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[AVENTURA INICIAL] "Luces y Sombras" [Ciudad Catedral, 7 de Noviembre - 897 d.g.]

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Re: [AVENTURA INICIAL] "Luces y Sombras" [Ciudad Catedral, 7 de Noviembre - 897 d.g.]

Mensaje por Enkei el Lun Jun 12, 2017 4:40 am

MAXIMILIAN STENKERK


Lord Traf demostró una severa preocupación ante las palabras de Maximilian respecto a las múltiples vejaciones sufridas por la comitiva eclesiástica. –Parece que la situación es aún más grave de lo que imaginábamos… Respecto a garantías para lograr que lord Minwer actué contra su majestad… Pues usted mismo lo ha dicho su excelencia, en el estado de caos en que se encuentra la ciudad, el poder efectivo es mucho más importante que el ceremonial, y eso incluye también a su majestad Oberón, cuyo estado no ha hecho más que ir mermando el apoyo y confianza de su gente, y eso incluye a los soldados de Infernalia-

Tras escuchar la contestación del obispo, Traf permaneció tranquilo, limitándose a responderle con un dejo de malicia visible en sus ojos.

-Por lo que como ve, el poder efectivo ahora mismo es de Oberón, pero si se lo propone su excelencia podría convertirse la fuerza política más influyente de Infernalia, el concordato valdrá poco en este momento, pero su autoridad se ve multiplicada por cada miembro del consejo que logre atraer a su causa, de decidir usted llevar adelante el plan que le he propuesto. Ya cuenta con mi apoyo absoluto en cualquier empresa que decida emprender, lo cual déjeme añadir, no es poco. Y estoy seguro de que otros miembros del consejo deben de compartir mi postura, Cudd con su loco fervor religioso, Malkivan Quench, siempre preocupado por la seguridad de Infernalia, quizás hasta Paentio esté de acuerdo, quien sabe… Cuanto menos puedo asegurarle el apoyo de Lord Aidelad en este asunto, con eso ya somos 3, lo que es una buena base por la cual empezar-

Pese a su calma inicial, el maquinista se mostró ciertamente perturbado por los comentarios de Maximilian respecto a Lord Milwer

-Por otra parte, creo que subestima al señor Milwer. ¿Quién os ha contado todos esos rumores exagerados respecto al líder del gremio de defensores? De seguro que ha sido la niñata de Paentio o, dios nos libre, el joven Nidd. Si les preguntara a esos pequeñajos por cualquiera de los miembros más ancianos del consejo, de seguro que le respondería que nos gusta comer niños con el desayuno y patear perritos en la calle… No, Lord Milwer puede ser un hombre de naturaleza beligerante, pero le aseguro que absolutamente nadie en la ciudad quiere una guerra contra le eclesia, y menos Lord Milwer, a quien ya hemos advertido en el pasado, solo por las dudas; que si en algún momento se le ocurre intentar algo similar, el resto de los líderes gremiales lo mataremos antes de que el sol se ponga… Se lo digo así sin pelos en la lengua-

Una vez en el interior del baño, Maximilian fue capaz de destruir la nota sin ningún problema, mas tarde al regresar al vagón y en cuanto Maximilian llevo el agua de Feuerheim a su boca, pudo sentir un frescor inmediato en todo su cuerpo que se le hacía extremadamente agradable debido al contraste generado por el clima cálido de la ciudad ígnea, a la vez que un ligero gusto a fruta mentolada rodaba por su lengua. No solo eso, sino que gran parte del cansancio que hubiera sentido hasta el momento se desvaneció, como si se hubiera inyectado cafeína directamente a sus venas, solo que sin los afectos secundarios de la sobre-excitación y la euforia. Un catador experimentado se hubiera dado cuenta de que la bebida en cuestión no se trataba de agua de Feuerheim en lo absoluto, sino de una simple infusión encantada para replicar solo algunas de las propiedades de la misma, afortunadamente Maximilian no era un catador experimentado, por lo que el agua le sentó de maravilla.

-Le prometo que haré todo lo posible por averiguar el paradero del príncipe, pero le sugiero no elevar demasiado sus expectativas, por muchos recursos que tenga, hasta a mi me costaría dar con el paradero de alguien a quien su mismísima majestad no logra encontrar. Sin embargo…- Comentaba Traf tomando una pequeña pausa para beber de su propio vaso.

