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[AVENTURA INICIAL] "Jugando con fuego" [Martillo de Brujas, 5 de Noviembre - 897 d.g]

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[AVENTURA INICIAL] "Jugando con fuego" [Martillo de Brujas, 5 de Noviembre - 897 d.g]

Mensaje por Señor de Terra el Sáb Feb 23, 2013 9:22 pm

Nigel Zumthor, Inquisidor de tercera clase, recién ascendido, había visto su ascenso hace semanas como una liberación. Por fin sus esfuerzos se veían recompensados, ya se había acabado aquello de rendir cuentas a un maestro o tutor, ahora él era un Inquisidor de pleno derecho. Estaba deseando comenzar a putear a los Agentes y Acolitos a su cargo y supuso que la llamada del Sumo Inquisidor Mikhail Karmikov, nada menos, sería para algo importante. Su primera misión tal vez... ¿O sería para asignarle un séquito? No. El Sumo Inquisidor no se rebajaría a algo tan trivial, debía ser algo gordo.

Por eso mismo estaba tan cabreado. Sus botas resonaban con furia contra el pavimentado suelo de piedra pulida. La reunión con el Sumo inquisidor había sido todo un fiasco, no sólo apenas le miró, como a un simple insecto, sino que la misión que le fue encomendada era nada menos que llevar un simple mensaje... ¿Pero que se habría creído? Él no era un simple recadero...  Su sangre bullía de ira mientras se aproximaba a los austeros aposentos de los Agentes Inquisitoriales, en la segunda planta de la sede Inquisitorial, el Tribunal Superior, un majestuoso, tétrico e imponente palacio que se erigía en el centro de la ciudad.

Nigel recorrió con furiosas zancadas los laberínticos pasillos, hasta llegar a la negra puerta de ébano que andaba buscando, una vez allí, llamó golpeando con fiereza, sin disimular en absoluto su humor de perros y su actitud arisca.

Nathanael, en sus aposentos tras la ejecución de su maestro, había recibido una carta por debajo de la puerta, con la cual se topó al entrar en su cuarto. El sello, inequívocamente señalaba como remitente al mismísimo Aarón de Torquemada, Sumo Inquisidor y miembro del Triunvirato, el máximo cargo dentro de la institución. Era sorprendente, cuanto menos, que alguien de tan arriba se dirigiese a él en una carta. El mensaje no especificaba gran cosa, le felicitaba por sus progresos al combatir la amenaza pagana dentro de las propias filas de la Inquisición, algo que, según señalaba, le avergonzaba profundamente por ser reflejo de lo mal que iban las cosas. Aparte de eso lo citaba esa misma tarde, a las siete y cuarto en su cámara, en la torre norte, para comentar lo sucedido y "otros asuntos".

Sorprendente, sospechoso, abrumador, aquello era de todo menos lo que uno podría esperarse, menos un simple Agente Inquisitorial. Los Sumos Inquisidores eran de las personas más poderosas de Terra, y verse envuelto en sus asuntos era tanto un gran halago como un juego sumamente peligroso.

Y  las sorpresas no hacían más que sucederse. Justo en ese momento, unos golpes malhumorados resonaron contra su puerta. Eran aproximadamente las tres de la tarde por lo que seguramente no tuviese nada que ver con la carta, sin embargo parecía urgente por la insistencia con la que llamaban.

Al abrir la puerta, Nathanael se encontraría frente a un tipo con cara de pocos amigos. Su impoluto uniforme negro, con bandas retro iluminadas de un cyan intenso, denotaban que no era un simple agente o acolito. Aquel atuendo tan sofisticado y tecnológicamente engarzado  sólo estaba al acceso de Inquisidores ya formados y de cierto prestigio. El tipo lo miró con sus ojos azules como el hilo, escrutándolo con la mirada como si estuviese profundamente molesto con él, pese a no conocerlo de nada.

-¿Agente Ángelus?-Su tono de voz no disimulaba en absoluto su molestia, y antes de esperar una respuesta, continuó hablando de forma abrupta y maleducada.

-El Sumo Inquisidor Mikhail Karmikov me ha enviado a buscarte. Requiere de tu presencia en su cámara de inmediato.- El tipo hizo un gesto indicando que lo siguiese, sin dejarle casi tiempo a reaccionar.

La situación se volvía más complicada por momentos, dos peces gordos, muy gordos, se interesaban por él el mismo día, sin apenas explicación. Todo aquello olía a chamusquina y debía pensar muy bien lo que estaba haciendo, un paso en falso podría significar su final.

-¿A qué esperas? No, yo tampoco entiendo que querrá un Sumo Inquisidor de un simple Agente Inquisitorial como tú, pero es lo que hay.- Gruñó el antipático "mensajero".

Aun era temprano por lo que seguramente le diese tiempo a reunirse con ambos, pero siempre existía el riesgo de que la primera charla se alargase. Negarse a las órdenes de un Sumo Inquisidor tampoco era una opción a barajar.

En cualquier caso, la decisión era suya, podía seguir a aquel tipo o rechazar su invitación, estaba jugando con fuego, pero si sabía cómo manejar todo aquello... Incluso podría salir beneficiado.


Imagen de Nigel Zumthor:


Última edición por Señor de Terra el Mar Dic 10, 2013 5:24 am, editado 1 vez
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Re: [AVENTURA INICIAL] "Jugando con fuego" [Martillo de Brujas, 5 de Noviembre - 897 d.g]

Mensaje por Nathanael el Dom Feb 24, 2013 10:09 pm

El aposento estaba enrarecido, la cálida luminiscencia invernal de la mañana traspasaba la ventana, iluminando la penumbra de la estancia. El humo, acumulado tras muchos días de fumar y pocos de dormir se asentaba espeso en el aire, como un viejo anciano somnoliento que no desea ser molestado. Comprensivo con su peculiar carácter indolente, lo dejaba yacer tranquilo, atusándolo solo de vez en cuando con una suave exhalada humeante del cigarro.
Pasaba el rato sentado, leyendo con interés erudito un viejo tomo de lingüística de hojas amarillentas, encuadernación cuarteada por el paso del tiempo y el olor a biblioteca vieja y húmeda. Era una lectura ligera con la que despertar la mente mientras desayunaba. El placer de leer era algo que escaseaba por lo general en nuestra Santa Sede, los jóvenes inquisidores de actitud sectaria preferían pasar su tiempo de ocio ejercitando el físico o la pericia armamentística, dejando de lado su herramienta más importante, la mente. El cerebro es quizá el elemento más importante del inquisidor, es su principal seguro de vida, nuestra herramienta de trabajo y la llave para ascender dentro de esta organizac…

-¡Ggggggggggggggh!- La cafetera ultra-moderna comenzó silbar excitada, cortando el hilo de mis pensamientos y anunciando la hora del desayuno. Así que me levanté del sillón con suma lentitud, dándome tiempo para estirar el cuerpo (cansado de estar en la misma posición toda la noche) y darme la oportunidad de saborear el placentero aroma del café recién hecho por la mañana. Cuando me sentí lo suficientemente motivado caminé hacia la encimera, los aposentos en los que me encontraba no eran especialmente lujosos (sobre todo comparados con los del resto del tribunal superior) pero si eran una manifestación del exquisito gusto con el que la Eclesia trataba a sus inquisidores. La estancia era de unos 40 m cuadrados, compuesta por muros de piedra, suelos y muebles de madera de Ébano o piel negra en el caso de los asientos. El aposento estaba distribuido para permitir una pequeña zona de estar, cocina y sitio de estudio, además del aseo y el dormitorio. Así que en general no podía quejarme de las comodidades de mi hogar.

Con el café humeante en la taza me dirigía de nuevo al sillón, con el objetivo de hundirme una vez más en la lectura del libro cuando, al pasar cerca de la puerta de entrada me asaltó la imagen de un sobre solitario en el suelo, enmudecido mientras esperaba a que su destinatario diera cuenta de él.

-Interesante…muy interesante-afirmé intrigado cuando tuve la misiva entre mis dedos, la carta estaba sellada con el ribete del Sumo Inquisidor Torquemada, el mensaje de su interior estaba escrito por el puño y letra por el propio Inquisidor, me citaba en sus aposentos por la tarde para “conversar” acerca de lo ocurrido con mi difunto mentor.- Esto no lo esperaba maestro… ya tengo un Sumo Inquisidor con un yugo especialmente preparado para mi cuello, pero este repentino interés de Torquemada… puede ser beneficioso, ya se sabe el dicho “A quien buen árbol se arrima…buena sombra cobija” puede ser lo que necesito para quitarme al Munch de encima.

En este monólogo interior me encontraba cuando la puerta de ébano fue golpeada iracundamente.
¿Quién demonios podría ser? No podía ser más inoportuno, ¿acaso había alguien que vigilaba mis movimientos? Es demasiada coincidencia que me interrumpieran justo cuando había descubierto la misiva del inquisidor. La desconfianza me inundó durante unos instantes en los que lancé la carta a la chimenea para hacerla desaparecer de posibles ojos curiosos. Ya más tranquilo me acerqué a la puerta para abrirla.

El sujeto con el que me encontré era demasiado…fluorescente para mi gusto, apestaba intensamente a circuito eléctrico y la primera impresión que me causó fue la de haber degustado altas cantidades de droga psicodélica. Sin embargo mi estupor se cortó en seco cuando a mi nariz llegó un ligero olor a papel quemado, aquel muchacho desconocido tenía un rango mayor que el mío, por lo que automáticamente se convertía en un peligro para mi supervivencia inmediata si se enteraba de lo de la carta. No sabía bien para que me quería. Así que una vez más me puse la máscara de gentleman educado y le presté la mayor de las atenciones, estudiando cada palabra que salía por su boca.

Al parecer era un mensajero, enviado por el mismísimo Sumo Inquisidor Karminkov, para reclamar mi presencia en sus aposentos.

-“Vaya, vaya como si uno no fuese ya raro…”-pensé sonriendo para mi mismo ante la ironía de la situación, tenía puesta en mí la mirada de los tres Sumos Inquisidores, a cada uno le interesaba mi persona por misteriosos y caprichosos motivos. Este interés me convertía en un peón valioso a ojos de los de arriba. Sin embargo como diría mi difunto mentor. “En el ajedrez los son peones valiosos, pero prescindibles cuando dejan de ser necesarios”. Por lo que tendría que andarme con cuidado.

Dirigí mi mirada al Inquisidor de Tercera, el cual era un claro ejemplo de los pensamientos que abordaban mi mente mientras disfrutaba del libro de lingüística, el chico era joven, impertinente, egocéntrico, soberbio y con la diplomacia de una prostituta de barrio. Carne fresca en definitiva. Así que con mi habitual tono serio y ligeramente intimidante le dije.

-Para Monseñor Karminkov debe ser útil tenerte como mensajero, supongo que aprecia que cumplas sus órdenes con tan gran complacencia, distinción y educación para con sus invitados… Sera para mí un placer dar buena cuenta de tu profesionalidad cuando tenga el honor de conversar con él… - Afirmé con una sonrisa amable pero clavando amenazadoramente mi mirada en los ojos del inquisidor, esperaba que entendiera el significado oculto de mis palabras. Estaba comenzando a jugar a un juego arriesgado con él, marcando territorio, dándole primero con el palo para después mostrarle el dulce. Por el momento él tenía mayor rango que yo, pero la invitación de Karminkov me otorgaba cierto poder que me colocaba por encima de su rango. Si todo iba bien puede que este paleto me sea de utilidad en un futuro. Evidentemente le hablaría al inquisidor sobre su comportamiento, pero en lugar de criticarle, lo alabaría por su profesionalidad y educación. Quizá así Karminkov le premie con una galletita que hará que sea más amable si nos encontramos de nuevo.

Tras la amenaza velada, afirmé amablemente que me encontraba listo para ver Sumo Inquisidor y que estaba a la espera de que me mostrara el camino hasta su cámara.

Me encontraba pisando suelo movedizo, mi posición me colocaba bajo la mirada de los tres grandes inquisidores de mi orden y mi única opción de salir adelante con vida era la de mantenerme en terreno neutral, manteniendo al mismo tiempo interés de Karminkov y Torquemada para que no se volvieran contra mí y a la vez usando su poder para parar las malas intenciones que Munch me tenía preparadas. Quizá era demasiado arriesgado acudir a las dos reuniones, pero lo que estaba claro que era un suicidio era rechazarles en favor del otro.
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Re: [AVENTURA INICIAL] "Jugando con fuego" [Martillo de Brujas, 5 de Noviembre - 897 d.g]

Mensaje por Señor de Terra el Lun Feb 25, 2013 1:09 am

Ante las sutiles amenazas veladas que Nathanael le dedicó, Nigel, se limitó a mirarlo con desprecio, para entonces mostrar una leve sonrisa maliciosa, como si sus palabras, más que intimidarlo le hubiesen hecho gracia. -Reserva tu veneno para más tarde, novato. Lo necesitarás...-Dicho esto, comenzó de nuevo el camino, esperando que Nathanael lo siguiese.

Tras largos minutos de recorrer en silencio corredores de hormigón, texturizado como antiguos bloques de piedra; atravesar umbrales de arcos ojivales, fuertemente ornamentados con filigranas de plata; ascender por interminables escaleras enroscadas cual serpientes; y surcar claustros donde se filtraba la blanca luz del nublado paisaje en Martillo de Brujas... por fin, las puertas del último piso de la torre central se erigía ante ellos.

El inquisidor de tercera clase se limitó a empujar las pesadas puertas y penetrar la gran cámara abovedada que se escondía tras ellos. Un enorme salón se extendió ante ellos. Las enormes puertas de ébano se cerraron tras Nathanael dejando la sala en penumbra. Aquella estancia parecía no tener ventanas, iluminada por unas misteriosas antorchas prendidas con flamas azules que crujían y centelleaban en el silencio mortuorio de la sala. Frente a ellos, dos largas filas de columnas retorcidas que se elevaban hasta la bóveda, parecían marcar el camino, como si de una catedral se tratase, a la otra punta de la estancia, un trono mejor iluminado, que el resto de la sala, por una especie de lucernario del techo. En el trono, conforme se fueron acercando, pudo ver a un tipo sentado en silencio, con los codos apoyados en los reposabrazos del trono y los dedos entrecruzados frente a si, con pose pensativa, escrutando a los recién llegados.

Frente al trono, otros cuatro Inquisidores , de mayor o menor rango, esperaban de pie, algunos giraron la cabeza hacía Nathanael y su acompañante, otros permanecieron mirando al frente como si nada.

Cuando Hubiesen llegado frente al trono, Nigel hizo una reverencia hincando la rodilla al suelo y bajando la cabeza. Karmikov con un gesto le indicó que se levantase.

-Buen trabajo Nigel. Por cierto, tu también estás invitado a esta reunión, quédate con nosotros.-

Llamaba la atención como el Sumo Inquisidor había llamado al otro por su nombre de pila, no su nombre de Inquisidor, como si por su rango pudiese saltarse los formalismos con total impunidad.

-Bien, vayamos al grano. Os he reunido justamente a vosotros por diversas razones. Hazañas que han captado mi atención, maniobras políticas dignas de gente muy superior a vuestro rango, haber demostrado tener un buen potencial o simplemente haber despertado mi curiosidad de cualquier forma.-Su mirada de zorro viejo era extremadamente inquietante, nadie hizo ningún comentario esperando a saber qué era lo que tramaba aquella mente retorcida desde su trono.

En orden, empezando por los que acababan de llegar, comenzó a nombrarlos, puntualizando su rango, a modo de presentación para que se conociesen entre ellos.

-Nigel Zumthor, Inquisidor Cazador de Demonios de tercera clase; Nathanael Veul, Agente Inquisitorial; Kyu Kurotsuchi, Inquisidor de segunda clase; Selena Blackmaw, Inquisidora Cazadora de Brujas de tercera clase; Sarah Bonet, Agente Inquisitorial; y Ryan Stonehard, Inquisidor Cazador de demonios de segunda clase. Os he escogido a todos independientemente de vuestro rango, para constituir una unidad especial y secreta. Recordad este punto, pues seguramente haya "poderes" que matarían por saber lo que se está diciendo aquí dentro y me gustaría recalcar que nada debe salir de esta sala. ¿A quedado claro?- Su mirada, hasta entonces astuta pero afable, se endureció hasta convertirse en la mirada amenazante de un águila.

Una vez más continuó, con tono más relajado, explicando en qué consistía aquello de una unidad especial. -No se trata de un séquito inquisitorial, ninguno de vosotros estará al mando, y de momento no os daré ninguna misión. Antes debo asegurarme de que sois de fiar.-

-Las normas son sencillas, sólo respondéis ante mí. No debéis hablar de esto a nadie y si alguien se entera... vuestra prioridad será eliminarlo. El grupo debe trabajar de forma perfecta, no toleraré rencillas internas ni fracaso alguno, y espero que sigáis ascendiendo dentro de la institución y formándoos.-

-¿Alguna pregunta?-


El Sumo inquisidor miró un reloj digital que escondía bajo la manga y les comunicó el fin de la reunión.-Se que he sido breve, pero otros asuntos requieren de mi presencia. De momento os dejo tiempo para que os conozcáis. Oh.. Se me olvidaba.. Sois seis, sólo necesito a cuatro, lo dejo en vuestras manos...-

-Es todo. Podéis retiraros.-


Los presentes, cada cual haciendo cábalas en silencio sobre lo que esto suponía, comenzaron a caminar hacia la puerta. Era una situación complicada, muy complicada, y algo le decía a Nathanael que nada más salir de aquella estancia iban a tener una conversación... "interesante". Eran las cuatro de la tarde, todavía quedaba tiempo para la cita con Torquemada, de momento este asunto parecía más urgente.

Mikhail Karmikov:
Nigel:
Kyu:
Selena:
Sarah:
Ryan:
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Re: [AVENTURA INICIAL] "Jugando con fuego" [Martillo de Brujas, 5 de Noviembre - 897 d.g]

Mensaje por Nathanael el Mar Mar 05, 2013 1:33 pm

Tras caminar largo rato en silencio junto a mi guía, llegamos frente a unas gigantescas puertas de ébano, la opulencia del material y su tamaño desproporcionado, me indicaron que habíamos llegado a nuestro destino con éxito. Mi compañero lejos de demostrar los modales y el respeto adecuados para con sus superior, se dispuso a entrar en la sala sin siquiera anunciar su llegada. En vista de su forma de actuar, yo le proseguí lentamente, admirando la mortuoria arquitectura de la sala, que parecía proceder de la mente retorcida de uno de los arquitectos de la orden Hermética. En definitiva, todo en el salón estaba diseñado para amedrentar o intimidar a quien tuviera que atravesar la estancia, la finalidad era destruir el ánimo y la determinación del individuo con forme nos acercábamos al trono del Sumo Inquisidor.

Caminando entre las columnas de esta catedral retorcida no pude sino recordar las palabras de mi mentor, que sabiamente en estos momentos me diría “El poder comienza con la intimidación, y esta se basa puramente en la fachada, recuerda, si quieres sobrevivir, observa más allá de la ilusión y céntrate en lo que no desea ser visto.” Como siempre era un buen consejo, una traza de la sabiduría de un gran maestro y un excelente mentiroso, así que haciendo caso a mi recuerdo, obvié por un instante la “decoración” del lugar y me centré en lo importante, que era el Sumo Inquisidor y las personas que parecían acompañarle. Sin contarme a mí, en la estancia se encontraban seis personas, seis chacales que no dudarían en destriparme como una vulgar pieza de carroña si mostraba algún atisbo de debilidad.

Nos acercamos al trono de Mikhail e imitando a mi compañero hinqué la rodilla en el suelo como muestra de respeto hacia mi superior. Traes esto prosiguió un largo e interesante monólogo, que nos ponía a mí y al resto de inquisidores al tanto de los deseos del Sumo Inquisidor. Al parecer todos y cada una de las personas que nos encontrábamos citadas frente a Karmikov teníamos algo especial, ese “algo” nos diferenciaba del resto de inquisidores, lo que atraía el interés la atención de Mikhail.
A continuación nos presentó uno a uno, adjuntando con cada nombre su rango y especialidad dentro del Santo Tribunal, por lo que presté especial atención a este punto. Inmediatamente me quedaron claras una un par de cosas, nos encontrábamos dentro de un grupo muy dispar y de todos ellos todos excepto una tal Sarah Bonet, tenían rango superior al mío. Además tenía que contar con que cada uno de ellos era extremadamente peligroso, pues había sido seleccionado especialmente por el Sumo Inquisidor.

Prosiguiendo con su monólogo, Karmikov al fin mostró sus cartas, nos había reunido a todos para formar una Unidad Especial de inquisidores, nuestro objetivo por ahora nos era desconocido, lo que si estaba claro era que el Sumo Inquisidor llevaba la batuta, todos tendríamos que responder ante él, pues en un principio nadie de nosotros iba a estar al mando de la Unidad. Lo que en cierto modo era un alivio. Tras esto Karmikov dio por terminada la reunión, había sido breve, conciso y directo, algo que me gustaba, iba a ser un placer servir a sus órdenes.
Sin embargo antes de marcharnos el Sumo Inquisidor hizo un pequeño inciso, para su grupo solo necesitaba a cuatro… pero en total éramos seis… y Karmikov no tenía pensado mancharse las manos en el proceso de selección, así que aquellos que serían elegidos íbamos a tener que “discutirlo” entre nosotros.

Una vez finalizada la reunión llegó la hora de marcharnos, tuve especial cuidado de ser el último que salía de la sala, pues mis compañeros no me inspiraban la suficiente confianza como para tenerlos a la espalda. Eran las cuatro por lo que aún tenía tiempo para llegar a la reunión con Torquemada, si es que salía vivo de esta. De momento tenía varios inconvenientes graves que solventar, en primer lugar era mantener el pescuezo, pues estaba claro que mi rango inferior al resto (excepto Sarah) me convertía automáticamente en un objetivo especialmente apetitoso para los demás. A eso tendría que añadirle la antipatía natural que me profesaba Nigel (quizá había sido mi intento de intimidación a la hora de conocernos). Por lo que en principio tenía toda pinta de que yo iba a ser uno de los “expulsados”. Por un instante pensé en rechazar, para mí era mucho más sencillo desmarcarme de todo esto y agarrarme al clavo ardiendo que era Torquemada y su proposición. Pero lo desestimé, pues soy ante todo ambicioso y pertenecer a la Unidad Especial de Karmikov era el pasaporte a un futuro muy prometedor.

