona tenga mala nota y por mucho que te esfuerces su nota sera la tuya. Así que no os despistéis.

Mas cosas... me guio por el pretexto de que cada acción conlleva una reacción, y la no acción es en si misma una acción. Y cada uno es responsable de sus actos tanto como de sus silencios. No os dejéis llevar, tomad las riendas de vuestros personajes y tomad las decisiones que creáis correctas. Pero tomad esas decisiones y no os crucéis de brazos pues eso también traerá consecuencias. Y una vez aclarado esto, no me queda nada mas que desearos suerte.

¡Ah si! Se me olvidaba comentaros a nuevos y viejos que esto no es una aventura inicial. Podéis morir, así que procurar tener cuidado y mantener el nivel de locuras suicidas al mínimo xD

Nota de administración. Lilith, shiro y dorian se incorporan en este punto al evento, no recibirán compensación por tardanza desde este punto hacia atrás, si lo que merezcan de aquí en adelante.





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Re: [EVENTO DECISIVO] "Aurora Boreal" [Puerta del Norte-Todheim - 1 de Enero - 898 d.G

Mensaje por Dezba Wakanda el Mar Jun 23, 2015 9:40 pm

Cuando el señorito fanfarrón aparto a don orgulloso de su camino y ocupó la silla a la diestra de Cronberg me llené de satisfacción y gozo. Pero aquello no era suficiente, tenía que restregárselo como fuera posible. Esbozando una ladina sonrisa busque su mirada con la mía con la intención de hacerle sentir incomodidad o bochorno. Era evidente que la superioridad con la que se dirigió hacia mí en aquel corredor, apartándome de su camino cual indigente, no le había ayudado a ganarse mi favor.

Si lo conseguía, el contacto duraría unos escasos segundos, los suficientes como para regocijarme y volver al asunto principal. Acto seguido, antes de que pudiéramos sentarnos, descubrí que aquella ciudad no era tan mala después de todo. Una obispo, a juzgar por su posición junto al tal Maximilian, de configuración albina y ojos rojo carmesí.

Y bastante joven, lo suficientemente joven como para ser desposada por mí. Mis ojos se centraron en los suyos, y contrariamente a lo que sucedió con Maximilian, esta vez se quedaron en esa posición durante varios segundos. Quería que me notase y quería que este deseo se hiciera de lo más obvio para ella.

¿Cómo habría logrado una muchachita que aparentaba tan pocos años llegar a ostentar una posición equivalente o cercana al obispo Stenkerk? No lo sabía, y aunque mi curiosidad por averiguarlo era máxima, mucho mayor era el sentimiento de superioridad que me inundaba. Aquel maduro hombre debería estar deseoso de arrancarse uno a uno los cabellos de su cabeza. Una mujer, y para colmo más joven, le había igualado. Inconcebible. Jiji.

Después de aquello, me senté frente a lo que parecía ser una hermosa fallen. Había dudado que aquella mujer fuera fallen tanto o más que bajo aquella máscara se escondiera un rostro digno de ser tomado en cuenta. Sus cabellos rosados me llamaban la atención. Era obvio que el pelo de tonos “peculiares” predominaba entre las mujeres eclesiásticas. Primero Talia y su melena pelirroja, luego la señorita desconocida con sus cabellos níveos y para terminar la inquisidora fallen con su pelo del color del chicle.

Sin embargo, aquellas tres ejemplares eran hermosas. Cada una a su manera, y ninguna más que la otra. El calor que producían en mi cuerpo fue tal que pude alejar la sensación de frio constante de mí durante unos pocos segundos. Después, las puertas volvieron a abrirse. Y otro ángel apareció a través de ellas, acompañado de lo que parecía ser una especie de altea con ciber-prótesis. Nunca había entendido el afán de los tullidos por usar ese tipo de accesorios para complementarse ni las ansías de los pudientes de aumentar sus atributos haciendo uso de dichos complementos. Pero supongo que era cosa suya, y que yo no debería inmiscuirme. Mis ideas liberales me lo impedían, de todos modos.

Una vez los dos nuevos miembros de nuestro comité tomaron asiento, el señor Cronberg nos acabó haciendo un desafortunado resumen de cosas que al menos yo ya sabía de sobra. Paganos, blablablá. Puerta cardinal, blablablá. Haced mientras yo miro. Morid mientras yo vivo. Hundíos mientras yo asciendo.

Palabrería barata, hablando en plata. Mientras el viejo hablaba, yo aproveché para observar el mapa, buscando el famoso estuario de Todheim y la puerta cardinal en el mapa. Fue en ese momento cuando, tras escuchar la pullita que Theodor, como el que no quiere la cosa, había dirigido hacia las huestes de Karmikov y al propio sumo Inquisidor, Talia se levantó presta a defender a su querido Karmikov. Después, el propio Cronberg nos invitó a hablar ahora o callar para siempre. Yo, dada mi bocaza legendaria de la que algún día se cantarán gestas, escogí la primera opción. Pero aquella vez tenía un plan definido, no quería perder el favor de Talia, a la vez que quería demostrarle que no tenía poder real sobre mí.

-Lamento discrepar con la señorita Talia, Dios sabe que soy tan leal a ella como el resto de sus subordinados, pero considero el futuro de esta misión algo demasiado importante como para ser tomado tan a la ligera. Así pues, me gustaría presentar un par de concreciones de cara a su alegato. En primer lugar, no fueron cientos los mercenarios asaltantes tal y como la señorita Ashlyn indica. Yo tuve oportunidad de contarlos y, a pesar de que debo darle la razón a Talia en cuanto a que aparentaban ser más de los que acabaron siendo por la intensidad del contexto vivido, no superaban la treintena. De hecho eran poco más de dos docenas, creo recordar y sis mis calculos son precisos. Luchamos valientemente, incluso llevábamos las de ganar, pero de pronto algo sucedió. Esos sucios herejes, haciendo uso de sus pecaminosas artimañas seguramente otorgadas por los malignos, simularon un suceso de lo más peculiar: una carga de banthors en pleno campo de batalla. Sí, sé que parece inverosímil; pero el truco funcionó. Los paganos pudieron asegurar a su lideresa aprovechándose de nuestro momentáneo despiste y dejaron a una cantidad bastante considerable de aliados atrás, que efectivamente fueron neutralizados por nosotros. Aun con todo, la verdad no ha de ser obviada, y me temo que es algo que la señorita Talia, consciente o no de ello y sin malicia, está haciendo. Perdimos, estuvimos a punto de masacrar a esos paganos y sus mercenarios, pero perdimos. Eso es algo que estoy seguro no volverá a pasar. Por dos motivos; el primero es que nos conocemos sus trucos y el segundo está relacionado con que el deseo de revancha hacia nuestros enemigos y protección de la sagrada puerta cardinal es demasiado imperioso como para permitirnos otra derrota. Con el fin de demostrarlo ante todos vosotros, mis queridos compañeros, haré un juramento de honor. -me lleve la mano al pecho, donde mi abrigo portaba un símbolo eclesiástico, para darle dramatismo a aquel alegato.- Juro solemnemente y ante todos ustedes que si he de morir, moriré por la Eclesia, defendiendo la puerta cardinal hasta el último de mis alientos, hasta mi exhalación ultima, hasta que mi corazón deje de bombear la sangre y mis extremidades se congelen. Y si los paganos han de darme muerte, me llevaré a todos ellos por delante. Estoy seguro de que todos mis compañeros, inquisidores o no, me seguirán en este juramento. Os animo pues, a tomarlo.

Aquel momento fue lo más parecido a un orgasmo que sentía en meses. Contradecir a Talia era sumamente placentero. Mi movimiento podía resultar de dos formas; ser un movimiento inteligente, en parte por forzar a mis compañeros a jurar que sacrificarían su vida y en parte por destacarme por encima de mi jefa, haciendo que su influencia sobre mí se debilitase. O podía ser un total fracaso, mirado de otro modo. No tenía dudas en que el broken aceptaría tomar el juramento, ¿pero lo harían aquellos pomposos miembros de la Eclesia Central?

Pero aquel era mi plan, y mis planes, además de tener varios fallos a priori insignificantes pero que después acababan mandando todo al traste, se caracterizaban por volverse en mi contra. Solo el tiempo diría si plantear aquella estratagema había sido acertado. Pero no me detuve ahí, era un bocazas. Así que, con el impetu de mi primer discurso, continué casi inmediatamente sugiriendo algo al líder de la Orden del Martillo:

-Su Eminencia, me gustaría hacerle partícipe de uno de mis pensamientos más privados. Durante mi viaje a esta ciudad estuve soñando con el gran estuario que Todheim posee. Ingeniera punta, vehículos capaces de destruir contingentes enteros de soldados desde el agua. Y me parecía bastante curioso que no fueran empleados en esta misión. Pero luego me percaté de que quizás la capa de hielo en esta época del año sea más gruesa y vuestras embarcaciones no posean rompehielos suficientemente potentes como para atravesarla. Pero, ¿de verdad esto no sería posible? Yo siempre he pensado que la ingeniería todhereña no tenía límites, su Eminencia. Y mientras observaba el plano, un plan ha venido a mi mente. Puede que sea un plan estúpido, pues es una idea tan simple que dudo que no se le haya pasado por la cabeza a un conocido estratega como usted. Pero, de todos modos, si he llegado hasta aquí veo una estupidez y una falta de respeto hacia usted y hacia todos los presentes el echarse atrás. Así pues, mi plan es el siguiente: Dado que la puerta cardinal está en un fiordo y nosotros poseemos barcos mientras que los paganos tienen que conformarse con rudimentarias embarcaciones, y eso en caso de que los muy estúpidos tengan, ¿no sería una buena idea acudir al fiordo con un barco de dimensiones considerables? Una embarcación lo suficientemente potente como para atravesar el hielo y colocarse de tal forma que bloquee todas las salidas al fiordo, a menos a través del hielo. Un barco con suficiente capacidad de fuego como para bombardear a los escuadrones paganos y reducirlos a cenizas. Un barco con suficiente poder simbólico como para hacer que esas sucias alimañas huyan nada más vernos llegar. Y si esto fuera posible, también veo destacable la posibilidad de que dicha embarcación vaya acompañada de otras más pequeñas, y más maniobrables, con el fin de disparar andanadas más pequeñas y no dañar la puerta. Cuando nuestro querido destructor habrá paso a sus hermanitas pequeñas, están se encargaran de perseguir a los paganos que queden e incluso de desembarcarnos a nosotros de ser necesario. En Martillo de Brujas esos heréticos botarates nos vencieron gracias al factor sorpresa, así que es hora de tomarse la revancha. Estoy seguro de que habrán venido preparados para una pelea directa en el campo de batalla, es prácticamente imposible que puedan defenderse de un bombardeo. No sé si tenemos tiempo ni efectivos suficientes, pero al menos considerad mi plan por unos segundos. No pido mucho. ¿Qué opinan, mis queridos compañeros? ¿Es esta idea estúpida o podría ser viable?

