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[CIUDAD]: Martillo de Brujas

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[CIUDAD]: Martillo de Brujas

Mensaje por Señor de Terra el Mar Mar 04, 2014 7:23 pm


Martillo de Brujas

(Instantánea del Tribunal Superior)

Martillo de Brujas, también conocida como la “Ciudadela de los Gritos”, es la ciudad situada en el extremo occidental de Laursia. Construida sobre la península de Ivamar, una zona boscosa de clima nublado donde la lluvia y los cielos grises acontecen día sí, día también. La principal característica de esta esperpéntica urbe, la segunda más grande y poblada del continente, es que en ella se encuentra el seno de la Inquisición, los tribunales y mazmorras donde se juzga, condena, tortura y ejecuta a todo hereje, bruja o criminal.

La ciudad muestra la típica estructura de las ciudades bastión. Un anillo exterior fuera de las murallas con encantamientos y sellos que protegen del peligro a los humildes campesinos que labran y cuidan las tierras.

Anillo Exterior:


La muralla, gruesa y metálica, en este caso está fuertemente vigilada y dotada de estacas metálicas y alambrada de espinos para evitar fugas. Más allá de la muralla se encuentra la Ciudad Media, donde viven los ciudadanos de a pie, con los principales locales de comercio, algunas fábricas en el sector industrial o edificios de recreo tales como cines o teatros.

Ciudad Media:

(Ciudad Media: Suburbios)

(Ciudad Media: Zona proletariado)

En el centro de la ciudad a una considerable altura sobre el resto de la Ciudad Media, se encuentra Altaciudad, una gran aglomeración de rascacielos donde los más pudientes tienen el lujo de residir. Sobre estos gigantes de acero y hormigón, se encuentra el Tribunal Superior, una estructura que imita un lujoso palacio gótico a gran escala sólo que de materiales metálicos y cemento que el dan un aire aún más imponente, frío y lúgubre. Allí reside el Triunvirato Inquisitorial, los tres Inquisidores supremos también encargados del gobierno de la ciudad.

Bajo estos tribunales, a muchos metros bajo el suelo en las profundidades más cavernosas, se han construido una red de cámaras y pasillos con celdas en las que encierran a todos aquellos herejes que puedan ser de alguna utilidad o simplemente esperar su sentencia de muerte o en los casos más extremos su pena es mucho peor que la muerte y se les somete a una tortura perpetua.

Esta “prisión” es conocida como la Mazmorra, y consta de 66 niveles bajo el suelo. En esta red interminable de pasillos y celdas se ha creado un ecosistema de delincuencia y vicio fruto de que los presos menos peligrosos andan sueltos por el complejo o algunos conocen tan bien las redes de túneles que han conseguido evitar a sus guardianes y actúan con total impunidad en la Mazmorra. Eso sí, una vez dentro nadie sale con vida.

Las prácticas de la Inquisición, el miedo que se respira en sus calles, el sadismo de su población durante las ejecuciones públicas, el ambiente grisáceo y lluvioso, la estética fría de ornamentos de acero negro, muros de hormigón armado, tubos metálicos, marañas de cableado eléctrico, ventanales de arco de medio punto y rosetones con vidrieras representando escenas de retribución y muerte. Todo esto contribuye a la creación de una atmosfera fría y hostil que pocos son capaces de soportar.

-Lugares de interes-

-Parque de Castigo-

Situado al norte del borde interior de Ciudad Media, a las faldas de Tribunal Superior se encuentra este Parque de Atracciones del horror y el morbo, inicialmente fue construido con el objetivo de centralizar y facilitar todas las ejecuciones públicas en un mismo lugar, la extensión del pecado y la impureza a lo largo de Terra trajo como consecuencia el aumento de condenados, lo que  disparó asimismo el número de ejecuciones en las plazas de la ciudad. Por aquel entonces Martillo de Brujas no estaba preparada para asimilar tal volumen de autos de fe diarios, así que los Sumos Inquisidores se vieron obligados a tomar medidas urgentes de contención, el resultado como hemos dicho antes, fue el Parque del Castigo.  La segunda función vino con el tiempo y la popularidad que despertaron gradualmente estas ejecuciones públicas en la población, la Eclesia viendo la enorme cantidad de gente que se movilizaba para ver sus castigos decidió sacar provecho económico de todo ello, ampliando el Parque para añadirle una zona de “Atracciones” o “Mini-ejecuciones” en las que la gente podía participar activamente en la tortura de los reos comunes.

El complejo se diferencia en tres grandes zonas, la primera es una zona de transición, un hall de estilo barroco donde se encuentran varias tiendas de souvenirs, comida rápida… aquí la gente compra su entrada y las viandas que necesiten, previamente a que comience el espectáculo.

La segunda zona se  denomina el “Patíbulo de los Condenados”  está ocupada por una gigantesca plaza de estilo gótico, construida con acero, la humedad y la lluvia constante característica de la península de Ivamar ha oxidado la estructura, dándole al entorno un aire ruinoso y aterrador. En líneas generales podríamos decir que el emplazamiento es anfiteatro de dos niveles, al aire libre,  cuya construcción ha sido meticulosamente estudiada para que se asemeje a una  descomunal caja torácica. El pueblo llano se suele situar en la plaza inferior, donde las costillas metálicas les sirven de asiento, mientras que la gente de poder prefiere situarse en el palco superior, donde se tiene una visión más panorámica de los autos.

Al fondo, vigilándolo todo desde las alturas, se encuentra la estatua del arcángel Izrail, señor de la muerte, que vela por que las almas de los condenados sufran su justo castigo. El escultor, moldeó el hierro para darle la forma de un aterrador esqueleto  angelical.
Bajo izrail se encuentra el patíbulo, lugar donde el inquisidor muestra el culpable al público y procede a leer todos sus pecados. Tras esto se le condena a muerte y se le ejecuta de la manera más visceral y morbosa posible. A ambos lados del Patíbulo se puede observar una zona de celdas  que conecta directamente con las mazmorras del Tribunal superior a través de túneles subterráneos, desde allí se transportan los reos bajo tierra, hasta el Parque del Castigo.
A los pies del patíbulo se encuentra la “Fosa del Fuego Purificador” una concavidad de acero, que contiene en su interior varias toneladas de brasas incandescentes, allí se lanzan los cadáveres del los ajusticiados, para que el fuego sagrado engulla la carne y condene sus almas al infierno.