-“Estupendo, estoy bien jodido, Raziel, espero que me eches una mano estés donde estés para salir de esta.” -pensé suplicando un poco en busca de la gracia del Ángel.

Así que barajé mis cartas, lo lógico era que en cuanto se cerrara la puerta era que acordáramos entre nosotros quienes iban a ser los elegidos. El problema se encontraba en “la forma” en la que lo discutiríamos, si fuéramos personas inteligentes y pacíficas (como en la Orden Hermética) llegaríamos a un pacto mediante la conversación, pero como esto era la Inquisición supongo que llegaremos a la misma conclusión mediante puñaladas traperas y violencia. Así que tenía que calcular la jugada. Estaba claro que el primero en hablar captaría la atención del grupo e intentará llevar la voz cantante, esto no me interesaba, pues mi objetivo era pasar desapercibido y llamar lo menos posible la atención hasta encontrar el momento en que meter baza. Por lo que permanecería callado y conservaría una postura y mirada amenazadora que echara un poco atrás la posible idea de atacarme a los demás. Mientras tanto tendría la precaución de crear mentalmente un alambre celestial sobre nosotros, oculto tras las columnas donde nadie pudiera verlo. Esperaba que la altura considerable a la que se encontraba y la piedra del edificio ocultaran mi estratagema, además en caso de que descubrieran la magia no había forma de demostrar que yo era el origen, la formulacion del hechizo es puramente mental. Así que ese pequeño hilo mágico bien podría convertirse en mi seguro de vida si la cosa se ponía complicada.

FDI:

Acción 1: Quedarme silenciosamente observando + usar el Ángelus Primus para ocultar un alambre a gran altura, tras una columna.

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Re: [AVENTURA INICIAL] "Jugando con fuego" [Martillo de Brujas, 5 de Noviembre - 897 d.g]

Mensaje por Señor de Terra el Miér Mar 13, 2013 11:17 am

En cuanto estuvieron todos fuera, quedaron paradas en silencio, mirándose los unos a los otros evaluándose y envueltos en pensamientos.

Sarah, parecía algo nerviosa, por su aspecto de bibliotecaria, bajo rango (Agente inquisitorial como Nathanael) y apariencia físicamente más débil que el resto, estaba claro que era el eslabón más débil. Se situó al lado de Nathanael sin decir nada, mirando a los demás. Era lógico, ambos tenían el mismo rango por lo que la tipa estaría buscando su apoyo, aunque parecía demasiado tímida como para hablarlo abiertamente, o quizá temiese ser la primera en hablar, era un paso arriesgado.

Nigel fue el primero en intervenir, visiblemente indignado. -A ver si me he enterado... Somos seis... pero sólo hacen falta cuatro. Sin embargo no puede haber nadie de fuera del grupo que conozca lo que hoy se ha hablado, así que los dos que sobren... deben ser eliminados.- Al parecer aquel tipo no podía estarse callado, era obvio que eso es precisamente lo que todos estaban pensando pero no era el tipo de cosa que pudiese decirse en voz alta. El asesinato entre Inquisidores pese a una práctica bastante extendida, era completamente tabú, y generalmente se velaba tras acusaciones de herejía o excusas más sutiles.

-¿Nos estás amenazando? ¿Tú? He reventado el cráneo de demonios cuatro o cinco veces más grandes que tú, no estás en posición para amenazar a nadie.- Saltó Ryan. Era un tipo alto, muy alto, ataviado con una pesada armadura y un enorme martillo de guerra a la espalda. Una cicatriz atravesaba horizontalmente su nariz, daba la impresión de ser una bestia curtida en muchas batallas, el típico cazador de Demonios, grande, fuerte, curtido, rudo y más hábil con el martillo que con las palabras.

Ante sus palabras Nigel se cruzó de brazos, lanzándole una mirada asesina de odio y rabia. Ambos compartían especialización, así que se podría decir que eran competencia directa.

-Tranquilos, tranquilos, nadie va a matar a nadie, eso iría en contra de las normas de nuestra orden... y nadie quiere ir en contra de las normas...¿Verdad?-Cicuta pura eran las palabras de Selena. Aquella mujer actuaba como si de alta aristocracia se tratase, tranquila y sonriente, confiada en su lengua sibilina y letal veneno. A diferencia de Nigel quien seguramente habría expuesto el tema simplemente para romper el silencio, ella sí que profería una clara amenaza, había dejado claro que no dudaría en delatar la más mínima irregularidad, con el fin de deshacerse de sus competidores. Era peligrosa, habría que andarse con mil ojos con ella.

-Yo lo veo claro, hay dos cazadores de demonios, uno sobra. Que ocurrirá con él ya no es problema mío.- Intentando salvar la anterior malinterpretación de sus palabras, Nigel trató de arreglarlo. Su torpeza con las palabras era bastante obvia.

-Cierto, sobras, al fin lo admites. Fuera de aquí.-

Rojo de ira, Nigel parecía incapaz de contenerse ante la tergiversación de sus palabras. Selena rió, casi como una provocación para hacer saltar la chispa entre aquellos dos y librarse de ellos. La tensión podía mascarse en el ambiente.

De súbito, la pelirrosa se inmiscuyó tras Sarah y Nathanael, colocándose entre ellos por detrás con un brazo extendido por los hombros de cada uno. -¿Y qué opinan los novatos de todo esto? He oído cosas bastante impresionantes de vosotros dos, seguro que vuestra opinión es muy interesante. - Sus palabras melosas casi al oído de Nathanael y luego de Sarah, eran como una caricia, un suave y delicado toque cargado de letal veneno.

La bibliotecaria dio un respingo sonrojandose, parecía muy timida, y rápidamente se recolocó las gafas.
-Yo... No se...- sus ojos miraban al suelo fijamente, incapaz de sostener la mirada a ninguno de los presentes.

Mientras tanto, Nathanael cayó en la cuenta de que uno de ellos no había soltado palabra, un tal Kyu. Un nombre exótico por aquellos lares. El tipo, ataviado con correas y armadura de cuero que solo dejaba ver su afilada mirada de ojos verdes. Se encontraba algo apartado, apoyado en silencio contra una columna, observando. En concreto observándole a él fijamente. Sus ojos inquisitivos e intimidantes causaban gran inseguridad, de hecho daba la impresión de que tal vez se hubiese percatado de su alambre de espinos, pero no, aquello era imposible. Sin embargo aquel tipo no paraba de mirarle silencioso.

Era su momento para intervenir si lo creía oportuno, Selena juguetona y peligrosa permanecía a su espalda, Ryan y Nigel al borde de liarse a martillazos, Sarah a su lado callada y temblorosa, y aquel misterioso Kyu lo observaba en silencio. Debían resolver aquello cuanto antes, o llegaría tarde a su reunión con Torquemada. Aun había tiempo de sobra pero los minutos seguían pasando y la tensión no hacía más que acumularse.
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Re: [AVENTURA INICIAL] "Jugando con fuego" [Martillo de Brujas, 5 de Noviembre - 897 d.g]

Mensaje por Nathanael el Lun Abr 01, 2013 7:08 pm

Cada individuo, se encontraba sumido en sus pensamientos. El silencio violento prosiguió acompañado de miradas calculadoras, que reflejaban, tan claro como una bala de plata, nuestras intenciones. Alguien iba a morir.
Cuando un grupo de depredadores se disputan una presa, solo el más astuto sobrevive, lo principal era no mostrar debilidad alguna, así que, con tranquilidad, ignorando las miradas de mis rivales, eché mano a un cigarro y lo encendí con parsimonia, degustando la primera calada, relajando mi mente para lo que estaba a punto de suceder.

Exhalé el humo lentamente, dejando que me ocultara el rostro y las intenciones, la neblina irritante del tabaco siempre ha sido un excelente telón dramático, útil para intimidar a aquellos que te rodean.

La pequeña estratagema me permitió alejarme relativamente de la situación para analizarla.
A mi lado se encontraba Sarah, que había decidido acercárseme silenciosamente sin mediar palabra, sus intenciones permanecían ocultas, la muchacha a simple vista mostraba un aspecto débil y tímido. Sin embargo, su forma de actuar bien podría ser solo una pose, acompañada de una interpretación sutil, con el objetivo de provocarnos pena e instinto de protección hacia ella. O también podría ser que la chica fuera de verdad la típica timiducha calladita y sensible. En cualquiera caso, había pasado mi examen, si era una farsante manipuladora, demostraría ser una mujer altamente astuta, que me convenía tener en cuenta. Por otro lado, si resultaba ser una chica débil, era igualmente útil, pues podría manipularla a mi gusto con la persuasión adecuada. Nunca está demás tener un peón sacrificable en el momento adecuado.

En el tiempo que dediqué en analizar a mi pequeña acompañante morena, ocurrieron varios hechos interesantes. Por un lado, los dos cazadores de demonios demostraron una rivalidad homicida insospechada, que pasó a ser el centro de atención de toda la situación. Nigel y Ryan ambos de carácter orgulloso y necio al mismo tiempo, se dedicaban a lanzarse imprecaciones mutuamente, con la única finalidad de demostrar quién era el más fuerte. La discusión en si misma era absurda, infantil y estúpida, pero si era capaz de redirigirla adecuadamente, bien se podría convertir en la oportunidad perfecta para deshacerse de uno de ellos. Por otro lado, Selena parecía haberse dado cuenta también de este detalle, pues con astutas palabras envenenadas, no paraba de azuzar a los “machitos cabríos” en su disputa.
Por mi parte, me bastó echarle una mirada rápida y escucharla un poco para comprender que era la más estúpida y peligrosa del grupo. Era la típica manipuladora, que usaba a la gente de su alrededor como alfombra para abrirse paso en el traicionero micro-cosmos de la Santa Inquisición. En cierto modo sus métodos se parecían a los míos… Y por ello debía morir. En este grupo solo había sitio para un titiritero… y por supuesto no iba a ser ella.

La muchacha continuó con su actuación, intentando ahora introducirnos a mí y a Sarah en escena. Se acercó sensualmente a nosotros y nos rodeó con sus brazos, solo para preguntarnos en todo zalamero cual era nuestra opinión. Sarah pareció contestarle con algún balbuceo ininteligible, que hizo más patente su debilidad (o su ingenio). Yo por mi parte, estaba más interesado en el muchacho que se encontraba apoyado contra una columna lejana. El sumo Inquisidor lo había llamado Kyu y había permanecido en silencio despreocupadamente mientras todo el circo se desarrollaba. El tipo mantenía clavada su una mirada amenazadora en mí, como si yo le hubiera dado algún motivo para desconfiar o para sentirse amenazado. Medité unos instantes, pues aquello no tenía sentido, desde que salí de las dependencias del Sumo Inquisidor no había abierto la boca y solo me había limitado a observar… Así que, la única opción lógica que se me ocurría era que Kyu hubiera descubierto la pequeña estratagema del alambre y que por ello me miraba de esa forma… Si eso era cierto, aquel tipo era bastante interesante y sorprendente, por lo que debía andarme con sumo cuidado si no quería ponerme en su punto de mira.

Mi hilo de pensamientos fue cortado de cuajo por el tacto juguetón de Selena, la muy zorra se mantenía a mi espalda, agarrándome con su brazo como si quisiera marcar territorio. La situación era bastante tensa y si quería llegar a tiempo a la reunión con Torquemada tenía que actuar de forma rápida y contundente muy a mi pesar. Selena era una soplona cotilla y un estorbo, si quería que Nigel y Ryan se mataran entre sí, el primer paso era deshacerme de ella. Por lo que planee una idea algo arriesgada. Con toda la tranquilidad del mundo, le daría una larga calada al cigarro que tenía en los labios y le lanzaría todo el humo a la cara de Selena. De una forma general el humo de los cigarros para todas las personas era irritante y molesto, por lo que ganaría unos valiosos segundos en los que ella quedaría indefensa, algo aturdida y cegada. Tiempo suficiente para descolgar el alambre mágico y engancharlo a su cuello. Con el fin de ahorcarla silenciosamente.

Si lo lograba, le diría de forma lenta e imperturbable mirándola cruelmente a los ojos.

-Opino que estas muerta y que nadie va a encontrar tu cuerpo…

FDI:

-Acción 1: Echarle el humo sobre la cara de Selena con el fin de stunearla un poco + ahorcarla con el alambre mágico
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Re: [AVENTURA INICIAL] "Jugando con fuego" [Martillo de Brujas, 5 de Noviembre - 897 d.g]

Mensaje por Señor de Terra el Vie Abr 12, 2013 2:38 am

El alambre de espino, compuesto de energía mágica celestial se enroscó en el cuello de Selena, emergiendo desde arriba, para la sorpresa de la mayoría de los presentes. La inquisidora Fallen, había retrocedido un paso sorprendida y molesta al recibir el humo de Nathanael en la cara, y había caído de lleno en la trampa.

Suspendida unos centímetros sobre el suelo por el alambre, su cara era de ira e incredulidad, observando con unos ojos cargados de furia que parecían dispuestos a salirse de sus órbitas en dirección a Nathanael. Se estaba asfixiando, intentando liberarse y pataleando levemente en el aire.

El éxito parecía evidente, sin embargo la pelirrosa levanto su mano derecha, cubierta por un delicado guante negro, que con un chasquido proyecto largas y delgadas cuchillas metálicas de la punta de sus dados. Con esta nueva zarpa, de un drástico movimiento de muñeca cortó el alambre como si fuera mantequilla, pese a su composición espiritual.

Cayó al suelo de pie, de forma elegante, mientras el alambre seccionado se disipaba en el aire. Su expresión desquiciada volvió a tornarse serena y maliciosa. Recobraba la compostura limpiándose la sangre y acariciando la zona del cuello, donde las púas se habían clavado dejando un rastro sangriento bastante doloroso incluso a la vista.

Nigel y Sarah observaban perplejos. Ryan guardaba silencio mirando con internes y Kyu simplemente clavaba su mirada en Selena, sin inmutarse.

-Oh, pero que han visto mis ojos... ¿Brujería? Vaya, vaya...me lo pones más fácil de lo que esperaba...- una sonrisa maléfica se extendía a su rostro. Nathanael la había subestimado, por algo aquella mujer se encontraba en un rango superior.

Su error había sido ser demasiado impulsivo, y ahora se encontraba expuesto ante sus compañeros, que no solo habían podido ver sus intenciones y "habilidades", sino que podrían acusarle de brujería o intento de asesinato contra un miembro de la propia orden sin justificación.

Selena era plenamente consciente de esto, y sus palabras dejaban claro que iba a utilizar la situación para eliminarlo. Se mantenía firme y tranquila, si bien algo en su mirada había cambiado. Un atisbo de rabia por lo que acababa de ocurrir se había quedado enquistado tras la falsa paz que quería aparentar. Quizá impulsada por esa ira reprimida, o quizá pecando de confiada, creyendo que las evidencias de brujería justificarían su acción, se apresuró en lanzar un zarpazo hacía Nathanael.

Su velocidad era pasmosa, el agente inquisitorial no tendría tiempo de esquivar, pero no hizo falta. Un cimitarra metálica de color oscuro y diseño aerodinámico, voló por el aire cercenando la garra afilada de Selena, que siguiendo su trayectoria cayó, ya sin fuerza, contra la cara de Nathanael. Dejó un minúsculo corte en su mejilla antes de caer al suelo, inerte.

El grito de dolor de la pelirrosa precedió a seis cimitarras más, lanzadas con una precisión sublime, que la tiraron al suelo y sucesivamente se fueron clavando en sus muñecas, hombros, tobillos... quedó totalmente inmovilizada, clavada al suelo y gritando improperios y alaridos que costaba diferenciar si eran fruto del dolor o del terror que la invadía.

Las cimitarras eran de Kyu, quien con paso firme y silencioso se acercaba lentamente hacia su víctima, ante el asombro de todos los demás.

-Creo que todos estamos de acuerdo en que acabamos de presenciar un intento de asesinato completamente injustificado contra un compañero de nuestra orden. Un acto tan deleznable no puede quedar impune.-

Por fin hablaba el peliverde encapuchado. Su voz era gélida como el hielo, carente de expresión, y soltaba su discurso con la fría crueldad de un juez dejando caer el peso de la justicia sobre su condenado. La forma en la que dijo "completamente injustificado" sonó sin embargo como una amenaza hacia los otros tres acerca de dar parte sobre las habilidades de Nathan que había podido ver.

-Por la presente, yo condeno, aquí y ahora, con todos vosotros de testigos a Selena Blackmaw, acusada de alta traición contra la orden del Sagrado Tribunal, a la pena capital.-

Dicho esto, clavó su última arma, idéntica a las otras siete, en la espalda de Selena, a la altura del corazón, y al instante cesaron sus gemidos.

-Espero que no se vuelvan a repetir incidentes como los de hoy, el proceso de selección corresponde al Sumo Inquisidor y a nadie más. Andad con cuidado y tratad de olvidar lo sucedido. De momento no hay razón para permanecer aquí, nos veremos... Pronto.-

Mientras hablaba recogía sus armas del cadáver y del suelo, para volver a envainarlas todas a su espalda. Con las mismas, emprendió su paso silencioso e indiferente, dándoles la espalda y alejándose de la zona por uno de los corredores de piedra.

Ryan parecía molesto ante la evidente autoridad de Kyu, sin embargo no dijo nada, limitándose a echar su enorme martillo al hombro y alejarse también no sin antes lanzar una mirada de advertencia a Nathanael. Todos habían visto su "habilidad especial" y aunque por alguna razón el Inquisidor Kyu le había salvado esta vez acallando a sus compañeros, había quedado en una situación... difícil.

Nigel y Sarah parecían afectados por lo ocurrido, desde luego había sido una experiencia insólita, incluso para las oscuras luchas de poder entre inquisidores. Nigel levantó la mirada hacia Nathan, sus ojos ya no denotaban desprecio sino curiosidad y cautela. Sin embargo no dijo nada al respecto y se limitó a dar anuncio de su partida.

-Bueno... Ehrmmm... yo, también me voy. He quedado con Torquemada a las siete y cuarto y llego tarde.- Un autentico bocazas, como ya era habitual, sin embargo lo que había dicho era toda una revelación. Nathan no era el único en ser citado.

-Espera... yo también voy.- Sarah, la tímida agente inquisitorial, se agachó recogiendo del suelo la garra cercenada de Selena. Con cuidado desprendió el guante de la mano muerta y tiró el pedazo de cadáver, guardando el guante en una especie de pequeño saco de alguna fibra sintética que ocultó entre sus ropajes.

Mientras Nigel la observaba esperando, con una ceja en alto, ella se levanto, sonrojada y corrió hacia él mirando hacia el suelo. Ambos comenzaron a caminar dirección en dirección a la torre norte.

Eran las siete.
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Re: [AVENTURA INICIAL] "Jugando con fuego" [Martillo de Brujas, 5 de Noviembre - 897 d.g]

Mensaje por Nathanael el Sáb Abr 27, 2013 1:47 pm

Todo parecía ir bien, la arpía comenzaba a patalear por la ausencia de aire en sus pulmones, conocía esa sensación, el terror te embarga y el cerebro de alguna forma se bloquea centrándose solo en una cosa, respirar.

Me había arriesgado mucho, tanto que en mi interior sentía una pequeña punzada de remordimiento, que había ido aumentando desde que Nigel llamara a mi puerta solo unas pocas horas antes, había roto todos los preceptos que mi mentor me había enseñado. Paciencia, discreción, engaño y control. Todo eso había volado de un plumazo en estos instantes, mi mente se auto-engañaba justificando mis acciones, diciéndole a mi conciencia que la situación requería estas medidas drásticas. Pero lo cierto es que, hacía esto por el mero placer de ver ahorcada a esa perra Fallen, aunque también para marcar mi territorio. Supongo que la soberbia me podía, a pesar de que siempre intentaba emparedarla con una buena dosis de auto-control. Sin embargo esta vez no había sido suficiente, por lo que mi instinto asesino había salido desbocado, buscando diversión.

Ya saboreaba la muerte de Selena, cuando la fallen decidió contraatacar sin consideración ninguna, al parecer no tendría la decencia de morirse ahorcada, de alguna manera que no alcanzaba a comprender había sido capaz de sesgar mi hechizo con su arma, liberándose así de mi yugo. La chica se posó sobre el suelo con la gracilidad que caracteriza a la gente de su raza, estaba completamente desquiciada, supongo para su pequeña mente primaria había sido todo un shock comprender que había estado a punto de morir de una forma tan sencilla y patética.

Por mi parte estaba bastante inquieto, pues la había cagado a niveles épicos, la soberbia y autosuficiencia me habían cegado, haciendo que subestimara a Selena y en general toda la situación, ahora perdida ya la ventaja de la sorpresa quedaba a merced de la fallen y su habilidad física de combate, yo era un hechicero erudito y la lucha cuerpo a cuerpo no se me daba nada bien, por lo que estaba en apuros. Pasados unos instantes, Selena parecía haberse recobrado de sus coqueteos con la muerte, pues con una sonrisa maléfica comenzó a soltar veneno por los labios, acusándome de brujería. Su juicio de valor cargado de amenaza y peligro que lejos de acobardarme, tuvo el efecto contrario, pues hizo que de mi estómago ascendiera una bocanada de ira irracional que nació del desprecio que sentía cada vez más por aquella chica.

-Además de ser una bocazas eres una retrasada mental sin un ápice de sabiduría, ¿crees que esto es brujería? Por favor, tus rebuznos me insultan… -me burlé en su cara con desprecio- Ten la amabilidad de morirte zorra y líbranos de tu estupidez, Amen…- Si hay algo que me saca de quicio es la ignorancia que surge del analfabetismo, cosa que parecía abundar entre los miembros de la santa inquisición, ¿Cómo había llegado a ser ese despojo Cazadora de Brujas si no era capaz de diferenciar el poder celestial del infernal? Definitivamente debía morir… Si es que ella no me aniquilaba antes.