Y, de paso, el poder huir una vez la puerta se abriera en una de las embarcaciones sería la guinda de aquel pastel que había montado. Nunca me había atrevido a hablar de forma tan directa a nadie que no fuera Zeo o uno de mis compañeros, y esperaba por mi bien que Theodor se lo tomara de buena forma. Pero, pasase lo que pasase, las cartas estaban echadas y seguro que Talia, acostumbrada a mi mansedumbre, se había llevado una buena sorpresa.

FDI:
A groso modo: observo a los presentes, observo el mapa, contradigo a Talia y presento mi plan a Theodor Cronberg.

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Re: [EVENTO DECISIVO] "Aurora Boreal" [Puerta del Norte-Todheim - 1 de Enero - 898 d.G

Mensaje por Darak-Han el Mar Jun 23, 2015 10:54 pm

La voz grave y profunda de Theodor Cronber resonó en la estancia como un trueno y reverberó en las columnas y paredes con potencia. Era la hora de proseguir con la reunión a la que estaban siendo llamados con un gesto de mano por parte del gigantesco hombre que presidía el puesto de mayor rango en toda la orden del Martillo Áureo. Se despidió con un gesto del inquisidor Dezba Wakanda con el que había terminado su conversación hacía un momento, y se encaminó a la mesa donde estaba situado el enorme mapamundi. La comitiva que se había reunido allí era de lo más variopinta, según tuvo que recorrer con su único ojo. Dos personas repeinadas y que parecían no estar habituadas siquiera al dolor físico; tampoco serían útiles.

Esto es una ofensa casi. Se dijo. Una ofensa en términos mayores, no creo que estos dos humanos sean capaces de ofrecernos ayuda contra el mal que acecha, más que la sola presencia. Y tampoco es que su sola presencia sea necesaria. Continuó luego de una pausa para elegir en qué asiento sentarse. Una mujer de armadura y máscara oscuras tomó asiento, y junto a ella, a su diestra, lo tomó él, luego hizo lo suyo con su máscara y sobretodo de su capucha oscura, dejando al descubierto su rostro de broken y el hecho de tener un único ojo. Había arrugado el entrecejo en un modo pensativo y serio, mirando con la boca torcida en un gesto casi de ira hacia el mapa. Dirigió la mirada en círculos a los que se iban sentando, sin percatarse del todo, como era debido a su ojo faltante, su flanco derecho quedaba totalmente en la ignorancia de quienes ocupaban los asientos de ese lado sin tener que girar su cabeza completamente. No obstante, sentía la necesidad de no sobresalir más de la condición de broken; así que aprovechó y clavó la vista directamente en los obispos de piel pálida que ocuparon los asientos al lado izquierdo de Cronberg, especialmente en la muchacha de ojos rojizos que estaba allí, y con más énfasis en el hombre cojo y piel pálida. Sigo sin entender cómo estos dos individuos, caras bonitas, nos servirán para repeler el ataque que esos herejes planean llevar a cabo en estas santas tierras.

No, necesito relajarme, meditar.
Cerró los ojos entonces. Se centró en el ritmo de su respiración, dotándola de un tempo de tres segundos al inhalar, un segundo reteniéndola y otros tres segundos en exhalar. Su mente se logró poner en blanco durante unos instantes, ignorando completamente los asuntos exteriores y los lugares que las personas tomaban en la mesa y sus alrededores, hasta que el lord comandante de aquella ciudad decidió comenzar su discurso. Solo entonces abrió el ojo, clavándolo en el mapa y dirigiendo miradas indiscretas hacia la mujer peliblanca y al hombre repeinado, mientras escuchaba atentamente el discurso de Theodor Cronberg.

Estaba todavía más indignado. Una ofensiva generalizada, en todas las puertas cardinales. Indignación no era lo único que afloraba en su mente, una furia todavía mayor se acrecentaba en su ceño fruncido y una terrible mueca de disgusto con sus labios. Lo siguiente fue la explicación por parte de Talia Ashlyn, narrar con mentiras la deshonrosa derrota que habían sufrido en la emboscada de paganos. Todavía no olvidaba las bajas de buenos guerreros y fervorosos creyentes que se habían registrado en aquella lucha. No, podría soportar la vergüenza de sufrir otro percance semejante, era mejor morir antes de caer en la deshonra y sufrir los castigos que su Excelencia monseñor Karmikov les haría sufrir, se dijo luego de un rato pensando, cuando salió de lo profundo de su mente, el inquisidor Dezba Wakanda estaba desmintiendo con descaro la mentira de lady Talia. Eso le hizo apagar una risa por lo bajo. En todo el tiempo que había sido encomendado a su misión por Gregorius, había ido generando una especie de sentimiento de odio y frustración dirigidos hacia su actual superior, odio y frustración que luego se convirtieron en el más puro desprecio hacia aquella mujer. Y como todo ser al que se desprecia, cuando algo malo le sucede al personaje en cuestión, la satisfacción surge como uno de los mejores vinos. Y precisamente, le convendría que aquellas dos personas que estaban en su lista, se enemistasen.

Tomó con avidez la copa de vino que le habían servido los vicarios, y luego de un momento, esperando a que Dezba terminase su juramento, se levantó de su asiento, cuadrándose y llevando su puño derecho hacia el lado izquierdo de su pecho. Esa sería una buena oportunidad de estrechar lazos con el humano, a pesar de que en cierta parte estaba de acuerdo con su juramento.

-No deberemos de cejar ante las viles intenciones de seres de crueles instintos y apetitos bajos. Yo, el inquisidor de segundo grado, Darak-Han, juro que hasta que la última gota de mi sangre no sea derramada en la blancura nívea del fiordo, no detendré mis esfuerzos en pos de repeler a las fuerzas del mal que se acercan con el fin de destruir el bien instituido por los coros angelicales y nuestro Señor de los cielos. – Comentó respecto al juramento. – No obstante, y si se me es permitido un acto de malcriadez. – Se relamió los labios y pensó por un instante lo que iba a decir. Todavía no estaba de acuerdo con la presencia de personas que no sirviesen para aumentar el esfuerzo de guerra en aquella sala. – Considero poco oportuna la presencia de sus excelencias, los delegados enviados desde la Santa Sede, en Ciudad Catedral. Me quejo más que nada, en pos de que su seguridad personal se verá vulnerada en caso de que, Dios no lo quiera, nuestros intentos por detener a los viles herejes, fallen.

Con esto dicho y haciendo un gesto con la cabeza, terminó de hablar y volvió a tomar asiento, mirando fijamente a los obispos.
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Re: [EVENTO DECISIVO] "Aurora Boreal" [Puerta del Norte-Todheim - 1 de Enero - 898 d.G

Mensaje por Ilya Sokolof el Miér Jun 24, 2015 8:51 am

-Ilya, mi nombre es Ilya. Y no me importan que simplemente te hayan llegado rumores, es que simplemente estás loco para haber venido aquí por unos simples rumores. – Solté empujándolo un poco. Ese tipo me brindaba una mala espina de proporciones enormes. No era carismático, más bien, lo contrario, y de lo único que podía observar de su rostro, eran sus ojos amarillos, increíblemente horrendos. En mis varios años vendiendo mis servicios al mejor postor he tenido que lidiar con todo tipo de personas, desde ladinos hijos de puta que no quisieron pagarme, hasta mujeres psicópatas que me han apuntado con un arma por no pagarme. Pero la impresión que me daba este hombre era una impresión todavía de mayor grima y de repulsión. Era un no sé qué raro.

Los argumentos y lenguaje rebuscados de él, que se presentó como Sr. Friedrich me terminaron de marear, y al poco instante, se acercaba a mi hermana y me amenazaba con una burla tanto más horrenda como terrorífica. ¡Será hijo maricón de mierda! Simplemente lo aparté con un leve empujón hacia atrás. – No, es mi hermana, y me temo que no puedo dejarla en cualquier lado, Sr. Faust. – La situación era tensa, cogí a Juramento y lo convertí a su forma de rifle tan rápido y disimuladamente como pude, mientras incrementaba la distancia entre ese hombre y yo. Lo que siguió fue un portazo que hace que casi se me salga el corazón por la boca del susto. Estuve a punto de disparar al primero que se acercase por la puerta, no me iba a dejar atrapar tan fácil por esos gilipollas de la Eclesia, Tanya aún es pequeña, no puedo dejarla sola; no desde que formaba parte de la banda de Nadine. ¿Qué iba a hacer? Estaba jodido de igual maneras. Nadine era de esas que aunque hallas contribuido a salvarla, si no confía en ti, de seguro te pondrá una bala en la cabeza. La Eclesia era parecida, quitando lo de ser puta y malagradecida. Lo sé, mi ensañamiento con la susodicha no era siquiera sano. Y de seguro la traicionaría si se me diese la oportunidad, no hay cabida al compañerismo entre yo y ella.