Patíbulo de los Condenados:


A la tercera zona se le  llama “Carcer Peccatum” (Mazmorra del pecado) y se encuentra justo  debajo del “Patíbulo de los Condenados” podríamos decir que es sótano del Parque, en este lugar la inquisición a habilitado una larga red de túneles con diferentes mazmorras de tortura en las que se recluye a los procesados por delitos o pecados menores en espera de su pena, los espectadores si así lo desean pueden participar activamente en el castigo, solo tienen que solicitarle al verdugo las herramientas necesarias con las que mortificar al ajusticiado. Existen diferentes tipos de tortura (atracciones) que van desde las más clásicas como el garrote vil, el potro, los latigazos y las amputaciones, o las más famosas como la doncella de hierro, el funeral de fuego o el sacacorchos    

Carcer pecatum:



-Camposanto de los Caídos-
Spoiler:


Ubicado en Altaciudad, a la espalda del Tribunal Superior, se localiza una de las pocas zonas verdes de Martillo de Brujas, el Camposanto de los Caídos. Este cementerio sagrado, fue construido para albergar en sus túmulos los cuerpos de los inquisidores que fallecieron al servicio de la Eclesia. El camposanto se encuentra erigido junto al nacimiento de un manantial de agua, donde los constructores y jardineros de la Inquisición han aprovechando la oquedad natural de la montaña para construir un bosquecillo idílico, un remanso de paz y tranquilidad sempiterna, en honor a sus muertos.

Si hacemos una descripción general del lugar, podemos observar al fondo del todo, junto a la pared de la montaña, el manantial, del que nace un riachuelo pequeño que discurre a lo largo del todo el camposanto, inundándolo con su música tranquila y relajante, que ayuda al muerto a yacer en paz y a sus seres queridos a sanar la tristeza por la pérdida. Frente al manantial se encuentra una estatua de mármol, representa a San Lázaro (guía de almas) orando por los difuntos mientras les indica el camino hacia el cielo con su cruz  alzada en alto. Alrededor de San Lázaro se agrupan las tumbas, cubiertas todas por un menhir a modo de lápida, sobre el que se ha grabado una cruz con tintura fluorescente. Los lábaros brillan con fuerza día y noche, lo que unido a la sempiterna niebla, a los frondosos árboles y al verdín del bosque conceden al lugar un aspecto onírico, tremendamente bello y triste.



-Babel-
Spoiler:


Emplazada en la zona este de Ciudad Media y adherida a cimientos de Altaciudad se encuentra Babel, una gigantesca zona residencial caracterizada por su desmesurada altura y desordenada arquitectura, inicialmente esta zona era una aglomeración de pequeñas urbanizaciones con viviendas unifamilaries pertenecientes a trabajadores de clase media. Sin embargo, con el aumento de la inmigración provocada por la guerra (Martillo de Brujas es uno de los lugares más seguros de Terra) y la elevación de la Tasa de Natalidad provocada por las leyes pro-concepción de la Inquisición, se produjo un crecimiento poblacional desbocado e incontrolable. En poco tiempo Martillo de Brujas no tenía el espacio suficiente para acondicionar a todos sus habitantes, ante este problema, la inquisición en un esfuerzo conjunto con el gremio de arquitectos y constructores,   decidió ampliar Ciudad Media de la única forma posible, haciéndola crecer en vertical.

Sobre las viviendas unifamiliares primigenias, se construyeron otras casas del mismo estilo y sobre estas aún más todavía. Así hasta formar lo que hoy conocemos como Babel, un conglomerado de cientos de miles de casas de estilo gótico, superpuestas unas encima de otras a modo de estratos geológicos, se cree que en la actualidad hay un total de 1001 niveles de altura que se conectan los unos con los otros mediante una compleja red de turbo ascensores. Hay que decir que cada nivel de casas se asemeja a pequeñas ciudades, que contienen,comercios, hoteles, callejones, avenidas o puentes de piedra y madera que conectan los barrios entre sí…

-Avarities Mercatum-

Spoiler:

Ubicado en los suburbios de Ciudad Media, al sur, cercano a la muralla exterior, se encuentra este vasto mercado de depravación, el propietario, la empresa Malevich Corps, llegó a un acuerdo vinculante con la Inquisición.La empresa, a cambio de cierta impunidad legal y de un lugar en el que establecer su mercado, donaría el 30% de los beneficios mensuales obtenidos en Martillo de Brujas a la Eclesia. Las reticencias iníciales de la Santa Sede ante este pacto impuro fueron borradas de un plumazo por el Sumo Exarca, al que le interesaba los astronómicos beneficios que acarrearía este trato para financiar las arcas de la Eclesia.  

El edificio antiguamente albergaba una antigua y enorme catedral de estilo barroco, aunque ahora se ha remodelado y restaurado para alojar los establecimientos de venta. Desde un punto de vista genérico el mercado se organiza mediante zonas temáticas, separadas entre sí,  en cada una de ellas existe una innumerable cantidad de comercios que venden artículos específicos sobre un género en concreto, por ejemplo, por un lado está la zona de armamento, o la de artículos de cocina, la de aparatos electrónicos…  En el interior del Avarities todo vale y todo lo que puedas imaginar se vende a un módico precio, por contrato la Inquisición no puede poner sus garras dentro del mercado, por lo que se ha convertido en el centro neurálgico del crimen organizado de la ciudad, donde se comercia con mercancía ilegal de todo tipo, esclavos, prostitut@s, drogas de diseño, hechizos de magia negra...


Última edición por Señor de Terra el Mar Ago 12, 2014 5:35 pm, editado 2 veces
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Re: [CIUDAD]: Martillo de Brujas

Mensaje por Dezba Wakanda el Lun Mar 31, 2014 10:00 pm

AVISO +18. ESTE TEXTO PUEDE HERIR SENSIBILIDADES DE PERSONAS RACIONALES Y DIVERTIR ENORMEMENTE A TODOS LOS RASISTAS DE ESTE NUESTRO FORO.


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Después de colarme entre tantas turbas de aristócratas calentándose el morro los unos a los otros logré, al fin, conseguí dejar lejos aquella ceremonia funeraria y adentrarme entre los mausoleos desatendidos hasta llegar hasta la cascada del manantial. A su izquierda y a su derecha, colocadas en una hilera desigual, se encontraban miles de monumentos en conmemoración a mis compañeros caídos.