En estos derroteros internos me encontraba cuando la arpía decidió atacarme, se movió a una velocidad cegadora, tanto que ni siquiera me dio tiempo a conjurar los alambres para defenderme… tan solo pude pensar - “Mierda, estoy muerto”

Pero no me había llegado la hora, pues por alguna razón extraña Kyu decidió actuar en ese momento. Con una precisión espectacular empaló a Selena, acabando con su vida en pocos segundos. A continuación sin dar tiempo a que nadie reaccionáramos justificó sus acciones y amenazó sutilmente a los demás para que olvidaran la situación.
Yo me encontraba totalmente paralizado, había estado a punto de morir y el corazón me latía como un caballo de carreras, deseando salirse del pecho. Con la adrenalina en pleno fervor efervescente, no dejaba de preguntarme la razón por la que me había salvado el cuello aquel tipo, cuando instantes antes aparentaba querer matarme, también estaba preocupado por los demás, pues mi impulsividad me había dejado al descubierto, todos habían visto mis capacidades y también mi intento de asesinato, sabían que era yo peligroso y que Kyu de momento parecía estar de mi lado, lo que me daba cierto colchón de seguridad. Pero eso no amortigua el hecho de que me encuentro en una situación complicada… En mi fuero interno me flagelé por haber actuado de esa forma, había pecado de pardillo y tendría que pagarlo. Solo que no estaba seguro de ser capaz de sobrevivir a las consecuencias…

Para mas inri, recibí un mazazo más en todos los morros, pues tanto Sarah como Nigel también estaban “invitados” a la reunión con Torquemada, viendo la ironía del asunto no sabía si reírme o blasfemar como una verdulera enfebrecida.

-“Lo que me faltaba…Raziel, se que lo ves todo, así que te tienes que estar descojonando en el cielo con esto”-pensé de forma fatalista.

Solo me quedaba resignarme y rezar por que mi protector celestial, actuara como tal y me echara una mano para sobrevivir. Aunque en mi fuero interno no dejaba de decirme que todo esto era una prueba macabra para aleccionarme.

Un poco más decidido me apresuré en alcanzar a Nigel y Sarah, el chico parecía mirarme de forma diferente, ya no había desprecio en sus ojos sino ¿interés? No estaba seguro, pero al menos mi gran desliz quizá habría servido de algo…

-Esperad, yo también tengo que ir a ver a Torquemada- afirmé con tono neutro y estudiado, apartando el caos y la inquietud de mi interior, una vez más me puse la máscara. Para bien o para mal era mi seguro de vida, y la necesitaría para afrontar la reunión con Torquemada. “Paciencia, discreción, engaño y control”- me repetí mentalmente como un mantra para poner de nuevo mi disfraz a punto.

No podía dejar de sentir una sensación de deja vu, de nuevo iba a reunirme con in gran inquisidor para escuchar sus ofrecimientos. Solo que esta vez tendría más cuidado, al fin y al cabo, hay que aprender de los errores, pues son el camino a la sabiduría…
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Re: [AVENTURA INICIAL] "Jugando con fuego" [Martillo de Brujas, 5 de Noviembre - 897 d.g]

Mensaje por Señor de Terra el Mar Mayo 07, 2013 11:36 pm

Sarah y Nigel pararon un momento su caminata para esperar a Nathan mientras se les incorporaba.

El camino fue silencioso y tenso, seguramente en reacción a lo ocurrido con Selena. Nigel, caminaba despreocupado, sin embargo su actitud quejica y bocazas de antes había cambiado por une escrutinio silencioso. No paraba de echar miraditas hacia Nathanael como intentando medir sus habilidades o descubrir algún detalle que antes se le hubiese escapado, miradas de extrañeza y curiosidad.

Sarah por su parte caminaba con pasos cortos, sin levantar la mirada del suelo, visiblemente incomoda y reprimida en su postura. Parecía desear que se la tragase la tierra… o eso daba a entender su actitud tímida y callada.

Caminaron sin descanso por los anchos corredores de piedra. Atravesaron pasillos interiores, iluminados por antorchas de xenón. La oscura piedra granítica de techos y paredes se percibía completamente negra bajo aquella luz azulada. Por el contrario, la aterciopelada y ancha alfombra roja que recubría el suelo amortiguando sus pasos adquiría un tono magenta.

Pronto salieron de aquel pasillo girando a la izquierda, atravesando varios corredores más estrechos hasta salir a un área exterior. El camino se abría a la intemperie mostrando la piedra desnuda, de un gris oscuro que repiqueteaba con los pasos de los transeúntes. A cada lado majestuosas barandillas de piedra impedían la caída al abismo que se extendía bajo sus pies. Cientos de metros de altura, los separaban de la ciudad. Frente a ellos, se erigía la Torre Norte, elevándose por encima de las nubes como una estaca negra deseosa de aguijonar los cielos.

Terminaron de recorrer la pasarela de piedra, y Nigel, situándose unos pasos por delante, empujó el portón de ébano sin miramientos. Parecía conocer bien el lugar, una suposición lógica dado que según se había comentado en la reunión con Karmikov, el Inquisidor de tercera clase estaba especializado como “Cazador de Demonios” Torquemada era considerado el más grande de esta clase de inquisidores y era lógico que su torre fuese frecuentada por los de su misma función.

En el interior de la torre, una retorcida, aunque ancha escalera de caracol se elevaba como una espina dorsal desde el núcleo. Esa escalera iba dando paso a los distintos niveles, sin embargo, el pequeño grupo ignoró estos desvíos, continuando el ascenso hasta lo más alto.

Y tras mucho ascender, allí se encontraba, la cámara de Torquemada. En apariencia igual a la de Karmikov aunque por alguna razón poseía un aire más austero, más frío. Parecía reflejo de la ruda e inmutable personalidad de su dueño.

Entraron en la sala, iluminada por tenue luz ámbar gracias a unas largas barras de tungsteno incandescente en los laterales de la cámara.

Torquemada, sentado en un trono de piedra, de apariencia tosca y pesada. Les esperaba con pose de hastío, apoyando su rostro sobre el puño de su brazo derecho, que reposaba sobre el trono. En su cabeza carente de cabello, su mirada, quedaba oculta en la más absoluta oscuridad, por una sombra que se formaba en sus cuencas dada la tenue iluminación, lo que le daba una apariencia sobrecogedora y colérica. Su atuendo, fuertemente blindado, consistía en una pesada armadura, el tipo de armadura que uno esperaría ver en los caballeros cruzados de órdenes militares. A su espalda, una pesada capa recaía en cascada, formando pliegues sobre los que estaba sentado en su trono. Era básicamente el pellejo peludo de un león, prácticamente intacto, cuya cabeza descansaba sobre su hombro de forma ornamental.

-Veo que llegáis a tiempo. La puntualidad… es un rasgo importante…- Sus palabras, de voz profunda, resonaron reverberando unos segundos en la amplitud de la cámara.

Aquel gigante se levantó con lentitud, con la armadura y la capa casi parecía que pesase una tonelada, y así se percibió el ruido sobre la piedra del pavimento al ponerse en pie.

-Espero que esa comadreja de Mikhail no os haya comido mucho la cabeza...- Caminó unos pasos hacia ellos, con las manos entrecruzadas a la espalda. Al acercarse su ojos por fin pudieron verse entre las sombras, con un destello de azul hielo, casi blanco, y una fea cicatriz que atravesaba su cabeza en diagonal, pasando sobre el ojo derecho y atravesando horizontalmente la nariz.

-Antes de proseguir necesito escuchar un juramento de lealtad. Con eso me basta. Si no estáis dispuestos abandonad la sala ahora mismo.-

Su mirada severa era una de las más terribles que Nathanael había podido ver en su vida. Hacía falta valor para mentir a ese hombre, su sola presencia parecía capaz de aplastar con su peso y poderío a quienes se le acercasen, y su mirada cargada de juicio parecía traspasar el alma de las personas. Este no era un conspirador astuto y retorcido como Karmikov, Torquemada era una bestia indómita y poderosa, que no dudaría en aplastarle cómo a un insecto al menor signo de insurrección.

Nigel se arrodilló jurando su lealtad, y Sarah hizo lo propio.

Una vez todos hubiesen jurado, si lo hacían, Torquemada continuaría con su lento paseo por la sala, caminando en círculos frente a ellos con la mirada perdida en los muros de piedra.

-He sido informado de las “travesuras” de Mikhail… Se que quiere que trabajéis para él y sólo para él, a saber con que propósitos…

Nada bueno puede salir de esa alimaña, pero por más que me esfuerzo en combatir sus estratagemas y sacar a la luz sus traiciones y engaños… la providencia no parece encontrarse de mi lado.

Pero esto va a cambiar. No puedo dejar pasar esta oportunidad que me ha sido brindada a través de vosotros. Por fin mis rezos han sido escuchados y ya casi noto como esa sabandija queda atrapada entre mis manos.-


El Sumo inquisidor apretó un puño, con un sonido metálico que dejó clara la enorme presión de su fuerza física, casi sonaba como una enorme tenaza de acero.

-Vuestra misión consistirá en informarme de todo lo que haga esa sabandija. Noto que pronto os enviará alguna tarea, y apuesto mi martillo a que se tratará de algo sucio y herético. Es nuestra oportunidad de desvelar su traición a la orden y exponer sus pecados ante la justicia divina.-

Volvió a caminar hacia su sillón, dejándose caer con pesadumbre y observándoles una vez más en aquel claroscuro tenebroso.

-Mantened los ojos bien abiertos, los oídos bien agudos y todos los sentidos al límite. Mikhail es una serpiente que tiene a salirse con la suya. Tratara de embaucaros, tratará de enturbiar vuestra reputación, os mantendrá atados como a fieles perritos, o eso creerá el. Debéis hacerle pensar que está en lo cierto. Ya me pondré en contacto con vosotros cuando encuentre una vía segura. De momento seguid sus ordenes, pasaré por alto cualquier afrenta que ejecutéis bajo su mando. Y quien sabe, si todo sale bien… seréis recompensados.

Ahora partid. Sin que nadie os vea, actuad con naturalidad, volved a vuestras vidas. Esperad su llamada, algo me dice que no se hará esperar mucho. Suerte.-


Con aquellas palabras, el gigante de hierro se despidió.

Al salir de la cámara, la puerta se cerró tras ellos con un crujido. Nigel parecía pensativo ientras que Sarah se mostraba confusa, como intentando digerir la información.

-Bueno, creo que está todo claro ¿no? Ya nos veremos… intentad no meteros en problemas.- Nigel comenzó a caminar bajando las escaleras de caracol, para perderse en uno de sus desvíos, seguramente viviría en aquella torre o sus cercanías. Sarah miró a Nathanael, con su rostro aparentemente preocupado.

-Entonces… tú… ¿Qué vas a hacer ahora?- La muchacha parecía realmente confundida, como incapaz de decidirse en su fuero interno.

Torquemada:


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Re: [AVENTURA INICIAL] "Jugando con fuego" [Martillo de Brujas, 5 de Noviembre - 897 d.g]

Mensaje por Nathanael el Dom Nov 24, 2013 10:54 pm

Al principio fue el verbo, la palabra, el código de sonidos que los seres dotados de raciocino inventamos para comunicarnos los unos con los otros, probablemente banalidades, gorgoteos sin sentido pronunciados por un aparato fonador inexperto, semi-fetal, que acababa de ser concebido gracias al poder del fruto de la sabiduría. Ha pasado mucho tiempo desde entonces, pero la humanidad continua sintiéndose incómoda cuando el silencio se apodera de la situación, algo en nuestro interior tensa los músculos, nos incomoda, nos violenta, aunque no sabemos por qué. Probablemente sea  nuestro subconsciente, que alertado por la ausencia del lenguaje hablado nos hace conscientes de la realidad. La palabra fue la primera forma de control real que la humanidad tubo sobre la naturaleza, con ella acallábamos los rumores salvajes y desconocidos que surgían de su seno, para cubrirlos con fonemas comprensibles, musicales y en cierto modo reconfortantes, que podíamos controlar. El silencio nos devuelve al pasado, a los murmullos de la naturaleza, a aquellos momentos en los que no dominábamos nada y estábamos indefensos…

Por ello bendecía el silencio que me ofrecían mis acompañantes mientras nos encaminábamos hacia los aposentos del Sumo Inquisidor Torquemada. Su mutismo los volvía débiles, y descuidados,  sin el disfraz y el autocontrol que les brindaban las palabras me mostraban facetas de su personalidad que hasta ahora me habían pasado desapercibidas…

Por un lado estaba Nigel,  cuya conducta hacia mí había dado un vuelco de 360 grados,  su verborrea exasperante y prepotente había cesado, siendo sustituida por una actitud reservada la mar de hilarante, que acompañaba con miradas de soslayo nerviosas y desconfiadas, casi me daba pena, parecía un cachorrillo tímido, que observaba oculto desde la caseta a su dueño, intentando descifrar su humor después de que este le atizara con un periódico en el hocico por haber hecho alguna trastada.  Este nuevo aspecto del joven cazador de demonios me satisfizo sobremanera, pues demostraba que con el amo adecuado, se podría convertir en una excelente y fiel mascota de la que servirme.

-“Así me gusta “Little Puppy” olisquea desde las sombras de tu mente, conoce tu lugar,  los sentidos no te engañan, aquí ya no eres el alfa…”- Ironicé en mi mente, mientras le lanzaba una sonrisita burlona.

Por otro lado estaba Sarah, acabábamos de conocernos pero su conducta me desconcertaba completamente. Se nos mostraba como una chica callada, vergonzosa y carente de personalidad,  a la pobre se le notaba que el ascenso le venía grande pues parecía una doncella inocente que acababa de caer por descuido entre las fauces de una manada de chacales. O al menos eso era lo que yo leía en su lenguaje corporal. Sin embargo a la fuerza esta actitud de “Femme Faible” debía ser una estratagema, en mi mente no cabía la posibilidad de que una mujer con una personalidad semejante pudiera trepar dentro del seno de la inquisición. Aunque no las tenía todas conmigo, eso era lo que me exasperaba, no comprender, no saber y sobre todo, no poder controlar. La muchacha comenzaba a obsesionarme,  Sarah era un enigma y a la fuerza lo tendría que descifrar…

Enfrascado en el mundo de las palabras mudas y de los gestos que lo expresan todo, el camino se hizo bastante corto,  la monotonía característica en la arquitectura de la Santa Sede Central ayudó considerablemente en mi abstracción mental, por lo que cuando enfoqué mi conciencia hacía el presente me encontré de bruces con el duro  rostro de Torquemada. El Sumo Inquisidor estaba sentado en su trono de frío mármol esperándonos, como cabría esperar su aspecto era imponente, sobrecogedor, se asemejaba a una especie de torre acorazada gigante, capaz de aplastarte con la simple fuerza de su menique.

Directo como un ariete no esperó ni atendió a presentaciones, sin sutilezas se centró en el asunto que nos había llevado hasta allí, lo primero que hizo fue ordenar que le juráramos lealtad, cosa que no me chocó, pero si me pareció completamente absurda, la lealtad no se le impone a nadie,  con más razón si sabes que los que te van a servir están trabajando para la competencia, Torquemada sufría el mismo pecado que Karmikov, la soberbia, estaban tan acostumbrados a dar órdenes y a que las acataran ipso facto que en sus mentes no cabía la posibilidad de que se les desobedeciera. Estuve tentado a enfrentarme a él, a restregarle que mi lealtad no se exigía y que con gusto lo ahorcaría desde lo alto de la Torre Norte en castigo por su insolencia, estaba ante un mensajero de los ángeles y por ello  me debía de respetar y adorar como a los seres celestiales. Pero sin embargo no lo hice, en su lugar tuve que morderme la lengua y hacer acopio de todo mi autocontrol. Para mi desgracia aún era bastante débil, no me encontraba en posición de rivalizar con el poder de Torquemada, por lo que como una persona sabia e inteligente hice lo que se esperaba de mí, me plegué a las exigencias del Sumo Inquisidor y le juré lealtad. Aunque no sin que antes la bilis ascendiera por mi garganta quemando la mucosa a su paso… Odio que me den órdenes.

Después de arrodillarme y pronunciar mi juramento al igual que mis compañeros, Torquemada se dio por satisfecho y comenzó a narrarnos su plan, se había enterado de que Karmikov  estaba organizando una jugada importante y que nosotros probablemente nos convertiríamos en los peones que iniciarían todo,  así que sabiendo esto, Torquemada nos proponía que espiáramos para él, que le contáramos todo lo que Karmikov se traía entre manos para así obtener las pruebas suficientes con las que destruirle, a cambio obtendríamos su perdón y una suculenta recompensa. Cuando finalizó su argumentación calló un instante y nos despachó rápidamente como si fuéramos unos nimios entremeses que no interesaban a nadie ya, porque el plato principal comenzaba a servirse en la mesa.  
Una vez fuera de los aposentos de Torquemada, Nigel intercambió unas pocas palabras con nosotros y desapareció por las escaleras de caracol.

Sarah por su parte permaneció junto a mí con expresión dubitativa,  al parecer no sabía por qué opción decidirse.  Cuando me preguntó sobre mi opinión la miré a los ojos con tranquilidad y gesticulé una estudiada sonrisa amable, ahora que estábamos solos tenía la oportunidad de conocerla un poco más y hacerme una mejor idea de lo que rondaba por su cabecita.

-Querida, si os referís a por quien me voy a decidir,  de momento creo que no voy a serle leal a ninguno de los dos,  mi lógica afirma que para ellos no somos  más que pequeñas piezas desechables en un juego mucho más grande que no comprendemos, así que ahora mismo creo que escondernos bajo la faldas de uno de los Sumos Inquisidores es como gritar a voces en los suburbios de Ojo de Dioses que vais sin guardaespaldas y con una cartera repleta de  Terrans anudada a la espalda… Así que  en lugar de precipitarme, creo que voy a esperar y observar,  para obtener una visión más clara de en qué me estoy metiendo, así, llegado el momento, tendré la oportunidad de cobijarme bajo la sombra del árbol más resistente.- Y lo más importante, que por su puesto no le dije a Sarah,  los peones son una de las piezas más débiles y estáticas del ajedrez, pero tienen una gran virtud, si son capaces de moverse con astucia, son las únicas fichas capaces de ascender en la jerarquía dentro del juego.

-Por el contrario si os referís a que voy a hacer ahora mismo,  supongo que me decantaré por caminar hacia la enfermería más cercana para que me curen el rasguño que nuestra querida y difunta Selena tuvo a bien de obsequiarme antes de morir…-dije con tono burlón pero sincero- Después, si todo va bien volveré a mis aposentos, donde un delicioso café recién hecho me espera, he de añadir que, si os apetece, estáis invitada a seguirme  señorita Bonet, al fin y al cabo vamos a ser compañeros y me gustaría conoceros un poco antes de que nuestros superiores nos encomienden alguna misión peligrosa.
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Re: [AVENTURA INICIAL] "Jugando con fuego" [Martillo de Brujas, 5 de Noviembre - 897 d.g]

Mensaje por Señor de Terra el Mar Dic 10, 2013 5:23 am

Wakanda Dezba descansaba en los aposentos que le habían asignado en Martillo de brujas. Llegó la noche anterior desde el continente de Gonduar, un viaje sin incidentes pero largo y tedioso. Primero surcar el mar negro en uno de los submarinos de la Elcesia, la famosa serie Caronte, eran lujosos y cómodos, pero algo lentos. Llegaron al puerto de Storby, ya en Laursia, donde un carruaje de caballos lo esperaba… casi un día en aquella lata de sardinas tirada por caballos para por fin llegar a Martillo de Brujas, un lugar cuya infamia era conocida en toda Terra.

Por suerte, había tenido una noche entera para reponerse en aquel cuarto, era una de las celdas para inquisidores, un modesto cuarto de paredes de fría piedra, el techo abovedado una única ventana con gruesos barrotes de acero oscuro. La habitación estaba prácticamente vacía, apenas la cama, un escritorio de madera de ébano, a juego con la puerta de la estancia y un sillón de la misma madera y cuero tensado.

Aun no sabía porqué le habían mandando allí, pero según las palabras de Zeo, el mismísimo Sumo Inquisidor Munch había requerido de sus servicios, al haber escuchando las hazañas de Dezba en ultramar. Eran ya las ocho de la tarde, cuando un golpe de nudillos llamó a la puerta. Antes siquiera de que Dezba pudiera abrir, la puerta se abrió de par en par con violencia, golpeada con brutal fuerza por quien quiera que llamase.

Y allí estaban, esperando en la entrada tres siluetas que reconoció al instante. Al menos a una de ellas. Se trataba del mismísimo Sigmund E. Munch en persona, acompañado de dos de sus esbirros, humanos deformes que parecían haberse escapado  de una película de terror.  Cuerpos mutilados, vestidos con apretadas correas de cuero negro y numerosos artefactos y cables implantados en su blanca piel. Anexiones mecánicas que les permitían explotar sus cinco sentidos hasta lo sobrehumano… pero a qué precio… Aquellos dos hace mucho que dejaron de  ser humanos… eran rastreadores.

Como si fuesen dos perros de caza, los rastreadores entraron casi a cuatro patas, reptando por suelo y paredes como una exhalación, olfateando, buscando, revisando la estancia de arriba abajo antes de que Munch pusiese un pie en la misma, cerrando la puerta tras de si. Era todo un acontecimiento que uno de los lideres supremos de la Inquisición se dignase a visitar a un simple inquisidor de su rango, en lugar de convocarlo en los salones de su torre, algo que ya de por si era extraño.

El Sumo Inquisidor entró con curiosidad, mirando  el lugar, como si nunca hubiese visto algo así, sin prestar atención a Dezba, con la mirada perdida en las paredes y el techo. Entonces habló. Una voz petra, fría, impasible y a la vez retorcida, como la de un experto jugador de ajedrez. – Así que tu eres el famoso Wakanda Dezba. Aquel que exterminó a sangre fría a los suyos… Interesante, muy interesante… -

Se aproximó con pasos precisos al modesto escritorio de ébano, y los rastreadores como fieles sirvientes se lanzaron a acomodar la silla para que se dejase caer perfectamente sentado, y quedar cada uno de sus sabuesos a un lado, silenciosos, expectantes, solo exhalando aquel fétido aliento que resonaba a través de sus respiradores  metálicos.

-He de admitir que tus hazañas me han impresionado. Toda una promesa en nuestra institución, y como bien sabes… eso podría serte peligroso…-

El tipo lo miraba ahora directamente a los ojos, con una sonrisa fría y sagaz, peligrosa, una sonrisa que ocultaba seguramente mucho más de lo que su voz comunicaba.