Mantuve el cañón de mi rifle apuntando a los dos personajes que entraron a través de la puerta hasta que la misma Nadine se refirió a uno de ellos como un conocido, solo entonces relajé mis nervios y pude calmarme lo suficiente para olvidar la bizarra conversación que me había brindado el tal Faust. Tomé a Tanya por la muñeca y la arrastré con cuidado hasta las mesas donde por fin me senté y pude “disfrutar” del espectáculo chulesco del tal Axel, que al parecer era conocido de todos los que son mis compañeros.

-Así que Axel. Soy Ilya, un gusto. Parece que ya os conocíais entres todos antes, eh. – Dije sacando otro cigarro de la cajetilla y manteniéndolo en la boca sin encenderlo. Lo cierto es que el tipo me cae bien, es fiestero y a fin de cuentas, un cabrón simpático. Enciendo el cigarro, fumo y bebo. Parece ser que todas estas circunstancias donde se dan “grandes” golpes son pre inauguradas con fiestas. Me encanta, sí señor.

FDI:
Simplemente, transformo a juramento a su forma rifle y me lío otro porro.
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Re: [EVENTO DECISIVO] "Aurora Boreal" [Puerta del Norte-Todheim - 1 de Enero - 898 d.G

Mensaje por Lilith el Miér Jun 24, 2015 5:08 pm

Cuando despertó, la tenue luz del sol mañanero le taladró la cabeza. Durante unos segundos, se sintió incapaz de asimilar nada. Solo quería que la luz se apagara, y volver a dormir. Era obvio que la resaca que padecía no era pequeña.

Al de unos segundos, se dio cuenta. El sol. El aire no-viciado. No estaba en la Subciudad. Era obvio, joder. Los nervios la atacaron, abrió los ojos de nuevo, se levantó. Estaba llena de barro

-¿Cómo coño...?- se estaba preguntando a sí misma, cuando una nota se resbaló de encima suyo. Pese a su estado de post-ebriedad, tuvo los suficientes reflejos como para atraparla antes de que tocara el sucio suelo, y la leyó.

Cuando hubo acabado -la lectura no era su fuerte-, se preguntó en que lío se había metido, para acabar con un mensaje de una organización pagana encima. La cabeza le daba vueltas, apenas recordaba nada de los últimos días. Sulli, Ratzel, Chikan... nombres como aquellos le rondaban la mente, pero no lograba ordenar la información.

En un primer momento, se dijo que hacer caso a aquella nota era una estupidez. Debía volver a la Subciudad, a casa. Luego se dio cuenta de lo imposible que era aquello. No tenía ni idea de en que lugar del Anillo Exterior estaba. Apenas tenía dinero encima para sobornar a nadie -requisito bastante importante para entendértelas con las fuerzas de la "ley"- y, para colmo, estaba segura de que las puertas estarían cerradas y controladas por patrullas. Después de los atentados que habían ocurrido hacía más bien poco tiempo, que incluyeron el derribo de una catedral (según decían los noticiarios), era lo más natural.

Además, algo la llamaba. Aquella invitación la atraía de manera casi magnética.

Finalmente, tras un par de horas tirada en aquel rincón de las afueras, se decidió por partir. Ya volvería a casa en unos meses; aquel era un momento de viajar.

El viaje fue duro, desde luego. No tenía apenas dinero, pese a que se las apañó para robar algo por el camino, y tuvo que dormir en albergues pulgosos o lugares peores. Al menos, el frío no le afectó; su curiosa "habilidad" era sumamente útil, en ese sentido. De hecho, aprovechó todos esos días de camino para practicar. Tomó control de su propia temperatura interna con relativa eficacia, y practicó su control del fuego lo mejor que pudo.

Se podía decir que era una auténtica dama ardiente en un país helado.

Finalmente llegó a su destino. Un pueblecillo plagado de eclesiásticos.
-Genial, al final será todo una trampa de algún inquisimierdas gracioso...- se dijo a sí misma mientras se dirigía hacia la única taberna, el lugar en el que había sido citada.

Cuando llegó un tipo rodeado de mujeres casi en pelotas -fulanas, fue lo que su instinto le dijo- le llamó la atención. Sin dignarse a responder a su ofrecimiento, se acercó a él. Cuando espantó a las mujeres, habló.

-Gracias por la cerveza, en serio, la necesitaba. Pero ahora me vas a responder a un par de cosas, moreno. ¿Quién coño eres? ¿De qué va eso del Caos? ¿Para qué me citas en una tabernucha en el quinto coño del mundo? y, sobre todo ¿cómo coño acabé en el Anillo Exterior de Ciudad Catedral, tirada en el barro como una cerda?

El entusiasmo del tipo, sin embargo, la desbordó y desbarató su intento de interrogatorio.

Aquella noche el entusiasmo de aquel tal "Osiris" no solo se encendió en su mente. Las llamas que lamieron los cuerpos de eclesiásticos despedazados por la explosión así lo atestiguaban. Pero aquel tipo, aquella especie de líder pagano, quería más. La pelirroja lo siguió, pero siempre acarreando un saco de dudas. ¿De qué le interesaba a ella emboscar a una comitiva de eclesiásticos? ¿Qué pintaba una pandillera catedralina como ella en el despiadado norte?

Su nuevo "compañero" se ensañó con los eclesiásticos. Ella, en cambio, luchó contenida, sin entender aún a qué iba todo aquello. Sin duda, aquel hombre le debía un par de explicaciones.

Finalmente, acabaron en otra taberna. Parecía que su contacto con los "Hijos del Caos" era bastante aficionado a ellas. Decir que al entrar sintió el agradable calor de la chimenea sería muy poético, pero no fue así. La temperatura no era algo que fuese con ella.

Nada más entrar, un grito les recibió, maldiciendo a "Osiris".

-Con que Axel, eh... -dijo mientras el moreno se aposentaba entre la tal Nadine y una súcubo- oh, yo soy Lilith. No, no voy a ser tu esposa, por muy grande que tengas la espada. Entiendo que tengo una tocaya aquí, ¿no?

La Furia Roja habló dirigiéndose a la súcubo a la que habían nombrado igual que a ella, al tiempo que tomaba asiento con bastante descaro y se adjudicaba una bebida.-Bueno, espero que no haya líos para distinguirnos. Si no, podéis llamarme Roja. Pero Rojilla no, por lo que más queráis, o tendré que partirle la cara a alguien.

-Ahora bien, necesito un par de buenas explicaciones. Entiendo que queréis dar un golpe contra la Eclesia, sembrar el caos, y tal y cual. Lo de siempre, vamos. Pero a mí no me ha dicho nadie el qué vamos a hacer exactamente. Y espero que detrás de esto haya un buen pago, porque he venido desde Ciudad Catedral para esta mierda. Y el último tipo que no me pagó por un trabajo, acabó enterrado entre escombros- acto seguido, dio un largo trago a su bebida-... bueno, en realidad no me pagó porque murió él antes, pero ese no es el caso.


Entonces se fijó un poco más en el resto. Primero, un bigotudo que portaba un rifle y un cigarro. -Ey, amigo ¿Ilya, has dicho que te llamabas? Bueno, da igual ¿Le dejarías un cigarro a una dama desvalida e inocente? No me gusta pedir, pero estoy sin blanca gracias a este viajecito que he tenido que hacer, así que...

Entonces, se fijó en otro de los presentes. -¡Hostias! ¿Ese no es el terrorista que salió en las pantallas de la Eclesia? Joder, si, el que reventó una catedral ¿Qué coño? ¿Es del grupito, también?

-Con menudos me he acabado juntando...-se lamentó finalmente la pelirroja, al tiempo que volvía a beber.

Aquello prometía ser emocionante, pero no tenía claro si había sido buena idea llegar hasta aquel lugar.

F.D.I.:
Saludos a todas las personitas de esta aventura. Espero dar la talla ^^

Mis acciones se resumen en todo el viajecito hasta Todheim y la ronda de preguntas tabernarias, además de ayudar a Axel (con moderación, eso si) a emboscar al convoy eclesiástico.
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Re: [EVENTO DECISIVO] "Aurora Boreal" [Puerta del Norte-Todheim - 1 de Enero - 898 d.G

Mensaje por Dorian el Jue Jun 25, 2015 5:07 pm

-Maldito sea este viento gélido -murmuró Dorian mientras se echaba la mano al hombro derecho.

A pesar de la zamarra de piel y los bálsamos, el frío seguía quemando la piel en fricción con su brazo metálico, las temperaturas eran tan bajas al anochecer que tan solo podía husmear durante las escasas horas de sol. Sigmen Drodd tenía la culpa de todo esto, Dorian empezaba a dudar si este realmente existía, pues primero fue Martillo de Brujas, luego Ciudad Catedral, y finalmente el infierno helado de Todheim, pero siempre aparecía un nuevo indicio que le mandaba al otro extremo del hemisferio, ¿estarían jugando con él?¿ sirvió de algo la pesadilla vivida en Vanhell?

Dorian llevaba varios días recorriendo la ciudad de Todheim, desde las zonas altas hasta los suburbios, y a pesar de sus "sondeos" no consiguió averiguar prácticamente nada. Los seres a los que debía caza, lo perverso, la escoria que podría facilitarle información, todo ello tenía algo en común, la noche, y él se veía incapacitado debido a su brazo. Quizás Sigmen Drodd ya habría abandonado la región, quizás todo el sacrificio en la ciudad helada era en vano. Dorian pensó seriamente en volver a Martillo de Brujas y redefinir el plan, pero hubo algo que lo retuvo en Todheim, los rumores sobre muertos que se levantaban al anochecer y bestias gigantes que se alimentaban en las calas.