-Tampoco es necesario que esta cuestión le quite el sueño su excelencia, en el lamentable caso de que ocurriera una desgracia, su majestad ha engendrado múltiples hijos tan capaces como su primogénito de sentarse en el trono de Infernalia, esto claro, con nuestro debido tutelaje por supuesto-

Pese a su molestia inicial, Lord Traf se tomo bien la súbita partida de Maximilian, devolviendo la reverencia y deseándole al grupo mucha suerte con sus proyectos.
-¿No me da algo para llevar?- Pregunto el desorientado exorcista antes de partir, ante lo cual Traf se limito a calmadamente explicarle que quizás ya había tenido demasiado por un día, tras lo cual Benditch respondió con un seco y maleducado –Tú no eres mi jefe- Antes de partir con el resto del grupo mientras el maquinista le fulminaba con la mirada.

Una vez fuera del vagón la inquisidora simplemente asintió con la cabeza mientras caminaba a la par de sus compañeros, abandonando por completo la estación Traf (la cual ahora que Nidd se había marchado parecía más una estación que un tablero de ajedrez viviente) y dirigiéndose en dirección al gremio de alquimistas, a las pocas calles, la inquisidora llevo al obispo hacia un callejón cercano y allí por fin decidió revelar a Maximilian lo que había descubierto.

-De que ha sido envenenado no me cabe la menor duda, es por eso mismo que vine lo más rápido que pude…- Comentaba la mujer mientras buscaba entre sus bártulos hasta encontrar una pequeña bolsa de papel y una botella con un liquido blanco, destapando esta y ofreciéndole ambos elementos a Maximilian.

-Son leche y galletas, más específicamente las galletas que nos dio Paentio, coma rápido, y si aun tiene su porción de lo que nos dio Paentio, cómalas también aunque no le gusten. La leche le ayudara a purgar su cuerpo, y la harina de las galletas contiene el antídoto al veneno, le explicare mientras come, pero dese prisa-

Si el obispo hacia caso a las palabras de la inquisidora esta empezaría a relatar su historia, de lo contrario esta le haría comerse las galletas a la fuerza.

-Entre los múltiples documentos inútiles que encontré en la oficina de Traf, había una carta de uno de sus subordinados, informándole que habían interceptado un cargamento de medicamentos destinados a la residencia de Paentio, tras tomar unas muestras habían concluido que estaban envenenados. No uno, sino todos y cada uno de los medicamentos de la casa de la súcubo están cargados de un veneno que es mortal en un lapso de 12 horas, aunque su efecto puede ser acelerado por factores externos como el esfuerzo físico. Y ese mismo veneno es el que le ha estado afectando desde el momento en que la mujer froto su ungüento sobre las heridas de su cabeza-

-El cargamento obviamente partía de Lord Alcemi, quien aparentemente lo ideo como una forma de acabar con la vida de Paentio, afortunadamente para nosotros Traf lo intercepto y, según lo que logre deducir de un borrador de una misiva dirigida hacia Ojo de Dioses, uso sus contactos con la empresa “Metalquimia” para hacer analizar mas rigurosamente el veneno y encargar un antídoto que pudiera ser administrado sin que nadie se diera cuenta-

El nombre de la empresa era familiar a Maximilian, una compañía principalmente centrada en la creación de químicos y materiales para construcción, propiedad de un advenedizo de clase baja que había logrado un puesto en la nobleza de la ciudad mediante un casamiento muy conveniente, más allá de eso no había nada sospechoso en el nombre.

-Afortunadamente la empresa actuó rápido y entrego a Traf un gran cargamento de un antídoto sin sabor perfectamente capaz de mezclarse con alimentos y bebidas. Para asegurar la seguridad de Paentio Traf decidió mezclar el antídoto en la reserva de harina de la súcubo, logrando así que cada vez que Paentio se lastimara o enfermara y requiriera de un medicamento envenenado, sin saberlo ingeriría el antídoto por lo general mucho antes de las 24 horas, esto era casi una garantía debido al conocido gusto de la súcubo por la pastelería-

Una vez que Maximilian terminara la inquisidora le entregaría una servilleta mientras enfocaba su mirada hacia el exorcista.

