Versión de juego 1.1.1: The Curseblood Plague
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[AVENTURA INICIAL] "Jugando con fuego" [Martillo de Brujas, 5 de Noviembre - 897 d.g]

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Re: [AVENTURA INICIAL] "Jugando con fuego" [Martillo de Brujas, 5 de Noviembre - 897 d.g]

Mensaje por Dezba Wakanda el Sáb Ago 09, 2014 12:31 pm

Cuando mi espada penetró en el interior de aquellos mercenarios algó dentro de mi aumentó sus dimensiones. "Gajes del oficio", pensé mientras era elogiado por mi en ese momento compañera de trifulca, la señorita Talia Ashlyn.

No obstante, cuatro tipos se acercaron a mí. El cansancio cada vez se notaba más, y mi brazo no respondía. En cuanto a mi otra extremidad superior, tampoco estaba en muy buenas condiciones, y estaba empezando a dormirse. "¿Acaso estos mamones se reproducen por esporas?", recuerdo que pensé mientras caminaba lentamente hacia ellos. Iba a terminar con aquello... o aquello terminaría conmigo.

Ninguna de las dos cosas sucedieron. En su lugar, una manada de banthors nos asaltaron. En aquel momento no pensé ni en la ilógica situación ni en el potencial peligro que se nos venía encima, si no que recordé el día en el que mis esponsales con Saki se hicieron efectivos, día en el cual tuve que guiar a un banthor hasta la aldea para una vez allí fuera apaleado sin más protección que un taparrabos. Recordé la sonrisa de mi ya ex-mujer y yo sonreí a su vez.

Después, Talia gritó algo, y se tiró encima mío. El bulto creciente entre mis piernas, que todavía no había vuelto a la normalidad, se hizo más grande si cabe. Gracias a Dios, evité que el pequeño Dezba fuese aplastado por la pesada armadura de mi compañera encogiendo mis rodillas, de lo contrario quizá el dolor del brazo no hubiera sido el peor de mis problemas.

Talia, al percatarse de mi situación ("¿De cuál de ellas?", recuerdo haber pensado mientras me levantaba) me ordenó levantarme y seguir luchando. Yo obedecí, solo para ser derribado un minuto después por nuestro cargamento, que había sido liberada. Antes de que el impacto me alcanzara, pensé en la ironía de la vida. "Y pensar que mi intención era liberarla... Seguramente nos habríamos ahorrado muchos problemas."

Después, antes de perder la consciencia irremediablemente, pude observar el combate entre Talia y Nadine y en el segundo anterior a perder dicha consciencia me alegré de haber confesado mi afiliación con Munch. Aquella mujer era un hueso duro de roer.

Desperté en una cama rudimentaria. Cuando abrí los ojos y observé la estancia, me di cuenta de que estaba en una cabaña en medio de la nada. "¿O más bien de la jungla?", apunté, aunque sin estar realmente seguro de mi paradero. Cuando me levanté, sin evitar hacer más esfuerzo del necesario, me di cuenta de un detalle escalofriante. Mi antebrazo izquierdo se había... evaporado. No, no había señales de amputación, tan solo mi cuerpo terminaba en el codo izquierdo. Era como si nunca hubiera tenido brazo alguno, ni siquiera dolía.

Estuve unos momentos inmóvil, pensando, o al menos intentándolo. No llegué a ninguna conclusión racional de porque estaba allí, así que deduje que aquello era un sueño. No obstante, solo había una manera de comprobarlo. Después de coger carrerilla, salté de la cabaña y caí al suelo estrepitosamente.
Fue doloroso, pero no tanto como debería ser una caída de unos cuatro metros, más o menos. Cuando me levanté y procedí a hacer un examen de mi cuerpo, me horrorizó un hecho la mar de extraño: el resto de mi brazo había desaparecido, y ahora llegaba hasta el hombro. De nuevo, no había rastro de fisuras, ni de laceraciones, nada.

Comencé a andar buscando el curso del río, puesto que fue la primera lección que me enseñaron mis tutores e, incomprensiblemente, la única que me venía a la mente en aquel momento.

Así que seguí el curso del río hasta descubrir un hermoso paisaje. Se trataba de un castillo de un material brillante, en el que la luz producía diversos colores, todos ellos magníficos. Tenía tres torres delgadas y acabadas en un pico, y en cada una de ellas ventanas y ornamentos de épocas pasadas. Pude encontrar en ellos dos de las leyendas que nuestro anciano no se cansaba de contar; la de los hijos de la hechicera y la de la batalla de los dioses. Ambas estaban representadas a la perfección en dos de aquellas torres respectivamente. En cuanto a la tercera, estaba vacía. De hecho, era la única de las torres que tenía puerta, y estaba abierta de par en par.

Así que me introduje en ella. La torre parecía mucho más grande por dentro que por fuera, cosa extraña pero que unos buenos arquitectos podían llegar a lograr. El suelo estaba conformado por guijarros de todos los colores, del mismo material de los muros solo que un poco mas delicado y depurado. El techo era transparente, y los rayos del sol, transformados en múltiples colores gracias a las propiedades del cristal que traspasaban, caían sobre las piedras, formando una especie de camino.

Puesto que aquella sala estaba dividida en múltiples bifurcaciones, que solo uno de esos caminos se iluminase fue interpretado como una señal por mi cerebro. Conforme caminaba por aquel pasillo las maravillas no cesaron. Ví un jardín colgante, con plantas que ni siquiera conocía colocadas en posiciones en las que ni un jodido equilibrista mantendría el equilibrio.

Podría enumerar todos los detalles que ví, pero obviaremos los detalles importantes y tendría que exigirle mucho a mi cerebro. Así que dejémoslo aquí. A mitad de camino, empecé a escuchar unos sonidos infantiles. Era la voz de un niño, o de una niña. Lo más curioso de aquello era que, conforme más avanzaba más cerca sonaban aquellas voces.

Era como si el propio Sol quisiera conducirme hasta ellas. ¿Y quién era yo para obviar la voluntad de los Dioses? Había conocido a muchos durante mis tres décadas de vida, y no tenía pensado desobedecer al único que realmente me demostraba su existencia.

Llegué a lo que se podía denominar una sala del trono. Allí un niño se sentaba en un gran sillón dorado, y en su cabeza se situaba una corona de tres pisos, tan grande que al pobre le costaba mantener la cabeza erguida. Tendría la edad justa como para haber empezado a ser instruido, más de cinco años pero menos de diez. A su derecha se situaba un viejo anciano cuya cara estaba cubierta con una máscara de color cobre, mientras que a su izquierda, en una posición más elevada que el anciano, una voluptuosa mujer, portadora de una máscara plateada, dictaba un mandamiento a los indios que a su alrededor estaban congregados.

-¡Es él!

La mujer me señaló, y todos corrieron hacía mi, dispuestos a tocarme, abrazarme y besarme. Y por supuesto, a hablarme todos a la vez. En la sala del trono solo quedaron los tres sujetos mas importantes; el anciano, el niño y la mujer.

La mujer miró al pequeño, y este asintió, solemnemente. Acto seguido, descendió de su trono y le cedió su gran corona a la mujer. Ésta, junto con él anciano, se desprendió de su máscara y avanzó hacia mí. Sólo podía ver su contorno, puesto que la marabunta no dejaba de avasallarme. Muchas caras me resultaron familiares, y cuando pude ver a la mujer plateada todo encajó.

Mis ojos se nublaron de felicidad, y me lancé sobre Saki. Comencé a besar su cuello, ansioso, mientras ella reía con júbilo. Definitivamente, aquello era un sueño, aunque deseaba que no lo fuera. Me instó a que parase, y después de unos segundos, lo hice. Ceremonialmente, mi mujer me colocó la corona del muchacho en la cabeza, y caminamos cogidos de la mano hasta mi trono.

Una vez allí, el joven me miró con una mezcla de admiración y envidia. Después miró a Saki, y esta asintió, sonriente. El joven me abrazó.
"Sabía que vendrías, papá."

"¿Papá?"

"¡Papá!"

"Oh, Dezba!"

"¡Mierda, traed al chaman!
¡Joder, que demonios le pasa a su hombro, se está...!"


Desperté en una gran habitación, sobre una especie de hamaca ultra lujosa. Un hombre estaba aplicándome un cataplasma. Fue entonces cuando me percaté de que mi hombro ya no existia, es más, una pequeña parte de mi tronco (la cercana al hombro) había desaparecido, engullida por la nada. El chaman me miró seriamente.

-No eres de los nuestros. ¿Me equivoco?


Su pregunta me confundió aun más. Me percaté de que aquel tipo era un conocido mío. De hecho, pensándolo bien, mucha gente de aquel castillo lo era. No era casualidad que todos fueran indios, puesto que con ellos era con los que había vivido la mayoría de mi existencia.


Pero no había tiempo de pensar en ello, ya que mi interlocutor requería una respuesta.

-¿A que te refieres? Fui aceptado por vosotros, incluso llegué a lideraros. De hecho, si mal no recuerdo, soy el rey de este castillo.

Fue entonces cuando el viejo se despojó de su túnica y me dió la espalda. Dónde debía estar su médula espinal había una mancha blancuzca, que se ramificaba abarcando toda la columna vertebral.

-¿Por qué....?

-Fuiste tú y tu sequito quienes nos enviasteis aquí. Desde entonces, siempre supimos que algún día el rey del castillo vendría, y todo se pondría en marcha. No obstante, aún no es tu momento.

-No entiendo lo que intentas decirme.

-Todavía no estás muerto.


Nos quedamos mirando un largo rato, hasta que opté por romper el silencio.

-¿Y que he de hacer?

-Tuya es la decisión. Lo único que puedo decirte es que si te quedas aquí, quizá nunca vuelvas a donde perteneces. Te convertirás en uno de nosotros, Dezba.

-¿Quieres decir que moriré?


El viejo chaman se rió a carcajadas.

-En absoluto. No me estás entendiendo. Tú eres la razón por la que estamos aquí. No somos personas en sí, somos tus recuerdos, tus anhelos, tus deseos, tus miedos y frustraciones... Somos tú. Y cuando tu cerebro muera, todo esto se vendrá abajo... y moriremos.

Me quedé perplejo. Lo único que hice fue mirar al exterior. Había una enorme planicie desértica allá afuera. Miré al chaman, y este asintió. En unos momentos, aquel paisaje cambio para transformarse en Ojo de Dioses. Cerré los ojos y, cuando volví a abrirlos, aquello era Martillo de Brujas.
Después de otro parpadeo, todo volvió a la normalidad. El hombre sonrió, y se quedó allí parado. Yo me dirigí a los aposentos de mi mujer, con la firme intención de retomar el tiempo perdido antes de marcharme de aquel lugar. ¿O quizás lo que deseaba era quedarme? "No importa", me dije, "ya lo resolveré en otro momento."

Cuando llegué a la habitación de mi mujer (que en pocos aspectos difería de la mía), la pillé mientras se cambiaba. Una semi-desnuda Saki me miró, lascivamente. Nunca habíamos tenido pudor de enseñar nuestros cuerpos, y en aquel momento ambos estábamos deseando hacer lo que se desencadenaría segundos después y terminaría tras media hora de sudor, gemidos entrecortados y extasis.

Una vez el acto finalizó, yo vestí a mi mujer y ella me ayudó a colocarme mis ropajes ceremoniales. Tras esto, ambos salimos solemnemente y descendimos las escaleras hasta llegar a la gran sala del banquete. Numerosas estatuas de tiempos pasados se erigían allí, sobre pedestales. Uno de esos pedestales estaba vacio, y me concentré en crear allí una estatua.

Después de unos segundos, yo, Saki y mi hijo quedamos inmortalizados como cualquier heroe o leyenda india. Durante el desarrollo del banquete se sirvieron manjares lejanos y exquisitos, que todo el mundo probo gozoso. Los comensales se estaban divirtiendo, mientras yo y mi hijo salíamos a pasear por el castillo para recuperar el tiempo perdido.

-¿Y que tal te van las cosas, hijo?

-Genial, papá. ¿Puedo llamarte papá, verdad?-
asentí y el continuó.-El Agricultor dice que soy tan prometedor o más que tú, y tiene planeada una educación señorial para mí, para cuando crezca.

"Para cuando crezca."

"Cuando crezca."

"Crezca."


Fue entonces cuando me percaté de aquel detalle; todo el mundo seguía igual, sin una sola arruga de más ni síntomas de que el tiempo pasara por ellos, excepto mi hijo. Me detuve un momento, tratando de buscarle el sentido a aquello.... Pero una gran humareda en las lejanías deserticas del castillo me lo impidió.

Eran.... banthors. Mi hijo y yo nos acercamos a las afueras del castillo. Una vez allí, pudimos distinguir una especie de escudo en las armaduras de los banthors.

Pero allí no acabó todo. En otra dirección diametralmente opuesta, pude distinguir una gran estampida de caballos eclesiásticos, dirigiéndose hacia nosotros a toda velocidad. Por suerte o por desgracia, los banthors llegaron minutos antes que estos. Del más grande descendieron tres figuras. La más alta se trataba de un caballero, el cual portaba un martillo de color azul. La mediana era una figura encapuchado. Y la más baja, debido que iba a cuatro patas, era quizás un esclavo que iba unido a su dueño, el encapuchado, mediante una correa. Su cabeza estaba cubierta por un manto, y su cuerpo, por una coraza metalica que hacia indistinguible su genero.