Era 15 de Diciembre y la Gran Custodio de Todheim lo reclamaba en su despacho. El guardián abrió su frasco de calmantes y tragó tres a la vez, el dolor por su brazo metálico era intenso y no quería mostrar debilidad ante la Gran Custodio de la ciudad. Una vez llegó a la dependencia esta era sobria y gélida, allí se encontraba una mujer de piel pálida y cabello rojizo, su propia presencia parecía ahuyentar el fogaje del ambiente.

-Dorian Walk, séptima división de los guardianes del Martillo Áureo -anunció Dorian con un ademán de saludo militar.

La voz de la mujer era fría y autoritaria, su discurso ya lo intuía, él no pertenecía a la nobleza ni nada parecido, seguir disfrutando de alimento y cobijo dependía de trabajar, tendría que ganárselo. Esta le convidó a que la siguiera, tenía un trabajo para él.

-A sus órdenes, Gran Custodio - dijo Dorian.

Ambos empezaron a descender por una escalera de caracol embozada de escarcha, Dorian estuvo a punto de caer en varias ocasiones intentando seguir el ritmo de su superior, la cual avanzaba con una agilidad sobrehumana. La Gran Custodio Judith Alianovna paró en seco una vez descendieron cuatro pisos, allí avanzó sobre un pasillo repleto de celdas y se detuvo frente a una desmesurada puerta de madera. Lo que se encontraba allí eran tres seres lívidos como la nieve, atados de pies, cuello y manos. Estaban famélicos y temblaban, sus largos colmillos revelaban su naturaleza, eran vampiros, y llevaban varios días sin alimentarse, sus ojos rojos como rubíes desprendían odio y desesperación. Dorian reconocía esa mirada, era la misma mirada del demonio que devoró a sus tíos, la misma mirada de los herejes condenados a muerte, la misma mirada de aquellos en Vanhell, una mirada que descubría el abismo del alma, que mostraba el mal en su pura esencia.

Las palabras de la Gran Custodio detuvieron los pensamientos de Dorian, que sin darse cuenta había apretado con tal fiereza su puño izquierdo que se había herido. Judith Alianovna desveló que los tres seres no habían repetido otra cosa que el nombre "Dorian Walk", pero le instó a alejarse de aquello, la plaga era cosa de los exorcistas, a él como guardián le correspondían otros menesteres.

-No puedo negarle, Gran Custodio, que mis deseos se encuentran un tanto alejados de mis obligaciones -manifestó Dorian sin apartar la vista de los tres vampiros -pero verá, como yo lo veo, el mal es una enfermedad, un virus, y los exorcistas a día de hoy una vacuna inútil, el mundo está infectado y una vacuna ya no sirve de nada, no se inoculó a tiempo. Sólo hay dos opciones posibles, Gran Custodio, que el virus acabe devorando al huésped, o que el huésped acabe con el virus, el huésped tiene algunos medios para ello, como por ejemplo elevar su temperatura corporal, a través de una fiebre, y a Dios pongo por testigo que yo voy a provocar esa fiebre.

Dorian no sabía si su discurso habría calado en la mente de la mujer, pero sí que pareció que esta le agració con un trabajo más acorde a su misión. Debía investigar sobre los rumores de los muertos caminantes, y así hizo, durante varios días indagó junto a los hombres de Todheim, pero no había ni rastro de la plaga. Además de su trabajo, Dorian en solitario indagaba por los barrios bajos, buscando información  sobre como entrar en las mazmorras de la ciudadela y sobre posibles drogas para el problema de su brazo, la red ya estaba echada, ahora faltaba esperar. Lo que más le enfurecía era el hecho de no poder acceder a los tres vampiros que se encontraban pudriéndose en las mazmorras, todo sería más fácil si pudiera "interrogarlos". A raíz de todo esto, Dorian se percató de un hecho, al contrario de lo que pensaba, ser guardián del Martillo Áureo no le otorgaba la libertad y los privilegios suficientes que necesitaba, debía ascender, si realmente quería acabar con la plaga necesitaba más poder, tenía que llegar a lo más alto.

Era 31 de Diciembre y Dorian se presentó en el despacho de la Gran Custodio a transmitir el resultado de sus investigaciones. Esta al recibirlo dobló una nota y la guardó en el cajón superior de su mesa, se levantó e invitó a Dorian a que la acompañase a una reunión, una reunión con el mismísimo Lord Crongberg.

La sala estaba repleta, había más de una docena de personalidades, de pie se encontraba un hombre alto e imponente, este debía ser Lord Crongberg. La Gran Custodio Judith Alianovna se sentó a la mesa, Dorian quedó de pie a espaldas de esta. Se podían distinguir varios inquisidores, así como algún que otro obispo, pero los que más llamaban la atención de Dorian eran el encapuchado a la derecha del Lord Comandante, el hombre de raza norgon y la pequeña obispo.

Primero habló Lord Crongberg, luego la inquisidora de primera clase Talia, hablaban sobre un ataque pagano sobre las puertas cardinales. Además una tal Nadine había escapado y eso suponía un contratiempo. Dorian sabía que él era un don nadie en aquella reunión, entre tanto obispo e inquisidor, así que se limito a observar a los allí presentes y a guardar silencio. Como miembro de la Eclesia cumpliría lo que le encomendasen, pero él sabía que aquella no era su guerra.

FDI:

Acción: Observar a los allí presentes para ver si alguien hace gala de una actitud sospechosa, y ver si algo de lo que dicen en la reunión puede servirle en el futuro.

Datos importantes: Dorian quiere empezar a subir de nivel en los cargos de la Eclesia. Está a la espera de si consigue información de como acceder a la mazmorra y de si existe alguna droga que le ayude con lo de su brazo.

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Y yo me paré sobre la arena del mar, y vi una bestia emerger del mar, que tenía siete cabezas y diez cuernos; y sobre sus cuernos diez diademas; y sobre las cabezas de ella nombre de blasfemia. Y adorarón al dragón que había dado la potestad a la bestia, y adorarón a la bestia, diciendo: "¿Quién es semejante a la bestia, y quién podrá lidiar con ella?
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Re: [EVENTO DECISIVO] "Aurora Boreal" [Puerta del Norte-Todheim - 1 de Enero - 898 d.G

Mensaje por Friedrich Von Faust el Miér Jul 01, 2015 1:41 pm

-Con que Ilya, uh. Su pequeña es tan… tierna, jugosa. Me recuerda a Puno; me da tanto asco...

La situación no se terciaba para que el Profeta y su intento de acercamiento. Podía respirar la sensación de nerviosismo que su interlocutor de bigote y que apestaba a cigarro tenía. Además, el hombre se mostraba desconfiado respecto a Friedrich. La ocasión era de lo más cómica para él, sí, le amenazaba sutilmente con su arma, alcanzó a ver un leve movimiento y entonces vio al rifle. Discreto pero potente, le gustaba esa arma. Y le interesaba todavía más ese hombre y su niña, parecería que se iba a divertir lo suficiente en este lugar como para no aburrirse. A pesar del leve empujón que le habría dado el otro, se movió lo más mínimo, y de haber podido continuar pese a la interrupción, lo habría hecho. Sus sensores saltaron de la sorpresa cuando un golpe seco abrió la puerta del local y dejó su alma y nervios orbitando a la deriva del razonamiento, y en espera del momento idóneo para huir de no haber sido porque las personas que entraron a la sala eran conocidas de alguien. Dejó de lado ese hecho durante unos segundos centrándose en el tirador con el que conversaba. – Da igual lo que sea, Ilya. Un lastre es un lastre; y es como se la debe ver a la pequeña señorita. Espero que seas tú quien se haga cargo; porque de lo contrario lo haría yo.  – Continuó y se alejó con movimientos dificultosos y mecanizados. La maniobrabilidad de sus extremidades se había convertido de “pesada” a “nula” desde ue había llegado al frío avernal de Todheim, y la cosa pintaba de mal en peor.

-La situación no gira en torno a “¿qué debemos hacer?” Si no a “¿Cuándo lo haremos?” Es necesario dar el todo por el todo, querido mío. Y entonces, estarás ganando un pequeño fragmento de tu libertad…

Las alucinaciones se habían vuelto más vívidas y lúcidas hacía un tiempo. Pero desaparecieron por un período prolongado durante las semanas de viaje a la ciudad; era el único hecho que le había devuelto cierta parte de su cordura dada en préstamo durante unos cuantos días. Pero desde que había recobrado el conocimiento y la movilidad a sus engranajes, la situación había cambiado de mal a peor en cuestión de minutos, y pronto la mujer de cabello dorado y palidez de ultratumba le acosaba susurrándole al oído. Para ese momento, estaba sentado, de brazos cruzados y observando sin mucho detenimiento a los presentes. Sus “ansias” de curiosidad se habían visto mermadas por la brusca aparición de “Conciencia”, que era el nombre que ostentaba desde hacía un tiempo y que no se había visto en situación de cambiar de forma momentánea. Se odiaban y amaban al mismo tiempo, en una relación de simbiosis sostenida; una serpiente comiéndose su misma cola. La situación terciaba para realizar un reconocimiento rápido con sus escáneres ópticos de todos los presentes, además de sacar su i bible y buscar información de relevancia acerca de la ciudad, hasta que una mujer se dirigió a él reconociéndolo como el hechor de unas acciones de las cuales él, en lo personal estaba muy orgulloso.

-Ya veo, ya; señorita… Lilith. – Hizo una leve reverencia con la cabeza. – Es un hecho del que estoy muy orgulloso; me encanta ver a las personas comunes aterradas. Aunque me temo que el terror me tomó presa a mí cuando conocí a cierto… engendro. Cambiando el tema. – Volteó a mirar a Axel. – Señor… Axel, creo. Se me informó que cuando llegase nos explicaría el modus operandi y los demás detalles de este “golpe”. Si no me apresuro mucho, quisiera que se me explicase por lo menos lo básico.

efedei:
Hago un escaneo optico con mis implantes, y busco informacion de Todheim en la I Bible, ademas de preguntarle sobre el golpe a Axel.