Vi a las viudas dejar flores en las tumbas, algunas hasta acompañadas de sus hijos, que todavía ni tenían edad de destetarse. Mientras tanto, los dirigentes que habían enviado a muchos de esos Inquisidores a misiones suicidas estarían, seguramente, celebrando otro de sus acaudalados banquetes, gastando un dinero que bien podría ser utilizado para mantener a las familias de los hombres que fueron enviados a la muerte.

Todo aquello me parecía repulsivo.

El roce de una mano familiar con mi hombro me sacó de mis pensamientos. Levanté la mirada para observar el rostro demacrado de mi viejo mentor. Zeo sonrió, y me estrechó la mano. Me preguntó sobre mi acogida en Martillo de Brujas.

Podría haberle contado como el Sumo Inquisidor le había menospreciado, o como me había visto envuelto en las intrigas de la Eclesia cuando mi intención era introducirme cautelosamente en sus engranajes, pero eso me habría convertido en alguien estúpido. Zeo era, quizás, la persona en la que mas podía confiar en aquel momento. Por ese mismo motivo, era menester mantenerlo alejado de mis asuntos.

Además, el motivo de su visita no era precisamente ese. Desde que aquel muchacho despeinado y vestido con harapos me despertase en medio de la noche para entregarme una carta urgente había tenido mis sospechas. Cuando Zeo se arrodillo ante una de las tumbas y depositó una flor del enorme ramo que llevaba en el brazo, estas sospechas fueron confirmadas. Zeo me miró, con el ceño fruncido. Aquello empezaba a darme mala espina.

-Es nuestro deber honrar a los que dieron su vida para que nosotros pudiéramos disfrutar de la nuestra.-dije, sin el menor atisbo de arrepentimiento.

-A estos muchachos nunca se les preguntó si querían dar la vida por mi o por ti. Simplemente, se les fue arrebatada. Y ambos lo sabemos. No obstante, tu ni siquiera pareces sentirte afectado.

Me quedé unos momentos en silencio, intentando encontrar las palabras adecuadas. Zeo nunca me había hablado del tema, era algo tabú en nuestras comunicaciones rutinarias. Aquello era muy sospecho, extraño en sobremanera. Fue entonces cuando la posibilidad de que me hubiera traicionado, de que llevase un maldito micro, se me pasaron por la cabeza.

No, no era posible. La parte emocional de mi psique intentaba negarlo, y la parte racional no estaba del todo convencida de ello. Zeo era el hombre que me había enseñado todo acerca de la supervivencia en nuestro oficio, una gran parte de mis conocimientos acerca del oficio me habían sido inculcados por él. ¿Y por que en ese momento y no antes?

No, aquello no era un argumento plausible. Quizás alguien que me quisiera mal le había sobornado, o quizás el remordimiento había podido con él. Y todo encajaba, el lugar público, el mensaje urgente. Era una trampa?

La verdad, no lo sabía a ciencia cierta. Quizás estaba siendo paranoico, o quizás no. No obstante, había de pensar una respuesta y encontrar el modo de salir de allí. Miré a Zeo, intentando encontrar algo que delatase que estaba fingiendo, un TIC, un pestañeo mas rápido de lo normal, respiración sensiblemente acelerada.

Nada. Nada excepto un intento de contener las lágrimas. Eso me dejo mas patidifuso aún.

Era obvio que Zeo no me habría delatado a traición, no sin un buen motivo. Tuvo miles de oportunidades. Y si se me hubiera enviado a Martillo de Brujas con intención de juzgarme. ¿Para qué engañarme, una vez en la boca del lobo? ¿Quizás Munch quería matar dos pájaros de un tiro y después de yo hacerle el trabajo sucio indagando acerca de Nathan librarse de mí? Tenía su sentido, como otras tantas hipótesis.

Empleé unos segundos preciosos en despejar mi aturullada cabeza y miré a las tumbas de aquellos hombres a los que con mis actos, directa o indirectamente, había condenado. Pensé en mi hijo no-nato, pensé en Saki, en los hombres a los que mutilé en aquel húmedo callejón. Y pensé en Nina. Pensé en como toqueteaba los hilos de su mente a la vez que ella me cabalgaba. Pensé en los moratones de su hermosos cuerpo, en las manchas de sangre de la tarima, en los arañazos de sus pechos.

Pero aquellos hombres no tenían un lugar en mi retorcida mente. La sangre de mi gente también se derramó ese día. ¿Pero alguien los recordaba? ¿Algunos de aquellos psicópatas eclesiásticos que ni siquiera sabían en nombre de quienes o de que cometían sus atrocidades habían pensado en los ancianos, mujeres y niños norgon que fueron masacrados por soldados armados y entrenados para matar?

No, aquellos pobres diablos no le importaban a nadie. Ni siquiera al patético hombrecillo que juro liderarlos y protegerlos de cualquier adversidad. El hombrecillo que trajo el mal a su pacifica vida. Un hombre que pudo finalizar su trabajo gracias a la compasión que su difunta esposa sentía por él.

Pero no podía permitir que la culpabilidad me cegara. Zeo era tanto o mas culpable que yo. En primer lugar, al llevarme de rehén y en segundo lugar, al tenderme una trampa con el fin de masacrar a mi tribu y conseguir un artefacto poderoso.

Aquello estaba destinado a ocurrir, de una forma u otra mis prójimos habrían sido reducidos a ceniza por la Eclesia. No obstante, yo actué de desencadenante y aceleré el proceso.


Pero eso era el pasado, y aquello el presente. Y por el bien del futuro proximo, debía comenzar a centrarme en el presente. Y el presente estaba sucediendo ante mis narices, esperando una reacción, unas palabras, algo. Si Zeo me había traicionado y llevaba un micro, tanto silencio sería sospechoso.

En caso contrario, debía responder o Zeo comenzaría a impacientarse. Vamos, que debía decir algo que se adaptase a ambas alternativas. Tras sopesarlo durante unos segundos (calculé que habían pasado unos quince desde que Zeo me respondiese), al fin termine abriendo la boca:

-Si mal no recuerdo, yo no les obligue a ello. Es mas, si mi memoria no falla, creo que el obligado a ayudar a la Eclesia en “su misión de purificación”, no fui otro sino yo.
Y creo, te recuerdo, que lo hice bastante bien. Tanto que fui elegido para purgar las calles de Ojo de Dioses. Y creo, de nuevo, que pese a mis numerosas crisis de fe, logré hacer un trabajo encomiable.
Tanto que he sido invitado a Martillo de Brujas por un miembro de alto rango de la organización. Yo, un maldito indio sin un sitio donde caerse muerto. ¿Quien te lo hubiera dicho cuando me acogiste en tu seno, maestro?
No obstante te veo algo alterado, ¿acaso son los remordimientos los que han aflorado ahora? ¿Zeo, el inquisidor de piedra, tiene sentimientos? Toda una novedad. Pero un poco tarde, ¿no te lo parece, maestro?