El encapuchado avanzó hacia mí y me habló. Su voz me resultaba familiar, pero hasta que me tendió la mano y pude ver su cara no lo reconocí.

-¡Zeo! ¿¡Que cojones estás haciendo en...?!

-Tenemos que irnos.

En ese momento, gritos de los comensales comenzaron a surgir. Se estaba repitiendo.

-¡No pienso irme, tengo que...!

-Me lo temía-suspiro mi ex-mentor, y acto seguido caí inconsciente.



"Inquisidor de Segunda Clase Dezba Wakanda, despierte por favor."

Acaté las ordenes. Lo primero que hice fue toser sangre. Después, observé que estaba conectado a un par de artefactos la mar de molestos. También me percaté de que no estaba en el campo de batalla y de qué, bajo la atenta mirada de un ángel de cuyo nombre no quiero acordarme, un hombre con una mascarilla y extrañas gafas estaba.... "examinandome." Su bata estaba cubierta de salpicaduras y manchas, seguramente mías la mayor parte.

Mi "salvador" se presentó como el Apotecarium Iretus Dreffen y me comunicó que acababa de superar su particular proceso quirurgico. Lo siguiente que dijo me dejó congelado. Según él, habían intentado sanar mi brazo, pero estaba infectado. Tras una pausa en el que temía que el corazón se me saliese del pecho y le cagase en la boca a aquel médico por jugar asi con mi salud cardiovascular, Iretus dió por finalizado su dictamen comunicandome que mi brazo estaba fuera de peligro.

También comentó algunos otros detalles mas superficiales y secundarios, cómo que tenía varias costillas rotas, un par de golpes y que no podía moverme.

"Espera un momento.... Eso es malo.", recuerdo haber pensado antes de que el doctor abandonase la habitación. Durante ese momento, extrañamente, no pensé en nada. Tan sólo procuré acomodarme lo mejor que pude en el colchón y esperé a que el doctor regresara. "¿Que les habrá pasado a los demás? ¿Habremos tenido exito? Lo último que recuerdo es.... el fogonazo, y a la z... ejem, Talia luchando contra su némesis."

Despues de este breve instante de lucidez, comencé a palparme el brazo. "Está entero, y será mejor no tocarlo. En fin, supongo que no todo ha sido malo. Al menos le he costado dinero a la Eclesia. Algo es algo, supongo."

Minutos después, el señor Dreffen abrió la puerta con la intención de introducirse en la sala y aplicarme una cura en la zona afectada. Es decir, el brazo. Después, despues de que un algodón absorbiera el contenido de los frascos que Iretus llevaba en la cintura. El dolor era insoportable, así que le propuse a mi cerebro una distracción.

-Le agradezco sus cuidados, doctor. Durante la batalla supe que algo iba mal, e incluso me dijeron que podría perder el brazo. De no ser por usted seguramente ahora pesaría unos cuantos kilos menos.-dije, sin lograr enmascarar el dolor con mi voz.

La puerta empezo a ser aporreada, y el médico le dió paso a Talia. La inquisidora de primer grado vestía una camiseta de tirantes gracias a la cual pude descubrir que formaba o había formado parte de la Guardia Teutogena y que yo no era el único que había salido mal parado del enfrentamiento. Después de las reprimendas del doctor hacía la inquisidora acerca de su entrenamiento, éste comenzó a vendar a Talia mientras ella aprovechaba para hablar conmigo.
A su primera pregunta, referente a mi estado, respondí de forma sincera.

-Mejor de lo que esperaba. Cuando Nadine escapó y su ataque me impactó y caí, temí por mi brazo. No obstante, gracias al Apotecarium eso ya no es un problema, por ahora. Solo he de preocuparme de costillas rotas, golpes y perdida de movilidad. Y seguramente dentro de unos cuantos días ya pueda volver a desplazarme con normalidad.-hice una pausa y después de unos segundos comencé a hablar de nuevo.- ¿Y tú que tal estás? Veo que bien, puesto que has retomado tus entrenamientos.

Una vez el doctor hubo terminado con los cuidados de mi interlocutora, ésta le pidió un momento a solas conmigo. "¿Para que demonios quiere... estar a solas?" Sólo se me ocurrían tres posibles escenarios: el "interrogatorio", la conversación y la escena subida de tono. Descarte el primero y el tercero. Si quisiera interrogarme podría llevarme a un lugar mucho más alejado. Y lo mismo iba para la tercera opción.

Como introducción a la conversación, Talia hizo una broma en la que mencionó nuestro encuentro despues de que el despojo humano, alias Nigel, me torturase. "Algún día tendré que ocuparme de ese hijo de perra", pensé. "Quizás se diera cuenta del efecto de mi fragmento sobre él, al fin y al cabo si todo hubiera salido bien ya estaría muerto."

Mi mente se desvió hacia el lugar dónde todo había comenzado, los pasillos de Martillo de Brujas, la sede. El cuerpo de aquel ex-inquisidor asesinado por Nigel, y el momento en el que éste me secuestró tras ordenarle a Nathan y a su amiga que arreglaran aquel estropicio. Después, justo cuando Talia entró en escena, pensé que todo había terminado. Pero no acababa sino de comenzar.

Después de aquello, Talia me habló de Anais, mi angel de la guarda. Al parecer la muchacha se había preocupado por mí, quizás el único ser que me tenía aprecio en kilometros a la redonda. Tenía una persona de ese tipo en cada continente, al parecer.

-Dile que se lo agradezco. ¿Cómo se encuentra ella? ¿Y cuanto tiempo llevo aquí?
Una vez me hubo respondido, Talia me ofreció un trago de su botella. Pude notar que estaba embriagada, así que aproveché que era mi superior para aceptar su oferta. Despues me halagó, o al menos interpreté aquello como un halago. Terminó hablándome de Munch.

-Vaya... gracias. -dije, respondiendo a sus alabanzas. Una vez habló de Munch, mi semblante se tornó gris, intencionadamente. Quería causarle impresión de angustía, una impresión que tampoco se alejaba tanto de la realidad. Aprovechando que la botella seguía sobre la cama, bebí otro trago, intentando darle mas énfasis a mi actuación.- En fin, al menos tendré el tiempo suficiente para recuperarme de mis heridas. Se me hace díficil ir al baño, así que llegar hasta donde Munch se encuentra puede convertirse en una tarea titánica en mi estado.

Antes de despedirse, Talia no pudo guardarse para si las malas noticias, las cuales acompañó con un profundo trago de la botella. La misión había fracasado. Papi Karmikov estaba enfadado con su ojito derecho, pero eso me importaba una mierda. Mucha gente quería mi cabeza. Me había dado a conocer. Y eso a Munch no le gustaría. De un momento a otro, las naúseas invadieron mi garganta, y tuve que tragarmelas para evitar dar una mala impresión a Talia.

Una vez esta se fue, las nauseas volvieron. Espere pacientemente, aguantando, hasta que, minutos despues de oir la puerta cerrarse, me desconecté los cables, me incorporé como pude y me levante del camastro. Intentando reprimir el dolor, me dirigí a la puerta. Escasos metros me separaban de ella cuando caí, fulminado por la agonía.

"Tengo que salir de aquí, he de ir a ver a Munch, antes de que el venga a buscarme."

Sabía que la huida de la ciudad sería totalmente imposible en mis condiciones, y por lo visto llegar a Munch de la forma convencional también. Cómo pude, me arrastré hasta la cama y comencé a pensar en la forma de enviar un mensaje a Munch. Quizá podría enviarselo a traves de la ventana. Solo necesitaría papel y un poco de puntería. Con esa esperanza en mente, me acerqué a la ventana, solo para comprobar que estaba abarrotada. Los problemas iban en aumento.


"No puedo comunicarme con él, y cuando descubra lo que he hecho.... Aunque quizás pueda persuadirle para que me perdone, pero me temo que en este estado mis poderes de poco servirán contra él. Podría pedir ayudar a Karmikov, jurarle lealtad, pero hemos jodido la misión. Sin mencionar el pequeño detalle de que hay al menos tres personas que pueden tener sospechas acerca de mis poderes; Darak, el tipo que lo acompañó y Nigel. "


En cuanto a los primeros dos, si Darak se ponía chulo podía incriminarle a él, al fin y al cabo era el más beneficiado de la situación. Pero si al broken y al otro tipo se les había ocurrido sumar dos mas dos y estaban preparando algún tipo de jugarreta.... Estaría bien jodido. Y la verdad era que desde aquella sala no podía acabar con ninguno de ellos, así que de nada servía teorizar. Mientras que el bastardo de Nigel podría achacar su comportamiento a una perdida de nervios, y supongo que Talia no le creería si fuera a ella a contarle algo sobre mí.

"No, no lo hará. Le he salvado el pellejo, me lo debe. Espero que sea de fiar. "

¿Que probabilidades había de que saliera vivo de aquella maldita ciudad?

"Rectifico, Martillo de Brujas no se parece en nada a Ojo de Dioses. Ojala estuviera allí."

Echaba de menos el olor a cadaver por la mañana, las limosnas a los yonquis, un dinero que en realidad acababa en manos de mis contactos, traficantes que me lo devolvían con intereses con tal de que limpiase sus zonas de bandas. Prostitutas que ofrecían sus servicios y hombretones que los pagaban gustosos o que optaban por obtenerlos por la fuerza. Y encima de todos ellos, pisando su cabeza con mi bota, estaba yo, Wakanda Dezba, el genocida tribal. Los matones me temían, y sus jefes me respetaban... O de lo contrario, despertarían pensando que eran una jodida gallina. Sí, sin duda aquello era vida.

Entre las intrigas de los inquisidores el Dezba de antes no sobreviviría mucho tiempo. Aquella era la prueba. Tenía que adaptarme, antes de terminar muerto, o peor, en una celda a la espera de ser torturado. Pero las preguntas volvieron a mi cabeza.

"En caso de que salgas vivo, nada será igual. Danzaras entre cuchillos, todos los días, a todas horas. Nunca habrá descanso. Todos esperaran cualquier fallo para lanzarse sobre ti, como ya ha pasado horas (o quiza días) antes. Estás jodido."
"Estás jodido."
"jodido."


Apoyado en la ventana, comencé a vomitar. Por suerte, era tarde, y no había nadie abajo, así que no armé un escandalo.

"Todo se está desmoronando. ¿Por qué seguir con esto? ¿Que sentido tiene? Quizás debería coger unas pastillas y terminar con todo."

"No, no debo hacerlo. Antes todos deben pagar, incluido yo. Nigel, Munch... Zeo. No me dejaré dominar por esa gentuza. Nunca más. Ha llegado el momento de que tome las riendas. "


Limpiando los restos de comida de Dios sabe cuando, me levanté haciendo acopio de mis fuerzas y me deje caer sobre la cama, exhausto. Mañana empezaría a planearlo todo, Munch tendría que ceder ante mi explicación, y no pensaba dejar ningún hueco a la interpretación de ese carcamal, ninguna fisura que pudiera aprovechar en mi contra. Con este pensamiento, cerré los ojos... y empecé a soñar.

-Vaya, vaya, parece que está despierto.-aquella era una voz femenina y ronca, tal y como me habría imaginado la voz de Anais. Una vez abrí los ojos, pude confirmar mis sospechas. Anais estaba sobre mí, sujetando una pistola. Ambos estabamos detras de una caja, y se escuchaban disparos provenientes del exterior. Al otro lado de la calle, pude ver a Zeo disparando una pistola.

-¿Qué demonios sucede?-[/color]pregunté, una vez incorporado. Aquella vez mi brazo estaba ahí, para alivio mío y sorpresa de Anais.

-La Eclesia nos ha... rodeado. Quieren tu cabeza, Dezba.

Estaba confuso. ¿Por qué me estaban ayudando?

-No entiendo. Vosotros sois parte de la Eclesia.

-No en éste lugar. Aquí todo es distinto. Munch se ha convertido en una especie de dictador omnipresente, y tu eres el único que puede hacerle frente. Por eso quiere que desaparezcas de este mundo. Todos los seres con fragmentos lo han hecho, solo para acabar siendo colocados en el enorme cubo de Munch. Si tú también caes, nada podrá parar a ese bastardo hijo de mil putas.


-¿Y Karmikov?

-Está criando malvas.

-Entiendo. Entonces supongo que he de evitar el colapso de este mundo. Pero hay algo que no entiendo. ¿Cómo he llegado aquí? ¿Y dónde está mi hijo?

-En cuanto a lo primero, tú lo deseaste, pero puede que no te acuerdes. Y en cuanto a tu hijo, está esperandote... en el castillo.

Todo era demasiado ilógico, pero la confusión aumentó cuando una bestia gigante agarró a Zeo por los pies, y terminó engulléndolo. Anais lanzó una granada hacía él, pero no le hizo el menor rasguño.

Estaba aturdido, pero agarré a Ga On Dawas y antes de percatarme de lo que había hecho -convertirme en un blanco fácil para aquel Munch monstruoso- Munch gritó. Alguien le había atacado por atrás, y a juzgar por el liquido fluorescente que salía de su espalda, le había hecho mucho daño.