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Re: [EVENTO DECISIVO] "Aurora Boreal" [Puerta del Norte-Todheim - 1 de Enero - 898 d.G

Mensaje por shiro tsumin el Jue Jul 02, 2015 7:24 pm

Estaba bastante molesta por la manera en la que termino mi primera misión para los vampiros de las altas esferas de ciudad catedral; yo no merecía un trato como ese, no, deberían de haberme aceptado sin esa estúpida prueba “¿A quien se le ocurre que una prueba para una pandillera puede servir para probar que una eclesiasta tiene lo necesario para estar en un selecto grupo?” fue la conclusión a la cual llegue luego de que todo eso pasara.
Pero por suerte, me habían mandado otra misión más simple, adecuada a mi modo de vida y a mi posición en la sociedad; esta consistía en ir a Tohidem, la ciudad helada, para “ser madre” de algunos vampiritos nuevos; al principio me reí…pero luego un pensamiento me golpeo como un Bantor, dejándome helada “¿Y si mi padre tuvo esta misma misión? ¿Y si fui tan solo una chica que él se encontró y convirtió en vampira? ¿Y si solo soy una prueba que él tuvo que pasar para quedar en ese grupo?” aquello me ponía bastante triste a decir verdad, puede que mi madre y padre fueran otros y que el tan solo estaba “divirtiéndose” en una misión para sus jefes como siempre.

Aunque tuve tiempo de pensar en eso, a pesar de tiempo transcurrido, no pude sacarme eso de la cabeza en un buen tiempo. Aunque habían también 2 problemas, el primero era por la misión, no sabía cómo transformar a los demás en la criatura que era yo, aunque eso podía arreglarse con practica; el segundo era la manera de llegar ¿Qué iba a hacer una obispo en un lugar como lo era aquella ciudad?
A pesar de ser una criatura maldita por este, seguía siendo un obispo a las “ordenes” de aquel mito llamado “dios” Por lo que podía decirse que lo que paso fue un favor de este. Resultaba que en aquella ciudad los sub y medios ciudadanos se estaban “rebelando” contra las autoridades del lugar, cosa que yo podría usar como excusa para justificar mi presencia allí.

Le informe a Alveek, antes que a los demás sirvientes, de mi viaje a aquel lugar; pero su reacción no fue la que me esperaba, pues dejo caer una especie de diario en el que escribía y me tomo de los hombros mientras me decía claramente nervioso “Shiro, ten cuidado allí, hay cosas que es mejor que deberías evitar ver; enserio, no sabes el problema que habría si te encuentras con….bueno, no importa, ignora eso, solo intenta evitar los bosques de la zona”. Eso me sorprendió bastante, no lograba comprender el porqué de esas palabras, pero lo deje pasar para no incomodarlo más a él ni a mí.
Cuando estuvo todo preparado para el viaje, partí hacia las tierras heladas con bastantes dudas y preocupaciones en mi cabeza; la principal preocupación era la comida, pues no creía que la gente de ese lugar sea muy descuidada, es más, había oído que por el clima la gente actuaba sin felicidad ni disposición para agradarles a os que no fueran ellos.

Me faltaban cosas en el viaje, tenía las que toda persona querría, pero me faltaban 2 cosas esenciales para mí: Aveek y la sangre para alimentarme. Sin aquellos 2 elementos que componían mi forma de vida, esta fue mucho más difícil y tortuosa que de costumbre, por empezar que tenía que arreglármelas para evadir una seguridad que, si bien me protegía, me imposibilitaba la salida para conseguir el segundo punto de mi lista. Aquello fue poco menos que una horrible tortura, pues ademas de que en varias ocasiones que salía a comer casi me descubrían, otras las personas de las que me alimentaba escapaban asustadas “Maldición, ojala lleguemos pronto…aunque aún asi la tendre fácil, ojala halla un vampiro al llegar allí”

Una de las pocas cosas que me calmaba era arañar mi asiento el cual ya estaba en un estado muy malo, a veces me reia de lo tonta que habia sido al aceptar una misión como esa, en otras tenia ganas de salir y enfrentarme a un guardia para conseguir lo mínimo de sangre posible y hasta llegue a pensar en si era posible tomar mi propia sangre para calmarme. En el estado de abstinencia en el que estaba sumergia me ponía de un humor horrible en el cual no toleraba nada de lo que podria llegar a ser un poco incomodo; muchas veces me dije que era buena idea volver y dejar eso, mientras que otras mas me recordaba como se sentía la sangre, cosa que solo lograba aumentar mi hambre, la cual de por si ya era grande.
Pero un inesperado dia de mi viaje, ocurrio algo que me alegro mas que nunca. Varios soldados, que mi estado de desesperación por sangre no me dejo contar, se cruzaron en el recorrido que estaba siguiendo “Hambre….tengo hambre…mucha hambre, jajaja, al parecer el dios dormido aun puede escucharme ¿será que le agrado? Jajajaj, eso ya no importa, ahora tan solo quiero comer, no puedo parar este deseo…. Ahora me alimentare y saciare uno de los pesos con los que tengo que lidiar por mi naturaleza” tenía una gran sonrisa y mis ojos mostraban alegre por aquella visión que causaba tristeza en los corazones de los demás.

No tuve mucho que pensar en ese momento, me aleje de los que me resguardaban, o más bien, molestaban, en ese viaje y les dije que me dejaran a solas con los hombres que fallecieron; una vez estuve suficientemente lejos, me arrodille y di gracias al dios dormido, al misericordioso metatron y a los angeles que parecían no querer dejarme sola en un momento asi, concluyendo con un “O eres el tipo mas masoquista que he visto, o tienes planes para mi; sea como sea, no cuestionare tu pensamiento divino y comeré tranquila por hoy” Luego de decir esto me puse a comer la sangre que estaba sobre aquella nieve; tenia el mismo sabor de siempre, a juzgar por el sabor fuerte y complaciente que sentía, varios estaban en forma; también predominaba el gusto acido, por lo que la mayoría eran hombres de clase media. Tambien ayudaba al sabor la nieve, le daba una textura semi-solida ademas de saciar mi sed, aquello era simplemente increíble, un sabor que pocas veces habia sentido y algo que pocas veces, si no ninguna, habia tenido la oportunidad de probar.

Despues de eso, segui con el camino para llegar a Tohidem, increíblemente llegue el 31 de diciembre en el momento en el que se generaba una reunión.
En esta habia varias personas, entre ellas un claro obispo cosa que me sorprendio un poco.Mientras miraba la mesa vi que la gente que se reunía allí era de lo mas variada; en eso vi como un hombre bastante alto, posiblemente de raza norgon, me estaba mirando fijamente “Seguramente es un inquisidor mas al que le parezco bonita, bueno, lo poco que vi de Melouse me enseño que encantar a la gente es algo que sirve cuando eres una vampiro con dinero y pider” mientras pensaba eso le sonreí mientras pensaba si podia serme de utilidad y guiñaba rápidamente un ojo.

Un hombre a su lado, de aspecto no muy agradable, me miraba a mi y quizá a otras personas con desconfianza. Luego de unos momentos un hombre con gran armadura y pieles además de una espada bastante vistosa, explico el motivo por el cual estábamos allí ademas de como era la situación general; pero al parecer una de sus palabras ofendió a una chica pelirroja la cual se levanto para decir unas cuantas cosas sobre ella y su grupo, cosa que me hiso preguntarme mas sobre cuan buena era la inquisición.
Luego de aquel ese hombre preguntara si alguien tenía algo que acotar, el norgon que antes me estaba mirando tomo la palabra, primero desmintiendo a la inquisidora, luego reafirmando su devoción y finalmente planteando un plan que en un principio no era muy malo.

Aunque el hombre que antes me miraba sin mucha confianza se levantó y, luego de decir su extraño nombre, cargo y demostrar su devoción a la causa; tan solo dijo que la presencia del otro obispo y la mía no era muy necesaria en esa ocasión, cosa que no me ayudaba mucho en mi plan. Pensé un momento en la situación, había algunos fallos con el plan de aquel norgon, pero me agradaba ¿sería prudente apoyarlo? Bueno, si algo salía mal, aquel navío podia resultar más como ayuda que un impedimento para los paganos, cosa que me convenía igual, pues destruir las puertas era uno de mis objetivos en la vida.
Luego de pensar en eso, me levante lentamente apoyando las manos en la mesa y dije.

-Si me permiten mi opinión, creo que la estrategia planteada por el inquisidor aquí presente es lógica; esto pues, si por algo destaca esta ciudadela, es porque tiene el mejor armamento y flota bélica. Sería una pena, desde mi perspectiva, desaprovechar esa ventaja que tenemos contra los herejes que atentan contra la puerta; claro, las probabilidades de que tenga éxito no son las mejores, pero me resulta buena idea considerarlo como una opción – Termine de decir eso para mirar al inquisidor Darak y concluir lo que tenía que decir -- Señor Darak, me parece muy noble de su parte preocuparse por la seguridad del sñor aqui a mi lado y de la mía; no se la opinión de este, pero he de decirle que yo no pienso irme de esta ciudad a penas llegar; vine desde la ciudad catedral con un objetivo, por lo que luego de terminar con ello me retirare, pero ni aun ante la presencia pagana cesare al objetivo que dios me ha mandado a realizar- Termine de decir eso, un poco nerviosa por no saber si lo habia dicho bien, siempre me pasaban cosas asi al tomar la palabra; aquellas personas tendrían, de seguro, mas experiencia que yo en cosas como esa, pero debía de intentarlo.

FDI:

Bueno, me ha quedado un poco cutre pero es porque ultimamete no tengo tiempo para nada.
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Re: [EVENTO DECISIVO] "Aurora Boreal" [Puerta del Norte-Todheim - 1 de Enero - 898 d.G

Mensaje por Karel Stark el Vie Jul 03, 2015 1:43 am

Parecía ser que la calma no abundaba en un lugar como ese... Menuda sorpresa.