-Respecto a ti, no voy a preguntar qué diablos fue eso con Traf porque es obvio que a ti también te afecta algo-

 -Y a ti pareciera estar afectándote algo permanentemente querida, si lo necesitas yo tengo el antídoto justo para eso- Balbuceo Benditch con los ojos entrecerrados mientras daba una nalgada a Selena antes de que esta pudiera reaccionar, llevando a la inquisidora a responder puñetazo que dejo al exorcista indefenso tirado en el suelo.

-…Lo cual ilustra mi punto, no tienes el mas mínimo sentido de autocontrol, y eso creo que es producto de una droga. Su excelencia, considero que es muy peligroso seguir llevando al señor Benditch con nosotros, quien sabe en los líos que su boca o su comportamiento podrían meternos, sin embargo tampoco estoy muy segura dejándolo en alguno de los gremios, quien sabe lo que podría revelarles mientras este bajo los efectos de la droga…-

Desde el suelo, Benditch comenzaba a retorcerse en un intento de ponerse en pie, ante lo cual Selena reacciono inclinándose cerca de Max para susurrarle algo al oído. –Si me pregunta yo sugeriría dejarle atado y amordazado por aquí, escondido en algún sitio donde no pueda lastimarse no molestar a la operación, pero eso es solo mi opinión, le dejare la elección a usted, no creo que sea culpa del exorcista, es mas, creo que lo drogaron, aun así no creo que sea confiable en este momento-

Al cabo de un rato e independientemente de lo que decidieran hacer con Benditch, Maximilian y Selena se encontrarían a poco más de 100 metros del edificio del gremio de alquimistas, una estructura de piedra maciza ennegrecida por el calor y el humo del laboratorio de 3 pisos de altura, atravesado en su parte trasera por un delgado hilo de magma que se adentraba hacia las entrañas del edificio que en si no se diferenciaba de los demás mas que por su considerable tamaño y por la casi total carencia de ventanas. Lo único que destacaba de la estructura era el piso superior de la misma, que en lugar de estar compuesto de piedra se encontraba realizado de ébano y madera negra, con un observatorio en la parte superior y varios ventanales amplios que dejaban entrar una gran cantidad de luz natural, este sin duda debía ser la sección administrativa del gremio.

Al acercarse a la puerta de entrada el grupo fue atendido por un demonio de mediana edad con unas gruesas gafas de culo de botella y una bata blanca de laboratorio. –Su excelencia, Lord Sternkerk, nos complace enormemente su visita, divisamos su caminar a la distancia y ya hemos avisado a Lord Alcemi, quien ahora mismo se dirige hacia aquí para recibirle, ha sido un día ocupado, mucho papeleo últimamente… Bueno, donde están mis modales, pasad. ¿Desean un poco de té o alguna bebida mientras esperamos a…-

Las palabras del demonio se vieron cortadas de golpe, un súbito estruendo ensordecedor y demasiado familiar para el Obispo se dejo escuchar mientras que una onda de choque hacía temblar el suelo, arrojando a todos los presentes al piso, completamente aturdido, Maximilian se hallaba incapaz de levantarse, tumbado boca arriba en el suelo, pudo notar como una llamarada de fuego salía expulsada de una de las ventanas del piso superior del gremio, infinidad de cristales y trozos de inmueble salían despedidos por la misma, acercándose segundo a segundo, amenazando con cortar y magullar el cuerpo del obispo en millones de puntos diferentes, por suerte, aun desde el suelo Selena fue más rápida, lanzándose sobre el cuerpo del obispo, recibiendo por este los filosos cristales y toscos pedazos de habitación que caían sobre ellos.

Una y otra vez numerosos temblores sacudían el suelo bajo Maximilian, similar al efecto de posicionarse muy cerca a una batería de cañones de la eclesia, solo que 100 veces peor, puesto que ahora uno se encontraba en el otro extremo del asedio. Si los oídos no le hubieran zumbado tanto quizás el obispo hubiera sido capaz de escuchar las explosiones además de simplemente sentirlas en su piel y en sus huesos, o quizás hubiera podido escuchar las palabras que la inquisidora sin duda intentaba decirle antes de que un trozo de madera particularmente grande le cayera en la nuca, dejándole inconsciente y tendida sobre Maximilian.