Aproveché ese momento en el que Munch estaba girado para correr hacia él y lanzar mi espada a su cuello, con tan mala suerte que el monstruo se giro, clavándosele Gaondawas en el ojo. Si hubiera sido al revés, quizá ya estaría muerto. Pero no había tiempo para pensar en ello, puesto que Munch ahora había cambiado. Era un jodido pulpo gigante, y me agarró con uno de sus tentáculos.

Cuando me acercó a sus fauces, pude ver en su interior el mismísimo fuego del infierno. Fue entonces cuando recordé las palabras del anciano.

"Nosotros estamos aquí porque tu así lo deseas."


Desee que Munch se muriera, pero no surtió efecto. Así que opté por la solución mas simple, hacer que los dos edificios entre los que se encontraban se derrumbasen sobre él. Munch cayó aplastado cual gelatina de mala calidad. Y yo a su vez caí con él. No obstante, no me hice daño, puesto que Talia, que al parecer era la que le había clavado a Munch la espada, me recogió.

Ambos caímos al suelo, y pude ver como Talia estaba herida en una pierna. Sin poder levantarse, la inquisidora me imploró que le ayudara a quitarse las grebas, en un tono quizá demasiado.... poco profesional. Yo acaté su orden, puesto que al fin y al cabo era mi superior.
Primero despoje de grebas a su pierna sana, y luego vino la herida. Una vez Talia estuvo casi desnuda de cintura para abajo, comencé a acariciar sus piernas, ascendiendo lentamente, con la excusa de examinar su herida. Ella se ruborizó, pero no me hizo señales de que parara ni me detuvo. Una vez llegué a su torso, me detuve y esperé su respuesta.

-Eres el héroe. Te lo has ganado.-dicho eso, se despojó de la parte superior de su armadura, quedándose como Dios la trajo al mundo.

Podría habérmela imaginado sin armadura, o dispuesta a tener sexo salvaje conmigo, pero necesitaba de aquel procedimiento. Necesitaba recordar que servía para algo, aunque solo fuera para satisfacer el apetito sexual de un recuerdo, una ilusión. Pero yo no era ella, y en un parpadeo mi ropa desapareció.

Fue entonces cuando Talia se colocó encima de mí y, mientras que cogía mi mano y la acercaba a uno de sus pechos (el más cercano al tatuaje) hizo que nuestros cuerpos encajaran. Empezó a moverse ritimicamente, mientras yo le daba empuje. Los minutos pasaron, y mientras yo me concentraba en manosear y lamer sus pechos, ella empezó a recorrer mi pecho con sus manos, a arañarlo. Estaba cerca del climax, y sus gemidos no hacían más que confirmar ese hecho.

No obstante, yo todavía no estaba completo. Faltaba algo... ¿o tal vez alguien? Fue entonces cuando recordé a Anais. En un parpadeo, la joven estaba allí, vestida solo con su camiseta de tirantes. Miré a Talia durante un momento, y ella asintió. Era una mujer generosa, sin duda. Despojé a Anais de su camiseta y me abalancé sobre ella, mientras la ex-traficante arañaba mi espalda y me revolvía el pelo.

Lo demás.... es historia. Una vez aquello terminó desperté en mi habitación. Estaba sudoroso, pero por suerte no había ninguna "fuga". Me sorprendió la extraña calidad de mi sueño. Parecía que conforme se acercaba "la hora", mis sueños eran cada vez de peor calidad, como las obras de un escritor a punto de ser ejecutado. Aquello era sin duda, un mal presentimiento.

La aparición de aquel cuervo parlanchín lo confirmó. Al principio no le dí la mayor importancia, incluso pensé que era una forma que Munch tenía de comunicarse conmigo. Para mi desgracia, acerté, y cuando ese bicho empezó a hablar en mi idioma, quedé paralizado.

"Es la hora"

Después de decir eso, aquel ser del averno empezó a reírse. Busqué mi espada, pero no había rastro de ella. Finalmente, noté como alguien.. o algo me tapaba la cara y caí inconsciente.

Aquello de dormirme y despertarme en lugares exóticos había sido el pan de cada día en aquellas últimas horas, así que interpreté aquel cambio de situación como un sueño. Cuando una voz mecánica, que seguramente compartía dueño con las botas que estaban taladrando mis costillas, me instó a levantarme groseramente de aquel gelido suelo, me percaté de que aquella no era una de mis fantasías.

Cuando cumplí la orden de aquella voz y me levanté, el dolor agónico me lo confirmó. Me doblé sobre mis propias rodillas, y mordiendome el labio hasta el punto de hacerme sangre, logré reprimir los pinchazos cada vez más frecuentes y me erguí, con la intención de no mostrar debilidad. Tenía la impresión de que Munch me esperaba allí delante... y de que esta vez no sería un pulpo... si no algo mucho peor, una alimaña.

Y estaba completamente en lo cierto, otra vez. Munch me saludó cordialmente. Aquello me sorprendió, me esperaba una sala de tortura, un interrogatorio, algo mas... duro. Incluso parecía.... contento. ¿Y si...?


"No, no es posible. Este tipo es el miembro con mas ojos de toda la maldita Inquisición. De hecho, los tiene hasta en Gonduar, de otro modo nunca me habría mandado llamar. Y quizás habría sido lo mejor."

Después de mencionar mi misión... Munch sonrió. Todos los pelos del cuerpo se me erizaron, y fue entonces cuando noté que estaba desnudo. Dijo mi nombre tres veces, en tono de amonestación. Yo iba a detallar la misión, pero entonces fui interrumpido por otra de sus frases.

Me recordó el momento en el que me encargó vigilar a Nathan. Tragué saliva, pero procure no mostrar ningún síntoma de preocupación. Seguramente era un farol. Si el anterior discurso no había hecho nada por tranquilizarme, sino todo lo contrario... sus últimas palabras hicieron que perdiera los nervios.

-¿¡Por qué?!

Sin lugar a dudas, aquella era una pregunta con una amplia gama de respuestas, y muy pocas, por no decir ninguna, que satisfajeran a aquel enfadado anciano. Necesitaría de toda mi elocuencia para responder a esa pregunta tan dificil, así que empecé a hacer memoria. Todo dato sería útil.

"Hace miles de millones de años… Dios creó el cosmos.

¿Por qué?


Eres toda una promesa en nuestra institución, y eso podría resultarte peligroso...

¿Por qué?

Sin embargo, yo se reconocer el talento de alguien como tú. Olvídate del viejo Zeo, y consideralo como un ascenso. En realidad, tengo un trabajo para ti.

¿Por qué?

Su nombre es Nathan, y al parecer anda metido en algo sospechoso. Pero gente poderosa le protege. Tu misión es descubrirlo y comunicarmelo. Una vez lo hayas hecho, será el momento de tomar cartas en el asunto. Más te vale no fallar, puesto que los fracasos son lo que menos tolero.

¿Por qué?"


Mi cerebro estaba en plena ebullición. Iba a contarle la verdad, que le había traicionado... pero quizás era eso lo que quería, una confesión. Su esclavo estaba apuntando todo lo que decía, y podría utilizar mi confesión para torturarme.

Así que decidí irme por las ramas y no responder directamente a su cuestión.


-Hice lo que me dijo. Seguí a esa escoria de Nathan y me hice pasar por un recien llegado algo despistado, situación que aproveché al no estar demasiado lejos de la realidad. Nathanael iba con una muchacha, cuyo nombre no llegué a averiguar. Todo iba bien hasta que unos minutos después un inquisidor de tercer grado, Nigel era su nombre, asesinó a su compañero ante nuestros ojos, dejando un rastro de sangre en la sala. El arma utilizada para perpetrar tal crimen fue un martillo.

Nigel ordenó a sus compinches, Nathan y la moza, limpiar la sala mientras que, aprovechándose de que me superaban en número, me redujeron y el propio asesino me llevó a una sala para hacerme Dios sabe qué. El motivo no fue que me hubieran descubierto, si no que era un testigo potencial, y dado que les había contado que era nuevo en la ciudad, nadie se preocuparía de mi desaparición.

Una vez allí, el pequeño bastardo se creía que trabaja para alguien. Absurdo, verdad?-
sonreí, esperando disipar la tensión del ambiente.-Por cada vez que se lo negaba, me golpeaba en distintas partes del cuerpo, pero no le dije nada. Una mujer abrió la puerta de la sala donde nos encontrábamos acompañado de un tipo vestido con una especie de ropaje naranja, un uniforme de presidario mas bien. Cuando la mujer con armadura, cuyo nombre es Talia Ashlyn, pidió explicaciones, el cagón de mi interrogador se acabó derrumbando y confesando el crimen.

Yo pensé que todo acabaría allí, y que con un poco de suerte su excelencia podría "interrogar" a Nigel mas a fondo para averigüar lo que sabía. Nada más lejos de la realidad, Talia era complice de aquel asesino y le dejo marchar, para empezar a interrogarme a mí en su lugar.   Me hizo las mismas preguntas que su amigo. Pensé en no contestarlas, y de hecho eso hice. Pero su martillo.... no era normal. Como pude comprobar posteriormente, tenía una propiedad que hacía que todo a lo golpease, si su portadora asi lo deseaba, se congelaba.
-aquí me detuve.

Era el momento de decidir que hacer; si ser honesto o intentar mentir a Munch. Después de unos segundos de debate interno, me decidí por la primera opción.

-Y... le terminé contando para quien trabajaba. Comprendame, su Excelencia, todo lo que hice fue por el bien de la misión. Me lo hubiera acabado sacando a base de tortura. Soy... especialmente sensible al frio, ¿sabe? Es la consecuencia de haber vivido toda la vida en tierras cálidas.-
esperé a ver su reacción, y luego continué con mi relato. Antes de empezar me di cuenta de que le acababa de contar una de mis mayores debilidades al tipo que seguramente algun día acabaría torturandome.

"Genial, y yo que pensaba que era alguien inteligente."

-De todos modos, confesando logré la confianza de aquella herética inquisidora de primer grado y me introduje en aquel tinglado que ella y otros muchos inquisidores tenían montados. Supongo que, lamentablemente, se habrá enterado ya de que se trataba. Talia, un inquisidor de segunda clase llamado Darak, otro inquisidor, de primera clase, llamado Gregor Sidonius, otra de segundo grado llamada Karminska Garrum, otro inquisidor de segunda clase llamado Vallen Rotherom, el tipo que nos traicionó e hizo que la misión fracasará y un par de inquisidores de tercera clase, cuyos nombres eran tan insignificantes que ni me molesté en aprenderlos.


Aquello no era del todo cierto, puesto que lo había hecho para proteger a Anais. Si es que era posible, claro. Había muchas posibilidades de que Munch supiera hasta que talla de sujetador usaba la ex-traficante y de que yo estuviera haciendo el mayor ridículo.

-En fin, sigamos con la narración. Talia y yo salimos para tener una pequeña charla de camino al lugar de reunión. No le di más datos sobre mí de los que usted podría recordar ahora, su Excelencia, no hay porqué preocuparse en ese asunto. Tambien parece profesar odio hacía sus subditos, Excelencia. Especialmente a una mujer llamada Anise. Aquella mujer me llamó perro, y se pensaba que tenía un total dominio sobre mí. Craso error.

La línea entre el papel que estaba interpretando y mi verdadero yo era cada vez mas fina. La verdad es que en las últimas horas, mi opinión sobre Talia había cambiado para bien. Pero si lo que me temía era cierto, Munch había tenido mas que un par de horas para rebuscar en sus archivos acerca de la muchacha. ¿Que daño podían hacer unas palabras más? Solo podían traer cosas buenas, a mí en concreto.

-La cuestión es que cuando la misión comenzó me percaté de que nuestro cargamento a defender no era ni mas ni menos que un ser humano, una muchacha llamada Nadine, a la que Talia tambien parecía odiar. Y el sentimiento era mutuo. Parece que la inquisidora no tiene sitio en su corazón para otras emociones que no sean el odio... aunque quizás el miedo podría hacerse un hueco en su órgano vital. Vayamos al grano. Unos minutos más tarde fuimos emboscados por una banda de mercenarios. Darak y yo, en el flanco derecho, tuvimos que enfrentarnos a cuatro de ellos. Fue entonces cuando las cosas extrañas empezaron a suceder. El tipo que estaba en frente mía empezó a balbucear algo y acto seguido atacó a uno de sus compañeros, que iba a poner fin a la vida del broken. Algo muy extraño y muy oportuno para el señor Darak, sin duda alguna.

Reprimí una sonrisa. El maldito broken iba a pagar por dejarme vendido, y si por azar del destino todo salía bien, sus denuncias contra mí serían totalmente invalidas.


-Después del incidente, unos caballeros nos salvaron y comprobaron nuestras heridas. A lo lejos, Gregor me gritó que ayudase a la señorita Talia. Estuve tentado de huir en aquel momento a lomos de mi caballo, pero no podía desperdiciar la oportunidad de ganarme la confianza de la señorita Ashlyn.

Estaba totalmente rodeada de mercenarios, y yo aproveché para atacar la retaguardia de los mismos a lomos de mi caballo. El caballo fue derribado y asesinado por esos herejes, pero yo pude sobrevivir y acabar con la vida de dos de ellos. La propia Talia me felicitó una vez la misión había terminado, lo que indica que me gané su confianza. Parecía que ibamos a vencer, pero justo entonces una ilusión nos desconcertó. Se trataba de una estampida de banthors. Según mis propias conjeturas, creo que los mercenarios portaban gafas especiales para no sufrir sus efectos. Acto seguido, Varren nos traicionó y libero a Nadine, la cual lanzó una onda de luz que me dejo inmóvil. Talia se enfrentó a ella, y yo caí inconsciente antes de ver el resultado del combate.