No es que fuese raro que en una taberna acabase armándose algo de escándalo, de hecho, le hubiese preocupado que no fuese así, pero la única reacción del caballero negro cuando un tipo se atrevió a patear la mesa en que se encontraban fue levantar su bebida y luego dirigir la mirada hacia el que había entrado como un elefante en una cacharrería... La verdad era que había conocido a suficientes tipos como aquel para darse cuenta de que la fuerza se les iba por la boca y ninguna de las acciones que tomó a partir de ese momento hizo más que confirmar la opinión que ya se había forjado acerca de ellos.

El modo en que se situó con las dos mujeres fue suficiente para que Karel mostrase su desaprobación en un suspiro hastiado, pero lo cierto es que lo que más le preocupaba de todo el asunto es que ese tipo hubiese llegado y nada más hacerlo se hubiese convertido en el dueño del lugar. No es que él tuviese ningún problema con esa clase de cosas, dado que erigirse como el gallo más ruidoso del gallinero a menudo servía únicamente para ser el primero en perder la cabeza, pero el modo en que había faltado el respeto tanto a él como a los Cloudfield, así como al resto de parroquianos en el bar, le hizo considerar por unos momentos la posibilidad de levantarse y ponerle los puntos sobre las íes. Podría haberlo hecho, desde luego. Incluso el jarrón que sostenía, en sus manos, era un arma más que suficiente. Pero luego se planteó qué ganarían realmente con eso y, en su lugar, se mantuvo a la espera, observando...


No fue para mal, pues el lugar no tardó en llenarse de las figuras más pintorescas que había visto en mucho tiempo. La mayoría hablaban demasiado aunque eso no era difícil cuando se tenía en cuenta que quizá él hablase demasiado poco... Era consciente de que no sabía demasiado de la mayoría de los allí presentes, pero tenía la corazonada de que destacaba entre ellos como un león en un rebaño de ovejas. Bien era posible que los Cloudfield supiesen algo más que él del tema así que, antes de aventurarse a entablar conversación con alguno de ellos y arriesgarse a poder decir algo inapropiado, decidió inquirir con sus compañeros acerca de la nueva compañía... Si bien parecía evidente que también tenían sus propios problemas contra la Eclesia, dudaba mucho que fuesen trabajadores de equipo y desde luego tenía bastante claro que la sutileza no era lo suyo. Así que se situó al lado de Altair, mirando a Megaera, antes de susurrarle algo.


- ... ¿Sabías algo de estos tipos, Altair? Sería un buen momento para que me pongas al día. No estoy seguro de que sean la compañía adecuada para hacer este trabajo. Sea cual sea este...



Porque, desde luego, a menos que se tratase de montar un espectáculo de circo, le resultaba difícil saber para qué podían ser buenos. Cierto era que no les había visto en combate, pero gente como aquella... Era indisciplinada, en muchos casos incapaz de mantener una formación aunque su vida dependiese de ello, demasiado individualistas para saber cuándo y cómo dejar de lado el propio orgullo y sacrificarse por el equipo. Era más que probable que él fuese el único que siquiera se planteaba esa posibilidad, y eso le preocupaba. Suspiró. No es que pudiese hacer mucho más que eso, por ahora.

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Re: [EVENTO DECISIVO] "Aurora Boreal" [Puerta del Norte-Todheim - 1 de Enero - 898 d.G

Mensaje por Maximilian Stenkerk el Sáb Jul 04, 2015 2:41 pm



Su Eminencia Lord Cronberg anunció el inicio del cónclave, por lo que me dispuse a sentarme. De repente, algo me lo impidió. Sentí el gélido tacto de una mano, y un escalofrío me recorrió el cuerpo. Giré la cabeza y vi la ominosa figura del encapuchado que en un vergonzoso acto de insolencia se atrevió a tocarme. ¡A tocarme! ¡Una sucia sabandija emergida de a saber qué estercolero de los suburbios atreviéndose a tocar a un noble, a un obispo, a un Stenkerk! ¡Y la humillación fue todavía mayor! ¡Ese miserable osó apartarme y sentarse a la diestra de su Eminencia! – ¿Cómo os atrevéis?– Susurré para que solo él me pudiese oír. Y sin embargo, al mirarle, vi en sus ojos una mirada horripilante y aterradora.

Como no deseaba montar una escena y ser todavía más humillado le sonreí amable pero falsamente y le bendije con mi mano. – Hijo mío, ego te absolvo. – Dije solemnemente. Y me dispuse a sentarme a la izquierda de Lord Cronberg. Pero jamás olvidaría esa humillación y como Cronberg la había permitido con la más absoluta de las desidias. ¡Pero esto no solo era un insulto hacia mi ilustre persona o hacia mi insigne casa! ¡Esto era un insulto a toda la Eclesia Central, al colegio cardenalicio y al mismísimo Exarca! ¡Permitiendo ese tipo de comportamientos lo que se estaba haciendo era socavar la autoridad política del Alto Clero! Y estaba convencido de que era algo más que intencional por parte de su Eminencia.

El resto de asistentes también tomaron asiento. A mi diestra se sentó una peculiar y muy joven mujer. De cabellos plateados y ojos rojos, de figura menuda, rostro infantil y ataviada con un vestido blanco. Sin embargo lo que más me llamó la atención fue su mano. Su anillo. ¡Llevaba un anillo pastoral! ¡Un anillo de obispo! ¡¿Una mujer obispo?! ¡Era un absurdo, contrario al propio códex canónico! ¡¿Cómo era posible que se hubiese permitido incorporar a una mujer al Alto Clero en contra de las más fuertes tradiciones que llevaban gobernando la Eclesia desde su fundación?! Esta era una prueba más de la decadencia de la Eclesia. Abandonar nuestras más santas tradiciones era alejarse de la propia esencia de la Eclesia, alejarse de la Voluntad Divina.

Y encima era una cría. No debía de superar la veintena de edad. ¡Con su edad no podía estar preparada para ser obispo! ¡Yo tuve que estar durante años en el seminario formándome en derecho canónico y teología para ser ordenado sacerdote! ¡Y durante varios años más estuve ejerciendo como diácono del obispo Herkbeck, y no fue hasta la muerte del anciano cuando me hice con su diócesis y pude vestir el púrpura! ¡¿Y una advenediza con tan solo dos décadas de edad alcanza mi misma posición que con tantos años de trabajo y esfuerzo me costó labrarme?! ¡Era una vergüenza! Esto solo podía venir de la mano del Cardenal Mindszenty. Solo a él o a alguno de sus acólitos se le ocurriría tal ofensa a nuestras más sagradas tradiciones.  ¡A saber que sórdidos y oscuros favores le hizo a ese degenerado fornicador de Mindszenty para lograr su anillo pastoral!

Sin embargo algo me distrajo de mis furibundos pensamientos. Las puertas de las salas se abrieron y entraron dos figuras, dos personas, un hombre y una mujer, aunque yo solo tenía ojos para ella. Me dejó obnubilado. Aunque vestida con armadura pesada, tenía la figura esbelta. Su piel era de un blanco níveo. Pero lo más impactante era su cabello y su mirada. Su pelo era de un rojo carmesí intensó que caía en una cuidada melena sobre sus hombros, y sus ojos de un violeta grisáceo deslumbraban a quién los mirase. Era el vivo retrato de mi hermana, Lissane, o incluso de Madre. Me quedé sorprendido, anonadado… fascinado. ¿Cómo era posible tal semejanza? Era cierto que la dulzura de mi hermana había sido sustituida por la fuerza y solemnidad de su rostro curtido. Pero aún así el parecido era asombroso. Por las insignias de su armadura debía de tratarse de la Gran Custodio, Judith Alianovna. Nunca la había visto en persona, pero sí había oído hablar de ella debido a su posición.

Una vez tomó asiento la Gran Custodio, el cónclave comenzó tomando la palabra Lord Cronberg. El Líder Supremo relató las amenazas que se cernían sobre la Eclesia. No era nada nuevo para mis acompañantes y ni para mí. Su Eminencia el Cardenal Crawley ya nos puso en sobre aviso sobre el ataque planeado por los traidores paganos contra las Puertas Cardinales. Aunque sí me sorprendió la inminencia del ataque. Si la batalla sería al día siguiente, tal y como Lord Cronberg indicó, era poco probable que las tropas que el rey Oberón se comprometió a enviar llegasen a tiempo… Si es que alguna vez llegaban.

Luego tomó la palabra la que parecía ser la líder del cortejo de inquisidores que llegaba de Martillo de Brujas, poniéndose de manifiesto la mala relación entre el Martillo Áureo y la Inquisición. Lo irónico es que ambas organizaciones normalmente no destacaban especialmente por su brillantez, aunque la inquisición sin duda se llevaba la peor parte. Ni entre ellos mismos eran capaces de garantizar el orden y la cohesión, ni profesaban una verdadera lealtad por la Eclesia. Solo eran una panda de psicópatas trepadores marginados sin el más mínimo sentido del decoro.

Y cuando el inquisidor Wakanda tomó la palabra, mi hipótesis se vio reafirmada. Públicamente desautorizó a la que parecía ser su superior. Era un insulto al honor de la inquisidora y a la cadena de mando. Una absoluta falta de decoro y civilización. Ni siquiera a mí jamás se me hubiese ocurrido mancillar al Cardenal Mindszenty en público como hizo el inquisidor Wakanda con su superior. Pero esa no era mi guerra, y no pensaba tomar parte en esa disputa. Luego propuso una suerte de estratagema bélica. Evidentemente las estrategias militares no eran mi fuerte, por lo que no podía saber cuan rudimentario era su plan, pero parecía algo demasiado evidente como para que Lord Cronberg no lo hubiese contemplado. A fin de cuentas se suponía, o al menos eso preconizaba la Orden del Martillo Áureo, que él era la mente militar más brillante que tenía la Eclesia, y un simple inquisidor no estaba legitimado para dar lecciones de estrategia al Líder Supremo.