-Pero no conmigo, yo he sabido ver tu talento. Me has impresionado y te quiero entre mis filas… considéralo algo así como un ascenso, olvida al viejo Zeo este es tu momento de brillar. Y tengo el trabajo perfecto para ti.-

Apoyó los codos en el escritorio y junto las yemas de los dedos haciéndolas coincidir frente a su cara en una pose calculadora, ladeando levemente la cabeza.

- Vayamos al grano…Verás, hay cierto tipo al que ando vigilando hace tiempo. Y parece ser que anda metido en algo… un asunto peliagudo. No se demasiado al respecto… por supuesto en este lugar las paredes tienes ojos y las columnas oídos, pero gente poderosa lo protege.

Me gustaría que te encargaras de esa persona. No en un sentido literal obviamente, simplemente quiero información, de momento, cuando sepamos que traman él y aquellos con los que se junta… ya tomaremos cartas en el asunto.-


Extendió una mano y uno de los rastreadores le pasó una fotografía tamaño folio con el rostro del tipo. El inquisidor se lo pasó a Dezba, para que se quedase con su cara.

-Su nombre es  Nathanael. Y por lo que tengo entendido en estos momentos se dirige a la enfermería. Está en este mismo pasillo, saliendo de tu habitación a la izquierda, doblando la esquina… Ya sabes, se discreto,  hazte su amigo,  espíalo de lejos, o lo que quieras… pero si te descubre… Bueno, considéralo un fracaso. Y no me gusta el fracaso.- Su sonrisa se tornó algo sádica y sus ojos se entrecerraron, aquel hombre no se andaba con chiquitas, cualquier fallo costaría un alto precio. Y no podía negarse a cumplir con el encargo, llevar la contraria a alguien de su posición sería buscarse la ruina.

-Creo que me tengo que ir, se hace tarde. Ya sabes lo que tienes que hacer… enviaré a  alguien de vez en cuando para controlar tus progresos… Dame lo que necesito y te aseguro que no te arrepentirás- Levantándose de la silla, se dirigió con aire altivo a la puerta, seguido de los rastreadores, como lagartijas, rodeándolo entre frenéticos movimientos inspeccionando el terreno antes de que su amo lo pisase.

Se fueron tan drásticamente como entraron. Sin embargo el mensaje había sido claro. El tipo al que debía investigar estaba en la enfermería, no tenía tiempo que perder o perdería su oportunidad.





Escasos minutos antes, Nathan acompañado por Sarah llegaó a la enfermería. Su compañera había decidido acompañarle, aunque medio sonrojada por la invitación, guardó silencio todo el camino con la mirada clavada en el suelo mientras andaba.

La enfermería era un lugar algo tétrico, más parecido a una sala de torturas, y quizá lo fuera. Un viejo inquisidor de aspecto poco reconfortante atendió al recién llegado, saludando efusivamente a Sarah con un abrazo, pues al parecer la conocía mucho.

El hombre observó de cerca el rasguño, en un principio casi riendo por aquella pequeñez, que apenas parecía un arañazo superficial. Pero se ve que divisó algo en la herida que captó su atención y comenzó a investigar. Clavando en el rasguño algunos de sus utensilios de frío metal, ganchos y punzones que hicieron a Nathanael retorcerse de dolor. Miraba a través de tres o cuatro lentes superpuestas en una montura mecánica que ampliaba su visión, un aparato comúnmente usado por los monjes escribas de los monasterios herméticos. Permaneció mirando con la boca torcida unos segundos y entonces levantó la mirada.

-Parece infectado chico… ¿Cómo te has hecho esto?-

Sarah se aproximó sacando el arma, la garra metálica que aquel tipo no dudo en agarrar entre sus arrugados dedos con delicadeza, mirando las cuchillas desde excesivamente cerca y olfateándolas un poco.

-Como pensaba…- Se agachó hasta un cajón de donde comenzó a sacar un mortero, algunas hierbas, un par de frascos llenos de fluidos extralos, hilo negro atado a un  pequeño gancho, unas pinzas y  una especie de polvo negro que venía atado en papel vegetal. Comenzó a preparar los ingredientes, echándolos al mortero tras pesarlos cuidadosamente en una balanza de latón con marcador digital.

-Te han envenenando… parece una simple herida pero si no hubieses venido en pocas horas puede que no estuvieses entre nosotros…- Miró a Nathan con seriedad, por encima de las lentes que se escurrían ligeramente hasta la punta de su anciana nariz arrugada.

-Por suerte para ti… he lidiado con esta sustancia antes…- El hombre untó la húmeda plasta que sacó del mortero en una venda, y comenzó a limpiar la herida con eso, levantando la piel con las pinzas para ir introduciendo aquella masa. Dolía como mil diablos mordisqueando desde el interior, y finalmente con el hilo comenzó a coser, finalizando el proceso tapando la cicatriz cosida con una venda empapada de aquella sustancia, que al secarse quedó dura, pegada a la piel, tapando la herida por completo como un parche blanco.

-Déjate eso ahí un par de días y todo ira bien… si notas algo extraño ya sabes donde estoy…- El viejo hablaba mientras recogía y limpiaba sus utensilios, ignorando a los otros dos y casi dando a entender que le dejasen solo, que ya sobraban en aquella enfermería.

-Bueno, y siempre es un placer verte Sarah,  toma, esto es para ti. Un pequeño obsequio… - Le dio una bolsa de lino con algunas cajas y frascos envueltos en papel y atados con cuerda. Sarah se despidió agradecida, avergonzada incluso como solía mostrarse. Al dejar atrás a la señora Sarah miró a Nathan como preguntando  donde irían, aquella muchacha precia dispuesta a seguirle allá donde fuera, casi como un perrito.

FDI:


Bueno, a partir de aquí Dezba se une a la aventura, me da igual el orden en que posteéis, pero solo una vez por turno a no ser que yo especifique lo contrario.

Aclaraciones: Si Dezba sale de la habitación cuando el Inquisidor se va y se dirige a la enfermería, se topara con Nathan saliendo de la misma. Pero no está obligado a ello, sois libres, como si quiere irse en otra dirección o lo que sea. Lo mismo para Nath, ya sabes, ve a donde quieras, haz lo que quieras…

Dejo algunas imágenes:

Sumo Inquisidor Sigmund E. Munch: (El de la espada, encima del trono)


Encargado de la enfermería:
viejo

Ejemplos de implantes de los rastreadores:






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Re: [AVENTURA INICIAL] "Jugando con fuego" [Martillo de Brujas, 5 de Noviembre - 897 d.g]

Mensaje por Nathanael el Sáb Dic 14, 2013 12:55 am

-"En el pasillo, nuestros silencios se entrelazan celebrando su nueva amistad"-

Pero ella no parece  vislumbrar el momento, persiste en concentrar su atención sobre el mármol oscuro del suelo, mientras el sonrojo amanece en su rostro, expresando involuntariamente aquello que sus labios no se atreven a musitar. Sonrío entonces divertido por su reacción, cruzo mis manos tras la espalda y camino junto a ella relajado, respetando pacientemente su forma de ser. Por el momento no es necesario alentar la conversación, con cada nueva reacción de la muchacha, reafirmo mi impresión de que la joven Sarah es realmente lo que aparenta ser,  una chica tímida e inteligente. Si mi objetivo era ganarme su confianza antes debía actuar cautelosamente, guiándola con delicadeza y dejando espacio para que se  acerque poco a poco, como hacen los depredadores con una presa cándida y estúpida. Pero mientras eso ocurre, prefiero dedicar mi valioso tiempo para algo más productivo e interesante, pensar en mí mismo y en lo increíblemente bien que están saliendo las cosas…

A pesar del tabaco y mi astronómica dosis de egocentrismo mental, el camino hacia la enfermería se hace largo y deprimente, los pasillos oscuros y las escaleras de caracol decrépitas se suceden con cada paso.  El Tribunal Superior se nos muestra como un lugar  frío, ajado,  donde el vaho y los lamentos de los condenados son nuestros guías a través la niebla de este templo del castigo al que llamamos hogar. En estos derroteros me encontraba ensimismado cuando el letrero fluorescente de la enfermería ciega mi  rostro, anunciando que nuestra silenciosa caminata había terminado por el momento. Siempre he agradecido la existencia de este tipo de carteles en Terra, el brillo del neón actúa como un faro, que disipa  las brumas de mi consciencia esquiva.

Cuando llegamos a la puerta, hago lo que se espera de un  hombre de mi categoría,  dejo pasar primero a Sarah hacia el interior de la consulta mientras me preparo mentalmente para lo que se que va a ocurrir dentro.  A riesgo de parecer cobarde, he de decir que durante mi estancia en Martillo de Brujas he estado numerosas veces en la enfermería u en otros sitios semejantes, la verdad es que los odio con toda mi alma, son lugares macabros, oscuros, donde el  olor a desinfectante tiene la virtud de provocarte el vómito. Aunque en el fondo, lo que verdaderamente me repugna son los médicos de la Inquisición, quitaos de vuestra mente la imagen del amable doctor erudito que cura al paciente con delicadeza y dedicación, esto no es Kerfel. En la santa sede la mayoría de los matasanos son la élite de los interrogadores, los más cualificados, aquellos que usan sus conocimientos en medicina para torturarte de las maneras más grotescas e inhumanas que existen en este mundo. Normalmente estos individuos alternan su ocupación principal (citada anteriormente), con la de doctor, asistiendo a los heridos y los enfermos.  He ahí la causa de mi aversión hacia las salas de cura, en muchos casos el trabajo que se les exige a estos médicos en las mazmorras los vuelve insensibles, convirtiéndose en meras máquinas automatizadas de vivisección que no saben diferenciar cuándo un paciente se encuentran en una sala de torturas o en el hospital, ellos simplemente hacen lo que tienen que hacer sin importarles el cómo o quien está delante. Aunque supongo que eso a vosotros no os interesa ¿verdad?

Al entrar en la estancia me encuentro de bruces con una escena interesante, el macabro doctor está saludando Sarah con un afectuoso abrazo, cosa que me extraña bastante ¿quizá él ya la conoce? es bastante probable, lo que  me proporciona una pequeña pista mas sobre el contexto en el que se desenvuelve la muchacha.  Viendo que estan un poco distraídos se me ocurre una idea fabulosa y aprovecho el momento para sacar la “pda” de mi bolsillo y acceder a la Ecless Wikia,  una aplicación informática diseñada por los monjes herméticos que permite  a los miembros de la Eclesia el fácil acceso online a la biblioteca de la Cámara Hermética. Mi intención es usar su algoritmo de búsqueda para obtener toda la  información posible que exista sobre mi callada compañera.

-(Hmm creo que Karminkov dijo que su nombre completo era Sarah Bonet, así que con este dato no debería ser complicado realizar una búsqueda superficial en los archivos, donde aparezca su ficha o informes sobre su persona.)


Tras teclear dejo el motor de búsqueda de la pda en funcionamiento y con cara de pocos amigos me enfrento al sanador para explicarle el motivo de mi visita.

Al principio, cuando le muestro la naturaleza de mi rasguño el matasanos no parece darle importancia, pero luego, tras mirarlo con más atención, actúa movido por una extraña curiosidad.  Sin siquiera pedir permiso, el cabrón empieza hurgar a mala leche en la herida con sus instrumentos metálicos… Utiliza con metódica paciencia anzuelos, para clavarlos en el exterior de la herida y así tirar más fácilmente de la piel para separarla, luego con un punzón rasca parte de la carne sanguinolenta para así obtener una muestra que observar con sus gafas de aumentos...

Ante esta falta de delicadeza y de sadismo en su forma de actuar no pude contener mis instintos.

-¿Eres un auténtico cabrón sabes? ¿No conoces la anestesia? Ven… que te voy a enseñar yo a tratar las heridas…

Y acto seguido agarro uno de los anzuelos de la bandeja de curas y con mucho cuidado de no matarle procedo a clavárselo en el ojo derecho al doctor, retorciéndolo con saña para que se agarrare bien al tejido cartilaginoso, luego, despacio, mientras me deleito con sus gritos desquiciados le saco el globo ocular de la cuenca y lo dejo colgando libremente de su rostro mientras ironizo…

-Pareces tuerto doctor… ¿Cómo te has hecho eso?- y entonces me rió cruelmente.

Por muy espeluznante que os pueda parecer lo anterior, lo cierto es que os he engañado, toda la escena macabra era producto de mi imaginación. ¿No me creeríais tan estúpido y burdo como para hacer una cosa así verdad? Por favor, no insultéis mi inteligencia…  solo estoy jugando con vuestra percepción de la realidad… La fantasía fue solo un mecanismo de defensa natural, que me permite mantener el control de mis instintos homicidas sin jugarme el pescuezo más de lo necesario.  Lo que en realidad ocurre durante el escrutinio es que yo permanezco de pie, tenso, tembloroso y blanco como un fantasma, estoy a punto de desmayarme pues el dolor es insoportable, los dientes me rechinan  y mi único signo de violencia para con el doctor son las de las miradas homicidas que le lanzo periódicamente (nada a lo que no estuviera acostumbrado), mientras en mi cabeza disfruto desollándolo vivo con los dichosos anzuelitos del demonio.

Tras la escabrosa anamnesis el diagnóstico del médico fue rotundo y clarificador, la herida está  infectada por un extraño veneno proveniente del arma de Selena, aunque no debo preocuparme, el doctor parece saber lo que hace pese a su falta de tacto, así que le dejo que aplique un ungüento natural para desinfectar la herida, mientras, le lanzo una mirada de agradecimiento a Sarah, se que su prudencia al recoger el arma de la fallen  probablemente me ha salvado la vida.

Cuando el médico termina la cura, me aconseja que mantenga el apósito con la medicina tópica durante un par de días, hasta que la herida desaparezca por completo. Si todo va bien el veneno desaparecerá por completo y no me dejará ninguna secuela grave. Por mi parte más aliviado al saber esto, me enciendo un cigarro para celebrar mi suerte  y templar mis nervios. Con la primera calada siento la nicotina actuar como un sedante sobre mi estado de anímico, disminuyendo el dolor de la herida  y relajando mi sistema muscular hasta que el temblor y la palidez desaparecen.

-Ha hecho un buen trabajo doctor y no tema, si me encuentro mal "no dudaré en no volver…"- afirmo en voz baja con tono sarcástico, pues se que no me escucha porque está entretenido dándole a Sarah un saco con extrañas sustancias.
Al salir de la consulta, la muchacha continúa caminando junto a mí en silencio, mirando al suelo como si fuera la cosa más fascinante del mundo,  al ver que sostiene el saco entre sus manos, decido darle un poco de conversación para intentar que se sienta algo más cómoda y menos avergonzada. Con suavidad me acerco lentamente a ella, agacho mi cabeza para ponerla a su nivel y así mirarla directamente a los ojos con una sonrisa amable.

-Querida, no es adecuado que concentres tu atención en el suelo tanto tiempo, puedes lastimarte el cuello o incluso tropezar y hacerte daño, cosa que no me podría perdonar ya que os debo la vida. Así que, a riesgo de parecer impertinente, me gustaría que mantuvierais vuestro bello rostro en alto,  vuestros ojos son demasiado hermosos como para ocultarlos bajo miradas esquivas.

Espero que con estas palabras Sarah sienta que me preocupo por ella (mentira) y que mi intención al invitarla era la de conocerla un poco, aunque quizá estaba complicándome demasiado la vida con tanta floritura caballeresca, así que continuo con algo más sencillo y formal.

-Por cierto, creo que  he sido bastante descortés, porque no me he presentado oficialmente, me llamo Nathan  y creo que será un placer ser tu compañero.-afirmo de forma educada adelantando la mano enguantada en un intento de estrechar las suyas- Parece que el saco que os ha regalado el buen doctor es bastante voluminoso, así que si lo deseáis yo puedo cargar durante un rato con él ¿o quizás prefereis dejarlo en vuestros aposentos a buen recaudo? no os preocupeis por mi, después podremos seguir con nuestra pequeña reunión más placenteramente. –expongo de forma persuasiva mientras espero interesado su reacción.
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Re: [AVENTURA INICIAL] "Jugando con fuego" [Martillo de Brujas, 5 de Noviembre - 897 d.g]

Mensaje por Dezba Wakanda el Dom Dic 15, 2013 7:22 pm

Durante el tiempo en el cual aquel Inquisidor pronunció su discurso mi expresion permaneció inmutable, una sonrisa cortada recorría mi rostro. Tuve que hacer un esfuerzo para no cambiar mi expresión mientras aquel tipo hacia un acopio de mis "increibles hazañas", llamandome poco mas que asesino y burlandose de mí, como recriminando y a la vez elogiando mis actos.

No podía quejarme, en el momento en el que había traicionado no solo a mi pueblo, si no mi humanidad y todo lo que esto conllevaba supe a lo que me atenía. Fuese como fuera, tenía un inusitado potencial para cometer actos moralmente cuestionables uno tras otro y sin control, y era compensible que los demas se aprovechasen de eso. ¿Y por que yo no iba a hacerlo? Era obvio que no podía controlarlo, así que la mejor manera de convivir con ello sería utilizarlo a mi favor.

El segundo "golpe" vino cuando no me pedía, si no que casi me exigia, espiar a otro Inquisidor contra el que no tenía nada que ver. Esta vez tambien tuve que esforzarme para mantener la sonrisa y asentir con la cabeza, como un puñetero perro faldero. Mientras hacia eso, me esforcé en no pensar lo bien que quedaría la cabeza de aquella reliquia humana en mi salón.

Dado que no sabía hasta donde alcanzaban las habilidades de sus esbirros, era conveniente limitarse a asentir y pensar tan solo en lo que ese viejo me estaba encargando. Os mentiría si os dijera que fue fácil. Reprimir tanto tiempo mis ideas, burbujeantes y apunto de surgir es un proceso complicado. Y dado que mis habilidades no cubrían dicho campo, intenté concentrarme en proyectar en el una falsa sensación de sangre fria y letalidad, intentando que se fundase una buena opinion sobre mi.

-¿Asi que lo que quiere es que recopile información sobre otro Inquisidor sin que este se de cuenta, eh? Depende de la inteligencia del susodicho esta tarea puede ser sencilla o dificil, no obstante, prometo no defraudarle, Sumo Inquisidor.

Cuando aquel hombre se fue, me regalé unos cuantos segundos para poner en orden mis pensamientos e idear una estrategia para entablar contacto con el objetivo, que en el lenguaje del subterfugio queria decir intentar no perder los estribos al hablar con ese tal Nathan.

Me sacudí el polvo y estiré mis entumecidos miembros para poner en marcha la oxidada maquinaria en la que mi cuerpo se había transformado despues del viaje en aquel carro estupida e innecesariamente lujoso.

En el camino a la enfermería tuve tiempo de organizar un pequeño debate interno. Me introduci en "La Jungla Mental", un estado mental que había logrado desarrollar a lo largo de los años para mantener mis pensamientos en orden y meditar por igual, y comencé a pensar en aquel retorcido sacerdote y en sus intenciones.

Que me hubiera tomado como su nuevo ayudante de ese modo tan... "abrupto" no me terminaba de convencer, y su fatal trato a Zeo, mi mentor y amigo de confianza, no contribuyó a que mi opinión mejorase. Además, no debía desviarme de mi objetivo, que era encontrar la Armadura antes de la Inquisición y temía que ocuparme del tal Nathanael no iba a traerme mas que problemas.

Por otra parte, ascender escalafones dentro de la Inquisición podría traerme alguna ventaja. Pero la pregunta que pendía sobre mi cabeza era... ¿Compensarian dichas ventajas todos los problemas que volverme mas popular, si cabía, me causaría a la larga?

Por mucho que me jodiese, no tenía respuesta para tal incognita. Y, de todas formas, no podía negarle ningun deseo al Sumor Inquisidor hasta que nuestros poderes fueran equiparables, asi que por mucho que no encajase en mis esquemas, debía cumplir con la mision que me había sido encomendada.

Así que, al llegar a la intersección donde comenzaba el pasillo que me llevaría a la enfermería comencé a preparar mi actuación. Me trabajé un personaje que fuese un tipo amigable, social sin ser pesado, inteligente sin ser pedante y con cierta chispa pero sin llegar a ser un bufón.

En realidad, dicha actitud tenia unos cuantos agujeros negros que no había rellenado por falta de tiempo, pero serviría, o al menos eso esperaba, para embaucar a mi presa. El plan era simple, trabar una amistad lo suficientemente cercana como para que me considerase alguien de confianza.

Durante el tiempo en el que este proceso durase, intentaría descubrir las verdaderas intenciones de aquel Inquisidor. Me había dado cuenta de lo que pasaba, y al parecer ese tal Nathan y el Sumo Inquisidor estaban echando un pulsito. Solo por ese hecho, Nathan había ganado mi atención momentanea.

Alguien capaz de hacer que un hombre como Munch confiase en un hombre como yo para espiarle merecía la pena ser estudiado. Saque mis propias conclusiones: o bien Nathan sabía muy bien lo que hacía y era condenadamente inteligente o tan solo era lo suficientemente botarate como para provocar a Munch

Estuve a punto de descartar la segunda opción. Munch no se trataba, a simple vista, de un hombre facil de provocar. Aun asi, quizas ese tal Nathan era el hijo de un Inquisidor con el que Munch había tenido roces, su hijo bastardo o incluso un antiguo aprendiz que lo descontentó.

Finalmente, abandoné la Jungla tal como había entrado en ella y me preparé para abordar a ese tal Nathan y despejar todas mis dudas acerca de su naturaleza. Justo entonces, ocurrió algo que casi rompió mis esquemas. Alguien abrió la puerta y salió tras ella. Antes de ver quien se trataba (pues la puerta se abrió hacia mi lado), comencé a andar hacia delante y me dispuse a interpretar el tipico papel del turista desorientado.

Aun así, pensé, si las malas lenguas habían traido las historias del Genocida Tribal hasta Laursia y Nathan las había escuchado, no sería nada facil convencerle. Preparé mi guión mental y me dispuse a soltarselo acompañandolo de unos gestos que, segun pensaba, serían adecuados para la ocasión.