Desde su posición el obispo pudo ver múltiples llamaradas salir disparadas hacia todas las direcciones, ya no solo de una ventana en particular. La lluvia de fuego y madera ardiente quizás hubiera acabado con el obispo de no ser por la rápida respuesta de nada más y nada menos que el demonio de lentes, quien había comandado a sus subordinados que arrastraran a toda prisa a los heridos hacia el interior del gremio, mientras era arrastrado Maximilian pudo notar algo extraño en su frente, algo mojado y tibio, si utilizaba sus fuerzas para llevarse una mano a la frente e investigarlo, se daría cuenta de que se trataba de una oreja, recientemente rebanada por un fragmento de cristal, al mirar hacia arriba, notaria como el demonio de lentes sangraba profusamente de un costado de su rostro.

En el interior del gremio, el pánico y los gritos se extendían sin control, Max no podía oírlos, pero podía verlos desde lo que su visión periférica le permitía, además de simplemente presentirlos, era un escenario demasiado familiar como para que no los hubiera, lo peor quizás era que hasta el momento no había señal alguna de Alcemi.

F.D.I:
Max estas muy aturdido y temporalmente sordo, por otro lado empiezas a recuperar el equilibrio y estas perfectamente consciente, que medios usaras para comunicarte dependen de ti. Selena esta inconsciente, Benditch si aun esta contigo esta en el mismo estado que tu pero peor por la confusión generada por el alcohol y las drogas.

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Re: [AVENTURA INICIAL] "Luces y Sombras" [Ciudad Catedral, 7 de Noviembre - 897 d.g.]

Mensaje por Maximilian Stenkerk el Vie Jun 30, 2017 9:27 pm




Traf seguía sin dar su brazo a torcer y querer darme más detalles sobre sus intenciones. Lo único que saqué en claro es que su “plan” era solo una declaración, pero de llevarse a cabo me correspondería a mí planificarlo y ejecutarlo. Solo se comprometía a darme su apoyo y me instaba a buscar el apoyo de otros miembros del consejo: especialmente Cudd, el visir y Paentio (curiosa cuestión dado que quería asesinarla).

Contar con el apoyo de Cudd y el visir a la vez sería algo complicado teniendo en cuenta las pretensiones del viejo exorcista. Sin embargo no tenía que cumplir mi promesa. Solo hacer creer a Cudd que la cumpliría mientras su apoyo me fuese necesario y dejarle tirado. También parecía contar con la disposición de Paentio, y en caso negativo tenía un documento firmado por ella con el que podía chantajearla. Y Traf parecía contar con el apoyo de Lord Aidelad, líder de los constructores. Eso hacía un total de cuatro apoyos, aunque todavía no había decidido cómo usarlos.

Por otro lado, Lord Traf se mostró plenamente confiado sobre las intenciones de Lord Minwer y acertó plenamente sobre el origen de mis informaciones: Paentio. Quizá fuese cierto que Paentio estuviese jugando conmigo, o quizá era Traf. Averiguaría pronto si los ancianos habían atado en corto a Minwer o no. La visita al gremio de los soldados se había convertido en una prioridad, y más teniendo en cuenta que no había tenido ninguna noticia sobre el botarate cabeza hueca de Trueford.



Una vez ya fuera de la estación, gracias al aire “libre” (si a eso se le podía llamar de tal manera) y al agua de Feurheim, que bebí en el tren, empecé a sentir una leve mejoría. Selena Blackmaw me habló de los resultados de su expedición. La inquisidora también era consciente de mi envenenamiento. Entre la información recopilada en el despacho de Traf había encontrado una nota que incriminaba al líder de los alquimistas, Alcemi, como el responsable tras los intentos de asesinato de Paentio, y de mi envenenamiento por accidente al tomar los productos químicos de la demonio. La inquisidora me ofreció rápidamente el antídoto, cortesía de Lord Traf: las galletas de lava que nos había ofrecido Lady Paentio habían sido interceptadas por los hombres de Traf y había introducido un antídoto para el veneno con el fin de evitar el asesinato de la demonio. Tomé sin rechistar esas rocas de lava que llamaban galleta. Por mucha repugnancia que me produjese esa porquería lo prefería a morir envenenado.