Pero según me comunicó la propia Talia cuando vino a visitarme, ha sido un fracaso estrepitoso. No obstante, no todo es malo. Mantengo lazos con al menos tres de los miembros del grupo de Karmikov, y es como si fuera uno de ellos. Y nadie sería tan estúpido como para pensar que alguien que confesó espiar para Munch, le iría a contar sus secretos a Munch. De hecho, creo que hice un buen trabajo, puesto que cada vez que Talia mencionaba su nombre mostraba signos de inquietud.


Volví a parar, y examine a Munch con la mirada. Para finalizar, decidí pedirle su perdón.

-Hago un llamamiento a su sabiduría, dado que sé que usted obrará con justicia y que hará lo mejor para la institución. Solo tenga en cuenta que la situación, francamente, me superaba. Lo que iba a ser una misión de espionaje se convirtió en un interrogatorio desigual y después en una batalla campal. Para muestra puede usted examinar mis heridas, le prometo que todo lo que le he dicho es cierto. Pero el resultado está en su mano, su Excelencia.

Cuando revisé mi discurso, me di cuenta de que había obviado varios detalles, sin contar a Anais y el otro inquisidor. Quizá eso le diera a esa "equivocación" más credibilidad, o quizá eso fomentara en Munch la idea de que le estaba mintiendo. De todos modos, para bien o para mal, todo había terminado.
Suspiré, no podía terminar de creerlo. Quién iba a decir que una misión de espionaje acabaría conmigo a punto de perder un brazo. Definitivamente, "Martillo de Dioses" me había dado una más que cálida acogida. Pero ahora era mi turno.
Las cartas estaban echadas, y sólo Munch podría decidir mi destino.

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Re: [AVENTURA INICIAL] "Jugando con fuego" [Martillo de Brujas, 5 de Noviembre - 897 d.g]

Mensaje por Maximilian Stenkerk el Vie Ago 29, 2014 12:34 pm





WAKANDA DEZBA


El Sumo Inquisidor Sigmund E. Munch permaneció en un sepulcral silencio mientras escuchaba interesando y con una amable sonrisa todo el alegato de Dezba. Una vez el norgon terminó, Munch tomó la palabra. – Una historia muy interesante, ¿no crees? – Le dijo al cuervo mientras le acariciaba delicadamente bajo el pico. – Desde luego hay mucho sobre lo que meditar. – Continuó dirigiéndose de nuevo a Dezba. Luego, lentamente se levantó de su trono. Al erguirse Dezba vio como un montón de cables caían soltando chispas al ser desconectados de cuajo de los implantes cocleares de Munch cuando este se levantó.

El Sumo Inquisidor con una mano en la barbilla y la otra en la espalda paseaba por la gran sala pensando. – Entonces afirmas que al seguir a Nathaniel te encontraste con el asesinato de otro inquisidor perpetrado por alguien llamado Nigel. Un verdadero horror, ¿verdad? Luego apareció la inquisidora Talia Ashlyn, que te torturó y me traicionaste, según tú, intencionadamente, para que ella creyera que tú me espiarías a mí siguiendo sus órdenes cuando en verdad te infiltrarías en su séquito y seguirías espiando para mí. Un plan muy elaborado, sin duda alguna y más teniendo el escaso margen de tiempo para pensar que tuviste. Es evidente que debes de ser un inquisidor muy capaz, Dezba. – Munch giró y fue acercando lentamente a Dezba con una sonrisa amable en los labios.

– Pero no nos distraigamos, continuemos con tu epopeya. Una vez infiltrado participaste en una operación de escolta de una prisionera donde fuisteis emboscados por criminales paganos a los que audazmente te enfrentaste y aniquilaste. Aunque sospechas que un tal Darak pueda estar marcado por el Mal y ser practicante de brujería u otras artes oscuras… Unas acusaciones muy graves, aunque tomaremos nota… – Munch suspiró. – Y entonces fuisteis derrotados y la prisionera y sus secuaces escaparon. – El sumo inquisidor, que ya había llegado a la altura de Dezba, extendió el brazo, y con su áspera y arrugada mano acarició dulcemente la cara de Dezba. – Una verdadera lástima… Una verdadera lástima. Además durante la contienda resultaste gravemente herido. Me alegro que te hayas podido recuperar de tus lesiones, sería una lástima haberte perdido… – Munch sonrió enseñando unos dientes amarillos y afilados como colmillos.

– Desde luego una historia fascinante, aunque, ¿sabes lo que creo? Creo que intentas engañarme. Creo que por miedo traicionaste a tu amo y te pusiste al servicio de esa vulgar perra y su patético amo Karmikov. Creo que lo que has intentado ahora ha sido un lastimero y pésimo intento de salvar tu pellejo inventándote tristes excusas. No puedes ocultarme tu miedo, lo puedo oler. – El tono de voz de Munch seguía siendo amable y mantenía la sonrisa en sus labios. – Tu conducta me ha decepcionado, Dezba, pero no te lo tendré en cuenta. ¿Sabes por qué? Porque no estás aquí por eso. Estás aquí por mi primera pregunta, queridísimo Dezba, pregunta a la que no has contestado. – La sonrisa de Munch desapareció. – ¿Por qué? ¡¿Por qué has fallado a tu amo?! – El sumo inquisidor dejó de acariciar, y con su mano apretó fuertemente la mandíbula de Dezba. – Cuando nos encontramos por primera vez en tu celda fui claro, no aceptaba el fracaso, por lo que repito, ¿por qué has fracasado? – Munch apretaba cada vez con más fuerzas sus afiladas garras en la cara de Dezba. – ¡Te ordené que espiaras a Nathaniel, que le siguieses, que me proporcionases toda la información sobre él! ¡¿Y tú que hiciste?! ¡Te fuiste a jugar con la perra de Karmikov desobedeciendo mis órdenes! ¡¿Te crees acaso que me importa algo esas menudencias que me has contado?! ¡¿Consideras que yo, Sigmund. E. Munch, me entretengo con tonterías como las de escoltar a una simple prisionera?! ¡No sabes nada! ¡No sabes la trascendencia de lo que te había encomendado! ¡Todas esas tonterías no valen nada comparadas con la importancia y grandeza que se escondía detrás de tu misión! ¡Con lo que está por venir! ¡Y nunca llegarás a saberlo! ¡Me has fallado, Dezba, me has fallado! ¡Y yo no admito la incompetencia! – Las uñas de Munch se clavaron en los carrillos de Dezba y empezó a sangrar.

Luego, suspiró. Acercó su rostro a Dezba poniendo su frente contra la suya, y llegado su fétido aliento hasta la nariz del norgon. – Prometías mucho, Dezba. Te conferí el privilegio de servirme. Te saqué de ese estercolero que es Ojo de Dioses. Te ofrecí la oportunidad de redimirte de tus pecados, de tus traiciones, de tu corrupción… De purificar tu alma. Podrías haber sido un gran inquisidor, mi aprendiz, quién sabe, incluso mi sucesor. Sin embargo, me equivoqué.  –  Munch negó con la cabeza, y colocó ambas manos sobre los hombros de Dezba. Luego, volvió a sonreír. – Ahora pagarás por tu fracaso. –  El sumo inquisidor soltó una carcajada mientras por sus mangas se deslizaban unos cables con forma de serpiente que se clavaron en su cuello.

Y comenzó el dolor. Un dolor como el que jamás había experimentado Dezba en su vida. Los cables estaban electrocutando a Dezba hasta la muerte. Todo le daba vueltas, y el dolor cada vez era más intenso. Junto a los vapores de la electrocución ascendía un intenso aroma a carne quemada que impregnaba las fosas nasales de Dezba. Mientras, Munch seguía riéndose fuertemente. – No temas, no voy a matarte. Aún tengo otros usos para ti. Sigue jugando y perdiendo el tiempo con Ashlyn, gánate su confianza, finge que me espías, haz lo que quieras. Volveré a ponerme en contacto contigo, y esa vez, obedecerás mis órdenes. Y si fracasas, si fracasas te esperará un destino peor que la muerte… – Dezba, pese a su martirio pudo escuchar las amenazas de Munch, y le pareció que señalaba con la mirada el tecnoservidor lobotomizado cuando hablaba de un destino peor que la muerte. Después, volvió a reír a carcajadas cada vez más fuertes, mientras seguía electrocutando a Dezba. El norgon no pudo aguantar mucho más antes de desfallecer.



DARAK-HAH


– Estamos realmente complacidos por su respuesta, Inquisidor de Segunda Clase Darak-Han. En estos oscuros tiempos es muy difícil encontrar a verdaderos hombres de fe que singan con pasión y devoción la senda de la rectitud. Pero le advierto, es una senda muy dura y peligrosa. Una senda donde se ha de seguir con fervorosa e incondicional obediencia las órdenes de Dios, ¿comprende? – Gregor se dirigió a la ventana, y estuvo unos momentos mirando a las estrellas que iluminaban el frío cielo otoñal. – Qué perfección y belleza, obrada por la mano de Dios como regalo para sus hijos...

Gregor suspiró profundamente, y se volvió a dirigir a Darak. – Mi estimado Inquisidor de Segunda Clase, escúcheme con atención, pues lo que le voy a decir será su primera prueba ante nuestra Orden. El pecado y la ignominia se encuentran en el seno de nuestro propio séquito y su deber, llegado el momento, será extirparlo sin contemplaciones para salvaguardar la pureza y el Bien. Hay individuos manchados por la decadencia y la corrupción que han de ser purificados por el Fuego de la Justicia. Usted encarnará las llamas de la purificación. Esos perversos seres ponzoñosos que con su existencia envenenan día tras día la obra de Dios son los siguientes.

Gregor agarró con fuerza el antebrazo de Darak y le clavó su mirada desquiciada. – Vallen Rotheron, Anais Stern. Dezba Wakanda. ¡Pecadores, criminales y traidores que se han valido de su cargo para satisfacer sus intereses! ¡No han abrazado la fe, ni se arrepienten de su senda pecaminosa! Al contrario, la vanaglorian y se enorgullecen de ella. ¡Su mera existencia es una blasfemia! Y por último, Talia Ashlyn. Ella es la peor. ¡En su ser esconde el más ignominioso de todos los pecados! ¡Lleva la semilla del mal en su propia sangre! ¡Pertenece a un linaje maldito que ha de ser extinguido!

Gregor soltó el brazo de Darak. Lo había dejado magullado. Su exaltación parecía irse poco a poco y el inquisidor volvía a la normalidad. – ¿Comprendes, inquisidor, la importancia de tu misión? Deberás recopilar todas las pruebas necesarias que puedan probar lo que ya sabemos,  que esos pecadores son herramientas del Mal. Y llegado el momento, cuando la verdad haya iluminado con su fuerza las mentiras de los infieles, y así se te ordene, los ejecutarás. Ahora, cumple con presteza tu obligación como siervo de Dios, Inquisidor de Segunda Darak-Han.

Finalmente, Gregor dio media vuelta y fue hasta la puerta. Al llegar a ella, se volvió. – Y recuerda, Inquisidor, esta conversación jamás ha tenido lugar. Cuando llegue el momento, volveremos a reunirnos, hasta entonces, que la Verdad de Dios te ilumine y te guarde, pues las Fuerzas Oscuras se acercan. – Abrió la puerta, y dejó solo a Darak de nuevo para que meditase sobre lo ocurrido.



DEZBA WAKANDA Y DARAK-HAN


Varias semanas habían pasado ya desde aquella aciaga noche. Varias semanas de la tremenda humillación sufrida a manos de los paganos. Varias semanas de vergüenza y oprobio. Durante ese tiempo Dezba y Darak habían estado recuperándose de sus heridas. La recuperación fue lenta y dolorosa, pues las heridas sufridas eran muy graves. No era para menos, ambos estuvieron a punto de morir por sus lesiones. Durante esos días no pudieron abandonar Martillo de Brujas ni el Tribunal Superior. No solo por sus heridas, sino por estar siendo constantemente vigilados. A fin de cuentas había sido un fracaso estrepitoso, y muchos querían juzgarles a todos por sus negligencias.

Finalmente, una mañana fueron llamados por Talia Ashlyn a la sala de reuniones, presidida por el solemne cuadro del Sumo Inquisidor Karmikov, para tratar “ciertos asuntos” no esclarecidos, aunque era evidente que tendría que ver con la famosa noche. En la sala ya estaban todos cuando llegaron Dezba y Darak. Talia, Gregor, Vallen, Kaminska y Anais. Todos menos el difunto Rudolff que no logró sobrevivir a sus heridas. Talia se encontraba de pies al fondo de la sala con el rostro ceniciento y apesadumbrado. El fracaso y la deshonra le habían afectado de manera sobredimensionada.  Incluso se rumoreaba por los rincones más oscuros del Tribunal Superior que se había entregado a la bebida.