"Buenos dias, señor.-alargamiento de mano, saludo formal-Mi nombre es Dezba, Inquisidor. -pausa para presentaciones- Estoy aquí para presentar un informe al Sumo Inquisidor, pero mientras me concede una audiencia he pensado que estaría bien visitar Martillo de Brujas.-sonrisa amigable.

-Y puesto que quiza llegue a quedarme bastante tiempo aquí por trabajo.. ¿Sería usted tan amable de enserñarme los lugares emblematicos de esta ciudad? Ya sabe, la Prisión, el Parque del Castigo... -ofrecimiento sincero- Si lo desea puedo invitarle a un par de cosas a cambio, en la ciudad. Seria lo menos que podria hacer.para recompensar su amabilidad."-esto ultimo en caso de que acepte.

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Re: [AVENTURA INICIAL] "Jugando con fuego" [Martillo de Brujas, 5 de Noviembre - 897 d.g]

Mensaje por Señor de Terra el Miér Ene 15, 2014 5:13 am

Al escuchar las palabras de Nathan, Sarah comenzó a ponerse roja cual tomate, y con extrema timidez, fue levantando la mirada, despacio, alejándola del suelo, aunque desviándola de los ojos de su acompañante.

-N-no hace falta… yo puedo…-Sonrió tímidamente, aun ligeramente sonrojada y continuó caminando en silencio a su lado, estrechando el saco entre sus brazos como respuesta. Era un hueso duro de roer, no iba a ser fácil sacar conversación de su compañera, parecía todo inocencia y timidez, desde luego si aquello era una actuación era indescifrable, sus reacciones eran perfectas.

En aquel momento, mientras salían de la enfermería, alguien paso por el corredor con mucha prisa. Ambos lo reconocieron, era Nigel, el inquisidor de la reunión de antes, sin embargo no se paró, caminaba con el ceño fruncido y grandes zancadas, se cruzó con ellos sin siquiera percatarse, o quizá los ignorase deliberadamente. Antes de poder reaccionar de ninguna forma ya se había perdido en una esquina, caminando en aquel silencio apresurado sólo roto por las pisadas metálicas sobre el suelo de piedra pulida.

En ese momento llego Dezba. Para sorpresa de Sarah y Nath, un inquisidor amigable, o eso parecía. Básicamente les pidió si podían enseñarle la ciudad. Aquello no era habitual, pero el tipo era extranjero, algo que denotaban tanto sus palabras como su aspecto, quizá por eso no actuase como el resto de los inquisidores, ariscos y traicioneros, de aquella infestada ciudad penitenciaria. Eso o todo era una gran actuación con malignas intenciones, nunca podía saberse en aquel lugar.

-Bueno… id vosotros, c-creo que yo debo irme… Un placer…- Sarah sonrió amigablemente al recién llegado y luego a Nathanael, terminando pro perder su mirada de nuevo en el suelo, y dar un paso alejándose de la zona. Sin embargo, comenzaron a escucharse ruidos, estruendos, golpes metálicos, gritos, finalmente un alarido, un golpe fuerte y silencio.

Sarah se apresuró con expresión preocupada en busca de la fuente de aquel jaleo. Si los otros dos se dejaban llevar por la curiosidad, podrían seguirla, y tras atravesar unos cuantos corredores de piedra, adentrarse en alguna que otra cámara oscura y bajar alguna que otra escalera de caracol, terminaron por hallar la fuente del estruendo.

Era una celda común, los aposentos de algún inquisidor. La puerta estaba entreabierta, pero Sarah parecía dispuesta a adentrarse. Era bastante peculiar verla tan decidida después de lo tímida y modosita que antes se había mostrado. Parecía impulsada por una increíble curiosidad y coraje aunque su rostro preocupado seguía mostrando inocencia y buenas intenciones.

Abrieron la puerta y la estampa que encontraron era bastante auto explicativa, aunque seguramente el inquisidor de Gonduar recién llegado no se enteraría bien de lo que estaba pasando.  Frente a ellos, tirado en el suelo estaba Ryan, uno de los inquisidores de antes. Con los ojos abiertos el rostro en una petrificada mueca de rabia y la piel pálida. Balbuceaba mientras la sangre emergía de su garganta. Uno de sus brazos había sido amputado, y parecía gravemente herido por todas partes. Sobre él, de pie, pisando su cara con desprecio estaba Nigel, sin duda esperando a que su adversario terminase de morir. Nigel también se mostraba herido, con visibles magulladuras y manchas de sangre, jadeando de cansancio, pero parecía haber sido el vencedor. Sus manos estaban manchadas de sangre y de su antebrazo salía una gruesa hoja de espada que con un chasquido se replegó quedando oculta. El brazo de Ryan estaba tirado unos metros más lejos, la habitación toda revuelta y manchada de rojo, aquello parecía un matadero.

Nigel levantó la mirada cuando Ryan dejó de respirar y quedó inerte, tan muerto como las piedras que componían el suelo de la estancia. Agitado, Nigel levantó la mirada, entre sorprendido, confuso y agotado.

-¿Qué hacéis aquí?- Estaba alterado, pero al ver quienes eran se relajó y dejándose llevar pro el ego y sonrió, satisfecho con sus acciones. –Ya somos cuatro… - Pero entonces su mirada se toparía con Dezba, quendandose blanco y paralizado en el acto.

-Mierda… ¿Y este quien es? Mierda, Mierda…- Su rostro expresaba preocupación y se mordía el labio pensando que hacer mientras se llevaba las manso al pelo con frustración.

Sarah había quedado espantada con la sangrienta escena, llevándose las manos a la boca par ano gritar, no parecía sr capaz de reaccionar ante aquello. Entonces antes de que pudiesen hacer nada decisivo, Nigel se aproximó decido a la puerta, los empujó a los tres dentro de malas formas y cerró la puerta con fuerza. Inmediatamente se lanzó sobre Dezba, deteniéndole con una llave que mantenía los brazos atados a la espalda.  –¿Y ahora que hacemos? Nadie puede saber lo que ha pasado aquí…- Estaba claro que los tres se meterían en un grave problema si Dezba se iba de la lengua. La opción más obvia era eliminarlo, pero tanto asesinato sin explicación podía ser incluso más sospechoso.

Por otro lado había que deshacerse del cadáver. El equipo ya había quedado cerrado, eran cuatro así que no había razón para esperarse traiciones ni tratar de dejar en evidencia a los demás.

Por su lado, Dezba no entendía del todo la situación pues le faltaba información, pero todo lo que estaba presenciando eran sin duda jugosos secretos que podría llevar a su superior. Sólo quedaba el problema de salir de aquel cuarto con vida, pues frente a los otros tres estaba en clara desventaja.

El gran martillo de guerra de Ryan estaba contra la pared, tirado y algo sucio de sangre. Ahora sin dueño.


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Re: [AVENTURA INICIAL] "Jugando con fuego" [Martillo de Brujas, 5 de Noviembre - 897 d.g]

Mensaje por Dezba Wakanda el Lun Ene 20, 2014 10:42 pm

"Aquella situación era delirante. De hecho, ver el brazo de aquel muchacho en el centro de la estancia, llenando mi visión de sangre, me recordó vivencias pasadas. Cuando el asesino reaccionó y, al verme, comenzó a cagarse encima no pude hacer otra cosa que reirme interiormente.

Era extraño como habían cambiado las tornas. Mi plan inicial era invitar a ese tal Nathan a unas copas por Martillo de Brujas, mientras intentaba descifrar algo extraño en su lenguaje corporal, cualquier fisura, cualquier palabra, cualquier titubeo del que tirar y seguir adelante.

Pero aquel inquisidor imbecil me había facilitado las cosas sobre manera. Todo lo que mis retinas habían captado era una información valiosa, una veta de oro. Tan solo tenía que ir a Munch y decirle lo que sabía para que al menos aquel asesino acabase colgado. Aun así, tambien podía chantajearlos con hacer eso último si no me explicaban que demonios pasaba.

O incluso ganarme su confianza y así poder llegar mas afondo hasta que pudiera tirar del hilo, o incluso encontrar una alternativa mas suculenta que ser el perro de Munch (cosa que, por otro lado, no era muy dificil).

No obstante, en el momento en el que aquel bastardo me agarró, aprovechando mi distracción, y me inmovilizó, tuve que dejar esos pensamientos en segundo plano. Era la hora de usar mi habilidad, y no era muy dificil. Segun mis predicciones, aquella mujer, que estaba en shock, estaría de mi parte, o al menos en contra del tipo de que me tenía inmovilizado.

En cuanto a Nathan... no sabía lo que podía pasar. Todavía no sabía gran cosa sobre él, aunque quizá esta situación sirviera para "conocerle" mejor, tanto sus fortalezas como sus debilidades. Pero todavía quedaba el tercer factor en discordia; aquel asesino. Ese hombre podía haber entrado perfectamente en un brote psicótico, y si era así, tanto mis posibilidades de morir como las de manipularle aumentaban.

Aun así, debía darme prisa. No tenía que olvidar que aquello se trataba de un asesinato, y que teniamos un cadaver entre manos y mucha sangre que limpiar. Quizá agobiarles y apremiarles a ocultar el cadaver y no dejar pistas sería mi mejor baza. Así que eso hice, ayudado por mis habilidades de psicologia (Maestro de la Naturaleza Humana).

-Escuchame, amigo. No se quien demonios eres ni porque has matado a ese tipo. Pero la cuestión es que valoro mi vida por encima de otras muchas cosas, y en este momento, aunque no me guste reconocerlo, estoy en clara desventaja. Podrías matarme, sí, pero por muy hijo de perra que sea tengo contactos en muchos sitios, algunos de ellos inquisidores, Inquisidores que tarde o temprano me echaran de menos.

Y entonces a alguién le dará por tirar del hilo, y no se la clase de mierda con la que se encontrará. Pero, eh, no te pongas nervioso. Ni tu ni yo, y me imagino que tampoco tus compañeros, queremos eso. Todavía tienes otra opción. Es obvio que me habeis metido hasta el fondo en este lodazal tan "peculiar", y chivarme de lo que aquí ha sucedido, supongo que sería tirarme piedras a mi mismo.

Así que te diré lo que vamos a hacer. Yo guardaré silencio a cambio de conservar la vida, y tu, si quieres seguir mi humilde consejo, esconderás ese cadaver y eliminaras toda prueba que pueda inculparos. Incluso, si estas dispuesto a soltarme, yo podría ayudar.


Esperaba que mis habilidades dieran resultado, cosa bastante probable. Si no fuera asi, supongo que debería morir con dignidad."
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Re: [AVENTURA INICIAL] "Jugando con fuego" [Martillo de Brujas, 5 de Noviembre - 897 d.g]

Mensaje por Señor de Terra el Lun Mar 10, 2014 12:55 am

Un silencio incomodo pobló aquella celda cuando Dezba habló, por los rostros pensativos y preocupados, podía ver que estaban dándole vueltas al asunto, a sus palabras, sopesando alternativas.

Finalmente Nigel, quien aun mantenía atrapado a Dezba, rompió el silencio tomando la iniciativa. -Vamos a hace runa cosa, vosotros limpiar este estropicio y yo me ocupo de él.- Sarah asintió, y Nigel terminó sus palabras empujando a Dezba fuera de la sala, mientras su agarre le apretaba los brazos a la espalda de forma dolorosa.

-Como intentes algo te parto los brazos, tu verás… Puedes acompañarme por las buenas o por las malas.- De forma rápida y forzada, caminaron por el desierto corredor, de haberse encontrado con alguien podría haberse dado una situación interesante, pero no ocurrió. Caminando a empujones, llegaron a una habitación pequeña y oscura, una especie de alcoba de servicio. Nigel cerró la puerta tras de sí y empujó a Dezba contra la pared de enfrente tirándolo al suelo. Era evidente que lo superaba en fuerza física, pero por suerte aquel tipo no conocía sus “dones” una ventaja que debía aprovechar.

-¿Crees que soy idiota? No has seguido a esos dos por casualidad… ¿Quien eres? ¿Para quién trabajas? Habla…- Le estaba interrogando, Nigel dio un fuerte pisotón al tobillo de Dezba aprovechando que seguía en el suelo, con un dolor punzante que lo mantenía en esa posición.

-Dime lo que necesito saber y puede que salgas de aquí de una pieza.
Si me lo pones difícil en cambio… -
Su puño salió disparado cual bala de cañón hacia el rostro de Dezba, propinándole un potente puñetazo en plena cara.

La situación pintaba mal, aquel tipo era un animal, todos los inquisidores eran expertos en sacar información, pero pocos lo hacían de una forma tan bruta y ordinaria. En este caso su adversario contaba con la ventaja de los puños, pero él poseía él contaba con el don de la información. Podría usar su poder con aquel energúmeno, o jugar con el con la mera astucia, y quizá de paso descubrir algo interesante sobre lo que el había encomendado Munch. Al fin y al cabo, aquel tipo parecía estar relacionado de alguna forma con lo que Nathanael tramaba, fuese lo que fuese.
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Re: [AVENTURA INICIAL] "Jugando con fuego" [Martillo de Brujas, 5 de Noviembre - 897 d.g]

Mensaje por Dezba Wakanda el Sáb Mar 15, 2014 11:54 pm

Mi intento de apaciguar los animos no resultó tan efectivo como en un principio pensara, pero al menos había conseguido librarme de Nathan y de su amiga. Ahora, a solas con el asesino, desmoralizarle, al verse indefenso, sería mas fácil.

Eso pensé hasta que me percaté de que aquel impulsivo joven me había encerrado para interrogarme. No pude hacer otra cosa que sonreir. Era la primera vez que era interrogado y sentía cierto tipo de nerviosismo. No, no era nerviosismo... ¿quizá miedo?

Imposible. Era otra cosa. Sí, expectación. Si iba a ser interrogado, que menos que por un profesional. Mis sospechas fueron confirmadas despues de ser empujado, pisado y golpeado. Aquel tipo creía saber algo, y a falta de inteligencia o carisma, intentaba sacarme las palabras a base de fuerza bruta. Cuando aquel animal golpeó mi rostro la ira comenzó a emerger.

Hice el mejor de mis esfuerzos en reprimirla y esbozé una picara sonrisa. Antes siquiera de darle tiempo a volver a golpearme, empecé a hablar, mirandole a los ojos. Desafiandole. Aquel tipo era como los perros, así que procuré no apartar la mirada. Si el me golpeaba o me interrumpia, eso sería señal de inseguridad. Y tanto él como yo sabiamos que eso no podía permitirse en un interrogatorio.

-Esto es una estupidez, asi no vamos a llegar a nada. Cualquier persona con un minimo de intelecto se habría molestado en analizar mi trayectoria.

A partir de ahí decidí empezar a jugar con distintos tonos de voz y actitudes, al menos esperando confundirle.

-Soy Dezba Wakanda, uno de los mas fieles servidores de Dios, el hombre que aniquilo a las personas que le criaron para demostrar su fe a la Eclesia. Fui bautizado con sangre, y controlé ferreamente la delincuencia en Ojo de Dioses durante 2 años.-dije, levantando la cabeza en señal de orgullo y manteniendo, todavia, mis ojos puestos en los suyos, aunque esta vez con menos fiereza.

Continue así con las siguientes, frases, inalterable.

-No soy el tipo de persona a la que le arrancas sus secretos facilmente, pero tampoco soy el tipo de persona que le lame el culo a ningun superior. Pero, por mucho que me pese, es muy posible que no me creas. Así que tenemos dos opciones.


Me lami los labios para humedecerlos y no tener que pararme a mitad del alegato. Esta vez tenía que interpretar el papel de un detective de homicidios. Pero no de cualquier detective de homicidios, sino del mejor. Pero, como ningun detective de homicidios solía ser interrogado por un asesino en estado de shock, decidi, por el bien de mi integridad fisica, modificar un poco ese rol.

Así que, simplemente, adopté un tono analítico (con tintes de pesimismo), valorando las alternativas que aquel pobre diablo tenía. Ciertamente, hacer aquello no me costo un excesivo esfuerzo, pues tuve que modificar poco o nada la realidad.

-No me crees, y decides torturarme. Esta opción tiene varios finales. En el primero, o bien tus compañeros te traicionan o bien me acabaran encontrando, vivo o muerto. Confiese o no, alguien tirara del hilo y, si la justicia divina existe, serás apresado y juzgado.

-¿Había dicho que esta opción tenía varios finales, verdad? Borra eso de tu mente. Ese es el único final lógico para todo esto. A menos que haya alguien detras de todo esto.
-Esboze una media sonrisa, sin dejar de mirarle, esperando su reacción. Por lo que Munch había dejado entrever entre lineas, quien fuera el hombre para el que trabajasen aquellos tres desgraciados era un tipo poderoso. Tan poderoso como para permitirse el lujo de matar Inquisidores a diestro y siniestro. ¿Un ajuste de cuentas, quizas? Eso no importoba. Lo primordial era salir de alli con vida, y esperaba que al menos mi afirmacion lo descolocara.

--Alguien lo suficiente poderoso para mantener este pecaminoso incidente en el baul de los recuerdos. Y si ese alguien es tan poderoso como para borrar todo este asunto de un plumazo entonces si que deberas empezar a preocuparte. En ese caso, siento decirte que yo ya no estaré ahí para decirte lo que debas hacer, y tendras que ingeniartelas tu solo.-Terminé de esbozar la sonrisa.

Despues relaje mi tono, esperando causar una impresión de frialdad y sosiego en mi interlocutor-


-Pero ninguno de los dos queremos eso. Pero aun tienes otra opción, que es creerme y dejarme marchar. Obviamente, eso no va a ser tan fácil. No trabajo para nadie, pero si lo hiciera, tampoco te lo contaría. Asi que para poder creerte mi versión tendrás que confiar en mí. Te diré que hago aquí.
-alcé mi brazo para mirar detenidamente a mi reloj por unos segundos- Pues bien, si mi reloj no me falla, en unos pocos minutos he de estar ante el Sumo Inquisidor para presentarle un informe acerca de una de mis operaciones en Ojo de Dioses.

-Así que seamos directos, tu única alternativa viable es sacarme de aquí vivo, y a poder ser, contento. Por lo que he deducido y si fuera una mala persona y un estupido, tendría material para escribir un libro sobre ti y tus crimenes. No obstante, nadie es perfecto, y no quiero acabar como tu amigo. Así que sacame de aquí, y dejame ir a presentar mis respetos hacia nuestros lideres antes de que se me noten los moratones.

-¿Y como puedes saber que no contaré lo que he visto aquí, te preguntarás? No soy el tipo de persona que se juega el cuello por estupidas intrigas palaciegas. Pero como mi palabra no te basta, pasemos a los hechos. Siento decirte que tu pregunta no tiene respuesta. Pero cuanto mas tiempo me mantengas aquí, mas posibilidades hay de que esta sea negativa, a la vez de que se reduzcan las posibilidades de que pueda cubrirte en caso de sospecha.


Finalicé describiendo una mueca burlesca con mis labios, quiza arriesgandome a ser golpeado. No obstante, era norgon, y esperaba que mi dura piel heredada de quienes quiera que me engendrasen me protegiera o al menos amortiguara los golpes.

-Voto por dejar esto como un estúpido episodio de ira por tu parte y empezar de cero. Y ahora, si me permites, me despido. Ha sido una agradable aunque accidentada velada, esperemos que en la siguiente no haya cadaveres.

Ese era, a grandes rasgos, mi discurso, preparado para ser moldeado segun la recepción que tuviera este en mi particular receptor. Si en algun caso este no llegara a terminar, intentaría soportar la tortura sin decir nada acerca de Munch y reducir el mensaje a las partes esenciales, tales como "No sé nada y aunque lo supiera no te lo diria" "Debo ir a hablar con los Sumos Inquisidores" "Tus alternativas son muy reducidas" y otras.
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Re: [AVENTURA INICIAL] "Jugando con fuego" [Martillo de Brujas, 5 de Noviembre - 897 d.g]

Mensaje por Señor de Terra el Lun Abr 14, 2014 2:02 am

Serphil Nolte. Un alma en pena vagando por Ojo de Dioses bajo el peso de sus propios pecados. Pero poco sabía el infeliz que su vida estaba a punto de dar un giro inesperado.

Hacia varios días que un par de tipos lo andaban siguiendo, se habría dado cuenta fácilmente pero resultaba imposible librarse de ellos. Aquella noche, por fin, ocurrió lo esperado, notó como se acercaban. Era lógico suponer que sus intenciones no eran buenas, sin embargo nada le preparó para lo que iba a escuchar.

La boca de un rifle fuertemente presionando contra su nuca. –Sabemos quién eres.- Y tanto si intentaba girarse como si no, un fuerte golpe nubló su visión. ¿Era ese el final? Quizá… Mientras tanto su conciencia escapaba hasta desaparecer.

-------------------------------------------

A miles de kilómetros de distancia y horas más tarde, Dezba intentaba abrirse camino en una peliaguda situación meramente con su oratoria. El impetuoso inquisidor que le interrogaba, había parado momentáneamente de golpearle, cruzándose de brazos en silencio para escuchar lo que tuviera que decir. Su expresión sin embargo era severa, irritada incluso, con el ceño cada vez más fruncido como si las palabras Wakanda le estuviesen provocando un genuino dolor de cabeza.

Finalmente, y coincidiendo con el final de aquel monólogo, estalló. De una patada rabiosa lo lanzó contra la pared a su espalda provocándole un fuerte golpe en la coronilla, aunque nada grave. Si Dezba se llevaba una mano a la zona herida, podría notar la cálida y roja sangre manchando sus dedos.

-¡Me importa una mierda! ¡Me importan una mierda tu historia y tus deducciones! YO soy la justicia divina, no eres el primer inquisidor con el que termino hoy, así que déjate de jueguecitos.- Lo agarró del cuello con violencia.

-Se que me ocultas algo. Lo se. Deja de negarlo. ¿Para quién trabajas?- Entonces pareció iluminarse algo en su expresión, como si hubiese recordado algo. –Antes has dicho que tenías que ir a reunirte con el Sumo Inquisidor… ¿Cuál de ellos?- Se hizo el silencio, mientras el interrogador esperaba una respuesta, aunque esta vez iba a ser complicado negar lo evidente.


-------------------------------------------


Serphil Nolte, despertó bajo un techo que no conocía, una pequeña bóveda de nervaduras de piedra. Si trataba de incorporarse, vería que se encontraba en una humilde habitación, de piedra pulida, la cama inmaculada sobre la que se había despertado un escritorio de madera negra y la puerta, de la misma madera, y vigilada por una mujer, una mujer que lo miraba con atención, sonriendo. Por sus ropas era fácil deducir que pertenecía a la Eclesia. Miembro de la inquisición tal vez.