En ese momento no pude de dejar de preguntarme acerca de la tremenda casualidad que era ser invitado a Martillo de Brujas, en el otro continente, justo en el momento en el que me disponía a encontrar el artefacto tan codiciado por la Eclesia. ¿O tan solo por el ambicioso Zeo? Eso era algo en lo que debía hacer inflexión.


-Te noto extraño, ¿acaso algo no va bien? Quizás estes resentido conmigo y con Dios. He acertado, ¿eh, hereje?-
esto ultimo Zeo lo dijo a grito pelado. Fue entonces cuando la mujer de la tumba dio un silbido y varios soldados de la Eclesia entraron en el cementerio y nos rodearon. Zeo se alejó, sonriendo, mientras los perros de la Eclesia me reducían a palos.

Me mantuvieron consciente para explicarme, paso a paso, en lo que consistiría mi tortura. Primero me mutilarían, después, sería violado. A esto le seguiría una tourne por la ciudad siendo fustigado por un látigo de doble cola embutido en veneno cutáneo. Para finalizar, utilizarían el proceso quirúrgico mas doloroso posible para extraerme mi fragmento. Toda esta explicación corrió a cargo de la parsimoniosa voz de la falsa viuda, que esta ahora vestida con un traje de cuero ajustado.

La tortura, pese a lo que yo había previsto, empezó en medió del camino. Estábamos en un carruaje. Yo estaba sentado, junto a la falsa viuda y un par de soldados, en la parte trasera. Había un tonel lleno de un liquido viscoso en medio. La mujer hizo que metiera la mano en un extraño liquido y, posteriormente,  acercó un mechero.

La llama que se originó me quemó las cejas y parte de la cara. Pero no tenía tiempo para preocuparme de aquello, mi mano estaba ardiendo. Y aquello no era fuego normal. Era como si miles de pinchos ardiendo se clavaran y atravesaran mi carne a la vez.

Indescriptiblemente doloroso. Chillé como una niñata, incluso lloré, suplicando perdón. A un gesto de mi torturadora, sus soldados apagaron el fuego con un liquido aun mas extraño.

Pero no acabo allí. Aquella pérfida mujer me hizo meter el brazo hasta el hombro en dicha sustancia. Si lo de antes había sido casi insoportable, lo siguiente traspasaba las barreras de lo infernal. Noté como mis huesos eran reducidos a carbón y me desmayé.
Desperté, en una sala oscura y húmeda. Sin ningún tipo de cama ni comodidad. Fue entonces cuando comprendí que iba a ser tratado como el mas sucio traidor y que lo único bueno que podía esperar era morir. No podía moverme, y tenía pavor a mirar a lo que se había reducido mi hombro, el cual, por lo que podía escuchar, chorreaba una sustancia cuyo origen no me era de menester saber en aquel momento.

Registré la celda en busca de algo con lo que vendarme y justo entonces distinguí una figura en la oscuridad. Mi corazón comenzó a latir frenéticamente, a la vez que intentaba decidirme en intentar entablar contacto con mi compañero de cuarto o intentar utilizar mis poderes.

La segunda opción era prácticamente inviable, dado que utilizaba mis restantes fuerzas para evitar desmayarme fruto del dolor, así que me decanté por la primera.

-¿Hola? ¿Hay alguien? Acércate, no pretendo hacerte daño. Cof, cof. A menos que seas tu quien vayas a hacérmelo a mí. Entonces mas te vale esperar que oponga resistencia.

Sin emitir una contestación, la figura avanzó hacía mi a gatas. Esperándome lo peor, cubrí mis órganos vitales con mi brazo restante. No me hubiera podido esperar la siguiente reacción.

Oí como esa figura avanzaba y, a la vez que hacía esto, se definía mas y mas. Era una figura femenina, una mujer enmascarada que se estaba deshaciendo de sus ropajes. Su figura extremadamente perfecta y llena de moratones me recordaba a algo, pero mi cabeza estaba tan embotada intentando salir del estado de shock producido por la tortura que no caí hasta que aquella mujer me desnudo de cintura para abajo y, comenzando a montándome, se despojó de su mascara.

Su rostro estaba totalmente demacrado. No tenía ni una sola mata de pelo en su calva cabeza, cubierta de  brechas. Sus cejas eran irregulares. Sus ojos, bizcos. Le faltaba la mitad de una oreja, y su tabique nasal había sido destruido por varias drogas.

Le faltaban la mayoría de los dientes, y su aliento era pútrido, cosa que pude comprobar cuando me besó. No la hubiera reconocido de no ser por una peculiar marca de nacimiento en los pechos. Era Nina, no había ninguna duda.

Ella me miro, y yo aparté la mirada, intentando resistirme, con lágrimas en los ojos. Con sus afiladas manos, hizo que la mirase, dejando varios arañazos en mi rostro en el proceso.

-Te estuve buscando. Pero desapareciste, mi amor. Y ahora que te he encontrado, vamos a ser ejecutados. Pero mi amor no debe preocuparse, porque Nina se encargará de darle otra noche de pasión a su amor. Como las de antes. Pero ahora distinto. Esta vez mi amor recibirá los golpes.


No recordé haberla dejado tan tocada. Maldecí mi existencia y me compadecí de aquella pobre muchacha que no sabía distinguir el dolor del placer. Pero entonces, reí, reí locamente. ¿Acaso yo sí los distinguía?

Fue entonces cuando la verdad se reveló ante mí. La actual Nina no era otra cosa que el reflejo de mi mas perturbadora faceta, la que había empezado a desarrollar a partir del incidente de la Jungla Esmeralda.

Fue entonces cuando comprendí que estaba perdido, que Nina iba a devolverme en unos minutos lo que ella recibió durante mas de un año. Intenté eludir el dolor y concentrarme en causarle un colapso mental, pero había dejado su mente en tal situación que en aquel estado me era imposible hacer nada.