– Darak-Han, Dezba, ya era hora. – Contestó secamente Talia en cuanto entraron ambos en el salón. – Ya estamos todos entonces. Iré al grano. Después de lo… de lo ocurrido hace unas semanas, monseñor Karmikov ha decidido… mostrarse benevolente con nosotros. Nos ha conferido la oportunidad de enmendar nuestro… fracaso. Nos ha concedido la oportunidad de recuperar nuestro honor y limpiar la vergüenza que nos ensucia. Su Excelencia nos ha ordenado dar caza y ajusticiar a los fugitivos, así como traer de vuelta… “nuestro artefacto” para que sea extraído tal y como estaba previsto. Todos los demás han de morir sin excepción para que no se repita lo ocurrido. – Talia suspiró hondo y bajó la mirada.

Durante semanas los equipos de búsqueda habían intentado encontrar a los fugitivos sin ningún éxito, se les había perdido totalmente la pista. – Un error más y será nuestro fin, ¿entendido? Han llegado rumores que indican que han sido vistos en dirección al norte en varios poblados. Según los informes llegados desde la capital, su objetivo es destruir la Puerta del Norte. ¡Por lo que marcharemos a Todheim para rastrearlos y neutralizarlos desde allí! ¡No hay tiempo que perder, nos vamos ya! ¡El transporte nos espera en los portones del Tribunal Superior! – Talia abandonó la sala seguida por Gregor, y poco después por el resto de asistentes en dirección a la entrada del Tribunal Superior.

Una vez allí, un gran carromato de hierro forjado y aspecto gótico, tan típico de Martillo de brujas, les esperaba para llevarles hasta la frías y duras tierras del norte. Estaba tirado por Banthor lanudos, unas enormes bestias que le trajeron a Dezba malos recuerdos. Había estado a punto de ser aplastado por bestias similares a esas solo unos días atrás, aunque fuesen solo ilusiones. – Inquisidora de Primera Clase Talia Ashlyn. – Interrumpió una voz aguda y repelente. De las sombras emergió una figura frágil y delgada, de cabellos rubios y lacios y mirada inquietante. Iba acompañado de un servidor repleto de implantes mecánicos. Darak y Dezba ya les habían visto en otra ocasión.

– Lord Apotecarium Walden Ashbury. – Contestó sobresaltada Talia mientras inclinaba la cabeza en señal de respeto. – ¿Qué hacéis aquí?

Lord Apotecarium Walden Ashbury:


– ¿No os lo han comunicado? Era de esperar… – Walden puso una sonrisa maliciosa y arrogante en su rostro y se recolocó sus anteojos. – Me han asignado a vuestra misión, inquisidora. El Apotecarium Supremo se encuentra muy decepcionado y enfadado por vuestro patético fracaso. Y yo comparto su diagnóstico. Por ello he sido designado por él, con la venia del Sumo Inquisidor Karmikov para supervisar directamente la recuperación del “artefacto” y prevenir más negligencias por vuestra parte. – Walden, con la cabeza bien alta, giró y entró en el carruaje seguido por su tecnoservidor.

– Cabrón engreído y arrogante… – Se le escapó a Talia en voz baja, aunque Darak y Dezba pudieron oírla. – Venga, subid. – Ordenó la inquisidora, y una vez que todos estuvieron a bordo, el carruaje emprendió la marcha al norte para perseguir a los fugitivos.




ILYA SOKOLOF



Nadine permaneció unos segundos observando fríamente a Ilya. En sus manos estaba poner fin a la vida del mercenario y su pequeña hermana o dejarles vivir, y parecía que estaba tomando con calma la decisión. Luego habló sin bajar la pistola. – Muy bien, vivirás por el momento. Pero que una cosa quede clara. Vendrás con nosotros en todo momento, harás lo que te ordenemos, y obedecerás en todo momento. Y como intentes algo, tanto tú como la cría estáis muertos. – Nadine bajó lentamente la pistola, y le lanzó una mirada furibunda a Ilya antes de darse media vuelta e ir a hablar con Jeff.

– Ven, joven, acércate. – Dijo Lethoreff. – Ya he terminado con Lilith, ahora es tu turno. – Una vez Ilya se hubo tumbado junto al fuego, el fallen procedió a examinarle sus heridas. –El corte del estómago y los brazos parecen que mejoran bien. Lo que no tiene buena pinta es la herida del cuello. – Lethoreff acercó la vista a la herida. – Um… Sí… Umm… Puede ser. Esto te va a doler, joven. Tengo que sacarte el virote. Muerde esto. – El fallen le tendió a Ilya un palo grueso para que mordiese mientras le extraía la flecha. El dolor fue horrible, notaba como la hoja del virote se iba deslizando entre las carnes de su cuello desgarrando de nuevo tejidos. Ilya podía notar como los mareos de nuevo le volvían, como se la iba la cabeza. – Aguanta, joven, aguanta. Ya casi está. – Una vez la flecha hubo salido, Ilya notó un agradable alivio, pero la sangre empezaba a salir con fuerza de la herida. – Uff, lo que me temía. El virote estaba envenenado, y está empezando a pudrir la carne. Esto tiene muy mal aspecto. Jasmine, querida, acércate.

– ¿Ergg? – Gruñó la broken.

– Agarra con fuerza los hombros de Ilya, no dejes que se mueva. Lara, tú sujeta las piernas. – Ambas mujeres obedecieron con diligencia las indicaciones del fallen. – Esto va a ser muy doloroso, joven. La herida se está pudriendo lentamente a causa del veneno. Hay que limpiarla. Y para limpiarla hay que cortarte y quitar la carne muerta. Muerde con fuerza el palo, e intenta no desmallarte. – El fallen cogió una hoja y la templó en las llamas de la hoguera. Luego la acercó a la carne de Ilya. Podía sentir como la hoja ardiendo se aproximaba más y más a su dolorida carne, hasta que por fin vino el dolor. Un horrible e insufrible dolor como nunca antes había sentido. El calor abrasador del cuchillo se unía al dolor del desgarramiento de su carne. La cabeza de Ilya se iba más y más, hasta que la última imagen que vio antes de desmallarse fue a Lethoreff cogiendo un trozo de carne cortada y apartándolo de su cuerpo.

– Por fin despiertas. – Dijo una voz conocida. – Te desmallaste durante la “operación”… Qué poco aguante, ¡jaja! Pero bueno, Lethoreff parece estar satisfecho, de momento ya no hay más signos de necrosis. Pero habrá que tenerte vigilado. – Era la súcubo Lilith, que estaba sentada junto a él. – Kuzza se llevó a tu hermana a dar un paseo. No era algo demasiado agradable para una niña de su edad…

– ¡Mostacho alegre! ¡Estás vivo! – Una figura saltó sobre Ilya haciéndole un gran daño en el estómago. – ¡Yo también! ¡¿Te lo puedes creer?! ¡Parece que tenemos muchas cosas en común! ¡Debería dejarme yo también un mostacho alegre como el tuyo! ¡Jijijiji! – Plurgg estaba tan animado como siempre pese a las heridas recibidas. No en vano estaba cubierto de vendajes desde la cabeza hasta los pies.

– ¡Más bigotes no, por favor! – Se burló Lilith. – Plurgg también despertó. Parece como si no le hubiesen herido nunca. – Dijo afablemente. – ¿Sabes lo que hizo nada más despertarse? ¡Ponerse de pies de un brinco y saltar a Nadine llorando, aferrándose a su pierna y jurando que no la soltaría jamás! ¡Jajaja! – Lilith soltó una enorme carcajada.

–¡Eso no es verdad! ¡Miente! – Replicó Plurgg airado por el chivatazo de la súcubo.

– Siento estropear este momento tan familiar… – Dijo burlándose Jeff. – Pero la jefa ha dicho que nos largamos.

– Pero… – Replicó Lilith.

– No hay peros que valgan. ¡Venga, arriba!

Y así el grupo empezó a caminar abandonando los aledaños de Martillo de Brujas antes de ser descubiertos.



FDI:
Bueno, último post. Espero que hayáis disfrutado con la aventura. Responded a él, y os evalúo.

PD: Dezba y Darak, durante las semanas que ocurren entre la convalecencia y la partida sois libres de hacer lo que queráis, siempre dentro del contexto, y sin pasaros XD.

Un saludo.  

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Re: [AVENTURA INICIAL] "Jugando con fuego" [Martillo de Brujas, 5 de Noviembre - 897 d.g]

Mensaje por Dezba Wakanda el Jue Sep 11, 2014 11:08 pm

"¿No huele a quemado? Jajajajajajaja."

"Te mataré, viejo. Después encontraré el modo de resucitarte y repetiré el proceso, hasta que ambos nos convirtamos en polvo. Acabas de firmar tu sentencia de muerte."


"Tengo que largarme de aquí. Esto no es seguro. Este tipo sabe mi debilidad. ¿Y si cuando me despierte me encuentro en alguna isla helada, sin más ropa que un taparrabos?"

"En eso estamos todos de acuerdo. Pero si volvemos, será con un ejercito lo suficiente amplio para tomar Martillo de Brujas pero lo suficientemente reducido para que todos sus miembros violen a Munch antes de que muera por agotamiento. Después... prohibiremos los martillos y la electricidad. Será una edad dorada. Para nosotros, al menos."


Todos esos pensamientos fueron los que asaltaron mi torturada mente mientras aquel viejo demonio me aplicaba su electro-shock. Había puesto tanto empeño en que mis mentiras sonaran a verdad que ya ni siquiera sabía de qué lado estaba. Incluso llegué a sentirme mal cuando Munch me comunicó que podría haber sido su sucesor.

"Mentiras. Todas y cada una de ellas. Si le hacemos caso.... estamos perdidos."

Acto seguido, sus grandes serpientes me dieron un largo y agónico abrazo. Luego finalizó su reprimenda comunicandome con su fría voz que tendría una última oportunidad. Pero su voz no dejo de resonar en mi cabeza.

"Ese... ese cabrón... se está riendo. ¡DE MI!"

La furia pasó al dolor, y el dolor al miedo. Munch posó su mirada en su acompañante ciber-aumentado.

"Si fracaso, mi destino será peor que la muerte."

Hace falta resaltar que por aquel entonces, debido a mi lugar de procedencia, los implantes y demás tonterias robóticas eran una de las pocas cosas del mundo "civilizado" que no había podido asimilar del todo bien. Me causaban una profunda repulsión, y el ser consciente de las atrocidades que gente como Munch podían hacer con ellos no ayudó a que los tuviera en mejor estima.

Una vez todo se volvió negro, tuve un par de sueños de lo mas horripilantes y pude reencontrarme con uno de mis antiguos compañeros "de armas", el broken Jakoff. Y no sólo eso, también tuve el placer de ver de nuevo a mi ex-mentor, Zeo. En aquella reunión, las cosas siguieron tan frías como siempre. Ya nada nos mantenía unidos excepto el peculiar "pacto de sangre" que hicimos aquel fatídico día.

Aun así, yo era el que más papeletas tenía de perder en un enfrentamiento directo con el viejo, y era obvio a quien apoyaría el lameculos de Jakoff llegado el momento de elegir. La pregunta residía en de que lado se pondría la Eclesia. ¿Del lado de un infame inquisidor que había fracasado en una misión de segunda o del lado de un anciano exiliado?

Al pensar en ello durante mi pequeño "retiro" no pude evitar tomármelo de una manera optimista e, incluso, jocosa. La vida era una gran broma para mí. Estaba rodeado de enemigos, sin nadie en quien confiar. Y dos de los pocos seres cercanos que me quedaban, dos de las personas con las que había compartido más momentos en mi vida, me parecían dos completos desconocidos además de potenciales enemigos.
Otros de los sueños recurrentes que tuve, además del ya mencionado en el cual mi ex-amante, enfurecida, me violaba de forma poco gentil, fueron presagios de una guerra que seguramente nunca libraría. Tambien tenían lugar en Martillo de Brujas, y en ese sueño yo tenía el poder. Dirigía un ejército de prostitutas, ladrones, exiliados, asesinos, violadores y delincuentes varios, junto con otros deshechos de la sociedad y grupos minoritarios.

Era un sueño largo, en el cual tomabamos la ciudad, y antes de matar a Munch me deleitaba violando a la muchacha que acompañaba a Nathan, después a Talia y finalmente a Anais con su previo consentimiento. Munch era el siguiente, pero en medio del acto le aplicaba "impulsos eléctricos".

Una vez hecho esto, comprobaba con satisfacción que Karmikov. Torquemada se encontraba fuera de la ciudad, pero uno de mis agentes lograba traerme su cabeza. Una vez las tres puntas del tridente habían sido cortadas me ocupaba de hacer los cambios pertinentes. Cree un organismo de representantes de cada "ghetto", siete en total contándome a mí. Tres de ellos estaban dominados por uno de sus compañeros, y este a su vez estaba dominado por mí, asegurándome el control total del nuevo estado rebelde.
Después.... me encontraba en un barco. Y uno de los marineros gritaba "¡Tierra, tierra!".

El sueño acababa ahí. Como todos los sueños que había tenido después del electro-shock, era muy real... comparado con el del castillo y el Munch pulpo.
Pero aún quedaban asuntos que solucionar. Mi querido compañero Jakoff había agredido a un ricachón en un local de mala muerte al que supuestamente me había llevado para hablarme de nuestro mentor en común. Al final tuve que poner fin a la pelea haciendo valer mi maltrecha autoridad como oficial eclesiástico, lo cual no ayudó a mi más maltrecha aún reputación, y llevarme al broken hasta un lugar alejado para hablar con él más atentamente.