-Al fin despiertas. Tenemos mucho de que hablar… - La luz blanca de un día nublado entraba por una pequeña ventana enrejada. No sabía dónde estaba ni cuanto tiempo había estado inconsciente, pero algo le decía que aquella mujer extraña despejaría sus dudas.  

-Mi nombre es Talia Ashlyn, y te responderé a todas tus preguntas. Vamos, sígueme, hablaremos de camino al comedor. Estarás hambriento.- Su voz era amable pero cargada de seguridad y convicción. No parecía la clase de persona a la que uno pudiera negarse.

-Primero de todo, no te preocupes. Nadie va a hacerte daño, así que no hay necesidad de ponerse a la defensiva ni desconfiar. Entiendo que el método por el que te han traído ha sido algo… “brusco” Pero no podía ser de otra forma. Debíamos asegurarnos de que no supones ninguna amenaza. O al menos, no una que escape a nuestro control…- Con aquello dio a entender que no intentase nada violento, pues no serviría de nada. Quizá fuesen sólo palabras, pero ante la duda era mejor ser precavido.

Mientras caminaban por los corredores de piedra de aquel enorme edificio, Talia le explico que la inquisición le había estado rastreando desde que le perdieron la pista, que ahora se encontraban en Martillo de Brujas, y que había algo que necesitaban de él. No era difícil imaginar de que se trataba, la Eclesia había invertido mucho en sus investigaciones y como era lógico querían el fruto de las mismas.

Iban caminando a paso ligero cuando al pasar frente a una puerta se escucharon gritos desde el interior. Talia se paró, extrañada y dio un paso hacia la puerta. Unos segundos de silencio acontecieron en los que la inquisidora esperó, como si algo fuese a suceder, y entonces con un súbito sobresalto, abrió la puerta de par en par, arrancando la cerradura de cuajo.

-¡Qué ocurre aquí?-

La luz natural invadió la pequeña estancia, revelando a Nigel y Wakanda. El interrogador y el interrogado. Una situación de los más incómoda con un silencio sepulcral por parte de todos los participantes. Aquella mujer quería una explicación, y la quería rápido.


Talia Ashlyn
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Re: [AVENTURA INICIAL] "Jugando con fuego" [Martillo de Brujas, 5 de Noviembre - 897 d.g]

Mensaje por Dezba Wakanda el Mar Abr 15, 2014 4:11 pm

Noté como mi discurso apenas hacía mella en el. Mi torturador no atendía a razones. Fue entonces cuando su violenta patada hizo que cada fibra de mi cuerpo se agitase hasta el seco choque contra la pared. Un golpe sordo, y un dolor penetrante sacudieron mi cabeza. Ese hijo de perra había cruzado la linea. La furia me embargó. ¿Como osaba golpearme a mí, Wakanda Dezba, su superior? Estaba claro que no le importaban las consecuencias de sus actos.

O era un maldito psicopata o alguien mas importante que Nathanael y su amiguita estaba metido en el ajo. Alguien tan importante que pudiera cubrir las huellas tan cantosas que mi extorsionador había dejado. No obstante, aquello solo era una teoría. Pero debería bastarle a Munch, por el momento.
No obstante, en aquel momento estaba enfadado, muy enfadado. Estaba dispuesto a hacer que aquel tipo volviese al estado mental de 3 años (cosa no demasiado dificil) o que comenzara a pensar como una gallina cuando dos individuos irrumpieron por la puerta.

Genial, mis salvadores, pensé. Uno de ellos, el que mas me llamó la atención, era una hembra provista de una armadura y de cabellos rojizos. El otro no era menos peculiar. Un hombre de cabellos cenicientos vestido con un traje bastante hortera, como si fuese una rata de laboratorio. Supusé que sería el guardaespaldas de la pelirroja.

Fueran quienes fueran, poca importancia tenía. La mirada de la pelirroja nos repasó de arriba a abajo, para despues pedir explicaciones de lo que estaba sucediendo. Era mi oportunidad de salir de allí. Lamentablemente, no podría sustraer la información y si aquello se hacia muy notorio, Munch se enfadaría. Pero que le dieran por el culo a Munch, no habia otra alternativa. Mi unica opción viable de salir al paso y obtener información era delatar a mi torturador y hacer, por otro lado, que el mismo se delatara con mis poderes.

Sí, podría funcionar.

Miré a aquella mujer a los ojos, entrecerrando mis ojos fruto de la repentina aparición de la luz del día, que alumbraba ahora aquella oscura sala.

-Es gracioso, lo mismo me pregunté yo cuando ví a este individuo asesinar a sangre fria a un inquisidor. Pero eso no es todo, pues despues me secuestró y se dispusó a torturarme mientras sus complices escondían el cadaver. -hice una pausa, que aproveche para usar mis poderes en aquel pobre diablo*-Por cierto, Wakanda Dezba, inquisidor de segundo grado. Encantado de conocerla.

*En ese espacio de tiempo entre mis dos dialogos me ocupé de introducirme en la mente de aquel individuo y ofrecerle una ilusión acústica de lo mas peculiar.

Ese infeliz podría oir voces angelicales suplicandole que se entregase, en nombre de la justicia divina. Despues irían los latidos y gritos de horror de su amigo asesinado. Finalmente, la tortura acustica terminaría con un grito tan turbio como desolador, que no cesaría e iría aumentando los decibelios hasta que aquel tipo confesara sus crimenes o se delatase a si mismo complementando mi acusación con su nerviosismo.

FDI:
Velocidad 0 = 1(?) acción
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Re: [AVENTURA INICIAL] "Jugando con fuego" [Martillo de Brujas, 5 de Noviembre - 897 d.g]

Mensaje por Maximilian Stenkerk el Sáb Mayo 03, 2014 12:24 am



WAKANDA DEZBA


La inquisidora que acababa de entrar en la habitación parecía estar entre divertida y sorprendida ante las palabras de Dezba. – ¿Asesinato? ¿Qué asesinato? Aquí no hay ningún inquisidor muerto, ni rastro de ningún cadáver. Lo único que hay son los restos de vuestra pelea. – Su tono de voz se volvió mucho más severo al dirigirse a Nigel. – ¿Y tú qué tienes que decir ante todo esto?

Nigel de repente se arrodilló y bajo la cabeza ante la mujer. –Inquisidora de Primera Clase Ashlyn… Yo… Verá… Puedo…. – Nigel parecía confuso y mareado, empezaba a sudar por los nervios y le temblaba la voz. Era una persona totalmente diferente a la que hace unos momentos estaba propinando una paliza a Dezba, el lobo feroz que estaba sometiendo al Wakanda ahora se había vuelto un corderito sumiso. Aunque no se podía saber si se debía al éxito de la técnica o si estaba aterrado por la presencia de la Inquisidora de Primera Clase.

– ¿Y bien? Estoy esperando una respuesta. – Se impacientó la inquisidora Ashlyn.

– Verá… Tuve… Tuve que hacerlo… No tenía otra opción… Hice lo que… Lo que tenía que hacer. Era su voluntad, Él lo quería así… Su Exce….

– ¿Todo esto forma parte de una misión de Su Excelencia, Nigel? – Dijo sorprendida la inquisidora Ashlyn. Nigel asintió con la cabeza. La Inquisidora de Primera Clase se llevó una mano a la cabeza. Parecía evidente que se conocían, y que Ashlyn sabía de quién hablaba Nigel. – Y me imagino que éste vio todo, ¿no? – Continuó la inquisidora negando con la cabeza. – Me has decepcionado, Nigel, y a su Excelencia también, esto ha sido una verdadera chapuza, y encima dejas testigos… ¿Quién fue el desafortunado?

– Ryan Stonehard, Inquisidor de…

– Sé quién es. – Le interrumpió la inquisidora Ashlyn. – No se le echará de menos. Y en cuanto a ti, Inquisidor de Segunda Clase Wakanda Dezba, ¿qué vamos a hacer? – Dijo dirigiéndose a Dezba.

– Inquisidora de Primera Clase, verá… – Continuó Nigel con mayor tranquilidad. – Es un espía, estoy convencido. Antes de que nos interrum… Antes de que usted entrase en la sala, cuando le estaba interrogando dijo que trabajaba para un Sumo Inquisidor… Si… Si me permitiese seguir estoy seguro de que le sacaría el nombre.

– Es suficiente, Nigel. Ya me encargaré yo del Inquisidor de Segunda Clase Dezba. Tú escolta a este joven ante Su Excelencia y luego asegúrate que la escena del crimen esté limpia y el cuerpo desaparecido. – Dijo señalando a Serphil Note. – Lamento que hayas tenido que ver esta escena. Ahora haz el favor y acompaña al Inquisidor de Tercera Clase Nigel Zumthor, ya almorzaremos en otra ocasión.

Acto seguido y con la cabeza gacha, Nigel abandonó la habitación llevándose a Serphil Note con él, quedando así solo Dezba y Ashlyn en el cuarto.

– Por fin a solas, Inquisidor de Segunda Clase Wakanda Dezba. Yo soy Talia Ashlyn, encantada de conocerte también. Por cierto, ¿puedo llamarte Wakanda? ¿O Dezba? ¿Cómo lo prefieres? – Le dijo a Dezba mientras le sonreía. – ¿No eres de aquí verdad? Es la primera vez que te veo en Martillo de Brujas y por tu atuendo no pareces de estas tierras… – Continuó mientras se acercaba lentamente. – Verás, nos encontramos ante un pequeño problema. Me temo que has visto una situación un tanto delicada, y mi amigo Nigel sostiene que eres un espía y que trabajas para un Sumo Inquisidor… ¿Es eso verdad? Espero que no me mientas, porque será peor. – Talia desenfundó su pesado martillo de guerra y colocándose en posición ofensiva dispuesta a atacar a Dezba. – Así que dime para quién trabajas y que es lo que quiere, ¿de acuerdo? – Ahora dependía de Dezba qué hacer o contar a la Inquisidora de Primera Clase Talia, pero ya no estaba ante un simple Inquisidor de Tercera Clase como Nigel.



DARAK-HAN


Darak-Han se encontraba esperando en una pequeña antesala abovedada cuyas paredes estaban alicatadas en piedra oscura e iluminada tenuemente por la luz de unas antorchas sostenidas sobre la pared. El mobiliario era escaso, se limitaba a unos bancos vacíos de madera incómodos junto a los muros, y para colmo Darak-Han ya llevaba dos horas aguardando sobre en uno de ellos. Estaba allí esperando la entrevista con el Secretario Personal del sumo inquisidor Mikhail Karnikov, que le había convocado la noche anterior, nada más llegar a Martillo de Brujas, por una misiva recibida en su recién asignada celda como dormitorio en el Tribunal Superior.

Tribunal Superior:

(Instantánea del Tribunal Superior)

El viaje a la ciudad había sido largo y pesado, había estado casi un día entero viajando en una incómoda diligencia desde Ciudad Catedral, su anterior destino. Allí es donde se había criado y unido a la Orden del Santo Tribunal, donde había vivido toda su vida, pero ahora en un destino nuevo por un capricho de la Fortuna. A fin de cuentas el tener que trasladarse a Martillo de Brujas no era algo casual. Como inquisidor en Ciudad Catedral, Darak-Han fue brutalmente eficaz a la hora de perseguir paganos y apostatas y llevarlos ante la justicia divina, pero sus métodos no eran del agrado de todos, y se granjeó poderosos enemigos. Y uno de estos movió los hilos para que echasen a Darak-Han de Ciudad Catedral y lo destinasen a Martillo de Brujas.

Y allí se encontraba él, esperando a que le recibiese el secretario Lord Fernindan Adrastos. Por fin, tras una larga espera la puerta del despacho se abrió y un sirviente le convocó.

–Inquisidor de Segunda Clase Darak-Han, podéis pasar, su Excelencia Lord Fernindan Adrastos, Inquisidor de Primera Clase, os está esperando.

Cuando Darak-Han entrase en la sala se encontraría un gran contraste con la sala anterior. El despacho de Lord Fernindan Adrastos era una gran habitación, mucho mayor que la sala de espera, cuyas paredes eran de piedra pulida recubiertos de retratos y de paisajes. En una de las paredes había una gran chimenea de granito con gárgolas talladas en ella que iluminaba toda la habitación, y en el fondo de la misma se encontraba un escritorio de madera de ébano perfectamente tallado, y tras este, sentado en una gran silla también de madera de ébano estaba esperando una figura altiva y bien vestida. Sus eran rasgos afilados y arrogantes, lo llevaba pelo corto y peinado hacia atrás y lucía con orgullo una barba bien cuidada que le cubría el rostro. En cuanto vio a Darak-Han arqueó las cejas y arrugó el rostro en señal de repulsa aunque rápidamente lo disimuló. Parecía obvio que había detectado la naturaleza Broken de Darak al ver la parte de su cara que no estaba recubierta por la máscara,  su ojo rojo y la piel gris a su alrededor.

Lord Fernindan Adrastos:


– Ah, vos debéis de ser el Inquisidor de Segunda Clase Darak-Han, por favor, tomad asiento. – Dijo con tono aburrido y áspero pero extremadamente formal, señalando la silla en frente del escritorio. – Sed bienvenido a Martillo de Brujas. Según tengo entendido habéis tenido ciertos “incidentes” en Ciudad Catedral, ¿verdad? Una lástima… Sin embargo habéis sido muy afortunado, gracias a la mediación de monseñor Karnikov habías podido tener una salida honrosa de la capital. Su excelencia el Sumo Inquisidor ha mostrado cierta curiosidad por vuestras dotes como interrogador y vuestra “convicción” a la hora de perseguir herejes y traidores. Por eso estáis aquí, Inquisidor de Segunda Clase Darak-Han, para ver si cumplís las expectativas que monseñor Karnikov ha puesto en vos. – Lord Adrastos empezó a toser, por lo que cogió la copa de vino que había sobre el escritorio y sorbió un buen trago. – Bien, continuemos. También soy consciente de sus problemas de “integración” y las “dificultades” que han atravesado quienes le han intentado acompañar en su séquito. Por ello, se le ha asignado al Séquito de la Gran Inquisidora Talia Ashlyn. Ella sabrá solventar esas deficiencias y sacarle el mejor provecho. Precisamente le está esperando en la sala de reuniones de su despacho para conocerle y asignarle una misión. ¿Tiene alguna duda, Inquisidor de Segunda Clase Darak-Han?



ILYA SOKOLOF


Tres años han pasado ya desde los oscuros y trágicos acontecimientos que marcaron las vidas de Ilya y Tanya Sokolof para siempre. Desde que la tribu de Ilya fue masacrada por una tribu rival y éste se vengó matándoles, se vieron obligados a abandonar Norskland perseguidos por las autoridades locales. Desde entonces, Ilya y su hermana pequeña han vagado sin rumbo fijo de pueblo en pueblo por el Bosque Negro vendiendo sus servicios como mercenario para poder vivir y dar algo de comer a su hermana.

Sin embargo, los últimos meses han sido especialmente duros pues el negocio de mercenario no ha ido muy bien, e Ilya se ha visto obligado a abandonar el Bosque Negro para buscar trabajo en la ciudad más cercana, Martillo de Brujas, aunque no podría ser mucho tiempo, pues las noticias de sus crímenes llegarían pronto del norte y empezarían a buscarlo también en la ciudad. Pese a todo, Ilya decidió hospedarse en un motel de mala muerte situado en los suburbios de la Ciudad Media. El local no era gran cosa, y desde luego que no era el mejor sitio para criar a una niña pequeña, pero al menos era barato, discreto, y aparentemente seguro, permitiendo a la pareja pasar desapercibidos.

Escenarios de Martillo de Brujas:

(Ciudad Media: Suburbios)

(Bar del motel donde se aloja Ilya)


Como todas las tardes, Ilya las pasaba en el bar del motel tomando algo mientras buscaba a algún posible cliente que necesitase de sus servicios. El local no era gran cosa, estaba muy mal cuidado. Las paredes estaban descoloridas, el suelo lleno de basura, los muebles muy deteriorados y un olor a comida podrida mezclado con orina inundaba el local. El ambiente era el de siempre, bastante ruidoso, con los clientes de siempre dando voces, pidiendo a gritos sus bebidas o peleándose entre ellos cuando alguien hacía trampa a las cartas, y como se había hecho costumbre, no aparecía ningún cliente potencial.

– ¡Hola, hola! – Dijo una vocecilla aguda y nasal a la su derecha. – Hace un día horrible, ¿verdad? Estoy empapado hasta los huesos… ¡Jijiji! ¡Camarero! ¡Marchando lo de siempre, y lo mismo para mi amigo del bigote! ¡Jijiji!

Si Ilya mirara a su derecha vería una pequeña figura sonriente de grandes orejas y ojos desorbitantes sentada sobre un taburete. Sin duda alguna se trataba de un Munchkin.

– ¡Qué maleducado por mi parte! Soy Plurgg, un placer. – Dijo el Munchkin extendiendo su mano para estrechársela con Ilya. – ¿Y tú quién eres? ¡Jijiji!

Plurgg:


Al poco rato llegó el camarero con dos jarras enormes de una bebida anaranjada burbujeante que parecía cerveza pero ni olía ni sabía a cerveza y dos cuencos repletos de insectos. Plurgg cogió un gran escarabajo mientras éste se retorcía e intentaba escapar y se lo metió en la boca entero. Mientras lo masticaba se oía el crujir de la cascara del escarabajo al ser era masticado.

– ¡Delicioso! No están tan buenos como los que uno puede encontrar en el Teseracto, pero aun así merecen la pena. Este es uno de los pocos lugares de Martillo de Brujas donde te sirven un buen plato de insectos.– Plurgg esta vez cogió un montón de insectos y se los metió de un bocado en su mandíbula. – ¡”Pruefa, pruefa”! ¡”Eftahn bueniffimoffs”! ¡”jififiji”! – Dijo con la boca llena mientras salían volando trocitos de insecto y patas aun moviéndose desde sus fauces. – Bueno, ¿y que le trae a un forastero de alegre mostacho como tú a esta amargada ciudad? ¡Jijiji! – Después Plurgg se tomó toda la jarra de un trago eructando de tal forma que llamó la atención de todos los presentes. – ¡Ops, perdón, jijiji! ¡Camarero, otra ronda! – En cuanto se la trajo cogió su jarra y la de Ilya y la de dos platos de insectos con asombrosa habilidad para su tamaño y longitud de sus extremidades y se puso de pies. – Vamos, vamos. Estaremos mejor en la mesa del rincón, hay más intimidad, y tenemos que hablar de negocios, ¡sí! ¡Jijijiji! – Y con paso alegre se fue hasta el rincón haciendo señas a Ilya para que le siguiese. Parecía evidente que había reconocido a Ilya como mercenario, no había otra explicación.

FDI:

Hola a todos, a partir de ahora voy a masterizar yo esta aventura, espero que disfrutéis con ella. Los turnos de posteo serán cada 15 días, por lo que intentaré responder cada 15 días. Sin embargo se puede dar la situación de que tardase más en contestar por causas sobrevenidas. Por ello, para compensar si habéis contestado todos antes de ese plazo intentaré yo también postear antes, aunque esto no supone una regla, sino un principio.

En cuanto a la evaluación seguiré los criterios oficialmente estipulados, por lo que saltarse turnos implicaría sanciones de puntos de experiencia.

Un cordial saludo,
Maximilian
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Re: [AVENTURA INICIAL] "Jugando con fuego" [Martillo de Brujas, 5 de Noviembre - 897 d.g]

Mensaje por Darak-Han el Sáb Mayo 03, 2014 3:12 am

Durante años desde que había salido como inquisidor formal de Martillo de Brujas, y había sido asignado a la vasta y enorme Ciudad Catedral, erradicando de forma efectiva focos de herejía y paganismo, ¿y con qué le habían pagado tal labor que llevó a cabo de manera incansable durante al menos diez años? Era cierto, sus métodos no eran la mar de agradables en ciertos puntos de los altos cargos de la Eclesia, y con la población en general, pero eso solamente era un gaje del oficio. Incluso, nunca sospecho de que se tramaba alguna cosa contra él, hasta que de un momento a otro, a su celda en Ciudad Catedral, llegase un informe donde le informaban que sería reubicado a Martillo de Brujas por ordenes del Sumo Inquisidor, Monseñor Mikhail Karmikov. La sorpresa y asombro le invadieron al leer tal orden, y más por la influencia que había ejercido, efectivamente, una persona de tan alta alcurnia y poderío como era el Sumo Inquisidor.

Sin otra opción más que la de aceptar el destino de tal orden, se dispuso a abordar un carruaje que le llevaría directamente a la sede de la orden del Sagrado Tribunal. Un complejo edificio en el que no había puesto pie hacía varios años, mientras se formaba como inquisidor en esa metropoli que tanto amaba, pero a la que tenía menos cariño que a la violenta, siempre despierta y no menos que su tierra de origen, Ciudad Catedral. Con un desprecio grande y coraje interno tuvo que acomodarse y sobreponer la furia que carcomía sus pensamientos, mientras se imaginaba descuartizando a sus enemigos políticos que tanta influencia había ejercido con sus lloriqueos y protestas contra sus “poco civilizados” métodos al tratar a sus prisioneros. Esto era la inquisición, no era un juego de niños, y siempre mantuvo la idea llevar el fuego de justicia divina hasta cualquier cosa que atentase contra los designios de la gran Eclesia, era su vocación al fin y al cabo. Lo único que le había impedido el ir a degollar a tales vejestorios anticuados y humanistas antes de marcharse, era la práctica espiritual que le habían enseñado los bondadosos y serios monjes con los que había iniciado su vida religiosa, en aquel monasterio perdido entre la pobreza de la zona exterior. Al final, tuvo que contentarse con hechar miradas aburridas y oscuras al terreno por el que avanzaba aquel carruaje, que como llevado por el demonio iba a velocidad pasmosa e incomoda para el pasajero que llevaba, siendo común que se pegase un duro cabezazo contra el techo al pasar sobre algún bache del terreno, o una roca, o incluso se cayera al lado contrario del asiento al pasar una curva muy cerrada a una velocidad grande.