Mientras esto ocurría, mi fogosa torturadora intentaba arrancar mi barba con sus dientes y con sus uñas, consiguiendolo al cabo de unos insoportables cuatro intentos.

Fue entonces cuando se decidió a bajar sus manos, de repente, a mi pene, el cual ya de por si estaba siendo vilmente torturado por sus freneticos vaivenes de cadera.

Si aquello era un dolor practicamente inhumano, el culmen vino cuando Nina desgarró mi frenillo y mi prepucio, llenando la estancia de sangre y de gritos.

Grité tanto que, en unos segundos, acabé desgarrandome mis cuerdas vocales. Por si todo lo antes mencionado fuera poco, Nina no se paró allí, sino que, no se cómo ni con qué, hizo un agujero en mi carne, a la altura de las costillas.

Comencé a perder la consciencia a medida que la habitación se llenaba de sangre. Pero Nina no iba a permitir eso, así que comenzó a arañar mis ojos, intentando despertarme. Lo hizo tan bien que acabó dejandome sin visión.

Finalmente, cuando Nina llego a los pulmones, supe que todo había terminado. Mi propia sangre empezó a ahogarme lentamente, y Nina comenzó a beber de ella, mientras yo perdía la conciencia. Y la vida.


El despertador me liberó de aquella pesadilla y me levanté de la cama con el impulso de un resorte. Aquello había sido muy real, demasiado para ser un sueño. Incluso aun tenía el sabor de mi propia sangre en la boca. Fuí al lavabo y comprobé que eso era debido a que me había mordido la lengua mientras dormía.
Preferí optar por la opción tranquilizadora y dejar todo eso en una mala experiencia. Al fin y al cabo, aquella mañana tenía mucho que hacer, y tenía que guardar mis fuerzas para Martillo de Brujas y sus intrigas palaciegas.

Miré el reloj. Aún tenía hora y media antes de empezar mi jornada. Así que decidí desayunar ligero y comenzar a meditar. Tenía que poner en orden mis pensamientos si quería utilizar bien mis habilidades y, por tanto, actuar de forma adecuada.

Empujé los muebles que me entorpecerían y extendí una alfombra por el suelo. Me arrodillé y, juntando las palmas de las manos y manteniendome erguido, comencé la tecnica del Ata Ga'hi (El Lago Encantado).

Era un estilo de meditación que arrebaté de la cabeza de un ermitaño que Zeo me mandó interrogar. Obviamente, el nombre (en honor a un viejo cuento que solía contarme mi madre) se lo había puesto yo, pero en esencia era el mismo proceso. Solo que adaptado a mis necesidades.

Consistía en un proceso de relajación y discriminación. Distinguía cuales eran los recuerdos o experiencias que valía la pena tener en cuenta o retener para un futuro y me concentraba en sacar de mis pensamientos lo restante.

Aquella sesión de meditación fue radicalmente distinta. Con mucho disimulo, intenté rastrear la habitación en busca de cámaras y microfonos, sin resultados concluyentes.

En mi mansión apartada de Ojo de Dioses uno podía pensar perfectamente en alto sin que nadie se enterase de lo que estaba diciendo debido al aislamiento acústico.
En Martillo de Brujas eso era una utopía. Aquel lugar era un vertedero de escoria en el que se comerciaba con los secretos y los pensamientos de las personas. Y en secretos yo era rico.

Recordé aquel llanto. El llanto de mi hijo, retumbando en la jungla. Era tan real, y a la vez... tan falso. Durante un tiempo le estuve dando vueltas a eso, en Ojo De Dioses, en mis muchas noches de insomnio. ¿Y si los fragmentos, de algún modo, traspasaban la barrera de la genética?

¿Y si mi hijo no-nato había heredado mis poderes y había intentado parar a su desesperado progenitor para salvar su vida? ¿Y si, en definitiva, mi hijo estaba vivo?

No valía la pena hacerme preguntas para las cuales no obtendría respuesta alguna. Ahora había que concentrarse en realidad esa pesadilla. ¿Acaso me estaba intentando decir algo a mi mismo?

Nunca mis pesadillas habían sido tan realistas, tan... brutales. Ni siquiera despues de matar a mi familia. Era obvio que el desencadenante había sido mi accidentada entrada en Martillo de Brujas, unido a los remordimientos y a la falta de control que había perdido sobre Zeo y sobre Nina.

En cuanto al primero, no podía estar seguro de que no me traicionaría. Y que me llamasen ante Munch justo cuando me disponía a buscar el artefacto que Zeo tanto ansiaba no hacía mas que acrecentar mis sospechas.
Era evidente, por mucho que me lo negase, mi maestro no me traería mas que problemas. El viejo Zeo debía de quitarse de en medio. Y la cita que había concertado con él para dentro de unos minutos sería el momento idóneo para tantear el terreno.

Me vestí con apremio y me detuve unos instantes para recortar las puntas de mi barba, y dejarla perfectamente ajustada. Salí de mi habitación y recorrí Martillo de Brujas hasta llegar a la ciudad Media.

Allí debía encontrarme con mi antiguo tutor en un hostal de mala muerte. Entré, saludé a un par de feminas y, deslizando una moneda bajo la barra, pregunté al camarero por un tal Jack Daniel.

Acompañando su ademan con un gruñido, me indicó que subiera las escaleras y entrara en la segunda habitación de la izquierda. Yo seguí sus instrucciones y llame a la puerta. Cual fue mi sorpresa cuando un broken de 2 metros salió a recibirme.

Iba dar la vuelta, dispuesto a partirle algo en la cabeza a aquel tabernero cabrón, cuando escuché una voz conocida proveniente del fondo de la estancia.

Era Zeo, invitandome a entrar. El broken intentó sonreir, y yo intenté contener una carcajada. Ninguno de los dos tuvimos exito.
Gracias a Dios, aquel mastodonte no se percató. El entró primero, y yo lo seguí. Mientras caminábamos hasta Zeo, pude apreciar una marca en la espalda de aquel orangután. Yo conocía a aquel broken.

-Ha pasado mucho tiempo. ¿Cuanto han sido, 10 años? Has crecido mucho.

-Tu fama te precede, Dezba. La gente debería estar hablando de la presencia de un broken en el baluarte de la Inquisición, pero no hacen otra cosa de parlotear acerca del "Genocida Tribal".

-¿Y que tal tu familia? ¿Has arreglado aquel asunto con tu padre?