Luego tomó la palabra el broken. Un miserable, eso es lo que era. Sus únicas palabras fueron para cuestionar mi autoridad… y la de la obispo, así como insultarnos. ¿Quién era esa sabandija piel gris para intentar expulsarnos de allí? Desde luego yo era el que menos interés tenía en estar en ese infierno helado de Todheim. Este viaje había sido un error desde el mismo comienzo. Yo debería estar en la tranquilidad de Ciudad Catedral atendiendo los deberes de mi diócesis y mis asuntos políticos, no en el otro extremo del continente haciendo Dios sabe qué. Pero eran órdenes del Cardenal Crawley, y por extensión del Sumo Exarca, y ni yo mismo cometería la temeridad de desobedecerlas, por mucho que me disgustasen. Así qué, ¿quién era ese descastado para dirigirse de ese modo a un ser superior? Si alguien sobraba en esa reunión y en la Eclesia en general eran todas las alimañas broken que contaminaban la sacralidad de nuestra institución. Era una ofensa que debía ser respondida, cosa que la obispo parecía compartir porque también respondió al broken. Luego, ella misma apoyó el plan del inquisidor desarrapado, considero que sin demasiado criterio. Yo no cometería ese error.

Una vez que el resto hubo hablado, era mi turno. Forcé una sonrisa condescendiente y me levante de mi asiento para dirigirme a los asistentes. – Con la venia de su Eminencia. – Refiriéndome a Lord Cronberg mientras hacía una reverencia. – Excelencias, señorías y estimados hijos de la Eclesia. – Me dirigí al resto de personas… y al  broken. – Permitan que me presente. Soy su Excelencia Maximilian Stenkerk, obispo de Ciudad Catedral y nuncio apostólico de su Santidad el Sumo Exarca. – Hice una pequeña pausa para respirar profundamente. – Mis compañeros y yo hemos tenido un largo y duro viaje lleno de infortunios para llegar hasta aquí. Entre otros menesteres fuimos víctimas de una orgía de sangre y fuego perpetrada por miserables paganos con el único objetivo de que no llegásemos a Todheim. Perdimos a buenos y leales siervos de Dios aquella noche. Mártires. Héroes. – Aunque lo cierto es que nunca había llegado a conocerles lo suficiente como para llegar a tenerles en tal alta estima, y dudo que jamás lo hubiese hecho, pero el protocolo y las formas exigían darles un tratamiento digno.

– Sin embargo, prevalecimos. – Dije victorioso y triunfal. – Y traemos nuevas desde la ciudad de Infernalia. Tras unas arduas y tortuosas negociaciones... – Dije eufemísticamente. Lo cierto es que las vivencias en Infernalia fueron un verdadero infierno, valga la redundancia. – … logramos reconducir las relaciones con la Corona de Infernalia consiguiendo que el Concordato volviese a estar en vigor e Infernalia sometida a la autoridad de la Eclesia. Además... – Hice una pausa para generar expectación. – Además logramos que su majestad Oberón Arzulberrazan, Rey de la Ígnea Ciudad de Infernalia se comprometiese a enviar efectivos militares demonios para apoyar la defensa la Divina Puerta Cardinal ante las imperiosas amenazas que acechan con destruirla. En vista de la situación que ha descrito el Caballero Honorario Lord Cronberg, solo puedo rezar a los Cielos para que las tropas de Infernalia no lleguen demasiado tarde. – Dije con la voz y el rostro afligidos.

¬ Luego me volví al broken que se había atrevido a burlarse de mí e insultarme. Puede que hubiese dejado pasar, por el momento, la ofensa del encapuchado, pero ser insultado en púbico por una alimaña piel gris era una verdadera vergüenza que no quedaría impune. – Por alusiones. Os agradezco profusamente vuestra preocupación por nuestra seguridad, broken. – Sonreí sarcásticamente. – Pero no creo que debáis angustiaros en exceso por ello, porque, al contrario de lo que parecen indicar vuestras palabras, yo  tengo la más fervorosa confianza en la fuerza y el empeño de nuestros anfitriones, La Orden del Martillo Áureo, la Guardia Teutógena y su Eminencia Lord Cronberg. – Por una vez, no mentía del todo. Las vivencias sufridas en Infernalia y más concretamente en el Salón del Trono del Rey Oberon me hicieron tener un poco más en estima al guardia Alfric Trueford en particular y a la Guardia Teutógena en general. Y aunque en general no suela tener en alta estima a los miembros del Martillo Áureo, con honrosas excepciones como mi amigo de la infancia Marc Gedolf o mi gran amiga y compañera de negocios la Gran Custodio Helen Kantor, es imposible no reconocer a alguien su mérito cuando te salva la vida.

Dirigí mi mirada seriamente al broken. – Una cosa más, broken. No os corresponde a vos cuestionar mi presencia en esta sala. De igual manera que no me corresponde a mí hacerlo. Yo obedezco las órdenes y los designios de su Santidad el Sumo Exarca. No olvidéis, broken, que el Sumo Exarca es el representante de Dios y de los Ángeles en Terra, y que por tanto, a través de su voz se trasmiten los designios de los Cielos. Cuestionar las decisiones tomadas por su Santidad es cuestionar la misma voluntad divina, y yo desde luego jamás cometería tal herejía. – Hice una pausa dramática. – Y espero que vos tampoco, broken. – De nuevo, volví a sonreír condescendientemente.

Luego me dirigí al inquisidor Wakanda. –Por último, y aunque agradezco que el inquisidor Wakanda se muestre interesado por la opinión de los asistentes, he de confesar que yo no soy la persona adecuada para contestaros. Soy docto en leyes y teología, no en el arte de la guerra. Pero sí sé una cosa. – Dije mientras movía mi mirada entre todos los asistentes. – La Orden del Martillo Áureo cuenta con los mejores estrategas y militares, y entre ellos sin duda destaca el Caballero Honorario, Lord Cronberg. En esta sala, considero que las personas más preparadas para dirimir la cuestión estratégica son su Eminencia, el Caballero Honorario, y su Excelencia, la Gran Custodio Lady Alianovna. – Hice una pequeña pausa para mirar a Lord Cronberg y a Lady Alianovna, para luego volver a mirar al inquisidor Wakanda. –Y de hecho, estoy absolutamente convencido de que el Estado Mayor de la Orden ya habrá contemplado todos los escenarios posibles y habrán diseñado la estrategia militar más oportuna y necesaria para hacer frente a la amenaza. – Sonreí condescendientemente. – Muchas gracias. – Hice una pequeña reverencia y me volví a sentar.

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Re: [EVENTO DECISIVO] "Aurora Boreal" [Puerta del Norte-Todheim - 1 de Enero - 898 d.G

Mensaje por Crick el Dom Jul 05, 2015 5:36 pm

Darak-Han, Dezba Wakanda, Maximilian Stenkerk, Shiro Tsumin y Dorian Walk:

- Gracias a usted, eminencia, por sus palabras.- Contestó Cronberg a Maximilian sin levantarse de la silla, haciendo una pequeña reverencia de agradecimiento con la mano izquierda. -Estoy seguro de que sus conocimientos serán de mucha ayuda en esta sala...a menos que pretenda su excelencia apoyar a nuestras tropas en el campo de batalla, recitando las sagradas escrituras para levantar la moral y bendiciendo sus armas y armaduras para que la gracia de dios les acompañe en vida y a ninguno le alcance la muerte.

-Me temo, señores, eminencias, que no he sido llamada hoy aquí para discutir planes de batalla. La 7º legión guardiana de Laursia se encarga de proteger a las personas dentro de las ciudades bastión. Todo lo que ocurra fuera de los muros queda lejos de nuestra jurisdicción. Me temo pues que no podré ofrecer nuestra ayuda en la defensa de la puerta cardinal muy señores míos. El campo de batalla de la 7º legión se encuentra aquí dentro. Protegiendo a los ricos y nobles de Todheim, a sus eminencias...y por supuesto a los pobres y desgraciados menos afortunados que no gozan del favor divino de pertenecer a una insigne familia como la vuestra señor Stenkerk, señorita Tsumin.

El rostro de la Gran Custodio Alianovna permaneció frio, inalterable mientras pronunciaba aquellas. Extrañamente tranquila y relajada, como si aquellos dos apellidos ni los cargos que ostentaban significasen para ella más que el noble nombre de un zapatero.

-Nuestro cometido es defender la ciudad. Mantener a salvo a todos sus ciudadanos mientras la guerra se libra fuera de estos muros. Ya hemos decretado el toque de queda, Lord cronberg. Escuadrones de diez hombres patrullan las calles y se aseguran de que todo el mundo se encuentre en sus casas. Hemos realojado a los más necesitados, indigentes y mendigos en la iglesia de Santa Ciprilia y en estos mismos instantes mis hombres están realizando redadas en cada cantina, burdel y hostal. Desalojando a sus casas a todos los ciudadanos y encerrando en su interior a los visitantes tal y como decreta la ley marcial. Si hay algún pagano dentro de nuestros muros, no saldrá de Todheim señor.

-Gracias Judith...-Tuteó el Lord comandante a la Gran Custodio con una evidente expresión de cansancio en su rostro. La Gran Custodio Judith Alianovna hizo una ligera reverencia con su cabeza aceptando el cumplido de su superior. -...Buen trabajo.

-Respecto a usted, Inquisidor Dezba Wakanda, demuestra usted una gran destreza militar nada propia de su orden. Tal vez quisiera acompañarnos mañana en esta mesa...

-¡Lord Cronberg!- Interrumpió Talia a un nada sorprendido Cronberg.-El inquisidor de Segunda Clase Wakanda pertenece a mi escuadrón. Y al igual que la Señora Alianovna, me temo que nuestras responsabilidades apartan a Dezba Wakanda de esta mesa. Nosotros también tenemos una misión señor, capturar a la huida líder pagana Nadine.