El tedioso movimiento no se detuvo hasta luego de casi un día de viaje, con el resultado de un Darak-Han cansado, golpeado en todo su orgullo al haber tenido que “huír” de su querida ciudad, y golpeado también hasta la extenuación en la cabeza por las continuas irregularidades del terrano. Su única intención al llegar no fue otra, más que la de llegar rápidamente a la celda que serviría de hoy en adelante, por un período indefinido como sus aposentos, habitación que le fue asignada al apenas llegar, y a la que fue guíado por un ordenanza que trabajaba en el aseo de la gran sede, por lo que conocía de palmo a palmo cada pasadizo y sección de el enorme edificio en el que se encontraban. El recorrido fue hecho en silencio, con Darak cargando sus pesadas garras de combate en un maletín, junto a sus ropajes y nada más – Por que viajar aligerado era mejor, y sobre todo, el ser pobre para poder condescender a otros, era una de sus cualidades -, Cercana ya la tarde, en su primer día oficialmente en Martillo de Brujas, y con un pequeño tiempo de descanso de sus obligaciones, puesto aun no había sido asignado a alguna actividad o misión por algún superior, se dispuso a quedarse tirado, boca arriba sobre la cama, en la celda de concreto grisaceo que tenía solamente una ventana, en lo alto, por la cual entraba una leve brisa vespertina, y rayos de sol que, iluminando vagamente el espacio, permitían una visión generalizada del ambiente.


Los únicos muebles eran su cama, al lado izquierdo de la habitación, sobre la que estaba su pesado cuerpo, un escritorio de madera, oscuro, una silla y nada más. Acostado como estaba, con la mirada pensativo, mientras escuchaba entrar por la ventana el bullicio de la ciudad, de cuando en cuando el canto de algún pájaro de los que anidaban en las grandes paredes del lugar, y viendo pasar bajo la rendija de la puerta, la sombra de los pies de algún inquisidor, o personal de aseo que se dirigía a dios sabe donde del enorme complejo.
“Tengo que ordenar mis ideas” Se dijo de un momento a otro, analizando bien la situación, ¿acaso podía ser tan malo el traslado a esa ciudad? “Es obvio que era una carga pesada a la vista de los aristócratas que manejan la sede de Ciudad Catedral, personas de débil voluntad que no merecen el estar a cargo de tal órgano del Estado como es esta rama de la Eclesia, ya llevaban un buen tiempo poniendo zancadilla hacía donde yo caminase, tratando de trincar mis planes y hacerme fracasar; y a pesar de todo ello, yo seguí adelante pese a todo pronóstico. Sí es entonces, por voluntad de nuestro Señor que sus planes de hacerme daño según sus yermas intenciones que nada tienen que ver con la castidad de espíritu y mente que profesamos, entonces, ¡Alabado sea!”. El hilo de sus pensamientos se vio cortado cuando tocaron la puerta de su habitación, interrumpiéndole y poniéndole un tanto de mal humor, pesadamente se levantó de donde estaba, y se dirigió a la puerta, abriéndola con fuerza, y encontrándose de cara a un hombre que llevaba consigo lo que parecía ser una carta, ¿estarían ya ordenándole algún encargo?

- Buenas noches -Saludó amargamente Darak-Han, con voz grave y ocultando la mueca de disgusto tras su máscara, el mensajero respondió a su saludo y le entregó un sobre sellado por parte del señor Karmikov, ciertamente, su salvador tendría alguna forma de pedirle retribución, y el, como buen eclesiástico que era debía obedecerle, especialmente con gratitud al haberle sacado de esa truculenta ciudad podrida de corrupción y engaños. Recibió con cierto interés la misiva que le había sido enviada, y despidiéndose del hombre que se la llevó, cerro pesadamente la puerta, haciendola sacudirse en toda su estructura, y haciendo reverberar un éco por toda la habitación. Leyó el contenido de esta, haciendo malabares al enfocar dificultosamente con su único ojo en aquella oscuridad, no quería prender la luz, dado que quería descansar su cansada vista del viaje. La carta le citaba a entrevistarse con un esbirro del Sumo Inquisidor, Lord Fernindan Adrastos, inquisidor de primera clase, al día siguiente.


Pasó la noche recostado, con su único ojo cerrado, pero meditando, logrando alcanzar un estado de calma y serenidad, equivalente al sueño frío, característico de su raza cuando están a punto de morir de hambre. Despertó a buena mañana, se vistió, cuidando especialmente el detalle de tapar lo más posible su cara, costumbre que le inculcaron sus padres humanos, al ser los broken una raza poco grata a la vista pública, bajó a una suerte de cafetería, desayunó velozmente y luego, se dirigió con cierta prisa al despacho del tal Fernindan, que le entrevistaría en nombre de monseñor Karmikov. Preguntando y rebotando de sitio en sitio, hasta que un alma caritativa le dio la dirección correcta, entre tantos pasadizos y corredores de piedra. Dio de golpe con una pequeña recepción, una sala de piedra oscura, con antorchas dispersas, iluminando vanamente aquel espacio, donde solo se daba a relucir los destellos de su rojo ojo, en aquella boveda poco iluminada y con pesado ambiente, el aire viciado se notaba. Como únicos muebles encontró diversos bancos de madera, contra las paredes, al tomar asiento, pudo constatar la humedad de aquellas, ya que al estar sentado más de un rato, empezó a sentir sus ropajes extremedamente mojados, como si hubiese realizado un extenuante ejercicio físico durante una duración prolongada. Para su colmo, el inquisidor de primera clase que debía entrevistarle, se demoraba inusualmente mucho, como si no quisiese recibirle, o simplemente tuvise asuntos mayores por los que posponer su cita, y por tal razón le hubiese dejado esperando allí, como un animal abandona. Ciertamente, aun era un peón de poca importancia en la escala jerárquica.

La irritabilidad llegó a rozar la desesperación al cabo de hora y media, pues se paró, y con los brazos tras la espalda, empezó a dar vueltas por el lugar, a esas alturas, su ojo se había acostumbrado a la oscuridad casi imperante en el espacio cerrado, y su nariz ya soportaba de cierta manera el aire viciado a musgo, tierra y humedad. Al cabo de media hora más, mientras por su cabeza pasaba el ir a tocar la puerta, o tirarla de una patada si fuera posible, abrió la misma un sirviente, que le llamó por su rango, nombre, y le dijo que el Lord Fernindan Adrastos le esperaba.

-Ya era hora -Masculló de forma irritada en voz baja, para que no le escuchasen, mientras se dirigía al umbral de la puerta, siguiendo al sirviente. Para colmo de lo sublime, el despacho al que entró era exageradamente diferente a la boveda contigua que servía de sala de espera, sus paredes estaban preciosamente pulidas, tapizadas con paisajes y pinturas diversas. Se podía apreciar en una especificamente, una chimenea que tenía una suerte de gárgolas esculpidas sobre ella. Ciertamente, un espacio digno de alguien de tan alto rango, como podía ser el secretario personal de Mikhail Karmikov. Al final de la extensa estancia, se encontraba Lord Fernindan, en un escritorio lujosamente detallado de madera de ébano, y tras él, se encontraba el susodicho. “Uno más de esos de alta cuna” se dijo en sus adentros, cuando vio a la figura bien vestida, y con una barba lujosamente cuidada que le saludaba y le invitaba a sentarse. Caminó por todo el extenso lugar, “Supongo que esta alfombra la mandará a lavar luego”, se mofó en sus adentros mirando el detalle que cubría el piso, y sobre el cual iba dejando un pequeño rastro de huellas, no había tenido tiempo de limpiar sus botas apenas arribó a la ciudad, la noche anterior. Levantó la mirada y alcanzó a percatarse levemente, de que el hombre le dirigía una pequeña mueca, seguramente había logrado ver el destello rojo de su ojo, o algo de piel bajo la capucha, por lo que para terminar de asquearle y llevarse él, un gusto de ver a ese engreído ponerse verde, decidió retraer la capucha sobre su espalda, y dejar su mascara a modo de pañuelo, cubriendo su gargánta. Obviamente, lo disimuló haciendo una reverencia, y descubriendo su cabeza en señal de “respeto”. Fenindan empezó a hablar, masculló algunas frases de bienvenida, disimulando el asco que le había producido el descubrir la raza de procedencia de Darak, y mientras mantenía su discurso hizo gala de las acciones que habían logrado arrastrarle hasta el Tribunal Superior nuevamente.“¿Así que me han traído por simplemente les seré útil por un tiempo como esbirro? Era de esperarse; sí fuera un novato cualquiera me hubieran dejado encerrado en esa jaula de leones como es la Ciudad Catedral” Pensó, mientras escuchaba atentamente, pronto, se le recriminó con un toque sarcástico, sobre los “accidentes” que había tenido con las personas que habían querido integrar su séquito. Y ciertamente, el prefería hacer su trabajo en solitario, a como se había acostumbrado a horas de soledad en el monasterio, o en su largo retiro a Norksland, donde pasaba horas admirando la hierofanía de la creación, ilustrada en la naturaleza. Por último puesto en el discurso de ese inquisidor, le mencionó que por tal razón sería puesto bajo ordenes de la Gran Inquisidora, Talia Ashlyn, puesto que ella “sabría” solventar, los problemas que tenía él en la cooperación, por lo que sus ordenes eran presentarse al despacho de ella. Por último, y aburrido de mantenerle en su presencia, el hombre preguntó si tenía alguna duda, a lo que el broken respondió, con voz aburrida, entre un tono de furia o seriedad total, dependiendo de como lo recibiese su anfitrión.


-Sí, veréis, Lord Fernindan, llevo yo, un buen tiempo lejos del Tribunal Superior, y he olvidado donde se localiza cada lugar en este gran lugar, ¿seriáis vos, tan amable de decirme dónde se encuentra el despacho de la Gran Inquisidor, Talia Ashlyn?


FDI 1:
No sé si contaran como acciones, pero lo pondré así por si acaso.


Velocidad: 0 = 1 acción.


Sub-acción 1: Quitarse la capucha
Sub-acción 2: Preguntarle acerca del despacho de Talia.


FDI 2:

A ser posible, pido este color azul para mis diálogos y pensamientos.
La parte en color blanco es por que se me desconfiguró un color.
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Re: [AVENTURA INICIAL] "Jugando con fuego" [Martillo de Brujas, 5 de Noviembre - 897 d.g]

Mensaje por Ilya Sokolof el Sáb Mayo 03, 2014 5:33 am

Hacían ya tres años que llevabamos huyendo con Tanya, el primer lugar al que arribamos después del peligroso escape de Norksland, fue nada más y nada menos que el Bosque Negro, un sitio aun más peligroso que lo que ya aparentaba ser anteriormente. ¡Cómo había pasado el tiempo! Pesadamente como un viejo gordinflón, que cuando se le necesitaba que fuese rápidamente, iba de manera lenta, torturadora, pesada, agobiante, y que cuando debía pasar de manera lenta, en momentos felices, corría a todo pulmón, reduciendo un momento a instantes. Justamente eso me acribillaba las sienes, torturándome a cada momento, mares de recuerdos pesados que manan de mis sienes, inundando mis ojos. Recuerdos que vuelven a llenar mi alma de dolor con ver a la pequeña Tanya, con tocar nuevamente a Juramento impío, o con solo verme al espejo y ver las cicatrices de esa emboscada.

Sí, el Bosque Negro, ese lugar de donde ya nos habíamos visto obligados a movilizarnos, a pesar de que era mejor lugar y escóndite para unos prófugos. Pero los azares del destino son siempre lo más crueles posibles, y tiempos de necesidad se hicieron notar pronto, cuando la vida ya nos había impuesto, por peso de costumbre, la libertad que brindaba el dar nuestros “empresaliares” servicios en una zona de tan mala muerte como lo era ese lugar. Y los tiempos de necesidad se hacen notar directamente al bolsillo y la despensa. De pronto, la cantidad de clientes que requería mis servicios, se vio mermada de forma grande, hasta el punto de desaparecer de la vista completamente, y haciéndose notar aun más, en los estómagos rugientes, o en las billeteras sin ningún peso encima. Y eso podía llegar a ser más entristecedor que toda suerte de tortura psicológica que me hiciese la memoria. Maldita la suerte. De pronto, nos vimos obligados a movilizarnos a una zona con más población, ¿posiblemente una de las grandes ciudades? Aunque sería un suicidio movernos a tales lugares, existía la posibilidad, aunque ínfima, pequeña, diminuta, de que las noticias de las atrocidades cometidas por el “Genocida del Norte” no hubiesen llegado a ellas. Puede que los chismes viajen rápido, pero no a tal grado como para extenderse por todo el continente en poco tiempo. Desempolvé el viejo mapa, aunque un tanto defasado, pero aun útil de mi padre, la ciudad más cercana era, según el mapa, Martillo de Brujas. ¿Locura? No. Necesidad; aunque fuese un lugar lleno de locos egocéntricos, asesinos, torturadores, todos al servicio de la impune Eclesia. Pero a falta de pan, vino, y ciertamente a falta de clientela, debíamos movilizarnos si no queríamos fallecer de inanición.


Dicho y hecho, aunque el viaje fue tedioso, logré ahorrar los suficientes terrans para poder subsistir apenas llegamos a la ciudad, un pesado aire y neblina se inhalaba por sus calles. El temor general se sentía en las calles, donde como grandes estatuas, colosales guardias patrullaban cada parte de la ciudad media. Entristecedor espéctaculo el sentir el aura opresiva y depresiva que se sentía por las calles, donde un pequeño error pudiese hacerte caer para siempre en las mazmorras, o con suerte a una muerte rápida en alguna hoguera, pasando al último escalón de sufrimiento, el padecer toda clase de torturas en la sede de la inquisición. Ni a mi peor enemigo le desearía tal suerte. Vagando por cada rincón de los suburbios, logré encontrar una posada de mala muerte, o como le llamarían en esa zona un “Motel”; aunque a mi parecer era un bar con servicio a la habitación. Lo sé, no es un buen lugar para criar a una niña pequeña, pero mi bolsillo no permitía el buscar un lugar más lujoso (ni más seguro) donde escondernos, antros de perversión como esos abundaban por doquier, aunque sea la ciudad de la santa inquisición, el encontrarnos, en caso de ser buscados ya en este lugar, era la de una entre miles, y con pura suerte lograrían dar con nosotros. Racionando alimentos, gastos del viaje, el hospedaje, me quedó una buena suma para poder subsistir unas semanas sin trabajo. En cambio, al igual que en el Bosque Negro, el trabajo era decepcionantemente escaso. ¿Pero no se nos podría negar siquiera un atisbo de esperanza? ¿O era así de cruel también la providencia?


Al cabo de varios días de acoplarnos al ritmo de vida de las grandes ciudades, logré comprender en casi su totalidad el por qué de las grandes migraciones de las personas a tales lugares. De igual manera que nosotros, sí, la esperanza de poder subsistir en una vida tranquila. Aunque se nos hubiese visto negada tal opción desde hacía ya tiempo.

Era tarde, estaba sentado frente al mostrador, fuera, en la calle, como era costumbre y de suponer por las espesas nubes y neblina y cubrían la ciudad, caían chubascos espóntaneos, que hacían calar la humedad y frío hasta los huesos, ¿cuantos habían habido ya, a lo que iba del día? Como mínimo unos seis. Varios hombres entraban a la triste recepción que suponía el bar, despintado, descuidado, con las paredes llenas de garabatos obsenos y malsonantes, falos dibujados, y otras estúpideces varias de borracho. Además de un pesado hedor a orina y comida descompuesta, basura por suelo y los muebles deteriordos en extremo. Que más decir, un bar de mala muerte cualquiera.

-Cantinero, un trago – Dije aburrido, mirando tras los lentes oscuros al hombre con vestimenta sucia que servía los tragos, a continuación me sirvió una cerveza en una taza, en la que posiblemete alguien con poca higiene bucal hubiese bebido con anterioridad. De un tirón tragué el amargo líquido, que me pasó quemando la garganta, hasta llegar al estómago, donde generó un leve malestar momentaneo. Procedí a dejar la jarra de lado, y a acariciar mi barba, como acostumbraba hacer en casos de aburrimiento extremo, o simplemente para liberar estrés – Sí esto va así de mal por más tiempo, creo que será imposible subsistir algunas semanas más, y pensar que he venido a este lugar en busca de trabajo, y no he encontrado nada... - Pensé con negativismo.


Al poco rato de habe bebido mi cerveza, estando con los codos apoyados sobre la barra, y con la cabeza entre mis manos, noté como una vocecita, rara y aguda, algo grotesca o caricaturesca sonaba a mi lado, un “hola hola” como si conociese a alguien, y luego un “Lo mismo de siempre, y lo mismo para lo del bigote”, Cosa que llamó mi atención de forma extrema, puesto que seguramente se refería a mí. Volteé a verlo extrañado, y bajando la vista, logré divisar a un pequeño hombrecito, de piel violeta y ojos saltos, que sonreía con manía. Al verlo, el hombrecito, al cual nunca había visto anteriormente, se disculpó por su mala educación, y tendiéndome la mano, se presentó como Plurgg, luego me preguntó mi nombre.


-Soy Ilya, un gusto err... Plurgg. - Contesté extrañado, nunca había visto tal criatura, posiblemente eran los famosos “munchkin” de los que hablaban los ancianos de la tribu. Al rato, llegó el camarero con dos jarras de gran tamaño, de algo bubujeante que parecía cerveza. Y dos platos rellenos de insectos, a lo que arrugé en una mueca de asco la frente, y mientras tanto, Plurgg cogía un escarabajo, lo mascaba y exclamaba que estaban deliciosos. Sí, esos tipos eran extremadamente raros en exceso. Luego de eso, cogió un puñado de ellos, y metiéndoselos a la boca me ofreció, para mi disgusto. - Errr... No, gracias, ya comí y estoy lleno – Dije disimulando el repel que me daban tales vicios, aunque mi estómago diciese lo contrario, resentido por el hambre. Pronto mencionó algo acerca de mis motivos de estar en Martillo de Brujas, seguramente era un cliente común de ese local, por lo que se debía conocer de memoria a todos los que lo visitaban.


-Buscando trabajo. - Dije secamente, hechándole una mirada de reojo, siempre desconfié de la gente muy amistosa, y solo habían dos posibilidades, o era un lengua suelta que hecharía chivato a las autoridades de que yo estaba hospedándome allí... o por alguna otra razón que no logré intuir. Pensando eso estaba, cuando el pequeño Plurgg profirió un eructo que llamó la atención de todo el lugar. Pronto con increíble agilidad para su tamaño, tomó los dos cuencos, ambas jarras, y poniéndose de pie me invitó a trasladarnos a la mesa del rincón, para hablar de negocios.


-Al parecer hoy sí hablamos el mismo idioma. - Dije, mientras en mis pensamientos agradecía que al fin se presentase una oportunidad como esa. Dicho eso, me paré y lo seguí a la mesa, sentándome frente a él, mientras tomaba un cigarro de la cajetilla que nunca puede faltarme, y lo encendía, calando profundas bocanadas del humo.

FDI:
Tampoco capto lo de las acciones así que:
Velocidad 1 = 2 acciones
Acción 1:
Subacción 1: Seguir al munchkin.
Subacción 2: Encender el cigarrillo.

Me pido este color
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Re: [AVENTURA INICIAL] "Jugando con fuego" [Martillo de Brujas, 5 de Noviembre - 897 d.g]

Mensaje por Dezba Wakanda el Sáb Mayo 03, 2014 12:27 pm

Mi torturador comenzó a balbucear como una niñita. Ante esa actuación, la cual no pude discernir si era provocada por mi o por la presencia de su superior, solo pude esbozar una sonrisa picara y contener una carcajada. Había ganado.

No obstante, cuando aquella mujer comenzó a hablar de su excelencia y del inquisidor muerto como si estuviera metida en el ajo comencé a sentir un nudo en el estomago.

"Mierda, ¿acaso hasta el jardinero está metido en esto? ¿Como demonios voy a salir de aquí?", pensé. "Bueno, hay que mirar el lado positivo de esta situación. Ahora sé que uno de los de arriba ha ordenado ejecutar a nuestro cadaver. ¿Con que motivación y para que fin? Ni puta idea, ¿acaso tengo cara de detective? No obstante, Munch estará muy agradecido por esta información, tanto que obviará que he sido descubierto por al menos tres personas. O al menos, eso espero. Aun así, todavía nos queda ese asuntillo de salir de aquí sano y salvo."

El ruido de pasos me sacó de mis pensamientos. Después de echar la bronca a Nigel, tanto él como el otro tipo estrafalario se fueron con el rabo entre las piernas. Bien, eso facilitaría las cosas en caso de que hubiera que usar la fuerza. Tenía la ventaja de que aquella mujer fuese lo que era; una mujer. Quizás podría seducirla...

Cuando aquella inquisidora, Ashlyn creo que era su nombre, se acerco a mi moviendo sus caderas enlatadas y con una sonrisa de amabilidad supe que algo andaba mal. Mis instintos tribales ansiaban arrancar esa armadura y trocear a esa muchacha, mi sentido común me instaba a correr, con esa armadura no podría perseguirme demasiado tiempo.
Por otro lado, Orenda intentaba que me aferrara a su mente y que no la soltara hasta saber el color de su ropa interior y su talla de pechos.
No hice caso a ninguno de los tres, sino que opté por quedarme quieto, callado y responder a sus preguntas por orden. Intenté mantener la tranquilidad, cosa que me fue dificil.

-Puedes llamarme como prefieras, ambos nombres tienen su significado. No obstante, yo que tu optaría por el mas corto.
-Has acertado, soy oriundo de la Jungla Esmeralda.


Y cuando iba a irme, aquella zorra sacó un martillo. ¡Sacó un martillo! Había visto lo que podían hacer ese tipo de armas con mis propios ojos, así que decidí no tentar a la suerte y darle algo a lo que agarrarse, al menos lo suficiente como para que decidiera no aplastar mi hermoso rostro.

Podría haber usado mis habilidades, pero deducí que aquella muchacha no sería fácil de manipular, y ese factor sumado a los restantes (las heridas provocadas por Nigel y mi tortuoso viaje en aquella maquina demoniaca por el Mar Negro) reducía mis posibilidades a minúsculas. Además, algo me decía que necesitaría de mi fragmento para calmar a Munch cuando este se diera cuenta de que todo se había ido al garete.