-Solo a medias. Cuando encuentre un hueco entre partir cabezas y proteger a Jack, te invitaré a un trago. Espero que no me hagas el feo.


Justo cuando iba a contestarle, Zeo apareció ante nosotros. El broken se arrodilló ante él, como correspondía a un individuo de menos grado. A mi los grados, sinceramente, me la traían al pairo, pero no era necesario que me arrodillase, ya que Zeo y yo compartíamos rango.

Esto no agradó al viejo. Me miró, como intentando amedrentarme. Yo le correspondí con una mirada fiera. Mientras tanto, el broken seguía con los labios pegados en el suelo.

Al cabo de unos segundos, Zeo rompió a reir.

-Jajajaja.-Zeo miró al broken y le señaló la salida-Jakoff, puedes retirarte.

El guardian de Zeo salió por la puerta, dejandóme via libre para hacer lo que quisiera con su mente. Habría sido tan fácil... Pero no, antes debía tantear el terreno.


-Te he enseñado bien, Dezba. Quizá demasiado bien. En fin, te preguntarás para que, tu viejo amigo Zeo, te ha llamado. El motivo es simple. Tan solo quería saber cómo te iba y... "limar asperezas". Tengo la impresión de que nuestra relación de complico cuando ascendiste. No sé si yo tuve algo que ver, pero te pido perdón.

La verdad es que no es fácil ver como el alumno iguala al maestro en tiempo record, tienes que comprenderlo. Aunque supongo que tampoco habrá sido fácil para ti.



-¿A qué te refieres?

-No te hagas el sueco conmigo. Ambos sabemos que aquello fue difícil. Y tu reacción fue encomiable. No te dejaste arrastrar en aquella espiral de auto-destrucción. Mantuviste a raya aquel barrio que se te encomendó patrullar durante dos años. Y no eran tiempos fáciles.

A lo que quiero llegar es a dejar apartado ese tema. Que aquel "incidente" saliera a la luz no nos beneficiaría en absoluto. He tenido que callar a diversas plataformas de viudas marujas que exigían los cuerpos de sus esposos mediante ejecuciones, pero si el ambiente llegara a caldearse.... espero, por tu bien, que no tengamos que llegar a sospechar el uno del otro.


Busqué micrófonos y cámaras en la estancia. No encontré ninguno, pero era mejor asegurarse de no admitir directamente mi participación en el delito.

-¿Has venido de Gonduar tan solo para decirme eso? No te preocupes, Zeo, ya no soy aquel líder tribal vanidoso. Sé lo que me hago.

-Pues apenas se nota. ¿De verdad piensas que iba a dejar mi misión en Gonduar para tan solo venir aquí a verte a ti? Por mucho que te aprecie, hijo, tengo otros muchos asuntos pendientes en Martillo de Brujas.


Era obvio que Zeo estaba intranquilo, la culpabilidad estaba patente en su lenguaje corporal. No obstante, para asegurarme, intenté lanzar una indirecta. Basándome en su contestación, fundaria mi veredicto.

-Que así sea. He de irme, yo tambien estoy muy ocupado con lo mío. Que te vaya bien y saluda a los muchachos de mi parte.



El silencio se podía cortar con un cuchillo. Aquel era un golpe certero, directo al corazón. Ambos sabíamos que mas de la mitad de nuestro séquito había sido aniquilado en la batalla. Nos quedaban pocos amigos, y la presencia de Jakoff junto con Zeo podía ser interpretada como señal de arrepentimiento, de soledad.
¿Por que contratar a un viejo amigo cuando tienes dinero para permitirte una troupe de mercenarios veteranos para ti solo? A menos que tuviera algun proposito que se me escapara, la presencia del broken solo era una señal de debilidad. Señal que debía aprovechar.


-¿A los muertos o a los vivos?


Me detuve junto a la puerta, y sonreí. Había dado en el clavo, una vez más. Era como en mi sueño. Pero eso, por el momento, no significaba nada.

-A ambos.

Salí de la estancia y Jakoff estaba esperándome en la puerta.

-¿Ha sido duro el viejo Zeo contigo?
-me limite a mirarle, impasible- Bah, supongo que es cosa tuya. Escucha, hay un local por aquí en el que las negras están a mitad de precio. Y las cervezas también. -Jakoff me dió un codazo de complicidad, y, al ver mi rostro, no tardó en rectificar su propuesta- Ah, que tu no....
Entonces tan solo bebamos. Ven, acompañame, tienes que ponerme al día.



Casi arrastrado por el broken, llegué hasta un local de mala muerte cercano al Avarities Mercatum. Al entrar, observé un paisaje desolador. Taburetes, rotos, hombres desparramados por los suelos, viejas mujeres enseñando sus cicatrices....

Esto no es tan diferente a Ojo de Dioses, me dije mientras avanzaba hasta la barra acompañado por el broken. Jakoff se detuvo a mitad de camino y, sin que yo me lo esperase, agarró del brazo a un viejo altonato que estaba flirteando con una mujer que podría haber sido su nieta.
Confundido, pude ver como Jakoff presionaba el brazo de aquel hombre hasta que sus gritos y el ruido de huesos crujiendo inundaron la sala. Todos se giraron hacia mí, extrañamente pensando que yo era el detonante de aquella situación.

Mi fama me precedía. Ante todo esto, Jakoff permanecía inmutable. ¿Acaso quería causarme problemas? Cuando el broken estampó a su victima contra la pared, temiendo que la matase, tuve que actuar.

Agarré a Jakoff del brazo con el que sostenía al viejo altonato y le empujé. Sorprendentemente, conseguí que le soltara y, recobrando la calma, el broken se sentó junto a mí.

-Un consejo, viejo amigo. Mas te vale no hacer que te detenga. Volveremos a vernos cuando estes mas calmado, ahora, gracias a tu escandalera, soy el ojo de todas las miradas.


Jakoff no emitió sonido alguno.
Dicho y hecho, salí del local y empecé a pasear por las calles, pensando en como podía sacarle partido a aquella gran ciudad que se extendía ante mis ojos.
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Re: [CIUDAD]: Martillo de Brujas

Mensaje por Ilya Sokolof el Miér Abr 16, 2014 3:47 am

El miedo que se respira en las calles, esta sensación de angustia, este frío silencio, la gente camina como si nada en estos corredores donde la inquisición acecha al mas mínimo error que puedas cometer. No veo la oportunidad de salir de estas laberínticas calles en cuanto haya terminado los asuntos que tengo pendientes en este. Es increíble la cantidad de personas que veo pasar, sometidas al yugo incansable, azotador y cruel de la Eclesia. No tengo nada en contra de ella, pero tampoco voy con ella, lo que yo quiero es una vida tranquila, ¿tendrá algo de malo? La conciencia de los muertos sigue pesando sobre mi conciencia, pero con solo poder criar a esta pequeña sin necesidad de andar viajando de un lugar a otro por la incesante persecución, con solo eso me conformo...