Entonces Lord Traf no estaba detrás del intento de asesinato de Paentio sino Alcemi. Interesante y desconcertante. Eso dejaba a Nidd como el conspirador. Lo cual no parecía encajar en absoluto. ¿Me estaría mintiendo Lord Cudd o su información sería errónea? No me extrañaría que el viejo nigromante estuviese jugando conmigo mientras aceptaba mi tentadora oferta. Habría que esperar a ver si Tempest hacía correctamente su trabajo y averiguaba más cosas sobre las intenciones del viejo Cudd.

Al principio no parecía notar ninguna mejoría tras ingerir el antídoto. Pero conociendo esta realidad mis planes cambiaron por completo. La visita al gremio de los alquimistas estaba motivada en la búsqueda de un antídoto para mi envenenamiento pero ya no era necesario hacerlo. Además, no sería prudente ir pues podría comprometer nuestra situación al saber que fui envenenado por accidente por Alcemi. Había cuestiones mucho más apremiantes: registrar la vieja embajada y visitar a Minwer (y recuperar a Trueford pues necesitaría de sus servicios con prontitud).

Por supuesto me preocupaba dejar a los dos inquisidores y a la hermana Buckley en el gremio de los alquimistas conociendo estas circunstancias. Pero si Alcemi quisiera haberlos matado ya lo habría hecho. Y si no era así, mientras no supiese que yo sabía que él estaba tras el intento de asesinato de Paentio, no tenía por qué haber peligro. Sin embargo otra cosa era Paentio. Si Lord Traf no quería su muerte, era posible que a mí tampoco me interesase que muriese. Quizá hubiese sido adecuado avisarla, pero de nuevo podría suponer comprometer nuestra posición. Y seguramente la labor de Lord Traf para impedir su muerte fuese mucho más efectiva que cualquiera de nuestros avisos. Además, solo éramos dos (el estado de Benditch lo incapacitaba para llevar a cabo ninguna misión), y yo no podía ir solo por este infierno de caos y violencia. Mi seguridad era lo primero. Una pena por los exorcistas, la hermana Buckley y Paentio pero no podía prescindir de los servicios de Blackmaw ene se momento.

– Muy bien, vistas las circunstancias volvemos al plan original, inquisidora Blackmaw. Registrar la embajada abandonada de la Eclesia en busca de información y reunirnos con Lord Minwer con urgencia. Ya no necesitaré de los servicios médicos de los alquimistas, y por el momento es mejor que  Lord Alcemi no sepa que sabemos sus intenciones. Eso podría poner en peligro a vuestros compañeros y a la hermana Buckley. Cuando sea posible exploraremos la forma de extraerlos con seguridad del gremio.

Luego la inquisidora se fijó en el estado del exorcista y consideró que alguien podía haber sido drogado. Yo más bien creía que había sido él el que se había drogado.  Al exorcista no pereció agradarle el comentario de la inquisidora, pues hizo un comentario de muy mal gusto y se propasó totalmente en un comportamiento tan indecoroso que mi pluma se niega a escribirlo en este manuscrito. Solamente diré que la respuesta de la inquisidora fue totalmente proporcionada y el exorcista acabó en el suelo del golpe recibido.

Blackmaw propuso dejarlo maniatado y abandonado para que no pudiese comprometer nuestra misión. Miré con desidia a la patética criatura que se retorcía a nuestros pies. Su lastimero estado no era sino un insulto a la Eclesia. Hubiese sido mejor poner fin a su sufrimiento e impedir que deshonrara todavía más a Dios. Pero esa no era mi competencia. – Haced lo que estiméis oportuno, inquisidora. – No sabía si dejarlo abandonado a merced de cualquier enemigo en ese estado sería más peligroso, pero Blackmaw tenía razón en que ese deshecho humano constituía un obstáculo para toda nuestra misión. – Si me permitís la sugerencia, inquisidora Blackmaw, quizá la embajada abandonada fuese un buen lugar para dejarlo y tenerlo controlado.  – Tampoco me importaba demasiado donde lo dejase la inquisidora siempre que estuviese bien guarnecido. Esperé pacientemente hasta que la inquisidora hiciese lo que tuviese que hacer para tener controlado al exorcista y emprendí  el camino a la embajada.

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Acción 1: comer las galletas con el antídoto + ir a la embajada abandonada de la Eclesia

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