Era consciente de que nos vigilaban, y no pensaba darle más motivos a la Inquisición para desconfiar de mí, así que le grité todo lo alto que me fue posible:

-A la próxima pienso colgarte. ¡Y de nada servirá que apeles a mi amistad! Y ahora, más vale que me cuentes lo que te traes con esa chica, o con ese viejo. O con los dos.

No obstante, lo que el broken me respondió me dejó de piedra.

-¡Escúchame de una jodida vez, don pomposo! Si me he dignado a hablar contigo ha sido por expresa petición de nuestro maestro, ese al que al menos uno de nosotros sigue siendo leal. A pesar de que él te prefiera por mucho a ti que a mí. No, no lo niegues, déjame terminar. ¿Te crees que no veía su mirada de desaprobación cuando tu adivinabas todos mis movimientos en el tatami, cuando tu le contaste que tenía pensado hacer trampas en sus estúpidas pruebas de actitud? Gracias a ti no pude cumplir sus expectativas y termine siendo un jodido guardaespaldas, una espada a sueldo, un mercenario. E incluso un..... hombre de mala vida. Zeo nunca aceptaría a alguien como yo, un tramposo, entre las filas de la Inquisición. E hizo todo lo que estuvo en su mano para dificultar mi entrada en la organización, hasta tal punto que al ver lo difíciles que iban a ser las cosas para mí, desistí de intentarlo. Pero luego tu, su ojito derecho, cambiaste. No sé qué demonios ocurrió en aquella tribu, ni qué relación tenías tu con ella, "Genocida Tribal". Pero sé que te has ganado ese apodo por algo. Desde aquel día yo pasé a ser el único discípulo de Zeo, el miembro más importante de su séquito. Pero aquello no cambio nada. Zeo me seguía considerando indigno de la Inquisición. Aunque tú, tú... tú.... ¿De verdad crees que no se escuchaban rumores? Estuviste a punto de matar a un vagabundo a puñetazos, y una de tus infiltradas, una prostituta, tuvo que ser violada antes de que tu equipo actuase para detener a los presuntos sospechosos. ¡Pero aún así, Padre seguía queriéndote!-en ese momento, el broken se derrumbó.-Dime, ¿por qué?

No contesté a su pregunta, y lo deje ahí tirado, hecho un mar de lágrimas.

-¡Indio! Que sepas que si das un paso un más....


Ni siquiera me detuve a pensarlo, simplemente seguí andando hasta llegar a mis aposentos. Pasando a otro tema, una vez que me recuperé del todo agradecí salir de los dominios de aquel "excéntrico" cirujano y regresar a mi habitación.

Pese a todo, sabía que estaba siendo vigilado. Ni siquiera podía aliviar la tensión encerrándome en el baño, tú ya me entiendes, por miedo a que los secuaces de Karmikov, los de Munch o cualquier indeseable que me espiara decidiera juzgarme por lujuria.

Así que aproveche el tiempo que no podía utilizar en el disfrute de mi cuerpo leyendo, y leyendo. Y leyendo. No hubo día que no utilizase un libro. Munch me había humillado. Talia me había humillado. Y el fracaso en aquella misión, segun imaginaba, no había ayudado a limpiar mi maltrecha situación.

El ansia por obtener conocimientos útiles y el aburrimiento hizo el resto. Leí y releí varios apuntes de prestigiosos psicólogos, historiadores, dramaturgos, novelistas y poetas. La mayoría de ellos alababa a la Eclesia y en concreto a la Inquisición, y los que no no hacían mención ni positiva ni negativa de esas organizaciones.

"Algún día tengo que darme una vuelta por territorios paganos. Me gustaría saber que piensa la gente "del otro lado"."

Uno de los escritos que más me gustó en aquellos momentos fue "El cuento del hechicero poseído". Era un típico caso de esquizofrenía. Obviamente, a los santurrones les daba "miedo" utilizar ese "término satánico", prefería hablar de posesiones infernales. Todo muy lógico.

Tambien leí otro cuento reseñable. Trataba de tres generaciones de reyes de piel oscura situados en un entorno imaginario. El libro se desarrollaba en tres partes, cada una de las cuales estaba centrada en el máximo dirigente del reino. El primer príncipe era alguien confiado, exageradamente sociable, que confiaba demasiado en sus amigos. Hasta tal punto, que llegó a confiar secretos de estado a sus subordinados en medio de sus frecuentes borracheras. Debido a ese motivo, murió joven, a los treinta y cinco años, dejando un reino endeudado sobremanera y unos siervos cuyo poder había crecido tanto que eran una seria amenaza para la paz.

Todos esos problemas y más fueron los que tuvo que resolver su joven heredero. Empezo a desconfiar de todo el mundo y mandó construir una gigantesca muralla que lo protegiera a él y a sus aliados cien por cien confiable. Justo entonces, retiro todos los soldados de sus siervos con la excusa de enfrentar a los barbaros invasores y contrato un par de compañias de mercenarios. Justo entonces, el reino ardió. El joven rey ajustició a todo aquel que conspirase, hubiera conspirado o fuera a conspirar contra él o su padre y también a algunos inocentes por el camino. En su lugar colocó a gente de su confianza: ya fueran familiares cercanos o cualquier cabeza de turco. Pero las intrigas no dejaron de sucederse, los hijos de los traidores querían venganza, y cuando estos también murieron, sus hijos, primos, sobrinos y nietos tomaron el relevo. Finalmente, el viejo rey murió enfermo y solo, en un torreón que llegó a tocar el cielo.
Dado que el rey no había dejado más que mujeres herederas, fue el hijo de su primogénita, el que lidero el reino desde entonces. Este rey, consciente de los fallos de sus sucesores, fue educado por su madre hasta que tuvo edad de reinar. Su reinado fue una epoca de esplendor sin igual para sus dominios. Este joven muchacho era tan afable y sociable como su abuelo, aunque tambien era un maestro del subterfugio y la desconfianza, como su abuelo. Pero el principe prometido tenía un gran fallo: amaba a sus hijos por encima de todo. Finalmente, cuando la enfermedad llamó a su puerta, sus diez hijos libraron una sangrienta guerra por la sucesión del trono. Guerra en medio de la cual las tribus barbaras aprovecharon para atacar, haciendose con el control del antaño esplendoroso reino y dividiendolo en pequeños dominios aislados.

"No hay escapatoria", me dije. Y entonces reí copiosamente. "Quién no tiene nada que perder es impredecible. Yo soy impredecible."

Durante mis vacaciones forzosas tambien hice algo de ejercicio físico y otras actividades que no vale la pena mencionar de momento.

Finalmente, mi compañero broken, el fanático de Darak, y yo, nos reunimos con nuestra jefa para acometer la nueva misión que nos habían encomendado. El resto... es historia.

FDI:
Notaréis que el principo del post está un tanto confuso. De nuevo, es medio a propósito medio sin querer, pero quiere decir que Dezba no recuerda muy bien ese momento. Dado la forma en la que narro las cosas (tipo diario) espero que me sea concedida esa licencia.

En cuanto al final de la aventura, ni yo mismo me lo creo. Agradezco a Maximilian por su buen hacer y haber sido capaz de acabar lo que otros dejaron a medias a saber porqué motivo. Igualmente el cumplido va dirigido hacia Darak e Illya, que a pesar de haber tenido problemas personales durante la aventura e incluso en estos momentos pongo la mano en el fuego que, salvo que pase algo muy grave, le darán fin a sus respectivas partes.

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Re: [AVENTURA INICIAL] "Jugando con fuego" [Martillo de Brujas, 5 de Noviembre - 897 d.g]

Mensaje por Darak-Han el Jue Oct 02, 2014 1:23 am

Parecía estar formándose al fin, algo, en su mente. Gregor siguió hablando; específicamente acerca de su complacencia con el haber aceptado unirse a la causa u “organización” que conformaban. Desconocía sin embargo, bajo qué órdenes se tendría que poner más adelante, primordialmente para no estar en malas condiciones mentalmente; principalmente con su fuerte y estricto sentido de la moral (más no de la ética).

Cuando Gregor se hubo parado para acercarse a la ventana, le siguió fríamente con la mirada, escuchando atentamente, casi como un pequeño niño atento a una clase o explicación de un cuenta cuentos. Lo que le decía allí mismo ese gigante humano sería algo que de manera definitiva le emocionaba e interesaba. Había tocado directamente en el fondo de su convicción y traspasado las fronteras de su código con sus persuasivas palabras. Asentía a cada instante ante la plática de Gregor, mientras este aumentaba de manera gradual el fanatismo con que se dirigía hacia Darak-Han. Llegado un instante, que fue un momento apenas perceptible para la mente del casi moribundo broken, aquel gigante le tenía el antebrazo apretado entre su mano; la presión ejercida era parecida a la de una tenaza industrial, apretando y generando un inmenso dolor, al instante que recibía de lleno la fulminante y desquiciada mirada del humano.

Al final, sus órdenes habían sido dadas; cuatro nombres habían sido para que estuviese atento a cualquier anomalía – El género humano ha sido corrompido por la maldad y la perversión de los diablos y demonios. Comprendo mi misión; Inquisidor de segunda Gregorius. Eran ya muy evidentes distintas conductas que, por lo menos, tres de ellos dejaron entrever en la misión que nos ha llevado a la deshonra; especialmente los diversos actos cometidos por Lady Ashlyn aquella madrugada. – Paró un poco de hablar. Volvió a mirarlo esperando una respuesta y luego continuó; no sin antes carraspear su reseca garganta. – Os juro no perder el más mínimo detalle de lo que acontezca sobre ellos frente a mi vista.  

Terminó de decir su discurso cuando Gregor ya estaba en la puerta de salida. Saludó haciendo una pequeña reverencia con la cabeza y terminó de recostarse. Por lo pronto, sabía, no podría pararse y mantenerse en sus capacidades ideales. Y estos últimos días le habían enseñado que ni siquiera el Tribunal Superior, o el gran bastión que conformaba Martillo de Brujas eran lo suficientemente seguros para ir a exponerse a una golpiza o muerte segura.

De todas formas, habían fallado. ¿Qué sino? El cuerpo de la inquisición parecía necesitar una purga urgente para evitar fallos tan catastróficos como el que habían protagonizado varias noches antes. Era más que obvio que tendrían especial cuidado en vigilarles, para evitar problemas innecesarios, pensó, mientras en un movimiento reflejo levantaba la mano derecha, expandía la palma de la mano, y luego volvía a apretar el puño con las pocas fuerzas que le quedaban. Su ojo carmesí relumbró en la oscuridad de la noche otoñal; al mismo tiempo que una ráfaga de viento gélido le inducía a un escalofrío para mantener la calistenia. Su mente pasaba entonces por un complicado proceso para intentar recordar cualquier cosa – No era estúpido; aunque su memoria a corto plazo fuera en ocasiones terribles. Recordar cosas como qué cenó la noche anterior eran como preguntarle al piso cuanta gente había caminado sobre él; pero no era en vano el tratar de preguntarle si recordaba algún acontecimiento que le haya interesado; pues de todas formas sus experiencias en Ciudad Catedral le habrían brindado cierto plus para la investigación; y acostumbraba a tomar inconscientemente notas mentales esporádicas por si luego necesitaba hacer alguna acusación de principios. Era como un perro de caza que aguzaba el oído y el olfato dispuesto a encontrar algo que no cuadrara en su visión irrealista de su realidad extremista y llena de fanatismo religioso.

En primer lugar; estoy seguro que el inquisidor de segunda clase Gregorius se refería a los infieles que forman parte de nuestras filas por bienestar propio. Impuras larvas que se alimentan de la sangre sacra del órgano de la inquisición para conservar estatus de vida… o bien buscando poder. – Se llevó la mano al ojo faltante, tapándolo en una especie de recuerdo nostálgico hacia el órgano faltante. Tenía dolor fantasma; una especie de agudo palpitar en lo que sentía como su ojo, pero era una ilusión generada por su cerebro. – Eso lleva principalmente como sospechas al fallen. – Terminó de decir, incorporándose nuevamente sobre la cama.

Vallen era lo suficientemente avaricioso y engreído para confesar sus orígenes – Una familia acaudalada de su ciudad natal – y aceptar que había escalado posiciones haciendo mérito y gala de su estatus social y la posición de su familia. Es inconcebible.

Es como tirar por suelo los esfuerzos de los creyentes que se han unido por su propia convicción y amor a nuestro Señor. – Terminó de murmurar. – Ese perro de la codicia se tragará sus palabras y burlas cuando el momento llegue. – Pensó; mientras su ojo irradiaba ira y orgullo entre la oscura habitación.

Ahora, ¿qué hay de los otros dos? – Continuó pensando - ¿Hay algo que haya omitido? Creo recordar que Dezba Wakanda era el compañero con el que se me asignó proteger el flanco de la formación. – Vaciló un instante cerrando su párpado y quedándose en oscuridad por unos momentos – Eso significa que apenas le conozco; la plática que tuvimos apenas fue suficiente para entrever algo de su forma de ser, o sus objetivos. Pero creo recordar…

Se tocó la región occipital del cráneo recordando la caída del caballo.