-Vaya. He de comprarme uno de esos, jajajajaja.-era una de las pocas veces en las que mi nerviosismo salía a la luz. ¡Y tenía que ser en aquella situación! Mierda, mierda, mierda. Me calmé y adopté una postura conciliadora. No iba a mentir a esa muchacha, pero entre mentir y decir la verdad hay una gruesa linea.

-No trabajo para ningún Sumo Inquisidor, o al menos no que yo sepa. Eso te lo puedo asegurar, querida Talia. Lo que si necesito que me cuentes, si es que estas "autorizada", es que demonios esta pasando aquí. Te seré sincero, no iba a contarle nada a ese imbecil, y seguramente iba a matarme, aún antes de que sospechara que soy un espia. Acabo de llegar de un largo viaje, y la bienvenida que recibo es ver como un psicopata mata a uno de mis compañeros inquisidores y posteriormente me tortura mientras sus amigos esconden el cadaver. Así que creo que me merezco, al menos, saber que está pasando aquí. Pero a quién quiero engañar, nadie va a contarme una mierda y si no hablo mi cabeza acabará aplastada contra el suelo.
Lo único que sé es que yo tenía que "intimar" con un Inquisidor llamado Nathanael. Nada importante, solo información acerca de sus actividades, acciones cotidianas, esas cosas. Luego, al pedirle que me orientara por el complejo, me vi metido en todo este lío.


Tras decir estas palabras, pensé en la sola posibilidad de trabajar para mis "enemigos". Era obvio que alguien estaba jugando con aquellos pobres diablos al igual que lo hacía Munch conmigo. ¿ Y por qué alguien inteligente como yo no iba a poder sacar partido de eso? Así que, antes de terminar mi dicurso, le ofrecí a Tania la posibilidad de trabajar juntos. Estaba cansado, herido y harto de pelear por proteger a un hombre que seguramente me castigaría hiciese lo que hiciese, así que decidí ser directo.

-Y ahora, me temo que ambos tenemos un problema. Mi "contacto" espera que le entregué esa información. Y vosotros esperais que yo obvie el asesinato y la tortura. Si me matais, sera aun mas sospechoso. Y si voy así, con la cara hinchada y lleno de sangre, gracias a tu inteligente amigo, mi destinatario sospechara. Así que, como verás, estamos en una gran encrucijada. ¿Que propones?


Tenía la impresión de que iba a acabar jodido de todas formas, pero al menos no habría quedado en el intento.
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Re: [AVENTURA INICIAL] "Jugando con fuego" [Martillo de Brujas, 5 de Noviembre - 897 d.g]

Mensaje por Maximilian Stenkerk el Sáb Mayo 17, 2014 12:56 pm



WAKANDA DEZBA
–Muy bien, Dezba.– Dijo Talia mientras le escuchaba. – Me alegro que te guste mi martillo, jeje, pero me temo que es un arma un tanto peculiar que no se puede conseguir. Fue el regalo de un buen amigo hace tiempo. .

Talia continuó escuchando la argumentación de Dezba divertida por sus palabras. – Me temo que no estoy autorizada a contarte nada de lo que ha ocurrido aquí, y aunque lo estuviese no lo haría. Esto no es asunto tuyo, ni siquiera tendrías que haber metido tu hocico en todo esto. Así que no, no mereces ningún tipo de explicación. – El rostro de Talia se volvió más serio, al igual que el tono de su voz. – En cuanto a tus amenazas puedes tragártelas, Dezba, me da exactamente igual, no creas que me vas a asustar con esa palabrería barata. ¿A caso crees que me importa que tu “contacto” sospeche porque estés herido o hayas desaparecido? En esta ciudad desaparecen todos los días personas y eso no le preocupa a nadie. Es más, ni siquiera a ese “contacto” con el que dices que tienes que hablar le afectaría lo más mínimo que desaparecieses o no, te sustituiría como se hace con todo aquél que no es capaz de sobrevivir en Martillo de Brujas. A fin de cuentas, por lo que te ha mandado investigar, él ya sabía dónde te estarías metiendo y sabría que no acabarías bien, cosa que parece que tú ignorabas. Me temo que te acabas de meter en algo que escapa totalmente de tu comprensión, mi querido Dezba.  

Talia hizo una pequeña pausa y suspiró con pesadumbre. – Así que, ¿sabes lo que creo? Creo que me estás tratando de engañar Dezba, y eso no me gusta. Creo que trabajas para alguien importante, puede que un sumo inquisidor, o puede que alguien bajo su mando, pero es evidente que por sus intereses es una persona muy relevante. Y eso es muy peligroso. Por lo que pienso obtener la verdad, y como no has querido colaborar por las buenas, tendrá que ser por las malas. A fin de cuentas, como decía mi maestro, “la letra, a sangre entra”.

Con gran velocidad, y sin que Dezba tuviese oportunidad de evitarlo, Talia lanzó un golpe curvo ascendente con su martillo en el costado de Wakanda, levantándolo del suelo con gran fuerza. El golpe del arma roma fue contundente y magulló la parte costal de Dezba ocasionándole un gran dolor en la zona afectada. Al cabo de unos segundos, mientras el martillo le seguía empujando por el aire notó una sensación fuertemente gélida que le ocasionó más dolor donde había recibido el golpe. Es como si el martillo de Talia tuviese una extraña fuerza heladora y hubiese congelado  la zona afectada pese a estar protegido por su armadura.

El golpe de Talia fue tal que lanzó varios metros por los aires a Dezba dándose de bruces contra el muro haciéndose una pequeña herida en la frente que empezó a sangrar  y cayendo bocarriba sobre el suelo. Y antes de que pudiese incorporarse Wakanda, Talía se había colocado sobre su cuello pisándolo fuertemente con su pie recubierto por la pesada bota de placas de su armadura obstaculizando así su respiración, mientras que el otro pie lo tenía puesto sobre su mano derecha quedando totalmente inmovilizada. Por último colocó su martillo en posición vertical sobre el rostro de Dezba a cierta altura dispuesto a dejarlo caer sobre el cráneo del inquisidor con todo su peso.

– Última oportunidad, Dezba, ¿para quién narices trabajas? Y esta vez ¡quiero la maldita verdad! – Dijo enfada Talia mientras apretaba con más fuerza el pie con la bota de placas sobre la mano derecha a punto de rompérsela y el otro pie pisando con mayor intensidad sobre la garganta. El dolor en ambos lados era horrible, casi tanto como el del costado. Talia aflojó un poco el pie sobre la garganta para que Dezba pudiese respirar y hablar y le dijo. – Duele, ¿verdad? Esto puede parar fácilmente, dime lo que quiero saber, nada más. Si no, no solo te dolerá la mano y el cuello. Me temo que tu rostro perderá parte de su atractivo… Si logras sobrevivir al golpe, claro.


DARAK-HAN


– ¿La dirección? ¿Eso es todo? – Lord Fernindan frunció el ceño ante las palabras de Darak-Han. Parecía molesto por esa pregunta. – Me decepcionáis, Inquisidor de Segunda Darak-Han, buscadla vos mismo, a fin de cuentas sois un inquisidor, ¿o no es eso cierto? Quizá monseñor Karnikov se equivocó con vos. Si no sois capaz de localizar una simple ubicación me parece que no estáis suficientemente cualificado para estar en la Orden del Sagrado Tribunal, broken, quizá fuese mejor que os dedicaseis a cultivar el campo, me imagino que eso no os resultará tan tedioso.  – Le respondió en tono despectivo. A continuación señaló la puerta e hizo señas a Darak-Han para que se fuese. – Podéis marcharos. – Lord Fernindan cogió una campanilla que había sobre la mesa y la hizo sonar. Al instante entró un sirviente y el Inquisidor de Primera Clase se dirigió a él. – Acompañad al inquisidor de Segunda Clase Darak-Han a la salida. – El lacayo hizo una reverencia y educadamente pero sin mediar palabra fue empujando a Darak-Han hasta salir de nuevo a los pasillos.

Darak  se encontraba solo y sin saber a dónde ir en un gran pasillo de hormigón texturizado para dar la impresión de estar recubierto de piedra tallada y cuyos techos eran abovedados. El pasillo estaba muy poco concurrido ya que era tarde. De vez en cuando pasaba algún inquisidor con mucha prisa con asuntos que atender, pero había un clima de mucha calma. Darak no sabía en qué dirección debía ir para poder llegar al despacho de la Inquisidora de Primera Clase Talia Ashlyn. Quizá debiese empezar a recorrer el pasillo y preguntar a los transeúntes a ver si alguno era capaz de indicarle la ubicación exacta de las oficinas. Si Darak optaba por hacerlo,  se acercaría a la primera persona con la que se cruzase y le preguntaría. Sin embargo, esta persona seguiría caminando sin hacerle el menor caso. Y a cada persona a la que se acercase para preguntar haría lo mismo. O bien directamente lo ignoraría o bien asqueado por su aspecto se alejaría.

Indistintamente de preguntar o no por el despacho de Talia Ashlyn, al cabo de un raro de vagar por los pasillos del edificio se encontraría con un grupo de jóvenes y arrogantes agentes que iban pavoneándose por el pasillo. Parecía ser que acababan de ser nombrados agentes de la Inquisición, por lo que estaban muy exultantes y tenían ganas de divertirse. Cuando se acercaron a Darak-Han se pararon en seco delante de él. En total eran tres hombres que no paraban de reírse y señalar a Darak.

– ¡Pero mira qué tenemos aquí! – Dijo uno de los agentes con voz bobalicona.

– Parece que se han dejado las puertas de los establos abiertas y se les ha escapado un animal, ¡jaja! – Se jactó el segundo agente con una sonrisa socarrona de oreja a oreja.

– Pero bueno, ¿qué coño hace un “piel gris” por nuestros dominios? – Le preguntó el tercero más enfadado a Darak-Han. – Más te vale que te vuelvas a las cloacas de dónde vienes, nos estás apestando el Tribunal, broken.

– Encima mírale, pavoneándose por aquí como si fuese una persona, me parece que al “piel gris” nadie le ha enseñado cuál es su lugar. Tendremos que enseñarle modales nosotros, ¿no os parece, jaja? – Continuó el primer agente.

– Estoy de acuerdo, el broken tiene que aprender que éste no es lugar para los de su clase, este lugar nos pertenece a los humanos. – Le respondió de nuevo el segundo.

Los inquisidores mientras hablaban fueron arrinconando poco a poco a Darak a un lugar oscuro del pasillo, y de improviso, sin que a Darak-Han le diese tiempo a reaccionar, el tercer inquisidor que estaba a su izquierda le lanzó un gancho con su puño derecho a su cara, haciéndole una herida en la nariz y dejándolo desconcertado. El primer inquisidor, que estaba delante de él, aprovechando el desconcierto de Darak-Han le propinó un rodillazo en el vientre haciendo que Darak-Han cayese al suelo. La herida y la magulladura en el estómago eran algo molestas.

– Vaya, vaya, pero sí parece que te has tropezado, tienes que ir con más cuidado, broken, jaja. – Dijo el tercer agente desenfundando una espada corta y esgrimiéndola amenazante hacia Darak. – Hora de divertirse un poco, vamos a ver qué sabes hacer.

ILYA SOKOLOF

–¡Maravilloso! ¡Sí! – Se limitó a decir Plurgg mientras se sentaba en un sillón viejo y roto e indicando a Ilya que se sentase junto a él. – Bien, bien. Me imagino que te estarás preguntado que hace una belleza de Munchkin como yo en un lugar tan sórdido como éste, ¿no? ¡Jijiji! Verás Ilya… ¡Un momento! – Se interrumpió Plurgg.

– ¡Un momento! ¡Si me ha tocado el premio gordo! ¡Sí! – El Munchkin sumamente feliz cogió una gran y alargada escolopendra con las manos y empezó a sorberla  emitiendo un grotesco sonido con su gigantesca boca como si de un fideo se tratase. Cuando terminó tomó un trago de su jarra y prosiguió. – ¡Estupenda! ¡Estaba buenísima! ¡Uff! ¿Seguro que no quieres probar?... – De pronto el Munchkin con una velocidad asombrosa y sin dar a Ilya oportunidad para reaccionar cogió un escarabajo del plato y se lo metió en la boca de su interlocutor. – ¡Tienes que comer algo, que si no te quedarás en los huesos, jiji! Y no te olvides de masticar no sea que el escarabajo te muerda la lengua, ¡jiji! – Concluyo divertido Plurgg ante la escena del mercenario con el insecto en la boca.

– Bueno, ¿por dónde íbamos? ¡Ah, sí! Los negocios… Como te iba diciendo, mi bigotudo amigo yo soy un humilde “comerciante” que va de un lado a otro de Terra vendiendo sus valiosos productos… Una buena vida sin duda, ¿no crees?  Pero no todo son placeres en la vida del mercader como podrás imaginarte. Es una vida dura, especialmente si tu mercancía es muy valiosa… Y la mía lo es. Y esto despierta las envidias de los otros “comerciantes” que gustosamente me retorcerían el cuello para poner sus avariciosas manos sobre mis productos… – El Munchkin hizo una alargada pausa dramática tornando serio su rostro.

¬–  Bueno, en realidad ya lo han hecho. Hace unos días unos rufianes con el alma negra me atracaron y me robaron todo lo que tenía, y aquí estoy, triste, solo y pobre, pero ¿a quién le importa lo que le ocurra al pobre Plurgg? ¡Ay! – Suspiró el Munchkin. – Pero bueno, no te he traído aquí para que escuches mis penas, ¿no? Bueno, en realidad un poquito sí, ¡jijiji! Pero no solo para eso. Estamos aquí porque preciso de tus servicios, sí. Un hombre con ese curtido mostacho como el tuyo seguro que ha vivido innumerables aventuras y es experimentado en el arte del combate, y sé de buena mano que ofreces  tu experiencia a desgraciados como yo para solucionar sus pequeños e insignificantes problemillas, ¿me equivoco? ¡Jijiji! Pues bien, necesito que alguien me ayude a recuperar lo que me han robado y les dé una buena paliza a esos bellacos. – Plurgg deslizó una pequeña bolsa repiqueteante por debajo de la mesa. – En esta bolsa hay mil terrans, es solo un anticipo si estás dispuesto a ayudarme, ¿te interesa?

En caso de que Ilya aceptase la oferta que le había ofrecido el Munckin, éste se pondría de pies sobre el sillón y se acercaría al oído del mercenario para susurrarle. –A las tres de la madrugada ve al callejón Barhem, en el Avaraties Mercatum. Allí verás un almacén abandonado. Llama tres veces a la puerta y di la contraseña “Hace un mal día para pasear escarabajos”. No te olvides de la contraseña. Una vez dentro se te explicará todo lo necesario. Por cierto, una cosa más, no te olvides de solucionar todo lo que tengas pendiente en Martillo de Brujas porque una vez terminemos con el trabajo tocará salir corriendo de la ciudad y no volver jamás, ¿entendido?

Una vez que terminaron de hablar, Plurgg se terminó su bebida y su plato de insectos, se levantó y sin mediar palabra dejó solo a Ilya y abandonó el bar. Ahora ya todo dependía de Ilya, acudir a la cita que le había dicho el Munchkin o seguir con su vida hasta ahora.

De pronto una sonora y ronca voz gritando se oyó por todo el local. – ¡Eh, Munchkin de mierda! ¡¿A dónde te coño te crees que vas?! ¡No me has pagado la cuenta! ¡Vuelve aquí hijo de banthor! – Pero ya era tarde, Plurgg se había largado sin pagar la cuenta. – ¡Eh tú! ¡Sí, estoy hablando contigo! – Dijo esta vez el tabernero dirigiéndose a Ilya. – Si el mierdecillas canijo no me paga me tienes que pagar tú, son  trescientos cincuenta terrans ¿entendido o tienes algún problema?– Concluyó el tabernero acercándose al mercenario con un machete de cocina en su mano y mirada amenazante. Se trataba de un hombre muy alto y gordo, ataviado con harapos y un delantal sucio. Su era rostro grasiento y congestionado cubierto por una barba sucia y descuidada  y su cabeza estaba coronado con una prominente calva.

FDI:
 Bueno, esto solo es para decir que en general todo va bien, escribís bien y no he visto ningún fallo.

En cuanto a las “Acciones” os explico. Las acciones en el FDI solo se han de poner cuando sean cuestiones tácticas o de combate. Por ejemplo, seguir al Munchkin o preguntar a cerca del despacho no sería necesario ponerlas. Otra cosa sería “desenfundar el arma” o “colocarse de espaldas a la persona para poder sorprenderla”, ahí hay un componente táctico, con una finalidad de lucha, por lo que sí habría que ponerla. En cuanto a lo de quitarse partes de la armadura creo que sí sería conveniente ponerlo para que quede claro que ya no llevas equipada esa parte. En cuanto al tabaco, si solo es para fumar no es necesario, si vas a usarlo como arma, tal y como hizo Nathan en este post al usar el humo como elemento de distracción si habría que ponerlo en el FDI. Espero que haya quedado claro.

En cuanto al color, Darak, puedes quedártelo si quieres, pero la verdad es que te agradecería que usases una tonalidad de azul algo más clara para que se pueda ver bien, porque el color que has escogido cuesta bastante de ver.


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Maximilian Stenkerk

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Re: [AVENTURA INICIAL] "Jugando con fuego" [Martillo de Brujas, 5 de Noviembre - 897 d.g]

Mensaje por Darak-Han el Mar Mayo 20, 2014 5:43 am

Miró con cierta satisfacción el como el arrogante humano le dirigía una mirada de desprecio y repudio. Las soportaba a menudo en tales casos, el desprecio que le tenían los humanos era cosa de cada día, pero nunca le hería el orgullo, y más bien, le daba más ansias de prosperar en la Eclesia. Tampoco le hirieron las palabras de Lord Fernindan, ni que le sacase con su sirviente, que como perro faldero le empujaba por la habitación de forma “disimulada”, hasta que fueron a parar nuevamente a los pasillos, que parecían ser de piedra tallada.

Y allí se encontraba ya, desorientando entre tanto pasillo que de forma intrínseca formaba un laberinto que el no conocía ya, de tanto tiempo que había pasado. Menuda su suerte, era tarde, su único ojo le impedía ver de buena manera, y a cada tanto tenía que realizar un esfuerzo para no darse un golpe contra alguna pared. E inclusive, más de una vez se topó de lleno con una callejón sin salida para darse un buen golpe en la frente, de cara a que no había logrado divisar a tiempo el fin del camino.

De cuando en cuando se topaba con alguna persona, que era raro, nadie andaba con tiempo suficiente y ciertamente, si se acercaba, no podrían responderle las dudas, y en general pasaba mucho tiempo una imperante calma y silencio, solo perturbado de vez en cuando por las botas de algún inquisidor, que apenas le veía se alejaba con cara de asco, o se hacía el suizo pasando de lado.

Menudos bastardos hay aquí, sin embargo, no le preguntaré a nadie, he sido suficientemente autónomo toda mi vida como para rebajarme ahora a preguntarle a un humano, sin embargo, he de llegar temprano a las oficinas de la suma inquisidora, si no quiero ser penalizado de alguna forma. Masculló entre dientes en una pequeña rabieta, y se puso a caminar con más rapidez, siendo que podría ser posible que por azar se topase con la oficina de Talia. La tarde cada vez más oscurecía poco a poco el entorno, tornando lúgubres las sombras, y nerviosos los ruidos que generaban las botas al recaer pesadas, sobre el suelo.

Su vista se encontraba ya perdida en el suelo, divagando sobre que podría hacer, perdido como estaba para poder llegar a su destino, cuando de repente, y casi sin darse cuenta, se topó de frente con un grupo de inquisidores, tres en específico. Al parecer los habían acabado de nombrar, y se mostraban eufóricos haciéndose bromas y generando alboroto por los pasillos. Se le cruzaba por la mente el rebajar su orgullo para acercarse y pedirle direcciones, cuando de repente, uno de ellos habló, con voz de estúpido y burlesca, que le dejó irritado.

El otro festejó el hallazgo del otro, y Darak no tardó en darse cuenta de que se estaban burlando de él, nuevamente. No le hizo mayor gracia la referencia del establo, y mucho menos la risa socarrona que salía de esa boca, sin embargo, se mantuvo inmutable, apretando los puños para no lanzarse a atacarles. Y sin embargo, para rematar más el ambiente, el tercero soltó palabras aun más venenosas y agresivas que los anteriores. Poco a poco le fueron rodeando, y cuando menos lo sintió, estaba arrinconado tras una pared. Y de un momento a otro, de improviso, el que estaba a su izquierda le lanzó un golpe, dejándole un molesto dolor en la nariz y desconcertándolo por unos instantes, momento que aprovecharon los otros cobardes para golpearle, adjuntándole al puñetazo un rodillazo al estómago, por lo que cayó arrodillado.

Pronto, el tercer agente desenfundó una espada corta, se veía que esos novatos iban en serio, sin embargo, con la experiencia que él tenía, podría derrotarlos sin mucho contra tiempo, o eso esperaba. Notó una pequeña abertura entre los dos que tenía al lado. El peligro principal era el que portaba la espada, sin embargo, desconocía si los otros dos poseían un arma oculta, y justamente no llevaba sus garras consigo. Debía tener cuidado o tendría una herida algo molesta en el abdomen si se descuidaba.

¡Eso es! Pensó de repente, si desarmaba al que parecía el líder de ellos podría desmoralizar a los demás, que aparentemente no podían actuar por separado. Rápidamente, se lanzó por entre la abertura, preparado a  esquivar cualquier ataque que le tratasen de propinar. Estando a la par de el tercero, que estaba a su izquierda, dirigió con un puñetazo la zona bajo la axila del brazo que sostenía el arma, con intención de desarmarle, posteriormente y con rapidez golpearía el abdomen, en la zona del hígado, por último, atacaría la traquea de su oponente, su ira se había desatado, y no perdonaría tal afrenta sino les daba una lección a esos novatos

FDI:

Entonces pido el #00ccff.

Velocidad 0 = 1 acción.

Esquivar posibles ataques + Técnica garrador contra el que tiene la espada corta.
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Darak-Han

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Re: [AVENTURA INICIAL] "Jugando con fuego" [Martillo de Brujas, 5 de Noviembre - 897 d.g]

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