Miro a la pequeña Tanya, que camina a la par mía, sus ojos adormilados recorriendo con cierto temor y curiosidad el ambiente hostil a la vista en el que caminamos. Generalmente su sonrisa estaría tallada de forma casi permanente en su cara, una sonrisa de inocencia. Hacía tres años que no la veía sonreír de la misma forma que antes. Sus labios permanecen cerrados, como cosidos por hilos invisibles, apenas habla, solo se limita a comer, sus necesidades, cambiarse de ropa, y dormir.

- Pequeña Tanya, ¿no te has cansado de caminar? Si quieres te llevo a la espalda, vamos. - Siempre intento alegrarla, ¿será posible alegrar a una niña que vio el infierno en sus propios ojos?, Da un pequeño sentimiento de haber perdido las ganas de vivir, o de haber perdido las esperanzas en la humanidad, descorazonador la verdad. Ni el esforzarme en una sonrisa un poco disimulada me ayudó a contentarla, vaya problema.

- Estoy bien así. - Me responde con voz desinteresada, solo se limita a mirarme por un segundo y vuelve a ver nuevamente hacía los enormes edificios que hay a los lados, colosos de concreto y acero que ocupan la mayoría de espacio de la ciudad media, cantidad de personas transitando día y noche de forma incansable. Vaya lío. Si no fuera por que no hay criminalidad me andaría a ojo de lince por posibles maleantes que quisieran intentar algo, pero a la criminalidad la sustituye el puño férreo de la fe ciega, al que muy pocos logran huir luego de hacer sus fechorías. Las nubes oscuras amenazan empezar a llover, o es una ilusión que me dan los lentes oscuros que llevo puestos. Una corazonada me da que posiblemente alguien nos lleve siguiendo de hace un pequeño rato. Uno presiente bien cuando simplemente alguien camina por casualidad tras uno, y sabe distinguir cuando es por alguna posible mala intención. Dirijo mi mano disimuladamente hacía mi bolsillo, donde llevo mi cajetilla de cigarros, y en un compartimiento secreto del pantalón, el cuchillo.

Tomo un cigarro y lo prendo con el encendedor, Tanya lleva a Juramento impío en su estuche así que no me preocupo de causar una impresión peligrosa, al tener al fin el cigarrillo en los labios y estar halando y exhalando el humo por mis vías nasales, escucho algo común y habitual, que siempre me da risa escuchar.

-¡Apaga ese maldito humo! ¡¿No ves que te hace mal eso hermano?!.

- Jajaja, pues sí, pero nunca me puedo quitar el vicio. - La empujo con suavidad para entrar por un callejón oscuro, serpenteamos con rapidez entre la multitud, con intención de perder de vista a nuestro perseguidor, gotas de lluvia empiezan a caer, apenas diminutas, empiezan a mojar el pavimento gris, la tierra empieza a tener olor a humedad. Seguimos caminando entre callejones, plazas, mercados, miro hacía atrás y aun logro ver a una figura encapuchada persiguiéndonos, como último recursos levanto a Tanya y la llevo en brazos corriendo a toda velocidad.


- No grites ni te quejes, alguien nos persigue por si no te has dado cuenta. - Le susurro al oído, cruzamos una calle a toda velocidad, y logro distinguir una posible escapatoria, veo el cartel de neón que indica un motel de baja calaña, entramos corriendo a la recepción donde una secretaria con semblante aburrido, tras un escrito oxidado y en mal estado bosteza aburrida, aire viciado y mala calefacción. Dejo a Tanya en el suelo por su cuenta, y saco de mi billetera una moneda de plata.


- Una habitación para mi hermana y yo, por favor.- La mujer nos mira y sacando un recibo de pago toma la moneda y nos da las llaves de la habitación 14. Salimos rápido, tomamos una escalera al lado lateral del edificio que da hacía los dormitorios, el número 14 es el de en medio, precedido por el 13 a la derecha. Abro rápido la puerta y entramos, prendo una tenue luz y bajo las persianas. La habitación tapizada de color gris desprende un aire depresivo y feo, una cama para una sola persona está al centro de la habitación, en el techo las aspas de lo que era un ventilador, ahora sin funcionar. Frente a la cama una mesa con un televisor anticuado encima. Por último una puerta que da al baño. Antes de tomar confianza reviso cada lugar, bajo la cama, tras ella, el televisor, las persianas, abro la puerta del baño, reviso en detalle la bañera. Y por último, tras este exhaustivo procedimiento suelto una bocanada de tranquilidad, el lugar es seguro.

- ¿Es seguro este lugar? ¿Puedo prender el televisor? - Me dice Tanya, no le doy importancia y enciendo el televisor, le pongo el canal para niños pequeños y abro disimuladamente las persianas. Nadie en la calle.

- El lugar es seguro, tú duerme en la cama; en la mochila hay cambios de ropa, date un baño. Saldré un momento, no le abras la puerta a nadie, ya sabes que el código son cinco toques. - Salgo de la habitación, cierro la puerta y no me muevo hasta escuchar que ella pone el seguro por dentro. Ahora toca averiguar quien nos seguía. Y porqué.

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Re: [CIUDAD]: Martillo de Brujas

Mensaje por Solomon Krieg el Miér Jun 18, 2014 10:29 am

-¿No me entiendes? Es una cuestión muy fácil, hermano. - Dije explicándole una sencilla teoría a uno del grupo, el cual miraba absorto por la empañada ventana, hacia la calle. El vaho cae muy espeso por esta época, tapizando la calle como una alfombra blanquecina y húmeda, le da al lugar un toque muy realista, a decir verdad. Y allí estaba esa hombre, absorto en mirar la calle en vez de oír mis explicaciones, como buen tipo que no se plantea nada complicado y vive a su manera. Es una actitud de respetar, y pensándolo bien... ¿hace cuanto, que no me quedo a admirar el paisaje... solo por unos segundos?

-Quizá escampe, se ve muy nublado.