Ese pagano se encontraba en extrañas condiciones en aquel instante. – Siguió recordando – Pero no estoy seguro del todo. Estaba tirado en el suelo, medio inconsciente. Es posible que no fuese más que una alucinación o no, pero… ese hombre podría haber inducido a los enemigos para que se atacasen entre compañeros.

Aunque no estaba seguro; su olfato indicaba que algo olía mal. Era una sensación instintiva, pero no todo era guiarse por un presentimiento. – Fuimos dotados de la capacidad del raciocinio. No es justo guiarme siempre como si fuese una bestia salvaje. Casi muero por ello en esta última ocasión. – Dijo persignándose lentamente.

Estaba seguro e inseguro. Una parte de su ser le decía que eso era una pista que podría ser importante; otra le instaba primero a tomar más pruebas antes de llevar acabo una acción. Lo importante es que aún tendría mucho tiempo para hacerlo.

Apenas se pusiese de pie pondría pies en camino para intentar averiguar lo más posible sobre ese tal Dezba que tanto le mantenía intrigado desde ese instante.

Sobre Anais, temo que no sé nada – Añadió como en un interrogatorio. El juez era él mismo, llamándose al estrado; en lo que era su imagen mental de la situación ahora mismo. – Pero no debo descuidar el asegurarme hablar con ella, investigar de su pasado e intenciones. Aunque tengo un inconveniente con ello.

Se miró la piel grisácea de la mano y los antebrazos. Podía apreciar las protuberancias parecidas a lunares de carne, más duros que el propio acero.

Era su condición racial que no le permitía llevarse muy bien con los humanos y demás razas. No era feo, pero con solo el hecho de ser un broken, ya resultaba lo suficientemente hórrido para cualquiera que no fuese de su misma especie. Era algo que le atormentaba desde la niñez; motivo de burlas de todos, sin importar dónde o cuando. Tratar con los demás, no importa si usaba su traje de cuerpo completo o si anduviese desnudo, era como que un pagano preguntase a un inquisidor si había visto a los demás integrantes de su extraña secta maléfica. En ocasiones el solo hecho de hablarle a alguien llevaba a un pelea callejera que terminaba en diferentes ocasiones en derramamiento de sangre – como lo que pasó con aquellos agentes de mala calaña días antes – pero era como el Señor le había mandado al mundo. Y era prueba de lo mucho que se sentía amado por él, pues había puesto en sus designios una gran prueba de voluntad y amor sobre los hombre un simple mortal.

Ahora; Lady Talia. – Dijo como leyendo su lista mental – Sir Gregor se refirió a ella como portadora de un linaje maldito y pecaminoso. – El dolor fantasma desapareció de su cuenca ocular derecha en ese momento. – Eso significa que el haber dejado fracasar la misión deba deberse a un posible lazo de sangre con el “artefacto” – Concluyó sin mucha preocupación. – O que el “artefacto” mismo sea propiedad de su linaje “maldito”, inclusive ella podría ser practicante de las artes oscuras, como la brujería.

No debo apresurarme tanto aún en mis conclusiones. Mientras no logre averiguar más de sus antecedentes no podré encaminar más allá de este punto mis indagaciones para cumplir mis tareas.
 – Terminó por decirse, antes de volverse a recostar y cerrar los párpados para dormirse.

Varias semanas pasaron. Él era malo para recordar exactamente cuantas. No podría decirlo exactamente, ni aunque estuviese bajo la peor de las torturas. Pero a cálculos simples, a las dos semanas pudo ponerse de pie. Había empezado a dar vueltas por el Tribunal Superior, como un alma en pena; encapuchado lo más posible y atento a cualquier irregularidad.

Se sentía vigilado.

Eso lo llevaba al punto principal de lo que vendría a ser el problema a resolver. Debía limpiar su nombre en pos de no sufrir el azote de la purga que podría ser llevada a cabo. Mientras cojeaba por los pasillos en dirección hacia alguna oficina o central de recolección de datos – se había perdido nuevamente en los laberínticos pasillos del lugar. -, necesitaba buscar alguna conexión o datos de las antiguas ocupaciones de cuatro individuos. Recavar información no era su fuerte. Su fuerte era interponerse y actuar como el yunque de justicia, y el escudo del Bien en pos de proteger a los creyentes.  Era imposible para él siquiera el considerar caer bien a una persona como para sacar algo bueno de una conversación cualquiera. Pero consideraba que una solicitud formal de los datos de un miembro de la orden era lo conveniente y lo bastante auto suficiente para que le diesen algunos indicios. El principal problema sería que no se le permitiese ninguna acción burocrática. – Y eso me llevaría de vuelta al inicio del camino. – Pensó.

Terminó por sentarse en una banca en medio de la nada de aquellos pasillos. En sus manos llevaba una carta sellada, que contenía una petición de información de antecedentes de: Inquisidora de primera clase, Talia Ashlyn, inquisidores de segunda clase, Vallen Rotheron y Dezba Wakanda; y por último, de la inquisidora de tercera clase Anais Stern.

Carta:
Spoiler:
A quien interese:

Por este medio, hago la petición formal de información de los siguientes cuatro individuos: Inquisidora de primera clase, Talia Ashlyn, inquisidores de segunda clase, Vallen Rotheron y Dezba Wakanda; y por último, de la inquisidora de tercera clase Anais Stern.

Con el fin investigativo de gran relevancia que no puedo confiar al papel.

Firmado: Inquisidor de segunda clase, Darak-Han Fenixsteel.

Esperaba que tan siquiera consiguiese algo de utilidad. Dispuesto a eso; para prevenir algún problema racial, decidió llevar su atuendo completo, la túnica y máscara oscuras que ocultaban toda su persona.

Se encontraba cansado de caminar. Convenientemente; y para su “buena estrella”, delante de él parecía estar una recepción como la que buscaba. No podía leer bien del todo el letrero de neón con su uni ojo, pero de algo a nada, y luego de preguntar cuidadosamente, terminó por darse enterado de allí era.

Tenía una incómoda sensación de que todo había sido muy fácil esta vez – en otras ocasiones, no había logrado siquiera comprar algo en un puesto de comida rápida. – pero al menos, eso le aseguró un buen humor el resto de la semana. Ahora solo quedaba ver si lograba recabar información importante para sus propósitos.

Las siguientes semanas pasaron rápidas; sin noticia alguna. En general su rutina era salir a caminar por el Tribunal Superior, con intención de memorizar los lugares para no estar tan desubicado. La sensación de perderse era en general menor conforme el tiempo pasaba. Y rezaba por encontrarse de forma casual con Dezba, para empezar alguna especie de disimulado interrogatorio. Su suerte no fue tan buena, no obstante.

El ejercicio físico fue luego una buena vuelta a su anterior forma. Sus músculos quedaron muy estropeados luego de que todo el detritus de una azotea le dejase soterrado como una cucaracha. “También supongo que debo vengarme de ese maldito perro del mal que no pude derrotar aquella noche”, dijo desde su ya herido orgullo, mientras terminaba de levantar su pesado cuerpo mediante el pórtico de la puerta de su celda. Era la dominada número diez y apenas soportaba; lo que significaba un gran síndrome de desentreno.  

Sin embargo. El seguir a la espera de órdenes por parte de su líder de séquito, Talia Ashlyn, comenzó a aburrirlo apenas transcurridas unas dos semanas. Se entretenía de formas ambiguas. A veces paseaba por el Tribunal Superior; o entrenaba. Generalmente cuando esto no bastaba, se ponía a rememorar aquella noche, y aquel fallo.

Sacarle los ojos a ese energúmeno del rifle no bastaría para saciar su ego. Haría falta más sangre. Y entonces vengaría la muerte de Dretenor; empalaría a aquella súcubo como si fuese un animal. – Hasta los animales tendrían tratos más justos y menos vejatorios que esa maldita. – Dijo.
,
Eso no bastaba tampoco, en su imagen mental. Luego sería momento de purgar a los causantes del fallo. – Todo se atribuye a esos cuatro seguramente.

Tendré que hacerles saber que interponer sus intereses personales en los designios del Señor no es bueno para la salud.
– Volvía a decirse por centésima vez.

Había desarrollado un sentimiento de odio extremo durante aquél tiempo.

Finalmente un día cualquiera; fue citado nuevamente a la sala de reuniones. Era uno de los momentos que más ansiosamente esperaba desde que podía andar sin cojear de forma pronunciada. No cabía de su excitación. Era como darle a un niño una piruleta de su sabor favorito. En su camino, para su suerte; no se perdió.

Al entrar a la habitación, fue recibido por un saludo seco por parte de Talia. Se la notaba más demacrada. Despedía una especie de aura depresiva, que indicaba su estado de ánimo a metros de distancia.

Eso significaba que la deshonra la había afectado en extremo.

Hizo una reverencia de saludo a todos los presentes, doblando el cuerpo hacia delante. Sin emitir un sonido, fue y se sentó en la mesa. Detrás de la oscuridad proveída por su máscara y capucha; miraba con detenimiento a los presentes.

Paseó su mirada primero en Talia. Según se rumoreaba, se había abandonado a la bebida desde aquél día. Era una situación lamentable considerando lo fuerte que parecía. ¿Qué tanto había sido el impacto psicológico? Quizá uno de gran magnitud. Bah, eso no le importaba. Era blanco de sospechas.

Un blanco; como decir una figura oscura en una montaña nevada. Solamente era de tener precisión en alguna acusación hacia ella; y el proyectil disparado daría de lleno con exactitud asombrosa en aquella diana semi derruida por la vergüenza. Sonrío para sus adentros.

Seguían el antipático Vallen Rotheron y el sospechoso Dezba Wakanda, nada que agregar acerca de ellos. Aun no terminaba de reunir la información necesaria; pero llegado el momento, podría utilizarla para aplastarlos como insectos asquerosos. Ese pensamiento iba igualmente dirigido hacia Anais Stern.

Se recordaba lo que había escuchado alguna vez, por parte de un superior, varios años atrás en Ciudad Catedral.
“En principio, la tortura física tiene fundamentos en generar un desgaste mental, infundiendo el dolor y el terror hacia más dolor a la persona en cuestión. – Dijo. – Pero hay algo que no tenemos en cuenta, ni en lo más remotamente posible, pues se pone en duda.

Si yo tengo algo importante que proteger; que esconder de los demás, ya sea con orgullo o de forma física, mientras ese algo no esté amenazado con ser dañado en frente de mi vista, no hablaré, aunque estuviese bajo el más doloroso procedimiento de tortura.”

A lo que se refería; es que muchas veces dolía más ser tocado en el orgullo, o en el pasado.

El conocer todos los sucesos importantes de la vida de alguien, era como tener un comodín excepcional en el poker.

Significaba que podría derrumbar hasta el peor enajenamiento mental a la persona que fuese objeto de tortura mediante su propio pasado, si este ha sido marcado por el dolor y el pecado.

Darak-Han río en silencio, entre susurros, mientras Talia daba la explicación de los objetivos y terminaba de hablar. Todos salieron entonces en procesión hasta la entrada del Tribunal Superior. El destino era Todheim, y se suponía que se rastreaba a los mismos criminales.

Lo que significa que podré vengarme de ese maldito tirador. – Se dijo.

Unos carromatos de aspecto imponente tirados por Banthor esperaban afuera. El mismo Lord Apotecarium que trató sus heridas en la ocasión anterior, antes de la misión; apareció de improviso, enervando los ánimos Lady Ashlyn.

-Cabrón engreído y arrogante… - Susurró. Aunque Darak pudo oírla, con satisfacción.

Subieron al vehículo, y cuando estuvieron todos; comenzó el camino hacia las tierras invernales, con el objetivo de recobrar el orgullo perdido.

FDI:
La única "acción" sería entregar la carta a una recepción de archivos.

Quiero decir, que ha sido un placer llevar esta aventura tan interesante y llena de emoción con vosotros.
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Re: [AVENTURA INICIAL] "Jugando con fuego" [Martillo de Brujas, 5 de Noviembre - 897 d.g]

Mensaje por Ilya Sokolof el Dom Oct 05, 2014 9:54 am

Nadine, la loca esa. Se creó un silencio sepulcral, duro y frío durante unos cuantos segundos; la situación se volvía cada vez más enervante y de nervios conforme mi respiración se agitaba y mi ritmo cardíaco se volvía a disparar. Estaba a modo de escudo humano entre mi hermana, Tanya, y la líder de la banda de paganos que acabamos de rescatar unas cuantas horas antes. En resumidas cuentas; ella me apunta con sus armas, y me da a elegir dos opciones de forma muy amable, “o mueres o te nos unes”. Así que prácticamente es como un juego de la ruleta rusa; con dos balas en el tambor del revólver y halando el gatillo cinco veces por turno. No queda otra opción, terminé resolviendo y dándole la razón con unas pocas “condiciones”, aunque sé que le han valido un comino y terminaré siendo nada más que un rehén un poco más útil que a los que están acostumbrados.

Por fin, rompió el silencio. Me mantuve expectante, al límite de las pocas fuerzas que mantenía. En esta ocasión fui vapuleado a placer y sin miramientos, tener una bala en el cerebro sería la cerecita sobre el pastel.

Inhalé profundo mientras intentaba discernir lo poco que podía ver en mi cansada vista. Bajó lentamente el arma, al tiempo que pegué un suspiro de alivio monumental, sacando todo el humo de cigarro que había estado acumulando inconscientemente; una gran nube de vaho tapó mi rostro al tiempo que terminaba de escucharla.
“Simplemente; soy un rehén, no tengo escapatoria en este momento.”