-Os recuerdo más disciplinada cuando servíais en la 9º legión Lady Ashlyn, la inquisición no os ha echo ningún bien. No seas condescendiente conmigo muchacha, estaba hablando con su subalterno....¿Y bien, que decís?

Un relámpago de furia contenida brilló en los ojos de la inquisidora Talia Ashlyn al tiempo que Lord Cronberg apremiaba a Dezba a responder a su invitación. Respondiese lo que respondiese, se encontraba entre la espada y el martillo y no podía decir cual de los dos era uno u otro.

-Es un buen plan, usar a la 5º Legión apostada en los muelles. Sin embargo el hielo es muy grueso en esta época del año. Y el fiordo, innavegable en cualquier época. El hiel oque rodea la puerta se alimenta de esta y es resistente como el acero. Incluso si avisásemos en este momento a lord Drake, sus buques no llegarían hasta mañana al anochecer .- Cronberg realizó una señal con su mano derecha y rápidamente, un diácono oculto tras las columnas se apresuró a abandonar la sala. El rostro de Cronberg era serio. Estaba concentrado en el mapa frente a sí y sin ninguna duda pensaba en los barcos anclados en el puerto.

-Veinte escuadrones custodian permanentemente la puerta cardinal, con relevos cada 4 horas. Esto significa que tenemos un total de 840 Caballeros Teutogenos allí fuera congelándose el culo mientras otro tanto descansa y entra en calor en la ciudadela. Una persona normal tardaría una hora a pie en llegar a la puerta; nuestro ejercito tardará eso en alcanzar la posición una vez la batalla comience. Si Nadine ataca la puerta, espero que sus hombres no tarden mas de quince minutos en llegar con la ayuda de la 2º legión “Inquisidora” Talia. ¿Puedo contar con su ayuda? Tal vez, una vez termines con las responsabilidades que exigen tu deber, desees ocupar el puesto que te corresponde junto a tus hermanos en la 9º legión.

La oferta de Cronberg sorprendió tanto a Talia como a todos cuantos la conocían. Pero ninguno abrió la boca. Todos permanecieron en silencio y esperaron durante un momento en el que el silencio se hizo tan insoportable como el frío que entraba por los ventanales.

-Es tarde, mañana será un día duro para todos. Podéis retiraros a descansar.

Con su habitual rudeza, el Lord Comandante despidió a los presentes agitando su mano y permaneció sentado en su silla mientras los invitados se levantaban de sus asientos y se dirigían cada uno a sus respectivos quehaceres. Fueran cuales fuesen sus gustos y preferencias, podrían vagar por la ciudadela buscando ser de provecho, reunirse a charlar entre ellos o descansar hasta la mañana siguiente.


Friedrich Von Faust, Karel Stark, Ilya Sokolof y Lilith:


-”Axel”, “Osiris”, “Maldito Bastardo”...Solo son nombres.- Respondió entre dientes Axel a Lilith mientras se acercaba juguetonamente a la mesa y se sentaba entre las dos mujeres como un Don Juan.

La bebida y la comida salían de la cocina como si no hubiese un mañana y una vieja gramola ambientaba la velada con su música. El Broken servía las mesas y rellenaba las jarras con la misma velocidad con la que Axel las vaciaba. Pero ni todo el alcohol del mundo parecían afectarlo mínimamente. La banda de Nadine contuvo su júbilo y los hermanos Cloudfield se acercaron a la mesa a beber con la misma precaución que sus compañeros del Oeste.

-¿Eres idiota?- Susurró Altair a Karel con una gran sonrisa en la cara. -Son la mejor compañía que un hombre pudiera desear...¿Has visto a esa mujer?- El hombre señaló con su dedo a la mujer de cabellos castaños y gabardina de cuero mientras tomaba un largo trago de cerveza tibia. Por un momento, el silencio de Altair y la dirección de su dedo dieron a entender que se refería a su hermosa figura y placentera compañía. Nada más lejos de la realidad.

-Es Nadine Asgord. Lleva diez años poniéndole las cosas difíciles a la Eclesia y no pierde oportunidad de golpear a la inquisición donde mas les duele. La ultima noticia que tengo de ella es que la habían capturado y se dirigía a martillo de brujas para ser ejecutada...yo la veo bastante bien. ¿y ese de ahí?- Señaló entonces a Axel que jugueteaba con Yasmin y Lilith, la sucubo. -¡Ese tipo es una leyenda! Es el puto Axel Winter en persona. Cuentan que con solo 14 años se escapó de la celda donde la inquisición lo tenia preso. Mató a tantos guardias e inquisidores como se le pusieron por delante y desde entonces no ha echo mas que sembrar el caos allá por donde va. Lo llaman “Matareyes” y sus victimas se cuentan por miles; No ha perdido jamás una pelea y dicen que la inquisición tiene un séquito adiestrado solo para darle caza ¡JA, buena suerte!- Dio otro largo trago a su bebida y brindó junto a Karel.-A los demás no los conozco. Tranquilo, todo saldrá bien. ¡Estás entre amigos!  


-¡Por supuesto que hay un gran pago Lilith! La libertad, la verdad, un mundo nuevo y todas esas mierdas y lo más importante de todo, la sangre derramada de esos putos Eclesiastas que llevan siglos sometiendo al pueblo. Decidiendo quien tiene y quien no derecho a vivir, y como han de vivir las personas según sus orígenes. ¿No es suficiente pago por hacer lo que más nos gusta, joder a la Eclesia y sembrar el caos?

Axel alzó su jarra y todos lo imitaron bebiendo un largo trago. Algunos más largos que otros, Axel bebió todo el contenido de su jarra de un solo trago y cuando terminó golpeó con ella sobre la mesa eructando fuertemente. El sonido que produjo su garganta pareció el rugido de un dragón y resonó entre las cuatro paredes de la pequeña taberna provocando las risas de Plurgg y la hermana de Ilya. El rostro alegre y jovial de Axel cambió a uno más serio y preocupado. Ahora que el ambiente se había relajado y nadie acariciaba sus armas dispuestos a matarse entre si, cosa que había provocado sin ninguna duda la presencia de Axel. Era momento de ponerse serios.

-Mañana destruiremos la puerta cardinal del norte. Otros grupos se dirigen a las otras tres puertas pero es aquí, en Todheim donde sembraremos el Caos. La Guardia Teutogena encargada de la protección de las puertas tiene su sede en esta ciudad, así como la orden del Martillo Áureo. Hell´s Point no es más que un pueblucho en mitad del desierto, Eonburg es un pantano en mitad de ninguna parte, una ruina que la Cruz Argenta ha aprovechado como su base pero ningún exorcista pisa esa ciénaga más de una vez en su vida y Feuerheim está tan podrida y sumida en la endogamia y la corrupción que ni siquiera la Eclesia tiene poder allí. Pero la puerta norte es diferente, es el bastión de Cronberg, el Martillo, la guardia Teutogena... Perder esta puerta supondrá una vergüenza para el Lord Comandante y para la Eclesia, todo el jodido ejército de la Eclesia nos estará esperando. Y, si lo logramos, el Caos se adueñará de la Eclesia. Rodarán cabezas, quemarán a sus líderes, pedirán responsabilidades: Obispos, paladines, monjes herméticos... Nadie estará a salvo, ni siquiera el Exarca. Todos querrán la cabeza de alguien, todos culparán al de al lado, al de arriba y al de abajo.

Las llamas de la chimenea danzaban dibujando oscuras sombras en el rostro de Axel volviéndolo más oscuro y afilado, más adulto y despiadado... La bestia que la Eclesia temía, “Osiris, el Matareyes”.

-Vamos a destruir esa puerta...Tenemos que destruirla.

-¿Y como vamos a hacerlo?- Preguntó Megaera Cloudfield que siempre fue la voz de la razón en la pareja que formaba con su hermano Altair.-Apenas somos quince personas, y hay niños aquí. La Eclesia cuenta con todo su ejercito, con suerte solo movilizarán dos Legiones para encargarse de un puñado de “paganos y herejes”, y eso supone más de dos mil hombres.

-Mis “hijos del Caos” llevan apostados en el Fiordo un par de semanas. Son buenos chicos, valientes y entrenados, pero tienes razón, no tenemos más de quinientos hombres...y Nadine, ¿Como se os ocurre traer una niñas aquí? Esto es peligroso, no es lugar para niños, viejos o lisiados, necesitamos guerreros.

-No tuvimos más remedio.- Intervino Kuzza aliviando la situación.

-Yo me quedaré a cuidar de la pequeña, y prepararé la retirada para cuando todo termine.

-¿Estas segura de eso, querida? El mundo está a punto de cambiar, es tiempo de que los niños aprendan. Y necesitaremos toda la ayuda posible en el campo de batalla.

-¡Esta bien! La culpa es mía por arrastrar a estos dos con nosotros. Debí haberlos matado en martillo de brujas, pero todavía estamos a tiempo de remediarlo... ¿Alguna idea mejor “mostacho alegre”?

-Tranquilizate Nadine. Él enemigo es la Eclesia, no Ilya. No arreglarás nada matando a la pequeña, solo conseguirás un nuevo enemigo. - El humano del grupo de Nadine, Jeff, trató de apaciguar a su jefa, con éxito, y esta guardó de nuevo sus armas.

-¿Alguien más tiene algo que añadir y que no suponga matarnos unos a otros? .

”F.D.I”:

bueno, pues creo que queda bastante claro pero por si acaso.... los eclesiásticos podéis hacer un poco lo que os de la gana y los paganos... es hora de sugerir ideas XD


 

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Re: [EVENTO DECISIVO] "Aurora Boreal" [Puerta del Norte-Todheim - 1 de Enero - 898 d.G

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