-A lo mejor, pero con el frío que hace preferiría que no. Luego se hace escarcha en la calle y uno se va resbalando por ahí.

-¿Y si nos dejamos de preocupar por si llueve o no, y mejor disfrutamos de lo que la naturaleza nos brinda? - Dije un poco suave ante los susurros de los demás. En el sótano donde nos escondemos hace frío, por las ventanas entra aire gélido, que penetra hasta los huesos y genera escalofríos de forma casual, no es anormal ver a un pobre retorciéndose de frío en una esquina. En cuanto a la habitación... diez metros de largo por cinco de ancho, con cuatro ventanales, que más que ventanales son agujeros mal hechos en la pared, por donde se cuela bruma, viento y cuando el invierno apronta, nieve a caudales.

-¿Cómo sugieres eso?

-Yendo a pasear... Lo sé, es una locura, pero yo prefiero ir a darme una vuelta por la ciudad a quedarme con hipotermia aquí.

Los murmullos se hicieron imperantes, algunos conversando entre sus amigos de confianza, otros con el que tuvieran inmediatamente a la par, algunos con desagrado dicen de quedarse mejor abrigados ante el abrigo (¡Oh! El plácido abrigo que promete esta habitación, cuando ni tenemos leña para encender la caldera) que ofrece el lugar. Otros aprueban con joviales la idea, y no tarda en llegar un grupo de cinco, los más jóvenes a decir que me acompañarán.

-Pues entonces nos ponemos pies al sendero, quizá podáis ver alguna chica por allí. - Digo casi en susurro a los cinco, pero lo suficientemente alto para que me escuchen los demás. - Y vosotros... cuidad el lugar.

Salimos a pasos agigantados, y una pequeña brisa nos sopla de una bofetada cuando abrimos la puerta, quedándonos unos segundos allí esperando a que calme el viento... esta temporada se nota que hará un frío demoledor.

-¡Eh, cerrad la puerta que entra mucho el frío!

-Ya va, ya va. Sólo esperamos a que pase el ventarrón.

La borrasca se calma y logramos salir, cerrando tras nosotros la puerta que separa el umbral de nuestro secreto con el mundo exterior, el mundo común, lleno de gente común que ignora nuestras labores, pero que sin embargo, sabe de alguna forma quienes somos, puesto que siempre un pagano será un “pecador”, y que la propia tiranía del gobierno no hace más que recalcarlo en la mente, a punta de hierro de marcador, como si fuesen vacas dirigidas por un caudillo. Animales en la ignorancia, feliz ignorancia que les mantiene vivos y coleando, y que cuando el momento llegue, les estrujará la garganta como una ramera que tiene como misión envenenar al cliente, que es enemigo acérrimo de su patrono.
-¡Eh! Mirad, como que hay carnaval o fiesta.
-¿Fiesta? - Pregunto extrañado ante el entusiasmo del compañero, el cual otea la lejanía, poniéndose de cuclillas y tratando de ver entre las multitudes de personas que de la nada, se han agolpado frente a la plaza pública. Algo me da mala espina.
-Sí, mira, hay varias personas sobre esa tarima, y la gente se agrupa como si van a recrear un espectáculo, quizá una obra de teatro o un concierto.
-¿Recordadme en que ciudad estamos?
-Martillo de Brujas, creo.
-!Santa madre inquisición! no querréis ver lo que ocurrirá.- Digo con tono serio, la intención es disuadirlos, pero sin embargo se adentran cada vez más inquietos, entre la multitud, empujando a personas y quedando luego en primera fila, frente al patíbulo fatal, con los destinos de tres personas sobre él, y el sadismo que el pueblo espera.

-¡Por este medio declaro culpables de herejía, paganismo, y otros delitos mayores a Edward Julinsperk, Jeremiah Jonson y a Sarah Bradluck, que el Señor Metatrón les guarde en su gloria! - Bullicio en el público, la multitud se agolpa aun más contra la tarima, atenta al macabro espectáculo que pronto verán, suben dos verdugos ataviados de negro, portan hachas enormes que arrastran con lentitud y pereza por el suelo de madera, se escucha el ruido en los viejos tablones, metal chocando con madera, ruido hueco y depresivo. Cada uno llega a los del extremo, levanta su hacha, el brillante metal brilla con lujuriosa sed de sangre, dejándose caer en dirección al cuello de la víctima, y luego... la nada absoluta, un suspiro que los espectadores sádicos reprimen, y que luego profieren un grito abrumador de jubilo y festividad. Los muchachos vuelven corriendo, sus caras muestran temor y asco.

-¡ESTO NO ES PARA NADA GRACIOSO! - Logran decir al mismo tiempo, tartamudeando y reprimiendo las ganas de vomitar. - Callaos... estas calles tienen oídos... y no será bueno que nos escuchen. - Alcanzo a advertirles, vigilando la vanguardia y retaguardia, a un lado hay un callejón, y a empujones los meto allí, si alguien sospecha será muy difícil despistar a los guardias.

-Regla número uno, nunca habléis de cosas así en público. Número dos, fingid lo mismo que la población, así podréis...

-¡Alto! ¡Parecéis sospechosos, ¿qué hacéis allí?! - Grita una voz desde el extremo del callejón, una persona alta vestida con blindaje pesado y enarbolando un pesado martillo sobre la cabeza.

-¡Demonios, guardias! ¡Corred, por los callejones! - Les ordeno, esperando a que se dispersen cada uno por una dirección diferente, espero a que el hombre se acerque, lo más que pueda, y cuando calculo que está a unos dos metros, tiro al suelo un barril y lo hago girar por el suelo, casualidad del destino que el tipo estuviese mal parado, y cayese con un duro golpe de hojalata al suelo. Es la oportunidad. Hecho a correr, salgo por la calle principal, entro a otro callejón, recorro varios metros en carrera olímpica por otros callejones, entre conectados en aquella urbe espectral, que resuda miedo. Y cuando menos me lo espero, una mano me jala hacia una puerta, que se cierra al instante.

-Somos nosotros... Eso estuvo cerca.

-Y muy cerca...

Miramos por las ventanas de la pequeña casucha abandonada, afuera varias decenas de soldados de la orden del martillo corren y gritan improperios en varias direcciones, desperdigándose como aves en bandada. Esto ha sido suerte, la próxima no sabemos si nos faltará.

Solomon Krieg

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Re: [CIUDAD]: Martillo de Brujas

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