Entre el límite de la desesperación o el infortunio, se diría que estaban igualados en una competencia por ver quien me hacía mayor mella.


-Está bien. Comprendo. – Digo por último antes de utilizar a Juramento Impío como un bastón, obligándola a permanecer en su forma transformada. –
No es mi intención pelear contra nadie ahora mismo; así que obedeceré.

No es mi intención jugar con fuego, no quiero quemarme las manos, y menos quemar a otros. Así que lo primordial es establecer un punto seguro antes que arriesgar a mi hermana.

Observé con satisfacción como se alejaba. Al tiempo que obedecí el llamado del viejo fallen. Casi arrastrando los pies me acerqué con un poco de desagrado junto al fuego; me tumbé y por fin, aunque no sin un dolor inmenso previo, pude sentir una sensación momentánea de descanso y paz.

Al parecer las heridas que me llevé en la trifulca de la taberna. “Y esto es algo que se lo cobraré caro a ese enano cabrón luego…” estaban mejorando, pero me estresé mucho más cuando se refirió a lo del virote del hombro. Me obligó a morder un palo grueso, y minuciosamente fue sacándolo. El dolor fue mucho mayor que haber caído sobre los escombros derrumbados del techo… o recibir el propio proyectil la primera vez.

El mareo fue cada vez más fuerte; mi cabeza daba vueltas como si estuviera en una noria; casi parecido a un vértigo que me quería hacer excretar los escarabajos que me habían hecho probar la noche anterior. Al final todo había terminado.

La sensación de calma fue lo mejor que pude haber sentido en años. Estuve a punto de cerrar los ojos cuando algo me puso en alerta nuevamente; el problema se había hecho mayor conforme pasó el tiempo. Estaba envenenado.

El proyectil estaba envenenado. ¿¡Qué más pedir!? Seguramente de no haber sido por un puro golpe de suerte y estaría más muerto que el cabrón con el que nos disparamos mutuamente. Era casi seguro que él debía estar en estas mismas… o peores; sí, le deseaba peores condiciones; más agónicas de ser posible.

Me contuvieron entre la broken y Lara. Pude ver con nerviosismo como el fallen cogía una cuchilla y la metía entre las llamas, el sudor comenzó a correr por mi frente, sudor frío de persona que sabe que algo horrible se acerca. La sensación se fue acrecentando conforme la hoja caliente se acercaba a mis carnes, entonces… el infierno comenzó.

De no haber estado mordiendo el palo; me habría mordido la lengua. Los gritos que habría proferido se hubiesen escuchado de ser posible hasta Martillo de Brujas y de seguro no habría bastado para calmar el intenso y horroroso dolor que estaba sufriendo en ese momento. Hubiera preferido morir de una buena vez a seguir sufriendo más ese intolerable dolor, mientras un trozo de mi carne era arrancado. Fue lo último que logré ver, antes de desvanecerme.

El espacio se tornó blanco, en vez de oscuro.

Era un espacio vacío, como entre las nubes. Flotaba, sin ninguna sensación, era como si no estuviese pasando nada. Como si en realidad nada hubiese pasado, o como si estuviera muerto.

Todo se mantuvo así por un momento… que pareció eterno. Una voz conocida me llamaba… Me llamaba.

Cuando abrí los ojos… no logré ver nada. Sólo escuchaba la voz.

¿De quién era? … Era de Lilith.

La escuché atentamente. Me había desmayado en medio de tan doloroso procedimiento. Pronto, Plurgg saltó encima de mí provocándome un intenso dolor en el abdomen, hubiera dado lo posible por meterle una colleja… si hubiese tenido fuerzas.

-
- Los miré desubicado.

-
… Ojalá ese cabrón esté más muerto que sus propios ancestros… - alcancé a susurrar.


-Por cierto… - alcé un poco la voz, quería preguntar algo. –
El inquisidor con quien me enfrenté en el tejado; esa bestia, me ha dejado con una duda muy fuerte. – Me acomodé un poco y gruñí levemente por el dolor. –
Estoy seguro que le perforé las entrañas con dos balas, incluso creo que casi le hago vomitar los intestinos… aún así, no murió a mitad de camino y alcanzó a casi terminar de matarme. ¿Qué habrá sido? – Me llevé la mano al mentón y empecé a “peinar” la barba, una mala costumbre que tengo a veces.


Jeff llegó entonces, nos dijo que era hora de partir. Me resentí un poco sobre lo pronto que era para marcharnos, pero no había otra opción. Me paré, apoyándome sobre Juramento Impío, y comencé a seguirles; sin ninguna idea de cuáles eran sus intenciones.

PD:
Y llegados a estas últimas... quisiera agradeceros (a Waka y a Maxi; al feo no porque lo veo a diario), por acompañarme en esta aventura, que ha sido mi primera en este foro. Disculpad nuestro último retraso, que se nos fundió la pc y tenemos poco acceso al internet; pero ya sin falta, nos las hemos apañado para terminar lo empezado.
Saludos.
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Re: [AVENTURA INICIAL] "Jugando con fuego" [Martillo de Brujas, 5 de Noviembre - 897 d.g]

Mensaje por Crick el Miér Feb 18, 2015 10:05 pm

Bueno muchachos, pues ha llegado el momento tan esperado de las notas. Así en general no lo habéis echo nada mal ninguno y los errores interpretativos que habéis tenido ya os los a ido corrigiendo max así que ya sabéis cuales son, sin embargo a todos en general y a nadie en particular os recomendaría que pasaseis un corrector ortográfico antes de postear. Los tres habéis cometido bastantes faltas que no me voy a poner a corregir ahora pues es absurdo.

Asimismo, deciros que los post han de tener la extensión justa. Ni demasiados largos ni demasiados cortos. Y cual es la extensión perfecta? Aquella que sea necesaria para narrar aquello que queráis o necesitéis contar en el turno en cuestión. Solo aquello imprescindible para que el post quede bien, bonito, se entienda y transmita la información que queréis transmitir. Alargarlo por que si metiendo recuerdos lejanos sin relación con el momento que el personaje esta viviendo es paja y la paja siempre sobra. Si no aporta nada a la narración mas que largura, es mejor que prescindáis de ello. Este fenómeno se a dado sobretodo, a partir de que max os dijese que quería los post mas largos, soy consciente de ello. Pero debo deciros que largo no es siempre sinónimo de bueno, y lo que sobretodo valoramos es la calidad. Y ahora paso a dar una valoración personal a cada uno de vosotros, lo haré por orden de aparición.

Nathanael: Sin valorar por desaparición del censo del usuario. Me temo que si vuelves tendrás que comenzar una nueva prueba de graduacion ya que con 4-5 turnos tampoco hay demasiado que valorar, lo siento.

Dezba Wakanda: 96% = 50 puntos de experiencia + un objeto de clase C

me ha gustado bastante como escribes, no tanto cuanto escribes XD. Has cometido algún fallo de interpretación grave como el famoso caballo ninja. Y alguno de guion. Te falta ordenar bien tus ideas, tengo la impresión de que no sufres del síndrome del folio en blanco precisamente. Escribes y escribes mucho, escribes lo primero que se te viene a la cabeza, no te quedas satisfecho con lo que has escrito y al día siguiente sigues escribiendo otra cosa alargando el post y esto lo que ha logrado es que se den algunos fallos de racord en tus propios textos, nada grave que no se solucione con leer un par de veces el texto antes de postearlo. Ordena bien tus ideas y revisa el texto antes de publicarlo, pasale un corrector ortográfico y asegúrate que la idea que quieres transmitir es transmitida correctamente. Y presta mas atención en lo que ya has echo así como en lo que quieres hacer para que no vuelvan a ocurrir cosas como lo del caballo, o violar tres veces a la misma mujer en el mismo turno, aunque sea en sueños XD

Darak-Han: 90% = 40 puntos de experiencia + un objeto de clase D

no tengo demasiadas pegas con tus post, ni con tu forma de escribirlos. Creo que ordenas relativamente bien tus ideas y no escribes mal. Pero lo que no veo es que seas consciente de las propias limitaciones del personaje, ni del entorno que te rodea. Al personaje le falta un ojo, es tuerto y sin embargo actúas no como si tuviese los 2 ojos, sino como si tuviese un sistema de radar y rayos X con lo que lo percibe todo a su alrededor y tratas de responder a todos esos estímulos que suceden en la escena pero que por las desventajas del personaje, no deveria ser capaz de percibirlas en su totalidad y esto, no tener en cuenta ventajas y desventajas del personaje es un error bastante serio. Ademas de varias incongruencias como tratar de liberarte de una lanza clabandotela mas en la pierna. Si, quedó muy épico en ESDLA cuando el uruk hai se atraviesa el pecho con narsil y le da un guantazo a aragorn. Pero aunque sea igual de feo tu personaje no es un Uruk Hai con resistencia y determinación lvl over que se atraviesa el estomago con una espada. Es un broken con caracters low que se atraviesa la pierna, donde ademas de arterias principales con las que podrías desangrarte en cuestión de segundos, tienes el hueso mas grande y duro del cuerpo por lo que la estrategia era poco menos que desafortunada. En el futuro intenta evitar las acciones suicidas como esas por que en el futuro,  el personaje podrá morir.

Ilya Sokolof: 93%= 50 puntos de experiencia + un objeto de clase C

se que es la novedad, y que tu personaje es así. Pero claramente careces de las características necesarias para utilizar todo el potencial de tu artefacto. Cosa que casi te provoca la muerte. Por lo que en el futuro te recomiendo 1º subir características de resistencia y voluntad que cero son las que dominan tu artefacto, 2º controlar la vida que tu propio artefacto te quita y evitar acciones suicidas. Esto respecto al apartado técnico. En el apartado interpretativo, no he notado demasiado sentimiento hacia la hermana del personaje. Esta ahí casi como un trapo. Todos tus recuerdos bonitos y feos se centraban en el artefacto, lecciones de caza o chorradas. No creo que si una persona ama tanto a su única familia a la que a dejado secuestrada a manos de dios sabe quien, se ponga a pensar o soñar meterse al catre con un demonio o la vez en que uso su rifle por primera vez, creo yo, opino, que sus pensamientos se centrarían mas en su hermana y en lo que la pasaría si uno no vuelve. Y cuando por fin la encuentras a sido demasiado frio y poco emotivo... no se, no me has transmitido unión ni amor filial, mas bien parece que sea un personaje que estorba y no aporta nada al personaje principal. Por lo demás, tus fallos no han sido ni mas ni diferentes a los de tus compañeros.

Bueno, pues ya esta la cosa hecha, podéis pasar a gastaros los puntos de inmediato, supongo que habréis subido de lvl XD respecto a los objetos, en unas semanas os los daré, pero puesto que no he sido yo el máster principal os voy a permitir que me comentéis que tipo de objeto os gustaría poseer y con lo que me digáis os daré una cosa u otra. Y respecto a los puntos de retraso, tengo que repasarme las normas de retraso, que yo no tengo nunca retraso y no me acuerdo como funcionan xD editare el post y pondré a cuento asciende la suma en cuanto lo haga.

Pues nada, ale, a cascarla todos al monte! XD

EDIT:

Aventuras / Aventuras Iniciales / Eventos Decisivos: Duración estimada: 3 meses -> +10% a la puntuación obtenida por cada mes de retraso a partir de los 3 meses estimados.

la aventura a durado 13 meses (desde que entro dezba en ella el Dom Dic 15, 2013 7:22 pm) menos los 3 meses que supone tiene que durar la aventura hacen un total de 11 meses. esto significa que ganais un total de 110% mas de puntos asi que als cosas quedarian así, si no he echo mal las cuentas, corregirlo porsiacaso xD

Dezba Wakanda: 105 puntos

Darak-Han: 84 puntos

Ilya Sokolof: 105 puntos

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Re: [AVENTURA INICIAL] "Jugando con fuego" [Martillo de Brujas, 5 de Noviembre - 897 d.g]

Mensaje por Maximilian Stenkerk el Vie Jul 10, 2015 10:56 pm

Con un pelín de demora aquí tenéis vuestros objetos como recompensa. Edito vuestras fichas para incorporarlos.


lya Sokolof:

- Veneno de Basilisco: Tras sus desventuras en Martillo de brujas, Lethoreff logró extraer y replicar una muestra del veneno que corría por sus venas obsequiando al cazador con un frasco de esta peligrosa sustancia con la que podrá impregnar un arma o las balas/flechas de su artefacto una vez por tema.

Spoiler:


Darak-Han :

- Libro de Salmos de San Beltztein: Regalo conferido a Darak-Han por el inquisidor de segunda clase Gregor Sidonus como muestra de su aprecio. Los salmos escritos en este tomo son capaces "revitalizar su espíritu" quien lea sus salmos.

Spoiler:


Dezba Wakanda:

- Frasquito de sangre de Spin Ò Thil Rokko: Dezba Wakanda se hizo con un pequeño frasquito relleno de la sangre de su fiel corcel caído en la batalla. Se dice que ese líquido, de un azul brillante intenso confiere energía mística a su portador y aumenta su virilidad.

Spoiler:

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Re: [AVENTURA INICIAL] "Jugando con fuego" [Martillo de Brujas, 5 de Noviembre - 897 d.g]

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